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Obras de Diego Catalán

55.- 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY


 

2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY.

      2.1. La atribución del Iacobus a beatus Calixtus papa y a Aymericus cancellarius pudo ser aceptada c. 1140 en Santiago de Compostela en vista de la vinculación histórica a Galicia de Gui de Bourgogne (Arzobispo de Vienne, que el 9 de febrero de 1119 fue elegido papa en Cluny con el nombre de Calixto), como hermano que había sido del conde Raimundo o Ramón, a quien su suegro Alfonso VI entregó en su día el condado de Galicia, y como tío paterno y protector en su niñez y adolescencia de Alfonso VII, en cuyo reinado Aimeri y Gerberga traían la obra 14 , y en vista, asimismo, de la amistad que el canciller Aimeri de la Châtre tuvo con el arzobispo compostelano Diego Gelmírez, cuyos intereses siempre favoreció en la corte romana 15. Pero el redactor del Iacobus cometió una grave inconsecuencia al comenzar su obra con una carta del papa Calixto, explicativa de cómo, desde los tiempos en que era escolar, fue elaborando el Iacobus, ya que esa carta va dirigida

  “a la muy venerable comunidad de la basílica cluniacense, sede de su elección apostólica, y a los ilustrísimos señores Guillelmus, Patriarca de Jerusalén, y Didacus, arzobispo de Compostela, y a todos los fieles...” (lat.).

      De hecho, habiendo muerto Calixto II el año 1124, su pontificado no coincidió con la circunstancia en que coexistieron, como dignatarios de la Iglesia, Diego Gelmírez, Arzobispo de Compostela (1120-1140) y Guillaume de Messines, Patriarca de Jesusalén (1130-1145).
      Las inconsecuencias cronológicas de la epístola dedicatoria no son un hecho aislado en el Iacobus. A pesar de las preocupaciones tomadas por Aimeri Picaud y su “socia” para que no cupiera duda de la autenticidad de la obra, hoy nadie acepta que el Codex Calixtinus sea lo que pretendieron hacer creer sus donantes. Ya en 1912, Bédier se encargó de poner en evidencia que el precioso Iacobus o Liber beati Iacobi era, en sus cinco libros, una atrevida falsificación, y las cáusticas palabras con que remató su argumentación se mantienen en pie:

“En otras palabras: Un Pseudo-León autentifica la translación. Un Pseudo-Turpín autentifica la historia de Carlomagno. Un Pseudo-Calixto autentifica la bula del Pseudo-León y la crónica del Pseudo-Turpín. Un Pseudo-Inocencio autentifica la compilación del Pseudo-Calixto y, por añadidura, las adiciones de los últimos redactores de la obra, especialmente las de Aymeri Picaud, quien podría ser, a su vez, un Pseudo-Aymeri Picaud” (fr.).

      Aunque algunos críticos posteriores hayan intentado, movidos por razones diversas, salvar ciertos componentes del Liber de la demoledora descalificación de Bédier 16, realmente lo único objetable en este pasaje bederiano es la sugerencia final, que creo introducida simplemente para dar rotundidad al discurso retórico y no como resultado de una argumentación racional, ya que el estudio detenido de los cinco libros del Iacobus confirma que el Pseudo-Inocencio, el Pseudo-Calixto y el Pseudo-Turpín son todos ellos el poitevino Aimeri Picaud de Parthenay-le-Vieux, alias Olivier d’Asquins-sous-Vézelay, que donó el Codex Calixtinus a la iglesia de Santiago de Galicia.
      Que el papel del poitevino Aimeri Picaud17 no fue, simplemente, el de portador del códice (o el de autor material del mismo) nos induce a pensarlo, en primer lugar, el ya citado himno monódico de su autoría que remata el conjunto de obras polifónicas del “Complemento” atribuidas a una “impresionante lista de autores y compositores” (Prado, 1944, págs. 4)18.
      Por otra parte, basta una lectura de los diversos libros del Iacobus, para llegar a la evidencia del origen poitevino del Pseudo-Calixto que compuso la obra. En la “Guía del peregrino” el autor se muestra conocedor, por haberla recorrido, de la vía aquitana que, desde Saint-Hilaire-de Poitiers, se dirige a Ostabat y el puerto de Cizara 19, y, al tratar de las tierras y gentes que el peregrino a Compostela ha de encontrar en su camino  (cap. 7), las jerarquiza muy significativamente: sólo los habitantes del Poitou, junto con esa tierra, reciben elogios entusiastas 20, mientras que todas las demás gentes son criticadas en diferentes grados: santoñeses 21, bordaleses 22, gascones 23 y Vascos 24 (por no hablar ahora sino de los habitantes de la Galia 25). En los sermones del papa Calixto del Libro I se citan de preferencia y con notable insistencia centones de Fortunatus Pictaviensis (Venancio Fortunato, obispo de Poitiers), y en la “Crónica de Carlomagno” (Lib. IV), cuando el narrador cuenta la santa muerte de Roldán en Roncesvalles, se acude igualmente a Venancio Fortunato, citando de él diez dísticos 26. En la “Guía del peregrino” (Lib. V),  al hablar de los ríos mortíferos que hay en España, se preocupa de dar el nombre en poitevino, alosa, del pez que en los ríos entre Estella y Logroño llama el vulgo barbus (clipia los italianos, anguilla los españoles y tenca los gallegos), y, en fin, ese libro tiene como remate la historia de dos nobles franceses peregrinos a Compostela que, al regresar a Poitiers, “pidieron posada, por amor de Dios y de Santiago, desde la casa de Jean Gautier hasta Saint Porcaire y no la encontraron” (lat.), hasta llegar a la última casa de esa calle, por lo que en aquella noche ardieron en ella unas mil casas y el incendio sólo se detuvo en aquella casa en que habían dado hospedaje a los peregrinos 27. Pretender (según exigirían las tesis de David, 1945-1949) que al Iacobi liber deban segregársele, como inserciones impertinentes de “el iniciador de la nueva transcripción de la compilación calixtina” (fr.., III, pp. 221-223) Aimeri Picaud, todos los componentes poitevinos es una idea que sólo puede defenderse a partir de unos muy arraigados prejuicios de origen eclesiástico, basados en el piadoso propósito de salvar, en lo posible, la credibilidad de la tradición compostelana “calixtina”28.
      La intervención de Aimeri Picaud en la redacción del Iacobus no se revela únicamente en el regionalismo poitevino que hemos señalado, pues, a través de su alias “Olivier d’Asquins-sous-Vézelay” (consignado en la carta de Inocencio II), sabemos que estuvo vinculado a la abadía de Sainte-Marie-Madelaine- de-Vézelay y esta vinculación dejó también sus huellas en la obra: En la “Guía del peregrino” (Lib. V, c. 8) Olivier d’Asquins-sous-Vézelay relata el traslado, desde Aix a Sainte- Marie-Madeleine-de-Vézelay, del cuerpo de María Magdalena según la versión más vieja de la leyenda del monje Badilon 29, y, al tratar del muy milagrero cuerpo de san Leonardo conservado en Limoges, introduce una larga e intempestiva diatriba contra los monjes de Corbigny (monasterio próximo a Vézelay), que sólo se explica como fruto de rivalidades locales 30. En el Libro I, en dos sermones del papa Calixto (caps. 2 y 17), al denunciar cómo algunos endiablados hipócritas engañan a los peregrinos saliéndoles al camino en hábito clerical, recuerda en primer lugar, entre los lugares de peregrinación, a Vézelay, antes que a Santiago de Compostela, Saint Gilles junto a Arles y Roma o Jerusalén (citados en este orden). En el “Complemento” aparece una composición de cierto maestro Erard de Vézelay, no identificado, codeándose con las contribuciones musicales de obispos y arzobispos (véase atrás, n. 18). En el bifolio añadido al final del Codex, se transcribe, inmediatamente detrás de la carta autentificadora del origen calixtino de la obra, un milagro, que se dice ocurrido “en el año 1139 de la encarnación del Señor, reinando Luis rey de los francos y en el pontificado de Inocencio” (lat.), cuyo beneficiario fue cierto “Bruno de Vézelay, villa de Sainte-Marie-Madeleine, al regresar de Santiago” (lat.). Este milagro, incorporado al Iacobus a última hora, tiene el interés adicional de que se nos diga “escrito por don Albericus, abad de Vézelay, obispo de Ostia y legado de Roma”, que como ya hemos notado, es el mismo “Albericus, legado, obispo de Ostia” (lat.) cuya corroboración (“Yo Alberico, legado, obispo de Ostia, para honor de Santiago, cuyo siervo soy, afirmo que este códice es legítimo y muy estimable y por todo digno de crédito”, lat.) se incluye en el último lugar entre las de los cardenales, todos igualmente históricos, que garantizan la legitimidad del Codex Calixtinus tras el “vale” papal de la falsa bula de Inocencio II que precede inmediatamente al relato del milagro.
      Este Aubry (Albericus), fue abad de Sainte-Marie-Madeleine de Vézelay desde 1130/1131 y, tras haber sido legado pontificio en Inglaterra en 1138, fue promovido en 1140 al cardenalato y enviado, como legado, a Antioquia (para deponer al patriarca Raul, mal visto por el príncipe Raimond de Poitiers); estando en Tierra Santa, presidió en 1141 un concilio en Jerusalén, antes de regresar a Francia (donde en 1146 le hallamos en las praderas sobre Asquins-sous-Vézelay, como legado papal, en el estrado desde donde san Bernardo predicó la cruzada). Su estancia en Oriente como legado coincide, por lo tanto, con el patriarcado en Jesusalén de Guillelmus de Messines (1130-1145), dignatario que figura en el Libro I del Iacobus como autor de dos himnos, un sermón y una prosa 31 y con el cual se muestra especialmente deferente el Pseudo-Calixto al convertirlo anacrónicamente, según arriba destacamos, en uno de los dos destinatarios nombrados en la dedicatoria inicial del Liber beati Iacobi.
      Aparte del amor al Poitou, su tierra natal, y de su vinculación a la abadía de Sainte-Marie-Madeleine-de Vézelay, Aimeri Picaud, alias Olivier d’Asquins, nos revela también, a lo largo del Iacobus, otra característica biográfica digna de nota: su conocimiento personal del Oriente mediterráneo y su presunción de manejarse en lengua griega bizantina 32. Me inclino a pensar que la agitada biografía de Calixto II como escolar esbozada en el Iacobus es reminiscente de la experiencia vital del poitevino 33, que debió de recorrer o residir algún tiempo en el imperio de los Comnenos y en los principados francos de Tierra Santa antes de redactar el Codex Calixtinus. La probable estancia de Aimeri Picaud en Ultramar, que la mera lectura del Iacobus sugiere, creo que hace muy probable la identificación (propuesta por Lambert, 1931, cols. 1291 y 1292-1298) del futuro autor del Codex Calixtinus con el Aymericus canónigo del Santo Sepulcro de Jerusalén que, según da noticia la Historia compostellana (Lib. III, c. 26), llegó por primera vez a Compostela c. 1131 (cuando aún ocupaba la silla arzobispal Diego Gelmírez), portador de cartas de recomendación del Patriarca de Jerusalén Stephanus (†1130), el antecesor de Guillelmus 34.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

NOTAS

14 La protección de Calixto II a su sobrino el niño Alfonso fue crucial para que el poder de éste se consolidara (frente a su padrastro, Alfonso I de Aragón, frente a su tía, doña Teresa, señora de Portugal, y frente a su propia madre, la reina doña Urraca). A la política hispana de Calixto II se debe también el que el obispo compostelano Diego Gelmírez consiguiera el traslado de los arzobispados de Mérida y Lugo a la sede apostólica de Compostela, convertida así en arzobispado (1120).

15 La amistosa relación de Aimericus Ecclesiae Romanae Diaconus Cardinales et Cancellarius et Legatus con Diego Gelmírez, desde los días de Calixto II hasta los de Inocencio II, consta por la Historia Compostellana, en que se hallan reproducidas cuatro cartas del canciller: en la primera, de 1126, hace saber al arzobispo compostelano cómo “en vuestro honor y servicio hemos trabajado y seguiremos trabajando hasta llegar al término que deseáis” (lat.), esto es,  que el Papa nombre a Diego Gelmírez, por ser arzobispo de la diócesis apostólica, su legado en toda Hispania; en la segunda, de 1128, le intenta confortar, asegurándole que Honorio II “no ha mudado contra vos su ánimo” (lat.); en la tercera, de 1131, le recomienda al legado que Inocencio II envía a España, y en la cuarta, de 1136, como introducción a una carta de recomendación de cierto clérigo, le recuerda los servicios que le prestó en tiempos de Calixto II (seguramente con ocasión de la obtención del arzobispado) (II.83.4; III. 5; III. 27.3, y III.50.2, respectivamente).

16 La razón primera para tratar de distinguir en la obra lo que pudieran ser secciones “auténticas”, frente al conjunto reconocidamente falso, fue el deseo de los historiadores de formación clerical de poder salvar del descrédito la mayor parte posible del Liber beati Iacobi. Esa razón es evidente en Fita (1880) y en López Ferreiro (1898-1911), y es aún bien perceptible en David (1945-1949), seguido por Moralejo (1951) en sus anotaciones a la traducción castellana del Codex Calixtinus. Sobre otras posiciones anti-bederianas véase más adelante.

17 Algunos estudiosos del Liber beati Iacobi no han distinguido bien entre Aymericus Picaudus y el otro Aymericus cancellarius citado en el Codex Calixtinus. El canciller Aimeri de la Châtre, a quien se hace participar como autor en la descripción de la ciudad y basílica de Santiago en que se citan construcciones de los años 1078 y 1122 y se hace referencia para datarlas a sucesos de los años 1134, 1135 y 1137 (Lib. V, c. 9), según comentaremos en la Disq. 2ª, es sin duda a quien se atribuye también el capítulo “De los nombres de algunos que repararon el camino de Santiago”, referentes a las obras realizadas en 1120 (Lib. V, c. 5); figura además como el primer confirmante de la bula de Inocencio II. La confusión se produce en Dozy (1881, II , págs. 426-428), en Bédier (1912-1913, III, págs. 85 y 88), en Louis (1947, pág. 373, n. 1), e, inexplicablemente, se refleja aún (de forma parcial) en Díaz (1988, págs. 59 y 351). Sobre el Canciller, véase, P. Paschini, Dictionnaire d’histoire et geographie ecclésiastiques, t. V, col. 1291-1294.

18 Se copian textos y músicas atribuidas a Aton o Hatton obispo de Troyes (1125-1145), a maestro Albert de Paris (quizá el que en 1147 era chantre de Nôtre Dame), a maestro Gosleno o Joscelin [de Vierzy] Obispo de Soissons (1126-156), a maestro Alberico o Aubri Arzobispo de Bourges (1136-1141), a maestro Airardo o Erard de Vézelay (no identificado), a un antiguo Obispo de Benevento, a Maestro Gualterio o Gautier de Château-Renard (cantor de Nôtre Dame de Paris a mediados del s. XII), a maestro Juan Legal o Leal (no identificado), a Fulbertus Obispo de Chartres (†1029), a maestro Droardo de Troyes (no identificado) y a Aimeri Picaud presbítero de Parthenay-le-Vieux. Me inclino a pensar con Prado (1944, pág. LI) que la selección de esta nómina de autores responde “a la necesidad que siempre llevó imperiosamente al escritor del Codex a reforzar sus más atrevidas construcciones con un equipo de nombres resonantes”. La presencia, como remate de las obras polifónicas atribuidas a tales autores (reales o supuestos), de la marcha monódica atribuida a un oscuro presbítero no puede dejar de ser un hecho altamente significativo.

19 En la “Guía del peregrino” (Lib. V), enumera las cuatro vías que atraviesan Francia en dirección a Santiago y traza su recorrido (cap. 1); pero sólo la más occidental, la aquitana, atrae de forma especial su atención, ya que sólo a ella se refiere el cap. 7, “De los nombres de las tierras y de las cualidades de las gentes que se encuentran en el camino de Santiago” (lat.). Aunque el autor conoce algunos santuarios de las otras rutas, tanto de la que, procedente de Sainte-Marie-Madeleine-de-Vézelay, cruza por Saint-Léonard-de-Limoges y Périgueux, como la que, desde Sainte-Marie-du-Puy, atraviesa por Conques y Moissac, esas rutas no se describen con detalle antes de juntarse en Ostabat con la que atraviesa la Aquitania, y en cuanto a la que viene desde Saint-Gilles, junto a Arles, y cruza el Pirineo por el puerto de Aspa, sólo en su comienzo y en su final es objeto de descripción. En cambio, es evidente que el autor de la “Guía” ha recorrido personalmente, en pleno verano, el camino que atraviesa la inhóspita tierra de Les Landes, según se ve en sus consejos al peregrino: “si no miras atentamente donde pisas te hundirás súbitamente hasta la rodilla” (lat.), “si, por acaso, es el estío cuando la atraviesas, guarda cuidadosamente tu rostro de unas enormes moscas que allí abundan mucho, llamadas vulgarmente guespe [‘avispas’] o tavones [‘tábanos’]” (lat.). La experiencia personal justifica también las acusaciones que vierte contra los bateleros de los dos ríos, no vadeables, que hay a un lado y otro de Saint-Jean-de-Sorde (véase, adelante, Disq. 2ª, nota 5).

20 “Después de la Turena, se encuentra la tierra de los poitevinos, fértil, optima y llena de toda felicidad. Los poitevinos son héroes esforzados y varones luchadores, expertísimos en el arte de la guerra con arcos, saetas y lanzas, confiados en el combate, velocísimos en las carreras, galanes en su vestir, de hermosa apariencia física, avisados en sus palabras, muy dadivosos en sus mercedes, pródigos con sus huéspedes” (lat.).

21 “Se considera a los de Saintes de lengua rústica” (lat.). Esta crítica me parece razón suficiente para rechazar la hipótesis de que el autor sea de allí, hipótesis que alguna vez ha sido avanzada basándose en la extensión que en la “Guía” se concede a la transcripción del martirio de san Eutropio según san Dionisio (la explicación que da el Pseudo-Calixto de la inclusión me parece aceptable, véase adelante n. 32).

22 “Los bordaleses lo son aún más” (lat., continuación de la frase cit. en la n. 21).

23 “Son frívolos, charlatanes, burlones, libidinosos, bebedores, glotones, mal vestidos, desastrados en sus vestidos y adornos...” (lat.).

24 “La ferocidad de sus rostros y de los gruñidos de su bárbara lengua aterrorizan el corazón de quienes los ven” (lat.).

25 Sobre la descripción de los impíos navarros, véase Disquisición 2a, y sobre los habitantes de Castilla, Tierra de Campos y Galicia, lo que comento aquí más adelante.

26 Véase Lib. I, caps. 2, 6, 17 (sermones del papa Calixto) y 30 (conductum) y Lib. IV, cap. 21. Los centones de versos de Venancio Fortunato aparecen en el Iacobus convenientemente adaptados a su función jacobea o a su contexto rolandiano.

27 Como ha observado Louis (1948-49, pág. 91), esta anécdota final “denota en el autor un conocimiento familiar de la topografía de Poitiers” (fr.).

28 Y poder así distinguir en el Codex Calixtinus entre componentes “auténticos” y el “barniz” nivelador del cual únicamente se responsabiliza al falsario.

29 La “Guía” desconoce la leyenda que involucra en el traslado al héroe épico Girart, conde de Vienne y de Lyon, fundador de las abadías de Vézelay y Pothières en la Baja Borgoña. Aunque la abadía celebraba cada año un servicio aniversario por el alma de su fundador, durante los abaciazgos de Pons de Montboissier (1138-1161) y de Guillaume de Mello (1161-1171) Vézelay ignora (al menos oficialmente) la leyenda épica de Girart, su sobrenombre de Roussillon y la batalla de Vaubeton, según nos pone de manifiesto la Historia Vizeliacensis de Hugo Pictavinus, que, sin embargo, habla a cada instante de la Magdalena y de sus sagrado cuerpo. Según nota bien Louis (1956, págs. 361-371) en su argumentación contra Bédier, “los monjes de Vézelay de mediados del s. XII habían llegado a la prudente actitud, respecto al origen de las reliquias, que manifiesta hacia 1040 el célebre abad Geoffroy” (fr.), cuando, ante la dificultad de elegir entre las varias leyendas sobre el traslado, se limita a afirmar que “todo es posible para Dios y él hace cuanto quiere” (lat.); por otra parte está claro que ninguna de esas invenciones más antiguas tiene relación con la chanson de Girart de Roussillon (ni con la Vita Gerardo comitis en que el héroe épico es “santificado”, con fines interesados, por los monjes de Pothières).

30 En que les exige que se sonrojen de vergüenza por sostener la impostura de exhibir como cuerpo de san Leonardo el cadáver de otro personaje, para así enriquecerse con las ofrendas de peregrinos ingenuos. Coincido con Louis (1948-49, pág. 92) en considerar esta diatriba un indicio de localismo vezeliano más significativo que la leyenda de san Badilón.

31 Los dos himnos y “el sermón... sacado de la gran Pasión” (lat.), que se atribuyen a domnus Guillelmus Patriarcha Iherosolimitanus forman parte de los Responsorios evangélicos compuestos por el papa Calixto para las fiestas del martirio y translación de Santiago y figuran en los fols. 104v-105r, 105v y 110r-v (Lib. I, caps. 22 y 23). La prosa “para ser cantada con frecuencia, compuesta por don Guillermo Patriarca de Jerusalén (lat.)” forma parte de la “misa de San Josías mártir y también de Santiago apóstol” del 2º día de la octava de Santiago y figura en los folios 122v-123r (Lib. I, c. 27). Messines está junto a Veurne, en Flandes (cerca de la actual frontera de Bélgica con Francia).

32 Llama, ante todo, la atención que el Codex Calixtinus se cierre con un Aleluya en griego (transcrito en caracteres latinos), que repite, con igual notación musical, el versículo Uocauit Iesus del c. 26 del Lib. I (“Misa de Santiago compuesta por el papa Calixto”, lat.), Aleluya que no ha sido tomado textualmente del griego de san Marcos, sino que se ajusta a usos griegos lingüísticamente posteriores (la transcripción en alfabeto latino calca la pronunciación bizantina). Por otra parte, en el c. 26 del Lib. I, una “prosa... abreviada por el papa Calixto” (lat.) ofrece la particularidad de introducir una veintena de palabras hebreas y griegas, con su traducción latina interlineada (cfr. Revue des études juives, VI, pág. 120). Estas exhibiciones de poliglosia, con especial atención al griego, nos hacen recordar el comentario, un tanto fuera de lugar, del “papa Calixto” en la epístola introductoria: “Muchos desprecian lo que no entienden; los franceses desprecian a los alemanes (Theutonicos) y los romanos a los griegos porque no entienden sus lenguas. Si oigo a diario (cotidie) predicar en griego o en alemán y no entiendo, ¿qué provecho saco?” (lat.), así como la explicación que en la “Guía del peregrino” (Lib. V, c. 8) se nos da de la inclusión de un extenso relato del martirio de san Eutropio a propósito de la iglesia de este santo en Saintes: “En otro tiempo encontré este martirio en una escuela griega de Constantinopla, en cierto códice de los martirios de muchos santos mártires y... lo vertí como pude del griego al latín” (lat.). Entre los que habitan el monte Tabor, en Tierra Santa, parece haber oído la tradición de que sus piedras cambiaron de color, de negro a blanco marmóreo, en virtud de la Transfiguración y haber visto las pequeñas cruces que con limas de hierro se fabrican de esa piedra y que los peregrinos se llevan colgadas al cuello como recuerdo (Lib. I, c. 5; según observación de Vázquez de Parga, 1948, I, pág. 175). Es posible que alguna de sus idas o venidas a Tierra Santa la hiciera por vía marítima a través del puerto de Bari, ya que parece haber tenido conocimiento personal del Sur de Italia.

33 En la epístola introductoria, el “papa Calixto”, para hacer ver el carácter excepcional del Iacobus, cuenta cómo Dios conservó su manuscrito, salvándolo de toda clase de avatares, peligros y desastres, durante su agitada vida como escolar, “al recorrer, por espacio de catorce años, tierras y regiones extranjeras” (lat.) e ir ampliando su contenido con lo que hallaba escrito. Aunque los casos enumerados en que el manuscrito borrador (que había ido copiando “en unas pocas hojas ásperas y ruines”, con el propósito de después “exponerlo en un volumen” para uso de los amantes de Santiago, lat.) se salvó milagrosamente son puras invenciones de carácter ejemplar, la extensión temporal y espacial de los viajes del futuro Calixto II a que hace referencia esa epístola introductoria la creo aplicable al Pseudo-Calixto que usurpó su nombre. Sobre la diversidad de tierras donde el autor obtuvo información se insiste en el Prólogo del Libro IIº: los milagros habrían sido anotados “al recorrer tierras extranjeras”, “algunos... en Galicia, otros en Francia, otros en Alemania, otros en Italia, otros en Hungría, otros en la Dacia, algunos también más allá de los tres mares” (lat.). En vista de todo eso, quizá sea preferible la interpretación tradicional del colofón, que lo consideraba referente a la composición del Iacobus y no a su difusión en copias múltiples anteriores al Codex Calixtinus (como sugirió David, 1945-49, y aceptó Louis, 1947, págs. 93-94): “Este códice lo recibió primero la Iglesia romana, pues se ha escrito (o transcrito) en varios sitios. A saber: en Roma, en tierras de Jerusalén, en la Galia, en Italia, en Teutonia y en Frisia, y principalmente en Cluny” (lat.). Es muy posible que el borrador del Iacobus viajara durante algunos años junto a Aimeri Picaud.

34 La Compostellana reproduce el texto de la carta del Patriarca Esteban. En ella, no sólo se recomienda al canónigo y a sus acompañantes, sino que se pide al Arzobispo que le entregue la iglesia de Nogueres y, además, las limosnas que en la comarca se hacían para los Santos Lugares.

ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

Imágenes: Códice Calixtino: a) El apostol Santiago se aparece a Carlomagno,  b) Teodomiro

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