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Obras de Diego Catalán

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL. III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

      Fuera del vocabulario, también el sistema morfológico de las lenguas primitivas influyó en el español, pero sólo en sus sufijos.

      Ya hemos nombrado el sufijo átono -ăra, conocido en to­das las lenguas mediterráneas, al tratar de las reliquias topo­nímicas 37. Primitivamente tuvo un valor colectivo o abundan­cial pero al español pasó sin sentido significativo alguno, como simplemente emotivo, afectivo, humorístico 38. Acaso primitivamente cáscara 39 significó ’conjunto de cascas’ pero hoy significa sólo una singular como casca; gállara, que usa Berceo y es dialectal en Soria, es sinónimo exacto del latín galla > agalla de roble 40; alicántara es sinónimo de alican­te ’especie de culebra’. Este sufijo tiene usos locales muy di­versos: asturiano báilara ’perinola’; cubano guasángara, sinó­nimo de guasanga ’alboroto’ 41; y es también usado en dialectos italianos, en los Abruzzos malvítzera, sinónimo de malvits ’malvis’; toscano gázzara, sinónimo de gazza ’urraca, pega’ 42. Los duplicados se ven ya en griego prehelénico κíσoς junto a κíσσαρος ’yedra’ 43.

      La vitalidad moderna del sufijo ha dado lugar a formacio­nes tardías derivadas, no de un sustantivo, sino de un verbo: pícaro, del verbo picar (el ’pícaro de cocina’); guácharo ’hidró­pico o encharcado en agua’ (> ’pollo del gorrión’), del ver­bo aguachar; páparo ’papanatas, papahuevos, papamoscas’; y en asturiano pítara ’silbato’, de pitar; báilara ’perinola’, de bailar 44.

      Este importante sufijo, no estudiado en las gramáticas, te­nía en las lenguas mediterráneas variantes con cambio de la r por otra consonante continua: -alo, -ano, -ago 45. El nombre de la ciudad Bracăra Augusta (Plinio, Ptolomeo, etc.) 46, hoy Braga, alusivo al pueblo céltico que vestía habitualmente con bracae (las típicas ’bragas célticas’, calzón luego adoptado por los romanos), voz admitida por el latín oficial, tuvo como formas variantes Bracăla y Bracăna47, que explican la forma portuguesa (ya que la -r- no se pierde en gallego-portugués y si las -/-, -n-). Las tres variantes del sufi­jo se emplean en las derivaciones romances: mur-ciego > mur-ciégalo, moderno murciélago, junto al dialectal murciégano; sótalo en el siglo X, hoy sótano, de sŭbtus 48; bonítalo, cernícalo, bárgano (ya documentado en el siglo IX), retruécano, tuétano, etc.49. Las mismas variantes se dan en Italia: álbaro ’álamo’, álvano ’fresno’; pipita y pipítala, etc.50. El valor subjetivo, emo­cional que tiene este viejísimo sufijo se manifiesta en voces que significan ’lampo’, esp. re-lámp-ago, ital. dialectal kalúg-ano, arlúdz-ano en vez del ital. ’baleno’51.

      Otro sufijo extraño al latín, usado en la Península Ibéri­ca (portugués, español, catalán), Gascuña, Cerdeña y la Ita­lia meridional es -rr- con variedad en la vocal precedente 52. Ya san Isidoro (X, 31) utiliza el hispano-latino bobarrus, boburrus como despectivo. La vitalidad románica de este su­fijo en los países ibéricos es muy notable 53, hasta el punto de haber atraído a voces en que originalmente no se ha­llaba presente 54; a ello ha contribuido, sin duda, su expre­sividad fónica 55. También han venido a integrarse en él los nombres vascos de terminación -ar, -ur, -or con el artículo postpuesto, que los convierte en -arra, -urra, -orra 56, dado que el vascuence prefiere en final las fortes a las lenes 57. Pero, si en alguna ocasión es lícito hablar de sustrato me­diterráneo occidental, es precisamente en este caso del ele­mento sufijal -rr-: su difusión en toda la Península Ibérica, en el Sudoeste de Francia, el Sur de Italia, Cerdeña y Sici­lia favorece la hipótesis de que se basa en un fondo primi­tivo común a esos territorios. No es un sufijo vasco exten­dido a las lenguas románicas, ya que precisamente en él no existe las forma de -rr- con final vocálico sino por contacto con las lenguas románicas, que son también las que le con­tagiaron el valor aumentativo / despectivo para sus nom­bres en -ar, -ur, etc.58. Como en otros sufijos primitivos, se añade a raíces con alternancia en la vocal temática.

      La productividad del sufijo en la lengua común, en la rús­tica, popular y conversacional es extraordinaria. En portu­gués: bebarra ’bebedor’, bandarra ’perezoso’, chicharro, chibarro ’cabrito’, casparra (’porcaria encascada no nariz’), chinchorro, beatorro, pitorra, cabeçorra, piorra (trasm.) ’peonza’, etc. (con doble sufijación: porcarrão, vozarrão, bestarraz, leigarraz ’ignorantón’, bras, mancarrão ’caballo manco’, etc.). En español: cacharro, guijarro, chinarro, cegarra (de «ciego»), taba­rra, pitarra ’légaña’, panarra ’hombre desidioso’, cotarro, man­garra (arag.) ’perezoso’, andorra ’mujer callejera, puta’ usado ya por el Arcipreste de Hita y que sobrevive también en Cas­tres (Tarn)59, picorro ’mozo de espuela’ ya en el Cancionero de Baena 60, viejorro ya en Gonzalo de Correas 61, machorra, pe­dorro, ceporro, pantorra, pachorra, abejorro, pitorro (alto arag. pi­chorro 62), baturro (de bato), cazurro, cencerro, becerro, etc. (con doble sufijo: zancarrón, santurrón, manchurrón, vozarrón, ven­tarrón, coscorrón de cosque, bicharraco, mangorrero, paparrucha, zunzurrunear, etc.). En catalán: paparra, donarra ’mujerona’, camarra ’patorra’, bagarro ’gandul’, dentarra, llobarro, etc. (con doble sufijo: llogarrás ’lugarón’, becarrada ’picotazo’, caparrada ’capón’, etc.). En gascón: gatàrrou ’gatazo’, boucàrrou ’ca­brón’, picarra ’pico difícil de escalar’, bentòrro ’barrigota’, pegòrrou ’necio’, cabòrrou ’testarudo, cabezota’, mandourro ’mujerona torpe’, cassourro ’viejo roble desmochado’, etc. (con doble sufijo: nasarràs ’narizotas’, pegarroû  ’tontuelo’, nebarrada ’gran nevada’, etc.). En sardo: auzarra ’zarzaparrilla’, zingorra ’anguila pequeña’, liporra ’lechetrezna’, etc. En calabrés: critarra ’tierra cretácea’, minchiarra ’miembro viril del morue­co’, spinarru ’arbusto espinoso’, aquarra ’rocío’, zozarra ’sucie­dad’, chiavarru ’carnero’, ciotarru ’estúpido’, vitorra ’cuchara pastoril de palo’, panzorra ’gran racimo’, picciorru ’niño’, baburru ’tonto’, zinurro ’pequeño’, etc. (con doble sufijo: jencarrune ’novillo’, cuošcarrune ’rebollo’ 63, etc.). En Sicilia limarra ’fango’, etc. (con doble sufijo: vichiarruini ’vejarranco’, nivarrata ’nevada’). Como topónimos y nombres de pueblos cita­dos en la Antigüedad tenemos en Hispania: Σιγαρpα (en Ptolomeo) ciudad de los Ilearcaones, nombre que se repetía en el Norte del Ebro en un municipium Sigarrense64 de una inscripción de la comarca de La Segarra o Sagarra 65; el nombre de Clotius  Susarrus en una inscripción se­pulcral nos apunta a unos astures *Susarri; otros astures Egiuarri  o  Egouarri (en Plinio) pudieran relacionar­se con el actual río Eo < *Egoua 66. Sobre Graccurris, en que el sufijo se aplica a un nombre personal romano, tra­taremos más adelante. La tribu de los astures Γιγουρροι (en Ptolomeo), Gigurri (en Plinio), Giorres o Georres (en monedas visigodas de la primera mitad del siglo VIl) se perpetuó en Jurres (documentos de 974 y 1085) y hoy sub­siste en Val-de-orras (Orense)67. Como nombres personales Buturra, sobrenombre de una hija de cierto Viriato en Estella 68; Muturra, un varón de Talavera de la Reina 69; el muy frecuente Reburrus 70. En la toponimia románica (medieval y moderna) se da la misma variedad vocálica que en los nombres comunes. En la Península Ibérica los ya es­tudiados Navarra, Segarra; Juarros (-rrillos) en Burgos, Sala­manca, Segovia, Cuenca (en docs. Sxuffarros, Xuharros 71); Simarro (-arra, -arrinho) en Cuenca, Evora; Tobarra en Albacete; Cegarras en Murcia; Cucharro en Albacete; Bugarra, Bugarrel, Bogarre en Castellón, Santarem, Granada (respectivamente); Pigarra (-rros) en Portugal; Combarro (-rros) en Pontevedra, Coruña, Asturias, León; Penarro en Ávila; Gamarro en Toledo; Chamorro (-orra) en Toledo, Albacete, Badajoz, Portalegre, Porto, Coruña; Canchorras en Badajoz; Cotorrillo en Salaman­ca, Badajoz; Mazorra en Burgos, Porto; Magurro (-rra) en Portugal, etc. Y con doble sufijación: Pingarrón (en el Jarama) en Madrid; Pont- Puntarrón (de «puente») en Albacete, Alicante, Murcia. En Cerdeña: Eusorra, Butturru, Guzzurra (ant. Gusurra), Zamburra, Alidurri, Aliderro. En Sicilia: Babaurro, Buturro 72. En Campania: Sciamarro (compárese Zamarro en Álava).

      El sufijo -c c-, con variedad de vocales también, fue común en época arcaica: pedruecos año 927, peñueco año 1118 73, y sobrevive hoy en muchas palabras, como verraco, bellaco, mo­rueco, barrueco, babieca (aplicado ya al caballo del Cid en el Poema de Mio Cid), recoveco, abejarruco, pero no tiene ac­tualmente vitalidad para nuevos derivados, sino como despectivo o, regionalmente (en Cantabria), con valor afec­tivo/diminutivo: pequeñaco, libraco, pequeñuco, casuca. En su variante con i, -ico fue en los Siglos de Oro el diminutivo más usual y literario y hoy se sigue empleando como tal en muy diversas regiones de España. Aparte de la forma -ico, el sufijo, con su variedad vocálica lo encontramos en multi­tud de topónimos: La Carraca (Cádiz), de carra ’piedra’; Aravaca (Madrid); Vallecas (Madrid); Barrueco, Barroco (Cá­diz, Cáceres, Salamanca, Portugal), del ibérico barro (de donde, con sufijo análogo, barraca); Batuecas, Batoca, Batoco (Salamanca, Orense, Portugal, con -a  y -o); Buzaco, Bussaco, Bussac (Galicia, Portugal, Gerona, año 811); Aranzueque, de arantza ’espino’ (Guadalajara), etc. Ya en el Itinerario de Antonino está Miacum > Meaque, Meaco (Madrid).

      El sufijo fue productivo en época latina y románica; así lo hallamos aplicado a voces latinas: Manzaneque, Palomeque, en Toledo, sustituyeron en el latín carpetano a los nombres que en otras regiones se formaban con sufijos latinos -etum, -aris (Manzanedo, Palomar); Tembleque, en Toledo también, es pueblo que tiene en su término dos pantanos o tremedales, siendo seguro que el nombre deriva de trĕmŭlus, como el Tiemblo de Ávila; Cañamaque en Soria, corresponde a Ca­ñamar.

      El sufijo -ico, a pesar de su vivacidad en el español clási­co y dialectal, no está muy difundido en la toponimia pe­ninsular. La boga de este sufijo mediterráneo debió de ser impulsada desde el África romana, donde en las inscripcio­nes de la época imperial aparece aplicado a nombres de mujer: Bonicca, diminutivo de bonus, Karica de carus. Luego se halla en inscripciones españolas Pusinnica, diminutivo del más usado nombre de mujer Pusinna. Hoy -ico se usa para diminutivos en los dialec­tos del Sur de Italia y en toda la Península Ibérica, pero sobre todo en las regiones costeras que miran al Africa, des­de Granada hasta Cataluña. En catalán, bonica, aplicado a una mujer, significa ’hermosa’, saliendo de la esfera semán­tica del simple bonus, para tomar la plenitud afectiva que el diminutivo tenía en el África romana cuando a una niña se le impone el nombre de Bonicca. Por el contrario, en Castilla esa plenitud de perfección femenina se expresa hoy con otro sufijo, también mediterráneo, bonita, mientras bo­nica queda simplemente dentro de la idea de lo bueno, como ’buenecica’.

Este otro sufijo no latino -īttu es también poco usado en nuestra toponimia: su generalización parece irradiada a España desde Italia, aplicado también en un comienzo a nombres de mujer. El citado bonita español se encuentra como nombre propio, Bonitta, frecuente en inscripciones de Roma, de Nápoles y de Dalmacia; Karita, otro dimi­nutivo de carus, se halla en Panonia; Pollita ’pollita, niñita’, en Dacia; Julitta abunda en Oriente, universaliza­do por el cristianismo, a causa de Julita, mártir de Tarso, madre del niño san Quirico; Atitta, en la Bética. A par­tir del siglo XV, -ito es el diminutivo más corriente en es­pañol, en perjuicio del latino -illo < -ĕllus.

      Aunque el sufijo -z, con la vocal que precede variable (como ocurre con otros varios de época prerromana), no tiene vitalidad ninguna en español, fue en los albores del idioma importantísimo por el gran uso que tuvo para for­mar los patronímicos 74.

      En vascuence, el sufijo -tz, -z (precedido de diversas vo­cales) tiene un valor muy complejo, posesivo o modal: laaz ’zarza’, laarrez ’zarzoso’, ’zarzal’; abere ’ganado’ (< lat. habere), aberatz ’rico’; muga ’tiempo’, mugaz ’a tiempo, oportuno’. También un empleo toponímico (con variabili­dad de la vocal de unión y variabilidad del acento, que señalamos siempre sin atención a la ortografía para mayor claridad): en Navarra se encuentran juntos Urdániz y Urdánoz; en Álava Eguílaz, en Navarra Eguillóz, y en Vizcaya Eguilúz y Eguillúz 75; Ustárroz en Navarra; Ustáritz o Ustariítz en Basses Pyrénées; etc.); en Vizcaya predomina mucho -iz, en Guipúzcoa y Álava menos, y en Navarra -oz llega a ser más frecuente que -iz 76; minoritaria es la presencia de -az 77 y escasísima la de -ez 78 (en el país vasco-francés se usa la grafía tz 79). Es, asimismo, frecuente su presencia en los apellidos (Ardanaz, Aranaz, Loinaz; Abuitiz, Escoiquiz, Orondiriz ~ Olondriz, Sangroniz, Vicendoritz; Araoz, Azpiroz, Imoz; Zarauz, Echauz, Arcauz 80). Estos topónimos y apellidos vascos no pueden ser separados de los que se encuentran en otras regiones al Sur y Occidente del territorio vasco hasta Por­tugal. El sufijo -z (-tz) no es de origen vasco, sino adopta­do por la lengua vasca. Procede de una lengua mediterrá­nea que ha dejado derivados, principalmente topónimos, en regiones alpinas (desde Fiume a Aosta) y contiguas de Ita­lia, Suiza y Francia81: Gólaz (Istria), Rússiz (Gonaia), Novailloz (Domodossola), Établoz (Aosta), Combáz, La Balmáz (Sui­za), Echevenóz (Aosta), Chevenóz (Haute-Savoie), Echenóz (Haute-Saône), etc. El sentido adjetival de pertenencia o co­rrelación (como en vasco) se desprende de casos como Tambruz, que es un arrabal de Tambre en el Véneto y significa, por tanto, ’hijuela de Tambre’; lo mismo Tamaroz en el Friul, hay que referirlo a Tamar nombre de varias ciudades cer­canas (cfr. en Apulia Tamaríce); también en La Coruña Ta­mariz se halla en la cuenca del río que hoy se llama Tam­bre, el antiguo Tamārisa (donde, según Mela y Plinio, habitaban los Tamarici) y análogo sería el caso de otro Tamariz en Valladolid (cfr. Tamarón, lugar de la famosa ba­talla de 1037, y otros en Burgos y Segovia)82. Son casos similares a Marquínez, Marquiniz 1085, llamado Marquina de iusu en 1025 en relación a Marquina, el de Suso, el primi­tivo (hoy despoblado), en Álava83. De *cario ’roca’ subs­tantivo extendido por varias lenguas primitivas de toda la cuenca del Mediterráneo (sobre el que ya hemos hablado 84), que es la base de muchos topónimos Queiro, Queira, Quer, Quero en España, Caire en los Alpes, proceden Queiráz, Quiráz (Bragança, Porto), Quirós (Asturias), Vallone Cairós en los Alpes de Niza. Andaríz (Coruña), Andarúz (Santander), Andalúz (Soria), Andaráx (Almería, con -š = -x mozárabe por -z), Andéraz (Navarra), Andráz (Belluno, Italia), quizá sobre un nombre pariente de andere, andre ’mujer’ en vasco. De la voz mediterránea *canda ’pedregal, pedrera’ Candóz en varias provincias de Portugal.

      El sufijo tuvo en España vitalidad en época latino-románica, pues lo encontramos en nombre de lugar aplicado a substantivos románicos: Castelláz ’del castillo’ en Huesca; Molináz ’del molino’ en Zaragoza; Carralúz ’del carral o camino’, Barganáz ’varganal, lugar abundante en várganos’, Cerezalíz ’lugar de cerezales’, los tres en Asturias; Noguéz ’de las nueces’, Celleiroz ’del cillero’, los dos en Vila Real y Bra­ga; Louríz ’de las madrigueras’ (formado sobre *laura) 85 en Porto (Lourizán en Pontevedra); Outaríz ’del otero’ en Lugo y Orense; y así, Ferreiróz en Viseu, Braga, Aveiro, Estremóz ’del extremo o frontera’ en Évora; etc.

      Como patronímico, el sufijo -z, con vocal variable, se man­tuvo en estado latente hasta que, desaparecidos con la islamización los centros culturales visigóticos del Sur de la Penín­sula Ibérica, la franja norte, menos docta, dejó aflorar su uso a partir del s. IX en Portugal y Galicia, en León, Castilla y Aragón y en Gascuña, según expondremos más adelante 86.

      Como testimonio de que el sufijo se usaba ya en tiem­pos primitivos para derivar nombres de persona y patroní­micos, tenemos el bronce de Áscoli del año 90 a.C. donde se nombra a los «equites» o caballeros edetanos, ilergetes y vascones que reciben de Pompeyo la ciudadanía romana en premio a su actuación durante el sitio de Áscoli. Los caba­lleros procedían de Salluia (Zaragoza), de Ilerda (Léri­da), de Libia (Logroño?) y de otras ciudades que no podemos identificar como la muy nombrada Segia 87, o la desconocida *Enneca, *Enneco o *Enneces88. Entre los caballeros procedentes de Segia se halla uno llamado «Elandus Enneces f[ilius]» en el que el patronímico parece ser el mismo que en Iñiguez < Ennekez, usado en la Edad Media, puesto que cuando se grabó el bronce el alfabeto latino carecía de la z (que después se usaría ocasioalmente para palabras griegas). No es caso único, ya que en el mis­mo bronce hay varios otros nombres que terminan en -es y en -as (Agirnes, Arranes, Belennes, Albennes; «Sanibelser Adingibas filius», «Estópeles Ordennas filius», etc.), que pueden corresponder a los -ez, -az medievales 89.

      El sufijo -anc de los nombres comunes barranco, lavan­co, potranco 90, palanca, carlanca, etc., algo usado también en italiano, se halla muy extendido por el Mediterráneo occi­dental en viejos nombres toponímicos: Luanco en Asturias (Λουαγκοí en Ptolomeo), Loranca en Guadalajara (cfr. Lora, abundante en España e Italia), Naranco en Asturias (Noranco Lombardía), Tudanca en Santander y Burgos, etc. Es obviamente prerromano, pero no necesariamente preindoeuropeo 91. Lo hallamos aplicado a nombres latinos o ro- mánicos: Vivanco en Burgos, sinónimo de Vivar, Viveda; Polanco en Santander < *poblanco derivado de popŭlus, si­nónimo de Pobladura, Población, Polaciones; Polvoranca en Madrid, sinónimo de Polvorosa.

      El sufijo -asc aparece en voces comunes: carrasca, nevas­ca, peñasco, vardasca 92, hojarasca; en portugués varrasco 93, etc., siendo de notar su especial arraigo en asturiano: fiascu ’hijastro’, ramascu, pollascu, fantasca ’charco’. Vive también en italiano, sobre todo para formar gentilicios de pueblos del Noroeste: bergamasco, comasco. El sufijo abunda extraor­dinariamente en la toponimia de aquellas regiones de Ita­lia donde los lígures se extendieron más, en Liguria, en Piamonte, en Lombardía, y mucho en la isla de Córcega, donde no hubo celtas y sí lígures; en la Sententia Minuciorum, la famosa inscripción de la Liguria, se nombran cua­tro ríos con el sufijo -asco. También los hay en territorio lígur de Francia. En la Península Ibérica hallamos topóni­mos hermanables con los de esas comarcas 94. A Valasco en Cúneo, Valasca en Milán, Balasco en Ticino, Balasco en Aude (documento del año 1501) y en el País vasco francés (do­cumento de 1536, hoy Balasque)95, corresponden Balasc en Lérida, Belascoain en Navarra, Velasco en Álava, Burgos, Lo­groño Soria, Asturias, etc.; son todos ellos explicables por la voz mediterránea, conservada en vasco, bela ’cuervo’ (sien­do, por tanto, equivalentes al toponímico románico Corvera en España o Corvara en Italia; del mismo modo que el antroponímico Velasco, Valasco, Vaasco equivale al latino Corvinus). La abundancia de Velasco como antropónimo en España y Portugal 96 a la vez que como topónimo nos lleva a suponer que en los siglos primitivos, romanos y vi­sigóticos, el sufijo -sk lígur (o ilirio) tuvo valor adjetival, significando ’hijo de Vela’ y ’heredad de Vela’97. Asimismo Virouesca, Briviesca (Burgos), junto al significado de ’heredad de un celta Virovio’, pudo designar al ’hijo de Virovio’98. Otras correspondencias análogas son Aviasco en Lombardia, Avíascos en Braga; Verzasca, cantón suizo de Tesino, Verdache, -es en Basses-Alpes, Berdasca en Braga, Berdasquera en Asturias; Venasca en Cúneo, Benasco en Genova, Benaschi en Pavia, Benasque en Hérault 99, Behasque en Basses-Pyrénées, Benasco (1068), Benasque en Huesca; Magasco en Génova, Magasca (río) en Cáceres; Piasca en Cúneo y Vercelli, Piasca en Santander. En fin, con variante vocálica, Hemuscum, Emuscum (siglos XIII y XIV) hoy Eymeux en Drôme 100, Amusco Palencia. Entre los testimonios antiguos del sufijo destaca *Uipascum o *Uipasca, hoy Aljustrel en Beja deducido del nombre que da la tabla de bronce ro­mana que llama a las minas de cobre que allí se explota­ban metallum Vipascensa101.

      Un sufijo muy conocido de todos en España y Portugal para formar nombres comunes gentilicios es -aecu 102: pasiego, moraniego, naviego, mariniego, laceaniego, cabraliego, manchego, gallego, lebaniego, antiguo sabariego (de la región de Sabaria, en Zamora-Salamanca) 103; y varios: nocharniego, an­dariego, veraniego, mujeriego, palaciego, cadañego, esperiega (de áspera 104), ninhego portugués y niego español (derivados res­pectivamente de ninho, nío ’nido’) aplicado al halcón recién sacado del nido; los adjetivos pueden llegar a substantivar­se: lóbrego portugués, labriego español, borrego. Desde la Antigüedad lo tenemos atestiguado en el Noroeste de la Península Ibérica para tribus y gentes: el gentilicio Callaecus y Callaecia, derivado del ibérico Cale (de donde Portu Cale > Porto y Portugal), luego Gallaecia 105, lo usan todos los escritores (Livio, Plinio, Marcial, etc.); en griego Καλλαικóς (Estrabón). También es gen­tilicio Arronidaeci. En la misma área se utiliza en nom­bres de ciudad Sallaecus, Lamaecum 106 (el Lamego actual), Brigaecum, Gabalaica de los várdulos, el ya citado 107 Nuraica (> Noriega) en Asturias; en antropónimos Melgaecus, Bouecus, Ambaicus, y en nombres de dioses: Cantunaecus, Vagodunnaegus 108.

      El exvoto hallado en Túy dedicado al dios de la guerra (con nombre romano) lleva un epíteto indígena «Marti Cariocieco» 109, en que el sufijo -aecus ofrece la varian­te -ecus (aplicada también a otras divinidades: Vasecus, Bandiaeapolosegus 110); el epíteto creo hace referen­cia al territorio o localidad, significando por tanto ’de Ca­rioca’ > Carioga > Queiroga, Quiroga 111.

      Gracias a una inscripción cántabra 112, tenemos un ejem­plo clarísimo del empleo adjetivo de -ęko para formar el patronímico: «Mon(umentum) Ambati Pentouieci Ambatiq(um) Pentoui f(ilius) an(norum) LX Hoc mon(umentum) pos(verunt) Ambatus et Doiderus f(ilii) sui». Hoy día subsisten muchos topónimos -iego, -ego formados a partir del nombre del propietario: Tellego (Burgos), de Tellius; Gomeciego (Salamanca) de Gó­mez; Pombriego (León); de Pombulus; Olloniego (Astu­rias), de Ollenius; Pasariega (Zamora), de Passarius. Este procedimiento patronímico no llegó con vida al si­glo IX113.

      No es fácil presumir la procedencia de este sufijo carac­terísticamente hispano muy arraigado en el Noroeste pe­ninsular 114, pues lo vemos aplicado en la documentación antigua a nombres que parecen ora íbero-mediterráneos (nura, cari-, oci-), ora ilirios (lama).

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

37  Véase atrás, cap. I, § 2.

38  Menéndez Pidal, «Sufijos átonos», en Festgäbe für A. Mussafia, 1905, pp. 386-400.

39  Voz que como topónimo aparece en 956 (Menéndez Pidal, Orígenes del esp.  1926, § 61 y Topón, prerrom.,  1958, p. 63.

40  En Cerdeña ḍḍara ’gállara’ (AIS de Jaberg-Jud, 1928, III, 591).

41  De guasa + bullanga + -ara. Otra opinión: Cuervo, Apunta­ciones,  1907, § 923; Ortiz, Afronegrismos,  1924, p. 237.

42 AIS, III, 494 y AIS, III, 504, respectivamente.

43  En las varias lenguas que han seguido utilizando el sufijo se dan asimilaciones del tipo lampăda > lámpara: caryophylum > garofano italiano, ganófaru ligurés, galófar lombardo, galófaru siciliano (AIS, III, 641); como nuestro pájaro, abunda en Italia pássaro por pássero (AIS, III, 488).

44  Menéndez Pidal, «Sufijos átonos en el Med. occ», NRFH, VII, 1953, p. 45; frente a lo que anteriormente supuse (en «Sufijos átonos», Festgäbe Mussafia, 1905, p. 387) en relación a guácharo, guacho es regresión de guácharo (en Andalucía guacho conserva el significado de ’enguazado, empapado en agua’).

45  Menéndez Pidal, «Sufijos átonos en el Med. occ», pp: 34, 41-44, 46.

46  Compárese Gallia Bracata, la Narbonense, a diferencia de la Togata y la Comata. Perin, Onomasticon, I, 1913, p. 278c, documenta en España como nombre personal Brācărus.

47  Bragana es la forma usada regularmente en la Estoria de Es­paña de Alfonso X. En Illora, Granada, una aldeíta lleva asimis­mo el nombre de Brácana (con conservación mozárabe de la -c- como consonante sorda).

48  Hay que partir de un *subtulus, provenzal sótol, mallor­quín sótil, asimilado por el español portugués al sufijo -alo -ano. Véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 339.

49  Muy abundante en toponimia: Toledo se llamó también Tolédola; a la vez que Huerca (Murcia) tenemos Huércal (Almería) y Huércanos (Logroño), Horcanos en 894; Prádanos (Burgos, Palencia), Ciérvana (Vizcaya); Burgos debió de llamarse también *Búrgalos, de donde el gentilicio búrgales. (Para arcaísmos como Tolédola y Gordalízala por Gordaliza véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 338, 340).

50  Jaberg-Jud, AIS, VI, 1141. En español hay variantes con g, ciénaga, cuérnago (Orígenes del esp., p. 341); en italiano hay con đ y con y: garófano, garófalu, garófal, garófađu, garófayo (AIS, III, 641); kodatsíntsara y govatsíntsala ’aguzanieves’ (AIS, III, 498); coniglio y koníyyalu en Toscana (AIS, VI, 1120); néspola y néspala, néspara (AIS, VII, 1277).

51  AIS, II, 392. O en llam-ara-da de flamma, boloñés fiammarata, ferrarés fiamarada (REW, 3350). Nigra (en Arch. Glotol. XV, 1901, p. 284) lo explica como compuesto de fiamma + ratta < rápida; el significado es ’baldoria’, ’llama intensa que pron­to se consume’. Acaso llamarada sea préstamo italiano (García de Diego, en RFE, IX, 1922, p. 127); pero ¿y el asturiano llapareda?

52  Sobre el uso moderno en Cerdeña y en Italia Meridional, del sufijo -arr, -err, -urr, véase G. Devoto, Storia lingua Roma, 1940, pp. 43-44. En Abruzzos papantsórra ’el pájaro reyezuelo’, Jaberg-Jud, AIS, III, 487.

53  M. L. Wagner estudió el conjunto de las formaciones con -rr- en la Península Ibérica, reuniendo un copiosísimo material sin abordar los problemas etimológicos complejos que suscita, en Zeit. f. rom. Phil. LXIII, 1943, pp. 347-366.

54  Según muestran casos tan evidentes como cigarra, del latín cicada; guitarra, del griego κιθάpα, a través del árabe kītāra; alcaparra de origen greco-latino cappari(s); port, algazarra, fren­te al esp. algazara, del árabe vulgar hispano gazāra; cat. esquerra, frente al esp. izquierda, del vasco ezker (con artículo, ezkerra); cat. salmorra, frente al esp. salmuera, de salmuria.

55  Como destacó G. Rohlfs en Arch. f. d. Studium d. neur. Spr., CLXXXII, 1943, pp. 118 y ss. (especialmente, p. 121). El sufijo con -rr-, vivo en palabras populares, en topónimos, en términos expre­sivos, se ha extendido enormemente, atrayendo a su órbita palabras con -r- simple, no sólo en la Ibero-romania sino en todas las zonas en que existe (Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos con -rr-», Bol. Acad. Esp., XXXVIII, 1958, pp. 204-205), entre las que se cuen­tan casos con el sufijo pluralizador mediterráneo -ar descubierto por V. Bertoldi en Mélanges van Ginneken, pp. 157 y ss.

56  En la toponimia del territorio vascón y vascongado o que per­teneció a los antiguos vascones son claramente formas articuladas las de los toponímicos Ibarra (Vizcaya, Guipúzcoa, Álava, Navarra), Ibars (Lérida; hay también Ivarra en Valencia), de ibar ’vega’; Izarra (Álava), de izar ’altura’; Lacarra (Álava), Lacarre (Baja Navarra), de lakar ’cascajar, terrero áspero’; Vizcarra, Biscarra (Vizcaya, Álava, Navarra), Biscarri (Lérida), Biscarrués (Aragón), Biscarrosse (Gascuña), de biskar ’loma, cumbre’, Ezcurra de ezkur ’bellota’; Zadorra de zador ’hondonada, sendero’, etc. Y a ellos habría que sumar muchos otros de oscura etimología en que la r puede ser de la raíz y no sufijo. Cuando se trata de topónimos o voces comunes con correspondencia en el vasco pero extendidos también por la mayor parte de la Península, el sufijo -rr- viene a ser cuando menos dudoso ya que puede explicarse como perteneciente a la raíz. Es el caso de los topónimos Chaparro, Chaparral, abundantemente repre­sentados en las provincias meridionales de España y de Portugal (cfr. Chaparre y Chaparrenez en Guipúzcoa) y de la voz común chapa­rro, en vasco txapar; de los topónimos Zamarra (-as, -rrillas) en Salamanca, Segovia, Cáceres, Badajoz, Samarra (-rrão, -rruda) en Portugal (cfr. Zamarro Álava) y de las voces comunes esp. zamarra, zamarro, bearn. chamarre, en vasco zamar ’vellón, pelleja’ (pero cfr. en italiano zimarra ’vestido’) y en Calabria zamarru ’villano’; chata­rra ’hierro viejo’ en vasco txatar ’hierro viejo’ diminutivo de zatar andrajo’; arag. andarra ’restos de queso en el caldero’, en vasco ondar ’residuos, restos’; nav. chistorra, en vasco txistor ’longaniza’, de txistu ’flauta’; etc.

57  Según muestra la tabla fonológica sistematizada por L. Michelena, «Las antiguas consonantes vascas», en Estructuralismo e Hist. Hom. Martinet I, 1957, pp. 140 y ss. (en especial, p. 152).

58 Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos con -rr-», Bol. Acad. Esp. XXXVIII, 1958, 161-214; Corominas, Dicc. cast. I, p. 467b, cfr. III, pp. 339b y s.

59  Libro de Buen Amor, 926b. El manuscrito da handora, pero la rima exige -orra. La sobrevivencia en Castres, según me comuni­có oralmente Ducamin.

60  Canc. de Baena, p. 71b.

61  Arte grande [1627], p. 127.

62  A. Kuhn, en Rev. Ling. Rom., XI, 1935, pp. 219 ss.

63  G. Rohlfs en Archiv f. d. Studium d. neur. Sprach., CLXXXII, 1943, pp. 118 y ss.

64  CIL, II, 4479, inscripción hallada en Prats del Rey.

65  Hoy, además de La Segarra o La Sagarra al Oriente de la provincia de Lérida, partido de Cervera, existe el río Segarra tri­butario del mar entre Alcalá de Xivert y Torreblanca, Castellón, y cerca de su nacimiento se halla una masía de Segarra (término de Catí) y en el término contiguo de Villar de Canes una venta de Segarra; no lejos, en término de Albocàsser, hay la partida del Segarró. Véase Menéndez Pidal, «Topón, medit. y top. valenc.», VII Congr. Int. Ling. Rom., 1955, vol. II, pp. 70 (y n. 1) - 71.

66  Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos con -rr-», 1958, pp. 166-167.

67  Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos con -rr-», 1958, pp. 185-186.

68  CIL, II, 2970.

69  CIL, II, 5330.

70  Aparece en un gran número de inscripciones de la región vetona y lusitana; fuera de España corresponde a emigrantes o soldados de origen hispano.

71  El pueblo de Burgos se escribe así en documentos de c. 1240 y de 1309 (Menéndez Pidal, Doc. ling. de Esp., Castilla, p. 249.

72  También hay topónimos -urro, -orru en la costa de Mauritania Cesariense y Numidia.

73  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 336-337 (ed.  1950, p. 330).

74  Sobre este sufijo, véase Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos españoles en -z, y especialmente los patronímicos», Bol. Acad. Esp., XLII, 1962, pp. 372-460.

75  Hegiraz año 1025, Heguilaz año 1706 (Cartulario de San Millán, pp. 104, 237). Compárense Eguileta Álava, Eguilor Nava­rra.

76  En el Nomenclátor de Pamplona de 1893, cuento 49 -oz, 42 -iz, junto a 10 -az y 4 -uz. La terminación -oz puede en algún caso ser el adjetivo otz ’frío’; pero en el caso de Mendoza (ya en 1025) no debe preferirse, según suele hacerse, la interpretación ’monte frío’ visto el topónimo Mendoz y el apelativo mendotz ’ce­rro, collado’ (registrado por Azkue Diccionario). No es cierto que el Cartulario de San Millán, p. 104, escriba Mendioza (como ase­gura el Dicc. hist, geogr. de la Academia de la Historia II, 1802, p. 20a).

77  Entre esos topónimos en -az hay que incluir Sarasaz, forma antigua (Corona Baratech, Toponimia navarra en la Edad Media, Huesca 1947, p.  115) de Solazar.

78  Idiáquez Guipúzcoa; Marquínez Álava, que en 1087 se llama Marquiniz.

79  Biarritz,  Ustarritz.

80  Y otros. Véase L. Michelena, Apellidos vascos.

81  Norte del Piamonte, de Lombardia y del Véneto, Haute-Savoie.

82  El latín tamarīx, -īcis es voz exótica, procedente de esa lengua primitiva; pero su sufijo, con valor de k, es distinto del que tratamos (cfr. otras voces rústicas exóticas en el latín: īlex, -ĭcis; vermex, -ēcis; murex, -ĭcis, etc.).

83  Docs, del Cartulario de San Millán, pp. 105 y 274.

84  Véase atrás, cap. I, § 2.

85  Cfr. laurices (que Plinio da como vocablo hispano) ’ven­tregada de gazapos’.

86  Parte III, capítulo III, § 5.

87  La propuesta identificación de Segia con «Egea» está he­cha sólo basándose en el sonsonete, pues «Egea» es «Echea» (Menéndez Pidal, Topón, prerrom.,  1952, p. 240).

88  El bronce expresa sólo el adjetivo Ennecensis, que recuer­da a los topónimos modernos de Vizcaya Enecuberri ’Eneco nue­vo’, Enecoita (correspondiente a «Iñiguez»), Enecuri ’villa de Eneco’ y al de Salamanca Íñigo. La existencia de un pueblo véneto Enego (en territorio en que no subsisten las consonantes dobles) indica que el antropónimo no es meramente íbero.

89 Acerca de otros nombres personales en -us e -is que pueden representar -uz e -iz, véase Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos esp. en -z», Bol. Acad. Esp., XLII, 1962, pp. 436-441.

90  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 323-324 (ed. 1950, p. 317).

91  Véase Bertoldi en Zeit. f. rom. Phil., LVI, 1936, p. 179 n. Pokorny, en Zeit. f. celt. Phil., XXXI, 1938, pp. 72 y 79 lo tiene por indoeuropeo ilírico.

92  El portugués y español verdasca ~ vardasca halla correspon­dencia en el provenzal verdacho, nombre de una planta apunta­do por Mistral.

93  En vez de verres latino.

94  Menéndez Pidal, Topón, prerrom., pp. 81-83 y 161-165 (pro­cedentes de «Sobre el substr. medit.»; Zeit. f. rom. Phil, LIX, 1939, y «Lígures y ambro-ilir.», Rev. Faculdade de Letras, X,  1943).

95  Bertoldi en Studi Etruschi, VII, 1933, p. 284; Sabarthés, Dict. topograph. de l’Aude, p. 377b (s.v. S. Eulalie de Villalier); Raymond, Dict, topograph, des Basses-Pyr.,  1863, p. 20.

96  Se usó en Castilla (Velasco), Aragón y Cataluña (Blasco), Galicia y Portugal (Vaasco). En Portugal se escribía Valasco en el s. X, Vaasco siglos XIII-XV.

97  Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos esp. en -z», BRAE, XLII, 1962, p. 448.

98  Recordemos algunos nombres de gentilidades: Balatuscum, Bodiues (cum), Corouescum, y el tribal Orgno­mescus. Y añadamos, en letras ibéricas, Belaiṣcon (y Belaiṣcas), Borneṣcon y Louitiscoṣ, que son sin duda étnicos celtíberos (Tovar, Estudios prim. leng. hisp., pp. 101 y ss. y 44).

99 Thomas, Dict. topograph.  de l’Hérault.

100 Brun-Durand, Dict.  topograph. de la Drôme,  1891, p.  137b.

101 D’Arbois de Jubainville, Les premiers habit.,  1894.

102 Véase G. Sachs, «La formación de los gentilicios en espa­ñol», RFE, XXI, 1934, p. 397.

103  Sobre «Vino judiego» A. Castro, D.S. Blondheim y J. Leite de Vasconcellos véase, respectivamente, RFE, VII, 1920, p. 383, IX, 1922, p. 180 y XI, 1924, p. 66.

104  «Manzana esperiega». No de Hesperis (J. Jud y L. Spitzer, «Esperiega», RFE, VII,  1920, p. 370), sino de asper.

105  A partir del cronista Hydatio, en el siglo V.

106  Atestiguado en monedas visigóticas. Su derivado Lamaecensis se documenta también en época visigótica (Hübner, MLI, p. 234; Holder, Alt-celt. Sprachschatz, II, col. 787).

107  Véase atrás cap. II, § 1.

108  Para nombres de dioses, hombres y lugares en -aecu, v. Hübner, MLI, 1893, pp. XIV, CX y CXXI. Añádase la variante -aego que se ve en CIL, II, 2575 inscripción de Lugo.

109 CIL, II, 5612.

110  Leite de Vasconcellos, Religiões da Lusitania, II, 1905, pp. 306-307, 313-314 y 343.

111  Menéndez Pidal, Topón.  prerrom., pp. 263-266 (procede de «Mars Cariociecus y la etimología de Quiroga», Boletim de Fil., XII, 1951).

112  Véase en Bol. Acad. Hist., XLVII, 1905, p. 305 (con foto­grafía).

113  Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos esp. en -z», Bol. Acad. Esp., XLII, 1962, pp. 447-448. Y véase adelante, Parte III, cap. III, § 5.

114  A los topónimos ya citados podrían añadirse muchos otros: Mondego (río) en Portugal, Sariego en Asturias, León, Casariego en Asturias, Samaniego en Álava (cfr. Samano en Santander), Pampliega, Tariego en Palencia (Menéndez Pidal, Infantes de Lara, 1896, p. 32827, comp. 30511, var. 200), etc.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPITULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra L, variaciones sobre el alfabeto Holbein.

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