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Obras de Diego Catalán

III LA NAVARRA NAJERENSE Y SU FRONTERA CON AL-ANDALUS


III LA NAVARRA NAJERENSE Y SU FRONTERA CON AL-ANDALUS

a. La ruta de las sierras en el espinazo de la Península Ibérica y la expansión de Navarra hacia el Sur

      Con el regicidio de Peñalén (1076), que pone súbito fin al reinado de Sancho IV Garcés, el reino navarro de Nájera, en declive desde la batalla de Atapuerca (1054) 1, sucumbe víctima del imperialismo castellano-leonés (o, si se prefiere, toledano) de Alfonso VI 2, y quizá de las ambiciones del conde García Ordóñez, cuñado del rey asesinado, que recibiría del rey de León y Castilla la posesión del condado najerense 3. Andado el tiempo, la restauración por un nieto del Cid 4 del reino navarro en Pamplona y Tudela (1134) no conseguirá reconstruir un reino que fuera capaz de abrirse paso hacia el Sur a costa del Islam en retroceso. Pero la desmembración del reino najerense y la impotencia del nuevo reino de Navarra para establecer una «extremadura» propia a lo largo de «la ruta de las sierras» 5 (ruta que Castilla y Aragón le cancelaron políticamente), no impidieron que, en una ancha banda territorial de disposición Norte-Sur a caballo de la Cordillera Penibética, se produjera una continuada presión demográfica de la población cristiana navarro-riojana, paralela a la que contemporáneamente se dio en todas las otras zonas de la Península, desde el Occidente gallego-portugués hasta el Oriente catalán. Para llegar a demostrar esta hipótesis históricosocial, sería necesario conocer en profundidad siglos de historia social de los Cameros, Soria y Almazán, Medinaceli, Molina, Calatayud y Daroca, Albarracín y Teruel, Santaver, Zorita, Huete y Cuenca, Castillo de Garcí Muñoz y Alarcón, Requena, Chinchilla de Monte Aragón, Montiel, Alcaraz, Segura y Baza, Murcia y Lorca, Almería y Motril, algo fuera de mi alcance. Pero al amparo de observaciones sueltas hechas en el curso de estudios de carácter muy vario (que aquí no es la ocasión de presentar reunidas), me atrevo a considerar una realidad histórica la «unidad» sociológica de este olvidado espinazo de la Península.

b. Personajes najerenses en el reino de Granada antes de la «revolución» almorávide

      Desde los primeros años del reinado de Alfonso VI, cuando los reyes, magnates y caballeros del Norte cristiano competían  en la explotación económica de las taifas de al-Andalus, vemos ya recorrer ese camino de las sierras a personajes riojanos muy destacados, sea para ganarse privadamente el pan y la plata, sea como representantes de la política imperial.Entre 1058 y 1083, muy probablemente a poco de subir al trono de Granada el joven régulo zirí  Abd Allāh b. Buluggīn b. Bādīs en 1073 (?) 6, el «ihante» 7 Sancho, hermano bastardo del rey de Nájera y Pamplona Sancho Garcés, quemó la espléndida mezquita de la decaída Hadira Elvira 8 cuando vivía «salido» de Navarra en tierras del Islam 9. Posiblemente, el «ihante» riojano, a quien por entonces desposeía su hermano el rey don Sancho de un palacio en Tricio, junto a Nájera (27-dic.-1073) 10, se hallaba entre los mercenarios cristianos que el visir de al-Mu‘tamid de Sevilla Ibn ‘Ammār había conseguido de Alfonso VI para acabar con el reino beréber de Granada y que, a precio de oro, pagaba para que corrieran la Vega mientras él construía la fortaleza de Valillos (Balīlluš) no lejos de Pinos Puente 11.
      Ante la imposibilidad de recobrar Valillos por la espada, ‘Abd Allāh tuvo, a su vez, que comprar la onerosa amistad de Alfonso VI (1075) y procurarse el apoyo de mercenarios cristianos 12. Como protectores del rey zirí debió de enviar Alfonso, entonces, a tres altos personajes estrechamente vinculados con la región najerense: Fortún Sánchez, casado con la infanta doña Ermesinda, hermana de Sancho Garcés, la cual consta que tuvo un papel muy activo en el asesinato de su hermano (Peñalén, jun. 1076), regicidio en virtud del cual Alfonso VI se anexionó el condado de Nájera; un hermano de Fortún, Lope Sánchez, y el concuño de Fortún, el conde García Ordóñez, que había sido alférez de Alfonso VI (1074) y que, en su calidad de marido de doña Urraca, otra hermana del rey navarro asesinado en Peñalén, recibiría, algunos años después, el condado najerense (1080) 13. Todos tres, junto con el caballero castellano Diego Pérez, fueron malamente derrotados por Rodrigo Díaz de Vivar en la batalla de Cabra 14 [1075?] 15. El Campeador, enviado por Alfonso VI a cobrar las deudas contraídas por al-Mu ‘tamid de Sevilla, actuó de acuerdo con el pacto establecido por Alfonso con Ibn ‘Ammār, sin percatarse de las sutilezas de la política imperial [o quizá dispuesto a ignorarlas movido por su personal hostilidad a don García «el crespo de Grañón»].
      Este período en que los emisarios y lugartenientes de Alfonso actúan libremente en los reinos de Taifas se cierra poco después de la conquista de Toledo (1085). El incumplimiento del pacto de rendición por el «Emperador de las dos religiones» 16 trajo consigo, muy en breve, el total desplome de la política imperial de explotación económica de al-Ándalus, que tan eficazmente había dirigido el mozárabe Sisnando Davídiz 17. Después de la espectacular derrota del «Imperator totius Hispaniae» en Zalaca-Sagrajas (1086), los esfuerzos de Alfonso VI por restaurar su imperio económico sólo sirvieron para precipitar la caída de los régulos musulmanes asociados con ese sistema de explotación; la «revolución» almorávide de los años 1090-1094 liberó a la mayor parte de los andaluces de la opresión tributaria. El colapso del sistema de «parias» supuso, a la vez, la desaparición de los destacamentos cristianos «metidos en los fígados» 18 de los musulmanes del Sur de España 19.

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c. «De Calagurra usque ad Cuenca», bajo el dominio de Alfonso VI

      En el Levante (Šarq al-Andalus), la revolución almorávide tropezó, por algún tiempo, con un escollo insuperable: el señorío valenciano del Cid (creado en 1904). De resultas durante unos años muy cruciales, tanto el reino hudí de Zaragoza, como sus fronteras, pirenaica y occidental, quedaron fuera del área de acción de los africanos 20. Pero, muerto el Cid (1099), la integración del Levante en la España almorávide se inicia con ritmo acelerado: una vez abandonada Valencia por los imperiales (1102) 21 , Tortosa (1102) 22, la Sahla o Santa María de Albarracín (1102-1103) 23 y, probablemente, Molina 24 se someten al Emir de los musulmanes. Los lamtuníes incluso combaten con los «francos» de Urgell en las faldas del Pirinero (derrota y muerte de Armengol V en Mollerosa, 1102; toma de Balaguer 25). Abū Muḥammad ﺀAbd Allāh b. Fātima llega a las puertas de Zaragoza  (25-set.-1102) 26. Sin embargo, Yūsuf b. Tāxufīn ha decidido respetar la soberanía de al-Musta ‘īn en Zaragoza y los almorávides se retiran del reino hudí 27. Gracias a esta inhibición de los almorávides, Alfonso VI tuvo la oportunidad de ganar la iniciativa en la frontera oriental de su reino.
      Antes que el gobernador lamtuní de Valencia amenazase por la espalda la línea de alcázares de la Transierra que protegían a Toledo y a la Extremadura castellana (por entonces todavía a medio poblar) 28, Alfonso puso cerco a Medinaceli. El espectacular fracaso de una acción diversiva de los gobernadores almorávides de Granada y Valencia 29, precipitó la capitulación de la plaza (julio 1104) 30. Con ella pasaron a manos de los cristianos (si es que efectivamente formaban parte del reino hudí) Hita y Guadalajara 31. Este éxito, uno de los últimos del viejo rey, permitió a Alfonso VI organizar la frontera levantina del imperio toledano sobre tres pilares de sólida apariencia. Al Norte, frente a Tudela y Tarazona, se hallaba el gran condado najerense de García Ordóñez, que contaba con una amplia base a orillas del Ebro (desde Miranda a Alfaro) 32 y cuyos «extremos» alcanzaban hasta la curva de ballesta del Duero; allí en la frontera, por orden de Alfonso VI, puebla ahora el conde (1106) a «Garrahe» (hoy Garray) 33, «antiqua civitate deserta» (Numancia) que venía siendo considerada, desde tiempos del rey Sancho el Mayor y el conde Sancho García (1016), como el último mojón del reino navarro najerense 34. El extremo Sur, cerrando el acceso a la Alcarria, lo ocupaban las tierras de Alvar Háñez, con las dos fortalezas de Zorita y Santaver y, más al SO., la de Cuenca 35. El pilar central viene ahora a constituirlo la recién conquistada Medinaceli, clave de los pasos entre Zaragoza (vía Calatayud) o el Levante (vía Molina) y el alto Duero y la Transierra. Alfonso VI encomienda su defensa y la de Guadalajara a Fernán García «Minaya», conocido por el «de Hita» 36, pero, a fin de subrayar la importancia de la conquista, da el señorío de Medinaceli a su único hijo, engendrado en la viuda de Faṭ̣̣h al-Ma’mūn b.  ‘Abbād 37, a quien ha elegido heredero del imperio, anteponiéndolo a su hija legítima primogénita Urraca y a su yerno el conde de toda Galicia don Raimundo 38.
     En 1107 el Emperador, con motivo de la población de Garray, se precia muy especialmente de esta consolidación de la frontera levantina, diciéndose reinar «de Calagurra usque ad Cuenca» 39. Sin embargo, lo conseguido no iba a ser duradero. Hacia el mes de diciembre de ese año el viejo rey cae en cama, postrado por la enfermedad de que habría de morir. Su recia naturaleza y sus médicos judíos 40 logran sostenerle vivo y semi-activo durante un año y siete meses; pero será ya incapaz de reaccionar ante la crisis que socava los fundamentos de su imperio. El 30 de mayo de 1108 la gran derrota de los capitanes de Alfonso VI en Uclés, en que murieron, entre otros, el conde Garci Ordóñez y el joven infante don Sancho 41, no sólo dejó abierto el problema sucesorio, sino que provocó el derrumbamiento de la primera línea de defensa del alto Tajo (Cuenca, Huete, Uclés y Ocaña) 42. Un año después moría el rey don Alfonso «el Viejo» y el imperio toledano pasaba a manos de una mujer viuda con un hijo menor de edad (30-jun.-1109) 43.

d. Derrumbamiento de la frontera oriental del imperio toledano

      ‘Alī b. Yūsuf, el nuevo Emir de los musulmanes, creyó llegada la ocasión de atacar la ciudad imperial. Después de apoderarse de Talavera, combatió una semana a Toledo defendida por Álvar Háñez) y destruyó el monasterio de San Servando y los muros de Madrid, Olmos y Canales (sin tomar los alcázares); Guadalajara (en manos de Fernán García) resistió los asaltos (agosto 1109) 44; pero Alcalá debió de pasar entonces a poder de los almorávides 45. La precaria situación de la Transierra se acentuó en el curso del año siguiente, cuando la inesperada muerte de al-Musta‘īn (24-enero-1110) 46 trajo consigo la incorporación de la mayor parte del reino hudí al imperio almorávide (31-mayo-1110, entrada de Muḥammad b. al-Ḥ̣̣aŷŷ en Zaragoza) 47. Aunque Alfonso I de Aragón supo sacar partido de la colaboración de ‘Imād al-dawla, el desposeído heredero de al-Musta ‘īn, que conservó Rueda, Borja y otros castillos 48, la presencia de los gobernadores almorávides en Calatayud representaba una grave amenaza para Medinaceli, que tenía entonces don Pedro González conde de Lara 49 (el que pronto había de ser, si no lo era ya, amante de la reina) 50.
      Después de un nuevo ataque a Guadalajara (1112-1113) 51, el embate decisivo contra la frontera oriental se produjo en 1113-1114, durante la guerra civil que conmovía al imperio: el emir Mazdalī, gobernador de Córdoba y Granada, se apoderó de Oreja y Zorita 52, y los almorávides llegaron hasta el Duero, donde pusieron cerco a Berlanga 53. Aunque Guadalajara e Hita resistieron, el conde de Lara, demasiado envuelto en la política interna de Castilla, no pudo defender los «extremos» de su condado, y Medinaceli pasó a poder de los almorávides 54. Fernán García, señor de Hita y Guadalajara, intentó recobrar la plaza; pero tuvo que levantar el cerco (1114) 55.
      Cinco años después de muerto Alfonso VI, vinieron a quedar frustrados los esfuerzos del viejo rey por dotar al imperio toledano de una frontera oriental firmemente asentada sobre la ruta de las sierras: los dos puntales meridionales habían vuelto al poder del Islam y el condado najerense, una vez muerto Garci Ordóñez, no tardaría en bascular hacia Navarra.

e. Renacimiento de la Gran Navarra najerense bajo Alfonso I

      Los emires almorávides no lograron impedir la consolidación de las dos grandes obras de Alfonso VI: la cristianización de Toledo y la repoblación de la Extremadura del Duero (desde Salamanca a Sepúlveda). En cambio, al liberar a los andaluces de la explotación económica imperial, crearon en el Norte cristiano las condiciones básicas para la explosión político-social ocurrida en los años que siguen a la muerte del Emperador de las dos religiones. La revolución burguesa de los años 1110 a 1116, más o menos triunfante a todo lo ancho de Castilla y Tierra de Campos (desde Montes de Oca al Esla) 56, estuvo a punto de transformar la geo-política de Hispania. La Extremadura segoviana y la Transierra toledana quedaron medio aisladas, equidistantes entre la Galicia del conde Pedro Froílaz (el ayo de Alfonso Raimúndez), del obispo Gelmírez y de la reina, y el reino pirenaico de Alfonso I y sus aliados francos. Más decisivo fue el cambio en la frontera oriental del «imperio toledano».
      En agosto de 1110, cuando la reina va con su hueste contra Zaragoza, el edificio imperial sigue intacto: entre los condes que la acompañan no sólo figura «Petrus Gonsalbes comes de Metina», sino incluso «Sancius comes Pampilonensis», y entre los señores «Didacus Lopiz senior in Nagera», «senior Enneco Semenones dominator Kalagurra» y «Garsia Lopiz in Maranione» 57. Pero ya en febr.-1111 una plaza tan castellana como San Esteban de Gormaz aparece incorporada al sistema de «tenencias» navarras 58. Sin embargo, el statu quo no se altera profundamente hasta 1113. Cuando en ese año Alfonso I se retira del reino de su mujer, la Historia Compostellana aún se complace en subrayar la unánime actitud de los próceres «Burgenses, Nazarei, Carrionenses, Palentini, Legionenses» 59, pero la expedición de Urraca y los gallegos sobre Burgos (jul.-1113) viene a poner de manifiesto que los límites del reino de Alfonso I se han desplazado hasta Atapuerca 60. En adelante, los territorios, un tiempo atrás navarros, «de rivo Iberi usque circa civitatem de Burgos» 61, volverán a formar parte del reino navarro-aragonés. Aquel año en Nájera se halla ya como señor Fortún Garcés Caxal 62, el brazo derecho de Alfonso I; Diego López, cuya fidelidad a Alfonso I nunca sería muy constante, ha tenido que contentarse con el dominio de Buradón, Álava y Vizcaya 63.
      En los años siguientes, la reina doña Urraca se conforma con el título de reina de Galicia y León, mientras el «imperator» Alfonso dice ser rey de Castilla y Aragón 64. Toledo y Extremadura se incluyen, también, en los dominios de Alfonso I 65 (excepto durante un período en que gobierna la ciudad el conde don Pedro Froílaz con su pupilo Alfonso Raimúndez) 66. Alfonso I aprovecha estos años que preceden al cerco de Zaragoza para dejar sus dominios occidentales perfectamente organizados en manos de tenentes de confianza (1116-1117) 67. Navarra recobraba así, por obra de Alfonso, sus límites de tiempo de Sancho el Mayor y, con ellos, una Extremadura propia.

f. El rey «celtíbero» repuebla la Celtiberia

      El rey «celtíbero» (como llamaban a Alfonso I sus enemigos en Galicia y León) 68, una vez estabilizada hasta cierto punto la frontera con el Imperio toledano, emprendió una política más netamente pirenaica, en colaboración con sus aliados los señores francos de ultrapuertos. Aprovechando la crisis del emirato almorávide, incorporó a sus dominios desde Tudela y Zaragoza hasta Morella (1117-1119) 69. La rendición de las ciudades del valle del Ebro (Zaragoza, 18-dic.-1118; Tudela, 25-fe.-1119; Tarazona, poco después) 70 fue conseguida previa ocupación o sumisión de Morella (1117) 71 y del macizo montañoso de Aliaga (con sus términos: Pitarque, Jarque, Galve, Alcalá de la Selva, etc.) 72, así como de Belchite 73 (donde Alfonso I organizará la primer Cofradía militar, con vistas al dominio de las playas levantinas) 74.
      Pero la colonización del valle del Ebro, con su densa población musulmana, no podía realizarse sin cerrar la vía natural de penetración desde Valencia, a lo largo de la depresión del Guadalaviar, el Jiloca y el Jalón, que, dominada por las estratégicas plazas de Daroca, Medinaceli y Calatayud, seguía estando en manos de los almorávides. La ocupación de esta región exigió a Alfonso una nueva campaña, íntimamente relacionada con el fortalecimiento previo de las posiciones navarras en la Extremadura del alto Duero. El 13 de diciembre de 1119, Alfonso I (desde Pedraza, en la Extremadura segoviana) se dice reinar «in mea populatione quod dicitur Soria» 75 y en marzo de 1120 da fuero a la nueva ciudad 76, situándola en el recién creado obispado de Tarazona, pero dotándola de un amplísimo alfoz equivalente a lo que hoy es la provincia de Soria 77. Del gobierno de la nueva tenencia encarga al «maiordomo Regis» 78 Íñigo López (1121-1125) 79. Con Soria a la espalda, Alfonso emprendió esa primavera el ataque a Calatayud; pero antes de lograr su dominio, tuvo que enfrentarse con un gran ejército almorávide, enviado contra Zaragoza por el Emir de los musulmanes, ‘Alī, al mando de su hermano Ibrāhīm. Aunque al gobernador de Sevilla se sumaron los de Lérida, Granada y Murcia, e incluso los arraeces locales sometidos a los almorávides, como ‘Azzūn b. Galbūn (que debía tener Molina) 80, la batalla de Cutanda (17-jun.-1120) fue tan desastrosa para los musulmanes que decidió la suerte de toda la región 81: Alfonso I se adueñó inmediatamente de Calatayud (24-jun.-1120) y en los años inmediatos llevó la frontera hasta las cabeceras del Jalón y del Jiloca.
     No sabemos cuándo Alfonso I entró en Medinaceli 82, pero en 1121 o a principios de 1122 83 restauró, de acuerdo con el arzobispo de Toledo, la diócesis de Sigüenza, dándole como término las tierras recién sometidas de Calatayud, Ariza, Medinaceli y Daroca. Es posible que como tenente de esta última plaza (en la que se preciaba de reinar en un documento de junio de 1122) Alfonso I colocara entonces a su muy privado Fortún Garcés Caxal, señor de Nájera (1124-1133) 84. Entre tanto, en el obispado de Tarazona, avanzaba lentamente la repoblación de las tierras altas del NO. de Soria: en 1122 el obispo se ocupa de dar fueros a Santa María de Tera 85; en 1124 ó 1125 hace su aparición, entre las tenencias del reino navarro-aragonés, la de Borovia 86, al pie del Moncayo, encomendada al señor de Alfaro 87. Quizá por entonces pobló Alfonso I Salas, no lejos de Ólvega 88.
      Para sellar toda esta labor de conquista y repoblación, Alfonso I se asienta, en setiembre de 1124 89, en la nueva «frontera» de su reino 90, en el alto Jiloca, desde donde se preocupa de que se pueble Cariñena 91. Allí estando, crea una nueva población, Monreal del Campo 92, donde sitúa una nueva Militia Christi, a la cual concede un cuarto de las rentas reales de un amplio territorio que los caballeros de Cristo deben ayudarle a conquistar: desde el puerto de Cariñena y Bubierca, hasta Molina, Cuenca, Segorbe y Buñol 93.
      Aunque ambicioso, este programa señalado a la nueva Militia no colmaba las aspiraciones de Alfonso, que, con Monreal del Campo, se sentía en posesión de la llave del Levante. En setiembre de 1125 el rey, acompañado de un enorme ejército, parte camino de Valencia (20-oct.), Murcia y Guadix (18-nov.), dispuesto a someter Granada (a cuya vista se encuentra el 7-en.-1126). Esta gran expedición (que concluyó en jun.-1126) no consiguió su principal objetivo, pero puso de manifiesto la voluntad del rey «celtíbero» de no reconocer otras fronteras para su reino en expansión que las costas de Motril, Salobreña y Vélez-Málaga (de ahí que tomase simbólica posesión del Mediterráneo embarcándose y comiéndose un pez) 94. 
      En todas las empresas militares de Alfonso I colaboraron, sin distinción de procedencias, sus vasallos ultrapirenaicos, aragoneses y navarros; pero, en términos estadísticos, la expansión demográfica hacia el Sur tuvo que estar condicionada por factores geográficos. Los dos grandes esfuerzos de Alfonso (por no hablar del tercero fallido en el área Lérida-Fraga-Tortosa) para ocupar la Marca Superior de al-Andalus, tuvieron como base dos secciones bien diferenciadas de su reino pirenaico: si el dominio, en 1117-1119, del valle del Ebro y de las fragosas hoces, páramos y sierras entre Aliaga y Morella se logra a partir de Aragón, en cambio Soria, Medinaceli, Calatayud, Cariñena, Daroca y Monreal parece que, en sus orígenes (1120-1124), fueron una «frontera» del reino navarro najerense.

g. La obra de Alfonso I amenazada: Alfonso VII en Medinaceli

      A la vuelta de su expedición contra Granada, Alfonso I se encuentra con un panorama político nuevo: el «imperio toledano», que hacía poco amenazaba con disolverse en un conjunto de señoríos feudales y de ciudades burguesas, reemerge súbitamente, apenas muerta doña Urraca (8-mar.-1126), como un centro de poder capaz de contrapesar la dinámica coalición de señores pirenaicos que preside el rey de Aragón. Las paces de Támara (jul. 1127) 95, con que se evita el encuentro armado de Alfonso VII y Alfonso I, reconocen simplemente el statu quo: Alfonso Raimúndez tiene que soportar que los límites de Navarra queden máximamente avanzados hacia Occidente, hasta Álava, Montes de Oca, San Esteban de Gormaz y Berlanga 96. En cambio, el rey «celtíbero», al mismo tiempo que se ve definitivamente excluido de la Extremadura segoviana 97, acepta la pérdida de los estratégicos pasos del Jiloca y el Henares, que posiblemente se hallaban ya en poder del joven Emperador 98. De esta forma, el recientemente restaurado obispado de Sigüenza quedaba partido en dos por la frontera política, con Ariza, Calatayud y Daroca en el reino de Alfonso I y Medinaceli, Atienza y Sigüenza en el de Alfonso VII.
      La forzada concesión de Medinaceli a Alfonso VII parece preocupar entonces a Alfonso I. Por lo pronto, se dedica a organizar la comarca en torno a Soria y San Esteban de Gormaz (que desde feb. 1127 tiene Fortún López) 99 completando la tenencia de Borovia, con otras en Ágreda, Los Fayos (en. 1128) 100, Almenar (feb. 1128) 101 y Ribarroya (en. 1129) 102, y emprendiendo la población de Almazán (ag.-oct. 1128), que pretende rebautizar «Placencia» 103. Posiblemente, trata de desalojar a los imperiales de Morón de Almazán, desde donde observaban u hostilizaban la población de «Placencia» 104. Al mismo tiempo que refuerza la Extremadura soriana, Alfonso I alza, para vigilar Medinaceli, un nuevo Monreal, el de Ariza (antes de dic. 1128) 105, y, desbordando por el SE. a Medinaceli, dedica toda una campaña a apoderarse de Molina y su región: en febrero y octubre de 1128 sabemos que mantiene un tenente en la fortaleza de Traid, entre Molina y Albarracín 106, mientras él mismo dirige el cerco de la ciudad desde Castilnuevo (feb.-may. y oct.-dic. 1128) 107 hasta conseguir, al fin, tomarla en la primera quincena de diciembre de 1128 108. La presión sobre Medinaceli obliga a Alfonso VII a acudir a Atienza, primero, y de allí a Morón (vía San Justo). Pero, después de algún forcejeo, el Emperador se conformaría con fortificar Morón y Medinaceli, mientras Alfonso I completaba las defensas de Almazán 109.
      La cuña castellana de Morón-Medinaceli-Atienza-Sigüenza, aunque representaba una solución de continuidad en el dominio por el rey «celtíbero» de toda la ruta de las sierras entre Nájera y Monreal del Campo, vino a quedar en parte neutralizada con la conquista de Molina, que dejaba nuevamente abierto el camino a la expansión del reino en dirección a Albarracín y en dirección a Cuenca. Albarracín se hallaba ya en situación bastante precaria desde que Alfonso I había hecho poblar y fortificar Cella (1128), en los pasos del Jiloca al Turia 110.

 

h. El Emperador y el conde de Barcelona desmantelan la Gran Navarra

      El reino de Alfonso I era una creación demasiado personal para que pudiera resistir el doble golpe representado por la muerte del rey (7-set.-1134) y su singular testamento, en que hacía únicos herederos a las órdenes militares. La restauración en tierras navarras de un reino independiente del de Aragón, por un nieto del «ihante» don Sancho y del Cid, y la voluntad de los aragoneses de mantener una dinastía propia con el rey-monje, convirtieron inmediatamente a Alfonso VII en árbitro de las tierras conquistadas o repobladas por el rey «Batallero» 111. Toledo volvió a ser el centro de gravedad de la Península, y la geo-política de Hispania vino a tomar como modelo la de tiempos de Alfonso VI.
      Aunque el Emperador, que afirmaba sus derechos a toda España, se contentó, a la larga, con el señorío indirecto del nuevo reino de Zaragoza (que incluía, no sólo la depresión del Ebro, sino la región de Calatayud y Daroca), desde muy pronto consideró anexionables a sus dominios tanto el señorío najerense como la Extremadura del alto Duero. Inicialmente, García Ramírez había sido reconocido rey en Nájera 112, pero en seguida tuvo que entregarla al Emperador 113. La suerte de Soria y demás poblaciones de la comarca tardó algo más en decidirse 114. Sabemos que en 10-jun.-1135 y en 6-dic.-1135 Fortún López conservaba la tenencia de Soria 115, tanto cuando el Emperador mantenía a Ramiro II en Zaragoza, como cuando da la tenencia de la ciudad a García Ramírez 116. Pero Alfonso VII, que pretendía substraer toda la Extremadura soriana al obispado de Tarazona para incorporarla al de Sigüenza, disponía de la comarca a su voluntad (jun. 1135) 117. Al año siguiente, en que Alfonso desposee a García Ramírez de Zaragoza y da su gobierno a Ramiro II, Fortún López desaparece; pero Soria figura como gobernada por el señor de Borja, Pedro Talesa (28-oct.-1136); por entonces, el Emperador afirma reinar «in Lione et in Toleto et in Soria et in Calataiub et in Alaon» (Alagón, 3-jul.-1136) o «in Leione et in Toleto et in Soria et in Calataiub et in Çaragoça» (28-oct.-1136) 118. Mientras tanto, las diócesis de Tarazona, Zaragoza, Sigüenza y Osma forcejeaban por encontrar una fórmula de reparto de los territorios en litigio; en 1135 Sigüenza, además de disponer de Soria, obtenía Calatayud (a cambio de Daroca); pero en 1136 Tarazona recibía Calatayud y retenía las faldas del Moncayo (Borovia, Ólvega, Salas), Osma adquiría Soria, y Sigüenza las tierras al Sur del Duero (desde Ayllón a Almazán) y la cabecera del Jalón (hasta Deza y Ariza) 119. Quizá este arreglo respondía a la división entre la Extremadura castellana y el nuevo reino de Zaragoza según la entendía el Emperador.
      A partir de entonces, la Extremadura soriana y, más al Sur, el señorío de Molina en que se instaló don Manrique de Lara (desde antes de 1138) quedaron firmemente adscritos al reino de León, y su frontera con un reino de Zaragoza administrado por el conde don Ramón de Barcelona (1137) separó definitivamente en dos mitades las tierras altas de la Celtiberia.
      Sin embargo, la reestructuración política del antiguo reino de Alfonso I en los años 1134-1137 fue tan súbita y profunda que el desplazamiento hacia Oriente de los límites del reino leonés de Alfonso VII no fue acompañado, según parece, por movimientos de población.
      Cuando, años después, el emperador (asistido por García Ramírez de Navarra) vino a Soria, firmó una carta de privilegios redactada en romance (con algunos latinismos), sin duda por los propios «demandatores de isto». Basta comenzar a leer esa carta para convencerse de que los «homines de Soria» seguían aún siendo herederos muy directos, inlcuso en lenguaje, de los que en 1119-1120 vinieron a poblarla:

«Ego Adlefonsus Imperator totius Ispanie concedo et dono ad homines de Soria totos lures foros que habent scriptos en lur carta, et los qui habuerunt in dias del Rege de Aragonia..., etc.» 120

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i. La expansión navarra por la ruta de las sierras en la segunda mitad del siglo XII

      Toda una serie de pactos entre Alfonso VII († 1157) y sus descendientes y el conde Ramón Berenguer († 1162) y sus descendientes no lograron obliterar el pequeño reino navarro de ascendencia cidiana 121; pero sí impidieron la formación, cara al Islam, de una «Extremadura» dependiente de Navarra durante los años en que la ruina del emirato almorávide y la formación de unas nuevas taifas (1144-1145) facilitaron el progreso cristiano en las fronteras de al-Andalus.
      La última oportunidad de Navarra para conseguir abrirse una frontera, que le permitiera expandirse hacia el Sur, ocurrió durante la niñez y adolescencia de Alfonso VIII en Castilla (1158) y de Alfonso II en Aragón (1162), cuando ya los almohades dominaban Granada (1155) pero el Levante se hallaba aún en manos de Muḥammad b. Mardanīš, el rey Lobo, en guerra permanente con los africanos. Sancho el Sabio, a cambio de percibir parias (los famosos maravedíes lupíes), se convirtió en protector suyo y hasta acudió personalmente a Murcia (en una expedición que parece remontar a 1161) bien lejos de su reino pirenaico 122. Más tarde (19-dic.-1168), después de haber recobrado de Castilla desde [Quel, Ocón] y Logroño hasta [Pazuengos, Grañón] Cerezo y Briviesca [1162-1163], pactó con el rey niño de Aragón, Alfonso II, dividirse por mitad «quod quidquid ab hac die in antea potuerint capere uel adquirere in tota terra regis Lupi, uel tota alia terra sarracenorum» 123 y se garantizaron libre paso por sus reinos 124. En sus intervenciones en al-Andalus, los navarros tomaron básicamente como modelo las de los castellanos, riojanos, aragoneses y catalanes de tiempo del Cid. Así, cuando en 1162 Ibn Hamusk y su yerno Ibn Mardanīš, con la connivencia de los judíos, se apoderan temporalmente de Granada, entre los contingentes auxiliares cristianos que intervienen en la acción victoriosa inicial y en el desastre final ocupan lugar destacado los navarros, según nos revelan unas noticias analísticas no tenidas en cuenta por los historiadores 125:

    «En este año lidió Pero Arceíz de Latrén con el fijo de la negra en Liuira, çerca de Granada e fue vencido el moro e libró así bien doze mill christianos de muerte».

«En este año lidió Amorabahás en Granada con el rrey Lop e fue vençido este rrey Lop e murió ý Pero Esquerra e Martín de Borueua e Pero Arzeís de Latrén e Auenobet».

Se trata de la derrota en Marŷ al-ruqād de Abū Sa‘īd a manos de Ibn Hamusk y los 2.000 auxiliares cristianos enviados por Ibn Mardanīš y de la victoria de Abû Ya ‘qūb, Abū Sa ‘īd y Yūsuf b. Sulaymān sobre Ibn Hamusk, Ibn Mardanīš y sus aliados cristianos en Granada (10-jul.-1162), en que mueren Ibn ‘Ubayd, yerno de Ibn Mardanīš, el jefe de los cristianos y muchos otros. En al-Mann bi-l-imāma de Ibn Sāḥ̣̣ib al-Ṣ̣̣alat, año 557 (1162) se halla un pormenorizado relato de los sucesos 126. [Aunque la fuente analística y Sāḥ̣̣ib al-Ṣ̣̣alat refieran los mismos hechos, los *Anales navarro-aragoneses se singularizan por señalar el protagonismo de Pero Arceíz (o Garcés), entre los auxiliares cristianos de Ibn Mardanīš, en vez del concedido por la fuente árabe al conde apodado «el Calvo» nieto de Alvar Háñez 127].
      No me consta que Pedro Arceíz, a quien no he acertado a identificar, fuera vasallo del rey navarro; pero Pedro Ezquerra 128, señor de Ujué, y Martín de Borovia, señor de Sangüesa, son vasallos bien conocidos de Sancho el Sabio, con quien confirman documentos alrededor de 1157 129.
      Estas intervenciones de caballeros navarros o del propio rey don Sancho en apoyo del rey Lobo son indicativas de la atracción que al-Andalus, como campo de acción, seguía ejerciendo sobre el reino de Navarra, a pesar de la concertada política de exclusión desarrollada por los dos grandes reinos vecinos, que, una vez llegado Alfonso VIII a su mayor edad, volverían a planear conjuntamente la contención de las aspiraciones navarras a participar en la conquista del Levante andalusí (tratado de Sahagún, 4-jun.-1170). Pero esos pactos no consiguieron impedir la presencia navarra en las tierras de la Cordillera Penibética, ya que el señor de Estella Pedro Ruiz de Azagra 129, obtuvo de Ibn Mardanīš el dominio de Santa María de Albarracín (1170[, o quizá c. 1166/68) 130, cuya autonomía optaron por reconocer en 1170 Castilla y Aragón 131]; y, poco después (1175), don Pedro adquirió de otro caballero (Fortún de Thena), al parecer asimismo navarro, los castillos de Huélamo y Monteagudo, con lo que así se asomaba sobre Cuenca 132.
      [El hermano y sucesor (nov. 1186) de don Pedro en el señorío de Albarracín, Fernando Ruiz, llegó a convertirse a fines de siglo en pieza insustituible para la defensa de las plazas fuertes de la Transierra al Oriente de Toledo en los años difíciles que siguieron a la derrota castellana en Alarcos. Según nos informa una interpolación del romanzador aragonés que en 1252/53 tradujo la Estoria de los Godos de Ximénez de Rada, cuando en 1197 Abū Yūsuf Ya ‘qub cercó Toledo y, seguidamente, Madrid, Alcalá, Huete, Cuenca y Uclés,

«en todas esas cercas fue dentro Ferrand Ruyz, sennor de Albarrazín, non por su vasallo —de Alfonso VIII—, mas por ruego de su muger que era de Castiella, con .CC. cavalleros a su costa et a su misión» 133].

      [Como la moderna historiografía navarra ha destacado bien 134] la sonada participación en 1212 de Sancho el Fuerte de Navarra en la batalla de Las Navas (donde fue principal artífice de la derrota almohade) no es sino la culminación de la soterrada y continua presencia navarra durante los siglos precedentes en la conquista y colonización del contrafuerte ibérico, hecho histórico que ha venido ocultando el predominio político de las dos coronas llamadas a repartirse Šarq-al-Andalus, la castellana y la catalanoaragonesa.

Diego Catalán, "El Cid en la historia y sus inventores."(2002)

NOTAS

1 Sobre el progresivo desmembramiento del reino de García de Nájera, el muerto en la batalla de Atapuerca (1054), a partir de la muerte de la reina Estefanía (1058), he tratado en «Sobre el ihante» (1996), nn. 23 y 58 [véase en el presente volumen el cap. II, § d, p. 77-80].

2 Los documentos contemporáneos no explican el porqué ni el para qué del regicidio; sin embargo, los sucesos inmediatos y el comportamiento de la familia real navarra, hace pensar que los asesinos (los hermanos del rey, don Ramón y doña Ermesinda, y los grandes nobles) obraron movidos por intereses políticos. [Para más detalles, véase en la presente obra, cap. II, pp. 56-69].

3 Desde él realizaría la política «imperial» de Alfonso en dirección a la Celtiberia y al reino de Zaragoza.

4 García Ramírez, el restaurador del reino de Navarra (1134-1150), era nieto del Cid. Como descendiente que era de Sancho el de Peñalén por línea bastarda, consideró su linaje «cidiano» un apoyo importante para consolidar su posición. El Libro de las generaciones navarro, hacia 1200, llamado Liber regum muestra cómo la nueva dinastía de reyes navarros equiparaba a sus reyes, descendientes de Laín Calvo a través del Cid, con los reyes de Castilla, descendientes de Nuño Rasura el otro famoso juez o alcaide castellano (cfr. mi introducción a Crónica de 1344 que ordenó el Conde de Barcelos, ed. Catalán y De Andrés, Madrid, 1970, pp. LIII-LV).

5 Emplearé, un tanto imprecisamente, esta designación para referirme a las tierras altas al SO. de la depresión del Ebro.

6 Lévi-Provençal fecha en 469 (1076-77) la muerte de Bādīs al-Muẓaffar y la subida al trono de su nieto («Les mémoires», Al-Andalus, III, 1935, p. 254), siguiendo a Ibn al-Qaṭṭān (apud Ibn  ‘Idārī), pero esa fechación no es admisible, según ha mostrado Roger Idris («Les zīrīdes», Al-Andalus, XXIX, 1964, pp. 94-96); añádase al razonamiento de este autor que Abd Allāh reinaba ya cuando al-Ma’mūn de Toledo se apoderó de Córdoba en 467 (1075), según el propio rey zirí dice en sus «Memorias» (Al-Andalus IV, 1936-39, 32).

7 Sobre la pronunciación ihante por ‘infante’ de los riojanos testimoniada por un historiador árabe, véase Catalán, «La pronunciación [ihante], por /iffante/» (1967-68), pp. 410-435 [reed. en El español. Orígenes de su diversidad (1989), cap. XII, pp. 267-295, con un mapa].

8 Véase Catalán, «Sobre el ihante», Al-Andalus, XXXI (1966), 209-235 [refundido en el cap. II del presente libro]. La quema de la mezquita de Elvira está confirmada por la arqueología: Cfr. Torres Balbás en Menéndez Pidal, Historia de España, V (Madrid: Espasa Calpe, 1957), p. 415. Venía atribuyéndose, genéricamente, a los beréberes y

fechándose en 1009-1010, en vista de la siguiente noticia de Ibn al-Jaṭ̣īb: «les habitants [d’Ilbîra] émigrèrent pendant la guerre civile excitée par les Berbères en 400 de l’hégire et dans les années suivantes, pour aller chercher un refuge à Grenade, qui devint alors la capitale du pays» (Dozy, Recherches 3, p. 332); me parece seguro que esta noticia procede de Ibn Ḥ̣ayyān, pues figura abreviada en al-Ḥ̣imyarī (Lévi-Provençal, La Péninsule Ibérique, 1938, § 25).

9 Según Abū Bakr b. Abd al-Raḥmān (apud Ibn ‘Idārī); véase Catalán, «Sobre el ihante» [reed. en el cap. II del presente libro]. La última vez que hallamos al «Infante Domno Sancio» (junto con su mujer) en la corte navarra es en 7-dic.-1057. Quizá salió del reino con ocasión de la crisis provocada por la muerte de la reina viuda doña Estefanía (1058). Según Ibn ‘Idārī, murió en el desastre de Rueda (1083).

10 Consta en una apostilla a un documento de 17-feb.-1050 (S. Mill. § 145). [Véase aquí atrás, cap. II, § d, p. 80 y n. 98]. 

11 Como expone el propio rey zirí ﺀAbd Allāh en sus «Memorias», ed. Lévi-Provençal, Al-Andalus, IV (1936-39), p. 30 [cfr. ‘A. Turk, Ibn ‘Ammār», RHJZ, LXIII-LXIV (1991), 141-169].

12 Según explica el rey en sus «Memorias», Al-Andalus IV (1936-39), p. 32.

13 Sobre estos personajes y sucesos he tratado en «Sobre el ihante», pp. 216-220 [aquí atrás, cap. II, § c]. La vinculación de las infantas navarras a La Rioja está confirmada por el testamento de su madre, la reina doña Estefanía, quien dejó a doña Ermesinda Villamediana y Matres, en las fértiles y estratégicas tierras del Sur del Ebro, y a doña Urraca Alberite, Lardero y Mugrones (n. 70 de «Sobre el ihante» [aquí atrás, cap. II, n. 109]).

14 De la que da cumplida noticia la Historia Roderici, § 8, y cuya resonancia confirman el Carmen Campidoctoris, 77-88 y el Mio Cid, 3285-3290.

15 Menéndez Pidal, Esp. Cid 5 (1956), pp. 257-259, supuso que la batalla de Cabra se dio en 1080; [pero la relectura de las «Memorias» del rey ﺀAbd Allāh me obligan a anticipar este episodio de la guerra entre Sevilla y Granada a los primeros meses de 1075; véase aquí atrás, cap. II, pp. 65-67].

16 Al consentir la cristianización de la mezquita mayor toledana promovida por los francos (la reina Constanza y el arzobispo Bernardo).

17 Sobre este personaje, véase Menéndez Pidal, Esp. Cid 5 (1956), s.v. y Menéndez Pidal y García Gómez, «El conde moz. Sisnando», Al-Andalus, XII (1947), 28-41. La explicación que dieron Sisnando y otros consejeros de Alfonso VI a ﺀAbd Allāh de la política imperial dirigida a conseguir el dominio total de Hispania, es clarísima: mediante una creciente opresión tributaria, llegaría un momento en que los propios musulmanes preferirían el señorío directo de Alfonso VI a la doble explotación a que estaban sujetos.

18 Según expresiva imagen de al-Rāzī hablando de un caso inverso.

19 La caída de Aledo (1092) señala el final de una época. Sólo en Šarq al-Andalus pervivirán cristianos encastillados en tierras musulmanas.

20 Menéndez Pidal, Esp. Cid 5 (1956), pp. 608-611. [Así lo estimaron ya los historiadores coetáneos de Rodrigo como Ibn Bassām: «Aḥ̣mad ibn Hūd, alzado en la Marca de Zaragoza todavía ahora..., temiendo por la pérdida de su reino y notando su menoscabo, pensó ponerle —a un perro de los perros de los gallegos por nombre Rudrīq y llamado al-Kambiyatūr— entre él y las rápidas avanzadas del Emir de los musulmanes, facilitándole el acceso a Valencia...» (trad. Viguera, «El Cid en las fuentes árabes», 2000, pp. 61-62)].

21 El relato de la Historia Roderici, § 76, y de Ibn Alqama son complementarios (cf. Ibn ‘Idārī, al-Bayān al-mugrib, a. 495 [1102/1103], trad. Huici, pp. 100-102).

22 Según Lacarra, «La conquista de Zaragoza», Al-Andalus, XII (1947), p. 69, los almorávides ocuparon no sólo Tortosa sino también Lérida. Según el Rawḍ̣  al-qirṭ̣ās (trad. Huici, p. 303), los almorávides habrían ganado Fraga ya en 1095 (dato poco creíble).

23 Los almorávides se apoderaron de Albarracín poco después de la muerte de Abū Marwān b. Razī llamado Ḥ̣̣usām al-dawla (1102) destronando a su hijo Yaḥ̣̣yā (según Ibn ‘Idārī, trad. Huici, p. 104). Cfr. Bosch Vilá, Albarracín musulmán (Teruel, 1950).

24 Sabemos que entre los arraeces sometidos a los almorávides que participaron en la batalla de Cutanda (1120) se destacaba ‘Azzūn b. Galbūn (el único de quien al-Bayān al-mugrib recuerda el nombre); el Mio Cid nos dice que fue señor de Molina. Véase adelante n. 80.

25 Véase Lacarra, Vida de Alf. el Bat. (1971), p. 26.

26 Según Ibn ‘Idārī (trad. Huici, p. 103). Véase Huici, «Los Banū Hud de Zaragoza (nuevas aportaciones)», EEMCA, VII (1962), 7-38 (especialmente pp. 8-12).

27 Al conocer la carta de Yūsuf a al-Musta ‘īn obtenida en Córdoba por ‘Imād al-dawla, el hijo de al-Musta‘īn.

28 Sobre la lenta repoblación de Candespina y Segovia nos habla muy expresivamente la escritura de 8 de mayo de 1107 en que Alfonso VI, treinta años después de la repoblación de Sepúlveda, concede a la iglesia toledana la diócesis de «Sepuluega cum toto Campo de Spina ut de Segobia sicut diuiditur per terminos Auxumensis sedis et Auilensis de cacumine moncium... usque ad flumen Durium». Segovia no tendrá obispo hasta 1120. El documento ha sido editado varias veces (véase en Sánchez Albornoz, Despoblación y repoblación, 1966, pp. 387-389).

29 El asedio y la expedición de los gobernadores almorávides ‘Alī b. al-Ḥ̣̣aŷŷ y Abū Muḥammad  Abd Allāh b. Fātima se cuenta por Ibn Idārī, al-Bayān al-mugrib (trad. Huici, pp. 105-106). La acción diversiva no creo que consistiera en un ataque a Talavera (según interpreta Huici y acepta Ubieto, El Cantar de M.C., 1973, p. 38), pues los ejércitos de Granada y Valencia se concentraron en Calatayud y, al morir en la acción ‘Alī b. al-Ḥ̣̣aŷŷ, gobernador de Granada (y no Ibn Fātima, como dice Ubieto), fue llevado a enterrar a Tudela.

30 Anales Toledanos I.

31 Hablando del a. 484 (23-feb.-1091/11-feb.-1092) y de cómo Yūsuf desposee a los reyes de Taifas, al-Ḥulal al-Mawšiyya (obra granadina de 1382, que usa fuentes viejas) explica que sólo fue respetado al-Musta ‘īn, que tenía entonces Zaragoza, Tudela, Calatayud, Daroca, Huesca, Barbastro, Lérida, Fraga, Balaguer, Medinaceli y Guadalajara (ed. Allouche, Al-Hulal al-Mawchiyya, Rabat, 1936, pp. 59-60 [vide, ahora, ed. S. Zakkār y ‘A. Q. Zimāma, Rabat, 1979]). La lista es algo sospechosa pues coincide con la que Ibn Idārī, al tratar del último Banū Hūd, asigna a al-Musta ‘īn Sulaymān b. Hūd, el primer rey hudí. Aunque no consta, es posible que al-Musta ‘īn II hubiera arrebatado Lérida, Fraga y Balaguer a Sulaymān, el hijo de al-Haŷib al-Mundir, a quien gobernaban los «hijos de Betir», de quien sólo sabemos que continuó acuñando moneda en Tortosa hasta 1099 (cfr. Menéndez Pidal, Esp. Cid 5, 1956, pp. 386 n. 1, 389 n. 2 y 431 n. 1); [consta que al-Muqtadir había arrebatado Molina a al-Qādir] durante la crisis del reino moro toledano que precede a su destrucción, pero no sabemos que reincorporara al reino de Zaragoza la cabecera del Henares [cfr. Menéndez Pidal, «Aldef. Imperator Tolet.» (1932), pp. 517-518, o Hist. y epop. (1934), p. 243].

32 Sobre la extensión de las posesiones de García Ordóñez, véase R. Menéndez Pidal, Esp. Cid, Disq. 28ª

33 «In era millesima centesima quadragesima quarta iussit Aldefonsus rex Garsie comiti populari Garrahe» (S. Mill. § 292). En los últimos años del siglo anterior, el conde aún se preocupaba de afianzar la población de sus tierras ribereñas del Ebro, dando fuero a las dos ciudades-puente de Logroño, 1095, y de Miranda, 1099. (Véase Cantera, Fuero de Miranda de Ebro, Madrid, 1945).

34 «...deinde ad flumen Razon ubi nascit ... et usque ad flumen Tera, ibi est Garrahe, antiqua civitate deserta, et ad flumen Duero» (S. Mill. § 86). 35 19-may.-1097 en Aguilera sobre Duero «Alvar Fañez de Zorita» (Silos, § 25); 8-may.-1107 en Castro de Monzón «Albarus Faniz dominus de Zorita et de Sancta Ueria» (Sánchez Albornoz, Despoblación y repoblación, p. 389). Cuenca (entregada a Alfonso VI con ocasión de la conversión de Zaida y sus caballeros) no llegó a perderse con la derrota que en ella sufrió Alvar Háñez a manos de Ibn ‘Ā’iša a. 490 (19-dic.-1096/8-dic.-1097), antes de que Yūsuf regresara a Marruecos (Menéndez Pidal, Esp. Cid 5, 1956, pp. 537-538 y n. 1), pues en 1107 Alfonso, según veremos, aún se preciaba de reinar «usque ad Cuenca».

36 «Ferrandus Garsias alcaid de Medina et de Guadafagara» confirma el doc de 8-may.-1107 (cit. en n. 35). En tiempo de doña Urraca tuvo un papel importante (como muestra la Crónica de Sahagún I). Según se expresa en una adición al Fuero de Palenzuela (El Moral, p. 27), «in illo tempore (esto es, de «Regina donna Urraca») erat senior in Palenciola Mienaya Ferrandus Garsie» [cfr. Gambra, Alf. VI. Dipl., núm. 24]. Ya en [6-set.-1110 y] 15-oct.-1110 firma como [«Ferrandus Garceiz de Fita», Dipl. Urraca, núm. 13], «Ferrando Garciez de Fita» (Burgos, § 72, p. 140), y con ese apellido suele aparecer en los documentos, quizá para distinguirse de «Ferrant Garciet frater eius»; otras veces los dos hermanos se llaman «maior» y «minor» (ejs. de 1125 en Silos § 34, 36; Oña § 155), o se aclara la personalidad del menor llamándole «Fernand García Pellica», «Fernandus Garcia Pellela» (Burgos, §§ 75, 89). Cfr. Canal Sánchez Pagín, «Don Pedro Fernández», AEM, XIV (1984), 33-71 que aporta nuevos datos y con cuyas conclusiones estoy sólo parcialmente de acuerdo; [sigo a Salazar Acha, «El linaje de Castro» (1991) y a Barton, The Aristocracy (1997), pp. 33 y 249, al creer que ambos son hijos de García Ordóñez; el «de Hita» habido en la infanta Urraca, el apodado «Pellica» en concubina].

37 En 23-abr.-1107 en un doc. de Fernando Asúrez, se dice «rege Adefonso in Toleto et in Leione et in omni regno Yspanie. Santius filius eius in Medina» (Oña, § 128). Contra lo que piensa Menéndez Pidal, Cantar de M. C. 2 (Madrid, 1944-1946), p. 1172, posiblemente Fernán García no fuera el ayo del infante: en el doc. de 8-may.-1107 firma un «Pelagius Ferrandiz pedagogus et maiordomus infantis».

38 14-may.-1107: «Sancius puer regis filium regnum electus patri factum», Arch. Cat. Santiago. Tumbo C, f. 219, Sant., III, § 23, p. 72. Cfr. P. David, «Le pacte successoral entre Raymond de Galice et Henri de Portugal», BHi, L (1948), 275-290 y Rui Pinto de Azevedo, Docs. medievais port. Docs. régios, vol. I, t. II (1962), 547-553.

39 S. Mill., § 292 (véase atrás, n. 33).

40 Especialmente el famoso Josef B. Ferrusiel «Cidiello», que tan importante papel tuvo en el tránsito del reinado de Alfonso VI al de Urraca, y cuya entrada en Guadalajara cantó en una jarŷa Yěhūdāh ha-Lēwī. Sobre la duración de la enfermedad de Alfonso y los cuidados médicos, cfr. Pelayo, Chron., p. 474.

41 Chron. naiarensis, § 27, Anales Toledanos I y Rodrigo de Toledo, De rebus Hispaniae, VI, 32.

42 De rebus Hispaniae, VI, 32. Nombra también a Consuegra, perdida en 1099 (según los Anales Toledanos II), y a Oreja, que no se pierde hasta 1113. Sobre Cuenca, véase n. 35.

43 La hipótesis de que Urraca se hubiera casado con el rey de Aragón en vida de Alfonso VI, avanzada por Ramos Loscertales en «La sucesión del rey Alfonso VI» (1936-41), pp. 36-99, carece de pruebas y no creo que se ajuste a la realidad.

44 Chron. Adefonsi Imperatoris, ed. Sánchez Belda (1950), §§ 96-102 [o ed. Maya, 1990, II, §§ 1-7]. Los Anales Toledanos II fechan la pérdida de Talavera el 16-ag.-1109; el Nazm al-yumān el sábado 14-ag.-1109. Para el cerco de Toledo, véase al-Bayān al-mugrib a. 503 (1109/1110); [el 19-mar.-1113, Urraca, con el consenso de Alvar Fáñez «tunc temporis Toletani principis», donó San Servando al arzobispo, argumentando que el monasterio «a sarracenis destructum et a Massiliensibus monachis qui nuper ibi morabantur constaret desertum», Dipl. Urraca, núm. 57].

45 Según los Anales Toledanos I, en 1109 «exieron los de Madrit e de toda Estremadura en Agosto e fueron cercar a Alcala que era de Moros». No lo harían mientras ‘Alī atacaba Talavera (12-14 agosto), ni durante los días que cercó a Toledo y destruyó los muros de Madrid, Olmos y Canales (19-27 agosto?). Alcalá no se recuperó hasta 1118 (Anales Toledanos I, Hist. Compostellana II, 10, p. 273).

46 La fecha, según doc. de 24-mar.-1110 (aducido por Lacarra) e Ibn Idārī (Huici, «Los Banū Hūd», pp. 6-7). Evidentemente, la expedición había culminado en el ataque a Arnīṭ̣̣  ‘Arnedo’ (que, contra lo dicho por Huici, era «une place très forte, qui compte parmi les forteresses les plus importantes» según al-Rawḍ̣̣  al-mi ‘ṭ̣̣ar). En unos anales incorporados a la Estoria de España, en su Versión crítica, se precisa: «Este año otrossí mataron los christianos a Almozcaén en Valtierra. E matólo con su mano Lope Garcíez de Viluiello e Martin López de Valtierra. Allý fue preso el conde Ladrón e el conde don Enrrique padre del rrey don Alfonso de Portogal» (Catalán, «El Mio Cid de Alf. X», p. 213).

47 Según IbnIdārī (trad. Huici, pp. 126-128).

48 En 510 (1116) el gobernador de Zaragoza Abū Yahyà [Abû Bakr b. Ibrahīm] ataca a ‘Imād al-dawla en Rueda y Borja, según al-Bayān al-mugrib (trad. Huici, p. 146).

49 En doc. de Nájera, 15-ag.-1110, confirma «Petrus Gonzalbez, comes de Metina» (S. Mill. § 297) [y en doc. de San Esteban de Gormaz, 1110 (primera mitad) la nómina de «dominantes» acaba con «don Gomiz in Ponticurbo et in Cereso, comite don Pedro in Lara et in Medina, Alvar Hanniz in Toleto et in Pennafidele, Ferdinando Garsia in Fita» (Monterde, Dipl. Urraca, pp. 30-31). La ordenación geográfica de los tenentes y un doc. de c. 1117 (Dipl. Urraca, p. 180) en que «Petrus Gundisaluit» confirma como «in partibus Extremadure comes» evidencian las responsabilidades fronterizas del conde de Lara (la suposición de Montaner, Cantar de Mio Cid, 1993, p. 544, de que la Medina nombrada sea la de Pomar carece de sentido. Se apoya en una identificación del Índice de García Turza, Valv., 1985, s.v., cuya autoridad es similar a la del Índice de Lucas, «Valb.», 1951, s.v., que la sitúa como una de las dos Medinas hoy en la prov. de Valladolid)].

50 El Toledano (De rebus Hispaniae, VII, 2) supone que el conde don Pedro de Lara y el conde don Gómez de Castilla eran rivales en el amor de la reina antes de la batalla de Candespina.

51 Mazdalī, gobernador de Córdoba, Granada y Almería, ataca Guadalajara en 506 (1112/1113), según al-Bayān al-mugrib (trad. Huici, p. 133).

52 Chron. Adefonsi Imperatoris, ed. Sánchez Belda (1950), §§ 107-108 [ed. Maya (1990), II, §§ 12-13]. Los Anales Toledanos II fechan la pérdida de Oreja en 1113, y el cerco de Toledo subsiguiente en 1114; pero al-Bayān al-mugrib a. 507 (1113/1114) parece conocer sólo una campaña de Mazdalī, empezada antes del 14-oct.-1113 († Sir b. Abī Bakr al-Lamtunī).

53 Aunque los ataques «usque ad flumen Dorium», citados en la Chronica, parecen organizados desde Coria y Albalat, me atengo al testimonio de la Hist. Compostellana I, XC.1.3 [ed. Falque, pp. 147, 148].

54 No consta cómo se perdió; pero cfr. n. 49 con n. 55.

55 Según el Rawḍ̣̣  al-qirṭās (ed. Huici, pp. 314-315), en 507 (18-jun.-1113/6-jun.-1114) «supo el emir Mazdalī que Ibn al-Zand Garsīs, señor de Guadalajara, sitiaba a Medinaceli y se dirigió contra él. Éste, al saberlo, huyó, levantando el cerco..., etc.». (Cfr. Menéndez Pidal, Cantar de M. C., 1908, p. 74, n. 3).

56 Según pone de manifiesto la Crónica de Sahagún I, eds. de Escalona, Historia ... de Sahagún (1782), Apéndice I, y de Puyol, «Las Crón. anón. de Sahagún» (1920-1921).

57 S. Mill. § 297. En otro documento de 1110 sin mes (Valb. § 195) Alfonso I y Urraca, estando al parecer en Nájera, se hallan exclusivamente acompañados de personajes castellanos; entre ellos figuran: Diego López, dominante en Nájera y Grañón, Íñigo Jiménez en Calahorra y ambos Cameros y García López en Tobia y Marañón.

58 «Senior Acenar Acenariç in Funes et in Sancto Stephano de Gormaç». Documento datado en Santa María de Carrión, en que sólo confirman aragoneses (Doc. reconq. § 299).

59 Hist. Compostellana, I, LXXX [ed. Falque, pp. 125-126].

60 En la Hist. Compostellana, I, LXXXV, se ve claro (pese a una retórica de encubrimiento), que, en vista de la pasividad de los castellanos, los gallegos se limitaron a desplegarse en Atapuerca, mientras los aragoneses acampaban en Villafranca de Montes de Oca.

61 Como los definirá la Crónica pinatense con motivo de las paces de Támara (1127).

62 «Valb.», §§ 198 y 199 (EEMCA, IV, 1951, pp. 605-606).

63 S. Mill., «Complemento», § 55. Y, de nuevo, en una adición de 1116 a un doc. de 1114, S. Mill., § 299 (reinando Urraca «In Burgis et in Castella»).

64 Según notó ya Menéndez Pidal en «Sobre un tratado de paz entre Alfonso I el Batallador y Alfonso VII», BRAH, CXI (1943), 121. Docs. de 4 y 28-abr.-1115 (Sahag., §§ 1543 y 1544), 8-may.-1116 (Burgos, § 77).

65 Docs. de ag.-1115, marz., abr., jul.-1116, marz.-1117, etc. (Docs. reconq., §§ 299, 301, 302, 110, 10). 

66 Hist. Compostellana, I, CVIII y CIX, año 1116. A ese tiempo corresponde el documento del 8-may.-1116 (Burgos, § 77) que consigna una tripartición: «Regnante... Adefonso aragonensium rege in regno suo, in Nazara atque Burgis; regina vero Urraca in Legione atque Gallecia, et infans eius filius apud Toletum et Extrematuram».

67 Sancho Aznárez en Arnedo, Lope López de Calahorra, Fortún Garcés Caxal en Nájera y Grañón, Íñigo Fortún en Cerezo, Aznar Sánchez en Belorado, Banzo Mómmez en Oca, Gonzalo Díaz en Piedralada, etc. Docs. de ag.-1116 (S. Mill., § 300) y 17-feb.-1117 (Fita, «Nájera», pp. 266-268).

68 Cfr. Hist. Compostellana, I, 64, 3 («Seuus igitur Celtiberus Gallitiam furibundus intrauit...»).

69 En el Fuero de Belchite (13-dic.-1119) Alfonso dice reinar «Dei gratia in Çaragoça et in Tutela usque ad Morella...» (ed. Bofarull, en CODOIN-Aragón VIII, p. 9). El dominio de Morella no fue pasajero: todavía en un doc. de 1129 (Doc. reconq., § 152) se expresa que Alfonso reina «de Bilfurato usque Murella» (la fecha se comprueba gracias al Doc. reconq., § 157 de 5-may.-1129, que cita los mismos cuatro señores de Calahorra).

70 Véase Lacarra, «La conquista de Zaragoza», Al-Andalus, XII (1947), 65-96.

71 «In era MªCªLªVª... in anno quando fuit presa Moriella» (Lacarra, «La conquista de Zaragoza», p. 74, n. 1).

72 Cuando Alfonso entra en la Aljafería de Zaragoza, 18-dic.-1118, da a Lope Ibáñez de Tarazona «Ailaga cum suos terminos, et Bitarg, et Siarg et Apelia, et Calue, et Alcala similiter cum illos terminos», Doc. reconq., § 12.

73 «Galin Sanz de Belgit», a quien Alfonso concede la plaza a perpetuidad, figura ya entre los señores que subscriben el fuero dado a Zaragoza en en.-1119 (Lacarra, «La conquista de Zaragoza», p. 75). El Fuero de Belchite es de 13-dic.-1119.

74 Véase Lacarra, Vida de Alf. el Bat. (Zaragoza, 1971), pp. 71-74. La confirmación de la Cofradía se fecha hacia abr.-1122.

75 Fuero de Belchite (ed. Bofarull, en CODOIN-Aragón, VIII, p. 9. Yerra V. de la Fuente en Esp. Sagr. XLIX, pp. 329-330, cuando lo fecha en 1116). Posiblemente se ocupaba de la restauración del obispado de Segovia (pues el 25-en.-1120 es consagrado el primer obispo de esa ciudad). Este documento confirma la noticia de los Anales compostelanos: «Era MCLVII populavit rex Aldefonsus Soriam» (Flórez, Esp. Sagr., XXIII, 321).

76 Sobre la fecha del fuero, véase Serrano y Sanz, BRAE, VIII (1921), 528-589.

77 «Hec sunt terminos...: De Taraçona ad Soriam, et ad Calahora, et ad Ochon, a la Cogola, a Lara, a Lerma, a Baldavellano, a Peña Fidel, a Segobia, a Madrit, ad Oreia, a Molina, a Calatahub. Finitur terminus ad Taraçona». Sorprenden los términos de referencia, especialmente la falta de toda mención de San Esteban de Gormaz, de Medinaceli y de Guadalajara (e Hita).

78 Cargo con que confirma la carta de población.

79 De 1121 a 1125, firma con regularidad entre los tenentes navarroaragoneses. Desde febr.-1127, hasta el fin del reinado, aparece en su lugar Fortún López. Sobre la necesidad de intercambiar la fecha de varios documentos de 1124 (era MCLXII) y de 1127 (era MCLXV) véase Lacarra, «Alf. I y las paces de T.», pp. 461-473. Varios docs. De 1116, 1117 y 1118 con la confirmación de Íñigo López dominante en Soria (La Fuente, Esp. Sagr., L, pp. 385-387; Corona Baratech, «Las tenencias», p. 392, n. 127, y S. Mill., § 301), están mal fechados. Es falso que un supuesto hijo de Íñigo López llamado «Garsia Enneci, qui tenebat Soriam» se pasase a Alfonso VII: «Soriam» es un error de Berganza, por «Ceiam».

80 Por tratarse del «Abengalbón» inmortalizado por el poeta del Mio Cid suele aceptarse que era señor de Molina. 

81 Véase el pormenorizado relato de Ibn Idārī, al-Bayān al-mugrib. Cfr. Huici, «Nuevas aportaciones» (1963), pp. 313-330.

82 Cfr., para lo que sigue, Ubieto, «Los primeros años de la diócesis de Sigüenza», Hom. Vincke (1962-63), pp. 135-148.

83 La fecha de la consagración de Bernardo de Agen se induce de un documento de 1144 que el obispo dice ser el año «vigesimo tertio ordinationis meae»; cfr. Sigüen., I, p. 63. El obispo de Sigüenza asiste ya a la asamblea en que se conceden indulgencias a la Cofradía de Belchite hacia abril de 1122 (según Ubieto, «Cofr. de Belchite», 1952, pp. 427-434).

84 Doc. reconq., § 307. Pero quizá se trate de Daroca de Rioja.

85 S. Mill., § 303.

86 Corona Baratech, «Las tenencias», p. 392, cita a «Eneco Enequiz» como tenente en Borovia y Alfaro (1124-1127). De las tres referencias que da, la de La Fuente, Esp. Sagr., L, 390 es errónea, pues en ella figura como tenente de Borovia y Alfaro (1127) Lope Íñiguez. No he visto los docs. de la Catedral de Pamplona, ni del Arch. Munic. De Huesca a que remite.

87 Lope Íñiguez confirma como tenente en Borovia o en Borovia y Alfaro, en documentos de 1125, 1127, 1128, 1129, 1130 y 1131.

88 En 1135 Alfonso VII alude a «Salas illam populationem novam quam populavit Adefonsus rex Aragonie cum omnibus terminis suis ad radicem Montis Caci inter Agredan et Olbegam», Sigüen., I, p. 354.

89 Doc. reconq., § 121.

90 Días después, estando en Daroca, recordará cuando se hallaba «apud Monreal quando ibi tenebamus fronteram», Doc. reconq., § 122.

91 «...dono tibi Carengena populare... ut habeas in ista predicta Carangena tantum quantum ibi potueris populare...», Doc. reconq., § 121.

92 «In illa populacione de Mont Regal» fecha el documento de setiembre (Doc. reconq., § 121).

93 Doc. reconq., § 121. La memoria no lleva fecha. El año 1128, que propone Lacarra, es arbitrario; puede muy bien ser de 1124, como él mismo reconoce en Vida de Alf. el Bat., pp. 94-96.

94 Dozy, Recherches 3 (1881), p. 358.

95 La argumentación de Lacarra, «Alf. I y las paces de T.» (1947-48), 461-473, contra la fecha propuesta por Menéndez Pidal, «Sobre un tratado de paz» (1943), 115-131, es convincente.

99 Lacarra, «Alf. y las paces de T.», p. 467, n. 24.

100 Doc. reconq., § 139.

101 Doc. reconq., § 140.

102 Doc. reconq., § 153. Parece bien fechado, a pesar del zigzag en el itinerario regio.

103 «In illa populatione de Almazan» fecha Alfonso I docs. de agosto y octubre; y «Eneco», capellán del rey «quando prefatus rex populabat illam populationem d’Almaçam quam cognominabat Placentiam», un doc. de 22-set.-1128 (Doc. reconq. § 144, 145; 55).

104 Según la Chron. Adefonsi Imperatoris, § 14.

105 Varios docs. asocian la población de Monreal y la conquista de Molina. Uno de ellos, redactado «in Molina, die IIIo postquam fuit presa Molina gratias Deo», se fecha sin otra indicación «in anno quando populauit Mont Regal», la doble referencia ocurre también en otro, sin fecha, redactado en Calatayud (Doc. reconq., §§ 147, 148).

106 «Galter» tenente de Trait figura en docs. de feb. y oct. 1128 mientras el rey está sobre Molina (Doc. reconq., §§ 140, 145).

107 Un doc. de oct. 1127 se fecha ya «in illo Castelo nouo super Molina» (pero quizá sea de 1128); en en.-1128 Alfonso I estaba en Entrena, en feb., marz., may. «in illo Castello nouo super Molina» (Doc. reconq., § 53, 139, 140, 141, 142). Indudablemente se ausentó en may. (Ricla), ag.-oct. (Almazán), regresando en el mismo mes de oct. (Doc. reconq., § 53). No debió ya de apartarse de Molina hasta su rendición.

108 Un doc. de dic. 1128 aún se fecha «in castro de Castel nouo super Molina», mientras otro del mismo mes «in Molina» (Doc. reconq., §§ 146, 324). La rendición debió de ser muy a comienzos de ese mes, pues el rey volvió a Almazán y de allí marchó a Tudején, 17-dic.-1128, de donde siguió a Ocón en en.-1129.

109 Según el relato de la Chron. Adefonsi Imperatoris, §§ 13-17, que sitúa los acontecimientos en 1129. De hecho, el rey de Aragón estaba nuevamente «in uilla que dicitur Almazan» en dic.-1128; pero el 17-dic.-1128 está ya en Tudején, donde continúa en enero de 1129. En ese mes va a Ocón y vuelve (?) a Ribarroya. Un doc. particular de 31-en.-1129 aún se fecha «in anno quando populauit rex Almascán et fuit Fremont disfacto et mortuo», prueba de que hubo combates con los imperiales (Doc. reconq., §§ 57, 150, 153, 154, 155).

110 Durante el cerco de Molina, Alfonso debió de encomendar al vizconde Gastón de Bearn, señor de Zaragoza, la defensa de Monreal (may.-1128, 6-dic.-1128, Doc. reconq., § 143, 56); del mismo modo, Ato Orella, señor de Sos, Ricla y Fontes, quedó destacado «in Cotanda et in Çecla» (may.-1128), dejando en manos de su vasallo Per Ramón (cfr. Doc. reconq., § 282) a Ricla. El carácter fronterizo de Cella se subraya en el propio documento, pues consigna que Alfonso I reina «usque in Çecla et Molina»; y de su texto se induce que Ato Orella fue encargado de su población. Es posible que Cella se comenzase a edificar y poblar en 1127, si es que las noticias que citamos a continuación (Doc. reconq., 38, 39, 40, 136, 137, 138 —algunas indebidamente asignadas al año 1124) se refieren a Cella, como supone Ubieto (El Cantar de M. C., p. 106), y no a Azaila, como cree Lacarra (Vida de Alf. el Bat., p. 93) siguiendo a Menéndez Pidal: «in illo anno quando primum fuit compezata illa populatione de Azehla», «...quando primum fuit facta illa populacione de Azehla», «...quando primum fuit hedificata illa populacione de Açehla» (ag. 1127), «tempore illo quo prefatus rex cum primoribus regni sui cepit edificare ciuitatem in Aceifla» (8-set.-1127). Ubieto insiste en que Alfonso I no dominaba la región al Sur de Belchite, lo cual no es cierto (véanse arriba las notas 69 y 72); pero, aunque no contemos con ese argumento, me inclino a identificar Azehla con al-Sahla («Celfa», «Cella»).

111 Aunque en 1134 (set., oct.) Ramiro se consideraba rey de Zaragoza y dominaba en ella tuvo muy pronto que ceder la ciudad a Alfonso VII, quien el 26-dic.-1134 («eo anno quo mortuus est Aldefonsus rex Aragonensis») ya se decía «Imperante... in Toleto et Cesaraugusta et Legione et Nazara» y ejercía en la ciudad su autoridad. El gobierno de Alfonso duró hasta 1137, primero más directamente («rex de Leon senior in Zaragoza et Lop Lopez per sua mane. ... Don Garzia in Tutela. Raimirus rex in Aragon», [Zaragoza], 22-mar.-1135; «Regnante rege Ranimiro in Aragon. Rege petit de Leon in Zaracoza. Rege Garsia in Pampilona», Huesca, jun.-1135, Doc. reconq., § 186, 187); luego, colocando en ella al rey García (en.-1136 «tenebat rex Garzia Seragoza per mandamento de illo imperatore», Doc. reconq., § 192) o al rey Ramiro y a su mujer (3-jul-1136 «quando imperator reddidit Zaracoza ad rege Raimiri et uxori sue», Doc. reconq., § 196).

112 Es muy explícita la datación de un documento de García Ramírez de 1134: «anno quo mortuus fuit rex Adefonsus et fuit eleuatus rex Garsias regem in Pampilona et in Nagara, in Alaua et in Bizcaia et in Tutela et in Monson» (Doc. reconq., § 336).

113 El 10-nov.-1134, «in anno quo mortuus fuit rex Aragonensi», Alfonso VII se dice ya «imperator... in Toleto regia urbe, Legione et Castella et Nagera» (S. Mill., § 305).

114 Antes de la entrada de Alfonso VII en Zaragoza, Ramiro II, que dominaba incluso en Calatayud (donde entró el 6-oct.-1134, La Fuente, Esp. Sagr., XLIX, 357, cfr. Balaguer, «La Chronica Adefonsi», p. 22; oct.-1134: «Lope Lopez in Calataiube et in Ricla», Doc. reconq., § 84), no incluye entre sus tenencias la de Soria. Y, desde luego, García Ramírez nunca dominó en Soria ni, al parecer, en Borovia.

115 Soria, Tarazona, Borja, Gallur, Alagón, Calatayud, Ricla, Épila, Zaragoza, Belchite, etc.

116 En el documento de junio, aunque se dice escrito «in illo tempore quando rex Adefonsus de Lion intrauit in ciue Çaragoça», la lista de tenentes acompaña al nombre de Ramiro, rey «in Aragone et in Suprarui et in Ripagorça et in Pampilona»; en el de diciembre, se nombra a Alfonso VII, reinante «in Leione et in Toleto et in Çaragoça», y a los tenentes de Zaragoza (el «rex Garcia»), Ricla y Calatayud, Borja, Tarazona y Soria.

117 En un doc. de Toro, jun.-1135 («eo anno quo... sumpsit coronam imperii in Legione»), Alfonso hace toda una serie de donaciones al obispo de Sigüenza: «in Calatajub», «Salas, illam populationem novam quam populavit Adefonsus rex Aragonie» (al pie del Moncayo, entre Ágreda y Ólvega), «in Soria», «in Almazam» (Sigüen., § 7).

118 Doc. reconq., §§ 197, 196 y 197 (respectivamente); en el de octubre dice hallarse en guerra con García Ramírez.

119 Sigüen., §§ 9, 10, 11.

120 Serrano y Sanz, «Un doc. bilingüe», BRAE, VIII (1921), 588-589.

121 Los pactos de división de Navarra, aunque repetidos, quedaron anulados por convenios unilaterales de los reyes navarros con uno y otro de sus poderosos vecinos. Cfr., para los primeros repartos, Ubieto, «Nav.-Arag. y la idea imperial» (1956), pp. 56-58 y 74.

122 Sabemos de esa expedición por un doc. de jun.-1163 en que cierto caballero navarro reconoce una deuda de un montante de maravedís lupís contraída «quando rex Sancius fuit ad Murciam» (Lacarra, «El rey Lobo», pp. 516-517).

123 Excluida la que tenían los aragoneses en Gúdar y Campo de Monteagudo del Castillo, así como Teruel y sus términos.

124 Lacarra, «El rey Lobo», pp. 523-526.

125 Procedentes de unos *Anales navarro-aragoneses utilizados por los historiadores alfonsíes en la Versión crítica de la Estoria de España de 1282/84 (y que, por tanto, se hallan en la CrXXR; cfr. Catalán, «El Mio Cid de Alf. X», pp. 208, n. 49; 211, n. 66, y 213; o La Estoria de Esp. de Alf. X, cap. IV, pp. 102, 104, n. 66 y 106); [o, mejor, aquí adelante, cap. VI, pp. 194-195 y 201-202]. La segunda noticia figura, muy abreviada, en los Anales Toledanos I, que utilizaron unos *Anales navarroaragoneses emparentados con los aquí citados: «Lidió el Rey Lop con los revellados en Granada e mataron a Pedro García de Lacián, Era MCC» (a. 1162). La visceral hostilidad de los historiadores documentalistas a las fuentes de carácter narrativo les ha llevado a ignorar el testimonio de estos (y otros) anales conocidos por Alfonso X y a caer en desatinadas interpretaciones de los Anales toledanos I y II. Sirva de ejemplo la suposición de González, El reino de Castilla... de Alf. VIII, p. 889, n. 18, de que el dato de los Anales toledanos II «Arrancada sobre cristianos en Alcanabat, era MCLXXXV» se relaciona con la pérdida de Almería en 1157 (!); esta arrancada en el Cañavate (junto a Alarcón, al S. de Cuenca), ocurrida en 1147, se cuenta con interesantes pormenores en los anales conocidos por Alfonso X: «En este año lidió Avenhindín que dixieron Barva Rroya con los de Estremadura en Alcañabat e venciolos. E fue él ý ferido de una saeta e tóvolo encobierto que non lo sopo ninguno de los suyos, e fue a Murçia e dio su fija a Lope de Fraga, el fijo de Çafada e murió, e alçaron rrey a su yerno, et fue el rrey Lope». No menos desorientada es la identificación de la batalla de Liviriella (Anal. Tol. I), con una supuesta derrota del conde don Nuño por Fernando II en tierra de Campos (p. 171), cuando se trata de la famosa derrota de «el rey Lobo» y sus auxiliares cristianos por los almohades en Librilla, en el llano de Murcia, a diez millas de la capital (cfr. el relato de Ibn Sāḥ̣̣ib al-Ṣ̣̣alat apud Ibn Idārī, trad. Huici, pp. 379-383).

126 Que dio a conocer Dozy, Recherches 3, I, pp. 364-368. Ibn Idārī resume [perdiendo datos].

127 [La identidad de este nieto de Alvar Háñez resulta clara en el Carmen de expugnatione Almeriae urbis (véase adelante, cap. IV, n. 111). Se trata de Alvar Rodríguez, conde desde 1161, hijo del conde Rodrigo Vela. Hasta ahora la documentación existente permitía a los historiadores situar su muerte antes del 20-en.-1167 (doc. del «Tumbo de Lorenzana», citado por Salazar Acha, «Los Vela», 1985, p. 54 y por Barton, The Aristocracy, 1997, p. 230].

128 Pedro Esquerra en 1155, 1157, 1158 (Doc. reconq., § 259, 262 y 377, 264, e Irache, § 171); [ya con García Ramírez, figura, en may.-1141, «Petro Ezquerra in Sancta María de Uxuei» (Martín Duque, Leire, § 315, p. 414); Ubieto, Los tenentes, s.v., lo halla hasta abr.-1160]. Martín de Borovia en 1157 (Lacarra, Doc. reconq., § 262).

129 Don Rodrigo de Azagra, padre de don Pedro, había ya sido señor de Estella (docs. de Irache, años 1143-47, 1149, 1152; Doc. reconq., años 1143, 1146, 1155). Don Pedro figura en docs. de 1157 y 1158 (Doc. recoq., §§ 262 y 264), 1170-72, 1174-77 (Irache). Cfr. Lacarra, «El rey Lobo» (1952), notas 1 de p. 521 y 3 de p. 519.

130 Sobre los orígenes de este señorío, véase Lacarra, «El rey Lobo» (1952).

131 [En el citado tratado de Sahagún].

132 Pero, aunque siguió siendo vasallo de Sancho el Sabio, buscó el entendimiento con Castilla usando la interesada protección del arzobispo de Toledo. Cfr. González, El reino de Castilla ... de Alf. VIII (1960), p. 312.

133 [Mss. Res 278 y 302 de la Bibl. Nac., Madrid. Véase  Catalán y Jerez, Rodericus Toletanus y la Historiografía romance, cap. II. Don Fernando, antes de suceder a su hermano en Albarracín, había combinado el gobierno de Estella (bajo Sancho VI de Navarra) con el de Daroca y Calatayud (bajo Alfonso II de Aragón); luego esquivó las consecuencias de un pacto (30-nov.-1187) de Castilla y Aragón para acabar con su señorío y hasta propició una alianza de Sancho VI y Alfonso II contra la prepotencia castellana (7-set.-1190). Más tarde, según hemos visto, se ganó el agradecimiento de Alfonso VIII.

134 [Véase Fortún, Sancho VII el Fuerte (1987), pp. 247-285 y «Del reino de Pamplona al reino de Navarra (1134-1217)» en la Historia de España de Menéndez Pidal, vol. IX (1998), pp. 607-660].

Índice de capítulos:

* PRESENTACIÓN

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (1)
   a. La realidad se forja en los relatos

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (2)
    b. Rodrigo, Campeador invicto para sus coetáneos

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (3)
   c. Del Campeador al Mio Cid. Los nietos del Cid y la herencia cidiana

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (4)
   d. Rodrigo, el vasallo leal, a prueba

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (5)
   e. El Soberbio Castellano

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (6)
   f. El Cid se adueña de la Historia y la Historia anquilosa la figura del  Cid

* I REALIDAD HISTÓRICA Y LEYENDA EN LA FIGURA DEL CID (7)
   g. El Cid del Romancero salva al personaje literario del corsé historiográfico

* II EL «IHANTE» QUE QUEMÓ LA MEZQUITA DE ELVIRA Y LA CRISIS DE NAVARRA EN EL SIGLO XI

*  III LA NAVARRA NAJERENSE Y SU FRONTERA CON AL-ANDALUS

*   IV EL MIO CID Y SU INTENCIONALIDAD HISTÓRICA

V EL MIO CID DE ALFONSO X Y EL DEL PSEUDO IBN AL-FARAŶ

VI RODRIGO EN LA CRÓNICA DE CASTILLA. MONARQUÍA ARISTOCRÁTICA Y MANIPULACIÓN DE LAS FUENTES POR LA HISTORIA

* VII LA HISTORIA NACIONAL ANTE EL CID

* APÉNDICE I.  SOBRE LA FECHA DE LA HISTORIA RODERICI

* APÉNDICE II. SOBRE LA FECHA DE LA CHRONICA NAIARENSIS

* ÍNDICE DE REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS (Y CLAVE DE SIGLAS)

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1 comentario

juan -

Le felicito por su historia
coincidente con aspectos vistos en:
http://es.scribd.com/physcia
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