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Obras de Diego Catalán

23.- 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.

23.- 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.

5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.

a. Problemas interpretativos atingentes
a la prosa histórica tardía
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------La información que sobre la sobrevivencia y transformaciones de la poesía épica nos proporciona la historiografía de fines de la Edad Media no tiene la claridad del testimonio alfonsí.
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Por una parte, con posterioridad a la Crónica de 1344 el patrón de la historia de España establecido por Alfonso X y sus técnicas compilatorias deja de ser operante: ya no surgen obras realmente nuevas que aspiren a completar la materia histórica heredada del pasado mediante la incorporación de información procedente de un conjunto de fuentes hasta entonces no utilizadas. Aunque las diversas “crónicas generales”, surgidas de entrecruzamientos varios y reducciones de las “versiones” más viejas de la obra alfonsí (y del Toledano romanzado) siguieran reproduciéndose en copias más numerosas que nunca, la transformación de los modelos no es tan creativa como en el pasado y las copias se atienen, por lo general, al texto de sus prototipos. Por otra parte, nuevos historiadores, la mayoría de ellos con nombres y personalidad conocida, se interesan de preferencia por el presente y, si tratan de la historia pretérita, rechazan las concepciones exhaustivas a favor de exposiciones simplificadas. Es la edad de los Sumarios.
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Considerada esta etapa de la historiografía en conjunto, su aportación al conocimiento de la épica puede resumirse (a pesar de las reservas de Armistead, 1989-90a, pág. 105) con el siguiente juicio de Menéndez Pidal (1951a, pág. LXXIV):

“Las crónicas del siglo XV ya no hacen nueva catalogación del caudal épico, puesta al corriente de las novedades actuales... También es de notar que las crónicas del siglo XV ya no mencionan más los cantares ni los juglares, como hacían las crónicas del XIII y del XIV... En el silencio, confusamente, se extingue el influjo de los cantares épicos sobre los historiógrafos del siglo XV, como en el silencio y confusamente se había iniciado ese influjo en los siglos remotos”.

------El adverbio “confusamente”, empleado por Menéndez Pidal, se debe a que en la historiografía medieval tardía interesada en el pasado lejano de España se acrecientan los problemas interpretativos con que ya tropezamos al comentar la materia épica presente en la *Estoria caradignense del Cid y en la Crónica de Castilla. Dada la creciente libertad expositiva que, respecto a sus fuentes, se arrogan los refundidores o abreviadores, resulta muy arriesgado distribuir las novedades de un texto entre dos orígenes posibles: la invención del autor, para lograr determinados efectos, o el conocimiento de una fuente lateral.
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A pesar de estas advertencias, la historiografía tardo-medieval ofrece algunas obras de notable personalidad, cuyo testimonio en relación con la materia épica tradicional es preciso tener en cuenta. De hecho, la utilización in extenso de la Refundición de la gesta de Los Infantes de Salas por la Crónica general vulgata interpolada de 1512 nos asegura (véase atrás § 4.a) que, incluso en las primeras décadas del s. XVI, ya en el pleno amanecer de la imprenta, podían ser objeto de consulta, e incluso llegar a ser incorporados como información histórica a una obra cronística, cantares de gesta de que no ha llegado a nosotros manuscrito alguno.
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No obstante, en el examen que sigue de las crónicas de este período he optado por considerar que la norma es que las innovaciones sean el resultado de la aplicación por el autor de criterios expositivos nuevos y sólo aceptar como probable o seguro el recurso a narraciones, orales o escritas, no tenidas anteriormente en cuenta o de nueva creación cuando la novedad resulte inexplicable como fruto de la recreación historiográfica novelizadora. La preferencia se justifica por el hecho de que la invención debida a criterios estilísticos es, en multitud de casos patente, y, en cambio, las referencias explícitas a la existencia de las fuentes que habría que suponer para explicar la transformación de la materia épica tradicional no existen. Debido a ello, siempre que nos decidamos por la hipótesis de la utilización de un texto desconocido, oral o escrito, de carácter épico tendremos que defender su existencia mediante un detenido análisis del texto historiográfico, en que ese supuesto influjo se manifiesta, en comparación con otros textos parientes de él en contenido, y no, simplemente, dando por natural la existencia de la supuesta fuente oral.

------5.1. El origen puramente estilístico de muchas de las innovaciones expositivas introducidas por las crónicas tardías en la leyenda de los Infantes de Salas fue ya notado por Menéndez Pidal (1896, cap. II). Por su parte, Pattison (1983) ha examinado minuciosamente la evolución sufrida en el Arreglo toledano de c. 1460 de la Crónica de 1344 por las leyendas de Bernardo, Fernan González, La condesa traidora y el Infante García, llegando a análogas conclusiones. El relato del barcelonés Francesc, en el Llibre de les noblesses dels reys (de c. 1328), sobre “La filla del Emperador d’Alemanya”, mujer del rey “Pipí”, contra lo afirmado por su editor (Elliott, 1981), no ofrece huella ninguna de una hipotética épica catalana medieval perdida, siendo como es una narración sumaria carente de rasgos literarios que puedan ser extraños en una transmisión de prosa a prosa de la conocida historia de la substitución de Berte (a quien ni siquiera da nombre) por una pseudo-Berte y del descubrimiento de la verdad en el curso de un viaje de la madre de la novia. Análogamente, a pesar de que el propósito de Vaquero (1990a) sea afirmar la presencia de “tradiciones orales” en las crónicas y sumarios de fines de la Edad Media, sus análisis de lo contado sobre La condesa traidora y sobre Las particiones del rey don Fernando en numerosas obras de ese periodo tardo-medieval 82 muestran, a mi parecer, todo lo contrario: los autores de esas obras reformaron la narración en atención a sus propósitos expositivos y no debido al conocimiento de nuevas fuentes 83.
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La dificultad de discernir entre las creaciones retóricas y las reminiscencias poéticas es, muchas veces, grande. Por ello considero de interés desarrollar detenidamente el examen del siguiente caso límite.
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En el relato en cuaderna vía del clérigo de Arlanza que glosó la vida de Fernan González figura la estrofa (524, ed. Marden, o 534, ed. Menéndez Pidal):

Todos de coraçón ------eran para lidiar,
nin lanças nin espadas------ non avýan vagar,
rreteníen los yelmos, ------las espadas quebrar,
feryén en los capiellos, ------ las lorygas falsar,

que fue prosificada por Alfonso X, contando:

“Otrossí los otros de la su parte non se davan vagar;et tan grandes eran los suenos de las feridas de las lanças et de las astas que firién unas en otras et de llas que crebavan de las feridas que se davan con ellas, que de muy aluén las oyén los omnes”.

En la historia de los reyes leoneses posteriores a Ramiro I, el Conde de Barcelos heredó el relato alfonsí de la Estoria de España a través de la Versão galego portuguesa de la Versión amplificada de la Estoria de España; pero nos consta que para la particular historia del conde Fernan González volvió a consultar el poema en cuaderna vía. Por lo tanto, cuando en el manuscrito único de la primera redacción de su Crónica de 1344 hallamos substituido el texto alfonsí que acabo de citar por una exposición más detallada:

“E por esto andavan mucho acuçiosos e feríanlos muy bravamente de cada cabo: allí veríades volar en pieças las lanças e veríades muchas e buenas lorigas falsar e desmallar e muchos e buenos perpuntes rronper e espedaçar”,

debemos admitir que el conde volvió a recurrir a la misma estrofa. Y cuando en los manuscritos de la Refundição de c. 1400 da Crónica de 1344 hallamos un texto aún más concorde con el poema arlantino (ed. Cintra, c. CCCXLI.44):

“E por esso andavam muyto aguçosos e feryannos muy bravamente de cada parte: aly veríades saltar lanças em peças e espadas quebrar em escudos e maças em capellinas e em elmos e ally poderíades veer muytas e boas lorigas falssar e desmalhar e muytos e bõos prepontos romper e espadaçar”,

tenderíamos a pensar que el manuscrito único en que ha llegado hasta nosotros la redacción primitiva había omitido descuidadamente algunos elementos del relato original de Barcelos subsistentes en la Refundição. Sin embargo, Armistead (1986-87a, págs. 343-344) ha señalado muy justamente que el relato prosístico portugués, a la vez que se acerca más a la estrofa del poema de Arlanza, se emparenta llamativamente con los vv. 726-730 del Mio Cid:

 Veríedes tantas lanças ------premer e alçar,
tanta adágara ------foradar e passar,
tanta loriga------ falssa[r] [e] desmanchar,
tantos pendones blancos ------salir vermejos en sangre,
tantos buenos cavallos------ sin sos dueños andar.

Observación a la que habría que añadir la de la no menor similitud con los vv. 930-934 del Rodrigo:

Veredes lidiar a profía ------et tan firme se dar,
atantos pendones obrados------ alçar e abaxar,
atantas lanças quebradas------ por el primero quebrar,
atantos cavallos caer ------et non se levantar,
atanto cavallo syn dueño------ por el campo andar.

Para Armistead la explicación es indudable: junto al poema en cuaderna vía, el cronista manejó una gesta “popular” sobre Fernan González. Conclusión razonable, que, sin embargo, no puedo aceptar, ya que el episodio en que ocurre, la batalla de Hacinas con Almanzor, nunca fue parte de gesta alguna, pues pertenece a la construcción ideada por el clérigo de Arlanza que sabemos era ajena a la tradición épica de Fernan González.
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Este “motivo” de la descripción del fragor de una batalla y la fórmula del “veríades” (“la veïssiez”, en francés), con que se trata de incorporar a los oyentes al espectáculo descrito, son elementos formularios heredados, por las varias narraciones españolas citadas, del arte expositivo épico común a las gestas francesas y españolas (o imitado por éstas de aquellas). Rychner (1955, págs. 151-152) reunió ejemplos del Roland, de Gormont e Isembart, de Le couronnement de Louis, de La Prise d’Orange, de Raoul de Cambrais, de Le Charroi de Nîmes, de Le Moniage Guillaume, que muestran lo arraigado que se hallaba este recurso en la tradición. Sin duda, el “motivo”, con sus componentes descriptivos tradicionales, y la “fórmula”, mediante la cual se trata de hacer testigos de la escena descrita a los oyentes, desligados de toda fuente, son lo que se le cruzó por la mente al historiador de la Refundição, de forma similar a lo ocurrido cuando un Gonzalo de Berceo, para calificar al rey David (Sto Domingo, 29c), utiliza otra “fórmula” épica, “una fardida lança” (cfr. Mio Cid, vv. 443b, 489). El carácter meramente retórico del “veríades” dirigido al auditorio, que aquí he supuesto resulta manifiesto en otras glosas de la Crónica de 1344 introducidas en episodios semejantes a éste. Así, en el texto de don Pedro de Barcelos se dice:

“E agora tornemos a don Gu[s]ti[o] Gonçález, que [l]a otra az gu[iav]a, que el guiava tan bien que mejor non podría, ca por allí por donde él yva veríades mucha sangre esparzida de cada parte, e verdades muchos cavallos andar sin señores e muchos moros yacer muertos, tan bien de pie como de cavallo, e muchos yazer en el canpo con los braços e las piernas cortas84,

a partir simplemente de la estrofa (499, ed. Marden; 505, ed. Menéndez Pidal):

Don Gustyo Gonçales, ------ que la otrra faz guiava,
corrýa mucha sangre ------por do él aguijava,
yvan grandes arroyos------ como fuent(e) que manava,
fazía (muy) grand mortandad ------en aquesta gent(e) brava.

------Si, como vemos en el ejemplo citado, la presencia del lenguaje formulario (tanto narrativo como discursivo) épico no siempre puede ser considerado como prueba fehaciente de que el prosista maneja una gesta sobre el tema tratado, tampoco lo es la acumulación en el texto de asonancias, según advirtió ya Menéndez Pidal desde sus primeros estudios (1896, pág. 61):

“Y es muy de notar que hasta en algunos casos estas variantes caprichosas acumulan asonancias, ya casualmente, ya por imitación de las crónicas viejas, ó en virtud de ciertas tendencias á la prosa rimada, de que no faltan otros ejemplos en el siglo XV”.

------Como consecuencia de lo argumentado, al perseguir rastros del conocimiento directo de los poemas épicos en las historias tardo-medievales, dejo de lado las obras, episodios y pasajes en que la adición de detalles pintorescos, los discursos y la animación novelesca pueden fácilmente adscribirse a la creatividad literaria de los autores y explicarse en función de su concepto de la historia (ciertamente muy alejado tanto del de Alfonso X, como del de Ambrosio de Morales y Gerónimo de Zurita), y, a continuación, me refiero sólo a las narraciones en que la huella de fuentes poéticas tiene mayores (o menores) visos de ser una realidad.

b. “Roncesvalles” en “Las bienandanzas
y fortunas” de Lope García de Salazar
.

------5.2. Ya he tratado más atrás de los dos casos más claros de utilización por las crónicas de poemas épicos (en uno y otro caso, nótese, a través de un manuscrito perdido, no de la voz de un juglar transmisor de cantares de gesta): la copia del Rodrigo en un manuscrito de la Crónica de Castilla del s. XV y el extenso recurso a la Refundición de Los Infantes de Salas por la Versión interpolada de la Crónica general vulgata en 1512. Dejados estos ejemplos extremos, el testimonio de mayor relieve sobre la accesibilidad de las tradiciones épicas a fines de la Edad Media nos lo proporciona el Libro de las bienandanzas y fortunas comenzado por Lope García de Salazar en julio de 1471, en los últimos años de su vida (la cual se extiende desde 1399 a algo antes de 1480), “estando preso en la su torre de San Martín de Muñatones”.
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Al igual que don Pedro de Barcelos, Lope García de Salazar logró tener noticia de relatos tradicionales histórico-legendarios de muy variado carácter 85. Algunos de ellos de origen épico.
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Como ya señaló Menéndez Pidal (1917, recog. 1976, págs. 95-99) y reafirmó Horrent (1950), Salazar conoció un relato de ascendencia épica sobre “la muerte de los doze pares de Françia” en “Ronçesvalles”. Ello es indudable. Sin embargo, como subraya bien Horrent, “el marco del relato... está tomado de Bernardo. Es la historia del héroe español la que cuenta nuestro cronista, pero rellena su relación con escenas, con detalles tomados de la otra tradición” (fr., pág. 973); la combinación de los dos relatos fictivos de la batalla es hábil, pero evidente, pues “la sutura sigue siendo visible” (págs. 972-973). Horrent acierta al afirmar (reproduciendo lo observado en 1917 por Menéndez Pidal, pág., 99) que fue en el relato de la Estoria de España de Alfonso X (llamada por ellos “Primera Crónica General”) en donde “se inspira, directamente o no, nuestro autor” (fr., pág. 977) para la construcción de ese “marco del relato”; pero yerra, sin duda, al pensar que la tarea de Salazar se limitó (salvo en la exclusión de Alfonso el Casto de la acción contra Carlos) “a resumir su modelo compuesto” (fr., pág. 981), pues no hay razón alguna para suponer la existencia de un texto mixto de los dos componentes anterior a las Bienandanzas y fortunas, ya que Salazar nada sabe sobre Alfonso II y Bernardo que no proceda de la Estoria de España de Alfonso X (fuera del detalle de localizar la emboscada de Bernardo en la “casa e solar de Uredaureta”, dato obviamente de su cosecha). Por tanto, el relato conocido por Salazar con que enriquece la narración alfonsí era exclusivamente rolandiano.
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Salazar narra apresuradamente la ida de “Gallarón” a Zaragoza con el mensaje de Carlos, en que le exige la entrega del reino, y su traición, al dejarse corromper por el “mucho de oro e de plata que luego le dio” Marsil; pero desarrolla por lo largo dos episodios: la particular historia del hijo de Gallarón y el encuentro de Oliveros con Roldán antes de morir; además nos da la nómina de nueve de los doce pares.
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La escena en que Oliveros, cegado por la sangre, golpea a Roldán, sin conocerle, aunque heredera de la que se incluye en cualquiera de las versiones del Roland (cfr. el ms. de Oxford, vv. 1989 ss.), se aparta de la tradición vieja, no sólo al suponer que ambos han sufrido grandes heridas (según el pseudo-Turpín y la tradición con él relacionada), sino en la reacción de Roldán:

“Como Roldán lo vio, pesóle mucho cuidando que se avía tornado moro, e díxole: ¿Qué es eso, hermano Oliveros?”,

reacción que reaparece, en forma muy similar, en una singular adición del Roland rimado de Venecia V7, (refundido a fines del s. XIII) en la laisse 200:

—Estes vos donc----- devers paien torné
as relinqui -----seinte crestenité?,

así como en la Spagna in rima (mediados del s. XIV), “Dolce cognato…/Or se’tu diventado saracino? (c. 36, ott. 17), y más abreviadamente (“voles vos reneyer?”, v. 1017), en el Ronsasvals provenzal (Horrent, 1950, pág. 983).
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El episodio referente al hijo del traidor es aún más curioso: Gallarón pacta con Marsil que le asegure a su hijo, para lo cual el moro le da “las señales de sus sobrevistas que traýa sobre sus armas”. Como consecuencia de ello, cuando en el curso de la derrota Roldán, conocedor ya de la traición, encuentra a su hermano de madre, dialogan así:

“—¡O traydor, fijo de traydor! —Fijo de traydor puedo ser yo, pero no traydor. —Pues muere aquí connuco. —Yo de grado moriría, ca no fago sino matar en los moros; pero a mí no me fiere ninguno. —Toma esta mi sobreviesta e dexa esa tuya”;

y, tan pronto como hacen el cambio, el hijo de Gallarón es mortalmente herido. Pero, apretando sus heridas con girones de su pendón, logra salir de la batalla y llegar ante el rey Carlos, a quien comunica el desastre y ante quien reniega de su padre, antes de desatarse los vendajes y morir:

“desniégome de su sangre delante de vuestra persona real, e digo que yo no so su fijo, ni él sea llamado mi padre”.

Como ya notó Menéndez Pidal (1917, pág. 99), y con mayor detenimiento y precisiones comentó Horrent (1950, págs. 984-990), este “hermoso episodio” no es, claro está, invención de Salazar; aunque sea ajeno a todas las redacciones del Roland, tiene orígenes épicos.
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El Pseudo-Turpin (en el segundo cuarto del s. XII) situaba ya a Baudouin, el medio hermano de Roland, en Roncesvalles y suponía que, después de asistir al héroe en sus últimos momentos, llevó la nueva de la derrota a Carlos; pero la forma de hacerlo escapar de la matanza general era la de convertirlo, junto con Thierry, en un cobarde. Los mismos elementos narrativos constan en el Myreur des Histors del cronista de Lieja Jean d’Outremeuse (†1400); pero adicionados con un nuevo motivo. Cuando Baudouin comunica a Carlos lo ocurrido, acusa de traidor a Ganelon y niega vehementemente que sea su padre:

“Buen emperador, vuestra hermana Berta me llevó en sus entrañas, pero yo no sé quién es mi padre, pues yo, en verdad, no fui engendrado por el traidor de Ganelhón y no soy, en modo alguno, un hijo suyo” (fr. ant., ed. Borgnet, 1873, t. III, pág. 149),

concitando el asombro y reconvenciones de Albuens y de Nalme.
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El tema que aquí vemos aflorar tuvo en la tradición italiana un especial arraigo bajo una forma que evitaba (o desconocía) el desafortunado motivo de la cobardía de Baudouin y lo sustituía por otro que resulta mucho más coherente con la escena recogida en el Myreur: el pacto de Marsile con Ganelon de respetar la vida de su hijo. Ninguno de los textos italianos conocidos en que se manifiesta el tema del hijo de Ganelon es tan completo como el de Salazar. En la Rotta di Roncisvalle (anterior a 1430) se halla el pacto, junto con el envío de una sobrevista que, al ser vestida por Baldovino, sirve a los moros para reconocerle; también el hijo de Gano se entera de la traición por su hermano, a quien atiende en sus últimos momentos, y, con heridas mortales, logra (gracias a la ayuda de un ángel) llevar la noticia a Carlos (§§ VI. 37-42, VII, 1-28); pero en su decisión de desgarrar su sobrevista, al sospechar la causa por la que los moros le distinguen de entre los demás combatientes, para nada interviene Orlando (§ VI. 21-27). En la Spagna in rima (entre 1350 y 1380) no se cuenta directamente el pacto del seguro ni hay sobrevista; pero aparece la misma escena del encuentro entre los hermanos que en Salazar y el cambio de armas y armadura. Luigi Pulci, en los últimos cantos del Morgante (incorporados a la edición de Firenze, 1483), recobra el motivo de la sobrevista; no obstante, coincide con la Spagna in rima en prescindir del viejo motivo de que sea Baldovino el mensajero de la derrota, ya que ambas obras lo hacen morir en el campo de batalla 86. Parece muy posible que el entronque del relato del cronista vizcaíno con la tradición ultrapirenaica se hiciera a través de un texto del Sur de Francia más completo en la formulación del tema que el Myreur de Jean d’Outremeuse y más próximo al prototipo de la tradición italiana; pero no es posible desechar la posibilidad de que alcanzara a conocer más de una tradición y tratara de combinarlas.
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Un elemento discordante del relato de Salazar respecto al conjunto de la tradición franco-italiana es el identificar al hijo del traidor, no con Valdovinos, sino con “don Dalbué”. “El conde don Dalbuey” o “don Albuey” de la tradición española es “Gandelbodus rex Frisiae”, del Turpín, o “Gondelbuef de Frise”, de los Roncevaux o versiones rimadas del Roland, o Gonder Buffone, de la Spagna in prosa. Pero únicamente en los Galiens y en el Ronsasvals provenzal es el que lleva, como en el relato de Salazar, la nueva de la derrota al Emperador en substitución de Baudouin (según nota Horrent, 1950, pág. 991). Obviamente, de la confluencia de papeles se pasó en cierta etapa de la tradición a la confusión de personalidades. Tanto Menéndez Pidal como Horrent consideran que la variante de considerar a Gondelbuef le Frison como el hijo de Ganelon es exclusiva de Salazar; pero la confusión aparece igualmente en el Ronsasvals provenzal, donde Roland encomienda a Gandelbuon, del que se nos ha dicho que “es senher dels Frions” (v. 544), la misión de contar a Carlos la muerte de los pares en Ronsasvals (vv. 591-597 y vv. 1114-1123) llamándole repetidamente “hermano” (“frayre”) y, cuando el mensajero, que ha emprendido su misión ya malherido, llega, por fin, paso a paso, a la vista de la mesnada de Carlos, Naime advierte al Emperador: “Señor, me parece ver al hijo de Ganelon (“lo filh de Gayne”) a lo que creo”, y Carlos contesta: “Por Dios, es innegable. Es Gandelbuon de Africa la valiente. Le reconozco en el pendón. Él nos dará nuevas de lo ocurrido a los doce pares”(prov.).
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La narración que hacia mediados del s. XV conoció Lope García de Salazar no era el Roncesvalles español del que conservamos un fragmento 87. Nos lo prueba un detalle importante: según Salazar, no sólo Oliveros recibe muchas heridas 88, sino que el propio Roldán muere “seyendo ferido de muchos golpes mortales en su persona”; en cambio, en el Roncesvalles, Carlomagno encuentra a su sobrino erguido y sin herida ninguna (“non veo colpe nin lançada por que oviésedes male”, v. 45), de acuerdo con la tradición de su invulnerabilidad (que heredará el romancero) 89. Esta observación permitiría pensar que el cronista vizcaíno pudo servirse directamente de una fuente no española.
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Pero, antes de aceptar esa hipótesis, resulta preciso tener en cuenta la nómina que da Salazar de los pares muertos en Roncesvalles. Los nueve nombres que cita,

“Roldán, adelantado de la Tabla de los pares, e Oliveros, e Reynaldos de Montalván, e don Ogeros de las Marchas, e el arçobispo Tor[p]inos, e el gascón Angelero, e el mancevo Velarte, e don Dalbué fijo de Gallarón, e el Terrín de Ardena que traya la vandera de los pares, e todos los .xii. pares...”,

coinciden, muy de cerca, según arriba anuncié (cap. I, § 2.c), con los que consigna la Versión crítica de la Estoria de España (si aceptamos que el prototipo de ella reunía todos los nombres que aparecen en las dos ramas textuales que ofrece el pasaje en que se nombran los pares 90),

*”Rroldán que era adelantado de Bretaña, e el conde don Anselino, e Rreynalte de Montalvan, e Giralte adelantado de las mesa del rrey Carlos, e el conde don Olivero, e el conde Terrýn d’Ardeña e el conde don Dalbuey, e el gascón Angelero, e el arzobispo Torpín, e don Oger de las Marchas, e Salamano de Bretaña, e otros muchos...”.

Dado que Salazar tuvo presente la Estoria de España, según hemos dicho, podría pensarse que, salvo en el caso de “el mancevo Velarte”, tomó la lista de un texto de la Versión crítica 91. Es lo que cree Horrent (1951b, pág. 216 y n. 1), quien, siguiendo a Menéndez Pidal (1917), considera las varias ramas de la Versión crítica independientes entre sí (1951b, págs. 212-216). Pero no deja de ser sorprendente, si así fuese, la eliminación en la lista de los nombres no épicos, heredados por Alfonso de sus fuentes latinas eruditas 92. Sobre todo, si recordamos que el monje de Arlanza que compuso el Fernan González conocía, c. 1260, una lista de los doce pares (“Carlos, Valdovinos, Roldán e don Ojero / Terrýn e Gualdabuey e Vernalde e Olivero / Torpýn e don Rri[n]aldos e el gascón Angelero / Estol e Salamón (e) el otro su conpañero”), coincidente en todo con las que examinamos, lista que, según ya he destacado más arriba 93, representa una tradición muy singular. Con ella se relaciona íntimamente, según también ya hemos visto 94, la consideración de Terrýn de Ardena como alférez o portaestandarte de Carlomagno (“que traya la vandera de los pares”), dato no menos singular que la lista de pares y asimismo conocido del Fernán González. La hipótesis de que en las Bienandanzas y fortunas estos datos procedan del poema de Arlanza no es desechable; no obstante, dado el conocimiento de una gesta de Roncesvalles por el historiador vizcaíno no podemos inclinarnos decididamente en favor de esta hipótesis llegando a proponer que eran ajenos a la fuente que le proporcionó el relato anteriormente citado, sobre todo vista la presencia en ese relato del hijo de “Gallarón” (“don Dalbue”) tanto en la lista de pares como en el episodio de las sobrevistas, pues ni el medio hermano de Roland ni Gaudebuef suelen ser incluidos en la lista de los pares en los relatos rolandianos.

c. Los Infantes de Salas de García de
Salazar y del Arreglo toledano
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------5.3. El resumen que de la batalla del “Vado de Cascajares” 95 y de la leyenda de los infantes incluye Lope García de Salazar en sus Bienandanzas y fortunas (libro XV) 96 remonta evidentemente a la Crónica de 1344. Basta para mostrarlo la presencia de cuatro reyes moros, “Galve e Alviara e Barçín e Alicante”, en la batalla en que son descabezados los hijos de Gonzalo Gustios y su ayo, ya que esa cifra y esos nombres se deben al intento de don Pedro de Barcelos de armonizar la información heredada de la Estoria de España alfonsí, en que los reyes eran Galve y Viara, y la de la Refundición de la gesta de Los Infantes de Salas que conocía en verso, donde llevaban los nombres de Alicante y Barrasín. Las divergencias narrativas que ofrece la leyenda tal como la resume García de Salazar respecto al relato de la Crónica de 1344 son, en su mayoría, debidas a la libertad expositiva del genealogista vasco o a que redactaba posiblemente recurriendo a la memoria sin tener la fuente delante 97. Hay sin embargo, una novedad claramente tradicional: la sustitución del campo de Almenar, como lugar de la matanza, por “Arabiana, çerca de Moncayo”. El cambio no supone un desplazamiento geográfico del suceso, ya que las dos designaciones apuntan a un mismo valle; pero la preferencia onomástica de García de Salazar es compartida por el Romancero en textos con notorias raíces épicas: utilizan ese topónimo tanto el romance cíclico “Ya se salen de Castilla” 98, como el de “A cazar va don Rodrigo”. No es imposible que en torno a 1471, cuando García de Salazar escribía, los romances publicados en el s. XVI tuvieran ya difusión y el genealogista vasco alcanzara a conocer alguno de ellos; pero quizá, como en otros casos, García de Salazar heredó la novedad de relatos de carácter aún épico.

------5.4. Mayor importancia que el resumen de García de Salazar para el conocimiento de la evolución de la leyenda épica en el s. XV tiene otra exposición del tema basada igualmente en la Crónica de 1344: el Arreglo toledano de c. 1460. Se trata de una versión retóricamante amplificada del texto castellano de la Refundição da Crónica de 1344 de c. 1400, hecha por un judío converso de Toledo. Menéndez Pidal, aparte de publicar los pasajes referentes a la leyenda en que el Arreglo introducía variantes narrativas (o expositivas) de mayor interés en relación con su modelo (1896 y 1971, págs. 335-344; 1951a y 1980, págs. 237-239), hizo una ponderada evaluación de la relación entre las dos obras: consideró debidas a “la fantasía del autor, que no sabía narrar con la sencillez antigua y que procuraba dar a su Estoria 99 la animación de una novela” (1896 y 1971, págs. 60-61) la mayor parte de las características del Arreglo toledano, y señaló asimismo, ilustrando lo afirmado con argumentos precisos (n.1), que en estas variantes caprichosas se observa a menudo una tendencia a la prosa asonantada sea por imitación de las crónicas viejas o por un rasgo de estilo “de que no faltan ejemplos en el s. XV”. No obstante, creyó posible descubrir, entre los pormenores arbitrarios introducidos por el “abtor” y bajo “la hinchada palabrería de esta crónica” (1963, pág. 95), algunas variantes (“bien pocas”) debidas al conocimiento de un “nuevo texto rimado...distinto del segundo Cantar que conocemos” (1896 y 1971, págs. 35-36). A esa conclusión le conduce (en 1896, págs. 35-37, 1951a, págs. 237-239 y 1963b, págs. 94-95, 131, 133-135, 152-156) la observación de una serie de coincidencias de detalle entre el relato del Arreglo (y no de su fuente la Refundición de la Crónica de 1344) y los romances viejos.
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Dadas las características del texto del Arreglo toledano, algunas de las aproximaciones textuales con los romances viejos señaladas pueden ser casuales y no reminiscencias de un prototipo oral común 100. Pero tal explicación no cabe para el nombre de “Campo de Palomares” dado en el Arreglo y en el romance “Ya se salen” al lugar en que son descabezados los infantes 101, ni respecto al hecho de que Mudarra reciba el nombre cristiano de Gonzalo, según narra el Arreglo al contar su bautismo 102 (en abierta contradicción con la Crónica de 1344 103), como un paso más en el proceso de subrayar el carácter de palingénesis con que la Refundición de la gesta había concebido la figura de Mudarra como un Gonzalo González reencarnado (cfr. Bluestine, 1984-85), y según, de forma inesperada, se hace manifiesto en el curso del diálogo entre don Rodrigo y Mudarrilla en el romance “A cazar va don Rodrigo”.104 Estas coincidencias, permiten sospechar a Menéndez Pidal que otras “variantes” del Arreglo respecto a su fuente cronística pudieran estar “sugeridas” por versos de un nuevo texto rimado que sería “una ligera refundición” del prosificado por la Crónica de 1344 y reproducido en las secciones añadidas por la Versión interpolada de la Crónica general vulgata de 1512 a su texto base (1896 y 1971, pág. 36).105
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La lectura de los pasajes del Arreglo toledano más o menos novedosos respecto a los correspondientes de la Refundición de la Crónica de 1344, confrontándolos con los de su fuente, hacen, de entrada, difícil el aceptar que el “abtor” de la nueva redacción cronística tuviera presente un texto versificado de la gesta y sólo acudiera a él esporádicamente para reformar ligeramente alguna frase o para recordar unos pocos pormenores discordantes respecto a lo dicho por la crónica que refundía estilísticamente. Pero también es cierto que ni los romancistas acudieron al Arreglo toledano en busca de los nuevos datos 106, ni el texto de los romances, tal como los conocemos, pudo inspirar las reformas del “abtor” del Arreglo en torno a 1460 107. La fuente común lejana de las innovaciones más parece un texto épico tardío que un texto romancístico temprano 108; pero la forma de llegar a tener conocimiento de ellas el judío converso toledano pudo ser indirecta 109.

d. Las Mocedades de Rodrigo que conoció
García de Salazar y las utilizadas
por un refundidor de Almela
.

------5.5. Armistead (1973) examinó, con gran detalle y precisión crítica, el relato que, acerca de las mocedades del Cid, incluyó Lope García de Salazar en sus Bienandanzas y fortunas (1471-76), separando en él lo tomado de su fuente principal, la Refundição da Crónica de 1344 de c. 1400 (probablemente en su versión castellana) 110, de lo que procedía de un relato desconocido de posible carácter épico, ajeno a la tradición historiográfica constituida por las crónicas generales, y de lo que podría ser debido a su propia inventiva. El recurso directo a una versión de las Mocedades de Rodrigo es indudable al referir la batalla iniciatoria con que el héroe se consagra. El “estoriador” de la Crónica de Castilla (según atrás dije, n. 33)111 había pasado sobre el suceso como sobre ascuas, lo cual explica que don Pedro de Barcelos, al trasladar la genealogía de Rodrigo Díaz al capitulo en que narraba la descendencia de los jueces de Castilla en el reinado de Fruela II (dejando como apéndices de ella la descendencia del Cid, el relato del bautizo de Rodrigo y el regalo que su padrino le hizo del caballo Babieca), omitiese las dos líneas referentes a la muerte del conde don Gómez, que en la Versão galego-portuguesa da Crónica de Castela venían a continuación, y sólo dejara como huella de aquel suceso no referido una posterior alusión con motivo de la querella de Ximena ante el rey don Fernando. La evidente laguna textual de la fuente principal que García de Salazar resumía le llevó a buscar información para este episodio en otra parte:

“Estando este Rodrigo de Bivar en Río de Ovierna, que era su eredad, seyendo de .xx.112 años, ovo batalla aplazada en el campo .c. por .c. con el conde don Gómez de Gormaz. E estando la batalla en peso, mató con su lança este Rodrigo de Bivar al dicho conde don Gómez. E mató e prendió muchos de los suyos”

El origen épico de la lid de ciento contra ciento concertada para un día convenido es seguro, ya que se conserva igualmente en el Rodrigo, donde don Rodrigo, uno de los hermanos Laínez propone a don Gómez:

“Ciento por ciento vos seremos de buena miente e al plazo”

y, habiendo sido aceptada la propuesta, acuden “a los nueve días contados” los de una y otra parte, siendo uno de entre “los cien lidiadores” del bando de los Laínez el joven Rodrigo, contra la voluntad de su padre, pues

“doze años avía por cuenta------ e aún los treze non son,
nunca se viera en lit, ------ ya quebrávale el corazón”.

La alusión a los presos en el combate es, a su vez, eco de la prisión de los hijos varones de don Gómez, que el Rodrigo relata, donde su liberación forma parte de la trama argumental que conduce a la ida de Ximena a la corte del rey don Fernando.
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Comprobada la consulta de otra fuente además de la Refundição da Crónica de 1344, creo, con Armistead (1973, pág. 116; 2000, págs. 86-87), que las pequeñas adiciones introducidas por García de Salazar al narrar la querella de “doña Ximena Gómez” tendrán ese mismo origen; esto es, la precisión de que “era de .xv. años” y su alegato “so donzella güérfana de padre e madre”.113 En el Rodrigo, “Ximena Gómez” argumenta asimismo ante el rey “orphanilla finqué pequeña de la condessa mi madre”, y el detalle de que ha muerto su madre seguirá siendo cantado en el Romancero: “con manzilla bivo Rey, con ella murió mi madre” (“En Burgos está el buen rey”, cfr. adelante, cap. VIII. 2e). También podría ser atribuible a influjo de la gesta la explicación, al resumir en otro lugar la respuesta de don Fernando al Papa cuando le reclama tributo 114, de que lo hizo conforme al consejo de Rodrigo de Vibar “que después fue llamado Çid Ruy Díaz de Bibar”, pues la incorporación del patronímico “Díaz” al nombre ocurre en el Rodrigo (y, sin duda, ocurría desde antiguo en la gesta de las Mocedades, cfr. atrás, 2d) cuando el “escudero” es armado caballero por el rey al asumir el cargo de alférez antes de la batalla con el Conde de Saboya, mientras que según la versión historiográfica de las crónicas (heredera de la compilación propia de la Crónica de Castilla) tanto el ser nombrado con el patronímico como la ceremonia de ser armado caballero habían ocurrido mucho antes (con ocasión del relato histórico de la conquista de Coimbra).
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La novedad más interesante en la narración de García de Salazar es una batalla de Rodrigo, que cuenta a continuación de la muerte del conde don Gómez, la cual

“ovo con los condes de Cabra, que lo desafiaron porque eran parientes deste conde Gómez, que vinieron sobre él muy poderosos. E venciólos en el campo e mató muchos dellos e prendió al conde don García de Cabra que llamaron el Crespo e otros muchos. E después soltólos a todos por vondad”.

------5.6 Este episodio, que no figura en la Refundição da Crónica de 1344 (ni en su fuente, la Versão galego-portuguesa da Crónica de Castela), tiene que ver, indudablemente, con una curiosa interpolación introducida en una Refundición del Compendio historial de Diego Rodriguez de Almela 115 (de entre 1504 y1516), según destacó Armistead, 1963 (recog. en 2000, págs. 91-119). Almela había tenido también como fuente básica para su obra la Refundição da Crónica de 1344 de c. 1400 (sin duda, en texto castellano); pero su refundidor trató de completar el relato referente a las mocedades del Cid en algunos pasajes que consideró incompletos. Almela, en su resumen, había omitido el voto de Rodrigo de no verse con su esposa hasta vencer cinco lides en campo y el episodio de las cartas de traición de los condes que pactan vender a Rodrigo en batalla concertada para el día de la Cruz de Mayo; el refundidor, que manejaba la Crónica de 1344 (o la de Castilla), consideró preciso subsanar esos defectos. El relato interpolado acude a la tradición historiográfica, tanto respecto al voto, como respecto a la traición de los condes (aunque omite la referencia a la batalla aplazada para el día de la Cruz de Mayo); pero añade una precisión acerca de quienes son los traidores:

“conbiene a saber: el conde don Gómez de Gormaz e el conde don Ordoño de Lara e el conde don Garçía de Grañón e otros caballeros”.

Por otra parte, pone en íntima relación la presentación en Zamora, por parte de los moros, de las parias a Rodrigo (escena en que Rodrigo les hace besar las manos del rey en lugar de las suyas y ellos le dan el nombre de “Çid, que quiere dezir señor”) con la presentación de las cartas de traición de los condes y el encargo del rey al Cid de que “por su mano los desterrase de Castilla”, alterando en ese aspecto la secuencia de acontecimientos de las crónicas (cfr. atrás, § 2d). Lo narrado concuerda con la Crónica de 1344 (y la de Castilla), pero contiene algunas novedades: los moros que acuden a Zamora no son meros mensajeros, sino los cinco reyes moros en persona; los condes, al ser desterrados, parten “de ellos a Aragón e otros a Navarra”; el conde don García, que va desterrado a Córdoba, recibe el apodo de “el Crespo de Grañón” y, al serle entregada Cabra “de heredad”, “de allí adelante se llamó e le llamaron el conde don Garçía de Cabra” (se omite que la donación de Cabra se debiera a la intercesión de Rodrigo en atención a su “cormana”, mujer del conde don García). Estos detalles no cronísticos (destacados por Armistead, 1963, págs. 306-308, 309-310, 311-316, 319-322 y 2000, págs. 98-99, 100- 101, 102-107, con omisión de lo comentado en las págs. 319- 322 de 1963) adquieren más peso en vista de todo un episodio, ajeno a la Crónica de 1344 (y a la Crónica de Castilla), que remata la interpolación:

“ E dende a un año que estubieron desterrados de Castilla, vinieron ante el Çid las condesas, mugeres de los condes, pidiéndole por merçed que perdiese el enojo contra sus maridos, pues que a su causa el rrei los mandó desterrar fuera del rreino, e que le pidiese la merçed que les relevase el destierro e tornasen a Castilla.”

El Cid accede; regresan los condes y en adelante “fueron buenos amigos todos con el Çid e se fazían muy grandes onrras”. Esta adición contradice de plano lo que las crónicas venían diciendo sobre un posterior enfrentamiento de Rodrigo y el conde don García (sea porque lo incluyera el relato de las Mocedades, sea porque recordasen lo narrado por la Estoria de España basándose en la Historia Roderici y en el Mio Cid):

 “E después fue muy desconoçido el conde al rey de Córdova que le dio a Cabra, ca le fizo guerra della fasta que después lo prendió Rodrigo, commo bos lo contará adelante la estoria”.

------5.7. Las adiciones al relato que, basado en la tradición cronística, el refundidor de Almela incorpora a su interpolación, junto con el pasaje arriba citado de García de Salazar, no creo que sean invenciones arbitrarias; considero, con Armistead, 1963, que, directa o indirectamente, se relacionan con la tradición poética de las Mocedades de Rodrigo. Desde luego, el perdón de los condes por el rey a intercesión del propio Rodrigo no sólo es un pasaje que tiene su paralelo en el texto poético del Rodrigo (vv. 769-775), sino que es un episodio necesario para que todos los grandes vasallos del rey don Fernando acudan a participar en la gran empresa de cruzar los puertos de Aspa y esperar combate frente a los poderes del Papa romano, el Emperador alemán y el Rey de Francia. Los condes traidores, en especial el conde don García, Crespo de Grañón, y su hermano Ximen Sánchez, Conde de Burueva, presos por Rodrigo y desterrados por don Fernando (vv. 700-730 + parte perdida en el manuscrito único), figuran de forma destacada en el ejército expedicionario (vv. 812-814 y 830-837). El pormenor de que sean las condesas, mujeres de los desterrados, quienes negocian con Rodrigo el perdón no creo que sea una “reinterpretación” de la escena en que la mujer de don García obtenía, en la gesta conocida por la Crónica de Castilla, una carta de recomendación del Cid para hallar acogida en Córdoba cuando parten al destierro (según piensa Armistead, 1958-59, n. 24 y 1963, págs. 310-311, recog. en 2000, pág. 102), sino un nuevo pasaje revelador de una caracterización de Rodrigo que es recurrente en el antiguo poema de las Mocedades.116
------
Los datos adicionales sobre los condes castellanos enemigos del Cid que aportan García de Salazar y el refundidor de Almela abren interrogantes que no son fáciles de contestar. Perfectamente concorde con la tradición de las Mocedades (desde el s. XIII) es la afirmación de García de Salazar de que “los condes de Cabra” y, en especial “el conde don García de Cabra que llamaron el Crespo”, “eran parientes del conde Gómez” de Gormaz, pues según sabemos por la Crónica de Castilla, se había casado con doña Elvira, hermana de Ximena (la mayor de las hermanas, según el Rodrigo); también se contaba en las Mocedades, como testimonia el Rodrigo, que Rodrigo de Vivar combatió Grañón y prendió allí al conde don García y en Briviesca a su hermano. Pero estas prisiones no ocurren cuando los condes “vinieron sobre él muy poderosos” después de desafiarlo por la muerte de don Gómez, ni cuando don García era llamado “de Cabra”, ya que en el poema se producen como venganza de Rodrigo por la traición del día de la Cruz de Mayo y antes de que don García reciba Cabra en señorío. El refundidor de Almela concuerda con García de Salazar al destacar entre los condes enemigos de Rodrigo a “el conde don Garçía de Grañón”, “el Crespo de Granón”; pero parece más correcto cuando precisa que sólo después de su destierro “de allí adelante se llamó el conde don García de Cabra” y cuando conexiona su anterior enfrentamiento con Rodrigo al pacto traicionero con los moros. Aunque nada dice respecto a la relación de la “malicia” de los condes con la muerte de don Gómez de Gormaz, los nombres que se detiene a citar parecen confirmar que constituyen un clan familiar, según ha observado bien Armistead, 1963 (págs. 311-316; recogido en 2000, págs. 102-107), y la continuada enemiga de ese clan respecto a Rodrigo debió de ser parte esencial en el argumento de la gesta desde su primera forma hasta el s. XV. La rápida andadura del Rodrigo, que sólo insinúa sin desarrollarlos plenamente la mayor parte de los episodios épicos que constituyen la trama, junto con las lagunas textuales que presenta, no nos permiten reconstruir en su plenitud la estructura argumental primigenia de la gesta; por otra parte, los pasajes cronísticos basados en ella aparecen en la Crónica de Castilla y en los sumarios tan dislocados y tan acomodados a la herencia historiográfica no épica que hace imposible fundamentarse en ellos para comprender mejor esa trama. De ahí que respecto a los episodios y detalles de los sumarios no sea factible discernir si sus testimonios simplemente completan nuestro parcial conocimiento de un relato épico compatible con el conocido por el compilador de la Crónica de Castilla o si reflejan innovaciones en la evolución de la gesta (según piensa siempre Armistead, 1963 ó 2000, págs. 79-119, y 1973).

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

NOTAS

82 Vaquero (1990a) estudia la Versión interpolada de la Crónica general vulgata, el Compendio historial de Diego Rodríguez de Almela, la Crónica abreviada de mosen Diego de Valera, la Crónica brevemente sacada de Gonzalo de Arredondo, el Arreglo toledano de la Crónica de 1344, el Libro de las bienandanzas y fortunas de Lope García de Salazar, el Memorial de historias, el Sumario del despensero de la reina doña Leonor y la Refundición del Sumario del despensero.

83 Armistead (1989-90a) sobrevalora el libro de Vaquero (1990a, y su anticipo, Vaquero, 1989) al considerarlos “un avance significativo en la controvertida cuestión de las relaciones entre épica y crónicas”, que “reconfirma la tesis neotradicionalista de que la épica oral continuó nutriendo y enriqueciendo a la historiografía desde el s. XII hasta los ultimísimos años de la Edad Media”. A mi juicio, es una obra aún poco madura, en que los prejuicios “oralistas”, a que la autora se aferra, trastruecan las reales conclusiones que del examen de los textos habría que extraer. Vaquero no domina de forma suficiente los problemas que plantea la utilización de las fuentes épicas por los historiadores en latín y por las crónicas generales, y, en cuanto al romancero, mezcla en sus comparaciones confusamente los romances viejos de raíces épicas con otros claramente eruditos, basados en la lectura de las crónicas.

84 El único manuscrito de la primera redacción deforma ligeramente el texto primitivo (“que a otra nenguna az que el g. t. b. q. m. n. p. ca...”), por lo que lo enmiendo, teniendo presente el texto simplificado de la Refundição de c. 1400 de la Crónica de 1344 (“que era guyador da outra az ca...”, ed. Cintra c. CCCXLI.28).

85 Como el conde don Pedro de Barcelos, Lope García de Salazar tuvo conocimiento y aprovechó ampliamente leyendas genealógicas (cfr. Prieto, 1994-95, págs. 219-269)

86 Otras obras italianas (la Spagna in prosa y Li fatti de Spagna, llamada impropiamente Viaggio de Carlomagno in Ispagna), aunque hacen referencia incidental al motivo del hijo de Ganelon respetado por los moros, no desarrollan ya plenamente el tema.

87 Aunque ambas tradiciones coinciden en suponer la presencia de Reinaldos en Roncesvalles.

88 Oliveros “andava otrosí ferido de muchos golpes mortales... e avía ya perdida la vista de los ojos por la mucha sangre que le salía de sus llagas”.

89 Acerca de la invulnerabilidad de Roldán-Rolando “el encantado”-”il affadato” en la tradición española e italiana, ha tratado Ruggieri (1956, págs. 177-178). Véase en el presente libro, adelante, caps. VII, § 2c y VIII, § 6b, y, atrás, cap. II, § 6h.

90 Sobre este problema, véase Catalán, 1992a, cap. V, §§ 5 y 6. 

91 Que no puede ser ninguno de los hasta ahora conocidos, ya que ninguno conserva la nómina completa. Véase atrás, cap. I, n. 10.

92 Reconozco, no obstante, que la explicación “adelantado de la Tabla de los pares” podría ser un resto del componente erudito, según sugiere ya Horrent (1951b, pág. 216, n. 1).

93 Véase atrás, cap. I, § 7c.     

94 Ampliamente comentado en cap. I, § 7c.

95 La hazaña de Diego González en el Vado procede de las palabras que su padre le dedica en la Crónica de 1344 en el planto ante las cabezas.

96 El resumen de García de Salazar de la batalla del Vado de Cascajares y de la historia de los infantes fue publicado por Menéndez Pidal, 1896 (reed. en 1971), págs. 345-351.

97 Según constató Menéndez Pidal 1896 (y 1971), pág. 62 y n. 1. Fundado en su particular apreciación de los hechos narrados por la Crónica de 1344, García de Salazar culpa a los infantes (seducidos por el diablo) y no a doña Lambra del inicio del conflicto intrafamiliar (“púsoles en voluntad que fizieran algunas desonestidades [a] aquel Ruy Velázquez su tío que los avía criado e los amava mucho como a fijos de su hermana, especialmente contra doña Lambra su muger, en las sus vodas en Burgos, e contra Alvar Sánchez su hermano sobre lançar al tablado”). Pero esta y otras interpretaciones (comentadas detenidamente por Luongo, 1996) son, claro está, ajenas a la evolución de la gesta poética (y, desde luego, nada tienen de primitivo, pese a las suposiciones de Acutis, 1978, que vimos en el cap. I, n. 12 y a la relativa aquiescencia de Escalona, 2000). Errores de transmisión textual creo que son los cambios de nombre de dos de los infantes (Martino convertido en Nuño y Ruy Gonçález en Gonçalo Gustios). La personificación en un “segundo” Rodrigo de Lara del conjunto de caballeros que en la gesta (desde su versión más conocida por Alfonso X) abandonan al traidor y se pasan en el campo de batalla a los infantes para morir junto a ellos es, sin duda, invención de García de Salazar, posiblemente debida a “presiones” de la estirpe nobiliaria de los Lara deseosa de borrar con otro “Rodrigo de Lara” la memoria de don Rodrigo Velázquez de Lara.

98 Y, si bien la coincidencia puede ser casual, García de Salazar y este romance comparten además el detalle de consignar que Gonzalo González, al contravenir el consejo de Nuño Salido de que no pasen adelante en vista de los fatídicos agüeros, “dio de espuelas a su (~al) cavallo y pasó la raya” trazada en el suelo por su ayo (Salazar) o el río (“Ya se salen”), según observó Menéndez Pidal, 1963b (pág. 134).

99 En La leyenda de Los Infantes de Lara, Menéndez Pidal llama Estoria de los Godos a la crónica que más tarde denominó Arreglo toledano.

100 Incluso la comunidad de “asonantes” que cabe observar entre un pasaje romancístico y el texto en prosa correspondiente del Arreglo, frente a la serie asonántica épica de la gesta prosificada en la Crónica de 1344 y copiada en la Crónica general vulgata interpolada.

101 En el Arreglo toledano el nombre aparece cuando Almanzor propone a Gonzalo Gustioz que identifique las cabezas “por que le avía[n] dicho que eran de omes de su linaje, las quales avían ganado sus moros en el Canpo de Palomas” (en vez de “lidiaron los mios poderes en el canpo de Almenar e ganaron ocho cabeças e dizen que son de gran linaje”, Crónica de 1344). En “Ya se salen de Castilla” figura en los vv. 90 “que le embíe siete reyes a campos de Palomar” y 99 “salgamos a recebirlo a campos de Palomar”. Frente a lo que durante mucho tiempo creyó Menéndez Pidal (cfr. 1934a pág. 484; recog. 1971, pág.491), este Campo o Campos de Palomares no debe identificarse con Palomares del Campo (hacia la frontera toledana), sino con Palomares de Noviercas, junto al despoblado de Arabiana, según ya reconoce Menéndez Pidal, 1971 (pág. 568 y Mapa 2), aceptando datos de Sáenz García, 1944 (págs. 496-499: “Origen paleontológico de una designación toponímica de nuestro romancero”).

102 “E donde primero le dezían don Mudarra Gonçález púsole en la pila nonbre don Gonçalo. E fue luego allí fecho cavallero”, Arreglo toledano.

103 “E Mudarra ovo nonbre de allí adelante don Mudarra Gonçales, ca él non quiso que le cameasen su nombre. E luego en esa ora lo fizo cavallero el conde Garçi Fernández”, Crónica de 1344.

104 En las varias versiones del romance (veáse adelante, cap. VIII. 2.c) después de contar que don Rodrigo está maldiciendo a “Mudarrillo” y de que el propio “hijo de la renegada” se presente ante él como “Mudarra Gonçález” el traidor, súbitamente, le ruega en una de las versio nes: “Espéresme, don Gonçalo, iré a tomar las mis armas”. Como nota bien Menéndez Pidal, 1963b (pág. 156), el cambio de nombre “en el romance sólo sirve para confundir” y sólo cobra sentido mediante el conocimiento del episodio que recoge el Arreglo toledano.

105 Como son el pormenor de que los infantes, antes de correr el campo en Almenar, “comulgaron e confesaron todos sus pecados unos a otros” (1896 y 1971, pág. 36), o la tendencia a una redacción prosística asonantada en á.a, como la del romance “A cazar va don Rodrigo”, en un pasaje donde la gesta reflejada en la Crónica de 1344 y en la Crónica general vulgata interpolada estaba asonantada en í.a (1963b, pág. 154).

106 No hay en ellos huellas indicativas del conocimiento del texto del Arreglo, al cual nunca siguen de cerca en sus relatos.

107 “No es posible afirmar que de los Romances pasasen a la Estoria, ya que en ésta revisten formas más amplias y precisas que en aquellos” (Menéndez Pidal, 1896 y 1971, pág. 36).

108 Aunque no conocemos en su forma medieval los romances que fueron puestos en letras de imprenta en el s. XVI, no parece posible que en un texto anterior a los conocidos de “A cazar va don Rodrigo” se hiciera explícito el origen del nombre de Gonzalo dado a Mudarra. También parece más fácil que tuviera origen en un relato amplio, demorado, que en una rápida escena dramática, la variedad de designaciones toponímicas del lugar de la traición (Almenar, val de Arabiana, campo de Palomares).

109 Como alternativa al conocimiento de una nueva refundición épica por el judío converso toledano, Menéndez Pidal propuso en 1963b (pág. 95): “Quizás las variantes que refleja el Arreglo toledano no formaban ya parte de una refundición total del poema. En esta época los episodios épicos más famosos eran frecuentemente desgajados del conjunto de la gesta y recitados aisladamente por los juglares”.

110 Según documenta en la n.1 de la pág. 308.

111 La Versão galego-portuguesa da Crónica de Castela, fuente de don Pedro de Barcelos, reproduce la noticia sin ampliarla.

112 El número “xx” créolo errata, quiza esté por “xv”, que es la edad que le atribuye el romance tradicional Rodriguillo. Véase adelante, cap. VI, n. 34. Desde luego, Rodrigo es aún un adolescente.

113 Otra razón alegada por Jimena ante el rey es recordarle “so de vuestro linaje”. Creo que tiene origen historiográfico, ya que en la Refundição da Crónica de 1344 se consigna respecto a ella “que foy neta del rey dom Afonso de Leon, de gaança.”

114 García de Salazar ha contado anteriormente la entrada en Francia del rey don Fernando a la cual alude rápidamente al tratar del Cid.

115 La Refundición del Compendio historial se conserva en cuatro manuscritos: F y G (respectivamente, Bibl. Nacional de Madrid 1525 y 1535, olim F-115 y F-126), M (Bibl. Menéndez Pelayo, Santander) y U (Bibl. de El Escorial U-ij-10 y 11).

116 La habitual generosidad de Rodrigo hacia los vencidos tiene un componente complementario en tres episodios en los cuales accede gentilmente a la petición de mujeres que le ruegan: concede a Ximena la libertad de sus hermanos; consigue para “su cormana” que el rey de Córdoba les dé Cabra, a ella y a su marido, para vivir allí desterrados, y accede a los ruegos de las condesas para que perdone a sus maridos y haga que el rey les levante el destierro.

ÍNDICE DEL CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24  6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO

Diseño gráfico:



La Garduña ilustrada
,
retrokat.com

y
Liam’s Pictures from Old Books

En portada: Foto de  la
Cathédral St Trophime
(Arles)

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