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Obras de Diego Catalán

APÉNDICE II. SOBRE LA FECHA DE LA CHRONICA NAIARENSIS

APÉNDICE II. SOBRE LA FECHA DE LA CHRONICA NAIARENSIS

      Como observaron a comienzos del siglo XX Blázquez (1908) 1 y Cirot (1909) 2, el suceso más reciente al que se alude en la Chronica naiarensis es la muerte de la infanta doña Sancha hija del conde don Raimundo y de la reina doña Urraca, que parece hay que fechar en 1159 3 y que el manuscrito fecha en la «era Mª.Cª.XCª II kalendas marcii» (en el 28-II-1152 o, si consideramos el II parte de la era, en el 1-I-1154). Sorprende, sin embargo, que del Emperador su hermano sólo se diga, en el mismo contexto, «qui postea Yspaniarum extiti imperator», ya que murió un par de años antes, en 1157 y, si el cronista compilara su crónica después de concluido su reinado, no se justificaría, de acuerdo con lo acostumbrado en sus tiempos, el no incluir en la historia ni su reinado ni el de su madre doña Urraca.
     En vista de ello, Menéndez Pidal (1923) 4 pensó en la posibilidad de que la noticia de la muerte de la infanta (cuya datación errónea se explicaría por la omisión de una V, debida a un descuido de copista) se hubiera añadido al texto después de haberse terminado la crónica; pero, de todos modos, se atuvo al dato para fechar la obra «hacia 1160, algunos años arriba o abajo».
      Ubieto (1966) 5, observando que la Chronica naiarensis, al enriquecer con algunas precisiones (en el Lib. III, § 56) la información tomada de Pelagius ouetensis acerca de las mujeres, concubinas y descendencia de Alfonso VI, introdujo toda una serie de fechas erróneas, siendo la más tardía de ellas esta que consigna para la muerte de la infanta doña Sancha, dedujo que todas esas fechas se interpolaron en el texto, no sólo con posterioridad a su redacción, sino «aun con un intervalo de tiempo bastante considerable» (p. 23) y trató, en consecuencia, de buscar otros indicios con que datar la obra. Sin embargo, las fechas erróneas no pueden calificarse tan fácilmente de interpolaciones al texto primigenio, toda vez que, en algún caso, podemos precisar su origen. En efecto, la más antigua de ellas, la muerte de la reina Inés (Agnetem), ocurrida el 7 de junio de 1078, se sitúa en la «era Mª.Cª.XXXª.VIª» (año 1098), según hacían ya los Annales Compostellani basados en las llamadas *Efemérides riojanas («era MCXXVI Regina Agnes, VIII Idus Junii» 6) y el estudio de las fuentes de la Chronica naiarensis en su conjunto nos permite afirmar que esas *Efemérides riojanas (que recogieron noticias de origen najerense), reflejadas tanto en los Annales compostellani (del Tumbo negro de Santiago) como en el Chronicon burgensis, fueron tenidas repetidamente en cuenta por el compilador de la crónica a lo largo de sus varios libros 7, y esas *Efemérides hay que fecharlas c. 1177 8. Además, las fechas erróneas le sirvieron para ordenar los sucesos relatados, creando a veces una secuencia antihistórica de acontecimientos 9.
      Si consideramos parte inalienable de la Chronica naiarensis las fechas erróneas, es preciso concederles importancia para la datación de la obra. El error de fechación en la muerte de doña Sancha, sin duda heredado de alguna fuente, exige el paso de un cierto intervalo de tiempo desde 1159. Lo mismo ocurre con la curiosa confusión, bien analizada por Ubieto 10, en la fecha señalada para la muerte de Urraca y Elvira, hijas del conde don Henrique y de doña Teresa, la hija bastarda de Alfonso VI y de Ximena Muñoz: «...Urracam que obiit era Mª.Cª.XXXª.IXª.XIº. kalendas octobris et Geloyram que obiit era era Mª.Cª.XXXª.VIIª.XVIIº. kalendas septembris». El cronista, que incorporó esas fechas al relato que transcribía de Pelagius ouetensis tomándolas de un obituario, aplicó a una y otra hermana de Alfonso I de Portugal unas fechas que originalmente se referían a las infantas de esos mismos nombres hijas de Fernando I, esto es hermanas de su abuelo Alfonso VI 11.
       En favor de situar la redacción de la Chronica naiarensis en fecha posterior a la tradicionalmente admitida habla también el detalle, subrayado por Lomax (1974-79) 12, de que, al tratar del desastre de Uclés, se consigne en ella:

«ubi etiam occisus est comes Garsias de Grannione cognomento Crispus et sex alii comites cum eo. Vnde promontorium illud ubi occisi sunt, propter septem comites ibi interfectos, Septem Comitum nominatur»,

ya que, según noticia recogida por el arzobispo toledano don Rodrigo Ximénez de Rada, los vencedores llamaron al topónimo «Siete Puercos» y fue el comendador de la orden de Uclés Pedro de Franco (1178-1189) quien le cambió el nombre llamándolo «Siete Condes» 13.
      Estas observaciones, que apuntan a una datación en el último cuarto del s. XII, han venido últimamente a adquirir substancia y precisión mayor gracias al estudio de una sección hasta ahora desatendida de la Chronica naiarensis, la dedicada en ella a la historia universal. Estévez Sola (1995) ha mostrado que la versión najerense de la Chronica de San Isidoro 14 contiene una serie de interpolaciones en que se transcriben pasajes tomados literalmente de la Historia scholastica de Pedro Comestor, obra concluida en 1173 15. En consecuencia, tal como la conocemos, la Chronica naiarensis debe fecharse con posterioridad a ese año, aunque no necesariamente mucho después, pues a finales del s. XII ya se había copiado o existía en San Millán una copia de la Historia scholastica 16.
      Queda en pie como problema el explicar por qué el monje najerense concluyó su historia sin tratar de Urraca y Alfonso VII. La posibilidad, apuntada por Estévez 17, de que la obra tuviera una primera redacción hacia la fecha que tradicionalmente se le venía asignando (fin de la década de los años 50 del s. XII) y otra posterior no me parece sostenible pues, como ya he indicado, las fuentes analísticas, con fechas erróneas, que confirman la datación tardía exigida por la utilización de la Historia scholastica no sólo se utilizan insistentemente a lo largo de la obra, sino que ayudan a estructurarla. Creo que la explicación ha de buscarse en el carácter de la obra llegada hasta nosotros, que no es una crónica propiamente dicha, sino un centón de apuntes tomados de las fuentes con vistas a la redacción de una «chronica» nunca realizada. A trechos, el compilador armonizó más de una fuente en un solo relato; pero otras veces dejó para más adelante esa labor. De ahí la existencia de constantes remisiones internas (a veces mal interpretadas en la transmisión manuscrita del texto) hechas con objeto de poner en relación apuntaciones diversas acerca de un mismo reinado sobre el que se copiaban, verbatim, de fuentes varias pasajes o noticias breves en párrafos distantes entre sí. La crítica ha creído, a veces, que el cronista no comprendía el orden sucesorio de los reyes y que los duplicaba; pero las remisiones ponen bien de manifiesto que el «autor» era consciente del carácter aún no estructurado de las citas que iba tomando de lecturas independientes. Este carácter de «Liber chronicorum» no estructurado puede ser razón suficiente para que el compilador no se lanzara a escribir la historia de unos reinados (Urraca, Alfonso VII) sobre los que no tenía «autoridades» de quienes tomar apuntes.

Diego Catalán, "El Cid en la historia y sus inventores."(2002)


NOTAS

1 «Pelayo de Oviedo y el Silense», RABM3, XVIII (1908), pp. 200-202.

2 «Une chronique léonaise inédite», BHi, XI (1909), p. 260.

3 El epitafio de doña Sancha nos informa de que esta infanta murió «era M. C. LXXXXVII pridie kal. Martii». Y, en efecto, aún en 1158 hizo una donación.

4
«Relatos poet. en las crón.», RFE, X (1923), p. 334.

5 Crónica najerense (1966), pp. 21-22.

6 Flórez, España Sagrada, XXIII. Madrid: Antonio Marín, 1767, p. 321, que, al parecer, utiliza la edición de Berganza, quien «los estampó por una copia del Monasterio de S. Martín de Madrid en un libro de mano del ilustre Juan Vázquez de Mármol» (p. 299), consigna el dato de los anales en la era MCXXXVI. El ms. 1376 da la era MCXXXV y VII Idus Junii. Estévez, en su edición de la Chronica naiarensis en «CChCM», LXXI (1995), p. 178, no señala fuente para este dato adicionado a Pelagius.

7 Estévez, en su ed. de 1995, consigna varios pasajes como procedentes de los Anales Compostelanos (p. 186); en el Lib. III hay más «concordancias» con las *Efemérides riojanas, en § 189-12, 2014-15, 211-3, 222.

8 La coincidencia de los Annales compostellani y de los burgensis en las efemérides consignadas acaba con la noticia de la conquista de Cuenca en la era MCCXV. 

9 Sería preciso, sin embargo, estudiar cuidadosamente la manipulación y reorganización de las noticias analísticas por copistas tardíos y editores.

10 Crónica najerense (1966), p. 22.

11 En los Anales castellanos IIos (del Libro viejo de Alcalá o complutenses) que se incorporaron al manuscrito pelagiano de San Juan de Corias (F=1358 de la Biblioteca Nacional, llamado del Tumbo negro de Santiago, o Complutense, por haber estado temporalmente en Alcalá), manuscrito del s. XII, constan estos dos óbitos: «Obit serenissima domna Uracha prolis Fredenandi regis et Sancie regine Era MCXXX-VIIII» y «Obiit Gelovira infans Era MCXXXVII» (Gómez Moreno, «Anales», 1917, p. 27). Claro está que no son estos Anales la fuente inmediata (puesto que no consignan el día del óbito), pero la confusión proviene sin duda de otros análogos. Tal ocurre respecto a la Batalla de Graus (ocurrida el jueves 8 de mayo de 1063) por culpa de haber leído en unos anales «era MC vn» como «era MCVII» y añadido un I extra. La situación del suceso en la secuencia de hechos propia de la Chronica depende de la falsa fechación.

12 Lomax, «La fecha de la Crónica Najerense», AEM, IX (1974-79), pp. 405-406.

13 De rebus Hispaniae, Lib. VI, cap. XXXII.

14 Estévez, «La fecha de la C. N.» y Chr. Nai., pp. LXXIV-LXXVI.

15 Estévez, Chr. Nai., p. LXXVI y n. 115.

16 Estévez, Chr. Nai., p. LXXVI y n. 117.

17 Estévez, «La fecha de la C. N.», pp. 100-102; Chr. Nai., pp. LXXVII-LXXVIII.

Índice de capítulos:

* PRESENTACIÓN

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (1)
   a. La realidad se forja en los relatos

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (2)
    b. Rodrigo, Campeador invicto para sus coetáneos

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (3)
   c. Del Campeador al Mio Cid. Los nietos del Cid y la herencia cidiana

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (4)
   d. Rodrigo, el vasallo leal, a prueba

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (5)
   e. El Soberbio Castellano

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (6)
   f. El Cid se adueña de la Historia y la Historia anquilosa la figura del  Cid

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (7)
   g. El Cid del Romancero salva al personaje literario del corsé historiográfico

* II EL «IHANTE» QUE QUEMÓ LA MEZQUITA DE ELVIRA Y LA CRISIS DE NAVARRA EN EL SIGLO XI

*  III LA NAVARRA NAJERENSE Y SU FRONTERA CON AL-ANDALUS

*   IV EL MIO CID Y SU INTENCIONALIDAD HISTÓRICA

V EL MIO CID DE ALFONSO X Y EL DEL PSEUDO IBN AL-FARAŶ

VI RODRIGO EN LA CRÓNICA DE CASTILLA. MONARQUÍA ARISTOCRÁTICA Y MANIPULACIÓN DE LAS FUENTES POR LA HISTORIA

* VII LA HISTORIA NACIONAL ANTE EL CID

* APÉNDICE I.  SOBRE LA FECHA DE LA HISTORIA RODERICI

* APÉNDICE II. SOBRE LA FECHA DE LA CHRONICA NAIARENSIS

* ÍNDICE DE REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS (Y CLAVE DE SIGLAS)

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