18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

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2.  LA ROMANIZACIÓN. I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

      Desde muy pronto, las colonias de veteranos trajeron consigo el casamiento de soldados romanos con mujeres indígenas. Ejemplo del activo mestizaje es la fundación de Carteia sobre el estrecho de Cádiz en 171 destinada a la educación de más de 4.000 hijos de soldados romanos y mujeres indígenas 11.

      Para comprender la profundidad del proceso de roma­nización debemos todavía echar mano de la toponimia. Esparcidos por toda la Península, hallamos nombres de lugar que recuerdan durante siglos la obra organizadora de Roma, monumentos duraderos como los restos arquitectó­nicos de Tarragona, Mérida o Itálica. Los más numerosos por todas partes son los que se refieren a la administra­ción.

      El radio de una ciuitas, ciudad capital de una tribu o gente, se extendía hasta la quinta milla 12, y hoy se conser­va el apelativo quinta o quintana, que antiguamente signifi­caba la casa rústica situada dentro de ese término jurisdic­cional; además, son multitud los pueblos que llevan nombres de Quinta, Quintana, Quintanar, Quintero: Quintas en Galicia, Portugal, Quintadóñega (< domnica), Quinto Na­varra, Zaragoza, Quintos en Zamora 13, Quintana numerosí­simos en el Noroeste, se hallan desde Portugal hasta Huesca, Quintán ~ Quintã 14 en Galicia y Portugal, Quintero. Los derivados posteriores Quintanal, Quintanar se extienden por el centro desde Burgos hasta Toledo.

      Los límites de las ciuitates y de otras comarcas estaban señalados con un mojón o pĕtraficta ’piedra hincada’ > Piedra Fita (Lugo), Piedrahita (Ávila, Burgos, Zamora, Teruel, Santander), o simplemente Fita, Hita, Hitero (varios). Los mojones se llamaban también confīnĭum > Cofiño (Astu­rias), Cofiñal (León), límite de astures y cántabros 15, en plu­ral confīnĭa > Coveña (Madrid). El límite de tres jurisdic­ciones trĭfīnĭum (como se titula un mojón del s. I de Fuente Ovejuna 16 > Treviño (ant. Treveño)17 en Burgos, límite de várdulos, carintios y berones, y en Santander (en Potes), límite de cántabros, vacceos y turmogos. Análogo es quadrĭfīnĭa > Cuadrovenia (Asturias), en la confluencia del Sella y el Piloña, señalando la concurrencia de cuatro tri­bus de astures y de cántabros. Los miliarios de las vías roma­nas daban nombre también a veces a la población que sur­gía de sus inmediaciones. Cuarte de Valencia, Tercio en Coruña, Tierzo en Guadalajara, Tierz Huesca, Terço en Portu­gal 18. La posada en las vías se llama mansio, de donde La Mesón en Cuenca, Lamasón en Santander 19. La vía misma daba nombre a pueblos como Estrada, Calzada.

      Sobre todo son expresiones en su enorme abundancia los recuerdos de la organización de la propiedad y de la tributación. En un principio cada ciuitas  o territorio paga­ba colectivamente el impuesto, porque la propiedad era co­lectiva, tan sólo poseída a título precario; pero Augusto hizo que el fisco cobrase directamente de cada poseedor de una heredad 20, el cual, por el hecho de pagar él el tributo, quedó dueño único de la propiedad antes comunal. La administración romana consagró este nuevo régimen desig­nando la villa, el pago o el fundo con el nombre de ese propietario o contribuyente. La Tabula Alimentaria de Ueleia (hoy Castellamare, al Sur de Piacenza) en tiempo de Trajano (año 194 de C.) enumera centenares de fundos adquiridos para alimentación de niños pobres 21, y los de­nomina mediante el nombre del primitivo propietario, he­cho adjetivo con adición del sufijo -anu: fundus Antonianus, Aurelianus, Cornelianus, Licinianus, Marianus, Cassianus, etc., y es de notar que los propietarios nombrados en la Tabula ni se llaman Antonius, ni Aurelius o Aurelianus, etc., de modo que el nombre lo habían recibido de antes.

      El censo de las propiedades de España sin duda deno­minó los fundos o villas del mismo modo que la Tabula Ali­mentaria. Igual que los Cassianus, Aurelianus, de ésta tenemos Quijano (Santander), fundo de un Cassius; Orellán (León) fundo de un Aurelianus; un Gallius 22 dio nombre a Gajano (Santander); un Trebellius, a Trevijano (Logroño); un Meter 23 poseyó Medrano (Logroño); un Artinius 24, Artiñano (Vizcaya); un Lucretius, Logrosan 25 (Cáceres); un Perpena 26, Perpiñán (Rosellón); un Caluius, Covián (Oviedo); unos Lucius dieron nombre a Luquiano (Álava, con conservación vasca de -ki-) y a Luzán (Zaragoza); unos Martius a Marzán (León, Lugo, Coruña) y a Marsá (Gerona, Tarragona); un Quinctius 27 a Quinzano (cfr. Quinzán, Lugo, Coruña); un Pontius a Ponzano, un Lŭpercius 28 a Loporzano y un Iunicius 29 a Junzano (todos en Huesca); un Campusius 30 poseyó Campuzano (Santander); un Mīnius 31 Miñano (Álava), un Lucinius Luquiñano (Guipúzcoa, con conservación vasca de -ki-)32; unos Sabinius dieron nombre a Sabiñao, Sabiñán (Lugo), Saviñán (Zaragoza); un Maurus a Morán (Pon­tevedra, Zaragoza); unos Quintus 33 a Quintán (Lugo, Co­ruña, Pontevedra); un Servilius a Sirvián (Lugo); unos Antonianus Antuniano (Burgos), Antoñán (León); un Pinianus 34 a Piñán (Asturias); un Caluinius a Calviñá (Lérida). Dos fundos juntos del mismo propietario lle­van el nombre en plural Cadiñanos (Burgos), de Catinius.

      En España, más que fundos (masculino), se organizan vi­llas (femenino); así, a los masculinos de la Tábula correspon­den en España Cornellana (Asturias, Lérida); Mariana (Cuenca); Orellana (Badajoz) y Orejana (Segovia); un Flauius da nombre a Laviana (Asturias); un Flaccius a Laciana (León); unos Curtius a Corzana (Huesca, Pontevedra); un Cantilius a Cantillana (Sevilla); unos Medius 35 a Meana (Burgos, Coruña) 36, un Burrius a Burriana (Castellón); un Brittinius (asimilación por Brittanius)37 a Bedriñana (Asturias); unos Vetius 38 a Bezana (Burgos, Santan­der); unos Maurius a Moriana (Burgos, Asturias); un Maelius a Meliana (Valencia); un Metius  a Mezana (Asturias); un Corius a Coriana (Sevilla; cfr. Corián, Asturias); un Annius 39 a Añana (Álava); un Anthemius a Antumiana (Álava); un Cўprĭānus 40 o, mejor, un Cўprius 41 a Chiprana (Zaragoza); un *Caprinius 42 a Cabriñana (Cór­doba); y así Lorenzana, Fustiñana, Leciñana, Antoñana, Treviana, Logrezana, Morana, Marzana 43, en número incontable, cuyo estudio nos daría un extenso onomástico de los nom­bres de varón usuales en los primeros tiempos del Imperio. Su frecuencia en la toponimia española es tan notable que llega a constituir una peculiaridad suya. Ya en el Itinerario de Antonino, donde se nombran varios pueblos terminados en -ana de África y otras provincias, se documenta el toponími­co Barbariana, hoy Berberana en Álava, de Barbarius.

      De los tres componentes del nombre romano (prenombre, gentilicio, sobrenombre: Quinctus Velerius Flaccus) vemos que los nombres de fundos y villas se for­man regularmente del gentilicio derivado en -i-us, como Quinzano 44.

     Por estos nombres vemos que la onomástica de los terra­tenientes era esencialmente romana. Los nombres prerro­manos sobreviven, pero en minoría 45. Los propietarios lle­van nombre romano por ser ellos de origen romano o por ser nativos educados en la usanza romana.

      Estos topónimos en -ano, -ana cubren todo el suelo de España, revelando la amplitud de la organización económi­ca romana. Ahora bien, esta organización agraria se muestra hecha en tiempos en que las lenguas indígenas goza­ban aún de vitalidad, pues las vemos contribuir con sus sufijos propios a la formación de los adjetivos designativos de los fundos y villas. La citada Tabula Alimentaria, junto a unos 400 fundos en -anu, enumera quince con sufijo cél­tico -acu, y dos con el sufijo lígur -ascu, fiel reflejo de la situación de Veleia en la Galia Cisalpina hacia los confi­nes de la Liguria 46. En España tenemos también el sufijo celta, sobre todo en la Celtiberia, aplicado a nombres cél­ticos de propietarios: unos Sarnus poseyeron Sarnago (Soria, Zaragoza)47; un Cornus, Cornago (Logroño)48; un Littus, Litago (Zaragoza); un Sagius, Sayago (Zamora)49; pocas veces se aplica a nombres romanos como de Pinus > Penagos (Santander)50; de Uulturius > Buitrago (Ma­drid, Soria)51. Así otros varios52, siempre pocos en comparación con la Galia, cuyo más intenso celtismo se ve en el predominio de estos topónimos -acu sobre el latino -anu53: al español Cantillana corresponde allí un Cantiliacu > Chantilly; al español Cornellana, allí Cornillac; al español Orellana, allí Aurillac y Orly, etc.

      Curiosísimamente limitado al extremo noroeste de La Coruña está el uso de la terminación -obre con nombres per­sonales de presuntos propietarios54: Anzobres de Antius, Cillobre de Cilius abundantísimo en Lusitania entre gentes al parecer célticas 55, Pantiñobre de *Pantinius, Callobre (Caliobre en el año 887 56), de Callius, Sillobre (año 830) de Sīlius o Sillius, Añobres de Annius, etc. Son un total de 220 topónimos en

-obre aplicados a 40 pueblos de La Coru­ña más otros cuatro lindantes con ella de Lugo y Pontevedra que parecen deslindar la antigua tribu céltica de los Ártabros o Arrotrebas; no todos parecen derivados de un posesor; hay algunos que se explican mejor como compuestos con un nombre apelativo puesto en primer lugar (Barallobre, Lajobre, ant. Talobre en 914 y 1107 57 hoy Trobe, etc.). Parece hallarse, aunque muy rara vez, en Galia.

      El sufijo ibérico -cco contribuye bastante en la misma Celtiberia y en la Carpetania. Pinseque y Novillaco, en Zaragoza, fueron heredades de Pincius y de Nobĭlius (compárese Novellana Oviedo)58; Mazueco Burgos, Masueco en Salamanca derivan de Matius, y así muchos más 59; Pa­checo en Lisboa, Beja, Murcia 60, Pacheca en Cuenca, Viseu, Lisboa, Évora viene de Paccius 61, antroponímico latino quizá de origen osco, igual, acaso, al que con otro sufijo de una sola c sirvió de nombre a Paciaecus menciona­do por Cicerón como noble español partidario de César 62.

      Y también hay topónimos con nombre derivado de su propietario con el sufijo -z- y vocal anterior variable que deben de proceder de tiempos romanos, ya que derivan de antropónimos caídos en desuso en época posterior 63: Capariz (Lugo), Kaparaz, Kaparotz (Navarra), de un Capparius; Marchagaz (Cáceres), de un Marciacus64; Apinganiz (1025)65, hoy Apellániz (Álava), de un Apinianus o Pinianus, Doniániz (Navarra), de Donianus 66; Allariz (Lugo, Orense), de Alliarius 67; Lemóniz (Vizcaya), de Lemonius.

      Las lenguas céltica e ibérica vivían, pues, dentro de Espa­ña en la época imperial con vigor bastante para codearse con el latín en la formación de topónimos nuevos, oficial­mente aceptados por la administración romana. Ya sabemos que aun en el siglo VII quedaban algunos hablantes del ibé­rico, de quienes los árabes aprendieron el significado de al­gunos nombres de lugar 68. Pero esto era en la región inte­rior. En la zona Sur y Este, primeramente conquistada, nos dice Estrabón que ya en el siglo de Augusto los turdetanos estaban tan romanizados que «hasta habían olvidado su propio idioma». No obstante, aún imprimían algún idiotismo a su latín, si bien, en nuestro caso de las villas, no introduci­ría un sufijo crudamente bárbaro como los dos anteriores, sino uno que, aunque también exótico, ya había logrado cierta familiaridad tanto con el latín como con el griego, el sufijo pre-indoeuropeo 69, -ena, -ήvη en topónimos, y de étnicos -eno, -ηvóς 70, de gran vitalidad en toda la cuen­ca del Mediterráneo. En Grecia dio muchos topónimos como  Athene   (Άθήνη), Pirene (Πειρήνη)  Mytilene (Μυτìλήνη); en Asia Menor y Próximo Oriente formó abundantes gentilicios que la predicación eclesiástica y la erudición histórica harían familiares en la lengua latina: Pergamēnus, Nazianzēnus, Damascēnus, Nazarēnus,  Magdalēne,   Saracēnus;  en  Italia Tyrrhēnus, etc., 71; en África hay que recordar especial­mente el antroponímico derivado de Maūrūs > Maurenus que vive en el adjetivo esp. moreno; en fin, en la Espa­ña del Sur y del Este era usado desde tiempos prerromanos para formar gentilicios: Avieno nos conserva los nombres de los  Massiēni 72  y los   Cilbicēni 73,   Plinio   de  los Cileni 74 y los Heleni 75, Mela de los Saeleni 76. Pero en la época imperial, que es lo que ahora nos interesa, el sufi­jo dio multitud de nombres a las villas a partir del nombre de sus propietarios. Bástenos aquí con citar unos mínimos ejemplos 77: un Lĭcĭnius poseyó Leciñena (cfr. los ya cita­dos Leciñana); un Larius, Larenus 78 poseyó Llerena en Badajoz (suponemos palatalización mozárabe de L-, más razonablemente que evolución castellana de un grupo cl-79); un Macarius o Macarus 80 dio la Macarena (Sevilla); a unos Martius o Marcius 81 deben su nombre varios Marchena (Sevilla, Jaén, Almería, Murcia, Alicante, con evolución mozárabe de -t -c-), Marchiena (Beja, ídem), Marcén (Huesca)82; a unos Lucius83 muchos Lucena (Córdoba, Má­laga, Granada, Huelva, Castellón, Zaragoza, Évora), Luchena (Murcia) y Luchen(t), ant. Luxen (Valencia) 84; un Persinius (derivado de Persinus)85 poseyó Persiñena (Huesca) 86, un Bellius 87 Villena 88 (Alicante); un Carinius 89 Cariñena (Zaragoza); unos Granius 90 a Grañena (Lérida) y Grañén (Huesca); y así muchísimos otros extendidos por el Sur tartesio y por el Levante de los íberos (íberos en sentido estric­to), desde Andalucía hasta Cataluña 91, y todavía el sufijo mediterráneo penetra por Occidente hasta el País Vasco, donde muestra vitalidad moderna en nombres del tipo Michelena, de un Miguel 92. 

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

11  Livio, XLII, 3.

12  La quinta de una ciudad era su término jurisdiccional. Du Cange, Glossarium.

13  Quinto hay muchos en Italia; Quinte, Les Quintes en Francia.

14  Quintano, Quintanello en Italia; Quintaine, Les Quintannes Fran­cia.

15  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., 1ª ed., p. 265; 3ª ed., p. 259.

16  CIL, II, 2349.

17  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., 1ª ed., p. 265; 3ª ed., p. 259.

18  Para el femenino Terçia suponemos otro origen (Parte IIIª, cap. I, § 3).

19  El Mesón en Huesca, por su género masculino parece sur­gió de cualquier mesón moderno; acaso lo mismo Mesón en Lugo, Coruña. No obstante, para el cambio de género véase Leite de Vasconcellos, Opúsculos, III, p. 239.

20  El censo provincial de la Galia ordenado por Augusto se ter­minó el año 27 a.C. (D’Arbois de Jubainville, Prop, foncière, 1890, pp. 5-10). El de España parece que también se hizo en su tiem­po. Dion., LIII, 22, 5, y noticia en algunas inscripciones (Pauly-Wissowa, III, pp.  1919-1920).

21  CIL, XI, pp. 205-231.

22  En Francia, varios Galliacum (Skok, Suffixen -acum -anum..., Ρ- 149); Gaillac, etc., Jailly (Kaspers, Suffixen -acum -anum..., p. 86).

23 Metrius (Schulze, Lat. Eigennamen, p. 297; Kaspers, Suffixen -acum -anum, p.  121), en Francia *Metracum Mettray.

24 Artinus (D’Arbois, Prop, fonciere, p. 383).

25  Para la segunda o, cfr. Loporzano.

26  En Butll. Dial. Cat, XIX, 1932, pp. 17-18.

27  O Quintius (Schulze, Lat. Eigennamen, p. 229); en el Norte de Francia Quintiacum (Kaspers, Suffixen -acum, -anum, p. 147); en el Sur de Francia (Skok, Suffixen -acum, -anum, p.  125).

28  Para la ŭ véase Skok, Suffixen -acum, -anum, p. 100 y Kaspers, Suffixen -acum, -anum, p.  107. La segunda o, cfr. Logrosán.

29  Italiano Junciano (Pieri, Toponomastica, p. 152) o de Juventius (Skok, Suffixen -acum, -anum, p. 92).

30  Cfr. Campusan en Haute Pyrenees (Skok, Suffixen -acum, -anum, p. 70).

31  Schulze, Lat. Eigennamen, p. 361 y Holder, Alt-celt. Sprachschatz, II, col. 596, citados por Kaspers, Suffixen -acum, -anum, p.  121.

32  Cfr. Araceli y Araquil (Navarra).

33  Cfr. atrás, cap. II, § 7.

34  Cfr. Piñana en Huesca y Lérida (Kaspers, Suffixen -acum, anum, p. 299).

35  Schulze, Lat. Eigennamen, p. 185a. Hay también lugares Mediana en Retia, Macedonia y África.

36  Cfr. Meano Pamplona.

37  D’Arbois, Prop, foncière, p. 201; en Francia Brétigny.

38  Vetius (Schulze, Lat. Eigennamen, p. 425); en Francia Vezian Pyrénées Orientales (Skok, Suffixen -acum, -anum, p.  142).

39  Annius (Skok, p. 54).

40  Hecho adjetivo. Como adjetivo, no lo trae De-Vit, Onomasticon.

41  Cognomen (De-Vit, Onomasticon, II, p. 534b).

42  Compárese Caprius (Schulze, Lat. Eigennamen, p. 234) que da Capriniacus en Francia, varios (Skok, Suffixen -acum, -anum, p. 72, y Kaspers, Suffixen -acum, -anum, p. 54).

43  Respectivamente de Laurentius (en León, Lugo), Faustinius (en Pamplona; cfr. Fustañá Gerona), Lĭcĭnius (en Burgos, Álava), Antonianus (en Asturias, Álava), Trebius (en Logroño), Lucretius (en Asturias), Maurus (en Lérida), Martius (en Vizcaya).

44  En Italia, en nombres etruscos hay -ano (no -iano): *Alteranu, *Cipiranu, *Versanu, Saturnana, Vernanu. Pieri (Toponomastica, p. 14) supone que Gallicanu, antropónimo latino, puede ser nombre de lugar sin tomar la i adjetival; como simple nombre de persona, no gentilicio.

45  Son excepcionales Lourizán en Pontevedra, del nombre cél­tico Lauricius, Triana (árabe Taryana) en Sevilla, quizá del nom­bre céltico Tarvius, de tarvos ’toro’ latín taurus (Holder, Alt-celt. Sprachschatz, col. 161; II, col. 1742). En Francia con nombre céltico se halla, de Laurus, Lauranus locus > Lauran en Gers; de Gordus, *Gordanum Gourdan en Ardèche, Haute Garonne, Alpes-Maritimes, junto a *Gordianum Gorjan (Skok, Suffixen -acum, -anum, pp.  185 y 182).

46  CIL, XI, 1147.

47  Sarnacum se usó también como nombre de varón. En Francia del Sur, con -i- romana, Sarniacum (también Sarnacum) > Sernhac, Sargnac (Skok, Suffixen -acum, anum, p. 133, lo cree síncopa de Serenius).

48  La forma latina Cornacum no se documenta en España, pero sí en la Panonia Inferior: Cornac en Lot, Cournac en Aude (Skok, Suffixen -acum, -anum, § 461).

49  Nombre céltico (Holder) que imita de los romanos la for­mación de gentilicio mediante la i derivativa.

50  Pinus en Plinio (Perin, Onomasticon) y en dos inscripciones de Campania (D’Arbois, La propr. foncière, p. 514). Piniacu > Pigny (Kaspers, Suffixen -acum, -anum, p. 138), Ecclesia de Pinac (Skok, Suffixen -acum, -anum, pp. 28 y 214 *Pinacum y con i Piniacus).

51  Nombre que el Arzobispo de Toledo Rodrigo Ximénez de Rada da en su forma latina Vulturiacu. En Francia aparece escri­to Vulteriaco año 989, hoy Voutré Mayenne.

52  De Cucūtus, Cuguciaso, año 850 en Gerona (no existe hoy) (Cucuciacum en el Sur de Francia, Skok, Suffixen -acum, § 469). En el Norte de Cataluña y en el Rosellón abundaron los nombres -acum que en su mayoría se olvidaron (P. Aebischer, Études de toponymie catalane, 1928, p. 148). De Triuius (Holder, Alt.- celt.), Trebago en Soria (¿o ha sido formado del nombre céltico común -anum, ’casa’?) De Vetius (nombre frecuente en inscripciones españolas), Vidiago en Asturias (por semicultismo no se asibiló la -t- mientras en Francia sí: Vezac en Cantal, Dordogne). De Martius, Martiago en Salamanca (también sin asibilar, frente a Martiacum  castrum > Marsac y Mercey en Francia). De Annius, Aniago en Valladolid (asimismo sin palatalizar -n-, fren­te a Ariana con sufijo latino, si es que no procede de Andius documentado  por  D’Arbois,  La propr. fonciere,   p.   195).   De Caepius o Cepius, Ceviago en Santander (barrio de Ampuero según Madoz, Dice, geogr, II, p. 255b). De Īrus, nombre griego usado por los romanos, parece derivar Irago en Coruña.

53  En la Galia del Norte predomina enormemente -acum res­pecto a -anum; en la Galia meridional, es decir, la Provenza romanizada en el siglo II a.C. y lo mismo en la Aquitania (débil­mente celtizada) ya domina -anum, pero hay mucho más -a cum que en España. Los topónimos son de época imperial: César en De bello Gallico no registra ni un solo nombre -acum.

54  Menéndez Pidal, «El elemento -obre», Cuad. de Est. Gall., 1946, pp. 1-6.

55  Holder, Alt.-celt. Sprachschatz: 18 inscripciones de Cáceres, Talavera de la Reina y Portugal (en la Lusitania) en que figura el nombre, 1 de Orense, 1 de Burgos, 1 de Álava, 1 de Medina Sidonia y 1 de África, relativa ésta a un Cilius Lusitanus.

56  López Ferreiro, Hist, de la Igl. de Santiago, II, p. 36 del Apéndice y III, p. 35 del Apéndice (ésta de 1092).

57  López Ferreiro, Hist, de la Igl. de Santiago, II, p. 7 del Apén­dice.

58  Pudiera ser Novellius, de donde 36 pueblos en Francia Neuillac, Neully, etc. (según D’Arbois, La propr. foncière, p. 290, quien no sé por qué se desentiende de las formas latinas Nobiliacu).

59  De Limpidius o Limpius, o quizá de Lupius (Lupiac Gers < Lupius + -acu, Skok, Suffixen -acum, -anum, p. 99), Lumpiaque en Zaragoza; de *0minius, Omeñaca (en Francia y Bélgica con sufijo céltico -acum da Oignies, Holder, Alt-celt. Sprachschatz), de Mascărus Mascaraque en Toledo, Mascarac (si­glo XIII) en Palencia; del antropónimo céltico Bulliu s (Holder, Alt-celt. Sprachschatz, I, col. 631 y III, col. 998) Molino de Bullaque en Ciudad Real (en Francia Bouillac, Skok, Suffixen -acum, -anum, p.  159); de Burrus, Burrueco en Albacete.

60  La familia Pacheco, de donde salió el Marqués de Villena, pasó de Portugal a España en tiempo de Juan I, según Hernando del Pulgar, Claros varones, VI.

61  Fundos de otros Paccius, con sufijo céltico en -acu (con -c- simple) dan en Francia unos quince pueblos con nombre Passy, Paisy, Pacy, etc. (D’Arbois, La propr. foncière,  1890, p.  164).

62  Varios Paciaecus, Pacciaecus memorados en inscrip­ciones, así como los Paciaeci nombrados por Valerio Máximo (en vez de los Pacianos, Paccianus, Pacidius con deriva­ción puramente latina) pudieran responder a substituciones de -eccu (rechazado por los escritores latinos) por -aecus (sufijo exótico literariamente aceptado). Todas las formas de este nom­bre español en inscripciones no españolas las recoge W. Schulze Lat. Eigennamen, p. 28, que sospecha la hibridación de Pacci -aecus, Pacci-acus.

63  Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos en -z-», Bol. Acad. Esp., XLIII, 1962, pp. 441 y 386, 389, 390, 390, 389, 394 (respectiva­mente).

64  Antropónimo que da origen en Francia a más de 50 topónimos.

65  Serrano, Cartulario de San Millán (1930), p.  106.

66  Este antropónimo y el anterior, en De Vit, Onomasticon.

67  Schulze, Lat. Eigennamen, pp. 345, 416 y s.

68  Véase atrás, 1ª, cap. II, § 9.

69  Estudiado por Bertoldi, «Κυρήνη», Annuaire de l’Inst. de Phil, et d’Hist. Orientales et Slaves V, 1937, pp. 48-55.

70  Luego en nombres griegos: Antiochēnus, Nicaenus.

71  Aufidēna, ciudad de los Caracēni en el Samnium (que quizá fueran los colonos de las poblaciones llamadas Caracena en Soria y Cuenca); Gravenna Toscana, etc. (Bertoldi en Zeit. f. rom. Phil. LVI, 1936, p. 11 y en Studi Etruschi, VII, p. 289; Wackernagel, en Arch. f. lat. Lexic., XIV, p. 1).

72  Que Hecateo llama Μαστιηνοί (cuya ciudad era Massiena o Mastia).

73  Ribereños del Cilbus, hoy río Salado de Conil (Cádiz).

74  A quienes pertenecían las Aquae Cilenae. Las actas del Concilio de Lugo del año 569 nombran un lugar Celenos (Esp. Sagr., XL, p. 343).

75  Ambos de la Gallaecia.

76  Ribereños del río Sa[e ]lia, hoy Sella. En el texto de Mela figura Salaeni (la corrección es evidente atendiendo al Σαιλινοι de Ptolomeo; a su vez, el río es el Sella < Saelia, no el Saja < Salia).

77  Menéndez Pidal, Topón, prerrom. (1952), pp. 105-158 (procede de «El sufijo -en», Emerita, VIII, 1940, 1-36 con ampliaciones).

78  Recogido entre los nombres etruscos por Schulze, Lat. Eigennamen, p. 84.

79  En el caso de tratarse de Clarius, gentilicio de Clarus (v. De-Vit, Onomasticon, quien da también el cognomen Clariānus).

80  Nombre griego tardío; el topónimo será de época cristiana.

81  Cuyo derivado Marcianus también era cognomen. El gen­tilicio Marcēna, en Schulze, Lat. Eigennamen, p.  188.

82  Compárese Marzán, Marsá, Marchán en León, Lugo, Coruña, Pontevedra, Granada; Marzana, Marchana en Vizcaya, Albacete, y en Francia del Sur Marsan, Marsane (Skok, Suffixen -acum, -anum, p. 104). En Italia, muchos Marciano, -iana, también Marcena, y mu­chos Marzana, -ano, también Marzeno. En el Norte de Francia, de­rivados de Marcenus con sufijo -acu: Marcenac, Marcenay (Kaspers, Suffixen -acum, -anum, p. 568).

83  En la Tabula Alimentaria hay unLucianus fundus; como antropónimos hay en latín también Lucianus cognomen y Luciēna gens.

84  En valenciano abundan los topónimos en -en escritos, por ultracorrección, con -nt (que se castellanizan en -nte). Cfr. topónimos Luciana en Ciudad Real, Luchana en Vizcaya, Llusá en Lérida, Lucian, Lussan, Luxan en Francia, Lucciano, Luciano, -ana, Luzana, Luzzano (y un Luzzena) en Italia. En Francia, de *Lucenus + -acu, Lucenac, Lucenay (Skok, Suffixen -acum, -anum, pp. 96-97; Kaspers, Suffixen -acum, -anum, pp. 103-105; Pieri, Toponomastica, pp.  157 y 158).

85  Nombre quizá céltico que Holder, Alt. celt. Sprachschatt, re­coge en tres inscripciones españolas.

86  Menéndez Pidal, Topón, prerrom. (1952), p. 153. En Italia, Persignana y Persignano (Pieri, Toponomastica, p. 171; Schulze, Lat. Eigennamen, p. 207).

87  Conocido antropónimo, cuyo derivado Belliēnus se usó como cognomen (Schulze, Lat. Eigennamen, pp. 426, 430; De Vit, Onomasticon). En Francia Billy < Billiacum parece remontar a una forma con ī.

88  Escrito Belliana, Belliena en la Historia Roderici Campidocti (obra de hacia 1100), Menéndez Pidal, España del Cid, ed. 1947, pp. 934, 938 y 957.

89  Schulze, Lat. Eigennamen, p.  148. Cfr. Carignano (Torino).

90  De Vit, Onomasticon. En Italia hay varios Gragnanu, -ana (Pieri, Toponomastica, p.  151). En Francia los derivados son con -acu.

91  Una «lista de topónimos derivados de antropónimos» muy exhaustiva puede verse en Menéndez Pidal, Topón, prerrom. (1952), pp.  122-147 (ordenada alfabéticamente). Reúno 68 topónimos -ena,  50 de -en y 3 de -eno.  Baste recordar algunos de ellos: Mairena (Sevilla, Granada, con conservación árabe de -ai-) de Marius (cfr. Mariana en Cuenca, Albacete, Merán en Lugo; en Francia del Sur Mairán, en Italia Merano, etc.); Canena (Jaén), de Canus (que en Francia da derivados con -acum); Lucainena Almería (con evolución mozárabe de -ariu); de Lucanis (cfr. en Francia Lugagnan y Lugagnac, Loigny,  en Italia Lucagnano); Purchena  (Almería) y Valdepurchena  (Jaén, mencionado en la Serranilla «Entre Torres e Canena» del Marqués de Santillana), de Porcius (cfr. Loportano en Huesca; en Francia Poursan, Poursy; en Italia Porciano); Purullena (Granada), de Purellius (cfr. en Francia Pourillan); Ontiñén (nombre oficializado como Ontenien(t), Valencia) y Ontiñena  (Huesca; cfr. Ontiñano,  Navarra), de un antropónimo desconocido; Pigacén (en documentos de los siglos ΧΙ-ΧΙII, oficializado como Picasent, Valencia), de Picatius; Moxen (como escriben los autores árabes y en documentos del s. XIII, por ultracorrección Moxent, Valencia), de Mustius o Muscius; Crevillén  (por ultracorrección Crevillent, Valencia) y Crivillén (Teruel), de Carvilius; Grisén (Zaragoza), de *Grisius por Gresius (en Francia, con -acum, Grisy; en Italia, con -anum, Grisciano, Griciano); Lupiñén (Huesca, con conservación de la -p-sorda) de Lūpinius. (Sobre los antropónimos y toponímicos co­rrespondientes de Francia e Italia, véanse De-Vit, Onom.; Schulze, Lat. Eigennamen; Kaspers, Suffixen -acum, -anum; Skok, Suffixen -acum, -anum; Pieri, Toponomastica; Holder, Alt.-celt. Sprachschatz).

92  Otros ejemplos: Agustiñena (Guipúzcoa), Simonena (apellido).

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra G, variaciones sobre el alfabeto Holbein.

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