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Obras de Diego Catalán

22.- 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

 

4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA.

------Para el conocimiento de la épica en el periodo post-alfonsí son de importancia, incluso mayor que la Crónica de Castilla, dos obras historiográficas portuguesas, ambas debidas a don Pedro Afonso, conde de Barcelos: el Livro das linhagens (entre 1330 y 1344) y la Crónica Geral d’Espanha de 1344.

a. La refundición de la gesta de Los Infantes
de Salas conocida en Portugal y España
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 ------4.1. En una y otra obra se revela el conocimiento de una gesta sobre los Infantes de Salas, que el conde debió de alcanzar a consultar gracias a la amistad que tuvo con don Juan Núñez de Lara, llamado “de la Barba”, durante el exilio de este rico-hombre castellano en Portugal (1312-1315), tiempo en que ambos formaron bando frente al hijo bastardo más amado por el rey don Dinis (1314), ya que, según parece, don Juan Núñez le facilitó una variada documentación procedente del archivo señorial de los Lara (Cintra, 1951, págs. XCV, XCVII, CXIII, CXX-CXXIII, CXLVII-CXLIX y n. 7). En el libro genealógico, don Pedro utilizó ya ciertos datos de la gesta, al contar, en el título X (referente al linaje del solar de Lara) la historia de “Gonçalo Gustiiz” o “Gosteuz” y de sus siete hijos (ed. Mattoso, 1980, págs. 147-148), al tiempo que, en deferencia a esa poderosa familia amiga, construía una fantástica genealogía con los personajes legendarios sin base en la tradición épica (bien sumariada por Escalona, 2000, págs. 153-160). En la crónica, don Pedro aprovechó inicialmente el resumen prosístico de la Estoria de España, que le proporcionaba la Versão galego-portuguesa de la Versión amplificada de 1289 (Cintra, 1951, págs. CCCXVII-CCCXXX; Catalán, 1962, págs. 305-323, y 1992a, cap. VIII, §§ 3 y 7; dato esencial que Escalona, 2000 no deja ver en su “tabla comparativa” de los relatos de Alfonso X y de Barcelos, págs. 174-176); y sólo lo retocó acudiendo a la gesta cuando en algunos detalles le parecía deficiente (ocasión en que Ruy Velázquez es premiado por el conde Garci Fernández casándole con doña Lambra, la “fija de” su prima 64; quiénes son los que lanzan a tablado antes de que el primo de la desposada realice su hazaña deportiva 65; palabras impúdicas proferidas por la novia que desencadenan la contienda entre los hermanos Velázquez 66; detalle de los agüeros contrarios que encuentran en Canicosa los infantes y disputa acerca de la interpretación que les da el ayo Nuño Salido 67). Ninguno de estos pormenores exige (frente a lo que piensa Capdeboscq, 1984) que la gesta conocida por el conde de Barcelos innovara respecto a la resumida por Alfonso X (Catalán, 1992a, c. I, nn. 110-111). Pero, al contar la batalla en que los infantes hallan la muerte, traicionados por su tío, siguiendo palabra por palabra a la Estoria de España, don Pedro de Barcelos interpoló, junto a los nombres de los caudillos moros heredados del relato alfonsí, otros dos desconocidos, “Alicante” y “Barrasín”, y ese “Alicante”, una vez descabezados los infantes, será el único en seguir actuando en la narración que inmediatamente sigue. A partir de este punto, la Crónica de 1344 abandona el texto cronístico que le servía de base y continúa con una prosificación ininterrumpida de la gesta. El modo en que el conde don Pedro aprovechó en toda esta parte la información épica difiere notoriamente del alfonsí, pues su relato en prosa va reproduciendo paso a paso todos los incidentes y discursos que contenía la fuente poética, limitándose al realizar la adaptación cronística a ocultar la asonancia en un verso sí y otro no 68. Hasta se incluyen en su integridad las palabras de loor que el viejo Gonzalo Gustioz decía en su planto cuando una tras otra iba tomando en sus manos las ocho cabezas del ayo y de sus hijos.
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Dado el ritmo tan diverso de los relatos de Alfonso X y del conde don Pedro en toda esta parte de la historia, las novedades del relato de 1344 son, en buena parte, atribuibles al mayor detallismo con que se nos refieren los sucesos o se nos citan los discursos de los personajes. Así, nada podemos alegar a favor o en contra de que las alabanzas incluidas en el planto, a las que Alfonso X solamente alude, fueran ya en la gesta por él conocida iguales a las que nos atestigua don Pedro de Barcelos; y la misma incertidumbre se da respecto a otros episodios que aparecen reseñados por vez primera en 1344 69. Pero, contra las dudas expresadas por algunos críticos (Monteverdi, 1934; reproducido en 1945, pág. 334; Deyermond, 1976, págs. 286-287), creo (con Chalon, 1976, págs. 507-509) imposible explicar como producto de los diversos criterios de adaptación de la poesía épica al género cronístico muchas otras novedades del texto de 1344 70, en especial las divergencias entre el resumen de Alfonso X y la narración de don Pedro acerca de cómo se desarrolla la venganza de Mudarra: en el relato de c. 1270, el moro se dirige directamente a Salas y a la corte de Garci Fernández en Burgos, donde Ruy Velázquez goza aún de la confianza y protección del conde, primo de su mujer, y sin más demora que la breve tregua impuesta por el conde, una vez que ha retado a Rodrigo públicamente como traidor, lo mata por sorpresa en una celada cuando intentaba dirigirse de noche a su solar en Barvadillo; en el de 1344, en cambio, Ruy Velázquez se ha alzado previamente con los castillos y lugares fuertes del condado castellano y tiene oprimida la tierra de su señor el conde, de modo que Mudarra, al llegar a Castilla, actúa, no sólo como protector de su padre y de doña Sancha, sino en ayuda de Garci Fernández que sólo posee la tierra llana; sus acciones contra el dos veces traidor comienzan con la quema de los palacios de Bilvestre y asolando Barvadillo; después, una vez convertido al cristianismo y habiendo sido hecho caballero por el conde, persigue al traidor fugitivo, con un ejército de castellanos que se le une, de plaza fuerte en plaza fuerte, a través de la meseta castellana, hasta darle alcance en el Val de Espeja; allí, tras herirle de una lanzada, lo aprisiona y lo lleva deshonrosamente a Bilvestre para que su propia hermana tome de él venganza. La incompatibilidad de los dos relatos es manifiesta y sólo un absoluto desconocimiento de los métodos historiográficos de Alfonso X hace posible hipótesis como la de Deyermond (1976, pág. 286) según la cual la versión de la venganza contenida en la Estoria de España sería debida a una labor de “compresión” realizada por los cronistas alfonsíes. Es preciso admitir, como desde un principio hizo Menéndez Pidal (1896, págs. 22-35, reproducido en 1934a y en 1971; 1951a, págs. LIX-LXX), que la gesta prosificada en 1344 es una Refundición de Los Infantes de Salas más evolucionada que la conocida por Alfonso X 71. Aparte de la gran innovación que supone la invención de la traición de Ruy Velázquez a su señor el conde castellano y del recurso a la dilación en el proceso del castigo del traidor (invenciones de carácter “populista”, hechas en beneficio de los gustos de un público que reclama claridad en la clasificación y destino de buenos y malos y de la necesidad que unos nuevos códigos políticos imponen de exonerar a la autoridad superior, condal-real, de cualquier culpa en el orden de la justicia), el refundidor es, sin duda, responsable del mayor papel que en ese proceso desempeña doña Sancha, la hermana del traidor: desde un principio reconoce en el bastardo Mudarra a su favorito Gonzalo González, el menor de sus hijos, redivivo (desestimando la cobarde negación del adulterio por su marido), y lo adopta como hijo, mediante la ceremonia de simulación de un parto; antes de la llegada del vengador, tiene un sueño présago en el que bebe la sangre de su hermano y, luego, llegado el momento en que Mudarra le entrega al traidor mortalmente herido, se precipita sobre el cuerpo exangüe, intentando “soltar el sueño” mediante el cumplimiento de lo soñado; en fin, es ella quien dispone el terrible suplicio de jugar a las cañas el cuerpo del traidor, recordando que con el juego del tablado comenzó toda la tragedia. Son pasiones bárbaras, ética bárbara y nociones de derecho bárbaro que nos conmueven precisamente por eso mismo, y que, curiosamente, se introducen en la gesta, no en lo siglos oscuros de predominio del derecho consuetudinario, sino cuando, en la sociedad medieval, las costumbres ancestrales trataban de resistir los embates del derecho romano 72.
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Una cuestión interesante a la que no me parece fácil dar contestación es la de cómo en la gesta se nos informaría acerca de la razón por la cual el conde Garci Fernández decide emparentar con don Rodrigo. Sabemos (véase atrás, cap. I, § 3a) que las bodas de Ruy Velázquez de Lara con doña Llambra de Bureba organizadas en Burgos por el Conde de Castilla constituían el comienzo de la gesta de Los infantes de Salas conocida por Alfonso X. El porqué de aquella alianza entre dos familias de diversas regiones del condado no requería explicación particular, sino que era un simple hecho que venía a establecer el escenario en que se desarrolla el drama subsiguiente. Pero, pasados los siglos, se creyó preciso buscar una causa concreta que justificara la elección de don Rodrigo para esposo de doña Llambra hecha por el Conde. Don Pedro de Barcelos en 1344 sabía algo que evidentemente Alfonso X, c. 1270, ignoraba: Ruy Velázquez se mereció a doña Llambra por una hazaña en servicio al Conde. Según el relato cronístico del Conde de Barcelos, el conde Garci Fernández, teniendo cercada a Zamora durante sus guerras con León, vinieron en rebato contra él “los de Alva e los del Carpio” y fue Ruy Velázquez “como aquel que era muy buen cavallero de armas” quien con “trezientos cavalleros” los venció en la lid campal, en la cual perdió a dos de sus caballeros, y este servicio fue la razón por la cual el conde decidió emparentar con don Rodrigo. La “noticia” no sabemos cómo la transmitiría la gesta: ¿llegó a narrarse como episodio previo a la dramática escena de las bodas? ¿o simplemente en la gesta se aludiría al suceso en el curso posterior de la acción y fue el cronista quien creó por su cuenta la exposición del hecho llevándose la noticia al comienzo de la historia? Conocido el modus operandi de los historiadores esta segunda posibilidad es altamente probable.
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Los Infantes de Salas, versión refundida
, es una gesta de que tenemos más noticias que las proporcionadas por las obras historiográficas de don Pedro de Barcelos. Fue utilizada independientemente por otro cronista anónimo, que en el año 1512 completó (fols. 410-478 antiguos) cierto manuscrito de la Crónica fragmentaria (que acababa en el reinado de Ordoño II) con la historia de los reyes de León, desde Alfonso IV a Vermudo III, según una Crónica general vulgata interpolada. De forma similar a lo que ocurre en la Crónica de 1344, en este manuscrito cronístico del s. XVI se recurre, en un principio, a la gesta tan sólo para completar en algunos detalles el resumen heredado de la Estoria de España, esta vez en su Versión crítica; sólo a partir de la escena del planctus sobre las cabezas se hace un uso extenso de los pasajes poéticos en substitución del resumen alfonsí 73.
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La importancia de este testimonio adicional cronístico acerca de la gesta de Los Infantes de Salas, versión refundida, estriba en que el historiador no se esforzó en despoetizar los fragmentos épicos que incorporaba y, por tanto, transcribió tiradas de versos fielmente reproducidos, incluso conservando rasgos poéticos tan particulares como la -e paragógica con soporte consonántico (“desque vos moristes, fijo, lo poblado se despoblarave”). En consecuencia, gracias a este manuscrito conocemos extensos fragmentos de la gesta en su forma poética (sin necesidad de realizar ninguna reconstrucción):

—Salve vos Dios, Nuño Sabido,---- mi conp(r)ad[r]e e mi amygo,
dadme agora cuenta de mys fijos----- que en vuestras manos ove metido,
por los quales en León y en Castilla -----erades vos temido,
de mejores que vos----- érades servido,
sy fuystes en consejo ---- con su tío don Rodrigo,
lo que vos non faríades----  por lo en que vos no avía visto;
cataríades los agüeros ---- como amo y padrino,
no vos querría creer ---- Gonçalo Gonçales my fijo,
ca se doldría de my ---- que estava cativo.
Perdonadme, compadre ---- e my buen amigo,
que mucha falsedad ---- sobre vos he dicho.—
La cabeça de Nuño Sabido ---- tornóla en su lugar
e la de Diego Gonçales----  fue a tomar,
mesando sus cabellos ---- e las barbas de su faz:
—¡Viejo so mesquyno ---- para estas bodas bofordare!
Fijo Diego Gonçales, ----  a vos quería yo mase,
fazíalo con derecho ---- ca vos naçierades ante;
mucho vos quería el Conde----  ca vos érades su alcalde.
También toviste la seña ---- en el vado de Cascajare,
a guisa de muy ardid ---- muy honrrada la sacaste;
ese día feciste, fijo, ---- un ensayo muy grande:
mataste con ella ---- dos reyes e un alcalde
e alçaste la seña----  y metistes la en haze,
por esto en arriba los moros----  oviéronse de arrancare,
metíense por las tiendas ---- que non avían vagare,
¡bueno fuera Ruy Velásquez, ---- si ese día finase!;
trasnocharon los moros ---- y fueronse a Gormaze.
Diovos el Conde a Pedraza----  e a Hita por heredade;
la media es çercada----  e la otra por çercare,
desque vos moristes, fijo, ----  lo poblado se despoblarave.—
Cada uno como naçió ---- así las iva tomare.
La cabeça de Martin Gonçales ---- en braços la tomava:
—Fijo Martin Gonçales, ---- vos avíades persona honrrada,
¿quyén podría asmar ---- que en vos avía tan buena maña?
tal jugador de tablas ---- no lo avié en toda España... (etc.).

Resulta sorprendente comprobar que en 1512 un refundidor de crónicas pudiese recurrir a una versión de la gesta de los infantes coincidente en su redacción con la que ya en 1344 manejó el conde don Pedro de Barcelos; es un dato que nos obliga a ser muy cautos cuando tratamos de fechar poemas a través de las manifestaciones cronísticas que nos los dan a conocer. Por otra parte, es de interés señalar que el uso de una misma refundición épica no significa la consulta de un mismo manuscrito; como es natural, entre el que conoció el conde de Barcelos en 1344 y el que tuvo en sus manos el cronista de 1512 había diferencias, y no debidas únicamente a errores o deturpaciones, sino también a “el estado fluido e inconsistente” del poema en la tradición. La comparación en detalle (verso a verso) de los dos textos cronísticos realizada por Menéndez Pidal y su reconstrucción de versos-variantes a partir de la prosificación de la Crónica de 1344 (1951a, págs. 205-236) resulta, sin embargo, empresa arriesgada, ya que, junto a bastantes casos de variación poética muy posible, se consignan muchos otros que creo explicables simplemente por el proceso de desversificación realizado por Barcelos (Catalán, 1980, págs. XXXVIII-XL).

b. La gesta de Fernan González conocida
por don Pedro de Barcelos
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------4.2. No son Los Infantes de Salas la única gesta castellana que, desde Portugal, el Conde de Barcelos alcanzó a conocer. Don Pedro no se conformó para la historia del conde libertador de Castilla con la biografía que le proporcionaba su fuente cronística fundamental, la Versão galego-portuguesa de la Versión amplificada de 1289, sino que volvió a utilizar de primera mano las cuartetas del poema arlantino de Fernán González (en los caps. CCCXII a CCCXLVIII de la ed. Cintra. Vide Catalán, 1997a, c. IV, § 21). Este hecho importa poco a nuestra exposición 74; pero, en cambio, es de gran interés el que don Pedro completara la historia de la libertad de Castilla en sus episodios finales, para los que sí utilizó como fuente básica la Versão galego-portuguesa (cap. CCCXLIX hasta cap. CCCLVI.5 de la ed. Cintra), recurriendo a un episodio de fuente desconocida:

El rey don Sancho Ordóñez de León y el conde Fernan González van a librar batalla cerca de Carrión, pero el Abad de Sahagún, junto con algunos prelados, consigue una tregua de tres días y que ambos tengan vistas en la vega de Carrión. Cuando, llegados a ellas, el Conde se dispone a besar como vasallo la mano del rey, él se la niega, acusándole de habérsele alzado con el condado, y le amenaza con prenderle, a lo que el Conde replica con soberbia: “Callad, Sancho Ordoñes, non digades palabras tan vanas; e a lo que dezides daríades poco rrecabdo quando conpliese; e digo a Dios verdad que, si no fuese por las treguas que entre nos puso el Abad de Safagunt e esos buenos omnes, ansí como vos dezides, yo vos cortaría la cabeça e de la sangre de vuestro cuerpo yría esta agua tinta; e téngolo muy bien guisado para lo fazer, si la tregua non fuese, ca yo ando ençima deste cavallo e tengo esta espada ençinta, e vos andades ençima de una mula e traedes esse açor en la mano”. Y, tornando riendas, abandona las vistas salpicando con el agua del río el rostro del rey.

------Esta escena, tan ultrajante para la magestad regia, en que el conde ofende impunemente al rey, desentona de forma tan llamativa respecto a la imagen toda del conde que el monje de Arlanza ha querido ofrecernos, presentándonoslo como un dechado de virtudes cristianas, que no resulta posible considerarla procedente del poema de clerecía (Menéndez Pidal, 1899, pág. 446; 1951a, pág. LXVIII) 75; además, la escena reaparece en el resumen de la leyenda del conde incluido en el Rodrigo, gesta que desconoce los episodios del Fernan González arlantino inventados por el monje, y asimismo fue conservada por uno de los dos únicos romances viejos de raíces épicas sobre Fernan González (“Castellanos y leoneses”) 76, con detalles que permiten afirmar la independencia de su tradición respecto a las fuentes escritas (Menéndez Pidal, 1963b, págs. 5-15). Además, en el discurso del conde hay huellas perceptibles de un asonante á.o continuado, el mismo que reaparecerá en los versos del Rodrigo (ed. Menéndez Pidal, vv. 26 y ss). En los versos de la gesta el rey y el conde hablan así:

—(Et yo) Maravillado me fago, conde, -----cómmo sodes ossado
de non me venir a (mis) cortes, -----nin me bessar la mano,
ca siempre fue Castilla  -----de León tributario,
ca León es rregno  -----et Castilla es condado.—
Essas oras dixo el Conde: -----—Mucho andades en vano,
vos estades sobre buena mula gruessa, ----- e yo sobre buen cavallo...

y en los del romance:

Sobre el passar de los vados  -----muy mal arrebueltos son:
los del rey que passarían, ----- los del buen conde que non.
El Conde, con loçanía, -----su cavallo rebolvió,
con el agua y el arena -----al rey mal ensalpicó.
Allí hablara el rey -----con semblante denodado:
—¡Cómo sois tan loco, el Conde, -----cómo sois desmesurado;
si no fuera por las treguas, -----de vos me oviera vengado:
con vuestra sangre, el conde, -----uviera yo buelto el vado!
—Pues para esso (dixo el Conde), ----- mal lo teníades librado:
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
vos traéis muy gruessa mula, -----yo muy ligero cavallo,
. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . .
vos traéis cetro de rey, -----yo un venablo azerado,...etc.

------La hermandad de las tres escenas en asonante á.o plantea la cuestión de qué estructura y carácter tendría la gesta conocida por don Pedro de Barcelos en el segundo cuarto del s. XIV. Según se deduce de la prosificación portuguesa comparada con los otros dos testimonios, el ritmo narrativo no era en ella el acelerado que caracteriza al Rodrigo, sino que se mantenía más cerca del muy pausado propio de los grandes poemas llegados hasta nosotros (sea en forma muy completa: Mio Cid, o tan sólo fragmentariamente: Roncesvalles, Los Infantes de Salas, Particiones del rey don Fernando). Este hecho debilita la hipótesis avanzada dubitativamente por Martin (1992, pág. 486, n. 87) de que la escena proceda en los tres casos de las Mocedades de Rodrigo y no de una gesta de Fernan González autónoma.
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Mayores problemas de interpretación suscita otra importante novedad de la obra de don Pedro de Barcelos en relación con el conde Fernan González: las noticias que interpola acerca de su linaje y crianza. La Estoria de España de Alfonso X no había prestado atención a la ascendencia y a la vida del joven Fernando antes de llegar a ser conde (quizá por considerarlas sin interés para la “estoria”), conformándose con sacarle a escena diciendo: “ovieron so consejo los ricos omnes et los otros cavalleros de Castiella de alçar por conde a Fernan González, fijo de don Gonçalo Núnnez, ca era ya a essa sazón grand cavallero”. A diferencia de Alfonso X, don Pedro, que, según hemos dicho, desechó para todo el comienzo de la historia del conde castellano la construcción que le ofrecía su fuente estructural (la Versão galego-portuguesa de la Versión amplificada de la Estoria de España) y procedió a rehacerla por su cuenta a partir del propio poema de clerecía, no excluyó de su exposición la información que el monje de Arlanza daba acerca del linaje y crianza del libertador de Castilla; pero no se atuvo completamente a ella, ya que, si bien admite la crianza apartada (“e fue criado en la montaña”), no hereda la extraña calidad del amo (un carbonero) que según el monje de Arlanza instruye al futuro Conde:

“e criolo un cavallero bueno que era ya viejo de edad e non podía husar de armas como conplía; e así commo él era muy bueno, ansí mostró al conde don Fernan Gonçález todo aquello que le conplía de fazer para onbre commo el que después fue”;

gracias a ese amo caballero, don Fernando “quando legó a los diez e seis años, fue atán grande e atán valiente que aduro fallarían en toda la tierra onbre de su edad o de mayor que tan bien oviere cuerpo e mañas”.
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No tenemos razones en que apoyarnos para elegir entre las dos explicaciones posibles: la de que el Conde de Barcelos encontrara inexplicable la folklórica función de un carbonero-ayo e intentara racionalizar por su cuenta el episodio, o que alcanzara a conocer una versión más explícita de la crianza del héroe que la del monje arlantino en la cual quedara clara la oculta identidad de ese “carbonero” capaz de adiestrar al niño en el arte de la caballería (Menéndez Pidal, 1963b, pág. 285).

c. ¿Conoció don Pedro de Barcelos la
gesta de las Mocedades de Rodrigo?

------4.3. La versión de la genealogía cidiana que da don Pedro de Barcelos en el Livro das linhagens y en la Crónica de 1344 es, en lo esencial, un intento de armonizar las versiones contradictorias entre sí que hallaba en dos de sus fuentes bien conocidas, la Versão galego-portuguesa de la Crónica de Castilla y el Libro de las generaciones o Liber regum navarro interpolado (Catalán, 1962, págs. 403-406) 77; pero no todos los datos contenidos en las dos variantes de la genealogía que ofrecen las obras del Conde de Barcelos se explican a partir de esas dos fuentes. Martin (1992, págs. 451-452) detecta un conocimiento de la gesta de las Mocedades de Rodrigo en ciertos detalles no consignados por la Versão galego-portuguesa (ni por la Crónica de Castilla) 78. Ahora bien, un estudio detenido de las interconexiones entre los diversos “títulos” del Livro das linhagens realizada por Prieto (1994-95, cap. VII.3 y Apéndice) aclara el porqué linajístico de las adiciones y alteraciones introducidas en la genealogía cidiana propia del nobiliario del Conde de Barcelos y me hace pensar en una alternativa al recurso directo a la gesta: el uso de un relato genealógico en que se recogieran ya esos pormenores 79.

d. Leyendas portuguesas sobre el rey
García de Portugal y Rodrigo Froiaz

------4.4. El conocimiento que don Pedro tuvo de los sucesos narrados por la gesta de Las particiones del rey don Fernando se debe, ante todo, a dos obras cronísticas: la Crónica de Castilla, utilizada a través de la Versão galego-portuguesa, que es su fuente estructural básica desde el reinado de Fernando I en adelante (Cintra, 1951, págs. CCCIX-CCCXXI, CCCXXIII-CCCXXV; Catalán, 1962, págs. 323-349 y 1992a, c. VIII, §§ 4, 7), y la Versión crítica, de la cual tomó, palabra por palabra 80, la narración de la muerte de este rey, a partir del momento en que llega a Cabezón el cardenal don Fernando (Cintra, 1951, págs. CCXLVIII y n. 214, CCXCIV-CCXVIII). Sólo en la escenificación de los últimos momentos de este rey, posteriores al incidente protagonizado por su sobrino Nuño Fernández, la Crónica de 1344 compone el relato por su cuenta con elementos que recuerdan motivos épicos presentes ya en una ya en otra de sus dos fuentes. Aunque entre los motivos tópicos ajenos a ellas figura el que don Fernando, para bien morir, pida tener en su mano la candela (como en el romance tradicional derivado de esta escena épica) 81, no es seguro que para esta composición original don Pedro manejara de primera mano el cantar de gesta a la par de las crónicas citadas. En las guerras entre los hijos del rey don Fernando, el Conde de Barcelos, aparte de estar de acuerdo con el relato de la Crónica de Castilla tal como figuraba en la Versão galego-portuguesa, muestra un conocimiento especial sobre el “amo” o ayo épico del rey don García de Galicia y Portugal llamado simplemente “don Pedro” por el texto cronístico que heredaba. En el Livro das linhagens lo identifica con el “conde don Pero Froiaz”, el hijo menor del conde “don Froiaz Vermuiz”. Ya en el Título VII (al hablar “Do conde dom Monido, donde descendem os reis de Portugal”), cuando trata de la descendencia del conde Fruela Vermúndez, rival de Alfonso II de León, declara sobre este conde don Pedro:

“Este foi mui boo fidalgo e foi criado d’el rei dom Garcia de Portugal. E quando foi preso el rei dom Garcia de Portugal d’el rei dom Sancho de Castela, morreo i este conde dom Pero Froiaz e seus filhos, e don Rodrigo Froiaz de Trastamar, seu irmão o maior”;

pero es en el Título XXI (al tratar “D’el rei Ramiro, donde descendeo a geraçom dos boos e nobres fidalgos de Castela e Portugal”) donde, al referirse incidentalmente a este hermano, “don Rodrigo Froiaz de Tastamar”, incluye por lo largo la historia de ambos hermanos en tiempos del rey García. A primera vista, el relato parece directamente basado en una narración épica, en una versión de la gesta de Las particiones del rey don Fernando; pero una atenta lectura, acompañada de una colación con las crónicas que sabemos manejó don Pedro de Barcelos, pone en evidencia que se trata de una derivación de la Crónica de Castilla en que se ha interpolado una mayor participación de “dom Rodrigo Froiaz”. Esta averiguación tiene gran importancia, pues pone de manifiesto que los detalles de la batalla ganada por don Rodrigo sobre los condes de Sancho II de Castilla, después de haber dejado al rey “en Agua de Maias a par de Coimbra” (en la cual muere el conde “Dom Fafez Serraziis” y queda mal herido el vencedor), así como la subsiguiente batalla de los reyes “em Santarem” (con sus vicisitudes desconocidas de las crónicas), son un producto del acoplamiento, al relato de Alfonso X heredado a través de la Versão galego-portuguesa, de pormenores de procedencia portuguesa que responden a los intereses de carácter señorial reelaborados por el propio Conde de Barcelos, y que, por tanto, ese mismo origen hemos de suponer a la interpolación que hizo don Pedro en la Crónica de 1344 al contar la prisión del rey don García por su hermano don Sancho en la batalla de Santarem, en que cuenta:

“quando el rrey don Garçía (que) fue preso e puesto en fierros, levólo el rrey don Ssancho consigo, e partieron de Santarén e llegaron a Coynbra. E partieron de Coynbra, e partieron vn día de mayo, e yendo por a par de la fuente del agua de mayas, donde toman las moças el agua, (e) nenbróssele a los cavalleros que era primero día de mayo e començaron a yr cantando las mayas, e el rrey don Garçía, en que los oya, yva llorando”,

interpolación que Menéndez Pidal (1919, recog. 1920) consideró un episodio lírico perteneciente al poema de Las particiones del rey don Fernando (cfr. Cintra, 1951, pág. CCXLIX).

e. Difusión oral y difusión escrita de
la epopeya
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------4.5. Los testimonios que aporta el Conde de Barcelos acerca de la vitalidad de la poesía épica en el siglo XIV no sabemos si atribuirlos a la difusión manuscrita de las gestas, para la que indudablemente se contaba en esos tiempos con muchos más recursos que en siglos anteriores, o a la continuidad de la práctica del canto juglaresco por los profesionales del entretenimiento público. Posiblemente, por entonces ya las dos formas de difusión no sólo convivían, sino que se interrelacionaban, según muestra la adición al manuscrito cidiano de Vivar de una fórmula petitoria que indica el uso de la copia por “lectores” públicos que se hacían pagar su trabajo (véase adelante, cap. V, n. 1).

------4.6. La vigencia de la actividad juglaresca tardía tiene su más clara manifestación en el Rodrigo. El poema adaptado para fines propagandísticos de la diócesis de Palencia (no sabemos bien en qué momento) revela ya en su estructura pre-palentina la existencia de nuevos modelos de poesía épica, alejados en muchos aspectos de los “cantares de gesta” de los siglos XII y XIII, incluso en sus últimas refundiciones asequibles a nuestro conocimiento, según veremos más adelante al tratar del ciclo cidiano (c. VI, § 6). La refundición pertenece, a mi parecer, al siglo XIV avanzado.

------4.7. Aparte de presentarnos una narración verbal y métricamente nueva del tema de las Mocedades de Rodrigo, el poema hace referencia a otras leyendas épicas. Incluye una breve, pero muy explícita, alusión a la muerte de los infantes de Salas (v. 60). Mayor interés tiene el resumen que hace de la historia de Fernan González pues es bastante demorado y muestra ser ajeno a las invenciones del monje de Arlanza que compuso el poema en cuaderna vía. Aunque su función es servir de tránsito entre la historia de los alcaldes castellanos y la del rey don Fernando y los hijos de Laín Calvo, viene a constituir una exposición muy completa de los principales episodios de la gesta de Fernan González hecha en un ritmo muy rápido. Pese a su brevedad, basta para confirmarnos los motivos que formaban parte de ella:

El conde Fernan González es el menor de los tres hijos de Gonzalo Núñez y sucede a sus hermanos porque los mayores “non valieron nada”. Es preso en unas vistas por el rey don Sancho de Navarra; pero la hermana del rey lo libera y huye con él. Aprovechando que el conde va aherrojado, un arcipreste intenta gozar de la infanta, pero ella lo abraza y el conde logra matarlo. Los fugitivos encuentran en el camino a los castellanos, que han hecho homenaje a una estatua de piedra en semblanza del conde y la traen como caudillo en un carro, dispuestos a liberar a su señor. El Conde, una vez reintegrado a Castilla, vence y mata a su cuñado el rey navarro. El rey de León emplaza al conde para que le venga a vistas, y el conde acude, pero se niega a que Castilla tribute a León. El rey le convoca a cortes y en ellas compra al conde su caballo y azor, prometiendo pagárselo “al gallarín” (esto es doblado el precio cada día que pase del plazo). Transcurrido mucho tiempo sin que el rey haga efectiva su deuda, el conde obtiene la libertad de Castilla como única compensación posible ante la insolvencia del rey para hacer frente a la extraordinaria cifra alcanzada por el precio del caballo y el azor.

------Gracias a este resumen poético del Rodrigo podemos desechar como no épicas todas las guerras de Fernan González contra los musulmanes con que el monje de Arlanza exaltó al fundador de su monasterio en el poema en cuaderna vía. En cambio, resulta manifiesto el carácter tradicional de la escena las vistas interpolada por el conde don Pedro de Barcelos, a que nos hemos referido más arriba, y que, más tarde, desarrollará el romancero. Ya vimos como en ella el conde replica, según el Rodrigo (vv. 30-31), insolentemente al rey:

 “Essas oras dixo el Conde: ------—Mucho andades en vano,
vos estades sobre (buena) mula gruessa,------ e yo sobre buen cavallo”.

de forma muy similar a como lo hará en el romance “Castellanos y leoneses”.
------
Tal como el poeta de las Mocedades de Rodrigo conocía el tema de la libertad de Castilla conseguida por Fernan González, la particular historia del conde castellano tenía como prólogo una referencia a la elección de los dos alcaldes Nuño Rasura y Laín Calvo por los castellanos ocurrida al morir el rey don Pelayo.

 Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

 

NOTAS

64 Clasificación acerca de la cual enseguida hablaré. Nótese que en la nueva versión de la gesta doña Lambra es sobrina del Conde (según el verso 542 de la reconstrucción de Menéndez Pidal, ed. 1980, pág. 235, reflejado en la Crónica de 1344 y en la Interpolación a la Crónica general vulgata), no prima.

65 El propio Conde, el novio, Muño Salido (“el que bien cató las aves”) y otros muchos. Pasaje asonantado en a.e, que permitió a Menéndez Pidal (1951a, pág. 199) reconstruir varios versos.

66 “Doña Llambra, quando lo oyó e sopo que su cormano Alvar Sánchez lançara tan bien, plogol mucho; e, con grant plazer que ende ovo, dixo aquellos que y seian con ella que non vedaría su amor a ome tan de pro si non fuese su pariente tan llegado. E por esto que doña Llambra dixo se siguió después mucho mal, así como vos lo la estoria contará adelante. E en diziendo doña Llambra esto...” (destaco en cursiva la interpolación).

67 Son adiciones: el nombre del pinar “que llaman Canicosa”; los detalles de los agüeros (“e el primero agüero que ovieron fue una corneja diestra e sobre ella una siniestra e desí una aguila cabdal ferrera que estava ençima de un pino”, “fueron adelante e vieron venir un aguila cabdal por el ayre dando muy grandes gritos e vino posar en un pino a par del camino por donde yvan... desí, a la çima, tomóse por la garganta con amas las manos e degollóse e dexóse caer muerta en tierra a pie del pino”), y la raya (“risca”) que hace en el suelo el ayo conminando a los infantes a que no la pasen.

68 Y, en consecuencia, la prosa, sin que resulte demasiado artificiosa, deja fácilmente oir la alternancia de las series asonánticas á.a, á.(e), ó.(e), í.o, á.(e), á.a, á.(e), ó.(e), í.o, etc.

69 Lo que, desde luego, creo seguro es que las palabras de Alfonso X “desí tomava las cabesças una a una et recontava de cada uno todos lo buenos fechos que fiziera” atestiguan la existencia de un planto estructuralmente igual al prosificado por las crónicas posteriores. No ha habido, pues, una “primera gesta de los Siete infantes sin la pormenorización de los lamentos de Gonzalo Gustioz”, como de las investigaciones de Menéndez Pidal cree preciso inducir Riquer (1959c, págs. 627-628; recog. 1968, págs. 204-213); la escenificación del planto es esencial y existió seguramente siempre en la gesta de los Infantes de Salas (hecho que ningún testimonio cronístico contradice). No podemos saber, en cambio, si en la gesta conocida por Alfonso X Mudarra se enteraba de su origen bastardo jugando a las tablas con el Rey de Segura o de otro modo.

70 Valga de ejemplo, en la historia de la prisión de Gonzalo Gustioz en Córdoba, el linaje regio atribuido a la “mora fija dalgo” a quien Almanzor encargó “quel’ guardase yl’ sirviese yl’ diesse lo que menester oviesse” ¡Cómo Alfonso X iba a omitir por su cuenta que la madre del vengador Mudarra fuese “una infante su hermana” del rey Almanzor!

71 En el terreno de las hipótesis documentalmente inverificables (y que, por lo tanto, no interesan a los planteamientos del presente libro) se sitúa la de la posible o posibles redacciones de la gesta anteriores a la conocida por Alfonso X. A diferencia del Mio Cid conservado, considero posible y aun probable que hubiera diferencias substanciales entre el contenido narrativo de la primera versión de la gesta y la conocida; pero nada podemos saber acerca de ello.

72 Esta observación debiera tenerse muy en cuenta por cuantos tratan de fechar poemas a partir de las ideologías y estados de la sociedad cambiante medieval que en ellos hallan manifestación, pues nada tiene de extraño que un poeta juglaresco defienda o bien principios nuevos, subversivos, o bien principios aparentemente periclitados, como lo han hecho y hacen los políticos de cualquier tiempo histórico.

73 Sólo volviéndose de espaldas al testimonio de la ecdótica y desconociendo por completo el árbol textual de las Crónicas Generales derivadas de la Estoria de España alfonsí (hoy perfectamente establecido para la sección en que se incluye la leyenda de Los Infantes de Salas), puede darse el hecho de que Escalona, 2000, base sus conjeturas acerca de la evolución de la leyenda en la observación (que cree hallazgo de Cummins, 1976) de que la Crónica General Vulgata Interpolada “sigue muy de cerca la linea expositiva” de la Estoria de Alfonso X (pág. 135) y llegue a argüir que el relato de este manuscrito puede ilustrar la “sistemática” modificación realizada por Alfonso X de “la trama” que presentaba “la fuente” común de ambas historias (pág. 144), sin querer aceptar que en esa crónica interpolada se mezcla el texto heredado de la Versión crítica (tomado de la Crónica General Vulgata) con pasajes más o menos extensos de la misma versión de la gesta que conoció don Pedro de Barcelos.

74 Salvo para poder rechazar como innecesario el “otro poema perdido consagrado al mismo tema, claramente más novelesco”, de que hablan Avalle Arce (1972) y Chalon (1976, pág. 471). A excepción de los pasajes citados aquí en texto, los pormenores que en el relato de don Pedro se suponen sacados de él son típicos arreglos cronísticos (según ve bien Pattison, 1983, págs. 37-39). Propios del interés genealógico del Conde de Barcelos (autor de un Livro das linhagens que marcó época) son las precisiones acerca de ciertos personajes, algunos tradicionalmente anónimos (denunciadas por Chalon, 1976, págs. 473-474 y Pattison, 1983, pág. 37); son análogas a las que introduce en muchas otras partes de la Crónica.

75 La posibilidad (aquí rechazada) de que la escena se hallara en el poema en cuaderna vía se debe a que en el único manuscrito conservado la obra está trunca; sólo conocemos su desenlace a través de la prosificación alfonsí. En ésta, que es muy detenida, no hay huella del episodio.

76 Es de notar que en la parte primera del episodio, la versión más vieja del romance conserva la -e paragógica (sone, none, Leone, Carrione, escuadrone) para igualar con las formas en ó.e (dibisiones, moxones, traidores, honbres) e incluso el uso de una consonante de apoyo en las formas acabadas en vocal (pasóve, salpicóbe), exactamente igual que en las gestas.

77 En el título VIII del Livro das linhagens, de acuerdo con la Versão galego-portuguesa de la Crónica de Castilla, Alaim Calvo casa con Tareija Nuniz, hija de Nuno Rasoira, de quien tiene “quatro filhos”, a quienes remontan “os de Mendoça”, “os de Bizcaia”, “os de Castro” y “o Cide Rui Diaz”. La ligazón linajística de “o Cide Rui Diaz o Bem-aventurado” con el juez castellano es por ser descendiente de “Fernan Alindes e de Vermuu Laindez” dos de sus hijos, pues, según luego se explica, el nieto de Fernan Laindez y la biznieta de Vermuu Laindez fueron los padres de Diego Laindez, quien se casó con dona Tareija, hija del conde Nuno Alvarez de Maia y engendró en ella a Rui Díaz. Esta versión del entronque de Rodrigo Díaz con el linaje de Laín Calvo contradice la que figuraba en la Versão galego-portuguesa (y en la Crónica de Castilla, en general), donde se suponía que “o mellor” hijo del juez (a quien se nombra como el cuarto o último) era “Diego Laynes de que ve˜ Rodrigo de Bivar”, sincopando, a lo que parece, varias generaciones del linaje. La versión, más historiográfica, del Conde de Barcelos deriva de la consulta del Libro de las generaciones (Liber regum) utilizado como una de sus fuentes (el Libro de las generaciones interpolado de entre 1260 y 1269). De acuerdo con él, el primero y el segundo hijo de Alaim Calvo llevan los nombres de Fernam Laindez y Vermuu Alindes (y no de Fernan Laynes y Layn Laynes, como en la Versão galego-portuguesa); además, de conformidad con esa otra fuente, se trazan a continuación las líneas de descendencia de ambos hermanos hasta que confluyen mediante el casamiento de Nuno Laindez con dona Elo, quienes engendran a Laim Nuniz, padre de Diego Laindez. La misma combinación de fuentes sirve para trazar la biografía del Cid, que sigue a su genealogía, y para hablar de sus descendientes. En la Crónica de 1344 el linaje del Cid se desplaza, respecto a la Versão galego-portuguesa, a fin de completar la información sobre la descendencia de los jueces de Castilla; y el texto incluido es, en la genealogía inicial, casi idéntico al del Livro das linhagens; después se siguen utilizando las dos fuentes citadas, recogiendo de ellas componentes diversos. Según cita expresa del cronista portugués, el por mí llamado Libro de las generaciones interpolado de entre 1260 y 1269 que utilizó tenía origen caradignense: “E esto como achamos na caronica de Sam Pedro de Cardena, onde jaz enterrado o seu corpo do Cide, assi o posemos aquy pera non viir depos em duvida”.

78 Los rasgos ajenos a las fuentes anteriores que pudo hallar don Pedro en las Mocedades son: la hija del conde Nuño Álvarez de Amaya madre de Rodrigo era nieta bastarda (“de gaança”) del rey de León (dato consignado en el Livro das linhagens y en la Crónica de 1344); de Fernam Laindez y de Vermuu Laindez desciende, no sólo el Cid, sino también “Alvar Fernandez Menaia, donde sairom os de Castro”, pues Lain Nunez, además de a Diego Laíndez, padre del Cid, tuvo otro hijo “Fernam Laindez, padre de dom Alvar Fernandez Menaia” (dato que sólo figura en el Livro das linhagens en este título VIIIº). Es de notar que estos datos no empalman bien con lo que se dirá en el linaje de los Castro (título XIº) donde la única hija de “dona Gontrode Goterrez” y de “don Nuno Alvarez da Maya” es “Exemena Nuniz”, casada con “don Fernam Laindiz irmaão de dom Diego Laindiz padre de Ruy Diaz o Çide e fez em ella Alvar Fernamdiz de Menaya”. Otro dato concordante con las Mocedades es el decir que los de Vizcaya descienden de Elvira Vermuiz, hija de Vermuu Laindez (según el Livro das linhagens; la Crónica de 1344 sólo consigna que vienen de Vermuu Layndez). En fin, el sobrino del Cid “Pero Vermuiz” era hijo de un hermano bastardo del Cid (la Crónica de 1344 lo añade a los cuatro que nombraba la Versão galego-portuguesa, siguiendo a la Crónica de Castilla, como hijos de Fernando Díaz, engendrado por Diego Laínez en una labradora). Este último rasgo no es enteramente ajeno a la tradición cronística previa: ya en la “Interpolación” cidiana de la Versión mixta se advierte al lector: “et vos devedes saber que este escudero Ordonno [uno de los hijos de Fernan Díaz] hermano era de padre et de madre de Pero Bermúdez” (PCG, pág. 613a18-19; cfr. además PCG, pág. 614a35-46).

79 El estudio de Prieto ha puesto bien de manifiesto la necesidad de tener en cuenta la documentación genealógica reunida por la casa de Haro-Lara en el último cuarto del s. XIII al estudiar los otros dos géneros de historia, el cronístico y el épico; la “literatura” linajística constituye hoy un campo de estudios documentalmente mal explorado y que científicamente no debiera seguir siendo subsidiario de los relativos a los otros dos géneros mejor conocidos. Su tratamiento como un campo autónomo puede llegar a ser tan importante para nuestros conocimientos como ha sido el liberar a la historiografía de su carácter auxiliar respecto a la historia y a la épica.

80 Sólo difiere el texto de don Pedro del de la Versión crítica en la sistemática incorporación a la acción de la infanta doña Elvira al lado de su hermana doña Urraca. La forma en que se añade su participación no deja la menor duda respecto al carácter netamente historiográfico del retoque.

81 En la versión que Martín Nucio recogió en su Cancionero de romances, Anvers, sin año [c. 1548] el romance comienza: “Doliente estava, doliente esse buen rey don Fernando / los pies tiene cara oriente y la candela en la mano”. A continuación hace constar la presencia a la cabecera del rey moribundo de sus cuatro hijos, los tres legítimos y uno bastardo y recuerda la privilegiada situación en que deja al bastardo.

ÍNDICE DEL CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24  6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO

Diseño gráfico:

La garduña ilustrada

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