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Obras de Diego Catalán

I.- HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA DE RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA. II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

      Mayor extensión que las navegaciones de los hispanos alcanzaban las de los pueblos más adelantados del otro extremo del Mediterráneo. Al año 1100 a.C. se pretende remontar la fundación de la factoría de Cádiz por los feni­cios. Seguramente éstos comerciaron desde muy antiguo con los tartesios de la Bética, pues la ciudad de Tarteso, en las bocas del Betis, era famosa en el Oriente desde muy anti­guo. La Biblia la llama Tarsis y nos dice que Salomón (972-932 a.C.) y su suegro Hiram, rey de Tiro, enviaban sus flotas juntas, cada tres años, a Tarsis y que de allá traían no sólo la plata, abundante en la Bética, sino, como de gran centro comercial, artículos africanos, marfil, monos, pavos. Ezequiel, en el siglo VI a.C.,  nombra también como famo­sos los «negociantes de Tarsis»; Jeremías, en el siglo V a.C., menciona «la plata de Tarsis». El reino tartésico sufrió la sujeción de Tiro en el siglo VIII a.C., así como la de Asiría en el VII a.C.14; y tan extraña relación política entre los pueblos mediterráneos más extremadamente alejados, lo mismo que las navegaciones comerciales de unos y de otros, nos ayudan a explicar la comunidad de elementos lingüís­ticos que venimos observando en toda la cuenca del Mar Interno.

      Los fenicios, cuando ejercieron la talasocracia en el Medi­terráneo, entre los siglos IX y VIII a.C., establecieron varias factorías en las costas tartesias, empezando por la menciona­da Cádiz, Gadir, Γάδειρα, que en lengua púnica signifi­ca ’seto vallado’, según Plinio15, y otras de nombre indesci­frable: Malăca > Málaga, Abdĕra > Adra, en Almería (quizá nombre no fenicio, pues existen otras Abdĕra no sólo en el África Zegitana sino en Tracia). También se cree nombre púnico Asidon > Medina Sidonia, relacionado con el Sidon de Fenicia16. En la costa andaluza, por donde se ex­tendían estas ciudades, había toda una población de libi-fe­nicios, Λιβυοίνκηζ, según el Periplo de Avieno que remon­ta al siglo VI a.C. A los fenicios se debe también la fundación de Ebusa > Ibiza en 654 a.C.17.

      En este comercio con Tarteso surge, como competidor de los fenicios, otro pueblo de la parte oriental, los griegos. Los focenses, durante la época de su talasocracia (579-535 a.C), fundan las primeras colonias griegas de España: Maina-ke en la desembocadura del Vélez (Málaga), y Hemeroskopeion ’atalaya del día’ que acaso estuviera en Alicante. Pero a la decadencia fenicia sucede inmedia­tamente el florecimiento de la colonia púnica Cartago (fun­dada en 814), y los cartagineses, aliados a los etruscos, vencen a los focenses en las costas de Córcega, en la bata­lla de Alalia (535 a.C), y prohiben a los griegos navegar las costas de la Península al Sur del Cabo de Palos. Poco después debieron los cartagineses de destruir Mainake y Tarteso, de las que no se vuelve a hablar, quedando hacia el año 500 a.C. toda la costa tartésica bajo la influencia de Cartago18.

      Los griegos, después de la derrota de Alalia, tuvieron como esfera de influencia sólo la costa de Levante, donde hacia 550 a.C. habían ya fundado, al Norte, la colonia de  Έμπόριον  ’el mercado’ > Ampurias Gerona, y después, al Sur, ΄Διάνιον, Dianion > Denia Alicante 19.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

14  Bosch, Etnología, p. 261.

15  «Gadir ita Punica lingua saepem significante» (IV, 22).

16 A. Dietrich, «Phönizische  Ortsnamen in Spanien», Abhandlungen für die Kunde des Morgenlandes, XXI,  1936.

17  Bosch, Etnología, p. 261. Según Dietrich, ebusus ’monte de pinos’.

18  Probable destrucción de Mainake y Tarteso según Schulten h. 500 (Bosch, Etnología, pp. 265 y 306).

19  Para topónimos griegos en España, v. Hübner, MLI, 1893, pp. XCII y 248.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

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Imagen: letra V, variaciones sobre el alfabeto Holbein.

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA. II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

    La expansión, a partir del Eneolítico, de las culturas de la Península sucesoras de la almeriense no se limitó al marco geográfico peninsular, pues, como hemos dicho, se apoyó desde antiguo en la navegación siguiendo dos de­rroteros opuestos: el Atlántico, hacia las Islas Británicas y el Mediterráneo hacia Italia. Parece haber sido España entonces iniciadora de la metalurgia en Europa y principal propulsora del comercio del estaño, el cobre, el oro y la plata1. Y estas dos rutas marítimas de expansión emigratoria y de relación comercial y cultural han dejado también rastros toponímicos en curiosas homonimias.

      La arqueología descubre una colonización, ya desde el período eneolítico, de gentes del Noroeste de España en Irlanda2, y Tácito (Agrícola, XI) notaba en Britania la tribu de los silures (al Suroeste de Gales), que parecían íberos por su color atezado y su pelo rizoso, siendo de notar que un homónimo Mons Silurus es señalado por Avieno en la Bética3. Acaso una emigración ibérico/tartésica pudo lle­var a Cornualles el nombre del río Tamăra, hoy Tamer, y de la ciudad Tamăra, hoy Tamerton,  igual al del río Tamărus, hoy Tambre, y del castillo de Trastámara en La Coruña, así como el pueblo de Támara de Palencia; nom­bre de las lenguas mediterráneas, que hemos comentado más arriba (cap. I, § 2 y sobre el que volveremos a hablar). Más particular ibericidad parece revelar el nombre de Lon­dres, Londonium, sin duda precéltico4, que tiene su ho­mónimo en Londoño, aldea de Orduña, en Vizcaya, nom­bre también de una noble familia española emigrada en el siglo XVI a Milán, los Londonio.  La primera parte de Londonium es también comparable a Londobris, isla de la costa occidental portuguesa, hoy Berlengas.

      El segundo derrotero, el de los íberos de Levante, está también señalado por la arqueología, que para el mismo período eneolítico halla objetos de tipo almeriense, como el vaso campaniforme, propagados a Cerdeña, Sicilia e Ita­lia5. Los textos históricos apuntan esa relación: Pausanias y Solino refieren que Nórace, Norax, príncipe tartesio, al frente de una colonia de íberos, fundó la primera ciudad de Cerdeña llamada Nora6; y este Nora es topónimo, orónímico o hidrónimo en Lérida, León, Asturias y Portugal; hay Nora también en los Abruzos, y existió otro Νώρα en Capadocia y Nura en Libia; parece ser voz mediterránea que debió de significar ’cavidad en la roca, caverna’, como el sardo nurra7, y que ha dado muchos derivados como Nōricum, región montuosa entre los Alpes y el Danubio8, Noranco en Italia, Noronha en Portugal, Noreña, Noriega en Asturias. Este último, que denuncia un primitivo *noraeca, lo encuentro como sorprendente relicto ibéri­co a comienzos del siglo XII en el latín de la Historia Silense, en la oscura frase nuraica mors, que interpreto ’la muer­te cavernosa o tenebrosa’. Otras homonimias sardo-ibéricas son Iluro Íllora en España, Illorai en Cerdeña; Baleares en el mar de España, Balari una tribu sarda, etc.9

      Hubo también colonización ibérica en Córcega. Séneca, que estuvo desterrado en esa isla ocho años y conocía las lenguas de España, habla de una emigración de los hispa­nos allá, después de la de los lígures, y observa semejanzas de los corsos con los cántabros en el vocabulario lo mismo que en el tocado y el calzado10. Quizá escoge los cántabros como término de comparación por conservarse entonces entre ellos intacta la ibericidad, recién sometidos como es­taban al Imperio romano.

      De la colonización ibérica en el occidente de Sicilia hay también varios restos toponímicos. Tucídides, Helánico y Filisto aseguran que los sicanos del Occidente de Sicilia no eran autóctonos, como ellos se decían, sino que eran íbe­ros ribereños del río Sicano (hoy Júcar), emigrados allá11. Otros autores antiguos contradicen a los tres citados, a nombre de una teoría nacionalista siciliana, pero lo cierto es que algún topónimo sicano se puede considerar de tipo líbico-ibérico, como el de la ciudad Indăra12. Además, fuera de la homonimia Sīcānus, hay otras como Entella, ciudad sicana, y Antella Valencia sobre el mismo río Júcar, antes Sicano (verdad es que en Liguria hubo tam­bién un río Entella)13.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

1 Bosch, Etnología, pp. 207 y 245.  

2  Bosch, Etnología, pp.  178, 214-218.

3  Véase H. Hubert, Les Celtes,  1932, p. 245.

4  Pokorny, en el Reallexikon de Ebert, II, 1925, p. 142b. Para la supuesta derivación de un hipotético antroponímico *Londinos, ideada por D’Arbois, v. la Real Encyclopädie (Pauly-Wisowa), 1927, col. 1396.

5  Bosch, Etnología, pp. 208, 209, etc.

6  Repetido bajo la forma Nura, hoy Nurra, en otra ciudad al Oeste de la isla.

7  Voz de la que deriva el nombre de los nuraghi, construcciones megalíticas circulares destinadas a habitación y a fortaleza, cuyos restos abundan extraordinariamente por toda Cerdeña. F. Ribezzo, en la Rio. Indo-Gr.-Ital, IV, 3er fascíc, 1920, p. 68, y 1921, p. 226. B. Terracini, «Osservazioni sugli strati più antichi della toponomástica sarda», en Atti del Convegno Archeol. Sardo, 1926. A. García Bellido, «Los íberos en Cerdeña», Emerita, III, 1935, p. 233, supone la emigración ibérica en Cerdeña durante la Edad del Bronce, en el segundo milenio a.C. Otros, menos acertadamente, ponen la expedición de Norax en el tiempo de la decadencia de Tiro hacia el 700 a.C. (Bosch, Etnología, pp. 277, 285).

8  Donde hubo una ciudad Nōrēia.

9  García Bellido, en Emerita, III,  1935, p. 231.

10  Consolat. ad Helviam, VII, 9.

11  Añádase que Servio, Aeneida, VIII, 328, indica también el ori­gen hispano de los sicanos del río Sicore, los cuales mandados por Sículo pasan a Italia y de allí a Sicania  o Sicilia.

12  V. Bertoldi en Bull. Soc. Ling. Paris, 1931, p. 124. G. Devo­to en Encicl. Ital., XXXI, p. 651b. No obstante, no creo posible interpretar Indăra a partir del vasco indar ’fuerza’, comparán­dolo con nombres latinos de ciudad como Potentia, Valentia, ya que la voz vasca es realmente indarr y por tanto no lleva el sufijo -ar.

13  G. Devoto, Storia della lingua di Roma,  1940, pp. 44-45.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

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3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS. I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

      Desde antes que sobreviniese en el planeta el estado geo­lógico actual, el clima, fauna y flora actuales, desde la edad paleolítica, coexistían en la Península dos grandes grupos ét­nicos diversos. Uno, procedente de Europa, se extendía des­de el Suroeste de Francia (desde el Ariège y la Dordogne) por el Pirineo occidental y por la costa cántabro-asturiana; es el que dio lugar a la cultura llamada franco-cantábrica (la que, más de cien siglos hace, dio arcana inspiración a las pinturas de la cueva de Altamira); es el precursor de los vascones y de los astures 22. Otro, partícipe de la civilización capsiense (así llamada por los hallazgos arqueológicos de Capsa, al Sur de Túnez), procedía del África, era afín a to­das las demás gentes de raza camítica que poblaban las tie­rras en torno al Mediterráneo; ocupaba la mayor parte de España. Entre estos pueblos sin nombre en la historia, las tribus más adelantadas tenían su centro en la región de Al­mería y se propagaban al Norte por las playas de Levante y del Sur; eran pueblo emprendedor, el que primero se arro­jó a la navegación del Atlántico, ya en el tercer milenio an­tes de Cristo, en busca de los metales de las Islas Británicas y que luego, de otra parte, colonizó en Sicilia y Cerdeña, siendo antecesor de los que, en tiempos históricos, fueron llamados íberos y tartesios o turdetanos.

      En la edad eneolítica, o edad del cobre (3.000 a.C.?), ya este pueblo de la cultura almeriense se extendía por Valen­cia y Cataluña23, y de él recibían los pueblos pirenaicos señaladas influencias (puntas de saeta, cobre, vaso campa­niforme)24. Al comenzar la edad del bronce (2.500 a.C?) el pueblo almeriense o proto-íbero proseguía su expansión, Jalón arriba hacia la meseta del Tajo, y Ebro arriba por entre los pueblos pirenaicos25, mientras en el Sur pasaba a Andalucía y a Portugal hasta el Tajo inferior26, formándo­se allí el pueblo tartesio, que fue el primero de la Penínsu­la conocido en el Oriente.

      Así, en las tierras mediterráneas de la parte europea, al llegar los tiempos históricos, se destacaba ya en Occidente un tercer foco cultural, que, sin llegar al desarrollo de la cultura de los grandes palacios y del arte cretense vetustísi­mo en el Egeo, ni al desarrollo político y edílico de los tirrenos o etruscos, abría nuevos caminos a la comunicación co­mercial hacia el Norte europeo, gracias a que los pueblos del Sur de la Península Ibérica por él alumbrados se habían arrojado tempranamente a la navegación del Atlántico.

 Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

22  Sigo las más completas exposiciones del problema etnológico hechas por Obermeier y Bosch-Gimpera. Véase a éste en su Et­nología de la Península Ibérica, 1932, pp. 15, 63, 119, etc. Para Schulten, el Norte de la Península está habitado por lígures, en Pauly-Wissowa, Real Encyclopädie. Para Gómez-Moreno, los astures con los cántabros, vetones, etc., son lígures, pero los vascones son íberos: «El plomo de Alcoy», RFE, IX, 1922, p. 344; «Sobre los íberos y su lengua», Homenaje Menéndez Pidal, III, 1925, p. 494; La Novela de España,  1928, p. 399.

23  Bosch, Etnología, pp.  154-155.

24  Bosch, Etnología, p.  128.  

25  Bosch, Etnología, p.  174.

26  Bosch, Etnología, pp.  175-176.

 

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

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2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA. I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE

      La multitud de pueblos que habitaban alrededor del Mediterráneo tuvo una primigenia unidad de lengua, como los indoeuropeos tuvieron la suya; unidad debida al origen racial común, y que, a pesar de la ulterior diversificación histórica de los múltiples pueblos, dejó rastros abundantes en los nombres de lugar iguales que hallamos esparcidos por todas las tierras del mar interno, desde el Asia Menor hasta España.

      La base car ‘peña, roca’ entra en el nombre de una región montañosa del Asia Menor, la Cārĭa, famosa por sus canteras y su industria del mármol, productoras del célebre Mausoleo; forma topónimos también en Italia, Fran­cia y muchos en España: Caria > Queira en Galicia, Quero, Quer, Querol en varias provincias, como Chero en Lombar­día, Queirols en Ardèche; Cariōca da Queiroga, Quiroga, nombre que en gallego-portugués es apelativo, queiroga, queiroa ‘urce, planta de los peñascales’; además, el nombre tan conocido Queiroz en Portugal, Quirós en Asturias 2.

      Otro tema mediterráneo canda, ganda es muy fecun­do también. Da un apelativo en retorrománico ganda ‘pe­drera gorronal’, y en gallego-portugués gándara o gandra ‘tierra arenosa, inculta’, asturiano granda ‘terreno pedrego­so e inculto’, y de él salen los nombres de pueblos en Asia Menor, en Italia, en otras regiones de Europa: Κάνδαρα, al Norte de Asia Menor, en Paflagonia; Gandări, que Mela aplica a un pueblo del Cáucaso; Κανδασα, Caria; Κανδανον, Iliria; Candara (doc. latino del año 790) > Kander, río en Baden; Cándaro, caserío en la Basilicata; Gandalou, Gandoulis en Tarne et Garonne; Gandaille en Lot-et-Garonne. Y en la Península Ibérica: Gándara (-ariña, -arinha, -arela, -arilla) en Galicia y Portugal, León, Santan­der, Gandra en Galicia y Portugal, Granda (-dela, -darrasa) en Asturias, Galicia, Gandaran (-darias) en Vizcaya, Gandesa en Tarragona, Gandía en Valencia, Gandul en Sevilla, Gandullas en Madrid, Candanosa en Asturias, Candamia en León, Candamo en Asturias, donde se halló el exvoto de época romana lovi Candamio, revelador de un culto, estric­tamente local, a Júpiter en una advocación protectora de las montañas de aquella comarca llenas de imponentes peñascales 3.

      Aún otro ejemplo semánticamente análogo. Se compren­de que los accidentes pétreos del terreno figuren mucho en la toponimia primitiva. Probablemente dos voces mediterrá­neas *ast ‘peña’ (vasco aitz) y *ura ‘agua’ (vasco uri) dan el nombre Astŭra, afluente del Duero llamado después Éstura, Éstola, hoy Esla. Astŭra es nombre de otro río en el Lacio, y de sendas ciudades en el Nórico sobre el Da­nubio (hoy Klostenburg) y en el Asia Menor en Misia ("Αστυρα)4. De él derivan los nombres de Asturias y de Astŭrĭca > Astorga capital de los astures. En cuanto al componente ur, uri (vasco ’agua’, ’río’), hallamos, en te­rritorios de la Península distantes entre sí: Ura, afluente Sur del Arlanza (llamado así en documento de Silos 919, hoy ’Mataovejas’), y el pueblo Ura sobre ese río, vecino de Puentedura (Burgos), y Urium río en la Bética (hoy ’Ríotinto’). También fuera de España: Uri, río en Cerdeña; Úria, to­rrente en Calabria; Ŭrĭa, ciudad en el Sur de Italia, en la Iapigia. En Plinio: urium ’lodo’.

      Un último ejemplo puede ser la voz alba ’ladera, pendien­te’, que sirve de nombre a muchas ciudades de España, Alba de Tormes, de Aliste, etc., así como a la famosa Alba Longa y otras de Italia, de Creta 5 y otros países. El de­rivado Álvaro, comparable al vasco albarico ‘cuesta muy pen­diente’, es topónimo muy usado en España, en Cerdeña, en el Véneto, y es además nombre personal muy usado en España. El «Campo Hazálvaro» (Fazalvaro en el Libro de Buen Amor) se extiende en un alto paso hacia Ávila viniendo desde el valle del río Moros 6.

      Entre los rasgos pan-mediterráneos de la toponimia, ocu­pan especial lugar varios sufijos extendidos por los más diversos países del mar interno, desde la Península Anatólica hasta la Ibérica.

      Uno de ellos es el sufijo colectivo o abundancial -ăr- 7. En España lo hallamos por toda ella: Naccăra, nombre que da Avieno a la Albufera de Valencia; Egăra, en los Iler-getes; Capara, Itinerario de Antonino, Cappara, Anóni­mo Ravennate, Κάπαρα, ciudad de los Vettones en Ptolomeo (hoy Ventas de Cáparra Cáceres); Hactara, Itinerario de Antonino; Káscaras en 956 en León 8 (lugar hoy descono­cido); Tabara en manuscritos latinos del siglo X, Távara en Zamora9; Záncara en Ciudad Real10; Lángara 1025 en Álava11 (quizá el moderno Langarica) y Langarabide ‘camino de Lángara’ (término de Arbulo, Álava), Láncara, León, Lugo (cfr. vasco langa, lanka ‘traviesa, portillo, escaño’); Bracăra (de que hablaremos); la ya citada Gándara; Naiăra > Nájera. El sufijo siguió siendo productivo en tiempos romanos y románicos, ya que se aplicó a topónimos latinos como Cám­para Coruña, femenino adjetival de campus, asturiano campa ‘terreno llano sin árboles’, ‘escampado’ (topónimos Campa, La Campa en Lugo, Asturias, Vizcaya 12) y con apó­cope Cuéllar en Segovia, de cŏllis ‘collado’ 13, Cáñar en Granada, de canna, ‘caña, garganta’ en el sentido topo­gráfico14. Esta variante sin vocal final aclara que Biclăro15  debe de ser el moderno Béjar, de igual tipo que Andújar, Mon­déjar, Al-Muñécar en Granada (hay Muñecas top. en Soria, León y muñeca ibérico16), Fuente-Tójar en Córdoba (hay La Toja en Pontevedra); Modúbar en Burgos (llamado en el si­glo X Moduba)17, arabizado Al-modóbar en Córdoba, Cuenca, Ciudad Real, Beja18; Muciar, Garexar, Aransar en 839 19, hoy Mussa, Greixa, Aransa Lérida, etc.20 Este sufijo, en sus dos formas -ara y -ar, se encuentra también en Cerdeña: Ússara (junto a Ussa), Ardar Ardara, Mascar, Nurkar, Sárdara; y en Córcega: Sáparo apelativo sápara ‘gruta’, Cúccaro junto a Cucco. Se repite mucho en Sicilia: "Υκκαρα, lla­mado así, según Ateneo, por abundar en sus costas el pez "υκκης, lo que comprueba el sentido colectivo del sufijo; Megăra, el riachuelo Asinăro, la isla Lipăra (hoy isole Lipari), Μαζαρα y Μαζαρος río y ciudad que se repiten en Macedonia. También se halla el sufijo en África y Numidia: Ούσαρα, Sissăra, Maccăra, Naraggăra, Safar, Sufasar, Mastar, etc.; y en Asia Menor: Πάταρα, Λάβαρα, "Δγκαρα (y no Ancara), y hasta cuarenta más21. Algunos de estos nombres sufijados con -ăr se hallan idénticos en varios países: Íscar en Valladolid, Íscara en Cerdeña, Zújar en Granada, Zújar río en Badajoz, Zucchăra en Numidia, explicables por el camito-semita *suk ‘zoco, mercado’; Gándara en España (de que ya he­mos hablado) y  Κάνδαρα en Asia Menor (en Paflagonia), Tamăra > Tambre y Tras-Támara en Coruña, Támara en Palencia, Portugal, y Támara, Támar en Cerdeña, Emilia y Vé­neto (y aun al Suroeste del territorio beréber reaparece, en Canarias: Támara, Tamaren, Tamaragáldar), Tamarón en Bur­gos, Segovia y Tamarone en Córcega.

      Igual extensión mediterránea podemos ver en otro sufi­jo átono - ŏba, hallándose en España Cordŭba, Onŭba > Huelva, Ossonŏba, Saldŭba nombre ibérico de Zaragoza; modernamente Gátova en Castellón, Enova, Bótova, Yátova Valencia. En África Thunŭba, Subŭba; en Licia Κάνδυβα, etc.; y con igual nombre que la ciudad española hallamos en el Norte de Italia Córdova (Torino, te­rritorio ligur) y Cordovado (Udino, territorio ilirio).

      El sufijo -issa -essa, pregriego en el Oriente (Λάρισσα  Κηφισός  etc. Ίλισός), abunda en España: Nabrissa Nebrisa > Nebrija; Mentissa > Mentesa en bastetanos (Jaén) y oretanos (Ciudad Real), Minorisa > Manresa en Barcelona, Montesa en Valladolid, Gandesa en Tarra­gona, igual al Cantissa > Chantesse de Drôme e Isère.

      Salvemos en estas coincidencias toponímicas, sobre todo cuando se dan entre regiones muy apartadas entre sí, la po­sibilidad de que se trate de simples homofonías casuales en­tre voces que no remonten a una misma etimología; pero en general semejanzas de nombres como las apuntadas pueden tomarse como residuos de un prehistórico e íntimo parentes­co de idiomas entre los antecesores de los pueblos esparci­dos y diversificados luego por toda la cuenca del Mediterrá­neo antes de la llegada de los indoeuropeos. De modo que estos elementos morfológicos y léxicos no indoeuropeos que hallamos en la toponimia de España comunes con los de todo el Mediterráneo representan lo que de la lengua primitiva conservaban los íberos y demás pueblos afines que hallamos en período histórico sobre el suelo de nuestra Península.

      Entre las homonimias que abarcan todo el Mediterráneo ha sido notada desde antiguo, como significativa de unidad racial, la que en los dos extremos de la vasta área medite­rránea ofrecen los íberos de España y otro pueblo de íberos al Sur del Cáucaso. Por otra parte, se sospecha un paren­tesco de la lengua vasca con las lenguas caucásicas más próximo que con las camiticas.

 Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

2  Más derivados de *Cariu > Quer en Guadalajara, Queralt, Querforadat, etc. en Lérida, Barcelona, Caria en Calabria, Sicilia, Chera en Cerdeña, Cheralba en Córcega. Con Quiroga va Careocu en Cerdeña. Del diminutivo *Cariŏlu > Querol en Lérida, Barcelona, Tarragona, Queiroa en Coruña, Cariola en Lombardia, Emilia, Queiroles en Correze.

3  La base ganda es estudiada por V. Bertoldi, «Problèmes de substrat», en el Bull. Soc. Ling. Paris XXXII, 1931, pp. 93-184. Véase sobre este importante estudio mi memoria en las actas del Premier Congrès de Toponymie y en Zeit. f. rom. Phil, LIX, 1939, pp. 189-206; reed. Top. prerrom. 1968, pp. 73 ss. y, mejor, «Sufijos átonos en el Mediterráneo occ.», NRFH, VII, 1953, pp. 40-42.

4  Battisti, en Studi Etruschi VI, 1932, p. 323. Hay que rechazar la analogía del "Αστυρα Στύρα del Lacio con los varios ríos Stura Στουŏρα de Liguria. Humboldt (RIEV, XXV, p. 500 y XXVI, p. 500) rechaza el Astura del Lacio porque la torre y el río de ese nombre se hallan en tierra que carece de peñas en la costa; pero la razón del hidronímico que dio nombre a la torre hay que buscarla, no en su desembocadura, sino en los montes donde nace.

5  En Creta "Αλβα > Arvi situada bajo el monte "Αλβιον, derivado que se repite en Albiones nombre de una tribu astur, ribereña del Navia; en Albion, nombre precéltico de la Britania; y en el monte Albano del Lacio y de Iliria; en el tautológico Montalbán, Montauban, repetido en España y en Francia.

6  El latín tardío tomó alvărus como nombre de un árbol, quizá el ‘álamo blanco’ por etimología popular de albus. Este grupo de voces tienen muchos otros derivados Albareda, Albaredo en España, Alvarinho en Portugal, Alvareto, Alvaredo, Alvarello en Italia.

7  Menéndez Pidal, «Sufijos átonos en el Medit. occ», NRFH, VII, 1953, pp. 34-55.

8  R. Escalona, Hist, del monast. de Sahagún, 1782, p. 400. Com­párese sin sufijo Casco, Cascas Galicia, Portugal, Cascales apellido, vasco kascarr ‘cráneo’.

9  Compárese Tabaretta refugio en los Alpes de Bolzano, Tavarone caserío en Genova.

10  Sin sufijo, Zanca Pontevedra.

11  Cartulario de San Millán, ed. Serrano, 1930, p. 103. Compá­rese Lángaro en Calabria. Sin sufijo, Langa (Ávila, Cuenca, Soria, Zaragoza), Languilla (Segovia), Langaondo (junto a Langa’, en Oyarzun, Guipúzcoa); derivados (Langosto, Langayo, Langata, etc.). Lo mismo en Italia: varios Langa (Liguria, Piamonte, Emilia; véase Berthelot, «Les Ligures», Revue Archéologique, II, 1933, p. 289), y derivados (Langusco, Langasco, etc.).

12  Campa también en Basilicata, Italia.

13  Collar en la crónica latina de Pelayo Ovetense, hacia 1130 (Bibl. Nac, Madrid, ms. 1513). Con sentido abundancial («situa­da entre varias colinas» según el Dicc, geogr. de Madoz).

14  Pues la villa se halla «en medio de un pequeño desfiladero» según el Dicc, geogr. de Madoz (vol. V, p. 485). Frente a él se ha­llaba al Oriente de la Mauritania Tingitana otro Cannăr, pro­montorio descrito en el Itinerario de Antonino.

15  Ciudad hecha famosa por el historiador de tiempos visigóticos Johannis Biclarensis.

16   Véase adelante, cap. III, § 2.

17   Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 332-333 (3ª ed., 1950, p. 326).

18  Seybold cree árabe este nombre, interpretándolo por etimo­logía popular al-mudawar ‘redondo’.

19  Dotación de la Catedral de Urgel (Ver W. Meyer-Lübke, en Butlletí de Dialectología Catalana, XI, 1923, p. 5).

20   Es dudoso el caso de Gáldar en Gran Canaria (hay Galdo en Lugo y en Italia).

21   V.  Bertoldi,  «Plurale mediterraneo in residui fossili», en Melanges Jacq. van Ginneken, Paris,  1937, p.  158.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

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1.- 1. LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

1.- 1. LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

1. LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS. I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

     Los autores griegos y romanos nos dan breves noticias de los pueblos primitivos de España con quienes llegaron a tener trato, íberos, ligures y celtas, pero de la lengua que éstos hablaban sobre nuestro suelo nada nos dicen y, claro está, nada supieron del repartimiento de la Península en­tre pueblos y lenguas anterior a las invasiones de los indo­europeos. Nuestra fuente de información sobre ello se re­duce a la arqueología y, en lo referente a las lenguas, casi únicamente a los nombres de lugar. El interés evocador de la toponimia se simboliza bien en aquella leyenda de la ciudad sumergida en un lago sobre cuyas aguas se siguen oyendo las voces de los habitantes allí desaparecidos. En los nombres de los ríos, montes y lugares escuchamos efecti­vamente ahora la voz lejana de los pueblos que nos prece­dieron sobre nuestro suelo y que bajo él se sepultaron en inmemoriales vicisitudes históricas, porque esos nombres vienen, por densa tradición, de boca en boca, desde los  labios de aquellos antepasados prehistóricos hasta nuestros oídos. La toponimia será recurso casi único para descubrir algo de la relación que el idioma de hoy guarda con el de nuestros antepasados más remotos.

      Estos primitivos habitantes de España formaban parte de un conjunto de pueblos extendidos por las tierras continen­tales e insulares del Mediterráneo cuyos antecesores prece­dieron en varios milenios a los indoeuropeos que invadie­ron las tierras septentrionales de la cuenca mediterránea. Sus lenguas desconocidas son de interés para las dos gran­des lenguas indoeuropeas de cultura que a ellas se superpusieron, el griego y el latín, porque influyeron en la de los arios invasores. Por ejemplo, la civilización mediterrá­nea del olivo y de la vid impuso su nomenclatura agrícola y naturalista a ítalos y helenos: ŏlĕum, vīnum, fīcus, rŏsa, vĭŏla, līlĭum, cupressus, ăsĭnus, no son voces indoeuropeas, sino préstamos de las lenguas mediterráneas al latín y asimismo al griego, con muchas otras, a veces portadoras de un sufijo común, como īlex, -ĭcis (de donde deriva el romance encina), fĭlix, -ĭcis (de don­de helecho), cimex, -ĭcis (de donde chinche), camox, -ōcis (relacionado con gamuza) 1.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

1 Véase B. A. Terracini, en Studi Etruschi, III, 1929, p. 212 ss.

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

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