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Obras de Diego Catalán

10.- 7. LOS CELTAS

10.- 7. LOS CELTAS

7. LOS CELTAS. II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

      Esa primera inmigración indo-europea de los ilirios va se­guida en España de otra segunda, la de los celtas que entran en la Península en dos invasiones hacia los siglos IX y VIl a. de C. Los ilirios colonizaban de preferencia las tierras bajas, los valles, las lamas que hemos dicho, propias para el pastoreo; los celtas se establecían más en las alturas fortificadas, para ocupar militarmente la tierra. Muchas de sus fundaciones llevan nombre compuesto con dūnum o con brĭga, dos sinó­nimos que significan ’monte fortificado’ y que posiblemente responden a dos inmigraciones distintas.

      Las terminaciones en -dūnum son muy usadas en la to­ponimia de toda la Europa céltica, desde las Islas Británi­cas hasta Bohemia y hasta las bocas del Danubio. En Es­paña sólo se ofrece un grupo de ejemplos en la región pirenaica, tanto en Aragón como en Cataluña, y otro me­nor en la Bética.

      Al Sur de los Pirineos: Virodūnum ’fortaleza verda­dera’ (vīro = latín uērus) > Verdún en Huesca, Verdú en Lérida, lo mismo que los varios Verdun de Francia; Bisaldūnum > Besalú en Gerona, como en Francia Bezaudun en Alpes-Maritimes; Uoludūnum > Boldù Lérida; Lucduno año 978 > Leduno 1017, Ledone 993 > Lladó en Ge­rona 78; Salardú en Lérida, del antropónimo Salarus; Navardún en Zaragoza. Añádase el Sebendunum de Ptolomeo en Cataluña 79.

      En la Bética estuvieron Esttledunum junto a Luque, al S.E. de Córdoba y Arialdunum. Cuando los focenses, hacia 600 a.C., fundaron a Marsella, encontraron como rey de Tartesso a Argantonio, al rey longevo que reinó 80 años y que murió antes de 564, el cual les dio plata para construir en Focea los muros que les sirvieron de defensa contra los medos, según refiere Herodoto. La voz arganton 80 es la forma céltica correspondiente al latín argentum, así que el nombre de ese rey, ’el rico en plata’ (comp. en latín Argentinus, Argenteus), alude probablemente a las minas argentíferas de la región tartéssica. Argantonio, pues, sea legendario o no, supone estirpe céltica o influjo céltico en el reino ibérico de Tartesso, a comienzos del siglo VI a.C.

      Fuera de estos dos núcleos se halla aislado Caladūnum hoy Cala en Braga (nombre que en Galia dio Châlons). Creo debe añadirse Villardún Santander, que será Aredūnum ’fortaleza avanzada’ 81 (nombre que existe también en Ga­lia, hoy Ardin en Deux-Sevres).

      A diferencia de los topónimos en -dūnum, los en -brĭga son raros fuera de España, hasta el punto de que han llegado a ser tenidos, sin fundamento, como propios del dialecto de los celtas de Iberia y que su presencia en Galia obedecía al paso por allí de tribus peninsulares 82. En la Pe­nínsula se hallan esparcidos por todo el centro y el Occiden­te, sin llegar a Cataluña ni a la Bética, lo cual implica que la nueva invasión ocurrió a través de los Pirineos occidentales. Herodoto 83, hacia 450, ya conoce estos celtas extendidos «más allá de las Columnas de Hércules, vecinos de los cynesios», y no son otros que los celtici de Caetobrĭga, nombre pronunciado por los árabes Xetúbr, hoy Setúbal, los de Arcobrĭga en la Lusitania meridional, y los de Nertobrĭga cerca de Fregenal de la Sierra, Badajoz.

      Más al Norte se halla Conimbrĭga ’castillo de los Conios’ > Coimbra. En territorio de los vettones, Salamanca, y de los autrigones, Burgos, podemos citar Deobrĭga ’fortaleza de Dios’ (compárese Götteborg); en el confín de la Carpetania Caesarobrĭga (hoy Talavera de la Reina) y próxima a Toledo Alpobrĭga > escritoAlpobrega (1086)84, Alpuébrega 85, del antroponímico Alpo, -onis; en Zaragoza *Mundobrĭga > Munébrega 86, etc. Se conocen unos cua­renta nombres - brĭga en Hispania, mientras en Galia y en Germania se mencionan tan sólo unos seis. El contraste en­tre las regiones -dūnum y   -brĭga crea parejas toponími­cas como los de Segobrĭga(> Segorbe) en Castellón, Espa­ña, y Segodūnum en Saône-et-Loire, Francia, significando los dos ’castillo fuerte’, y Volobrĭga al Sur de Braga, co­rrespondiendo al Volodonum (> Boldú) de Lérida.

      En los siglos Vl-V, los celtas habían logrado una extraordi­naria expansión: desde sus primitivas sedes en la cuenca del Rin, del alto Danubio y Bohemia, se habían extendido por la Galia, habían invadido las Islas Británicas; y comenzaban a penetrar por el Norte de Italia. Su lengua tenía dos varie­dades muy señaladas: después de haber perdido la p indo­europea (quizá por influjo de las lenguas mediterráneas que carecen de p)87 se creó una p nueva; el céltico insular, más arcaico, conservaba la qu indoeuropea; el céltico continental había evolucionado labializando el elemento velar convirtien­do la qu  en p, como hacían el griego, el osco y otros idiomas afines. Se descubren en el continente céltico algunos restos de la q arcaica, pero son dudosos en España 88 adonde en general los celtas trajeron la pronunciación p. El antropónimo celta Pintios, correspondiente al latín Quintius, es el que dio nombre a la villa Pintia, hoy Alto de las Pinzas, unas leguas al Este de Valladolid, nombre antiguo que adop­tó Valladolid en el Renacimiento. Otra Pintia existió en los Cállaicos Lucenses, hoy Pinza en Lugo, a la vez que otras villas tomaban nombre semejante de su poseedor roma­no Quintia > Quinza en Orense 89. Igualmente Pintano en Zaragoza, Pintán en Galicia fueron sin duda fundos de un dueño celta Pentos, como de un dueño latino Quintus tomaron nombre Quintán Galicia, Quintão en Portugal, Quintano en Italia. El diminutivo Pintinos, lat. Quintinus se conserva en Pintín (Lugo), Pentin (Seine). En Galicia y Asturias coexisten hoy Pintueles y Quintueles (Oviedo) 90.

      Los siglos VI y V a.C. son los de apogeo céltico en la Península91. Es cuando se extienden por el centro y Occidente de la Península dejando numerosas huellas toponí­micas. Sólo quedan excluidos el Levante y la Bética, don­de los íberos mantuvieron siempre su supremacía 92. Asiento fundamental de los celtas peninsulares fue la región que después sería llamada Celtiberia, donde hallamos como principal ciudad de los arevacos a Sĕgovĭa, nombre con­servado hoy intacto, igual al del pueblo de los Sĕgovĭĭ en los Alpes Cottios, formado con el adjetivo Sĕgo ’fuer­te’. Sĕgŏntĭa > Sigüenza (Guadalajara), formado con el mismo adjetivo, nombre que se repite en la Gran Bretaña, Segontios, hoy Caer Seoint 93. Clunia, hoy Coruña del Conde (Burgos), nombre frecuente en otros países célticos, solo o con sufijos como en el célebre Cluniacum > Cluny. Uxăma luego Uxŏma94 > Osma (Soria), con ter­minación de superlativo, ’la muy alta’, como Bletisăma > Ledesma (Soria, Logroño), Sĕgĭsăma ’la muy fuerte’ y Sĕgĭsămone > Sesamón (Burgos)95. Arcobrĭga > Ar­cos de Medinaceli (Soria).

      Otro gran centro de celtismo es Galicia, en toda su ex­tensión antigua, que incluía el Norte de Portugal hasta el Duero. En ella hay varios poblados llamados Céltigos < Celtĭcos; hay varias Segovia, Segoiva y un Ledesma; varios lugares Braga < Bracăra, Bragança, Bragaña, etc., alusi­vos a la braca > braga, calzón distintivo de los celtas. La Coruña, llamada en la Edad Media Crunia, Cruña, lleva igual nombre que la citada Clunia de los celtíberos.

      En varios casos las denominaciones se repiten mucho: así ocurre con Mirobrĭga; con Sĕgŏvĭa, que aparte de los lugares ya citados reaparece en Salamanca, Segovia y en León, Sigüeya (con diptongación leonesa de ŏ ante yod), y en diminutivo Segoyuela en Salamanca y Segoviela en Soria 96, y con Sĕgŏntĭa, que además del Sigüenza ya citado, da nombre a lugares en Burgos y Santander, Cigüenza, y en Cádiz, Jigonza (con fonética mozárabe: s > š > j).

      El adjetivo céltico dēva ’divina’ (latín dīua) es el nom­bre Dēua, en Ptolomeo Δηούα, de dos ríos y una po­blación en la costa cantábrica, nombre repetido también en Gales y en Escocia, hoy Dee 97.

      El substantivo céltico bedus ’zanja, arroyo’, del que so­breviven nombres apelativos en Francia y en el Norte de Italia, formó en España los topónimos Bedón en Asturias, Burgos, Bedico en Santander; Bedunia ciudad de los astures, cerca de La Bañeza, León, y Bedoña en Guipúzcoa, como Bedonia en Emilia. El céltico vĭndĭsĭa ’emparrado’, de donde el fr. vandoise, da toponímicos Vendeja, Vendejo en Pontevedra, Santander; parece que los celtas practicaban el cultivo de la vid en parrales, cuando en el resto del país se hacía en cepas 98. Otros muchos nombres célticos habría que catalogar metódicamente; señalaré sólo la terminación -ŏcu en Brihuega en Guadalajara < Brioca, del antroponímico Briocus; Caleruega en Burgos (la «fortunata Calaroga» de Dante) ". Y apuntaré la posibilidad de que se oculte un celtismo en los muchos pueblos que se llaman Condado en Galicia, Asturias, Burgos, Segovia, cuya vocal fi­nal, en vez de *Condade, obedece probablemente a una eti­mología popular del celta condate ’confluencia’ que for­ma multitud de topónimos en Francia: Condé, Condeau, etc.

      Los celtas peninsulares no se distinguen sólo en la pre­ferencia por las fundaciones -brĭga. No emplean otros de los topónimos más usados por los galos, terminados en -rĭtus ’vado’, -măgus ’campo’, -oialum; los acabados en -dūrum ’fortaleza’ tan comunes en la Galia del Nor­te, faltan en el Sur de Francia, y ofrecen en España un ejemplo suelto, Ocelodorum, cerca de Zamora, llama­do así por el Ravennate, y Ocelo Duri, en el Itinerario de Antonino 100 al parecer por etimología popular del río.

      Quizá un carácter distintivo de los celtas de España fue­se el haber venido parte de ellos mezclados con los ilirios de que hemos hablado. La mezcla de estos dos pueblos se presupone en los orígenes mismos de uno y de otro en el segundo milenio a.C. 101, y la fusión, el mestizaje, continúa caracterizando la historia de los celtas en varias de sus mansiones: los autores antiguos nos hablan de celtíberos en el centro de España, de celtolígures entre el Ródano y los Alpes, de celtoscythas al Norte de las bocas del Danubio, de heleno-gálatas o galogriegos en Asia Menor. En el No­roeste de España podríamos suponer unos segundos celto­lígures o acaso *celto-ilirios, con una lengua mezclada como la que se vislumbra en la inscripción de Lamas de Moledo 102. Esta inscripción, grabada en los siglos I o II d.C., se cree redactada en un dialecto céltico; pero es de notar que incluye la voz lamaticom, derivada de lama 103, cuya persistencia hoy en el asturiano llamargo, ’tremedal, ciéna­ga’ nos acredita la gran vitalidad que en la región Noroes­te de España mantuvo el léxico indoeuropeo pre-céltico.

      En los siglos IV y III, cuando los celtas se extienden más por Europa, cuando incendian Roma 104, cuando se dilatan por todo el valle del Danubio 105, cuando la tribu gálata pasa a establecerse en el Asia Menor 106, en España perdie­ron su capacidad expansiva y el predominio, ante la supe­rioridad de los íberos.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

77  En Meuse, Aveyron, Savoie, etc.; lo mismo que en Germania y en Italia.

78  Montsalvatje, Noticias históricas del condado de Besalú, II, 1889, p. 214.

79  D’Arbois, Les premiers habit., II, pp. 258, 261.

80  Arganza en Oviedo y Burgos < argantia, Arienza y Vegarienza en León < argentea, revelan celtismo y latinismo respectivamente.

81  Preposición are ’ante’.

82  A. Longnon, Les noms de lieu, 1920-29, § 76. De antemano había salido al paso de esta posible interpretación D’Arbois, Les premiers habit., II, 1894, p. 263, señalando en Germania y en Galia más casos de -brĭga que los atestiguados por los autores antiguos. Hubo -brĭga hasta en Galatia.

83  El texto de Herodoto (II, 83) invalida la tendencia a retra­sar las invasiones célticas hasta el s. IV a.C., como quiere, por ejemplo, R. Pittioni, «Die Urnemfelderkultur», Zeit. f. celt. Phil, XXI, 1938, p. 203.

84  En la concesión de 18 de diciembre de 1086 por Alfonso VI a la sede metropolitana de Santa María de Toledo de todos los derechos con que había sido constituida como sede pontifical por los santos padres en los tiempos antiguos, nombra a Alpobrega al describir los territorios y propiedades de que le hace donación.

85  En la toponimia moderna se conserva en una labranza en el término de Totanes y en una dehesa del de Polán. Menéndez Pidal, Topón, prerrom., pp. 219-220 (procede de «La etimol. de Madrid»,1945).

86  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 150 (ed. 1950, p. 135).

87 J. Pokorny, en Zeit. f. celt. Phil., XXI, 1938, p. 161, cree que la pérdida de la p indoeuropea en céltico se debe a influjo de la cultura megalítica mediterránea, influjo sufrido por los celtas ya en su misma patria de origen.

88 Hubert, Les Celtes, 1932, p. 284. Pokorny (Zeit. f. celt. Phil, XXI, 1938, p. 156) supone que la invasión del siglo VI en Espa­ña fue de celtas q y parte de ellos pasaron de España a Irlanda; los celtas p cree que entraron en España en el siglo III (p. 148); en la p. 153 no cree que Pentius > Penzo, Penti > Pentes, etc. contengan el numeral ordinal celta quinto, sino más bien una forma iliria correspondiente, que se ve en el Pentadius véneto.

89  D’Arbois, Les premiers habit., II, 1894, p. 289, estudia Pinza, Penzol, Pentanes. En la p. 292 concluye que los celtas traen a Es­paña la p = q.

90  Caso raro Pentŏlas, con acento en la penúltima breve.

91  Bosch, Etnología, pp. 623-627.

92  Y en que los topónimos de base celta se reducen a las vie­jas ciudades fuertes en  -dūnum de que arriba tratamos.

93  Y que es nombre de divinidad y de varón.

94  En los siglos X y XI después de Cristo.

95  En todos estos casos la pronunciación tuvo que ser dialectalmente -ŏma, como el documentado Uxoma, pues la a postónica no se habría perdido; lo mismo ocurre con Monesma (dos en Huesca) y Eresma (río en Segovia).

96  Por contracción de *Segoviuela. El sufijo -ŏlu es en la toponimia característico de los temas con yod.

97  D’Arbois, Les premiers habit., II, p. 271.

98  A. Castro y G. Sachs, «Bedus», RFE, XXII,  1935, p.  187 (bedus); y p.  194 (vindisia).

99  Paraíso, XII, v. 52.

100  Se le llamó también Ocelum simplemente. Véase el aco­pio de textos que da Holder, Alt-celt. Sprachschatz, II.

101 Pokorny, Nature, 1933, p. 648 y en Zeit. f. celt. Phil. XX, 1936, pp. 344 y 518.

102  El estudio de las inscripciones análogas halladas en Arroyo (Cáceres), en Citania (Minho), en Allariz (Orense), ilustra­ría mucho la cuestión del substrato de esa importante región noroeste.

103  C. Hernando Balmori, «Per clivos, flumina, lamas», Emerita, IV, 1936, p. 82.

104  Hacia 390 a.C. obtienen sus victorias sobre los etruscos e incendian a Roma (D’Arbois, Les premiers habit., II, p. 299). Des­pués los volcas atacan a los griegos de Marsella h. 320 (Hubert, Les Celtes, p. 7) y ocupan aquellas playas del Mediterráneo hasta el Rosellón.

105  En el s. Ill, llegando hasta el Mar Negro.

106  En 279 a.C. Los gálatas, aunque el Apóstol de los Gentiles les escribiera en griego la epístola fundamental de la catolicidad cristiana, conservaban aún en el s. IV después de Cristo su dia­lecto céltico, según san Jerónimo (Hubert, Les Celtes, p. 64).

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra P, variaciones sobre el alfabeto Holbein.

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