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Obras de Diego Catalán

DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ

11.- 3. EL MANUSCRITO E1 (ORIG) NO ES DE FACTURA UNITARIA. EL «PRÓLOGO» Y EL NÚCLEO MÁS ANTIGUO DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

11.- 3. EL MANUSCRITO E1 (ORIG) NO ES DE FACTURA UNITARIA. EL «PRÓLOGO» Y EL NÚCLEO MÁS ANTIGUO DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

3. EL MANUSCRITO E1 (ORIG) NO ES DE FACTURA UNITARIA. EL «PRÓLOGO» Y EL NÚCLEO MÁS ANTIGUO DE LA ESTORIA DE ESPAÑA. II LA HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA EN EL CÓDICE REGIO ALFONSÍ Y EN LA TRADICIÓN MANUSCRITA.

      A pesar de su carácter regio, el manuscrito escurialense E1(orig) no es de factura unitaria. Según ya notó Antonio G. Solalinde27, se distinguen en él varias manos y contiene algunas adiciones de fecha posterior28. El despiece del manuscrito nos revela, también, irregularidades en la estructura del códice, que, probablemente, tienen que ver con el proceso de su formación.

      El códice comienza con una hoja de dos folios, que incluye, en el fol. 1 unos versos latinos en loor de Alfonso X, escritos de mano distinta al resto29 (mano a) y una miniatura (de que ya hemos hablado) y, en el fol. 2 el título (en rojo) y el "Prólogo" de la Estoria (mano b). La independencia de estos folios 1 y 2 parece indicativa de que se añadieron después de escrito el primer cuaderno (o varios de los primeros cuadernos) del códice.

      La Estoria propiamente dicha se inicia en un cuaderno regular (fols. 3-10) muy cu­rioso: Sus primeros folios, de mano muy distinta (mano c) a la del "Prólogo", se des­tacan, respecto al resto del códice, por su rica iluminación (llevan 6 miniaturas e iniciales miniadas en color con decoración filomórfica y zoomórfica); pero, súbita­mente (en la línea 21 de la columna a del folio 8), la tinta30 y la letra cambian, así co­mo la iluminación, que será en adelante de un estilo muy diferente. La nueva mano (mano b’), que posiblemente se identifica con la que copió el "Prólogo"31, escribe el resto del cuaderno, hasta finalizar el señorío de "los de Affrica", anunciar el comienzo del señorío de los romanos e iniciar el índice correspondiente32.

      El siguiente cuaderno tiene sólo cuatro folios (fols. 11-14). En los primeros sigue el índice, hasta alcanzar un total de 89 capítulos, siendo el último el titulado "De los cónsules del primer anno"33, situado en la lín. 7 de la col. a del f. 12. El resto del cuader­no se dejó en blanco34, salvo el verso del último folio (f. 14) en que comienza la historia consular, escrita por una mano al parecer distinta a la que venía escribiendo la materia anterior (mano d)35. Este índice y la factura del códice E1(orig) parecen indicativos de que cuando se empezó a copiar la historia consular no se tenía una idea clara de cómo iba a continuar la historia del señorío de los romanos en el período imperial, o al me­nos no se sabía cómo iban a ser sus capítulos.

      El nuevo copista (mano d) continuó su tarea, en los cuadernos siguientes, hasta rematar la historia consular en medio (f. 58r) de otro cuadernillo de 4 folios (fols. 57-60), dejando el resto de él blanco. Este blanco, de 5 páginas (fols. 58v a 60v), fue rellena­do posteriormente por otra mano (mano e) que escribió, sin iniciales ni calderones, la historia del imperio de César y la nómina de los emperadores hasta Honorio y "Teosio" [II]36 (PCG, caps. 117-12137). Este cuaderno anómalo y este blanco muestran que la historia consular y la historia imperial no se copiaron de corrido. Ello era de esperar en vista del índice arriba citado de 89 capítulos, en el cual sólo se anunciaba la mate­ria correspondiente a los caps. 23-116 de PCG.

      El despiece del manuscrito denuncia en esta sección de la crónica una irregularidad digna de nota: después de tres cuadernos de 8 folios38 y antes de otros dos también de 8 folios39, hay una hoja suelta constituida por los fols. 39 y 40, en que se transcribie­ron los caps. 83 a 85 de PCG . Parece claro que estos capítulos se copiaron cuando ya se hallaba escrito el cuaderno siguiente40, pues el verso del f. 40 está casi enteramente en blanco41; pero la letra de estos folios no contrasta con la del contorno.

       R. Menéndez Pidal observó en su día42 que Alfonso X, al adaptar para su Estoria de España el prólogo de las obras del arzobispo don Rodrigo Ximénez de Rada, sólo había añadido a la lista de autoridades o fuentes los nombres del propio arzobispo don Ro­drigo y de Lucas de Tuy y los de Paulo Orosio y Lucano. Si recordó a Lucano, utilizado sólo para PCG, caps. 6 y 90-106, y olvidó a tantos otros autores a quienes sigue y cita más adelante en el cuerpo de la Estoria, ello sólo se justifica piensa, con razón, Me­néndez Pidal suponiendo que, cuando fue redactado el "Prólogo", se acababa de escri­bir la historia de los cónsules de Roma. La misma explicación vale para la extraña traducción de la frase final del prólogo del Toledano, "et aliis scripturis", por "et d’otras estorias de Roma". Complementariamente, la ausencia, en esa lista retocada de autori­dades, del nombre de Suetonio, tan repetidamente citado (vía Vincent de Beauvais) des­de el capítulo 117 de PCG hasta el 189, le parece un fuerte indicio de que la historia de los césares estaba aún por escribir cuando fue traducido y adaptado el "Prólogo"43.

      En vista de esta observación, Menéndez Pidal consideró que la historia de los señoríos de los griegos, almujuces, africanos y romanos hasta la instauración del Imperio constituyó el núcleo primitivo de la Estoria y que la historia imperial fue redactada al­gún tiempo después. Como comprobación de la existencia de este núcleo primitivo, Menéndez Pidal adujo una observación lingüística tocante al ms. E1 (orig):

     "La apócope de los pronombres personales átonos sigue, desde el comienzo hasta el capítulo 108 un estilo manifiestamente más arcaico que en adelante el resto de la Crónica. La apócope de las formas se, me y te practicada en es­tos 108 primeros capítulos es inusitada en el resto de la Crónica, y la apóco­pe de le tras una partícula que no sea non y que y tras un sustantivo o adjetivo, es preponderante en esos primeros capítulos, y va disminuyendo, o falta por completo, en los restantes"44.

      También se dan en esos capítulos otros casos de apócope extrema del tipo siet, franc, etc.45 Rafael Lapesa, elaborarando las observaciones de Menéndez Pidal, toma como ejemplo el cap. 59 de PCG (que parafrasea la herodía ovidiana de Dido y Eneas) y tras anotar "quet yo enuio", "tomet", "quem lo faze", "dim", "aduxom", uist, fallecist,  quebrantest, trist, "por end", dond, recib, adux, señala que, "juntando los casos de m’ y tʹ apocopados con los otros finales de palabras duros, suman el 44,1% frente al 55,9% de vocal correspondiente conservada"46.

      Menéndez Pidal habla siempre de los "108 primeros capítulos"; pero en PCG, c. 116, último antes de la utilización de Suetonio (a través del Bellovacense), aparece aún la apócope mouios, análoga a las anteriores, según noté ya en 196247. Y Lapesa apoya esta correción mía aduciendo la presencia de otras apócopes "duras" en esos capítulos: "añádanse ejemplos de delant, adelant (109, 111, 112, 113, 115 y 116); Cornel, Marcel, Orest, dond (112); elephant (cuatro veces), princep, dond, Torquat, part, end, fiziés (113 y 115), fuert (116), etc."48

        Está, pues, bien claro que el fin de la apócope "arcaica" coincide con el fin de lo es­crito por la mano que tuvo a su cargo la historia consular (folios 14v a 58r), esto es la mano d; por tanto a este cambio de mano hay que atribuir el cambio de criterio49.

        La ausencia de esta apócope "arcaica" en los capítulos inmediatos (PCG, caps. 117 a 121) no es sorprendente, dado que los folios 58v a 60v (últimos de un cuadernillo irregular de 4 folios) fueron escritos, como ya hemos dicho, por una mano posterior al resto (mano e). La independencia de estos capítulos, que incluyen la historia "dell em­peño de Julio Cesar" y la lista de los emperadores de Roma (en sustitución de una ta­bla de la historia imperial), no sólo se manifiesta en su factura material50, sino en el detalle de incorporar a las sincronías sendas referencias a los reyes de Judea y Alexandría, contra la práctica de los capítulos que preceden y siguen. Así, en el cap. 117 de PCG los datos

    "...e que andaua el comienço dell emperio de Roma en un anno que era aquel primero de Julio Cesar, e el regno de Alexandra reyna de Judea en XIX, e el de Cleopatra reyna de Alexandria en tres"51,

rematan una larga lista de sincronías que relaciona el alzamiento de Julio Cesar "por emperador de Roma" con el comienzo de las cinco edades del mundo y con una multiplicidad de hitos cronológicos de la historia sacra y profana52. Poco después, en el cap. 119 de PCG, unos datos análogos completan el encasillado cronológico de la narración siguiente:

    "Quatro annos antes que la era començasse, en el V anno dell emperio de Ju­lio Cesar, quando andaua el regno de Alexandra reyna de Judea en XXIII, e el de Cleopatra reyna de Alexandria en siete, auino assi..."53

  La referencia a los reyes de Alexandria no vuelve a darse en las sincronías de la Estoria de España; la de los reyes de Judea sólo reaparecerá en la historia imperial a par­tir del cap. 149 de PCG54. Es de notar, sin embargo, que la incorporación al ms. E1 (orig) de estos capítulos se hizo en fecha bastante antigua. Cuando se sacó del códi­ce regio la copia que dio lugar a la formación, en la primera mitad del s. XIV, del ms. C, formaban ya parte del texto.

      Más interesante que la ausencia de la apócope "arcaica" en los capítulos 117 a 121 es su no reaparición en los siguientes. La mano que, a partir del fol. 61, copió la histo­ria imperial (mano f), se asemeja bastante a la (mano d) que venía transcribiendo la his­toria consular (hasta el fol. 58r); sin embargo, no practica la apócope en la forma que esta mano lo venía haciendo55. Tampoco utiliza la apócope "arcaica" la mano que es­cribe desde el capítulo 425 (segundo año de Eurico) en adelante (mano g).

      La diversidad de criterios en el empleo de la apócope por los varios copistas que in­tervinieron en la manufactura del ms. E1 (orig) es pararela a la que se percibe en el con­junto de los códices del scriptorium alfonsí56. Evidentemente, el reinado alfonsí es un período crítico para la suerte de las sílabas trabadas, que tanto predominaban en el cas­tellano de tiempos anteriores y que ahora empiezan a reducirse mediante la reposición o paragoge de la vocal y mediante asimilaciones y metátesis, hasta llegar a la situación del castellano posterior al s. XIV57. Pero la contienda entre la norma "arcaica" y la "moderna" parece manifestarse en la Estoria de España más como una cuestión de pre­ferencias personales de los copistas del scriptorium alfonsí que como un cambio de cri­terio fundado en razones de estado o como un conflicto cultural entre actitudes universalistas y nacionalistas (según se viene sosteniendo)58.

     También se observan contrastes lingüísticos dentro del ms. E1 (orig) en el empleo de las formas del pronombre átono de primera persona (en la función de objeto directo de persona), no sólo en la mayor o menor abundancia de la apócope -l, sino en la frecuencia del leismo y en su distribución (según los diversos verbos).

      El fenómeno ha sido estudiado por W. B. Brewer59 y, con mayores precisiones, por M. T. Echenique60, quien examina estadísticamente todos los casos dividiendo la crónica en secciones. Al descono­cer el detalle de las varias manos que se distinguen en el ms. E1 (orig)61, establece en él 5 secciones arbitrarias, que llamaremos A, B, C, D y E: la primera (A) abarca el "núcleo primitivo" de Menéndez Pidal, correctamente ampliado hasta el cap. 11662, e incluye, por tanto, las manos a, b~b’,  c y d (con apó­cope extrema); la sección B (PCG caps. 117-385) abarca la historia de los césares, escrita por la mano e, la historia imperial y la de los pueblos bárbaros anterior a los godos, ambas escritas por la mano f, la sección C (PCG caps. 386-432) en su mayor parte (hasta el cap. 424) es obra de la misma mano f, pero los últimos capítulos son ya escritos por la mano g, responsable también de todos los capítulos (PCG 433 a 565 + 566 a 616) de las secciones D y E (salvo el folio final 197 de E1 y el comienzo del 2 de E2, recopiados tardíamente). Lo único estadísticamente destacable63 en lo tocante a E1 (orig) es el muy di­verso comportamiento del copista f, respecto al resto64: utiliza poco la apócope65, y mantiene por lo ge­neral el lo66, mientras todos los demás son plenamente leistas67 y recurren abundantemente a la apócope.

      Como en el caso de la apócope, las diferencias en el uso de lo y le dependen, creo, de criterios personales de los copistas más que de una cambiante política lingüística.

      Es de notar que, pese a la continuidad notada entre la Historia imperial y la Historia de los pueblos bárbaros en cuanto a la "mano" que las copia (f), al aparecer estos nuevos dominadores de España cambia un aspecto externo importante: se numeran nueva­mente los capítulos (que anteriormente carecían de numeración) y reaparece la foliación, reanudando así dos comportamientos que habían cesado en el f. 11r del códice68.

Diego Catalán, De la silva textual al taller historiográfico alfonsí (1997)

NOTAS

27 En el apunte manuscrito cit. en la n. 9.

28 A pesar de que en Primera crón.2, p. LVII, se afirme lo siguiente: "Este volumen está escrito por una sola mano, que insensiblemente desde el principio hasta el fin va ensanchando, redondeando y espa­ciando la letra, unas veces más y otras menos; el último folio, de letra más pequeña y redondeada, parece escrito algún tiempo después que el resto del tomo por el mismo copista". Atribuyo esta errónea aprecia­ción a J. Gómez Pérez, quien en otro lugar ("Elaboración de la PCG’’, p. 268) dice igualmente: "La letra de este volumen parece toda de la misma mano, aunque existe alguna diferencia en el último folio". R. Menéndez Pidal, en su estudio preliminar, continúa expresando una opinión bien distinta: "Fue manuscri­to ... en diferentes épocas y con diferencias de lenguaje" (Primera Crón.2, p. XXV). La tajante afirmación de la p. LVII desorientó a Lapesa, quien en su estudio sobre la apócope en las obras de Alfonso X consi­dera que, de los dos volúmenes escurialenses, E1 y E2, "todo el primero y los comienzos del segundo, has­ta el capítulo 616 están redactados en tiempo de Alfonso X y escritos de una misma letra" ("Contienda de normas lingüísticas en el castellano alfonsí", Actas del Coloquio hispano-alemán Ramón Menéndez Pidal, Madrid, 31 de marzo a 2 de abril de 1978, ed. W. Hempel y D. Briesemeister, Tübingen: Max Niemeyer Verlag, 1982, pp. 172-190. Reed. en Estudios de historia lingüística española, Madrid: Paraninfo, 1985, pp. 209-225. Aquí y en adelante cito por esta ed., p. 219).

29 Su traducción al castellano (PCG, p. 220-25), escrita, en dos columnas, al pie de la miniatura, es un añadido de fecha muy posterior.

30   De ser muy negra pasa a ser parda.

31   La inicial del "Prólogo" (en "Los sabios antigos...") se parece a las de los folios 8-10v (no a las de los folios 3 a 8).

32   El texto acaba en la col. c del f. 10, último del cuaderno; el índice se inicia en la col. d. Hasta este punto los capítulos van numerados por señoríos: I-XIII (= PCG, caps. 1-13), I (= PCG, c. 14), I-VII (= PCG, caps. 16-22) y llevan una foliación: f. 4r GRIE, f. 4v-5r GRIE/GOS f. 5v-6r GRIE/GOS, f. 7v GRIE­GOS, f. 8r ALMV, f 8v IUCES, f. 9r AFRI, f. 9v-10r AFRI/CA, f. 10v ROMA; a partir del f. 11r la folia­ción desaparece. No reaparece hasta concluir la dominación romana.

33  Este titular corresponde a los caps. 111-112 de PCG; o quizá a los caps. 111-116, pues en el ms. E1 los capítulos que siguen al c. 111 de PCG no está claro que tengan independencia respecto al "De los con­sules del primer anno". Por error, en el índice se pasa de la fórmula "El. LIIIJ" a "E. LV" y luego de "E. LXXXVI" a "ELXXXVII", por lo que el 89 lleva la fórmula "EL XXXIX".

34   El blanco sirvió, en fecha muy tardía, para escribir una continuación del índice. Cuando en la pri­mera mitad del s. XIV se sacó la copia de E1 (orig) que constituye el ms. C, el índice estaba aún sin con­tinuar.

35   No está claro si la sección del índice escrita en los dos primeros folios del cuaderno fue añadida por esta mano o es obra de la anterior. A primera vista se asemeja mucho a la otra sección escrita en el cuader­no que precede, pero un examen más detenido revela notables diferencias en la iluminación entre una y otra.

36  Según comentaremos más adelante (n. 119) otros manuscritos añaden el nombre de Marciano.

37  PCG, pp. 92a29-97a50- La diferente letra se percibe bien en el contraste de las h, s y z.

38  Fols. 15-22, 23-30 y 31-38.

39   Fols. 41-48 y 49-56.

40  Que comienza con un nuevo capítulo: "De las conquistas de Julio et de Ponpeyo".

41  El extraño cuadernillo de dos folios va precedido en el f. 38 del reclamo (en rojo) "De cuemo" (que anuncia el titular del c. 83: "De cuemo uencio Ponpeyo...") y lleva, a su vez, al final, el reclamo (en rojo) "De las conquistas" (que anuncia el titular del c. 86: "De las conquistas de Julio..."). Detrás del reclamo en el f. 38 se advierte: "un plego".

42  Menéndez Pidal, Crón. General-Discurso (1916), pp. 17-18. Reproduce el razonamiento en Prime­ra crón.2, pp. XXII-XXIII.

43  J. Gómez Pérez, "Elaboración de la PCG", pp. 250-251, quiere quitar importancia a estas observa­ciones, por considerar que al Bellovacense se recurre ya en el cap. 6 y "además son muchos los autores aprovechados en la susodicha porción cronística... [que] no están citados expresamente en el prólogo". Creo, sin embargo, que los redactores alfonsíes no necesitaron acudir a varias de las autoridades que, por iniciativa de Gómez Pérez, se citan en las "Fuentes" de PCG2. Desde luego, el detalle del cap. 4 atribuido en ellas al Bellovacense se explica suficientemente a partir de las otras fuentes del capítulo citadas; en cuanto al pasaje del cap. 6 atribuido al Bellovacense es de notar que la propia Estoria de España cita pa­ra él como autoridad a "Lucan" {PCG p. 9a30.55). Aunque es cierto que la noticia se halla en Suetonius, Julius, VI (y en el Bellovacense, Speculum historiale, VII, 36D) la falsa cita alfonsí creo que debe expli­carse según lo hace A. G. Solalinde en "Una fuente de la Primera crónica general: Lucano" (HR, IX, 1941, p. 237): "¿Se debe el error a una confusión de autores? Me inclino más bien a suponer que ambos pasajes [se refiere conjuntamente a otro dato extraño a Lucano que allí mismo figura] derivan de algún comenta­rio a Lucano, pues no es el único caso en que en las obras alfonsíes se atribuye a un escritor lo que los re­dactores hallan en los márgenes de sus códices".

44 Menéndez Pidal, Crón. General-Discurso (1916), p. 19, Primera crón.2, p. XXIII.

45 Véase R. Menéndez Pidal, Antología de prosistas españoles, Madrid: CEH, 1917, p. 10. [En la reed. de Madrid: CSIC, 1992 titulada, como la 1a ed., Antología de prosistas castellanos, p. 9].

46 R. Lapesa, "Contienda de normas2", pp. 219-220.

47 Catalán, De AIfonso X, p. 20, n. 1.

48  Lapesa, "Contienda de normas2" p. 219, n. 40.

49 Ya en De Alfonso X (1962), p. 20, n. 1, destaqué la relación entre el fin de la apócope "arcaica" y el hecho de que en ese capítulo "deja de escribir la mano que inició la historia romana"; pero los estudiosos de la apócope no se dejaron impresionar por la "coincidencia".

50  Recuérdese que carecen de iniciales y calderones, en contraste con el resto de los capítulos.

51   PCG, p. 92b31-35. Señaló ya este hecho, aunque sólo de pasada, J. Gómez Pérez en la p. 632 de su artículo "Fuentes y cronología en la Primera crónica general de España", RABM, LXVII (1959), 615-634.

52  PCG, p. 92b47-b35.

53  PCG, p. 95b53-96a3.

54  Año 39 de Octaviano.

55   Lapesa, "Contienda de normas2" p. 220, observa sobre el conjunto de los capítulos posteriores a PCG, c. 116: "En cambio los capítulos 117-616 usan casi exclusivamente me, te, se, bien andante, sem­blante, adelante, suerte, monte, siete, muerte, luenne, entonce y similares; quedan, sí, casos de elisión an­te vocal (ouieron end usgo, ant aquellos, de part a parte, poc a poco, tod esto); part no seguido de vocal es raro, y más todavía nuef en cualquier posición".

56  Lapesa, nota que "a juzgar por lo hasta ahora publicado de la General Estoria, el lenguaje de los có­dices alfonsíes conservados y de algún manuscrito fiel del siglo XIV mantiene pujante la apócope extre­ma" "Contienda de normas2", § 10, pp. 221 -222); en cambio "el precioso códice alfonsí de los Libros de Acedrex, Dados e Tablas, comenzado y acabado en 1283, meses antes de morir el Rey Sabio, tiene finales duros en los extranjerismos galorrománicos ter, panquist, doblet, uiolet, reencontrat, baldrac, pertene­cientes todos a la terminología especial de los juegos; pero junto a laquet, aparece laquete, y los tecnicis­mos árabes [ruχχ], [šah] y [mãt] toman -e paragógica (roque, xaque, mate; sólo una vez xac e mate). En voces españolas no existe prácticamente apócope extrema: el segundo elemento de los adverbios com­puestos de modo es siempre -mientre, y nunca pierden su -e noche, luenne, nueue, fuerte, parte, suerte, hueste, ante, semejante, etc.", ("Contienda de normas2", § 12, pp. 222-223).

57  Expreso mi punto de vista sobre la transformación de la estructura silábica del español a lo largo de la Edad Media en "En torno a la estructura silábica del español de ayer y del español de mañana", en Sprache und Geschichte. Festschrift für H. Meier, München: Fink-Verlag, 1971, pp. 78-110. [Reed. en D. Ca­talán, El español. Orígenes de su diversidad. Madrid: Paraninfo, 1989, pp. 74-104].

58  Según pensó R. Menéndez Pidal en Cantar de Mio Cid, III. Adiciones, Madrid, 1946, p. 1182 y ha defendido R. Lapesa en varios trabajos: "La apócope de la vocal en castellano antiguo. Intento de explicación histórica", EMP, II, Madrid: CSIC, 1951, pp. 185-226; "De nuevo sobre la apócope vocálica en cas­tellano medieval", NRFH, XIV (1975), 12-23 y, centrándose en el tiempo y obras alfonsíes, en "Contien­da de normas" (1982), trabajos reed. en los caps. IX, X y XI de Estudios de historia lingüística española, Madrid: Paraninfo, 1985.

59  A favor del carácter autóctono de la apócope "extrema" hablan muy expresivamente los datos reunidos por W. B. Brewer, "A loista passage of the Primera crónica general", , Hispania, LII (1969), 430-433; "Extent of verbal influence and choice between le and lo in alphonsine prose", HR, XXXVIII (1970), 133-146.

60  M. T. Echenique, "Apócope y leísmo en la Primera crónica general", Studi Ispanici (1979), pp. 43-58.

61  Basándose en Catalán, De Alfonso X, divide correctamente el ms. E2 de acuerdo con sus manos E2a, E2b, E2c, E2d, E2e, E2f pero para E1 sólo pudo tener presente la observación pidalina sobre el "núcleo pri­mitivo".

62  De acuerdo con mi corrección en De Alfonso X, p. 20, n. 1; pero creyendo, incorrectamente, que to­da esa sección la escribe una misma "primera mano".

63   En E1 sólo puede notarse una ligera mayor presencia de les (13 %), por los, en el "núcleo primiti­vo" que en las demás secciones (6.5 %, 3.5 %, 9.5 %, 1.5 %); las restantes diferencias, salvo las comen­tadas en texto, no son significativas.

64  Dado que no puedo separar en las estadísticas (sin rehacer totalmente el trabajo) los caps. 117-121 (mano e) de los caps. 97-385 (mano f) en la sección B, ni los caps. 425-432 (mano g) de los caps. 386-424 (mano f) en la sección C, no puedo asegurar que del contraste sea sólo responsable una mano (f); pero to­do parece indicar que así es.

65   De tal modo que en la sección B sólo ocurre en el 13.5% de los casos y en la sección C (donde el contrapeso de la mano g es más importante) en el 38%, mientras en las secciones A (manos a, b’,  c, d), D y E (mano g) las proporciones son 59%, 71% y 67%.

66  En la sección B (predominantemente escrita por la mano f) hay 79% de lo, frente a 1% en el "nú­cleo primitivo"; en la sección C (mixta de las manos f y g) 37%, frente a 3% y 0 en las secciones siguien­tes (escritas por la mano g). En la sección B hay 107 verbos que se construyen sólo con lo (frente a 9 sólo con le), mientras en el "núcleo primitivo" únicamente 2 verbos se contruyen con lo (y 54 sólo con le); la sección mixta C utiliza 21 verbos sólo con lo y 14 sólo con le, sin duda por ser "puente" hacia los resul­tados de las secciones D-E (escritas por la mano g) donde a 5 y 0 verbos que se contruyen con lo hay 33 y 21 que llevan sólo le.

67   Si interpretamos la forma apocopada -/ como -le apocopado (lo cual parece correcto en las seccio­nes en que le predomina sobre lo) tenemos las siguientes proporciones de leísmo: 99% en el "núcleo pri­mitivo", 97% y 100% en las secciones (D, E) escritas exclusivamente por la mano g.

68  Véase atrás, n. 32. Sobre el f. 125v (donde acaba el índice) y sobre el f. 126r se escribió la foliación VANDA/LOS, que se repite en las parejas siguientes de folios (126v/127r, etc.), hasta que en el fol. 131v surge la nueva foliación GO/, que continúa en el f. 134 /DOS (después del índice referente a los nuevos dominadores de España). Los 21 caps, referentes a los bárbaros van numerados del I al XXI (de acuerdo con el índice que precede) y los caps. I a III de los godos (PCG, caps. 386-398) llevan su propia numera­ción (y foliación); pero a partir de PCG, cap. 390 esa práctica queda interrumpida (junto con la foliación, que ya no aparece en el vuelto del f. 135).

CAPÍTULOS ANTERIORES:

DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO.

1.- DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO

I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

*    2.- 1. LA SELVA TEXTUAL Y LA ERUDICIÓN PRE-PIDALINA

*    3. 2. DESLINDE Y CLASIFICACIÓN POR MENÉNDEZ PIDAL, A FINES DEL SIGLO XIX, DE LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA

*     4.- 3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA

*   5.- 4. LOS CRÍTICOS FAVORABLES A LA PRIORIDAD DE LA "CRÓNICA DE VEINTE REYES": LANG, BABBITT Y GÓMEZ PÉREZ

*   6.- 5. LA APORTACIÓN DE LINDLEY CINTRA: LA CRÓNICA DE 1344 EXIGE ANTEDATAR LA ACTIVIDAD REFUNDIDORA

*    7.- 6. LA VUELTA AL MANUSCRITO

*    8.- 7. ANTES DE LAS «CRÓNICAS». IMPORTANCIA DE LAS VARIAS «VERSIONES» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

 II LA HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA EN EL CÓDICE REGIO ALFONSÍ Y EN LA TRADICIÓN MANUSCRITA.

*    9.- 1. EL MANUSCRITO E1, CÓDICE DEL SCRIPTORIUM ALFONSÍ

10.- 2. LA HISTORIA GÓTICA NO SE INTERRUMPÍA CON LA INVASIÓN MUSULMANA

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Imagen: Doña Urraca. Tumbo de Santiago.

10.- 2. LA HISTORIA GÓTICA NO SE INTERRUMPÍA CON LA INVASIÓN MUSULMANA

10.- 2. LA HISTORIA GÓTICA NO SE INTERRUMPÍA CON LA INVASIÓN MUSULMANA

2. LA HISTORIA GÓTICA NO SE INTERRUMPÍA CON LA INVASIÓN MUSULMANA. EL MS. E1  EN SU FORMA ORIGINAL.  II LA HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA EN EL CÓDICE REGIO ALFONSÍ Y EN LA TRADICIÓN MANUSCRITA.

      A primera vista resulta muy natural que el manuscrito E1  concluya con la destruc­ción del reino de los godos (PCG, c. 565). El hecho de que, a continuación, se remita en él (con tinta más pálida que el resto) a un segundo libro:

    "Et de commo regno este rey don Pelayo et los otros reyes que fueron en Leon en comienço del libro de la coronica de Castiella lo fallaredes" (PCG, p.320b8-11),

parece indicativo de que el códice es sólo la primera parte de una obra bipartita. El se­gundo libro al cual se alude en esa nota es sin duda el manuscrito escurialense X-I-4, E2, pues en él figura otra nota explicativa en que se remite, a su vez, al ms. E1.

      La nota se halla en el f. 2 de E2 y nos es conocida en dos redacciones. La prime­ra decía:

    "En el libro de la estoria que comiença de como Moysen fizo el libro Genesis et otrosí de las generaciones que uinieron poblar a Espanna se contiene de commo los godos uinieron a Espanna et la conquirieron et commo la touieron en su poder fasta que la perdieron en tiempo del rey Rodrigo. Et por que después desto los moros touieron Espanna çinco annos sin contienda ninguna, la estoria contara el comienço del rey don Pelayo, que fue el pri­mero rey de Leon, el qual cercaron los moros en la cueua de Onga, que es en Asturias de Ouiedo, et por quien Dios mostro muy grand miraglo en aquel logar, segund pareçe en esta estoria de las cosas que acaescieron en su tiem­po. Et otrosi de commo el regno, et de los otros reyes que fueron en Leon, la estoria lo contara cada vno en su lugar." (PCG, p. 321a1-16);

pero la nota fue cubierta con un trozo de pergamino pegado encima (del cual quedan señales) y recopiada, algo más abajo, por otra mano, con algunas variantes:

    "En el libro de la estoria en que esta pintada el arca de Noe, que comiença de como Moysen escriuio el libro Genesi, et otrosi fabla de commo fue el diluuio, et de las generaciones...", "...cinco annos sin contienda (enmendado en contradon) ninguna, la estoria conta[ra] el comienço del (retocado: cont. co­mo gaño el) Rey don Pelayo...", "...que acaesçieron en su tiempo; et otrosi de commo regno. Et de los otros Reyes que fueron en Leon la estoria lo con­tara cada uno en su logar" (PCG, p. 322a1-16, nota).

      En este caso no cabe duda de que la remisión apunta al ms. E1, pues en el folio 3v. de este códice, al comenzar la historia, se halla pintada el arca de Noé y su primer ca­pítulo empieza (de acuerdo con el comienzo tradicional de la Estoria de España): "Moysen escriuio un libro que a nombre Génesis...".

      El hecho de que el segundo volumen, E2, sea claramente post-alfonsí, puesto que en su f. 26v se alude al año 1289 y al reinado de Sancho IV5, no es un obstáculo insalva­ble para considerar a E1 y a E2 como una misma obra bipartita6; pero, si examinamos con mayor atención uno y otro manuscrito, la relación entre ambos resultará ser muy distinta de lo que esas notas parecen dar a entender.

      Por lo pronto, la nota del ms. E2 en que se remite a E1 fue escrita, ya en su primera redacción, por una mano tardía (seguramente del s. XIV), utilizando el espacio que le proporcionaban 34 líneas de texto borradas y el blanco dejado, en la cabecera del ca­pítulo primero del reinado de Pelayo (PCG, cap. 566), para la miniatura (no realizada) con que se pensaba ilustrar el comienzo del nuevo reinado, según es la regla en el ma­nuscrito7. Además el folio anterior, primero de E2, en que figura una tosca miniatura y el título del libro, no forma parte del primer cuaderno del códice y constituye, clara­mente, un añadido8. A su vez, el último folio de E1, en que se escribió la remisión a E2, es también un folio suelto, y las 34 líneas de texto que en él figuran (delante de la re­misión) son de una mano distinta y posterior (seguramente del s. XIV) a la que escri­bió los cuadernos precedentes, probablemente obra de la misma mano que añadió en el ms. E2 la remisión a E1 (en su primera redacción)9.

      Por otra parte, si prescindimos de estas adiciones tardías (del s. XIV), los dos cua­dernos escritos por la mano "primera" del ms. E2 (fols. 2-17), cuyo texto original co­mienza en la columna b del f. 2 con el capítulo "De como fue don Pelayo alçado rey [...]" resultan ser, dada su factura, una clara continuación de la sección final del ms. E1 desde el fol. 149d al 196: En esos dos cuadernos (de 8 folios) la caja y amplitud de la escritura (50 líneas por columna) son idénticas a las de los cuatro últimos cuadernos (también de 8 folios) de E1,  e idéntica es, asimismo, tanto la letra como la iluminación (iniciales de rojo, azul y morado adornadas; huecos para miniaturas delante de las gran­des capitales con que comienza cada nuevo reinado)10.

      Creo evidente, en vista de todas estas observaciones, que los primeros cuadernos del ms. E2, tan iguales a los últimos de E1, fueron primitivamente parte integrante de este códice alfonsí, y que las notas remitiendo de uno a otro manuscrito se añadieron en el s. XIV después de raspar en el "primer" cuaderno del ms. E2 las 34 líneas últimas (de PCG c. 565) y de recopiarlas en el folio añadido al fin del ms. E1 11.

      El arreglo responde a un cambio profundo en la concepción de España y su historia. Alfonso X seguía afirmando el carácter gótico de la monarquía castellano-leonesa, se­gún muestra la frase introductoria de la "estoria de los godos":

    "Mas por que en el dezeno, que fue en la era de quatrocientos et nouaenta et cinco ... entraron los godos en Espanna et ganaron el sennorio della, por en­de dexa aqui la estoria de fablar ... et cuenta de los godos que fueron ende sennores depues aca todauia, cuerno quier que ouieron y los moros yaquan-to tiempo algún sennorio" (PCG, c. 385, p. 215b33-44).

      En cambio, el reestructurador en el s. XIV de los dos manuscritos creía en la dis­continuidad de la historia española antes y después de la invasión musulmana; de ahí que separase la historia de la monarquía astur-leonesa de la historia gótica, para formar un primer tomo hasta la destrucción de España por los musulmanes y otro con la Es­paña de la Reconquista.

      Que, hasta mediar el s. XIV, el ms. E1 y los dos primeros cuadernos de E2 formaban un solo libro, E1 (orig), se comprueba gracias al ms. C (ms. 12837, olim C-36, de la Bibl. Nacional, Madrid), escrito en la primera mitad de ese siglo. Este manuscrito con­tiene la Estoria de España desde su comienzo hasta el reinado de Alfonso II el Casto, en que la crónica queda interrumpida, bruscamente, en medio de un capítulo (PCG, c. 616), dejando sin acabar una frase (PCG, p. 350a8-10):

    "En el diziochauo año enuio el enperador Carlos sus cartas",

frase rematada con tres puntos formando triángulo: .·.

      Parece obvio que, si el copista no siguió escribiendo, en las nueve líneas y media blancas que siguen a los tres puntos, el final de la frase ("por todo el emperio que touiesen et mantouiesen todos entresy derecho et iusticia ...") y el resto del capítulo, es por­que su original acababa trunco con esas palabras12. Puesto que esa misma frase incompleta es lo último que escribió la "mano primera" del ms. E2, en la línea 50 y úl­tima del f. 17v. en que acaba el segundo cuaderno del códice ("En el diziochauo anno enuio ell emperador Carlos sus cartas/"), parece indudable que el original tenido pre­sente por el copista del ms. C fue el ms. E1 cuando aún formaban parte de él los dos primeros cuadernos del ms. E2 o una copia de ese ms. E1(orig) sacada cuando aún no se le habían segregado esos cuadernos13.

      La dependencia se comprueba si examinamos las variantes. El ms. C no sólo coin­cide con el ms. E1 en su contenido14, sino que hereda las variantes que caracterizan a este texto regio, según tendremos ocasión de ver al estudiar la tradición manuscrita de las diferentes secciones de la Estoria de España. Baste, por ahora, citar algunas de las pruebas más evidentes de esa dependencia.

      En la historia de los primeros dominadores de España, el ms. C sigue al códice alfonsí en la omisión de las palabras (PCG, c. 68, p. 51a2-5)

    "e Tiestes su hermano en el rreyno de Misçenas",

basadas en la información que daban los Chronici canones de Eusebius-Hieronymus, palabras mejor o peor reflejadas en once manuscritos de la Estoria de España (según veremos más adelante, cap. I. § 5).

      En la historia de los godos, el ms. C reproduce toda una serie de pequeñas deforma­ciones de E1 inexistentes en otros manuscritos (Ss, T, L, etc.) de la Estoria de España y tres importantes saltos de vista (en dos ocasiones por homoioteleuton) que resultan en la omisión de las palabras que destaco entre ( ), palabras que figuran en los manus­critos de la Estoria de España no derivados del códice alfonsí (Ss, T, L, etc.):

    "... fasta el quinto del rey (Suinthila, et San Alifonso escriuio de alli fasta el diez e ocho del rrey) Recesuindo" (PCG, c. 511, p. 283a47);

    "... et ganola luego (et priso en ella a algunos d’aquellos que se tenien con Paulo, e fueron dellos estos) Euiedo, Ponpedio... " (PCG, c. 517, p. 287a2-4);

    "Ell obispado de Asidonna desde (Busca fasta en Assenia e desde Latesia fasta la Carrera ancha. El obispado de Elepa tanga desde) Asennia fasta Da­tan..." (PCG, c. 531, p. 297a20-22).

      La dependencia respecto a la "primera mano" de E2 se evidencia asimismo en nu­merosísimas variantes15, que más adelante citaremos. Anticiparé ahora algunas mues­tras de diversos tipos de error presentes en E2 (a) y C:

    El arzobispo "Urban", así llamado por una pluralidad de manuscritos (Ss, Y, T, etc.), de acuerdo con la Historia Gothica, cap. III ("Urbanus"), recibe en E, C, una y otra vez (PCG, pp. 325b34 y 39, 326a17, 327a38, 348a40), el nombre de "Urbera". Sobre Carlomagno se nos dice en E, C que "llamaronle todos Carlos et augusto" (PCG, p. 349a4) en vez de "...cessar e augustus", lección correcta con­servada por otros manuscritos (T, Y, L, Ss, O-Sl, etc.) de acuerdo con Sigebertus Chron. a. 801 ("caesarem et augustum appelant"). Mientras otros manuscritos (T, G, Y, L, Ss, O-Sl, etc.) dicen "esta cueua" "aquella cueua", de acuerdo con el Toledano, Historia Gothica IV. 2 (p. 76): "haec cavea", E y C sustituyen por "esta peña" (PCG, p. 322b3). Donde el arzobispo don Rodrigo, Historia Arabum, XXII (p. 262) da la fecha "...mensibus IX diebus VIII" y la generalidad de los manuscritos (mss. T, Y, Ss, O-Sl, etc.) traducen bien "...et nueue meses et ocho dias", tanto E como C dicen "quinze dias", por confusión con otra cifra inmediata (PCG, p. 347b12). Al ponderar la extensión de las conquistas de los moros, en PCG p. 331a7-8, los mss. E y C coinciden nuevamente en decir "que auien presa toda Asia et mui grand partida de Europa", mientras los mss. Y, T, G, Z, L, Ss, Xx añaden "...toda Asia et Libia et muy (~vna) grant partida de Europa", de acuerdo con la fuente, Sigebertus (Chron., a 738), quien hablaba de "qui totam paene Asiam, totam Libiam multamque partem Europae invaserant". El loor "Este Ocha era muy alto clerigo en su ley (et en contar el linage donde los moros venien; e por que el tenie bien su ley) et la aguardaua era muy temido de todos et mucho honrrado", que figura en los mss. T, Z, G, Y, Ss, Xx, etc., procede del arzobispo don Rodrigo, Histo­ria Arabum XV (p. 257) "Hic potestate praecelsa, genealogia et legis suae custodia ab omnibus timebatur"; pero tanto E2(a) como C se saltan de un "su ley" a otro y omiten todo lo que he destacado entre () (véase PCG, p. 334a36-38).

Naturalmente, el ms. C, tras el final de PCG, c. 565:

    "...e torno a Cordoua la siella del rreyno e la corte de los alaraues, la que ante era en Seuilla",

continúa con PCG, c. 566: (titulado: Capítulo XXXIº De commo don Pelayo [fue] alçado rrey e de la hueste que enuio Tarif a Asturias, e de la muerte de Muça e de Vlid amiramomelin")":

    "Pues que todas las yentes que se alçaron en las montanas fueron allegadas en vno, veyendo el su grant crebanto e el su desconorte...",

sin solución alguna de continuidad y sin que figuren los reenvíos del ms. al ms. E1 y del ms. E2 al ms 1.

      Podemos, por tanto, considerar como seguro que el ms. E1 en su estado original, al cual denominamos E1(orig), incluía la historia de la España neo-gótica restaurada en Asturias ("mano primera" del ms. E2) a continuación de la historia del reino godo to­ledano, sin hacer entre ambas división alguna.

      Esta "Estoria de los godos" se interrumpía, al finalizar un cuaderno, en medio del rei­nado de Alfonso II, dejando inconcluso un capítulo de la Estoria de España y truncada una frase. Por sorprendente que este final parezca, así debió de terminar, desde un prin­cipio, el códice regio alfonsí E1(orig). Probablemente ello se debió a que, al tiempo de realizarse la copia en el scriptorium de Alfonso X, el siguiente cuaderno aún no se con­sideraba listo para su transcripción definitiva. El hecho de que, en el capítulo inmedia­to de la Estoria de España, se inicien los hechos de Bernardo del Carpio puede que sea la causa de la brusca interrupción de la labor de copia: mientras los "ayuntadores" alfonsíes utilizaron fuentes varias de la historiografía latina, la labor compilatoria no pre­sentaba graves dificultades; pero, cuando intentaron incorporar la información de los cantares de gesta a la narración de los historiadores en latín, en más de una ocasión sur­gieron problemas que retrasaron la redacción de un texto definitivo de la Estoria, según tendremos ocasión de ver, una y otra vez, más adelante.

      La Atalaya de las Corónicas del arcipreste de Talavera Alfonso Martínez de Toledo16 hereda tam­bién el contenido de E1(orig) antes de que sus cuadernos finales fueran incorporados a E2(orig) y empalmados con E2(b). De resultas, este sumario del arcipreste desconoce la existencia de los reyes que van de Ramiro I a Ordoño II17. La narración se interrumpe tras consignar, de acuerdo con E1(orig), que "desde el año xv[i]j fasta el xxij non ay cosa que contar que a la estoria pertenesca" salvo la noticia, derivada de la Historia Arabum, que figura en PCG p. 349b46-350a818, esto es, inmediatamente antes de la frase inconclusa "En el diziochauo anno enuio ell emperador Carlos sus car­tas", con que acaba hoy el f. 17 de E2, folio último del último cuaderno del antiguo códice E1(orig). La dependencia respecto a este códice regio alfonsí se manifiesta también en la presencia en la Ata­laya de un par de errores de E1(orig), que ya hemos comentado: el nombre de "V[r]bera" dado al arzobispo Urbán de Toledo19 y decir que Carlos, alzado emperador por el Papa, "los romanos llamaronle Carlos Augusto", en vez de "Çesar e Augusto"20. Aunque, para establecer la fecha de la Atalaya, con­tamos con varios elementos de juicio (el arcipreste murió en 1468; a propósito de un dato histórico re­ferente a los tiempos de Atanagildo, recuerda, como cosa lejana, haber sido testigo presencial de los terremotos de Barcelona y oído contar de la erupción volcánica en la comarca de Gerona21 "en el año de CCCC e veynte, poco mas tienpo o menos"; una rama de la tradición manuscrita de la obra aban­dona el relato en el año 1393; otra, que continúa hasta la muerte y entierro de Juan II, 1454, y el traslado del cuerpo de don Alvaro de Luna a Toledo toma su narración de la Crónica de Juan II y de la Crónica de don Alvaro de Luna de Chacón 22), a fin de cuentas, la fijación de la fecha en que Alfonso Martínez hizo su sumario no tiene demasiada importancia para nosotros, ya que lo más probable es que el arcipreste conociera el texto de E1(orig) a través del ms. C y no directamente.

      Lo mismo ocurre con los mss. U, X, V y Uu, cuya dependencia respecto a C es evidente, según más adelante veremos 23.

      Si el ms. C, escrito en el s. XIV, probablemente en la primera mitad del siglo24, nos testimonia que, hasta entonces (si el ms. C fuera copia directa) o, al menos, en un tiem­po anterior (si entre el códice del scriptorium y el ms. C hubiera habido un texto intermediario), el ms E1(orig) abarcaba los dos cuadernos finales hoy incorporados al ms. E2, el ms. Ei, escrito en el siglo XV, nos permite asegurar que para entonces había ya sido privado de ellos. Este manuscrito Ei reproduce la historia de los godos del ms. E1(orig) desde su comienzo (PCG, p. 215b46 nota)25, hasta rematarla con el anuncio incluido en el folio adicionado de E1:

    "E de commo rregno este rrey don Pelayo e los otros rreyes que fueron en Leon en el comienço del libro de la Coronica de Castiella lo lo (sic) fallaredes",

seguido de una invocación:

    "Alabado e enxalçado e glorificado sea el nonbre de Dios amen".

      Más adelante aduciremos algunas razones para sostener que ya en los años finales del reinado de Alfonso XI (1248-1250) el ms. E2 circulaba provisto de los dos cuadernos segregados del ms. E1 (orig)26.

Diego Catalán, De la silva textual al taller historiográfico alfonsí (1997)

NOTAS

Según observó desde antiguo R. Menéndez Pidal, Crón. General-Discurso (1916), p. 14.

6  De acuerdo con lo pensado por R. Menéndez Pidal, Crón. General-Discurso (1916), p. 21 y Primera crón.2, pp. XXXI-XXXII.

7  Véase adelante, n. 10.

8  El f. 1 es un folio suelto; su talón asoma entre los dos primeros cuadernos: fols. 2-9 y 10-17; se aña­dió para dar título al volumen ("Esta es la Coronica de España et comiença en el rey don Pelayo... fasta la muerte del rey don Fernando el que gano Seuilla..."). La miniatura representa a un rey con espada en ma­no, sentado en su trono, flanqueado por dos pajes (Catalán, De Alfonso X, p. 87). La factura de esta miniatura es algo tosca; muy distinta a la del f. 32, frente a lo que afirma J. Gómez Pérez, "Elaboración de la PCG", p. 268; la creo de tiempo de Alfonso XI. [G. Menéndez Pidal, La España del siglo XIII leída en imágenes, Madrid: Real Academia de la Historia, 1986, p. 19, quien ignora mis publicaciones de los años 60, sitúa también la miniatura en ese reinado: "El segundo tomo de la Crónica comienza con una minia­tura en que vemos un rey y dos hombres de armas, estos visten lorigas y perpuntes, y lo corto de los per­puntes y la ondulación de sus figuras, entre otras cosas, delatan el que esta miniatura es ya de pleno siglo XIV... Tal vez la miniatura que hoy figura al frente del segundo volumen de la Crónica sea ya contempo­ránea de Alfonso XI, quien también ambicionó proseguir la obra historial de Alfonso X. Si así fue, Alfon­so XI ya no se hizo representar entre colaboradores de la Historia, sino guardado por hombres de armas"].

9 En Primera crón.2, p. LVI, se observa ya: "el último folio [de E1], de letra más pequeña y redondeada, parece escrito algún tiempo después que el resto del tomo"; pero se supone que es obra de "el mismo copista". Sin embargo, en una descripción manuscrita de mano de A. G. Solalinde, guardada en el Archi­vo Menéndez Pidal, se hacía ya notar: "letra del último folio 197 distinta de todo lo demás y parece igual a la del tomo 2º en algunas notas y hasta me parece que en un capítulo" (observación no tenida en cuenta por Menéndez Pidal y sus colaboradores al reeditar la Primera crón2, 1955, pero que saqué del olvido en 1962, De Alfonso X, p. 37, n. 6, para corroborar mis deducciones).

10 En Primera crón.2, pp. LVIII y LIX se consigna la "semejanza" de ambos manuscritos: "distinguese, pues, un copista para los 17 primeros folios, que presentan una letra angulosa y bastante parecida a la del primer tomo"; "en los 17 primeros folios son más perfectas las iniciales, que se parecen bastante a las del primer tomo". En unas notas manuscritas de Menéndez Pidal de 1904 o 1905 se precisaba: "Los fol. 1-17 son de letra más baja y angulosa. 50 líneas la columna. Hace la z: ʒ (y las r: 2 tras letra de figura redonde­ada por la derecha). Lleva las iniciales de rojo, azul y morado adornadas y grandes capitales al comienzo de cada reinado, con huecos para miniaturas". Los huecos para las miniaturas se hallan encabezando co­lumna, enmedio o al final de ella (sólo cuando el espacio resultaría excesivamaente pequeño se traslada la miniatura a la cabecera de la siguiente). Cuando van en medio de la columna, el espacio dejado es siempre de 20 líneas; al final de ella, el espacio puede ser algo mayor (21, 23, etc.) o menor (19, 16 e incluso 13), y lo mismo ocurre cuando comienzan columna (para la del reinado de Pelayo se habían dejado 16 líneas de la col. a). Las iniciales son de tamaño regular si se trata de un año cualquiera de reinado y grandes a co­mienzo de reinado, en que siguen a un hueco para miniatura (De Alfonso X, p. 36 y nn. 4, 5). Los siguien­tes cuadernos de E2 son, en cambio, muy distintos (cfr. adelante, cap. III, § 11 y IV, § 2).

11 Catalán, De Alfonso X, pp. 35-37.

12  Catalán, De Alfonso X, pp. 32-35.

13  Al comenzar la "estoria de los godos", el ms. C incluye una tabla, cuyo último capítulo ("el capítu­lo CCXXXI De la cruz que fizieron los ángeles al rrey don alfonso") es el mismo en que finaliza el ma­nuscrito.

14  Ofrece en su comienzo una diferencia importante (notada ya por Gómez Pérez, "Elaboración de la PCG", p. 272): el "Prólogo" ha sido modificado para dar en él entrada a una larga sección del "Prólogo" de la General estoria (GE, I, p. 3a7-3b18). Pero esa modificación parece haberse realizado sobre el propio ms. C (Véase adelante, II, § 5).

15 Catalán, De Alfonso X, pp. 33-35.

16   Utilizo la ed. de J. B. Larkin: Alfonso Martínez, Atalaya de las Coronicas, Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1983. Es de lamentar en ella la extrema pobreza del estudio introductorio, que nada añade a la crítica anterior en que se apoya.

17 Según ya notó Inocencio Bombín, "La Atalaya de las Corónicas del arcipreste de Talavera: edición crítica de parte del texto con un estudio introductorio y vocabulario. Doctoral Dissertation", University of Toronto, 1976, el arcipreste pasa seguidamente a resumir la Crónica de veinte reyes, hablando de Fruela II.

18 "Saluo quel moro Abdalla, estando en Valençia pobre, enbio demandar perdon a su sobrino Alhaçen rrey de Cordoua. E perdonole, e mandole dar alli en Valencia mili marauedís para su costo, e enbio Abdalla sus fijos al sobrino. E rreçibiolos, e luego caso vno dellos con vna sobrina suya. E ansi touo los rreynos en paz", ms L de la Atalaya, f. 96v (donde acaba el folio y el reinado). Ed. Larkin, p. 42a.

19 En las pp. 30a y 41a de la ed. Larkin. Cfr. PCG, pp. 325b39, 348a40.

20 En la p. 41b de la ed. Larkin. Cfr. PCG, p. 349a4.

21 "Pero esto deuiera ser commo de tierra tremol, que yo otra vez estando en Barçelona por espaçio de dos años oya cada dia, quando mas quando menos, bramar la tierra commo deyuso della... E en vn lugar cabo Girona que llaman Ame[r] se fizieron dos bocas de fuego e lançauan el fuego tan espantable que no auia onbre que lo pudiese mirar. E algunos fueron a mirarlo, que de dos tiros de vallesta venian las llamas con el ayre e los quemaua... Esto [e] jnfinitas cosas contesçieron en aquel tienpo, que podia ser poco mas o menos en el año de CCCC e veynte poco mas tienpo o menos. E por que lo vi por mis ojos e estude en ello e passe fartos miedos..." (ms. L de la Atalaya, fols. 37v-39r).

22  Los mss. E (X-I-12 de la Bibl. de El Escorial), P (1892 de la Bibl. de Palacio, Madrid, olim 2-C-9) y V (Codex Palatinus Vindobonensis Hispanicus 4324 Oesterreichische Nationalbibl. Wien), todos del s. XV, acaban en el año 3º de Enrique III, lo mismo que el ms. H (9-5631 de la Academia de la Historia, ant. 26-I-21), copiado en el s. XVIII. Frente a ellos, el ms. L (Egerton 287, British Lib., London), también del s. XV, continúa. [De la Crónica de don Álvaro de Luna procede la noticia del traslado del cuerpo del Ma­estre a la capilla que don Álvaro había fundado en la catedral de Toledo hecho a instancias del prior del monasterio de las Cuevas de Sevilla y por intercesión del propio Gonzalo Chacón cuando tenía a su car­go la guarda y crianza de doña Isabel y don Alfonso, los infantes, importante oficio que le dio la reina viu­da doña Isabel "asi por el lo valer, como por cabsa de vna muger quel ouo’". El periodo en que Chacón y su mujer Clara Alvarnáez tuvieron a su cargo a los infantes concluye en 1462, según muestra C. Montero Garrido en su tesis doctoral "Sobre la historiografía castellana tardo-medieval", Madrid: Universidad Au­tónoma, Septiembre 1992, pp. 234-241 y en La Historia, creación literaria. El ejemplo del Cuatrocientos (1994), pp. 130-134].

23 Véase cap. III, § 1 y nn. 9, 10.

24 Según los editores de Primera crón,2, p. LVII, el manuscrito C es de la segunda mitad del s. XIV; lo creo algo anterior. (Una nota existente al final del códice en que se cita la fecha 21 de marzo de 1430 y el año 1447 es de mano posterior y los años citados se refieren a un suceso ajeno al libro).

25 Desde la tabla de 23 capítulos que encabeza la "estoria de los godos".

26 Véase cap. III, § 10.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO.

1.- DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO

I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

*    2.- 1. LA SELVA TEXTUAL Y LA ERUDICIÓN PRE-PIDALINA

*    3. 2. DESLINDE Y CLASIFICACIÓN POR MENÉNDEZ PIDAL, A FINES DEL SIGLO XIX, DE LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA

*     4.- 3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA

*   5.- 4. LOS CRÍTICOS FAVORABLES A LA PRIORIDAD DE LA "CRÓNICA DE VEINTE REYES": LANG, BABBITT Y GÓMEZ PÉREZ

*   6.- 5. LA APORTACIÓN DE LINDLEY CINTRA: LA CRÓNICA DE 1344 EXIGE ANTEDATAR LA ACTIVIDAD REFUNDIDORA

*    7.- 6. LA VUELTA AL MANUSCRITO

*    8.- 7. ANTES DE LAS «CRÓNICAS». IMPORTANCIA DE LAS VARIAS «VERSIONES» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

II LA HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA EN EL CÓDICE REGIO ALFONSÍ Y EN LA TRADICIÓN MANUSCRITA.

*   9.- 1. EL MANUSCRITO E1, CÓDICE DEL SCRIPTORIUM ALFONSÍ

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Imagen: Alfonso IX

9.- 1. EL MANUSCRITO E1, CÓDICE DEL SCRIPTORIUM ALFONSÍ

1.  EL MANUSCRITO E1,  CÓDICE DEL SCRIPTORIUM ALFONSÍ. II LA HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA EN EL CÓDICE REGIO ALFONSÍ Y EN LA TRADICIÓN MANUSCRITA.

      Entre todos los manucritos de la Crónica general de España que conocemos el más ve­nerable por su factura es, sin duda, el códice escurialense Y-I-2, tradicionalmente designado con la sigla E1, que abarca desde el comienzo de la Estoria de España hasta el fin del reinado del último rey godo, Rodrigo, y la "destrucción" de España por la invasión árabe.

      En el verso de su primer folio, figura un loor del rey don Alfonso en latín versifica­do y al pie de él, en una miniatura, vemos a ese rey que "Hesperie gesta dat in hoc li­bro manifesta" rodeado de su corte literaria, con la espada alzada en una mano y en la otra un libro (la Estoria de España?), que el príncipe heredero (don Fernando de la Cerda?, muerto en 1275) acude a recibir1. Según subraya R. Menéndez Pidal, esta minia­tura "es enteramente análoga, en su disposición material, a la de los códices alfonsíes de las Cantigas, de la General Estoria, del Ajedrez, etc., y la ornamentación de los epí­grafes mayores es idéntica a la de los otros códices regios; por ejemplo, los dos cono­cidos de la Grande Estoria"2.

      Evidentemente, el ms. E1 puede incluirse, según hacen los modernos transcriptores de los manucritos del "scriptorium" de Alfonso X3, en el conjunto de códices produci­dos en la cámara de este rey "decus Hesperie, thesaurus philosophie"4.

Diego Catalán, De la silva textual al taller historiográfico alfonsí (1997)

NOTAS

1  Al reproducir la miniatura, R. Menéndez Pidal (Primera Crón.2, p. 3, lám.) comenta: "De las muchas miniaturas que en los códices regios alfonsíes representan la corte literaria del rey, ésta es la que tiene un aspecto más solemne. Las seis personas sentadas en la parte alta deben ser de la familia real; el rey Al­fonso entrega el libro de la Estoria de España a su hijo Sancho". Si el manuscrito se iluminó antes de 1275, el infante heredero sería don Fernando. Los otros tres infantes con coronas, situados al otro lado, podrían incluir no sólo a alguno de los hijos, sino a algunos de los hermanos del rey que seguían su corte (las es­tatuas de Burgos de los hermanos de Alfonso X llevan corona), y los dos jovencillos desprovistos de co­rona podrían ser los infantes don Juan y don Pedro (que el primogénito armó caballeros, siendo niños chicos, en 1262).

2  Primera Crón?, p. XXV.

3  Ll. Kasten, J. Nitti y J. Anderson, Concordances and Texts ofthe Royal Scriptorium Manuscripts of Alfonso X, el Sabio, Madison: Hispanic Seminary of Medieval Studies, 1978.

4  Como se llama a Alfonso en los versos que coronan la miniatura inicial de la Estoria de España.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO.

1.- DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO

I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

*    2.- 1. LA SELVA TEXTUAL Y LA ERUDICIÓN PRE-PIDALINA

*    3. 2. DESLINDE Y CLASIFICACIÓN POR MENÉNDEZ PIDAL, A FINES DEL SIGLO XIX, DE LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA

*     4.- 3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA

*   5.- 4. LOS CRÍTICOS FAVORABLES A LA PRIORIDAD DE LA "CRÓNICA DE VEINTE REYES": LANG, BABBITT Y GÓMEZ PÉREZ

*   6.- 5. LA APORTACIÓN DE LINDLEY CINTRA: LA CRÓNICA DE 1344 EXIGE ANTEDATAR LA ACTIVIDAD REFUNDIDORA

*    7.- 6. LA VUELTA AL MANUSCRITO

*    8.- 7. ANTES DE LAS «CRÓNICAS». IMPORTANCIA DE LAS VARIAS «VERSIONES» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

II LA HISTORIA ANTIGUA DE ESPAÑA EN EL CÓDICE REGIO ALFONSÍ Y EN LA TRADICIÓN MANUSCRITA.

  Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen:  Miniatura de Hércules y los leones, colocada al frente de su historia (ms. E1, f. 4).

8.- 7. ANTES DE LAS «CRÓNICAS». IMPORTANCIA DE LAS VARIAS «VERSIONES» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA

 

7. ANTES DE LAS «CRÓNICAS». IMPORTANCIA DE LAS VARIAS «VERSIONES» DE LA ESTORIA DE ESPAÑA.   I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ 

      En mis trabajos de los años 60 llamé ya la atención acerca de la utilización, por la tradición cronística descendiente de la Estoria de España, de "versiones" varias de es­ta obra, que resultaban ser preexistentes a la formación de las familias de textos o "cró­nicas" que tradicionalmente venían estudiándose.

      En la parte anterior a la invasión musulmana, junto a la Versión regia, lujosamente co­piada en un códice del scriptorium alfonsí anterior a 1274, la tradición manuscrita re­velaba la existencia de una Versión enmendada después de 1274, también adscribible a tiempos de Alfonso X. Respecto a los reinados que van desde Pelayo a Vermudo III, las crónicas generales evidenciaban la existencia, no sólo de una Versión concisa alfonsí, si­no de una Versión crítica, elaborada a partir de ella, pero cuyo entronque en el "árbol textual" se situaba en un tiempo anterior al del prototipo de todas los manuscritos en que se nos conserva (más o menos extensamente) esa Versión concisa; a partir del reinado de Ramiro I, con esas versiones competía, además, una Versión amplificada en 1289 de la Versión concisa, esto es un texto amplificado retóricamente en el reinado de Sancho IV. Aunque, a partir de la historia del reinado de Fernando I, sólo sobrevivan en la tradición textual conocida derivados de la Versión crítica y de la Versión amplificada, la compleja relación entre ambas es, a lo que parece, la misma que en la parte anterior. Cuando, más adelante en la historia, estas relaciones se alteran, todavía podemos com­probar que, junto a una traducción muy amplificada de la obra del arzobispo don Ro­drigo que tiene su origen, quizá remoto, en un cuaderno de trabajo alfonsí anterior a 1271, existió, con anterioridad a las "crónicas" de Veinte reyes y de Castilla, una com­pilación, cuya estructura y, en cierto modo, cuyo texto podemos reconstruir.

      Esta actividad historiográfica previa a la formación de las "crónicas", tanto de las es­tructuras más difundidas identificadas por Menéndez Pidal, como de las sobrevivientes en manuscritos singulares, tiene mucha mayor importancia que la de permitirnos acce­der, por vías reconstructivas, a los "nudos" en que se van separando de la tradición troncal las diferentes ramas textuales, ya que la investigación más reciente ha podido ir poniendo de manifiesto que es entonces y no en el acto de creación de los prototipos de las familias cronísticas (salvo la relativa excepción que representa la crónica de don Pedro de Barcelos) cuando se producen trabajos creativos o reelaborativos fundados en determinados principios, cuando la labor historiográfica refleja cambiantes evaluacio­nes sobre cómo realizar la exposición de la Historia o de un determinado conjunto de hechos considerados materia histórica. Y, según veremos a lo largo del presente libro, ese período anterior a la formación de las diversas "crónicas" tiene el interés adicional de pertenecer al tiempo histórico en que los equipos de redactores de la Estoria de Es­paña trabajaban directamente bajo la guía de Alfonso X o, por lo menos, en que el pa­tronazgo científico del Rey Sabio no pertenecía a una edad pretérita.

      La nueva etapa investigadora, de que el presente libro es deudor, tiene su punto de arranque en el deseo de ofrecer al público una construcción positiva que recogiera el "es­tado de la cuestión", acerca de la historiografía sobre España en lengua vulgar heredada de la labor realizada por los equipos alfonsíes, en una exposición lo suficientemente completa como para poder substituir a la "verdad oficial" que el magisterio de Ramón Menéndez Pidal impuso por doquier durante tres cuartos de siglo. Dado que esa nueva construcción, aunque representa una reforma radical, se apoya históricamente en la pre­cedente construcción pidalina sin negar su validez y viene a ser una natural transforma­ción de ella, pensé, hace años, integrarla en la nueva reimpresión de la Primera crónica general de España (1977), como parte de un volumen tercero de la misma62, y, dado el avanzado estado en que, al comenzar esa reimpresión, estaba mi manuscrito, me atreví a anunciar en el título de la obra que esa "tercera reimpresión" de la edición pidalina lle­varía "un estudio actualizador de Diego Catalán". La vida hizo, al cabo del tiempo, men­tirosa esa titulación, pues el estudio no llegó a ser completado y el tercer volumen de la edición nunca vio la luz, para engaño de quienes adquirieran entonces la obra63.

      Sólo en 1983-84 pude volver a interesarme en sacar adelante el "inédito de Chamartín" de 197764, como actividad paralela a la enseñanza superior en la Universidad Autónoma de Madrid y en el Instituto Universitario "Seminario Menéndez Pidal" de la Universidad Complutense de Madrid. Los cursos de doctorado y seminarios especiales que enseñé de 1983 a 1987 fueron parte esencial para la constitución de un pequeño grupo heterogéneo de personas interesadas en el estudio de aspectos varios de la His­toriografía medieval y, posteriormente, de la iniciación de una etapa de investigación colaborativa sobre la tradición manuscrita de la obra alfonsí. La "aparición" en 1984, en la Caja de Ahorros de Salamanca, de dos nuevos manuscritos, con sendas crónicas generales y la pertenencia de ellos a la importante y hasta entonces sólo parcialmente conocida Versión crítica representó un estímulo adicional para la creación de un equi­po investigador sobre la historiografía de Alfonso X apoyado en la infraestructura del Instituto Universitario "Seminario Menéndez Pidal"64. Los frutos de la labor en equi­po propiciaron, posteriormente, que la Fundación Ramón Areces apoyara la labor del mismo, incluyendo los trabajos del "Laboratorio de Fuentes Cronísticas de la Historia de España" entre las actividades del "Proyecto de Investigación de los Laboratorios Humanísticos Ramón Menéndez Pidal" durante el trienio 1991-1994" subvencionadas con una "Ayuda puntual" y, asimismo, que la Universidad Autónoma de Madrid vinie­ra a colaborar con la "Fundación Ramón Menéndez Pidal" en la publicación de cuatro de los libros surgidos al socaire de dicho "Laboratorio".

      En el curso de esta última etapa de investigaciones sobre la historiografía "alfonsí" se han elaborado tres memorias de licenciatura (1985, 1986), tres tesis doctorales (1989,1994 y 1995) y han visto ya la luz tres libros: Inés Fernández-Ordóñez, Las "estorias" de Alfonso el Sabio, Madrid: Istmo, 1992; Diego Catalán, La Estoria de Espa­ña. Creación y evolución, Madrid: Universidad Autónoma de Madrid y Fundación Ramón Menéndez Pidal, 1992; Inés Fernández-Ordóñez, Versión crítica de la Estoria de España. Estudio y edición parcial desde Pelayo hasta Ordoño II, Madrid: Universi­dad Autónoma de Madrid y Fundación Ramón Menéndez Pidal, 199365.

      Gracias a la colaboración de los diversos miembros del equipo, el conocimiento en sus más pequeños detalles de todos y cada uno de los numerosísimos manuscritos des­cendientes de la compilación alfonsí ha podido ser del dominio de cuantos participá­bamos en la investigación colectiva y ello ha permitido el estudio exhaustivo del proceso de diversificación de la Estoria de España, siguiendo, paso a paso, sus princi­pales etapas: la composición de "versiones" varias, la creación de diversos prototipos cronísticos y la combinación o colación de tradiciones textuales dispares en nuevas co­pias, hasta dar lugar a las múltiples individualidades de los manuscritos-objeto llega­dos a nuestras manos.

      Aunque en los capítulos que siguen a esta introducción se recogen y comentan de­bidamente las conclusiones y datos pertinentes a lo tratado en el presente libro que aportan los diversos trabajos y publicaciones arriba nombrados, creo necesario desta­car aquí la importancia de la contribución de Inés Fernández-Ordóñez al estudio de los criterios y directrices compositorias y organizativas de la Historia que presidieron el gran esfuerzo historial del rey don Alfonso y, asimismo, de las independientes y dife­rentes interpretaciones prácticas de esos criterios y directrices por distintos historiado­res o equipos de historiadores del taller alfonsí que se descubren al contrastar la Estoria de España con la General Estoria y al comparar entre sí secciones varias de la propia Estoria de España, que podemos considerar indubitablemente alfonsíes pues se copia­ron ensambladas en un mismo códice de su scriptorium real. Los libros de Fernández-Ordóñez son un buen ejemplo de cómo, en los estudios medievales, para no caer en la mera reverbalización de lugares comunes, es preciso el conocimiento directo de las fuentes y que es en la lectura de los manuscritos que la Edad Media nos ha dejado (y no en la de ediciones y comentaristas modernos) donde el estudioso de la literatura me­dieval puede hacer descubrimientos que justifiquen la profesión de investigador en las Humanidades.

Diego Catalán, De la silva textual al taller historiográfico alfonsí (1997)

NOTAS

62   En que se reproducirían, además, con correcciones, los capítulos de la segunda edición de la Pri­mera crónica general de Menéndez Pidal, sobre "Descripción de manuscritos" y "Fuentes de cada capí­tulo en particular".

63  Sobre las razones que contribuyeron a la inconclusión de ese proyecto y al abandono temporal de mi actividad en el campo de la historiografía, véase "La Historiografía medieval. Renacimiento de un campo de estudios", en Romancero e historiografía medieval Dos campos de investigación del Seminario "Me­néndez Pidal", Madrid: Fundación Ramón Areces y Fundación Ramón Menéndez Pidal, 1989, pp. 98-100.

64  Contemporánea de ese trabajo es la publicación "Los modos de producción y ’reproducción’ del tex­to literario y la noción de apertura", en Homenaje a Julio Caro Baroja, ed. A. Carreira, J. A. Cid, M. Gutié­rrez Esteve y R. Rubio, Madrid: Centro de Investigaciones Sociológicas, 1978, pp. 245-270, en que, con algunos ejemplos, traté de mostrar cómo y por qué se transforman, en el curso de su reproducción manus­crita, los textos cronísticos. La obra que (aceptando una denominación irónica de las nuevas generaciones de investigadores del "Seminario Menéndez Pidal") denomino aquí "inédito de Chamartín" y que constituye una primera redacción del libro que ahora publico sirvió de punto de apoyo a las investigaciones en equipo de que a continuación hablo y fue citada en las memorias de licenciatura y tesis leidas en los años 1985-1989. Más tarde, en la reelaboración de mi "inédito" he incorporado datos y citas de esos trabajos de los años 80.

65   Acerca de este periodo de investigación en equipo, véase "La Historiogr. med. Renacimiento", en Romancero e historiografía medieval (1989), pp. 101-109.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO.

1.- DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO

I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

*    2.- 1. LA SELVA TEXTUAL Y LA ERUDICIÓN PRE-PIDALINA

*    3. 2. DESLINDE Y CLASIFICACIÓN POR MENÉNDEZ PIDAL, A FINES DEL SIGLO XIX, DE LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA

*     4.- 3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA

*   5.- 4. LOS CRÍTICOS FAVORABLES A LA PRIORIDAD DE LA "CRÓNICA DE VEINTE REYES": LANG, BABBITT Y GÓMEZ PÉREZ

*   6.- 5. LA APORTACIÓN DE LINDLEY CINTRA: LA CRÓNICA DE 1344 EXIGE ANTEDATAR LA ACTIVIDAD REFUNDIDORA

*    7.- 6. LA VUELTA AL MANUSCRITO

  Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: "Moysen escriuio un libro que a nombre Génesis...". Fol. 3 del ms. E15 con la miniatura del arca de Noe:


7.- 6. LA VUELTA AL MANUSCRITO

7.- 6. LA VUELTA AL MANUSCRITO

6. LA VUELTA AL MANUSCRITO.  I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ 

      El propósito de reseñar el volumen introductorio de la edición de Cintra de la Cróni­ca de 1344 me llevó, en los años finales de la década de los 50, a entrar de lleno en el estudio de las crónicas generales herederas de la compilación alfonsí58. Muy pronto me convencí de que las nuevas evidencias y nuevos datos no eran tan fácilmente acomoda­bles, como el propio Cintra creía o como Menéndez Pidal por entonces intentaba mos­trar, a la reconstrucción histórica heredada de las investigaciones pidalinas de fines del s. XIX y principios del s. XX (sobre la cual se habían fundamentado tantas observacio­nes en el campo de la historia de la lengua, de la historia de la épica, de la historia del Cid, etc.). Por otra parte, llegué a la conclusión de que la comparación entre "crónicas", entre familias de manuscritos, que venía realizando la crítica a partir de Menéndez Pi­dal, no bastaba para comprender la transmisión manuscrita de la Estoria de España, ni, en consecuencia, para explicar la elaboración y reelaboración de la obra, y que era ine­ludible volver a los manuscritos, a los textos-objeto, regresar a la "selva textual".

      En efecto, la identificación por Menéndez Pidal de los principales tipos de crónica general había conducido a considerar como obras autónomas a esas familias de ma­nuscritos dotadas de un nombre y a olvidar que los representantes solitarios de otras re­fundiciones estructurales de la Estoria de España tenían el mismo grado de autonomía y respondían en su origen a los mismos mecanismos que esas formas textuales con una más numerosa descendencia manuscrita; además había relegado a un plano secundario el examen detallado de la diversidad existente en el interior de esas familias. Esta con­sideración fragmentada y simplificada de la tradición textual de la Estoria de España, si bien había contribuido a poner orden en la maraña de textos, todos diferentes, todos emparentados, había, a la vez, levantado a la categoría de obras distintas o "crónicas" la mera labor de colación de textos, y de resultas había centrado la búsqueda de de­pendencias intertextuales en ese nivel, comparando unas "crónicas" con otras, cuando en la realidad histórica de la transmisión textual las dependencias son de manuscrito a manuscrito y, a menudo, tienen su origen en el casual conocimiento por un "refundi­dor" de determinados especímenes textuales, de ciertos manuscritos llegados a sus ma­nos. Estas observaciones exigían, por sí solas, volver al tratamiento conjunto de todos los textos herederos de la compilación "matriz", considerar a todas las refundiciones estructurales y a todos los manuscitos como manifestaciones de la Estoria de España de Alfonso X. Sólo así sería dado aclarar qué razones (y de qué índole) presidieron las diversas transformaciones sufridas por el texto primigenio, explicar por qué la obra prestigiada por el nombre del Rey Sabio quedó sometida a tantas y tan radicales modi­ficaciones en el curso mismo de su transmisión59.

      La necesidad de tratar conjuntamente la descendencia manuscrita de la Estoria de Es­paña y de volver de nuevo a la comparación de los manuscritos en su individualidad (de los manuscritos como objetos, inclusive) vino a ser reforzada por algunas evidencias sur­gidas al comenzar la investigación: en la transmisión cronística, el fenómeno de conver­gencia de tradiciones dispares en el texto de un mismo manuscrito (la, a menudo, mal tratada "contaminación" textual) no constituye un fenómeno marginal, útil sólo para ex­plicar el comportamiento de manuscritos aislados, anómalos, sino que puede estar en la base de la creación de los propios prototipos de las formas más prestigiadas de la Estoria de España (o "crónicas"); por otra parte, la crítica textual y el estudio codicológico - de alguno de los manuscritos más importantes del "árbol textual" de esa Estoria puso cla­ramente de manifiesto que se trata de un códice facticio, creado a base de materiales, no ya sólo redactados en tiempos diversos, sino escritos materialmente e incorporados a él en tiempos muy distantes, en siglos diferentes. Como consecuencia de esta constatación, vino a perder su valor de "cuerpo textual regio" nada menos que la "Primera crónica ge­neral", en la materialidad de los manuscritos E1 + E2, dado que el "volumen segundo" (el ms. X-I-4 de la Biblioteca del Escorial) de este supuesto códice doble fué construido ar­tificiosamente en tiempos de Alfonso XI y no remonta, en su forma actual, al s. XIII.

      Como contrapeso de la imposibilidad de aislar los manuscritos de la Estoria de Es­paña en su "primera" forma alfonsí del resto de las crónicas generales, me pareció po­sible señalar que, en muy pocos decenios, una vez muerto Alfonso X, el arte de historiar de la "escuela" alfonsí se transformó radicalmente. Frente a la labor refundi­dora tendente a mejorar la coherencia de la historia, surgieron las refundiciones novelizadoras, que, despreciando la fidelidad alfonsí a la fuentes, sólo estaban atentas al efecto que las narraciones causaban o podían causar en los lectores.

      Los resultados de esta mi primera etapa de investigación, predominantemente demo­ledora de los cimientos en que se asentaba la construcción tradicional, fueron recogidos en un libro, De Alfonso X al conde de Bárcelos. Cuatro estudios sobre el nacimiento de la historiografía romance en Castilla y Portugal (1962), y en varios artículos (publica­dos entre 1963 y 1977)60, que actualmente pueden leerse reeditados (con adiciones) en un mismo libro (La Estoria de España de Alfonso X. Creación y evolución, 1992)61 jun­to con otros trabajos posteriores. Las conclusiones y argumentos de esas publicaciones atingentes al proceso de elaboración y reelaboración de la obra alfonsí se incorporan, en sus debidos lugares, a los capítulos que en el presente libro siguen a éste.

Diego Catalán, De la silva textual al taller historiográfico alfonsí (1997)

NOTAS

58   Como artículos-reseña de la obra de Cintra, publiqué inicialmente "La versión portuguesa" (1959-60) y "La Crónica geral" (1959) en Romance Philology y en íbérida, respectivamente.

59  Como traté de mostrar en mi comunicación al "I Simposio de Historia Medieval. Madrid, 20 a 23 de marzo de 1969" (titulada "Las crónicas castellanas y portuguesas del siglo XIV"), los avances realiza­dos en el estudio estrictamente filológico de los textos, aun sin haber llegado a cumplir plenamente sus ob­jetivos (identificación de tipos cronísticos, inventario de manuscritos, edición crítica de los textos, cronología y relaciones intertextuales), eran ya suficientes para poder plantearse el estudio de la intencio­nalidad de cada obra o refundición, esto es, de examinar los textos como obras literarias y como inter­pretaciones históricas de los hechos narrados.

60  "El Mio Cid de Alf. X" (1963), "El taller alfonsí" (1963), "Reyes de África de Gilberto" (1963), "El Toledano romanzado" (1966), "Poesía y novela" (1969), "Don Juan Manuel ante el modelo alfonsí" (1977).

61   D. Catalán, La Estoria de España (1992), pp. 93-120 (c. IV); 45-60 (c. II); 157-184 (c. VII); 61-92 (c. III) + 125-138 (c. V) + 231-286 (c. X) + 287-298 (c. XI); 139-156 (c. VI); 197-230 (c. IX).

CAPÍTULOS ANTERIORES:

DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO.

1.- DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO

I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

*    2.- 1. LA SELVA TEXTUAL Y LA ERUDICIÓN PRE-PIDALINA

*    3. 2. DESLINDE Y CLASIFICACIÓN POR MENÉNDEZ PIDAL, A FINES DEL SIGLO XIX, DE LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA

*     4.- 3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA

*   5.- 4. LOS CRÍTICOS FAVORABLES A LA PRIORIDAD DE LA "CRÓNICA DE VEINTE REYES": LANG, BABBITT Y GÓMEZ PÉREZ

*   6.- 5. LA APORTACIÓN DE LINDLEY CINTRA: LA CRÓNICA DE 1344 EXIGE ANTEDATAR LA ACTIVIDAD REFUNDIDORA

  Diseño gráfico:

La Garduña Ilustrada

Imagen: Alfonso VI de Castilla. Pintura del S/XII. Catedral de Santiago de Compostela, vía Wikipedia

6.- 5. LA APORTACIÓN DE LINDLEY CINTRA: LA CRÓNICA DE 1344 EXIGE ANTEDATAR LA ACTIVIDAD REFUNDIDORA

5. LA APORTACIÓN DE LINDLEY CINTRA: LA CRÓNICA DE 1344 EXIGE ANTEDATAR LA ACTIVIDAD REFUNDIDORA.  I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ 

      Medio siglo después de que Menéndez Pidal comenzase a poner orden en el caos de las "Crónicas generales de España", los conocimientos en este campo, tan crucial para el estudio de la historiografía, de la historia y de la prosa literaria de la Edad Media his­pánica en su período postalfonsí, permanecían estacionarios. Los interrogantes abier­tos por Babbitt parecían condenados al olvido ante la falta de respuestas concretas cuando Luis F. Lindley Cintra emprendió, en 1947, la tarea de editar críticamente el texto portugués de la Crónica geral de Espanha de 1344. En un principio, Cintra se proponía únicamente acompañar su edición de un estudio de la Crónica como docu­mento lingüístico-literario; pero muy pronto se dio cuenta de que era preciso empezar por esclarecer "os arredores" de la Crónica antes de intentar valorarla. Esos ’alrededo­res’, a los cuales dedicó atención preferente durante tres años de estancia en Madrid en estrecha relación con Menéndez Pidal, comprendían nada menos que toda la historio­grafía hispana de los siglos XIII y XIV. La empresa exigía una combinación de entu­siasmo, de rigor científico y de ponderación crítica que rara vez se encuentran reunidos en un investigador novel; sin embargo, cuando la Academia Portuguesa da Historia co­menzó en 1951 a publicar52, en magníficos volúmenes de corrección tipográfica admi­rable, los frutos de esos años de investigación la crítica reconoció unánime la aparición de un nuevo maestro en el escenario de la filología hispánica.

      El primer volumen, de 600 páginas, de la edición crítica de la Crónica, que Cintra tituló modestamente "Introdução" vino a renovar, de forma sustancial, la reconstruc­ción pidalina de la actividad historiográfica desarrollada en los reinos de Castilla y Por­tugal a partir de Alfonso X, sin por ello intentar demolerla.

      La "Introdução" comienza con una rápida presentación de la Crónica de 1344 (pp. XXIII-XLIV), seguida de tres capítulos en que se estudia el origen de la obra. Gracias a la aplicación de un riguroso e imaginativo método lingüístico-filológico (basado en el estudio de los portuguesismos y errores de traducción de los manuscritos castellanos de la primera redacción) Cintra convenció a sus lectores, Menéndez Pidal incluido, de que la lengua en que se redactó en 1344 la obra (y en que se refundió hacia 1400) fue portuguesa (pp. XLV-LXXXVIII); por otra parte, un significativo grupo de ejemplos de cómo el autor "aportuguesó" la historia y la geografía peninsulares le bastaron para probar que, si la Crónica de 1344 se escribió en portugués, portugués fue también el pensamiento que la informó (pp. LXXXVIII-XCIV). Aun careciendo de toda otra prue­ba, la personalidad histórica del conde don Pedro de Barcelos habría bastado para aventurar la hipótesis de que la iniciativa de una Crónica general escrita en Portugal en tiempo de Afonso IV se debiese a la comprobada afición histórico-literaria del podero­so bastardo del rey don Dinis; pero Cintra sólo se decidió a proponer el nombre de don Pedro Afonso para la autoría de la Crónica de 1344 después de una detenida confron­tación entre esta obra y el Livro das Linhagens del conde (pp. XCV-CXXV). La argu­mentación filológica, ya de por sí muy convincente, fue, a su vez, apoyada por un conjunto muy expresivo de datos históricos (pp. CXXVII-CXC), los cuales vinieron a ser corroborados, con posterioridad a la publicación de la "Introdução", gracias al hallazgo de dos pruebas adicionales (aportadas en publicaciones de 1956-57 por el pro­pio Cintra y 1959-60 por mí), que hacen indiscutible esa autoría53.

      La constatación de que la Crónica de 1344 es una obra portuguesa concebida por don Pedro Afonso, conde de Barcelos, no fue, a pesar de su indudable interés, la apor­tación más importante de Cintra a la historia de la historiografía. El núcleo de su tra­bajo lo constituyen, más bien, los capítulos V: "A Crónica de 1344 e a Historiografia Castelhana dos séculos XIII-XIV" (pp. CXCI-CCCXVI) y VI: "A Crónica de 1344 e as Origens da Historiografia Portuguesa" (pp. CCCXVII-CDXIX), en que reexaminó, en toda su excepcional complejidad, la historiografía hispana de los siglos XIII y XIV.

      Cintra inpugnó con razones contundentes la argumentación de Babbitt en favor de la prioridad de la Crónica de Veinte (o de once) reyes respecto a la Primera crónica ge­neral, y reafirmó, para la materia histórica anterior a la entronización de la dinastía cas­tellana en León, "la exactitud del esquema propuesto por Menéndez Pida!" (pp. CCVIII-CCXXX). En cambio, respecto a la que podemos considerar (desde el punto de vista de los cronistas de los siglos XIII y XIV) historia "moderna" y "contemporá­nea" de España, la referente al período que va de Fernando I, cuando Castilla se hace reino, a Femando III, Cintra encontró razones muy convincentes para rechazar el árbol pidalino. El punto de partida de su disentimiento respecto a la vieja construcción lo constituyó la nueva valoración de la propia Crónica geral de Espanha de 1344, que le­jos de ser, como creía Menéndez Pidal, la "Segunda crónica general" y el punto de par­tida de las restantes refundiciones, es considerada por Cintra como la última tentativa de renovar la "Crónica general", ya que tiene entre sus fuentes no sólo a la Versión de 1289 (que llamaba con Menéndez Pidal regia) de la Primera crónica general, sino tam­bién a la Crónica de Castilla (a través de una Versão galego-portuguesa, cuya estruc­tura nos es conocida en la tradición manuscrita gracias al manuscrito 8817 de la Biblioteca Nacional de Madrid, llamado A desde los primeros estudios de Menéndez Pidal) y, para ciertos episodios, a la Crónica de veinte reyes.

      Esta alteración del árbol genealógico de las crónicas herederas de la labor historiográfica alfonsí tenía como corolario el descubrimiento de un hecho cuya importancia tardó en apreciar la crítica: en el "género" constituido por las crónicas generales de Es­paña, la labor refundidora realmente creativa se circunscribe al medio siglo que prece­de al año de 1344; esto es, la gran variación observada en la transmisión de la compilación alfonsí es un fenómeno bastante más temprano de lo que anteriormente se creía, más próximo a la elaboración inicial de la obra.

      Contemporánea de esta antedatación de la labor refundidora, que los estudios de Cintra propiciaron, fue la comprobación por Evelin S. Procter (1951)54, basándose en alusiones internas de la Estoria de España, de lo acertado que había estado Menéndez Pidal al autocorregirse y admitir el carácter alfonsí de la compilación en la historia pos­terior a la invasión musulmana. Procter mostró, de forma indubitable, la intervención personal de Alfonso X en la traducción y actualización de un pormenor del arzobispo don Rodrigo Ximénez de Rada incluido en el reinado de Alfonso IX55 y, por otra par­te, demostró que ciertos pasajes de los capítulos 790 y 997 (de la edición de Menéndez Pidal) habían sido escritos con anterioridad a 1271 y a 1273, respectivamente56.

      Los descubrimientos de Cintra y las precisiones de Procter fueron prontamente aco­gidos por Menéndez Pidal, quien trató de integrarlos en su concepción de la evolución del género de las crónicas, a la vez que acomodaba a ellos su tradicional reconstruc­ción histórica. El estímulo de la actividad filológica de Cintra fue esencial para que el viejo maestro español reactivara sus estudios relativos a un campo que, en un pasado ya lejano, le había permitido asentar los cimientos sobre los que levantó sus contrucciones históricas sobre la épica castellana y sobre la vida y hechos de Rodrigo Díaz de Vivar. Este renovado interés y esta revisión de la cronología e interrelación de las cró­nicas generales de España están bibliográficamente representadas en un conjunto de publicaciones que se escalonan desde 1951 a 195757.

Diego Catalán, De la silva textual al taller historiográfico alfonsí (1997)

NOTAS

52 El vol. I ("Introdução") salió a la luz en 1951; el vol. II en 1954; el III en 1961. El vol. IV sólo se ha publicado en 1990, después que de los anteriores se hiciera una nueva reimpresión.

53 Cintra, "D. Pedro de Barcelos, Gomes Lourenço de Beja e a autoría da Crónica Geral de Espanha de 1344", BF, XVI (1956) [publ. en 1957], 137-139, y Catalán, "La versión portuguesa de la Crónica Ge­neral", RPh, XIII (1959-60), 67-75 y De Alfonso X, p. 302, n. 24. Sin conocer estas últimas pruebas, ya R. Menéndez Pidal había asentido plenamente a la atribución de Cintra ("Tradicionalidad", pp. 134-135).

54  Procter, Alfonso X of Castile (1961), pp. 89-96.

55  En el cap. 997 (pp. 677b47-618a5), al hablar de los descendientes de Alfonso IX de León siguiendo al arzobispo don Rodrigo, Alfonso X introduce una actualización personal en que hace constar su paren­tesco con la pareja imperial constituida por María, nieta de San Fernando, y Balduino.

56   La referencia actualizada del cap. 790 al linaje de Raymond VII como gobernante "oy en dia" en Toulouse no pudo escribirse después de la muerte de Jeanne, la hija de ese conde, y de su esposo Alphonse de Poitiers y la incorporación del condado, en 1271, a la corona francesa; la actualización personal de Alfonso citada en la nota anterior, que incluye el voto "Dios guarde ell estado dellos", no es posible que se añadiera después de la muerte de Balduino en el exilio, el año 1273.

57  Ya en el estudio introductorio de Reliquias1 (1951), pp. LXII-LXIX y nn. 1 de la p. LXIII y 2 de la p. LXVII, así como en la n. 1 de la p. 199, al tratar de la "Gesta y Crónicas de los Siete Infantes en el si­glo XIV", Menéndez Pidal realizó un primer intento de adaptación de su primitiva reconstrucción de la ge­nealogía e historia de las crónicas generales a las averiguaciones de Cintra, cuando la "Introdução" a la edición de la Crónica de 1344 aún estaba inédita; en Primera crón2  (1955) el estudio inicial que precede a la reimpresión de la edición de 1906, si bien es una mera actualización de lo dicho tiempo atrás en Crón. General-Discurso (1916), recoge, nuevamente, algunos aspectos de esa visión renovada (pp. LIII-LVI y n. 56). Mayor importancia tiene "Tradicionalidad" (1955), artículo-reseña del vol. I de la edición de Cintra, Crón. 1344, donde Menéndez Pidal, no sólo acomoda su antigua construcción a la cronología cronística establecida por Cintra, sino que hace observaciones nuevas acerca del comportamiento de las diversas cró­nicas y llama la atención sobre la importancia de la Crónica general Manuelina hasta entonces pasada por alto por la crítica. En fin, Poes. jugl. y orígenes (1957) es una refundición de Poes. jugl. (1924) con abun­dantes adiciones y reformas, entre las que se incluye un estudio del testimonio cronístico acerca de la épi­ca (pp. 297-307) que se apoya en la historia de las crónicas generales de España corregida tras la lectura de la obra de Cintra.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO.

1.- DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO

I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

*    2.- 1. LA SELVA TEXTUAL Y LA ERUDICIÓN PRE-PIDALINA

*    3. 2. DESLINDE Y CLASIFICACIÓN POR MENÉNDEZ PIDAL, A FINES DEL SIGLO XIX, DE LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA

*     4.- 3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA

5.- 4. LOS CRÍTICOS FAVORABLES A LA PRIORIDAD DE LA "CRÓNICA DE VEINTE REYES": LANG, BABBITT Y GÓMEZ PÉREZ

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5.- 4. LOS CRÍTICOS FAVORABLES A LA PRIORIDAD DE LA "CRÓNICA DE VEINTE REYES": LANG, BABBITT Y GÓMEZ PÉREZ

 

4. LOS CRÍTICOS FAVORABLES A LA PRIORIDAD DE LA "CRÓNICA DE VEINTE REYES": LANG, BABBITT Y GÓMEZ PÉREZ.  I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ                     

      Las primeras dudas respecto al árbol genealógico de las crónicas establecido por Menéndez Pidal nacieron en conexión con la Crónica de veinte reyes.             

      El hecho de que la Crónica de veinte reyes resuma un texto del Mio Cid idéntico al conservado, mientras la Primera crónica utiliza una refundición más tardía, sirvió a H. R. Lang (1926) 21 como punto de partida para rechazar la prioridad de la Primera cró­nica. La explicación que Menéndez Pidal había dado para ese hecho no le pareció sa­tisfactoria, pues consideró inaceptable que una crónica basada en la Primera crónica pudiera haber desechado toda la historia relacionada con la muerte, entierro y restos del Cid que en ella figura. Por otra parte, defendió la existencia de un núcleo primitivo de la Crónica de veinte reyes, constituido por la historia "de los onze reyes" que van de Fruela II a Sancho II, núcleo que explicaría el título que la obra recibe en varios ma­nuscritos, y consideró el estilo menos artístico y retórico que caracteriza a la Crónica de veinte reyes, frente a la Primera crónica, como una prueba más de su precedencia, rechazando la idea pidalina de que tuviera su origen en una labor de abreviación.

      La argumentación de Lang, aunque ofrecía algunas fallas evidentes22, fue el punto de partida de una importante tesis doctoral presentada en Yale en 1932 por Theodore Babbitt. En 1934 y 1935 Babbitt desarrolló algunas de sus críticas a Menéndez Pidal en for­ma de artículos23, y, finalmente, en 1936 publicó una monografía basada en su disertación: La Crónica de Veinte reyes. A Comparison with the Text o the Primera Cró­nica General and a Study ofthe Principal Latin Sources (New Haven: Yale Univ. Press).

      La aportación fundamental de Babbitt al estudio de las crónicas consistió, sin duda, en la detenida comparación de la Primera crónica general y de la Crónica de veinte reyes en toda su extensión. Anteriormente, Menéndez Pidal había emprendido el exa­men de las crónicas, de una parte como una etapa necesaria en su labor reconstructiva de los temas legendarios de la epopeya española y, de otra, como un paso previo nece­sario para conocer la información histórica sobre el Cid aportada por Al Bayān al-wādi̣h fī al-mulimin al-fādih de Ibn cAlqama, la principal fuente árabe (en gran parte perdida) sobre la historia de Valencia; en consecuencia, los pasajes cronísticos derivados de fuentes historiográficas cristianas conocidas no habían sido objeto de su espe­cial atención. La cuidadosa confrontación, realizada por Babbitt, del texto de la Cróni­ca de veinte reyes (en algunos de sus manuscritos) y del de la Primera crónica general (editado por Menéndez Pidal) con las fuentes latinas incorporó a la discusión nuevos datos y puso de relieve que, en ciertas ocasiones, la Crónica de veinte reyes era más fiel a las fuentes conocidas que la Primera crónica., sea porque conservaba algún detalle ol­vidado por esta crónica, sea porque no presentaba ciertas amplificaciones al relato ori­ginal hechas por la Primera crónica.

      Aparte de intentar justificar, ensayando hipótesis varias, el título de "Crónica de on­ce reyes", que algunos de los manuscritos dan a la Crónica de veinte reyes24, Babbitt señaló la existencia en esa crónica de importantes divisiones internas. Desde luego, re­sulta en ella evidente que, desde la subida de Fernando III al trono leonés, todo el final es un aditamento tardío, basado en la Primera crónica. Pero en sus partes anteriores a la unión de los reinos de León y de Castilla la independencia de la Crónica de veinte reyes respecto a la crónica regia le pareció clara, y, respecto a la sección inicial, hasta la muerte de Alfonso VI, creyó posible sostener que era incluso anterior a la obra alfonsí ("the CVR represents an earlier stage of the development of the chronicles than the PCG")25. La radical revisión de las conclusiones pidalinas realizada por Babbitt se basó, sobre todo, en la comparación de una y otra crónica con las fuentes latinas prin­cipales, las historias de Rodrigo Toledano y Lucas Tudense, pues, según sus observa­ciones, "la Primera crónica general reproduce el texto latino menos fielmente que la Crónica de veinte reyes" "la Crónica de veinte reyes muestra estar mucho más cerca del original y conserva una traducción más literal que la de la Primera crónica gene­rar, "la Primera crónica general es más bien como una ampliación de la Crónica de veinte reyes, pues se perciben en la Primera crónica general muchos intentos de clari­ficación de pasajes expresados obscuramente en la Crónica de veinte reyes, además de las muchas interpolaciones que introduce"26.

      También encuentra argumentos contra la dependencia establecida por Menéndez Pi­dal al examinar los relatos basados en fuentes poéticas. En la sección de las crónicas anterior a Fernando I, la Crónica de veinte reyes

"no sólo está más próxima que la Primera crónica general a los originales la­tinos, sino que no contiene muchos pasajes de la Primera crónica general basados en fuentes populares (por ejemplo, el cuento de doña Argentina)27 y el material épico que contiene es más viejo en su forma que el de la versión de la Primera crónica general, como es el caso en el relato de los Siete Infantes28;

y en cuanto a la utilización de los materiales épicos derivados del Cantar del rey don Fernando le parece evidente que:

"la presencia en la Crónica de veinte reyes de materia popular que no se encuentra en la Primera crónica general no indica en este caso que aquella crónica contenga un desarrollo más tardío de la leyenda, pues la falta de cuidado de los cronistas reales hace visible su familiaridad con el episodio contenido en la Crónica de veinte reyes29.

      En fin, la utilización por la Crónica de veinte reyes de la versión vieja del Mio Cid en substitución del texto refundido y adicionado reflejado en la Primera crónica no es, se­gún Babbitt, una prueba de que las formas primitivas de una gesta siguieran siendo can­tadas a la par que sus refundiciones, como había sostenido Menéndez Pidal, sino de que la Crónica de veinte reyes, tal como ha llegado a nosotros, heredó su texto anterior a la muerte de Alfonso VI de una "Crónica de once reyes" para la cual el Mio Cid viejo era aún la forma "cantada o narrada al tiempo en que la crónica fue escrita"30 porque aún no circulaba la Refundición del Mio Cid acogida por la Primera crónica general.

      La conclusión de Babbitt es, en principio, clara:

"En un determinado tiempo a fines del siglo XIII, por influencia, si no bajo la dirección, de Alfonso X, se compuso en castellano una Crónica de once reyes, que abarcaba desde Fruela II a Vermudo III. Poco después, puesto que hubo de ser antes de la aparición de la Primera crónica general, a esa nues­tra crónica se le añadió otra sección, que abarcaba los reinados de Fernando I, Sancho II y Alfonso VI, y que probablemente contenía el más antiguo re­lato en lengua romance de la vida y hechos del Cid"31.

      La actual Crónica de veinte reyes encerraría, continuada, esa *Crónica de once re­yes anterior a la Primera crónica general.

      Pero, una vez establecida esta supuesta prioridad de la *Crónica de once reyes continuada hasta Alfonso VI respecto a la Primera crónica general, Babbitt no acierta a explicar de una forma comprensible la indudable relación de dependencia exis­tente entre las dos crónicas. Desde luego, una derivación en sentido inverso al propuesto por Menéndez Pidal resulta impensable ("No creo que el original inme­diato de la Primera crónica general fuera la Crónica de veinte reyes"32); se oponen a ello los innumerables pasajes en que la Primera crónica refleja más fielmente que la Crónica de veinte reyes el contenido o la construcción verbal de las fuentes. Tam­poco cree Babbitt que los compiladores de una y otra crónica hubieran utilizado in­dependientemente las historias latinas del Toledano y el Tudense ("No pretendo sugerir que cada uno de los dos equipos de compiladores trabajase directamente des­de el original latino"33), pues la labor minuciosa de entrelazamiento de los datos y la combinación del discurso histórico procedentes de las historias de los dos prelados son, en general, idénticos en las dos crónicas romances. En consecuencia, Babbitt se ve forzado a admitir que

"los compiladores de la Primera crónica general y de la Crónica de veinte reyes utilizaron, al parecer, básicamente la misma compilación de Rodrigo y Lucas hasta la subida al trono de Fernando I el Magno"34

y, en confirmación de esta conclusión, anticipada al comienzo de su libro, cita, en di­versas ocasiones, pasajes en que la dependencia de ambas crónicas respecto a esa "tra­ducción combinada de Rodrigo y Lucas" le parece innegable35. Pero la hipótesis de que las dos crónicas romances utilicen una misma traducción combinada del Toledano y el Tudense resulta otras veces, a sus propios ojos, insuficiente; ya en la página 22, a pro­pósito de Fernán González afirma dubitativamente:

"Es evidente que las dos crónicas no fueron sacadas de una misma compila­ción de las obras latinas en esta parte del texto, o que, si lo fueron, sus com­piladores se permitieron un grado muy alto de independencia en la forma de utilizar esa fuente"36;

y la misma sospecha reaparece a propósito de la primera parte del reinado de Vermudo II:

"las dos crónicas, aunque contienen ambas todo lo que se encuentra en los dos historiadores latinos y ninguna de ellas añade nada nuevo, presentan los hechos en un orden tan distinto como para hacernos sospechar que no esta­ban usando la misma compilación"37.

      La hipótesis de que la dos crónicas romances pudieran estar basadas en dos compi­laciones distintas e incluso en traducciones diversas de los textos latinos le atrae fuer­temente al examinar, más adelante, cierto pasaje procedente de la Historia Arabum:

"Tengo la clara impresión de que o los compiladores de las dos crónicas tra­bajaban directamente a partir del texto latino o, lo que parece más probable, que existieron dos traducciones de la Historia Arabum, con una división ca­pitular similar"38,

y, por tanto, llega a concluir que

"los dos grupos de cronistas usaron traducciones diferentes pero muy simi­lares entre sí de la Historia Arabum"39.

      Aunque Babbitt inicialmente reconoce, no sin razón, que "es ésta una conclusión ex­tremadamente insatisfactoria como resultado", opta finalmente por ella, al no ser capaz de concebir otra hipótesis explicativa de los hechos observados ("pero desgraciadamente no veo otra")40. En otra ocasión, a propósito de la historia aragonesa, Babbitt prefiere hablar de dos versiones de una misma compilación, mejor que de dos compilaciones diversas:

"De nuevo parece que las dos están basadas en versiones diferentes de una misma compilación"; "Esta divergencia en el detalle, unida a la coincidencia en lo fundamental del relato parece apuntar de forma bastante clara hacia la hipótesis de que los dos equipos de cronistas trabajaban desde una base co­mún, aunque a partir de versiones diferentes"41.

      La alternante suposición de que en la base de una y otra Crónica, ora se halla una sola y misma compilación, ora dos versiones diferentes de una única compilación, ora dos compilaciones paralelas hechas a base de materiales análogos pero independiente­mente traducidos, no ayuda, desde luego, a visualizar el carácter y estructura que Bab­bitt suponía a esa o esas compilaciones del Toledano y el Tudense escritas en lengua romance y anteriores a las primeras Crónicas Generales. Espigando algunas frases de Babbitt repartidas aquí y allí, llegamos a concluir que la compilación no consistía me­ramente en el cuidadoso aprovechamiento de todos los detalles de las dos narraciones paralelas del Chronicon Mundi y la Historia Gothica (o De rebus Hispaniae), sino que entre la historia de los reinos cristianos se hallaban ya interpolados fragmentos de la Historia Arabum:

"Tras contar la muerte de Almanzor, las dos crónicas cuentan la de Vermudo II, la subida al trono de Alfonso V, su matrimonio, las guerras civiles que se suceden en Córdoba entre los hijos de Almanzor y Mahomet Almohadi, la entrega por Alfonso en matrimonio de su hermana Teresa a Abdalla, rey de Toledo, y resulta aquí evidente que ambas están utilizando la misma compilación de Ro­drigo y Lucas, habiendo sido tomados los pasajes sobre los moros de la Histo­ria Arabum del primero de los dos historiadores. Las dos crónicas tienen en común omisiones y adiciones a los textos latinos y ambas hacen en idénticos puntos las varias transiciones desde los asuntos de Castilla a los de Córdoba"42;

también incluía la compilación noticias y pasajes desconocidos de los historiadores latinos:

"Los dos capítulos de la Crónica de veinte reyes que contienen la materia del capítulo 703 de la Primera Crónica general constituyen un ejemplo esplén­dido de la forma en que a veces utilizan los dos textos la misma compilación, pues en los desórdenes relacionados con la subida al trono de Ordoño III am­bas crónicas siguen, tan pronto a Rodrigo, tan pronto a Lucas y ambas aña­den pasajes idénticos de fuentes desconocidas"43; "Las dos crónicas parece que utilizan la misma compilación, pues ambas mencionan varios detalles que no se incluyen en los originales de Rodrigo o Lucas"44; "Ambas crónicas con­tienen idénticas adiciones al texto latino, tales como la mención del conde García de Navarra, la petición del rey Pedro a los monjes de Monte Aragón de oraciones por su padre y, con mayor detenimiento, varios detalles acerca de Ramiro el Monje que no aparecen en Rodrigo. La Primera crónica gene­ral... parece basada en la misma fuente que la Crónica de veinte reyes"45,

así como afirmaciones que contradicen lo consignado por esos historiadores:

"Las dos crónicas se aproximan más a la vesión de Lucas que a la de Rodri­go, aunque es probable que ambas estén utilizando una compilación. Que ése es el caso resulta evidente cuando llegamos al relato de la muerte de Sancho I, pues ambas crónicas, si bien siguen a los textos latinos bastante de cerca, hacen constar que el rey fue enterrado en San Salvador de Oviedo, mientras tanto Rodrigo como Lucas dicen que fue enterrado en León"46;

además, Babbitt parece aceptar que en ella se interpolaban ya largos episodios prosificados del Poema de Fernán González en cuaderna vía, pues, al tratar de la guerra en­tre el conde y Sancho de Navarra que concluye con la muerte del rey navarro y la derrota del conde de Tolosa y Piteos afirma:

"Nada de esas materias procede de los textos latinos, pero evidentemente las dos crónicas proceden aquí de una fuente común"47,

y, respecto al subsiguiente relato referente a Sancho el Gordo, hace constar:

"Todo esto se encuentra tanto en el Tudense como en el Toledano y nuestras crónicas utilizan a ambos de idéntica manera... incluso abandonan en el mis­mo punto la narración de ambos prelados... para iniciar el relato de la bata­lla de Hacinas"48;

en fin, la compilación incluso estaba ya distribuida en capítulos, como las crónicas ge­nerales:

"Resulta curioso que el capítulo parezca ser la unidad básica, apta para ser transferida, íntegramente, mediante el cambio de una fecha o de dos. No es una regla invariable, pero ocurre tantas veces como para tener por cierto que la división en capítulos, propia de las crónicas, de los largos libri de Rodrigo y Lucas fue hecha en una etapa previa a la composición tanto de la CVR co­mo de la PCG, esto es, en la compilación perdida a que nos hemos referido"49.

Llegados a este punto, me parece necesario hacerse algunas preguntas: ¿Qué diferencias hay entre la estructura de esta compilación y la de una "Crónica General"? Si las dos Crónicas romances se limitan a transcribir, con ligeros retoques, esa compleja y original "compilación", ¿acaso no hemos de considerar precisamente la elaboración compilatoria el verdadero trabajo original del taller historiográfico alfonsí? Y entonces, ¿cómo no ver en esta "compilación" prototipo de las dos crónicas, Primera y de Vein­te reyes, la redacción primitiva de la Estoria de España de Alfonso X? Pero, si en vir­tud de este razonamiento, identificamos la "compilación" de Babbitt con el "borrador compilatorio" de la "Crónica General" supuesto por Menéndez Pidal, toda la tesis de Babbitt carece de esencial novedad, pues en el fondo sólo vendría a demostrar que la Crónica de once o veinte reyes y la Primera crónica (tal como ha llegado a nosotros), remontan independientemente al "borrador compilatorio" de la Estoria de España al­fonsí, conclusión avanzada desde tiempo atrás por Menéndez Pidal.

      Una reserva crítica, respecto a la hipótesis central del libro de Babbitt, enteramente análoga a la que acabamos de expresar, fue ya avanzada en 1948-1951 por Evelyn S. Procter, en las sucintas páginas que dedicó a la Estoria de España en su pequeño libro Alfonso X of Castile. Patron of Literature and Learnig (Oxford, 1951):

"La tesis de Theodore Babbitt, según la cual la primera parte de la Crónica de veinte reyes, desde Fruela II a Vermudo III, pertenece al siglo XIII y no al siglo XIV y representa la original Crónica de once reyes, título dado a toda la crónica en seis de sus nueve manuscritos, tiene mucha transcendencia. Si Babbitt tiene razón al sostener que esta Crónica de once reyes, junto con su primera continuación hasta la muerte de Alfonso VI, es más antigua que la re­dacción regia (1289) de la segunda mitad de la Primera crónica general, re­presentada por la edición de Menéndez Pidal, creo que habría que considerarla como una versión de la crónica alfonsí sacada del perdido bo­rrador, y posiblemente más cercana a él que la redacción regia o la redacción vulgar, más bien que reputarla obra distinta basada en las mismas fuentes"50.

      Treinta años después de la publicación de los trabajos de Babbitt, J. Gómez Pérez defendió nuevamente en 1965 (en un artículo publicado en la revista Hispania, Madrid) la tesis de la prioridad de la Crónica de veinte reyes, pero sin contribuir a esa tesis con argumentos propios y sin prestar debidamente atención a los datos que impidieron a Babbitt llegar a una conclusión tan definitiva51.

Diego Catalán, De la silva textual al taller historiográfico alfonsí (1997)

NOTAS

21   H. R. Lang, "Contributions to the restoration of the Poema del Cid", RHi, LXVI (1926), 35-43.

22  Aunque Lang supone que la crónica primitiva acababa en Sancho II y utiliza este límite como argu­mento de la prioridad de la *Crónica de once reyes respecto a la Primera crónica general, no tiene in­conveniente en seguir considerando la parte de la Crónica de veinte reyes en que se utiliza el Mio Cid anterior a la Primera crónica, a pesar de caer ya fuera de ese límite, en el reinado de Alfonso VI (cfr. Cin­tra, Crón. 1344, pp. CXCVII-CXCVIII).

23  "Once Reyes" (1934) y "Twelfth-Century Epic Forms" (1935).

24   Babbitt interpreta de diversas maneras el título transmitido por seis de los nueve manuscritos que entonces se conocían de la Crónica de veinte reyes. En 1934 ("Once reyes", p. 214) identifica los once re­yes de León con los sucesores de Fruela II hasta Alfonso VI (excluyendo a Ordoño IV y a Sancho II, por considerarlos usurpadores); en 1935 ("Twelfth-Century Epic Forms", p. 135) ya no se muestra tan con­vencido, y en 1936 (CVR Latin Sources, pp. 10-14) prefiere acabar la lista de los once en Vermudo III (in­cluyendo a Ordoño IV y a Sancho II y, además, a Sancho el Mayor de Navarra, que llegó a dominar en León). "If the Devil can quote Scripture to his purpose, so also is it easy to count up this list of kings and arrive at the result desired" ("Así como el Diablo puede citar la Sagrada Escritura para adelantar sus pro­pósitos, así resulta de fácil hacer los cómputos de esta lista de reyes para llegar al resultado que se desee"), confiesa desazonado el propio Babbitt (CVR Latin Sources, p. 13).

25   CVR Latin Sources, p. 161.

26   "The PCG reproduces the Latin text less closely than does the CVR", "the CVR appears to be much closer to the original, and to preserve a more nearly literal translation than that of the PCG", "the PCG is more like an expansión of the CVR, for one notes in the PCG many attempts to clarify passages clumsily ex-pressed in the CVR, in addition to the many interpolations in the former", CVR Latin Sources (1936), p. 17.

27 Se refiere a la versión amplificada de la Leyenda del conde Garci Fernández o de La condesa traidora.

28  "It is not only closer to the Latin origináis than is the PCG, but it does not contain many passages found in the PCG which are based on popular sources (e. g. the tale of doña Argentina;) and the epic ma­terial which it does contain is older in form that the versions of the PCG, as in the case of the story of the Siete Infantes", CVR Latin Sources (1936), p. 161.

29   "The presence in the CVR of popular material not found in the PCG does not in this case indícate that the former contains a later development of the legend, since the carelessness of the royal chroniclers reveáis the acquaintance with the episode contained in the CVR", Babbitt, "Once Reyes", p. 207. Cfr. D. Catalán, "El taller alfonsí" (1963); reed. en La Estoria de España (1992), pp. 45-60 (c. II, § 4).

30  "Sung or told at the time the chronicle was written", Babbitt, "Twelfth-Century Epic Forms", p. 136.

31   "At some time toward the cióse of the 13th Century, under the influence, if not under the direction of Alfonso X, there was composed in Castilian a Crónica de Once Reyes comprising the reigns from Fruela II through Bermudo III. Shortly thereafter, for it must have been before the appearance of the PCG, there was added to our chronicle another section, covering the reigns of Fernando I, Sancho II, and Alfonso VI, and containing probably the earliest long account in the Romance tongues of the life and deeds of the Cid", CVR Latin Sources, p. 161.

32   "I do not think that the immediate original of the PCG was the CV7?", CVR Latin Sources, p. 17.

33  "I do not mean to suggest that either set of compilers worked directly from the original Latin", CVR Latin Sources, p. 17.

34   "The compilers of the PCG and the CVR apparently utilized in the main the same compilation of Rodrigo and Lucas up to the account of the accession of Fernando I, el Magno", CVR Latin Sources, p. 8. Para más detalles sobre este punto, véase D. Catalán, De Alfonso X, p. 115, n. 59.

35    "A combined translation of Rodrigo and Lucas". Cito el contexto de esta afirmación (CVR Latin Sources, pp. 19-20) en De Alfonso X, p. 115, n. 59.

36   "It is evident that the two chronicles were not drawn from one and the same compilation of the La­tin works in this portion of the text, or that, if they were, their compilers allowed themselves a high degree of independence in the manner of utilizing the source", CVR Latin Sources, p. 22.

37   "The two chronicles, although they both contain everything found in the two Latin historians, and neither adds anything new, present the facts in an order so different as to make one suspect that they were not using the same compilation", CVR Latin Sources, p. 32.

38   "I have the distinct impression that either the compilers of the two chronicles were working directly from the Latin text, or, which seems more probable, that there were in existence two translations of the Historia Arabum, with similar chapter-division", CVR Latin Sources, p. 36. Para más detalles acerca del problema, cfr. Catalán, De Alfonso X, p. 116, n. 61.

39  "The two groups of chroniclers were using different but very similar translations of the Historia Ara­bum", CVR Latin Sources, p. 38.

40   "This is an extremely unsatisfactory conclusión to come to, but unfortunately, I can see no other", CVR Latin Sources, p. 36.

41    "Again it would seem that the two are based on different versions of the same compilation"; "This sort of divergence in detail, along with the agreement in fundamentáis of the story, seems to indícate rather clearly the hypothesis that the two sets of chroniclers were working from the same base, although from different versions", CVR Latin Sources, pp. 47 y 48.

42   "After relating the death of Almanzor, the two chronicles go on whith that of Bermudo II, the accession of Alfonso V, his marriage, the civil wars in Córdova between the sons of Almanzor and Mahomet Almohadi, the giving in marriage by Alfonso of his sister, Teresa, to Abdalla, King of Toledo, and it is obvious here that both are utilizing the same compilaton of Rodrigo and Lucas, drawing the passages of the Moors from the Historia Arabum of the former. Omissions from and additions to the Latin texts are common to both chronicles, and both make the transitions back and forth from the affairs of Castile to those of Córdova at identical points", CVR Latin Sources, p. 34.

43   "The two chapters of the CVR which contain the material of chapter 703 of the PCG offer a splendid example of the way in which the two texts sometimes use the same compilation, for in the description of the disorders attendant on the accession of Ordoño III, both cronicles follow, now Rodrigo, now Lucas, and both add identical passages from unknown sources", CVR Latin Sources, p. 24.

44   "The two chronicles appear to be using the same compilation, since both mention several details not included in the original Latin of either Rodrigo or Lucas" (a propósito de la invasión de Galicia por los normandos), CVR Latin Sources, p. 29.

45   "Both chronicles contain identical additons to the Latin text, such as the mention of Count García of Navarre, the request of King Pedro that the monks of Monte Aragón offer prayers for his father, and at more length, various details about Ramiro the Monk which do not appear in Rodrigo. The PCG... seems based on the same source as the CVR", CVR Latin Sources, p. 47.

46   "The two chronicles lean rather toward the versión of Lucas than that of Rodrigo, although it is probable that they were both using a compilation. That this is the case is very evident when we come to the account of the death of Sancho I, for both chronicles, although they follow the Latin texts fairly closely, state that the king was buried in San Salvador de Oviedo, whereas both Rodrigo and Lucas say that he was interred in León", CVR Latin Sources, p. 29.

47  "None of this material comes from the Latin texts, but the two chronicles evidently proceed from a common source here", CVR Latin Sources, p. 25.

48   "All this is found in both Tudense and Toledano, and our chronicles use them both in an idéntical manner... even to dropping the narrative of the two prelates at the same point... to take up the account of the battle of Hacinas" (basado en el Poema), CVR Latin Sources, p. 25.

49  "It is curious how the chapter seems to be the basic unit, capable of being shifted about integrally, or with the change of a date or two. It is not an invariable rule, but it occurs so many times as to make it certain that the división into chapters of the chronicles from the long libri of Rodrigo and Lucas was done at a stage prior to the composition of either the CVR or the PCG, that is, in the lost compilation already referred to", CVR Latin Sources, p. 25.

50   "The thesis of Theodore Babbitt that the first part of the Crónica de veinte reyes, from Fruela 11 to Bermudo III, belong to the thirteenth not the fourteenth century, and represents the original Crónica de on­ce reyes, the tittle given to the whole chronicle in six out of nine manuscripts, has much to commend it. If he is correct in contending that this Crónica de once reyes, together with its first continuation to the death of Alfonso VI, is older than the redacción regia (1289) of the second half the Primera crónica general represented by the edition, then I think it must be considered as a versión of the Alfonsine chronicle taken from the lost borrador, and possibly nearer to it then either the redacción regia or the redacción vulgar, rather than as a distinct work based on the same sources", Procter, Alfonso X of Castile (1961), p. 110.

51  Gómez Pérez, "La EE de Fruela II a Fernando III" (1965), se limita a acusar a los críticos de Lang y de Babbitt, de cuya labor luego hablaremos (Menéndez Pidal, Cintra, Catalán), de "ligereza" y de des­conocimiento de "los principios y reglas principales que son de aplicación al análisis textual". Para Gó­mez Pérez el conocimiento que él tiene de esos "principios y reglas de la crítica textual" le exime de buscar argumentos con que desautorizar las "opiniones" de sus predecesores, pues le basta presentar "con brevedad" lo que considera ser "los hechos", unos hechos dotados de tal "fuerza" que no hay sino enumerarlos para "llegar a conclusiones claras". La conclusión de su artículo es, en efecto, clara, debido a su radical simplicidad: "la CVR bien merece (...) ser considerada hasta dicho punto [hasta comenzar el reinado de Fernando III], en sus líneas generales, como el texto más representativo de la Estoria de España alfonsí". Al dar tan fácilmente por resuelto el problema sólo cree preciso paliar la identificación de la Crónica de veinte reyes con la "Estoria de España" redactada bajo la dirección de Alfonso el Sabio con la advertencia de que "teniendo en cuenta que sus manuscritos no son anteriores al siglo XIV, no podemos asegurar que su texto se haya mantenido invariable".

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DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO.

1.- DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO

I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

*    2.- 1. LA SELVA TEXTUAL Y LA ERUDICIÓN PRE-PIDALINA

*    3. 2. DESLINDE Y CLASIFICACIÓN POR MENÉNDEZ PIDAL, A FINES DEL SIGLO XIX, DE LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA

*     4.- 3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA

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4.- 3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA

 

3. REFORMAS EN LA CONSTRUCCIÓN PIDALINA. I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

      El establecimiento de la genealogía de las crónicas fue realizada por R. Menéndez Pidal como tarea previa a la elaboración de sus dos primeras obras: La leyenda de los Infantes de Lara (Madrid, 1896) y Poema del Cid, nueva edición (Madrid, 1898), esta última precedida por el estudio lingüístico del Mio Cid (premiado en 1895 por la Aca­demia Española) y complementada por el estudio "El Poema del Cid y las Crónicas Ge­nerales de España" (1898)18 conjunto que vino a quedar integrado en la obra Cantar de mio Cid. Texto, gramática y vocabulario, 3 vols., (Madrid, 1908-1911). El carácter ancilar, respecto a la historia de la épica castellana, de los minuciosos análisis realizados por Menéndez Pidal de los manuscritos cronísticos es patente incluso en una obra tan técnica como el Catálogo de la Real Biblioteca I, Manuscritos. Crónicas Generales de España (Madrid, 1898), donde tienen un relieve especial las observaciones sobre las secciones de la historia de mayor interés para la epopeya. Ello no nos puede extrañar, dado que, por esas fechas, Menéndez Pidal, apoyándose en el tronco y ramas de su ár­bol genealógico de las crónicas, había logrado dar a conocer la riqueza temática de la muy desconocida epopeya castellana e incluso recuperar para la literatura algunos de sus mejores motivos y escenas. Un esbozo muy completo del desarrollo a lo largo de los tiempos de los temas heroicos castellanos fue por entonces expuesto por Menéndez Pidal en sus "Lectures" de 1909 en la Johns Hopkins University (Baltimore) y, vertido a lengua francesa, publicado en un libro, L ’epopée castillane à travers la littérature espagnole (Paris, 1910), destinado a un amplio público.

      Aunque, en los decenios siguientes, la historia restaurada de la epopeya española pu­do irse enriqueciendo con nuevos hallazgos y precisiones, Menéndez Pidal no sintió la necesidad de alterar substancialmente su inicial reconstrucción de la genealogía de las crónicas. No obstante, en el curso de ulteriores investigaciones sobre las fuentes poéti­cas y prosísticas de la compilación alfonsí y de sus refundiciones, Menéndez Pidal tu­vo ocasión de completar y retocar en puntos varios la construcción que había levantado a fines del siglo XIX.

      Ya en 191619 había hecho la importante observación de que la "Versión vulgar", con­servada por ciertos manuscritos menos autorizados que los dos volúmenes del códice E, mantenía un texto de la Estoria de España más próximo al arquetipo de la obra que el de la "Versión regia" por él editada en 1906, pues la mayor concisión verbal que en ellos se observa no es el resultado de un proceso abreviatorio realizado a partir de la redac­ción "oficial" recogida en el códice E1 + E2, sino que depende de su mayor fidelidad a la frase de las fuentes. Además, la confrontación con otras "crónicas generales" de es­tos textos "vulgar" y "regio" le hizo llegar a la conclusión de que la base común a todas las formas adquiridas por la compilación alfonsí a lo largo del tiempo no era un proto­tipo reconstruible, sino un "borrador compilatorio" de texto fluido e indeciso, debido a la existencia en él de notas marginales, de tachaduras y de correcciones vacilantes.

      Más tarde, se convencería (según se ve en una publicación de 194820) de que, si bien en el texto del segundo volumen de la Estoria (el referente a los reyes hispanos posteriores a la invasión musulmana) se alude al reinado de Sancho IV y al año 1289, la ela­boración de esa parte de la historia nacional fue también obra alfonsí, y que al reinado de Sancho IV sólo hay que atribuir la escritura del volumen E2 y los retoques y actua­lizaciones que con esa ocasión se introdujeran en la compilación.

 Diego Catalán, De la silva textual al taller historiográfico alfonsí (1997)

NOTAS

18  RHi,V (1898), 435-469.

19  R. Menéndez Pidal, Crón. General-Discurso (1916), pp. 24-29.

20   R. Menéndez Pidal, "Alfonso X y las leyendas" (1948), 15-17. Aunque convencido del carácter al­fonsí de la compilación desde el principio al fin de ella, pensó que la historia de los reyes de Castilla y de León no pasó, en vida de Alfonso X, del estado de "borrador".

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1.- DE LA SILVA TEXTUAL AL TALLER HISTORIOGRÁFICO ALFONSÍ. CÓDICES, CRÓNICAS, VERSIONES Y CUADERNOS DE TRABAJO

I. INTRODUCCIÓN. LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA HEREDERAS DE LA ESTORIA ALFONSÍ

*    2.- 1. LA SELVA TEXTUAL Y LA ERUDICIÓN PRE-PIDALINA

*    3. 2. DESLINDE Y CLASIFICACIÓN POR MENÉNDEZ PIDAL, A FINES DEL SIGLO XIX, DE LAS CRÓNICAS GENERALES DE ESPAÑA

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