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46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

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9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      Cicerón nota varias veces lo peregrino de la latinidad hispana. El año 62 a.C. se burla de la vanidad de Q. Ceci­lio Mételo Pio que, cuando hacía la guerra contra Sertorio, se complacía en escuchar los versos laudatorios de los poetas cordobeses de sonido pingüe y exótico 217. En el año 54 alude a la grosería de los oradores vacceos 218.

      Y ese exotismo en la fonética de los hispanos latino-hablantes no parece haber cesado con el paso del tiempo. Ya hemos tenido ocasión, al tratar de la perdurabilidad del influjo substratístico en la pronunciación del latín aprendi­do por los hispanos, de aducir las noticias que persistentemente afloran respecto a la extrañeza que producía en Roma (entre los romanos e incluso entre algunos hispano-romanos bien integrados en la comunidad lingüística roma­na) el agreste acento de prominentes personajes proceden­tes de Hispania que nunca pudieron ocultar su acento dialectal (o tardaron mucho en poder borrarlo):

      Un Marco Poncio Latrón, no obstante ser maestro de de­clamación y rétor de moda en la Roma de Augusto (en torno al año 17 a.C.), según comentario de Séneca el Retórico 219.

      Un Hadriano, el futuro emperador, quien, a sus 25 años de edad, cuando ejerció la cuestura (el año 101 de C.), provocó por esa razón la risa al dirigir un discurso al Senado, lo cual le hizo dedicarse a perfeccionar su elocu­ción latina, como nos hace saber Elio Spartiano 220.

      Un Antonio Juliano, otro famoso rétor en las escuelas de Roma, cuyo «acento español» recuerda su discípulo Aulo Gelio (s. II de Cristo), al ponderar su facundia y erudición extraordinarias 221.

      Varias de estas noticias se refieren concretamente a la Bética, y denuncian la pronunciación exótica, pingüe y agreste del Hispano ore, del ’acento español’ (que dice Aulo Gelio), en personas de especial cultura y profesionales de la oratoria.

      La repetida y persistente observación nos pone de ma­nifiesto que, incluso en la porción de Hispania desde antiguo más integrada en la vida y cultura propiamente romana, estaba firmemente arraigado un acento provincial in­confundible, aunque ni los testimonios citados ni la ulte­rior evolución fonética del latín hispánico nos permitan identificar en qué se apartaba de la corrección exigida por los oídos romanos.

      Junto a esta peculiaridad de «acento» (esto es, de ento­nación y pronunciación 222), el provincialismo de Hispania se manifestaba no sólo en el conservadurismo purista que en el léxico hemos señalado, sino en la abundancia de for­maciones lingüísticas peculiarmente hispanas en que la Pe­nínsula entera se aparta de las corrientes lingüísticas de la metrópoli y demás romances: *tomare, de origen discu­tido 223 > español, catalán, portugués tomar 224 (los otros romances usan prehĕndĕre); *novia, de noua nupta > español, catalán novia, portugués noiva 225 (ita­liano promessa sposa, fidanzata, francés fiancée); *appacare > español, catalán, portugués apagar (vasta área unitaria en contraste con la gran variedad de expresiones sinónimas usadas en los otros países); *de-expĕrctare, derivado del participio experrectus > español, catalán, portugués despertar (uniformidad también opuesta a la multitud de tipos sinónimos que se reparten el suelo de Italia y de Fran­cia); *callare, con ll  inexplicada 226, del helenismo calare, que en la marina del Mediterráneo significaba ’arriar las velas, anclar’, metafórico ’cesar, ceder’ > español, catalán, portugués callar 227 (los otros romances conser­van tacēre); y así muchos más, entre los que son nota­bles algunos grupos de voces como el que arguye la inde­pendencia lingüística de la ganadería y pastoreo hispanos, por el hecho de crear toda una serie de neologismos espe­ciales: *burraecu, - ēcu, de burrus, con sufijo ibérico 228 > español borrego, portugués borrêgo, catalán borrec 229; *uerre + accu, con sufijo ibérico también 230 > español verraco, catalán verrac, portugués barraco; *chordariu, en vez de agnus chordus ’cordero nacido tardíamente’ > español cordero, catalán corder, portugués cordeiro; zephўru, el viento primaveral que, según la fábula recogida por Plinio, fecundaba las yeguas lusitanas, y cuyo nombre se apli­có a los potros salvajes, rápidos como el viento > portu­gués, español zebro, zebra, enzebro, catalán antiguo encebra 231; *maculata ’cercado de red (macula > malla), redil’ > español majada, catalán mallada, portugués malhada 232; portus, dicho del paso en la cima de una cordillera > español puerto, catalán port, portugués porto ’puerto de mon­taña’, acepción que el latín oficial rechazaba, cuando el Iti­nerario de Antonino llama Summo Pyreneo a lo que hoy se llama Somport < Summo portu en Huesca, pero ya el Poema del Cid usa puerto aplicado a un paso en los mon­tes de Teruel, y la Chanson de Roland recuerda a menudo los puertos de España les portz d’Espaigne, escenario de la gran tragedia carolingia 233.

      Pese a este considerable grado de homogeneidad que indican estas innovaciones generalizadas y la conservación purista de arcaísmos arriba señalada, en modo alguno hay que suponer una uniformidad en el latín vulgar hablado en la Península, donde por fuerza habría muchas diferencias dialectales. Ya hemos observado a grandes rasgos el carác­ter de la zona oriental, más innovadora, la que recibe di­rectamente los impulsos neológicos.

      Como centros directivos lingüísticos de la Hispania roma­na podemos suponer tres principales, a juzgar por el testi­monio de su más viva romanidad suministrado por los res­tos arqueológicos.

      Los dos más importantes de estos centros estaban cons­tituidos por la región costera levantina y meridional con sus grandes puertos Tarragona, Valencia, Cartagena, Cádiz, Sevilla, todos abiertos a los influjos externos. Dentro de ella, la Bética debía de ser principal guía lingüística: la importan­cia cultural que indican los restos arqueológicos se halla confirmada por los hechos históricos simbolizados en los nombres de Séneca, Lucano, Mela, Columela, Trajano, Hadriano. A no haber sobrevenido la invasión árabe, la Béti­ca habría, sin duda, producido el primer dialecto litera­rio de la Península.

      En segundo término, y con menos vitalidad, se destaca una región interior. Su centro es Emerita, principal estación de la vía que iba de Cádiz a Astorga y a León; se dilataba por el valle del Tajo, por Trujillo, Talavera, Toledo hasta Alcalá. En el paso de los siglos IV al V son estas regiones interiores, y no la Bética, las que dan los hombres representativos: Teodosio era de Coca, en tierra de Segovia, al Norte de la Provincia Cartaginense; Prudencio era de Za­ragoza; Orosio, de la Galicia Bracarense. Esto prepara la capitalidad de Toledo en época visigoda, en mayor compe­tencia con la Bética.

      Aunque sin duda diversa en su interior, Hispania, por sus riquezas naturales y por las aptitudes de sus habitantes, era, a juicio de Plinio, la provincia preexcelsa después de Italia; su importancia literaria y política dentro del Imperio fue grande, lo mismo en la época pagana que en la cristiana; y tan prominente personalidad nos da buena razón de esa cier­ta rebeldía contra las decisiones lingüísticas romanas que hemos señalado. Como coronación de la «provincialium superbia», al fin de la edad imperial, el galaico Orosio llega a esbozar por primera vez los fundamentos ideales de un na­cionalismo hispánico, exponiendo apasionadamente los des­tinos de la patria, la «Universa Hispania», como diversos de los de Roma; según él, desde España, donde los reyes godos Ataúlfo y Valia combaten los desmanes de los vándalos y ala­nos, se salvará la civilización cristiana del Imperio.

      Ya tenemos así definidas las condiciones iniciales de la edad siguiente. Los sucesores de Ataúlfo y de Valia darán a España unidad gótica independiente; Toledo será centro lingüístico principal, mucho antes de que pueda hacerse lengua normativa el dialecto castellano merced al valor político que más tarde Castilla heredó de la Celtiberia, robur Hispaniae.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

217  Pro Archia, 10: «Ut etiam Cordubae natis poetis pingue quiddam sonantibus atque peregrinum tamen aures suas dedere t». Sobre la oposición «pinguis»: «exilis» véase E. Seelmann, Ausspr. Lat., pp. 200, 202 y 325.

218 Pro plantio, 34

219  M. A. Séneca, Controversiae, I, 16: «Nulla umquam illi cura uocis exercendae fuit: illum fortem et agrestem et Hispaniae consuetudinis morem non poterat dediscere».

220  Scriptores Historiae Augustae (Vida de Hadriano), por Aelius Spartianus (que vivió en tiempos de Diocleciano y Constantino): «quaesturam gessit, in qua cum, orationem Imperatoris in Senatu agrestius pronuntians, rissus esset, usque ad summam peritiam et facundiam latinis operam dedit».

221  «Antonius Julianus rethor, docendis publice inuenibus magister, hispano ore florentisque homo facundiae et rerum litterarumque veterum peritus» (A. Gellii, Noctes Atticae, Lib. I, XIX, 9). 

222  Pues no es de creer que meramente la entonación provoca­ra a risa a los senadores cuando hablaba Hadrianus, algo más no­table que el timbre y ritmo supondría su agreste pronunciación.

223  La etimología *tŭmb- (REW, 8975) no es aceptable faltando rastros de esa -mb- en el Occidente de España.

224  En el poema de Mio Cid ya tomar invade todas las acepcio­nes de prender, pero los dos verbos están en uso; luego prender perdió esta acepción general en español.

225  También el provenzal (novio) y gascón (nobio).

226  Véase Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, I, p. 18l20. Bourciez en Bull. Hisp., III, 1901, p. 230 supone que la ll es enfática, para dar fuerza al imperativo.

227  También en gascón cará, cuya -r- supone -ll- etimológica. Mistral, Diction. prov.-franç., registra calá con sentido primitivo de ’calar, bajar, ceder’, pero también ’cesar de hablar’, y con palatal calhá en Languedoc, caiá en Marsella.

228  REW, 1416. Respecto al sufijo, véase atrás, Parte Ia, cap. III, § 2 (p. 76).

229  También en gascón y languedociano bourrèc (G. Rohlfs, Le Gascón, p. 45).

230  Vino a substituir al favōnius, que en español dio fagüeño y en catalán fagony (sin equivalente portugués) y que en Italia pervive tanto en toscano, como en napolitano, como en los Abruzos, como en sobresilvano (AIS, II, 399; REW, 3227; véase Ernout y Meillet, Dict. étym. lat., p. 325). El uso de zephyrus debió de extenderse desde la Lusitania, a causa de la fama de sus yeguas, que Plinio atestigua. Tampoco dejó en portugués una voz autóctona el nombre del ’viento cálido del Sur-este’ vultŭrnus, castellano bochorno, catalán butorn, gascón bautourn, pues el portugués bochorno es castellanismo.

231  Nombre aplicado al onagro, que existió en España hasta co­mienzos del s. XVI. La falta de diptongación en el castellano arguye a favor de que se trate de una voz de origen gallego-portugués. Véase Menéndez Pidal, «Zebra-Cebra», Rom. Rev., XXIX, 1938, pp. 74-78.

232  REW, 5212; Rohlfs, Le Gascon, p. 50.

233  Roland, 824, 870, 1103, 1132.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

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