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Obras de Diego Catalán

51.-1. CONSIDERACIONES PREVIAS.

VIII EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA



1. CONSIDERACIONES PREVIAS.

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1.1. Hacia finales de la Edad Media los temas de los Cantares de gesta empiezan a documentarse en un género poético nuevo: el Romancero. Considerados en su conjunto los poemas que a él pertenecen, ese género nuevo se nos identifica con la rama peninsular de un género no limitado a la Península Ibérica: la Balada románica. A su vez, este género pan-románico forma parte de la Balada occidental, ya que las fronteras lingüísticas no impiden el trasvase de temas y motivos de unas comunidades a otras, hecho este sobre el que hemos de volver más adelante.

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Cuando se empiezan a documentar algunos textos del Romancero 1, el género ya ha tenido una existencia previa, gracias a su cultivo y transmisión orales 2. A ello se debe que, cuando surgen las primeras muestras escritas, los que las recogen y utilizan califiquen a menudo de “viejos” a los romances en cuestión; también da lugar a que, cuando empiezan a compilarse antologías de romances, el género sea ya un complejo de textos de carácter y origen muy diversos.
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La crítica literaria e histórica que ha estudiado el género romancístico en conjunto o en sus manifestaciones sueltas ha tenido que establecer clasificaciones de los romances documentados en los últimos decenios del s. XV y en la primera mitad del s. XVI para poder entender los orígenes del Romancero y de los diversos poemas. Por lo pronto, es imprescindible considerar como imitaciones literarias del género, debidas al éxito alcanzado por los “romances viejos”, tanto los romances “eruditos” de los rimadores de crónicas del segundo tercio del s. XVI 3, como los romances “trovadorescos” de los poetas de fines del s. XV y primeros años del s. XVI 4. Su identificación no resulta, por lo general 5, difícil. Pero, aun dejadas al margen estas dos ramas “letradas” del Romancero documentado desde antiguo 6, la composición del Romancero “viejo” sigue siendo compleja. Desde un punto de vista estilístico, se vienen reconociendo dos tipos de romances “viejos”, a los cuales podemos llamar, de acuerdo con una tradición crítica establecida, “tradicionales” y “juglarescos”. Los primeros presentan la acción, escénicamente, de una forma dramática; los segundos narran lentamente una historia. Ambos sub-géneros no están incomunicados: ocasionalmente tenemos manifestaciones “juglarescas” y “tradicionales” de un mismo romance. Menéndez Pidal probó que, en tales casos, por lo general, el texto “juglaresco” es más antiguo 7; sin embargo, en ocasiones, la relación no es tan simple 8. Esta subdivisión esencial, dentro de los romances “viejos”, entre romances “juglarescos” y “tradicionales” no es la única complejidad noticiable. En efecto, los romances “tradicionales” no son todos similares: los hay, evidentemente, de origen más y menos viejo; y ello se refleja en características formales y de contenido y, asimismo, en las fuentes de que dependen.
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Por otra parte, no puede olvidarse el hecho de que el Romancero tradicional, aparte de difundirse por escrito (especialmente gracias al negocio editorial propiciado por la imprenta en su producción destinada al “gran público” interesado en productos de bajo precio 9), siguió siendo un género oral en tiempos post-medievales en todo el ámbito hispano-hablante (tanto en el castellano, como en el portugués, como en el catalán, como en el judeo-español) y no sólo en los Siglos de Oro, sino también en los siglos XVIII, XIX y XX. La recolección moderna de romances, que se inicia c. 1825 y continúa siendo posible hoy,aporta un testimonio, en modo alguno desdeñable, complementario del que proporcionan los textos antiguos (siglos XV-XVII).

------1.2. Sin embargo, al estudiar los textos de la tradición oral moderna,  no debe  olvidarse que los romances cantados en los siglos XIX y XX no son “reliquias” del romancero viejo, sino creaciones en que memoria e invención se combinan artísticamente 10. Tanto el género, como cada romance en particular, a la vez que retienen temas, estructuras formales, motivos, expresiones y versos de abolengo multisecular (“medievales”), han sometido el texto heredado 11 a una continuada, aunque lenta, transformación en todos sus componentes, pues sólo gracias a esa re-creación los poemas (y el género) han podido seguir teniendo actualidad en las comunidades en que se cantan.
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También es preciso tener presente que, en la tradición actual, puesto que los romances llevan transmitiéndose de memoria en memoria entre individuos que no viven profesionalmente del canto romancístico, los textos poéticos heredados de generación en generación 12 han adquirido el estilo o “lenguaje” tradicional, cualquiera que fuera el sub-género antiguo del que descienden 13.

------1.3. Sólo teniendo en cuenta estos hechos, que acabo de exponer sucintamente, podemos acudir al Romancero en busca de información complementaria sobre los “Cantares de gesta” que se oyeron en la Península Ibérica.

 Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

NOTAS

1 Los primeros textos que actualmente conocemos (Catalán 1997b,págs. 213-216) son: una versión de La dama y el pastor, que en 1420 escribe en un cuaderno escolar un estudiante mallorquín en Bolonia; una versión de la Prisión del arzobispo de Zaragoza, copiada por un notario aragonés en 1429; una versión de las Quejas de Alfonso V, manuscrita también en Aragón en 1448; los textos romancísticos que Juan Rodríguez de Padrón aprovechó para su cancionero; y, ya en el tránsito del s. XV al s. XVI, una versión manuscrita de “En Santa Águeda de Burgos”, otra de “Castellanos y leoneses”, un grupo de textos incluido en un Romancerillo manuscrito fragmentario (de c. 1505) y los incorporados al Cancionero musical de Palacio de tiempo de los Reyes Católicos.

2 El carácter de canción, de textos cantados (a menudo con acompañamiento instrumental), que los romances tenían, se documenta en el s. XV en ambientes bien diversos. Bástenos reducir la documentación a los extremos (cfr. Menéndez Pidal 1953a, págs. 19-22, y 1924b, págs. 290-291 y 475-476): Juan de Mena (c. 1444) alude al canto por los rústicos del romance del Emplazamiento de Fernando IV, y ese mismo romance “lo solía oyr cantar muchas vezes la Reyna Católica” (según testimonia Galíndez de Carvajal); en fin, incluso en Constantinopla, el emperador Juan Paleólogo, en 1437, poco antes de que conquistaran la ciudad los turcos, estimaba mucho al ministrer de laúd de Alfonso V de Aragón y Nápoles, Juan de Sevilla, “porque le cantava romances castellanos en un laúd” (según Pero Tafur). En unos casos, esos cantos eran creaciones recientes; en otros, es evidente que eran bien común, tradicional, pues ya desde sus primeras citaciones muchos son calificados de “viejos”. Ello no nos permite suponer, como hicieron los primeros románticos “redescubridores” del Romancero, que remonten a época medieval muy antigua, por más que, debido al abandono por las redacciones de las revistas profesionales de su antigua función selectiva y al relajamiento crítico en las Humanidades (que caracteriza a esta segunda mitad predominantemente antifilológica del siglo XX), sea hoy posible leer, como “opinión” de última hora, el supuesto de que las citas a “cantares de gesta” en la Estoria de España de Alfonso X lo son a romances y no a obras pertenecientes a un género asimilable al de las chansons de geste francesas por considerar un hecho demostrado que la poesía épica no se cultivó en España (Wright, 1985-86), y que esa opinión, no sustanciada en datos positivos, tenga que ser rebatida en un artículo reseña (Armistead, 1986-87b).

3 A partir de la publicación de la Crónica general de España en 1541 por Florián de Ocampo, surgieron varios poetas-historiadores que se dedicaron a contar en metro de romance los hechos famosos del pasado según se consignaban en esta respetable “verdadera historia”.

4 Poetas de nombradía, conocidos por sus composiciones en diversos metros, ensayaron el acomodar temas habitualmente tratados por la poesía cancioneril a los moldes del género romance que el canto de los “romances viejos” había puesto de moda en ambientes cortesanos, y a veces, ciertos argumentos de los “romances viejos” fueron considerados aptos para ser reelaborados, conceptual y sentimentalmente, desde la ideología dominante en esa poesía “de cancionero”.

5 Hay romances de temática caballeresca que encajan perfectamente en el universo poético de la llamada poesía cancioneril y que, a la vez, en nada disuenan de la poética de los romances tradicionales “viejos”. Sirva de ejemplo el “fragmento” que comienza “Mis arreos son las armas, mi descanso el pelear”.

6 Los romances “trovadorescos” y algunos de los “cronísticos” o “eruditos” se publicaron ya en compañía de los “viejos” en el primer Cancionero de Romances, el de Amberes, sin año [entre 1547 y 1549].

7 Menéndez Pidal, 1914-1916, III, págs. 254-270 (recog. 1973, págs. 185-198).

8 Por ejemplo, el romance de Conde Claros preso nos es conocido en forma de largo romance juglaresco en la versión que comienza “Media noche era por filo” y, a la vez, en un romance breve, conservado glosado, en el que sólo se desarrolla el sub-tema de la visita hecha al conde, apresado por el rey, por su tío el Arzobispo, “Pésame de vos, el conde”. El tema del “fragmento” halla cumplida explicación argumental en el largo texto juglaresco; parece a primera vista obvio que la escena se ha desgajado del relato completo para componer la glosa (Menéndez Pidal llega a universalizar esta apreciación: “sin que haya nadie que piense el absurdo de que este trozo [“Pésame de vos el conde”] es lo primitivo del Conde Claros”, 1914-1916, III, pág. 258; recog. 1973, pág. 188); pero ocurre que, en el romance juglaresco, esa escena se incluye con una glosa incorporada a la narración, rompiendo la estructura métrica del texto completo; aunque la glosa sea diversa de la que conocemos en forma autónoma, es claro que el fragmento glosado (por autores diversos) precedió a la historia completa tal como la conocemos a través del romance juglaresco.

9 Fueron publicados primero en “pliegos sueltos”, asequibles a cualquiera, y luego, además, en cancionerillos de bolsillo, pequeños libros de bajo coste.

10 Como ejemplo magnífico remito al del romance sobre la Muerte del príncipe don Juan, estudiado por mí, en Catalán 1998a, págs. 35-107.

11 Los trasmisores orales aprenden “textos” (no “temas”) verso a verso, palabra por palabra, según cualquier colector de romances atento a la cuestión puede comprobar por doquier.

12 Como parte de un “saber” de la comunidad que unos individuos recuerdan mejor que otros.

13 Según ejemplifico en Catalán, 1997b, págs. XIII-XXIII.

ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

 

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