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Obras de Diego Catalán

10.- 3. NUEVOS ESTUDIOS ACERCA DE LA CREACIÓN POÉTICA TRADICIONAL

3. NUEVOS ESTUDIOS ACERCA DE LA CREACIÓN POÉTICA TRADICIONAL. II. MEMORIA E INVENCIÓN EN EL ROMANCERO DE TRADICIÓN ORAL.  RESEÑA CRÍTICA DE PUBLICACIONES DE LOS AÑOS 60 (1970-1971)

       uando, a fines del siglo XIX, Menéndez Pidal dedicó en su primer libro un capítulo al romancero, su interés por los romances era ancilar de otros más relacionados con su deseo de devolver a España una conciencia del pasado y una razón de ser como colectiνidad 53. Para Menéndez Pidal la peculiaridad cultural de España estribaba en el papel predominante que en ella siempre ha tenido el arte para mayorías, el arte de inspiración colectiva, y en la persistencia a través de las edades y continuada renoνación de los temas y motivaciones procedentes del pasado medieval. El romancero representaba para él un eslabón en la cadena tradicional que enlaza la épica juglaresca con el teatro nacional del Siglo de Oro y sus derivaciones literarias posteriores 54. Pero más tarde, como consecuencia del hallazgo, en 1900, del romancero oral en Castilla, fue ganando prioridad en sus investigaciones la consideración de otro tipo de «tradicionalidad» bastante diverso de la tradicionalidad literaria o letrada que en un principio había atraído su atención. Al estudiar la vida oral, sin soluciones de continuidad, de los romances de raíces medievales, desde los siglos XIV o XV hasta los siglos XIX y XX, se percató de la singularidad y perfiló los rasgos distintivos de la poesía oral de creación colectiva, poesía abierta a continua renovación (como un tema literario pueda estarlo), pero, a la vez, poesía capaz de retener, durante siglos y siglos, memoria fiel de toda una serie de pormenores tocantes a un suceso pretérito, real o imaginario 55.

      La importancia concedida por Menéndez Pidal a lo que la tradición tiene de permanencia 56 no le impidió observar cómo se renueva la materia tradicional en el curso mismo de su transmisión, no sólo en el caso de la tradición literaria, donde los cambios de orientación son más obvios, sino también en el de la tradición oral o colectiva; para explicar el carácter no primigenio de los mejores poemas del romancero tradicional viejo, examinó magistralmente la creación (a través de tanteos sucesivos) del romance de El infante Arnaldos, para alcanzar la forma «perfecta» que todos admiramos 57; en otra ocasión, comentando el romance épico Morir os queredes padre, notó cómo un motivo secundario consigue captar la imaginación de sucesivos cantores y va abriéndose camino y desarrollándose, en las sucesivas versiones, hasta convertirse en uno de los elementos más significativos del poema 58. Tampoco dejó de observar Menéndez Pidal las transformaciones sufridas, no ya por un determinado romance, sino por la poesía romancística tradicional considerada en conjunto; especialmente prestó atención al proceso que lleva de lo particular histórico a lo general novelesco, proceso esencial en la mutación de los temas épicos (tanto de la epopeya como del romancero juglaresco) en temas épico-líricos, romancescos 59. Por otro lado, señaló el profundo cambio de «gusto» tradicional que supone la sustitución del romance «escena» (a veces, «fragmento» de escena), propio de la recolección quinientista, por el romance «cuento», dominante en las colecciones modernas (aunque sospechó que quizá este contraste se debía, no tanto a una evolución del gusto tradicional, como a preferencias diversas de los colectores y editores del romancero en unas épocas y otras)60.

      Sin embargo, es obvio que el «tradicionalismo» de Menéndez Pidal fue básicamente «historicista», según correspondía a su formación y a su personal interés por la epopeya y por la historia medievales.
 
     Con posterioridad a los trabajos de Menéndez Pidal de las dos primeras décadas del siglo XX, en los que fue dando forma y desarrollo al concepto de «tradicionalidad» con referencia al romancero, los continuados esfuerzos de muy variados investigadores (empezando por el propio Menéndez Pidal61) para enriquecer el corpus de textos de la tradición moderna y para precisar el conocimiento de la tradición antigua no fueron acompañados, generalmente, de inquietudes doctrinales. Es verdad que, durante los años cincuenta, se hicieron algunas interesantes tentativas de replantear los métodos de estudio del romancero de tradición oral 62; pero, pese a ello, puede decirse que, como fenómeno literario, el romancero oral atrajo muy escasamente la atención de los estudiosos. Por esta razón me parece muy significativo que, en los años sesenta, entre 1964 y 1968, hayan visto la luz, desconociéndose unos a otros, varios estudios novedosos dedicados a examinar el aspecto «creativo» en el romancero tradicional 63: dos ensayos de Braulio do Nascimento 64 titulados «Processos de variação do romance» (1964) y «As seqüências temáticas no romance tradicional» (1966) y dos pequeños pero sustanciosos libros: G. Di Stefano, Sincronia e diacronia nel Romanzero (1967), y P. Bénichou, Creación poética en el romancero tradicional (1968) 65; este último precedido por un artículo piloto, «Variantes modernas en el romancero tradicional: sobre la Muerte del príncipe D. Juan» (1963-64), y complementado por los estudios añadidos a la reedición del Romancero judeo-español de Marruecos (Madrid, 1968); el primero, por su parte, acompañado de dos artículos-reseñas posteriores, titulados ambos «Marginalia sul Romanzero» 66, 1968, 1969-70.

      Bénichou dice partir del «concepto de tradicionalidad tal como lo fueron definiendo desde hace medio siglo... los... trabajos de Menéndez Pidal» 67; Di Stefano, por su parte, admite que el tradicionalismo «más que una teoría» es «un hecho real» que no puede ignorarse 68. Sin embargo, Creación poética y Sincronía han sido escritos como una reacción frente a ciertas limitaciones notadas en el enfoque y métodos del neo-tradicionalismo pidalino.
      Tanto Bénichou como Di Stefano se muestran, sobre todo, disconformes con el excesivo «historicismo» propio de la crítica «tradicionalista», contra la preponderante atención concedida en ella a la reconstrucción de los lazos ocultos que unen la tradición oral moderna a la antigua y la tradición romancística a la tradición épica o a los sucesos históricos. A juicio de Bénichou 69,  aunque Menéndez Pidal llamó la atención acerca de «las virtualidades creadoras que encierra, en cada momento, la tradición oral en su incesante movimiento hacia lo futuro», esa «capacidad renovadora, tantas veces señalada y alabada», no recibió de su parte la misma atención que la capacidad rememoradora de la tradición, sin duda como consecuencia de la «perspectiva de esencial valoración del pasado» que su orientación filológica le imponía. Por su parte, Di Stefano atribuye al influjo de la polémica el que Menéndez Pidal haya tendido a poner énfasis más sobre el aspecto conservador que sobre el aspecto innovador del patrimonio colectivo 70.

      Bénichou aspira a compensar el desequilibrio que nota en la crítica «historicista» concentrando su atención en la tradición en cuanto proceso creador. Frente a la perspectiva «arqueológica», Bénichou va destacando en su libro lo que en la poesía tradicional de cada época hay de actual, de nuevo: Respecto al Romancero viejo subraya que desde el comienzo representó el descubrimiento de tierras poéticas nuevas, aunque heredase muchos temas y motivos de la poesía épica anterior; y en cuanto a la tradición moderna, trata de mostrar que los romances siguen siendo, para sus cantores, poesía actual y no meras reliquias de una poesía antigua y de poner de relieve la incesante actividad creadora de la multitud no letrada.

      La reacción de Di Stefano frente a los métodos de estudio de la crítica historicista es más radical. Para Di Stefano, el método histórico, al pretender restablecer en su integridad la tradición oral antigua, utilizando promiscuamente la documentación de los siglos ΧV-XVII y la tradición moderna, lleva a una peligrosa «acronía»:

«La diacronía del crítico tradicionalista tiende fatalmente a una lejana zona del tiempo en que todas juntas las versiones y las variantes tienen en principio una probabilidad igual de encontrarse» (pp. 126-127) 71.

      En oposición a tal acronía, Di Stefano subraya que «el sujeto folklórico, y por ende la colectividad, no constituyen entes fuera del espacio y fuera del tiempo, sino que actúan en el ámbito de realidades históricas y geográficas determinables e insertas en niveles culturales variables en el tiempo y en el espacio y que dejan su traza en la estructura poética expresada o recibida» (p. 124)72, y propone estudiar cada uno de los textos de un romance «vistos como objetos autónomos producidos para el goce estético-cultural» (p. 127) 73.

      Aunque Bénichou y Di Stefano se muestren concordes en reclamar mayor atención que la prestada comúnmente por la crítica llamada «tradicionalista» a las diversas estructuras poéticas representativas de un mismo «tema» y conectadas entre sí por una «tradición», ello no obsta para que se aproximen al romancero tradicional con propósitos muy diferentes y para que, en el fondo, tengan un concepto muy diverso de la «tradicionalidad» y de las manifestaciones de la poesía oral colectiva.

Diego Catalán: "Arte poética del romancero oral. Los textos abiertos de creación colectiva"
University of Wisconsin, Madison; University of California, San Diego, y Seminario Menéndez Pidal (de la Universidad Complutense de Madrid)

OTAS

53 Dentro de las preocupaciones «regeneracionistas» de la España de fines del siglo pasado. No hay duda de que Menéndez Pidal fue un miembro de la «generación del noventa y ocho», aunque, en verdad, un miembro sui generis.

54 La leyenda de los infantes de Lara (Madrid, 1896), pp. 81-117 (el libro ha vuelto a reimprimirse: La leyenda de los infantes de Lara, Y edición adicionada con una tercera parte, Madrid, 1971); «Notas para el Romancero del conde Fernán González», Homenaje a Menéndez Pelayo, I (Madrid, 1896), 429-507. Vulgarizó sus ideas en las conferencias dadas en la Johns Hopkins University de Baltimore, 1909, impresas como libro: L’Épopée castillane à travers la littérature espagnole (Paris, 1910). La misma concepción preside aún el libro El rey Rodrigo en la literatura (Madrid, 1924-1925), luego incorporado a Floresta de leyendas heroicas españolas. Rodrigo, el último godo, en 3 vols. (Madrid, 1925-1928). Para mejor entender este «tradicionalismo» del Menéndez Pidal noventayochista, véase «Quelques caractères de la littérature espagnole», Revue Internationale de l’Enseignement (Paris), LXX (1916), 401-413 (o la versión española de ese trabajo publicada en BHi, XX, 1918, 205-232).

55 Los estudios doctrinales de mayor interés son El Romancero español. Conferencias dadas en la Columbia University de New York..., 1909 (New York, 1910); «Poesía popular y romancero», RFE, I (1914), 357-377,11 (1915), 1-20, 105-136, 329-338, III (1916), 234-289 (en tirada aparte: Poesía popular y romancero, Madrid, 1916); «Sobre geografía folklórica. Ensayo de un método», RFE, VII (1920), 229-328; Poesía popular y poesía tradicional en la literatura española. Conferencia (Oxford, 1922). Pueden ahοra leerse reunidos en Estudios sobre el romancero (Madrid, 1972). Véase además la réplica a R. Foulché-Delbosc, Essai sur les origines du Romancero, publicada en Revista de Libros, II, 8 (1914), 3-14 (reeditada en El Romancero. Teorías e investigaciones, Madrid, 1928, 61-85) y «Roncesvalles. Un nuevo cantar de gesta español del siglo XIII», RFE, IV (1917), 105-204 (y la breve adición en RFE, V, 1918, 396-398).

56 Rasgo de un máximo interés cuando el «ejemplo» de los paréntesis documentales pluriseculares del Romancero se utiliza, como Menéndez Pidal hizo, para mostrar la posible continuidad subterránea de otros «guadianas» tradicionales dentro de la literatura medieval de gustos mayoritarios (épica, lírica cantada) o de la lengua hablada.

57 Véase Poesía popular y poesía tradicional (Oxford, 1922).

58 «Poesía popular y romancero, II», RFE, II (1915), 1-20. Cfr. además los comentarios hechos en RFE, III (1916), 275-276 y la comparación con casos análogos en la tradición oral moderna en RFE, VII (1920),332-333.

59 «Poesía popular y romancero, X», RFE, III (1916), 276-289 (283-286), y «Sobre geografía folklórica. Ensayo de un método», RFE, VII (1920), 229-338 (333-335). Más tarde desarrollará estas observaciones en Romancero hispánico, I (Madrid, 1953), pp. 195-196, 228-229, 246-248, 275-285 (cfr., sobre este último ejemplo, A. Galmés y D. Catalán, «El tema de la Boda Estorbada. Proceso de tradicionalización de un romance juglaresco», VoxRo, 13 [1953], 66-98).

60 RFE, III (1916), 280-282 y, sobre todo, Romancero hispánico, I, pp. 63-65, 71-75.

61 [Los proyectos en relación con el Romancero de R. Menéndez Pidal de finales de los años 20 quedaron frustrados por la Guerra Civil de 1936-1939 y sus consecuencias (véase D. Catalán, «A propósito de una obra truncada de Ramón Menéndez Pidal en sus dos versiones conocidas», introducción a Reliquias de la poesía épica española, 2s ed., Madrid: Seminario Menéndez Pidal, 1980, pp. XI-XLIV (esp. XIII-XVΙ)]. Años después, Menéndez Pidal volvió a exponer, por lo largo, su concepción del Romancero en un libro de estructura enciclopédica: Romancero Hispánico (hispano-portugués, americano y sefardí). Teoría e historia, I-II (Madrid, 1953), «Obras completas», IX-X, e inició, con ayuda de sus discípulos, la publicación del Romancero tradicional de las lenguas hispánicas (textos, acompañados de estudios).

62  El estudio de R. House Webber, Formulistic diction in the Spanish Ballad (UCPMPh, XXXIV, 1951, 175-278), planteaba un conjunto de problemas que podrían haber servido de punto de partida para nuevas investigaciones; pero nadie se preocupó de seguir ahondando en el tema. D. Devoto, después de publicar un interesante trabajo, «Un ejemplo de la labor tradicional en el Romancero viejo» (NRFH, Vll, 1953, 383-394), atacó despreciativamente —creo que sin entender bien sus propósitos— el llamado «método geográfico» de R. Menéndez Pidal en «Sobre el estudio folklórico del romancero español. Proposiciones para un método de estudio de la trasmisión tradicional», BHi, LVII (1955), 233-291 (cfr. mi réplica, «El "motivo" y la "variación" en la trasmisión tradicional del romancero», BHi, LXI, 1959, 149-182 [reed. en el cap. I del presente libro] y la sarcástica contrarréplica de Devoto, «Un no aprehendido canto. Sobre el estudio del romancero tradicional y el llamado "método geográfico"», publicada, diez años después, en Abaco, I, 1969, 11-44). Para Devoto, lo que más importa «aprehender» en los romances son los tópicos folklóricos recurrentes y las motivaciones que sobreviven al nivel de lo inconsciente, como residuos de creencias remotas o por represión de contenidos simbólicos de carácter psicosexual (cfr. además «Entre las siete y las ocho», Fil, V, 1959, 65-80; «El mal cazador», Homenaje a Dámaso Alonso, I, 1960, 481-491). E. Asensio, «Fonte frida, o encuentro del romance con la canción de mayo», ΝRFH, VIII (1954), 365-388, reed. en Poética y realidad en el cancionero peninsular de la Edad Media, Madrid, 1957 (2ª ed., Madrid, 1970), estudió, con penetración y finura, cómo el Romancero viejo invadió las zonas limítrofes de la poesía apropiándose algunos temas del cancionero lírico y tiñéndose de su tonalidad emotiva. La metamorfosis, dentro de la tradición sefardí, de una canción en romance fue, a su vez, examinada por M. Alvar en «Patοlogίa y terapéutica rapsódicas. Cómo una canción se convierte en romance», RFE, XLII (1958-1959), 19-35 [reproducido en su libro El Romancero: Tradicionalidad y pervivencia, Barcelona, 1970, pp. 285-302; 2ª ed., Barcelona, 1974, pp. 289-308].

63 Contemporáneos de las publicaciones que a continuación comento son varios trabajos míos incorporados a dos libros publicados en 1970 y 1969. Prescindo de la posibilidad de reexponer aquí, de forma sumaria, lo tratado en ellos. En Por campos del Romancero. Estudios sobre la tradición oral moderna (Madrid, 1970), me ocupo también de la labor creativa de la tradición, especialmente en la sección del librο titulada «Metamorfosis romancística», que abarca los capítulos: «El enamorado y la muerte. De romance trovadoresco a romance novelesco» (pp. 13-55) y «El sacrificio de Isaac. Ejemplo de recreación colectiva » (pp. 56-57). Véanse asimismo las pp. 97-100, 112-117, 216-225 y 290-301; y, en Siete siglos de romancero (Madrid, 1969), las pp. 176-215.

64 Revista Brasileira de Folclore, IV (1964), 59-125 y VI (1966), 159-190.

65 Sincronia se publicó en Pisa, en 1967, Creación en Madrid, en 1968. Los dos autores se desconocen mutuamente, aunque estudian incluso un mismo romance (Helo, helo por do viene     el moro por la calzada).

66
El artículo de Bénichou apareció en RPh, XVII (1963-1964), 235-252; y los de Di Stefano en Miscellanea di Studi Ispanici (Pisa, 1968), 139-178 y Miscellanea di Studi Ispanici (Pisa, 1969-1970), 1-31.

67  Textualmente: «Concepto de tradicionalidad, tal como lo fueron definiendo, desde hace medio siglo, con relación a la epopeya y el romancero castellanos, los magistrales trabajos de don Ramón Menéndez Pidal» (p. 7).

68 «Prima ancora che una teoría, il tradizionalismo è un fatto reale, e negarlo o ignorarlo equivale a percludersi l’intelligenza di un ampio settore di cultura e di poesia e della sua particolare maniera di vivere e trasmettersi» (p. 123).

69  Creación poética (1968), pp. 7-8.

70 «Ragioni di polemica contingente hanno indotto il Maestro a porre l’accento piú sul proceso di tradizione che su quello di elaborazione, piú sugli aspetti conservatori —e quindi documento di trasmissione— che sui momenti innovatori del patrimonio collettivo» (p. 123).

71  «La diacronia del critico tradizionalista tende fatalmente a una lontana zona di tempo in cui tutte insieme le versioni e le varianti hanno per principio una uguale probabilità di ritrovarsi».

72  «ll soggetto folclorico, e la collettività quindi, non costituiscono enti fuori dello spazio e fuori del tempo ma agiscono nell’ambito di realtà storiche e geografiche determinabili ed inseriti in livelli di cultura variabili nel tempo e nello spazio e che lasciano il loro segno nella struttura poetica espressa o recepita».

73 «Visti quali istituti autonomi prodotti per una fruizione estetico-culturale».

CAPÍTULOS ANTERIORES:

*
  1.- ADVERTENCIA

2.- A MODO DE PRÓLOGO. EL ROMANCERO TRADICIONAL MODERNO COMO GÉNERO CON AUTONOMÍA LITERARIA

I. EL MOTIVO Y LA VARIACIÓN EXPRESIVA EN LA TRANSMISIÓN TRADICIONAL DEL ROMANCERO (1959)

3.- I. EL MOTIVO Y LA VARIACIÓN EXPRESIVA EN LA TRANSMISIÓN TRADICIONAL DEL ROMANCERO (1959)

4.- II. EL «MOTIVO» Y LA «VARIACIÓN EXPRESIVA» SON OBRA COLECTIVA

5.- 3. LOS «MOTIVOS» Y LAS VARIACIONES DISCURSIVAS SE PROPAGAN DE VERSIÓN EN VERSIÓN

* 6.- 4. CADA MOTIVO Y CADA VARIACIÓN EXPRESIVA TIENEN UN ÁREA DE EXPANSIÓN PARTICULAR

* 7.- 5. CONCLUSIÓN

II. MEMORIA E INVENCIÓN EN EL ROMANCERO DE TRADICIÓN ORAL.  RESEÑA CRÍTICA DE PUBLICACIONES DE LOS AÑOS 60 (1970-1971)

*  8.- 1. INTRODUCCIÓN. RENOVADA ACTIVIDAD EN EL CAMPO DE INVESTIGACIÓN DEL ROMANCERO TRADICIONAL

9.- 2. MEMORIA Y CREACIÓN EN EL ROMANCERO SEFARDÍ

Diseño gráfico:

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