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Obras de Diego Catalán

44.- 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO



2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO

------2.1. El alto valor literario de las dos creaciones juglarescas que inauguran el tratamiento de la vida de Rodrigo, el Mio Cid y Las particiones del rey don Fernando, fue, sin duda, una de las causas que contribuyeron a que una y otra gesta siguieran siendo recordadas más acá de mediados del s. XII en que su contenido político tenía actualidad. Pero, si nos atenemos a los testimonios conservados, el “éxito” de una y otra no se habría reflejado de una forma paralela en su transmisión literaria: El viejo Mio Cid de c. 1144, cantado c. 1147, tuvo el privilegio de ser puesto por escrito y de generar una tradición textual manuscrita que dio lugar, posiblemente, a una copia de 1207, a otra u otras utilizadas por Alfonso X, c. 1270 y en 1282/84, a la que por esos mismos tiempos conoció el monje caradignense creador de la *Estoria del Cid en prosa, a la de Vivar en tiempo de Alfonso XI, y en 1596 a la de Juan Ruiz de Ulibarri, cuando menos 3.

------2.2. En contraste, la gesta de Las particiones del rey don Fernando no sabemos que fuera puesta por escrito en forma métrica, y, en cambio, nos consta que, ya a fines del s. XII, circulaba con variantes narrativas de importancia y que, en el último tercio del s. XIII, era cantada por los juglares en una versión que, si bien conservaba con gran fidelidad no sólo la trama sino también muchas de las escenas de la primitiva versión anterior a c. 1185/90, en otros episodios innovaba la herencia tradicional. Aunque la comparación entre el extenso resumen de la narración épica acogido por Alfonso X en su Estoria de España y las escuetas referencias anteriores sólo ocasionalmente permite discernir qué elementos en esa versión del s. XIII proceden de la gesta primitiva y qué elementos son de nueva creación, los casos en que podemos constatar un proceso de refundición son suficientes para afirmar que en su evolución tradicional, desde mediados del s. XII a los tiempos alfonsíes, la gesta de Las particiones del rey don Fernando alteró substancialmente el papel que en ella tenía Rodrigo Díaz.
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Curiosamente, en algunas escenas la tradición se mostró vacilante en la participación concedida a Rodrigo. Ya antes de finalizar el s. XII, la astucia que el rey don Sancho empleaba en la versión de la gesta anterior a c. 1185/90 para apresar en Santarem a su hermano el rey don García había sido substituida por una batalla entre ambos reyes, que repetía, con alguna variación, la que de antiguo se contaba a propósito del encuentro armado habido en Golpejera entre don Sancho y don Alfonso 4: Según el nuevo relato, recogido en el Libro de las generaciones de los reyes (Liber regum) en su redacción anterior a 1194, en Santarem combaten el rey don Sancho y el rey don García y cae preso don Sancho; pero Rodrigo Díaz le socorre y libera y, a continuación, prende a don García. Esta novedad de substituir el viaje en romería del rey don Sancho por un encuentro armado arraigó en la tradición épica, ya que la gesta conocida por Alfonso X, c. 1270, reproduce las vicisitudes de la batalla de Santarem tal como se narraban antes de 1194; pero, sorprendentemente, en esta nueva versión Rodrigo ha sido desplazado por Alvar Háñez como protagonista de la primera parte de la hazaña.
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El cambio de nombre del libertador del rey don Sancho no es fortuito, pues la hazaña de Alvar Háñez se halla precedida, en el nuevo relato épico, por dos escenas en que Alvar Háñez, “un caballero muy bueno que era sobrino del Çid”, ocupa un papel central, y esas dos escenas forman parte de una larga serie de episodios narrativamente encadenados que, indudablemente no formaban parte del poema primitivo, el anterior a c. 1185/90.
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En efecto, dado que,  en la gesta de mediados del s. XII,  la prisión del rey don García en Santarem se produce mediante la argucia de la simulada romería que emprende el rey don Sancho para poder pasar a través de los reinos de sus hermanos, sin necesidad de ninguna acción bélica, no sólo la batalla de Santarem es ajena a la concepción épica primitiva, sino la cadena de episodios previos que aparecen en el relato de Alfonso X y que cito a continuación: el consejo del Cid a su rey de pactar con don Alfonso antes de atacar a don García, la entrevista en Sahagún de los reyes de Castilla y de León, el desafío del rey don Sancho al rey don García llevado por Alvar Háñez, el vano intento del rey don García de conseguir que su hermano el rey de León impida el paso de don Sancho por su reino; la derrota de los condes castellanos en Villafranca de Valcárcel; la retirada de los gallegos y portugueses hasta el extremo Sur del reino y la arenga del rey don García.
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El contraste entre esta profunda y extensa reforma de todo el comienzo del “Cantar del rey don Sancho” y la extraordinaria fidelidad con que se conservan a lo largo de los tiempos escenas como la batalla de Golpejera, el mensaje de don Sancho a doña Urraca, la muerte del rey don Sancho por Vellido Adolfos y la persecución del traidor por Rodrigo Díaz, que ya hemos comentado, nos obligan a ser cautos en la datación de los componentes cidianos de la gesta de Las particiones cuando las escuetas noticias de la Chronica naiarensis o del Libro de las generaciones de los reyes nada nos dicen respecto a la presencia o ausencia de determinado pormenor; pero no podemos por ello dejar de intentar una disección cronológicamente ponderada de lo contado, c. 1270, en la Estoria de España.
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Habida en cuenta la relativa cercanía de la gesta conocida por la Chronica naiarensis (c. 1185/90) a los tiempos objeto de su relato, no es de creer que en ella Rodrigo Díaz, el Campeador, aunque fuese ya considerado el mejor de los caballeros del rey don Sancho, ocupara la posición de consejero favorito del viejo rey don Fernando en que lo coloca la refundición conocida por Alfonso X, ni que, en vista de su predicamento, la propia infanta doña Urraca esperase y consiguiese modificar con su ayuda la última voluntad de su padre, según cuenta el resumen alfonsí del “Cantar del rey don Fernando”. Obra del refundidor del s. XIII es, según hemos visto, la anacrónica aparición de Alvar Háñez, sobrino de Rodrigo, como un destacado caballero en las guerras sucesorias. También lo es, sin duda, el que el Campeador sea denominado “el Cid” (si es que no se debe a una homogeneización onomástica introducida por los cronistas alfonsíes). Toda esta indudable ampliación del ya notable componente cidiano existente desde antiguo en Las particiones del rey don Fernando no puede deberse sino a la coexistencia en los repertorios de los juglares de la gesta de Las particiones con la del Mio Cid, en la cual Rodrigo no era solamente el mejor de los mejores caballeros sino el más grande de los vasallos.
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El conocimiento del Mio Cid por la Refundición de Las particiones del rey don Fernando resulta comprobada en el primer cantar de esta gesta, el de “La muerte del rey don Fernando”, cuando se nos narra que, estando Rodrigo y la infanta negociando a solas con el rey moribundo, se forma en las dependencias de palacio un gran tumulto y el Cid acude, furioso, a poner orden:

“Tomó su espada en la mano e salió fuera a ellos e truxo mal a todos, sy non a los reyes tan solamente, amenazándolos muy mal de muerte, diziéndoles que estudiessen muy callados e que ninguno osase entrar al rey fasta que la ynfante doña Urraca oviese todo lo suyo recabdado”

“allý se levantaron luego los vandos, los unos llamavan Bivar e los otros a los condes de Carrión”.

Obviamente, el suponer que en la corte de Fernando I existieran esos dos “vandos” sólo pudo ocurrírsele al poeta de Las particiones por tener muy presente el recuerdo de la gesta de Mio Cid y la contienda jurídica de las cortes de Toledo, en que el infanzón de Vivar y los suyos se confrontan con los infantes de Carrión y con el conde don García (a quien el Cid recuerda en su discurso la afrenta que le infligió en Cabra), los cuales han acudido a las cortes rodeados de sus numerosos seguidores: “e con ellos grand bando que aduxieron a la cort”. Más adelante seguiremos comentando, a la luz de otros datos, este importante vínculo entre las dos gestas.
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A la vista de esta clara reminiscencia del Mio Cid en el primero de los cantares de Las particiones no resulta necesario pensar (con Horrent, 1961, págs. 262-265, y los que le han seguido) que la jura en Santa Gadea se compusiera “sin trabazón necesaria con el cerco de Zamora”, como una “breve obra épica extraña en sí misma a los cantares convecinos”, a fin de intercalarla entre las dos gestas. El hecho de que en ella el rey se muestre resentido por la dura forma en que Rodrigo le toma la jura exculpatoria y retire su mano cuando el más legalista de los castellanos que le reconocen por rey y señor legítimo intenta, al fin, besársela, es, no más, un eco de ese conocimiento de la historia poética de mio Cid que sabemos tenía la Refundición de Las particiones.
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Tampoco es indicio de una independencia del tema respecto a la gesta de Las particiones la ausencia en la Chronica naiarensis de cualquier referencia a la jura (como argumenta Horrent), ya que en esta crónica tampoco se alude al reto de Zamora 5. En consecuencia, o consideramos adiciones de la Refundición de Las particiones ambos episodios o juzgamos que el silencio de la Chronica naiarensis es insignificativo en uno y otro caso. Ante la imposibilidad de optar por una u otra interpretación, no me atrevo a respaldar, apoyándome en el silencio del monje cronista sobre el particular, que tan notables episodios de la gesta fueran una adición del refundidor.

------2.3. Mayor importancia para las transformaciones sufridas por la historia y personalidad del Cid poético a lo largo de la Edad Media que la extensión de su papel de consejero de reyes desde los tiempos del rey don Sancho a los tiempos del rey don Fernando, de que veníamos tratando, tiene la aparición en la Refundición de Las particiones de un sub-tema probablemente ausente de la gesta de mediados del s. XII: la crianza de Rodrigo, por orden del rey don Fernando, junto a doña Urraca, en casa Arias Gonzalo, el ayo de la infanta 6.
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La crítica suele considerar que la presencia en los textos de referencias a la vida del Cid en años previos a la muerte del rey don Fernando supone el conocimiento de un poema épico en el cual esos sucesos estuvieran escenificados, y ha identificado a ese poema con el de las Mocedades de Rodrigo (Menéndez Pidal, 1924a, pág. 3857 e inéd., cap. XXVI, § 1; Armistead, 1957-58 y 1974, recog. en Armistead, 2000, págs. 49-52 y 31-37); sin embargo, no parece preciso suponer que los motivos constituyentes de ese pasado del héroe épico fueran inventados como componentes de una narración en que la mocedad o juventud de Rodrigo fuera activamente representada en un escenario épico. A mi parecer, pudieron muy bien ser ideados en forma de alusiones a ese pasado, introducidas en el contexto de sucesos posteriores, del mismo modo que la herida infligida por el Cid en Barcelona al sobrino del Conde o el repelón de la barba dado por el Cid a Garci Ordóñez cuando lo prende en la batalla de Cabra son “hechos” que sólo figuran en el Mio Cid en boca del resentido conde don Ramón al tiempo de atacar al Cid en el pinar de Tévar, o en la de un Cid burlón cuando replica a las soberbias del conde don García en las Cortes de Toledo 8. Nadie, creo, supondrá, tomando como apoyo las palabras que doña Urraca dirige a su padre (Las particiones, relato resumido en la Versión crítica de la Estoria de España, ed. Menéndez Pidal, 1951a y 1980, pág. 249)

“vos desposástesme con el Enperador de Alemaña varón mucho onrrado, él murió ante que comigo casase, e agora finco nin biuda nin casada”,

que los historiadores alfonsíes remitan con ellas a un relato exterior o que el “Cantar del rey don Fernando” presentase esos desposorios y esa muerte en forma escénica; análogamente, las referencias, en boca de personajes varios, a la crianza del Cid en Zamora al lado de la infanta doña Urraca bajo la paternal autoridad de don Arias tampoco deben considerarse remisiones a una presentación escénica de los tiempos históricos que esas referencias “recuerdan”. En la Estoria de España, la evocación del tiempo pasado aparece en el discurso de los personajes épicos como parte de los razonamientos que esos personajes hacen cara a un interlocutor cuyo comportamiento o juicio pretenden modificar o que evalúan al hallarse en situaciones especialmente conflictivas. Así, cuando la infanta procura el apoyo del Cid para lograr que el rey don Fernando moribundo altere en su favor el testamento, argumenta:

“Bien sabedes, vos Cid, que siempre vos yo amé e vos ayudé e nunca vos destorvé en ninguna cosa...”9,

y cuando el rey don Sancho envía al Cid a proponer a doña Urraca la entrega de la ciudad “por aver o por cambio” y fracasa en la embajada, todos tres arguyen recordando las relaciones que entre ellos hubo tiempo atrás:

“Sennor, pora otre seríe tal mandado como este ( ) de levar, mas pora mi [non] es guisado, ca yo fui criado en Çamora, do me mandó criar vuestro padre con donna Urraca en casa de don Arias Gonçalo, et conozco a don Arias et a todos sus fijos” (objeta el Cid 10);

“Cid, vos sabedes como fuestes criado comigo aquí en casa de don Arias Gonçalo...” (recuerda doña Urraca al mensajero 11);

“Vos consejastes a mi hermana que fiziese esto, porque fuestes criado con ella” (acusa don Sancho al Cid 12).

------Estas alusiones al tiempo pasado (reunidas por Armistead, 1957-58 y 1974, págs. 29-30, recog. Armistead, 2000, págs. 50-51, nn. 7-8 y 33-34) son, en mi opinión, las primeras y únicas situaciones en que la epopeya (y, tras ella, el romancero 13) trataron el hecho. Al fin y al cabo, únicamente en ese contexto de conflictividad de sentimientos y deberes el sub-tema tenía interés literario 14. Sólo tardíamente la Crónica de 1344 incluirá, según luego veremos, un relato de la crianza de don Rodrigo junto a la infanta doña Urraca, cuyo origen historiográfico y no directamente poético resulta, a mi parecer, indudable.
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También en forma de alusiones al pasado debió de nacer, en la gesta de Las particiones del rey don Fernando, otro pormenor sobre la juventud del Cid, el de que fuera el rey don Fernando quien le armara caballero con ocasión del cerco de Coimbra, por más que la Estoria de España consigne en este caso la noticia en una breve interpolación al relato de la conquista de Coimbra heredado del Toledano y del Tudense:

“...mas la villa era tan grande e tan fuerte que siete años la tovo çercada. En este comedio fizo cavallero a Ruy Díaz el Çid Canpeador”15

Esta referencia ha sido considerada por la crítica (Menéndez Pidal 1924a, pág. 385 e inéd., cap. XXVI, § 1; Armistead, 1974, recog. en 2000, págs. 31-37) junto con la presencia en el relato de la muerte del rey de su hijo bastardo el Cardenal (Armistead 1974, pág. 31, recog. en 2000, pág. 35; Pattison 1983, pág. 465) como una prueba de la antigüedad de las Mocedades de Rodrigo y de que Alfonso X alcanzó a conocer esa tradición épica aunque en su Estoria no acogiera ninguno de sus episodios más notables y característicos 16. Sin embargo, no creo que esa interpretación sea correcta. El hijo bastardo de Fernando I, que en la escena de la muerte del rey tiene, junto al Cid, un papel sobresaliente, no tiene por qué haber nacido literariamente en la gesta de las Mocedades, aunque el inventor de este poema nos cuente la ocasión y motivación de su engendramiento; todo lo contrario, la “existencia” en Las particiones del personaje, ya adulto, sería el incentivo para la invención en las Mocedades de su madre, la hija del Conde de Saboya, y del plan de Rodrigo de que su rey “embarragane a Francia” engendrando en la doncella cautiva un bastardo. En cuanto a que Fernando I fuera quien armara caballero al Cid, según afirma la Estoria de España, es de notar que, de los dos datos ajenos a las fuentes estructurales, el primero, la duración por siete años del cerco (dato antihistórico)17 no es de procedencia épica, sino (como ya reconoció Menéndez Pidal, 1955d, pág. CLVI 18) una anticipación de un detalle que la Estoria de España incluía un poco más adelante al recurrir al Liber beati Jacobi (conservado en el llamado Codex Calixtinus, escrito en el segundo tercio del s. XII, pp. 283-285) completando y corrigiendo con él la narración de un milagro del apóstol Santiago que Alfonso X heredaba de la exposición sobre la conquista de Coimbra contenida en las historias del Toledano y el Tudense 19. De forma semejante, esto es, como labor de coordinación de datos procedentes de pasajes posteriores de la Estoria de España, se explica la breve “noticia” referente a Rodrigo. En varios discursos, tomados sin duda alguna de la gesta de Las particiones del rey don Fernando, los personajes arguyen rememorando:

“Señor, vos me criastes niño muy pequeño e fezistesme cavallero e distes me cavallo e armas...” (Rodrigo al rey Fernando 20);

“Çid, vos sabedes cómo vos crió mio padre en su casa muy onrradamente et fízovos cavallero et mayoral de toda su casa en Coymbria quando la ganó de moros...” (Sancho a Rodrigo 21).

Al igual que ocurría con las referencias a la crianza del Cid junto a doña Urraca, la rememoración de haber sido armado el Cid caballero por el rey don Fernando es parte de la argumentación del que habla en esa escena de Las particiones: trata de subrayar el deber que el interlocutor tiene de actuar en la dirección que a continuación se le pide. No hay, a mi ver, razón alguna para pensar que en la gesta se hubiera puesto anteriormente el episodio en acción. Una vez convertida la primitiva referencia en suceso por los compiladores de la Estoria de España, otros historiadores posteriores completaron la reconstrucción de las escenas en que Rodrigo es armado caballero y en que es promovido a la posición de cabo o mayoral de la casa del rey (véase atrás, cap. III, § 2. d , al tratar de la utilización y manipulación de la información épica por el formador de la Crónica de Castilla) 22.
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El mismo mecanismo de conversión de lo que inicialmente eran datos enunciados fuera de su contexto temporal en sucesos históricos narrados en su apropiado lugar cronológico explica la aparición tardía en la Crónica de 1344 23 del primer relato sobre la crianza de Rodrigo junto a la infanta doña Urraca por disposición del rey don Fernando (que Cintra, 1951, pág. CCXLVIII y Armistead, 1957-58 y 2000, págs. 49-52, consideraron basado en una escena de las Mocedades de Rodrigo):

“e fuesse por Bivar e falló hý Diego Laýnez de Bivar, que bivió después poco tiempo, e a su muger doña Teresa Núñez, que era muy buena dueña e muy amiga de su marido, e falló hý su fijo Rrodrigo de Bivar, que después ovo nonbre el Çid Rruy Díaz, que era ya de diez años, e levólo consigo e criólo en su casa muy bien como a él conplía. E doña Urraca su fija le fazía mucha onrra, en guissa que por esta onrra amávalo más que a nenguno de sus hermanos. E non entendades que este amor que le ansí avía que era por nenguna otra manera que  ý oviesse nin de cuydo nin de fecho. E este Rrui Díaz, después que llegó a tienpo [de] tomar armas, quisiéralo el rrey don Fernando fazer cavallero; mas él le pidió por merçed que lo non fiziese cavallero si non quando gelo él pidiesse; e el rrey otorgógelo”24

Juntando el nombre de los padres, que le proporcionaba la genealogía de Rodrigo incluida en la Crónica de Castilla, a la información contenida en las referencias arriba citadas, que las crónicas daban al reproducir los discursos de los personajes de Las particiones, el conde don Pedro alumbró un capítulo nuevo en la biografía del héroe.
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En fin, según mi lectura de las crónicas (lectura que, después de escritos estos razonamientos, encuentro ser muy paralela a la de Martin, 1992, págs. 447-450), ninguno de estos esfuerzos por elaborar el pasado del Cid en forma narrativa debe de atribuirse a la actividad de poetas refundidores. El papel de los juglares se limitó, y ello es suficiente, a la construcción rememorativa de ese pasado en boca de los personajes ya adultos que actuaban en la gesta de Las particiones del rey don Fernando.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)



NOTAS

3 La difusión escrita, arriba comentada, del Mio Cid a lo largo de la Edad Media, que hizo posible la utilización de la vieja gesta por Alfonso X (c. 1270 y en 1282/84), la conservación hasta el s. XIV del prototipo del manuscrito de Vivar y el empleo de esta copia tardía en recitaciones públicas, si bien no favorece la hipótesis de que la gesta continuara siendo cantada en refundiciones épicas, tampoco, en principio, la desautorizan.

4 En una y otra batalla, el rey don Sancho cae inicialmente preso, es liberado por un vasallo que pelea solo contra el grupo de caballeros que lo custodia y, subsecuentemente, logra la victoria llevándose a su hermano preso. La variación consiste en que la prisión del otro rey rival se produce en un caso (Golpejera) simultáneamente a la de don Sancho y en el otro (Santarem) es posterior a su liberación.

5 Por otra parte, no veo contradicción alguna entre los presupuestos o entre los resultados de las dos ordalías: tanto Diego Ordóñez como Rodrigo Díaz cumplen con su deber de vasallos y tanto Zamora como Alfonso se someten legalmente a ambas pruebas sin que Dios falle en su contra.

6 No veo contradicción ni conflicto de tradiciones divergentes (según le parece ver a Armistead, 1974; recog. en 2000, págs. 32-35) entre las referencias a la crianza por el rey don Fernando y a su crecimiento en casa de Arias Gonzalo el ayo o amo de la infanta doña Urraca, hija mayor del rey.

7 A causa de esos pasajes, Menéndez Pidal abandona la clara distinción que había establecido (creo que correctamente) en 1910 entre “el cantar del rey don Fernando”, perteneciente a la gesta de Las particiones del rey don Fernando, y las Mocedades de Rodrigo y comienza a pensar que la “Partición de los reinos” es un breve epílogo de una gesta sobre Fernando el Magno con las Mocedades de Rodrigo (1924a, pág. 285; 1951a, págs. LXV, LXVIII). En su confusión, arrastra a Cintra (1951, p. CCXLVIII) e, incluso, a Chalon, 1976, pág. 387. En su Historia de la épica póstuma (inéd., cap. XXVI, § 1) Menéndez Pidal complica aún más sus suposiciones ya que defiende la existencia de “cantares sueltos que no habían llegado a organizarse en un poema épico” referentes sólo al rey Fernando, los cuales se extinguirían en el s. XIII, “y, por otro lado, otras narraciones en que interviene el Cid, las cuales medran y se afirman en el siglo siguiente”.

8 La creación de la noticia a partir de la alusión es análoga a la incorporación del pormenor “e messóle una pieça de la barba” por la Versión crítica de la Estoria de España alfonsí al pasaje procedente de la Historia Roderici sobre la prisión del conde don García en la batalla de Cabra.

9 Y él asiente: “Bien conosco que me feziste bien e merçed e valí siempre más por vos”. Cito por la Versión crítica (Las particiones, ed. 1951a y 1980, pág. 246).

10 Cito por la Versión amplificada (ed. 1906, 1955 y 1977, pág. 506b), pero corregida con la ayuda de la Crónica de Castilla. En las varias versiones de la Estoria de España el pasaje aparece mal interpretado, pues en ( ) se añade “grieve” y luego se omite “non”; la Crónica de Castilla nos permite restituir el sentido primitivo: “Señor con esse mandado otro mensagero vos allá embiad, ca non es para mí, ca yo fuy criado de doña Urraca a la sazón, e non es guisado que le lleve yo tal mandado” (ms. P).

11 Cito por la Versión amplificada (ed. 1906, 1955 y 1977, pág. 507a).

12 Cito por la Versión amplificada (ed. 1906, 1955 y 1977, pág. 508a).

13 En el romance “Afuera, afuera, Rodrigo”, doña Urraca increpa a Rodrigo (al recibir a través de él el mensaje de su hermano, hemos de suponer), recordándole su “amor” en “aquel buen tiempo pasado”.

14 Chalon (1976, pág. 312), sin plantearse el origen del sub-tema, comenta acertadamente: “la versión épica de la infancia del Cid, tal como la enuncia la PCG [=Estoria de España], torna mucho más dramático el encuentro del héroe y de doña Urraca en presencia de Arias González”.

15 Cito por la Versión amplificada (ed. 1906, 1955, 1977, pág. 487a) que es idéntica a la Versión mixta; la Versión crítica es prácticamente igual.

16 Ya que nada dice la Estoria de España sobre la muerte de Gómez de Gormaz, la ascendencia de Ximena, la traición de los condes castellanos o la expedición a Francia.

17 El cerco histórico duró seis meses (del 20 de enero al 23 de junio de 1064).

18 Aunque en la Historia de la épica póstuma (de próxima impresión) no tiene presente esta observación y supone que las adiciones al relato de las fuentes historiográficas las toma Alfonso X “del Cantar del rey don Fernando que la Crónica en otros pasajes muestra conocer”.

19 El Apóstol, indignado con un peregrino que se escandalizaba de la creencia popular que atribuía al pescador discípulo de Cristo nombre y actos de caballero, se le aparece a caballo y armado, y le dice: “...para que creas esto más firmemente, abiertas con estas llaves que tengo en la mano las puertas de la ciudad de Coimbra que por siete años resiste el cerco del rey de los cristianos Fernando, mañana a hora de tercia, entrados los cristianos, se someterá a su potestad” (lat.). Aparte del pormenor de la duración del cerco, Alfonso X incorporó a la narración del milagro, que contaba siguiendo fundamentalmente al Toledano y al Tudense, el dato de que el peregrino había sido en su tierra obispo y se llamaba Estiano y la amonestación en estilo directo, detalles que figuraban en el relato pseudo-calixtino del milagro.

20 Cito por la Versión crítica (ed. 1951 y 1980, pág. 225).

21 Cito por la Versión amplificada (ed. 1906, 1955 y 1977, pág. 506a-b). La Versión mixta y la Versión crítica son similares.

22 También se esforzaron en lograr mayor coherencia en la historia cidiana introduciendo nuevas referencias al suceso en pasajes muy posteriores. Una de las alusiones forma parte del discurso que Alvar Háñez dirige al rey (en el contexto de la embajada que en el Mio Cid viejo se cuenta en los vv. 2391-2952 en que el portador del mensaje es Muño Gustióz): “Et non querades que en el vuestro tiempo esté el Cid desonrrado, que fasta el día de oy muchol’ guardó Dios de desonrra; et vuestro padre el buen rey don Fernando, que buen sieglo aya, le fizo cavallero en la hueste de Coynbra et le levó siempre adelante” (PCG, pág. 612b). La otra alusión figura en boca del propio Cid (en el contexto de los vv. 3258-3269 del Mio Cid): “Et, señor, loado a Dios et a la vuestra merçed, tal soy yo et atantos bienes me a Dios fechos del día que yo ove cavallo et armas —que me dio el rey don Fernando vuestro padre que me fizo cavallero— fasta el día de oy, que...” (PCG, pág. 619b). No creo que las referencias constaran en fuente poética alguna.

23 Figura también en un manuscrito de la Crónica de Castilla (el ms. S); pero debido a haber consultado, como fuente adicional, la Refundición de c. 1400 de la Crónica de 1344 (según reconoce Armistead, 1957-58, pág. 27 y n. 6 y 2000, pág. 50 y n. 6; cfr. Catalán, 1962, págs. 338-339 y n. 39).

24 El relato empalma con el de la primera lid contra los moros que corren Bilhorado y La Rioja.

ÍNDICE DEL CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24  6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

Dibujo de portada: Castigos y documentos del rey don Sancho Ms. 3995 BNM

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