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Obras de Diego Catalán

58.- 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

58.- 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

      La factura unitaria de los cinco libros del Codex Calixtinus en su estado original 1 no ha sido razón bastante para impedir que la crítica, incluso en época reciente, haya cuestionado la unidad de la obra. En consecuencia, aunque ya Bédier (1912-1913, págs. 68-111) reunió razones suficientes para afirmar la interrelación de los varios libros de que consta el Iacobus, me ha parecido necesario volver aquí sobre la cuestión, remozando las antiguas consideraciones.

1. LOS PRETENDIDOS ORÍGENES CALIXTINOS DEL IACOBUS.

      1.1. Ante todo, es obvio que los cinco libros, tal como nos son conocidos, dicen ser obra de Calixto II 2. Aparte de la epístola introductoria, en que el papa explica cómo, desde su juventud, fue compilando y escribiendo el Iacobus, el Libro I, dedicado a la liturgia del Apóstol, incluye múltiples piezas del más variado carácter atribuidas expresamente a él, entre las que destacan los extensos sermones (fols. 6v-18, 19v-24v, 24v-31, 31v-44v, 57-64, 74-93v y 95-98 del Codex Calixtinus). En uno de ellos, el Papa, en su papel de narrador, dice haber sido testigo de un litigio entre francos y gascones que cierta noche disputaban por ocupar la silla junto al sepulcro de Saint Gilles en la iglesia del santo próxima a Arles 3. El Libro II, sobre los milagros del Apóstol, va precedido de una introducción también atribuida a Calixto II y una mayoría de los milagros se dicen narrados por él mismo; en cuanto al milagro último (c. 22), se expresa que el relato se lo oyó el propio Papa narrador al beneficiario:

“...cuando venía de nuevo al santuario de Santiago... le encontré yo mismo, por cierto, entre Estella y Logroño y me contó todas estas cosas” (lat.) 4.

      También prologa Calixto II el Libro III, sobre la “Translación” y en él es quien explica el porqué de las tres solemnidades dedicadas a Santiago. Aunque el texto del Libro IV se atribuya al arzobispo Turpín, es el papa Calixto II el encargado de dar noticia del hallazgo del cuerpo del arzobispo en su antigua diócesis de Vienne (“invención” que sirve, indirectamente, para aclarar la aparición de la “Crónica” a él atribuida), y también quien hace historia de lo ocurrido en España después de la muerte de Carlomagno y quien convoca a la cruzada de España, supuestamente el 25 de marzo de 1123 con ocasión del primer concilio de Letrán. En fin, en el Libro V, es responsable del “argumento”, del cálculo de jornadas de peregrinación a Santiago y de una parte de la descripción de la ciudad y basílica de Santiago (que se considera haber actualizado después el canciller Aimeri de la Châtre), y hemos de aceptar que es el papa Calixto quien anatematiza a los bateleros de Saint-Jean-de-Sorde 5, a los portazgueros de Ostabat y Saint-Jean y Saint-Michel-de-Pié-de Port, a Arnaud de la Guigne, a Raymond de Soule, a Vivian d’Aigramont, al vizconde de Saint Michel, con toda su descendencia, al rey de Aragón y a cuantos prelados traten de perdonarles las injustas exigencias tributarias que hacen a los peregrinos. También ha de entenderse, puesto que el narrador se pone a sí mismo como testigo, que es el Papa quien vio escapar de casa del zapatero Pierrot en Arles a cierto individuo cuando la casa “se vino abajo completamente derruida de puro vieja” (lat.) 6, quien en una escuela griega de Constantinopla halló el relato del martirio de San Eutropio y lo tradujo al latín7, quien vio degollar a dos de los caballos que llevaba a los dos navarros sentados a orillas del río Salado junto a Lorca, en Navarra 8 y quien midió a palmos el altar mayor de Santiago 9. Para corroborar esta falsificación, sostenida a lo largo de toda la obra, se añadió al final de ella una bula, también falsificada, de Inocencio II y se incorporaron las firmas, igualmente falsificadas, de los cardenales existentes en 1140 10. Que la figura central de este fraude es la de Aimeri Picaud resulta patente si se tiene en cuenta que la bula de Inocencio II, con que se pretende autentificar el carácter calixtino de todo el Liber beati Iacobi, es, a la vez, una carta de recomendación para el presbítero poitevino y para su compañera Gerberga.

      1.2. Acerca de estos pretendidos orígenes calixtinos de la obra interesa destacar que toda la tradición manuscrita del Liber beati Iacobi11 los hereda: se hacen presentes en la estructura extensa de los manuscritos del Liber y en la estructura reducida del Libellus 12, figuran igualmente en los manuscritos en que la Historia Karoli Magni et Rotholandi se copia independientemente del Iacobus y en el códice de Alcobaça 334/CCCII, que incorpora en una misma obra una selección de las piezas jacobeas a un “formidable conjunto textual de Tours relativo al culto y milagros de san Martín” (Díaz, 1988, p. 139)13.
     
Si nos limitamos a los componentes más típicos de la falsificación del Pseudo-Calixto podemos observar que la carta-prólogo de Calixto en que el papa dedica anacrónicamente su obra, no sólo a Cluny y al arzobispo de Compostela Diego, sino a Guillelmus patriarca hierosolimitano, lejos de ser privativa del Codex Calixtinus y de la copia sacada en 1173 por Arnaud del Monte para el monasterio de Ripoll, figura, con mínimas variantes, incluso en los manuscritos que heredan un Liber carente de la adición de c. 1164 (Add. 12213 del British Museum, Arch. S. Pietro C. 128 de la B. Vaticana, 1040 de la B. M. de Tours y Alcobaça 334/CCCII de la B. N. de Lisboa) y, de forma abreviada, se incluye también en el Libellus (Hämel, 1953, registra su presencia en 25 manuscritos); en cuanto a la carta de Inocencio II (refrendada por los cardenales de 1140), en la cual este papa reafirma el carácter calixtino del códice de que son portadores Aimeri Picaud y Gerberga y recomienda al poitevino y a su sotia, no sólo se da en los manuscritos del Liber que acabamos de nombrar y en algunos más, sino también en el Libellus (Hämel, 1953, inventaría 13 manuscritos que la incluyen14); y, por su parte, los manuscritos que desglosan el relato de Turpín de los restantes “libros” del Liber o del Libellus incluyen, al igual que los otros manuscritos más completos, el capítulo calixtino destinado a explicar el hallazgo del cuerpo de Turpín en los alrededores de Vienne y a asegurar que Carlos y Turpín, son tan mártires como Roldán, Oliveros y los demás caídos en Roncesvalles, pese a no haber muerto combatiendo 15.

      1.3. Aparte de esta sostenida (aunque insostenible) atribución de la obra a Calixto II, los cinco libros se vinculan entre sí a través de muy distintos detalles, según luego (§ 3) veremos.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

 

NOTAS

 

1 Véase la n. 4 de la Disq. 1ª. Tras los estudios de Hämel (1950), Herbers (1984) y Díaz (1988), parece probado que en los 27 cuadernos originales se produjo la “sustitución de numerosos bifolios e incluso [de] un cuaderno completo” del primigenio Codex Calixtinus (Díaz, 1988, págs. 261-266 y 320) y la reescritura, por una mano (k) aún del s. XII, de esos folios substituidos, así como la inserción (mano h) de medio folio (f. 128) en el cuaderno 16 (Díaz, 1988, págs. 292-296). Se trata de los fols. 155-160 (tres bifolios del cuad. 20), 168-169 (dos hojas, seccionando los bifolios correspondientes del cuad. 21), 170/177 y 171/176 (dos bifolios del cuad. 21), 178-185 (todo el cuad. 23), 196/203 y 204/211 (los bifolios exteriores de los cuads. 24 y 25). Pero este arreglo temprano del códice no se ha podido poner en relación con divergencias en la tradición manuscrita de la obra; es más, aunque es posible que en 1172 el original que alcanzó a conocer Arnaldus de Monte (Disq. 3ª, § 2) tuviera el texto primigenio aún no enmendado (Hämel, 1950, pág. 14), las diferencias textuales entre la nueva y la vieja forma son nimias: en cuanto al texto, todas las versiones conservadas del Liber beati Iacobi “contienen los mismos episodios con los mismos detalles” (Díaz, 1988, pág. 264, n. 61). Con posterioridad a esta manipulación, se habrían producido otras dos: la substitución del bifolio central, 181/182, del cuaderno 23, ya anteriormente substituido (mano 3ª), y la adición de un bifolio suelto 186/187 para rematar un texto que había quedado inconcluso en el fol. 185 final del cuaderno substituido por la mano k (mano 4). En el primer caso, el texto copiado por Arnaldus de Monte basado en el estado primigenio del Codex Calixtinus sólo difiere en minucias; en el segundo caso, en cambio, la copia de Ripoll quizá daría pie para sugerir que la descripción de las pinturas murales de Aquisgrán, en que se figuraban las Artes liberales, pudiera no ser parte del primigenio Codex Calixtinus (Díaz, 1988, págs. 265-266). Sería, pues, esta inserción el único cambio esencial en el texto del Liber beati Iacobi que el estudio codicológico, puesto en relación con la tradición manuscrita, permitiría suponer (pero no asegurar, vistos los usos lingüísticos de que trataremos en el § 2).

2 El hecho de que, al realizar la iluminación del manuscrito, se procurara enfatizar de una forma visual esta unidad de origen de las distintas partes de la obra (Díaz, 1988, págs. 239-245), lejos de disminuir la importancia de la atribución a Calixto II, muestra lo esencial que era ese fraude para los designios del Pseudo-Calixto y la conexión entre la redacción de la obra y la preparación del “modelo” o plantilla que presidió la escritura del accione pulcherrimus (‘hermosísimo en la ejecución’) Codex Calixtinus (véase Disq. 1ª, n. 4). La importancia concedida a la decoración hacía natural y hasta imprescindible el diseño previo de ese “modelo”; por lo tanto, la preexistencia de un “modelo” no es dato que favorezca la existencia de formas diversas del Liber beati Iacobi anteriores a la confección del códice presentado por Aimeri y Gerberga a la catedral de Santiago.

3 “En la venerable iglesia del piadosísimo confesor san Gil vi en una ocasión en cierta noche unos que...”; “fue... tal la refriega con los puños y piedras, que uno de ellos, con una herida grave, cayó al suelo y se murió; otro, herido en la cabeza, huyó hasta Castelneu, en la vía de Périguex, y murió allí” (lat., Lib. I, ed. Whitehill, pág. 158).

4 Véase atrás, Disq. 1ª, n. 43. Aunque la primera visita del peregrino a la basílica del Apóstol fue en el año 1100, hemos de suponer el transcurso de muchos años para que el comerciante barcelonés que encontró el autor peregrinando de nuevo hacia Compostela hubiese sido vendido y comprado trece veces en Corociana, en la ciudad de Iazera en Yslauonia, en Blasia, en Turcoplia, en Perside, en India, en Ethiopia, en Alexandria, en Affrica, en Barbaria, en Beserto, en Bugia y en la ciudad de Almaria, desde que cayó cautivo navegando hacia Sicilia.

5 El Pseudo-Calixto de la “Guía del peregrino” advierte a los que vienen por la Vía aquitana cómo en los dos ríos no vadeables que rodean Saint-Jean-de-Sorde “te convendrá llevar tu caballo arrastrando por la rienda detrás de ti y fuera de la barca” (lat.) y entrar en ella con pocos, pues los bateleros, en vez de cobrar un dinero por el paso del caballo, cobran cuatro y procuran cargar al máximo sus pequeñas barcas, ya que, si vuelcan y los peregrinos se ahogan, se quedan con los despojos.

6 “Por mí mismo he comprobado lo que digo. Vi cierta vez en su misma ciudad [esto es, Arlés] a uno que...” (lat., Lib. V, c. 8, ed. Whitehill, pág. 361).

7 “En otro tiempo encontré este martirio en una escuela griega de Constantinopla, en cierto códice de los martirios de muchos santos mártires, y... lo vertí como pude del griego al latín. Empezaba así...” (lat., Lib. V, c. 8, ed. Whitehill, págs. 370-375).

8 Véase Disq. 1ª, n. 36.

9 Véase Disq. 1ª, n. 44.

10 Aunque la falsificación se hizo conociendo el nombre de los cardenales que formaban en 1140-1141 la curia romana, el falsario desconocía completamente los usos de la cancillería papal (David, 1945-1949: I, pág. 24).

11 Los textos de la crónica del Pseudo-Turpín que en 1953 había manejado Hämel en sus estudios pertenecían a 110 manuscritos y 29 fragmentos, de cuya composición dio sumaria cuenta. De ellos, 11 se identifican plenamente con el Liber beati Iacobi, 3 van acompañados de la Crónica de Lucas Tudensis, 6 de la Gesta Karoli Magni ad Carcassonam et Narbonam, 12 de la Vita Karoli Magni de Aquisgrán (compilación de c. 1165 destinada a la canonización de Carlomagno promovida por el emperador Federico I Barbarroja) y otros 10 de otros textos. Al Libellus completo (o casi completo) pertenecen otros 10 textos y otros 19 a versiones en que los varios componentes del Libellus han sido parcialmente reducidos en número; otros 8 textos con componentes del Libellus ofrecen un texto del Pseudo-Turpín “en forma abreviada”, y aún hay otro manuscrito que contiene “la última redacción del Falso Turpino con partes del Libellus”. Frente a estos 38 textos del Libellus, en que la Crónica de Carlomagno sigue estando asociada al conjunto jacobeo, hay 5 textos con la crónica turpiniana tipo “Libellus” autónoma y otros 11 en que se ha incorporado a las Genealogías de los reyes de Francia e Inglaterra o de los Condes de Flandes, y, a su vez, 10 textos con la crónica turpiniana tipo “Libellus en forma abreviada” autónoma, y, finalmente, otros 4 textos con “la última redacción del Falso Turpino” autónoma.

12 Sobre la presencia de las diversas piezas calixtinas en los principales manuscritos del Liber pueden verse las págs. 327-333 de Díaz, 1988 (y la identificación de la mismas en la descripción de las págs. 103-118). El Libellus ha sido definido por Hämel (1953, págs. 73-74) como “una refundición que no contiene los sermones del Libro primero, sino el Prólogo en forma abreviada, el Libro segundo, tercero y cuarto y uno o dos capítulos del quinto”. De sus componentes habituales (Hämel, 1953, págs. 73-74) nos interesa destacar aquí a) “El Prólogo en forma abreviada”, b) “El Libro de los Milagros... con aditamento de... algunos milagros tomados de un sermón del Libro primero del Codex Calixtinus”; f) el cap. 8º del Libro quinto “De corporibus sanctorum”; h) el himno “Ad honorem regis summi”; i) la “Epístola del Papa Innocencio II”. Hämel (1953, págs. 74-81) describe la composición de 38 manuscritos que contienen el Libellus de forma más o menos completa.

13 La presencia y disposición de las piezas jacobeas del ms. Alcobaza 334/CCCII (Bibl. Nacional de Lisboa) es analizada en el cuadro que Díaz, 1988, incluye en págs. 327-333 (para la identificación de cada una de ellas cfr. las págs. 103-118 de la misma obra).

14 Once con la crónica turpiniana tipo “Libellus”, dos con la crónica turpiniana tipo “Libellus en forma abreviada”.

15 En la crónica turpiniana tipo “Libellus” (versión D de Meredith- Jones, 1936), y tipo “Libellus de forma abreviada” (versión A de Meredith-Jones, 1936), así como en “la última redacción del Falso Turpino” (versión A de Meredith-Jones, 1936) sólo se omite el capítulo 26 con el llamamiento a la cruzada (“De itinere Yspanie omnibus ubique propalanda”), Hämel, 1953, pág. 73; Meredith-Jones, 1936, págs. 240-248.

 

ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
*
55 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY
* 56 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.

 

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