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Obras de Diego Catalán

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS. II. EL NUEVO LATÍN

      La ruina de la declinación trae continuos yerros en el uso de los casos con la preposición que a cada uno asignaba el latín clásico. En las inscripciones de todas las provincias se halla la mayor confusión: lo mismo se graba pro salutem en dos exvotos de la Lusitania 77, que post morte en un epitafio de la Bética 78, cum era muy usado con acusativo 79 («cum filios eorum» 80) de forma que hasta un maestro del s. I en Pompeya escribía «Saturninus cum discentes» 81; in confunde sus usos con acusativo y con ablativo («iacet in locum Campaniensem» 82, «in hoc sepulcro uiua nomen inscripsi»83. Iguales confusiones en Egeria.

      Además resulta que, mientras el uso de las preposiciones aumenta mucho al perderse la noción de los casos, el nú­mero de ellas disminuye, por la fundamental tendencia simplificadora; se va desusando a b, a pud, eis, erga, ex, ob, prae, propter, hasta olvidarse en las lenguas románicas; per elimina a pro, o viceversa, según las regiones. De re­sultas, extendieron su significado las preposiciones conser­vadas, como ad, per/pro, circa, muy particularmente de, que vino a ser la preposición predilecta en el nuevo latín, por ejemplo en san Jerónimo, llegando su frecuen­cia en los romances a degenerar en vicio molesto. Por otra parte, las pérdidas se compensaron con muchas formacio­nes perifrásicas: «ab ante», «de super», «de inter», «de in ante» > ant. denante, mod. delante, «in contra», etcétera.

      El sistema de perífrasis enriquece sobre todo el campo del adverbio: ab ante, in ante > enantes, a foras > afuera, de foris, ad horam > ahora, de intro > den­tro, de  post, *de  ex  post > después.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

77  CIL, II, 177, 5207.

78  CIL, II, 1367.

79  Grandgent, Lat. Vulg., § 95.

80  CIL, II, 736, Lusitania, Cáceres.

81  CIL, IV, 275 (Mal citado por Meyer-Lübke, Gram., II, p. 29, que añade «suos»).

82  CIL, II, 3354, Convento Cartaginense, Jaén.

83  CIL, II, 1222, Hispalis. Indicado por Hübner, CIL, II, Suppi., p.  1190a.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

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30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO. II. EL NUEVO LATÍN

      Nueva voz pasiva. ― La flexión pasiva, que no fue primitiva indo-europea sino desarrollo particular de las varias lenguas, era complicación excesiva para una expresión infrecuente. Tan poco se usaba que, a principios del siglo V, sus desinencias eran ininteligibles para el común de las gentes, cuando san Agustín, al encontrar en el texto bíblico el verbo depo­nente feneratur, se ve forzado a cambiarlo: «mas llana­mente diremos fenerat, porque mejor es que nos entendáis con nuestro barbarismo, que no mostrarnos disertos dejan­do desierta vuestra inteligencia» 61. Añádase que en sí mismo el giro pasivo, al enunciar la acción sin pensar en el agente, sino atendiendo sólo al resultado de ella, o al objeto que la sufre, es concepción más impresionista que lógica y propende a la expresividad. Ya la flexión pasiva latina mezclaba con las formas sintéticas (amor, amaris, amamini, etc.) algunas analíticas (amatus sum, amatus erat...) y éstas, más cla­ras y eficaces que las otras, sirvieron de punto de partida para rehacer toda la conjugación pasiva mediante el partici­pio pasivo y el verbo sum. No es que la mentalidad del ha­blante vulgar careciese de aptitud para concebir el sentido de la voz pasiva, pues el latín hablado utilizó además una segun­da forma de pasiva con el reflexivo se.

      Nuevo futuro.
―También varios autores dicen, F. Hanssen uno de ellos 62, que el futuro sintético latino se perdió a causa de no poseer el habla popular la idea abstracta de lo porvenir y expresarla por el presente: sólo las necesida­des del estilo literario habrían abierto camino a un nuevo futuro románico. Pero es que el futuro románico presenta formas iguales a las que ya aparecen en la literatura lati­na, y entre unas y otras no es probada ni probable una solución de continuidad. Las razones tienen que ser otras, y la principal es que mientras el pretérito se presenta al hablante como realidad bien determinada, el porvenir in­cierto se concibe bajo una reacción subjetiva ante lo desea­do o lo fatal, incitadora de expresividad, y así las lenguas modernas, aunque se han creado un futuro sintético, con­tinúan usando perífrasis muy varias: deseo ver, quisiera ver, espero ver, debo ver, tengo que ver, etc., en vez de veré.  Lo mismo el latín literario que el habla vulgar usaban, con sig­nificación próxima a la de futuro, perífrasis con uolo (ire uolo, uolo dicere 63) y más corrientemente con habeo en el sentido de ’debeo’:  «habeo dicere» Cicerón: «mandare... habebam» Ovidio 64. Los escritores africa­nos desde comienzos del siglo III, desde Tertuliano hasta san Agustín, dan a esta perífrasis con habeo un desarro­llo extraordinario 65; ya en la versión Ítala de la Biblia se observan bastantes casos como «occidere se habet» (Jo. VIII, 22), en español antiguo ’matar se ha’, ’se matará’, ca­sos que la Vulgata sustituye por el futuro simple: «interficiet semetipsum» 66. Pronto desde África se propaga el gusto por esta perífrasis a los escritores de to­das las provincias occidentales del Imperio. En España puede señalarse un ejemplo de Prudencio (hacia 400): «habet discernere» 67, con sentido más bien de ’discer­nirá’ que de ’ha de discernir’. En suma, durante la crisis renovadora del nuevo latín, sin que la idea del futuro des­apareciese, la forma sintética fue muy competida por va­rias formas de perífrasis de las que surgieron diversos ti­pos románicos nuevos, con olvido del futuro latino: en español, el futuro cantar-he > cantaré, y el condicional cantar-hía > cantaría.

      Juntamente con el futuro surge el condicional, compues­to con el imperfecto habebam más el participio. San Cipria­no y san Hilario ofrecen ya ejemplos como «Herodes principes sacerdotum ubi nasci habebat Christus interrogat»68.

      Nuevos tiempos del pretérito.― El perfecto latino se conser­vó, y sin embargo el nuevo latín creó también un perfecto perifrástico; buena confirmación de lo dicho respecto al futuro y a la pasiva. Al lado de feci, praeparaui, el tiempo propio para la narración de hechos realizados, el latín arcaico y el clásico podían insistir en el resultado de una acción pretérita disfrutado o poseído actualmente, para lo cual usaba habeo ’tener, poseer’ más el participio -tus 69. Tito Livio, contando el suicidio de Aníbal, escribe «uenenum   quod   multo   antea   praeparatum habebat»70; la preparación del veneno había sido hecha tiempo atrás, pero se tenía disponible ahora: ’el veneno que de mucho antes tenía preparado’, y por eso no escribe sim­plemente praeparauerat ’preparara, había preparado’. La frecuencia de esta perífrasis hace que habeo vaya des­gastando u oscureciendo su sentido posesivo, y llegue a con­vertirse en mero verbo auxiliar, pudiéndose aplicar a cosas inmateriales o actos mentales, impropios para la idea de posesión: «spem positam habere in aliquo»71 scriptum habeo, cognitum habeo, giros que en Cicerón y César llegan a su máximo empleo. Después, la perífrasis decae y es evitada por los escritores de la época imperial, sin duda porque se prodigaba demasiado en la lengua hablada, como nos lo prueba el hecho de haberla heredado los varios romances. Sólo los jurisconsultos aún la utilizan bastante para dar claridad a su lenguaje profe­sional. Ulpiano escribe: «si miles, qui habebat iam factum testamentum, aliud fecisset...» 72, donde podía haber empleado el pluscuamperfecto simple fecerat, y en otro curioso pasaje se mete en distingos legales, discutiendo esa útil perífrasis 73. Pero en general, los siglos III, IV y V son refractarios a esta construcción: san Jerónimo quizá no la usa más que una vez; de Egeria, en su Peregrinatio  (hacia 400)  podemos citar «ubi   ipsi castra posita habebant» y «castra ibi fixa habuissent»74; curioso estado semilatente después de un período de regular boga. Más tarde, en el siglo VI, vuelven de pronto a abundar los ejemplos, sobre todo en los escri­tores de la Galia 75, y la perífrasis se hace general. Nuevo caso en que las formaciones del llamado latín vulgar no son sino desarrollo natural de usos propios del latín escrito en todos los tiempos.

      Recomposición de las formas verbales para mantener la identi­dad del tema y darles claridad etimológica.
― Multitud de per­fectos fuertes se hacían, a veces, débiles ya en latín clásico; salui > salīvi, praestĭti > praestavi, etc.76. No se consiente el acento en el prefijo, y la vocal temática inflexio­nada se reintegra a su estado etimológico rétĭnet > *retęnet, réfĭcit > refácit, défĭcit > desfácit, ten­dencia vulgar que no trasciende a la lengua escrita. Cuan­do la composición del vocablo no era percibida por no usarse el verbo simple, permanece siempre el estado anti­guo: cómpŭto (esp. cuento) collŏco (esp. cuelgo), cónsuo (esp. coso).

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

61  In Psalm., 36, 26; cfr. Migne, Patrol. XXXVI, col. 386.

62  Gramática Histórica de la Lengua Castellana, Halle, 1913, § 575. También Vossler, Geist und Kultur, p. 67 supone que el latín vulgar perdió la noción del futuro.

63  La perífrasis de ire en Plauto; la de dicere en Thielman, «Habere», Arch. f. lat. Lex., II (1885), p. 168.

64  «In multis hoc rebus dicere habemus» Lucrecio, VI, 712. Véase Grandgent, Lat. Vulg., 127; Rönsch, Ital. und Vulg., p. 449.

65  Abundan con infinitivo pasivo. El primer ejemplo de la voz activa con clara significación de futuro aparece en un texto afri­cano de hacia 300 (versión del griego del Pastor de Hermas): velle habetis ’querréis’ (citado por Thielman, «Habere», Arch, f. lat. Lex., II, 1885, p. 176).

66  Rönsch, Ital. und Vulg., p. 448.

67  Contra Symmach., 2, 795 (Arch. f. lat. Lexic, II, p.  184).

68  Grandgent, Lat. Vulg., §  130.

69  En Plauto se hallan ya varios casos, como «cibum coctum habeo», Thielman, «Habere», Arch. f. lat. Lexic, II, p. 394 (Grandgent, Lat.  Vulg., §  121).

70  Thielman, «Habere», Arch. f. lat. Lex., II, p. 392.

71  Cicerón y Livio (Thielman, «Habere», Arch. f. lat. Lex., II, 408).

72  Digesto, 29º, 1, 19.

73  Ulpiano advierte que «is qui aliquid fecit» puede ser distinto de «is qui factum habet», cuando uno hizo una cosa y otro tiene lo hecho por él (Digesto, 43º, 8, 2, 27; y en 9º, 3, 5, 10 insiste en la diferencia de ponere y positum habere); es decir, el sujeto de habere puede ser distinto del sujeto del participio. Siendo esto excepcional, parece que esta explicación o distingo profesional se hace necesaria porque en el lenguaje cotidiano factum habet tenía ya corrientemente el significa­do de perfecto (Arch. f. lat. Lex., II, pp. 538 y 408 y E. Herzog, «Das -to Partizip im Altromanischen», Beiheft zur Zeit. f. rom. Phil. XXVI, 1910, pp. 120-121).

74  Ed. S. Silviae «Peregrinatio» por E. A. Bechtel, Chicago, 1902, pp. 25, 30 y 19,7.

75  Ph. Thielman, «Habere mit dem Part. Perf. Pass.», Arch. f. lat. Lexic, II, p. 540 ss.

76  Grandgent, Lat. Vulg, § 428 y 430.

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CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

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*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

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13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
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CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

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29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

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9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE. II. EL NUEVO LATÍN

      La ruina de la declinación casual no es fenómeno limi­tado al latín vulgar, sino común a todas las lenguas indo­europeas, explicable por el natural progreso del lenguaje, más que por cualquier circunstancia histórica. La declina­ción sintética del nombre parece responder al casuismo mental del hombre primitivo, que, sin bastante poder de abstracción, no ve tal objeto en general, sino tal objeto cuando es agente, homo, o cuando es paciente, hominem, o cuando es poseedor, hominis, etc. La simplificación se había iniciado ya en el latín prehistórico se­gún acabamos de decir, y la tendencia analítica no es una novedad del latín vulgar, pues ya se abría paso en el latín clásico, y lo mismo que en Plauto o Terencio, se halla en Cicerón, en Livio o en Tácito, tendencia a usar de con ablativo en vez del simple genitivo, ad con acusativo en lugar del simple dativo y de, ex, in, ab con ablativo en vez del ablativo solo. El latín nuevo no hizo sino extender el uso de la preposición, llegando en consecuencia la lengua hablada a no distinguir sino dos desinencias de caso, la del nominativo y la del acusativo 54 (salvo en el pronom­bre personal que conservaba también su forma dativa ĭllī, tĭbī, mĭhī); la Dacia, como más retirada, conservó ade­más restos del dativo 55; pero, por último, los romances no emplearon generalmente sino un solo caso, el acusativo, tendencia a la completa simplificación que en España apun­ta desde muy temprano, cuando hallamos ejemplo como el del siglo II con el nominativo femenino -as por -ae en una lápida funeraria lusitana: «filias matri piissime posuerunt»56.

      Otra simplificación fue la pérdida del género neutro. La distinción de lo inanimado frente a lo animado, estableci­da por el género neutro frente al masculino y femenino, se halló muy perturbada por la atribución de diferencia sexual a la mayor parte de los seres inanimados, en virtud de concepciones primitivas que, aunque incomprensibles después, en la mayoría de los casos contaba con la gran  fuerza de la numerosidad. La escasa minoría de los neu­tros quedaba como una excepción y fue atraída al género masculino en su forma singular, o al femenino en el plu­ral: lignum se confundió con un *lignus > ’el leño’, y ligna fue tomador por un colectivo femenino ’la leña o conjunto de leños» 57. Ya en la época de Augusto y en una ciudad capital como Cartagena se escribía en un epitafio «N. Pasquius, monumentus fecit sibi et suis» 58, no sólo haciendo masculino «monumentum», sino ponién­dolo en nominativo por acusativo, en virtud del susodicho olvido de los casos.

      El comparativo sintético es reemplazado por una perífra­sis analítica. Se consuma la tendencia que se observa ya en el latín arcaico y en el clásico a expresar la comparación mediante el adverbio magis o, rara vez, plus; en Plau­to, magis opportunus; en Cicerón, magis necessaria; en Ovidio, magis durum; en Ennio, plus miser. El latín nuevo generalizó ambas perífrasis en tal medida que sólo perduraron unos pocos comparativos sin­téticos, en especial las dos parejas antitéticas maior/ minor y melior / peior 59.

      Creación del artículo. El deseo de expresarse con viveza trajo el empleo frecuente de los pronombres demostrativos, y el demasiado uso produjo embotamiento del sentido de­mostrativo, hasta llegar a la significación debilitada del artículo griego, mera determinación de lo consabido. Pro­bablemente este uso comenzó a arraigar en la mitad orien­tal del Imperio, en el latín sobrepuesto al griego; se halla ya muy extendido en la versión Ítala de la Biblia, traduciendo el artículo griego60: «Exiit ergo Petrus et ille alius discipulus (ό άλλοςμαθητής) et venerunt ad monumentum. Currebant autem ipsi duo (οί δύο) simul; et ille alius (ό άλλος) discipulus praecurrit citius Petro» (Jo. 20, 3 y 4), y muchos de estos demostrativos-artículos fueron conservados en la Vulgata.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

54  Ejemplos en Grandgent, Lat.  Vulg., § 354, 360; 91.

55  Meyer-Lübke, Gram.,, p. 28; Grandgent, Lat.  Vulg., § 354 y 372.

56  CIL, II, 38 (Carnoy, Lat. d’Esp.).

57  Del mismo modo, el plural ŏua de ŏuum(> huevo) se con­fundía con el femenino singular y así surgió un femenino con va­lor colectivo: la hueva del pez.

58  En Bol. Acad. Hist. XXX (1897), p. 359.

59  Hasta se encuentra la perífrasis con el comparativo: magis melior (en Vitrubio, s. I d.C.). Esto es un comparativo de un comparativo, vulgaridad que reproduce a veces el romance: «más mejor».

60  Véase H. Rönsch, Ital. und Vilg. (1869), pp. 419-443. Un ejemplo de una inscripción pagana española que Carnoy aduce (Lat. d’Esp., p. 248), aparte de mal transcrito, debe eliminarse, ya que es una reconstrucción hipotética.

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13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

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* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

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8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL. II. EL NUEVO LATÍN

      La evolución morfológica y sintáctica del latín nuevo está impulsada por tres fuerzas principales.

      En primer lugar, una tendencia simplificadora. El indo­europeo, como toda lengua de pueblos primitivos, estaba recargado de complicadas particularidades morfológicas, unas finamente expresivas, otras embarazosas e inútiles, resultado todas del casuismo propio de las primigenias concepciones lingüísticas de una mentalidad inmadura. Por natural progreso del idioma, ya el latín más antiguo había consumado una considerable poda en la fronda espontánea: por ejemplo, la declinación latina tiene menos casos que la sánscrita y se desembarazó del número dual que conser­van el sánscrito y el griego (hay lenguas de pueblos salvajes que aún tienen el trial); la conjugación prescinde tam­bién del modo optativo, de la voz media... y esta vieja tendencia simplificadora se reaviva en el latín nuevo, supri­miendo los casos del nombre, el género neutro, la pasiva sintética y otras complicaciones. Todas éstas no son pérdi­das lamentables debidas a la vulgaridad: el progreso de un idioma nunca consistió en añadir miembros morfológicos sino en reducirlos, no de otro modo que el animal supe­rior se sirve de dos pies, mientras el inferior necesita seis o hasta tiene ciento y no pasa de ser un verdadero ciem­piés.

      Esa labor simplificadora va acompañada por una tenden­cia analítica que busca mayor eficacia en el lenguaje. Cier­tas formas sintéticas tradicionales (entre ellas, esas mismas ya citadas: flexión de casos, flexión pasiva, etc.) que habían oscurecido con el tiempo su valor propio, se sustituyen por otras analíticas o perifrásticas, más claras: cuando la perí­frasis ad templum sustituye al dativo «tempio», el sen­tido de interés o dirección adquiere en la preposición ad una evidencia inmediata de que carece la desinencia casual. Esta tendencia analítica existía ya en el latín clásico, pero el nuevo latín la desarrolló sobremanera.

      La influencia analógica ayuda también a la simplificación. Las anomalías tradicionales que afectan sólo a una o pocas palabras, resultado de un desarrollo histórico particular, son reducidas a la norma general, con lo que adquieren la cla­ridad que les faltaba en cuanto a su categoría gramatical. Así, por ejemplo, los femeninos sŏcrus y nūrus se re­dujeron familiarmente a la terminación -a, la más corrien­te para el femenino, de donde el esp. suegra, nuera.

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NOTAS

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2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

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27.- 7. FRASEOLOGÍA

27.- 7. FRASEOLOGÍA

7. FRASEOLOGÍA. II. EL NUEVO LATÍN

      Gran parte de la fraseología usada en el latín imperial perdura en el latín hablado y pasa a las lenguas modernas. Petronio, en su Cena Trimalchionis nos da una muestra del habla corriente entre libertos y pueblo bajo en tiempo de Nerón y en ella aparecen frases usuales en toda la Roma­nia: piper non homo dice de Safinio, comparable al español «ser como pimienta», ital. «essere tutto pepe»; dice tam­bién Petronio urceatim plouebat igual que el espa­ñol «llover a cántaros» (y luego Quevedo: «hablaba a cántaros»), francés «il pleut à sceaux», ital. «piove a orci», etc.; en Petronio aparece ya seruus tuus significando ’yo, un ser­vidor’, quizá imitación de alguna fórmula oriental que luego reaparece frecuentemente en la Vulgata 49. También el gramático Charisio da como dicho corriente in retes meas cadisti, que perdura en «caer en el garlito», port. «cahir no laço», ital. «dare nel laccio», etc.50. A «en buena paz sea dicho» corresponde en el Satyricon de Petronio: «pace uestra liceat dixisse». Spitzer 51 compara «en un abrir y cerrar de ojos» esp., «en un clin d’oeil», fr., «in un batter d’occhio», ital., con in ictu oculi. Populis minutus ’vulgo’ en Petronio 52, que subsiste en la Edad Media, el pueblo menudo de la Estoria de España. Bella res ’cosa bue­na’ referido a persona 53.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

49«Posuisti me seruum tuura inter conuiuas», II Reg.  19, 28, etc.

50  Véase M. L. Wagner, «Über die Unterlangen der romanischen Phraseologie», en Volkstum und Kultur der Romanen, VI, 1933, pp. 1-26.

51  L. Spizer, en Literaturblatt (1920), 27.

52  W. E. Waters, en Grandgent, Lat.  Vulg., § 10.

53  Grandgent, Lat.  Vulg.,  §  10.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

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26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

6. ACEPCIONES NUEVAS. II. EL NUEVO LATÍN

      Gran parte del vocabulario toma ya en el nuevo latín el pliegue semántico que conserva en las lenguas románicas: focus, en vez de 'hogar', significa ya en el siglo IV, en los escritores de la Historia Augusta, el fuego mismo, de donde el esp. fuego, ital. fuoco, etc., dejando olvidado por comple­to el clásico «ignis»40; villa 'casa de campo' significa en Apuleyo y en San Jerónimo 'aldea, población en general' 41, y llega a suplantar a «urbs»; mulier (> mujer) toma en los jurisconsultos el sentido de 'esposa', desbancando a «uxor»; necare 'matar' pasa a significar 'anegar, ahogar en el agua'.

      Muchos así se perpetúan en la lengua familiar románi­ca, pero nunca hemos de considerar ésta sólo, sino también las voces que afluyen a la lengua erudita moderna: dilapidare, que en Columela significa 'apedrear', es usado por los autores del siglo III, juristas como Ulpiano, eclesiásticos como Tertuliano, sólo en la acepción familiar y arcaica de 'malgastar, dilapidar, desparramar el dinero como quien tira piedras'42; intentio, que para los coetá­neos de Cicerón y de Quintiliano significa 'tensión, esfuer­zo, atención', significa para Papiniano y para san Jeróni­mo 'designio, propósito, intención 43. Illusio, usado por el latín clásico como término retórico 'ironía', es en el siglo IV para san Ambrosio 'engaño, ilusión; discutere 'sacu­dir para desmenuzar, separar' viene a significar en san Je­rónimo 'analizar, examinar un asunto, discutir; ventilare 'aventar el grano' se metaforiza en 'escudriñar, ventilar una cuestión'.

      En esta gran evolución semántica se destaca muy parti­cularmente la acción del pensamiento cristiano: abnegatio no se perpetúa en su simple sentido de 'negación', sino en el de 'virtuosa negación de sí mismo'44, usado por san Jerónimo en relación con el pasaje de la Vulgata: «abneget semetipsum et tollat crucem suam» (Matth., XVI, 24); aedificare significa, también para san Jerónimo, 'inspirar sentimientos piadosos'45; conuersio, además de 'vuelta, mudanza', tiene en san Hilario de Poi­tiers (366) el sentido concreto de 'reducción a la verdade­ra fe' 46; Tertuliano y san Agustín metaforizan  tribulatio en el sentido de 'aflicción': Dios reparte las tribulaciones sobre los impíos para castigo y sobre los justos para purifi­cación, al modo que el mismo trillo («tribulum») lo mis­mo deshace la paja que limpia el grano. Insistimos en la gran cantidad de voces así que se quedan en el círculo del habla erudita. Muchas otras, claro es, trascienden al habla popular, informadas no por la vulgaridad sino por la doctrina y la teología de la Iglesia. El mejor ejemplo es el helenismo parabola; el latín clásico lo usaba en el sen­tido retórico de 'comparación', pero la Vulgata, por influen­cia del hebreo, le dio el doble sentido de 'parábola ejem­plar' y de 'palabra'47, y esta segunda acepción se popularizó en todas las lenguas románicas (esp., port, palabra, ital. parola, etc.), arrinconando en todas partes la voz latina clá­sica «verbum» 48, porque ésta fue reservada por el pensa­miento eclesiástico para el sentido evangélico de ό Λóγος, 'el Hijo de Dios'.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

40  Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, (1884), p. 263.

41  Ernout, Dict. Étym. Lat.  (1932).

42  Digesto, XXVI, 4, 1. Véase Rönsch, Ítala und Vulgata, p. 204 y Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, p. 263.

43  Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, p. 252.

44  Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, p. 235.

45  Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, p. 235.

46  Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, p. 238.

47  Ernout y Meillet, Dict. Étymol. Latin.

48  Que sólo prolongó su vida con significados restringidos: ant. esp. vierbo 'proverbio', 'frase', vierba 'locuacidad'.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

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25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA. II. EL NUEVO LATÍN

      En la lengua de esos escritores del Imperio hallamos también multitud de vocablos innovados no por razones conceptuales o lógicas, sino obedeciendo a tendencias expresivas de la lengua conversacional.

      Se desarrolla mucho el gusto de valoralizar el vocablo dándole más cuerpo mediante un sufijo que no influye en la significación objetiva. En el siglo III el jurisconsulto Paulo usa annualis por «annuus» (esp. añal), dentro del mis­mo estilo que Tertuliano sigue al usar aeternalis por «aeternus», o delinquentia por «delictum». Ya la vieja versión Ítala de la Biblia acoge en su lenguaje con­versacional muchos de estos vocablos de voluminoso empa­que 18: coronamentum por «corona» (esp. coronamien­to), abominamentum por «abominatio», calcaneum por «calx» (esp. calcaño), fontana rechazado por la Vulgata, que siempre usa «fons», scrutinare (esp. es­cudriñar), también sustituido en la Vulgata por el clásico «scrūtāre», fossatura por «fossa», assatura por «assum» o «assatum» 19.

      En la época clásica el neutro plural del participio de futuro 20 era a veces tomado como femenino 21, pero a par­tir del siglo III estos femeninos en -tūra, -sūra muestran una especial vitalidad: līmātūra (> limadura), rasūra de la barba o cabellos, lĭgătūra (> ligadura), incīssūra, crĕātūra (’cosa creada’ Tertuliano, Vulgata), căuātūra (por caua, tampoco clásico), tălĭātūra (> tajadura), vēlātūra22; por «uelum»23.

      Otras veces la plenitud fonética y expresiva del vocablo se busca derivando del simple un adjetivo sustantivado. Ya ci­tamos fontana24 por «fons», elipsis por «aqua fontana» como decía el latín clásico, en contraposición a «aqua pluuialis». En vez del clásico «ilex», una inscrip­ción de Roma, acta de sacrificios de los arvales en honor de Domiciano, el año 87, menciona un arbor ilicina 25 del bosque de la diosa Día, y este adjetivo, sustantivado en el habla corriente, se perpetuó en el español encina, ital. elcina­, etc. De igual modo, en vez de «hiems» se dijo hibernum 26, esto es, «tempus hibernum» 27 (de don­de el esp. invierno, ital, iverno, etc.), y lo mismo aestiuum 28 por «aestas» (esp. estío), pēcūlĭāre por «pĕcūlĭum» (esp. pegujar).

      También se busca refuerzo expresivo en el uso de verbos participiales a los que el latín daba sentido intensivo o ite­rativo 29, y fueron tan preferidos de la lengua familiar que muchas veces cayó en olvido el simple: cantare 30 eliminó a «canĕre», *ausare hizo olvidar a «audēre» (esp. osar, fr. oser), *usare desterró a «ūti» (esp. usar, fr. user), *oblitare sustituyó a «oblīuisci» (esp. olvidar, fr. oublier)31.

      Muchas de estas formaciones no eran aún admitidas en la li­teratura imperial; el purismo les oponía gran resistencia (re­cordemos la oposición que en la gramática moderna encon­tró el verbo presupuestar hasta que al fin triunfó del simple «presuponer»).

      Donde más se ve cómo el nuevo latín se deja penetrar por la familiaridad, o sea, por el «escribo como hablo» valdesiano, es en el uso abundante del diminutivo, forma en que constantemente el habla conversacional busca expre­sividad afectuosa. San Jerónimo, aunque autor cuidadoso en eliminar formas familiares de la Ítala, hace bastante uso del diminutivo hasta cuando un adjetivo lo haría excusable: «breues expositiuncŭlas», o cuando no añade al positivo valor de pequenez sino sólo un matiz de afectivi­dad: pectusculum en vez de «pectus», buccella en vez de «bucca», ceruŭlus en vez de «ceruus»32. Ya el latín clásico ofrecía bastantes casos análogos 33; en cuanto a uĕtŭlus (> viejo), es de notar que el latín clásico lo usaba sustantivado, pero ahora el nuevo latín lo emplea como adjetivo en vez de uĕtus. La generalización del empleo de estos diminutivos trajo la pérdida de su matiz afectivo. De aquí que las lenguas románicas hayan olvida­do muchos positivos, usando en su lugar sólo el diminuti­vo: apĭcŭla en vez de «apis» (esp. abeja, fr. abeille), cūltĕllus en vez de «culter», ōrĕlla en vez del plu­ral «ōra» (esp. orilla)34, etcétera.

      Como vemos, la conversión en positivos de diminutivos no sólo se dio en los formados con el sufijo átono -ŭlus, sino en los formados con el sufijo acentuado -ĕllus, que tendió a sustituirle (y a ser forma casi única de derivación diminutiva, salvo en casos en que el sufijo invasor resulta­ba cacofónico 35): martĕllus (> martillo) en vez del dimi­nutivo clásico martŭlus; globĕllus preferido a globŭlus; pestĕllus (> pestillo) vino a competir con el clasico pessŭlum (> asturiano piesllu), y tragĕlla (> trailla) con tragŭa (> tralla)36. En adjetivos: *singĕllus (> sencillo), albĕllus (> albillo) por albūēlis; nouĕllus (> novillo).

      Igualmente la llaneza dominante en la constitución del nuevo latín le lleva a propagar ciertos vocablos peyorativos o despectivos. Para huir de toda ostentación de propiedad o como expresión cariñosa, el que habla de su casa o de su caballo puede decir «mi choza», «mi penco», y así casa, que significaba originariamente ’cabaña, casucha’, llegó a uso tan general que hizo olvidar el clásico «domus». Lo mismo la voz de origen céltico caballus ’rocín, caballo de trabajo37 vino a desbancar al antiguo «equus» 38. También en los nombres de partes del cuerpo se observa esta afectividad despectiva, y bŭcca, que propiamente signifi­ca ’mofletes, carrillos inflados’, hizo olvidar a os que era el vocablo propio para lo que los romances llaman boca en esp., bouche en fr., etc.; lo mismo tĕsta ’tiesto, cacharro, casco’, significa ya ’cráneo’ para los autores del siglo IV, Ausonio en Galia, Prudencio en España, y pronto sustitu­ye, en la Romania septentrional sobre todo, a «caput» por metáfora, cuya familiaridad se aprecia en las frases espa­ñolas «calentarse los cascos», «ser duro de cascos» 39.

      Los escritores eclesiásticos, entre las muchas voces que acogen e inventan, contribuyeron a propagar no sólo tec­nicismos, sino formaciones del habla popular o destinadas a serlo: amaricare (Ítala y Vulgata), de donde amargar; hereditare (Ítala y Vulgata), de donde heredar; puritas (el rétor africano Arnobio, hacia el 300) de donde poridad, puridad; subsannare (Ítala, Vulgata, Tertuliano, Jerónimo) conservado en el español sonsañar, etc.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

18  H. Rönsch, ítala und Vulgata, pp. 471 ss.

19  Curatura por «cura» lo usa Terencio.

20  Ventura, -orum ’lo porvenir’ (Virgilio).

21  Armatura, -ae ’las armas’ (César, Cicerón), factura (Plinio > hechura), fartura ’relleno, ripio’ (Varron, Vitrubio), farctura (Columela).

22  Goelzer, Latinité Snt. Jérôme, (1884), p. 89.

23  Y en las lenguas romances continúa con productividad in­agotable. En español desde collitura ’recolección’ en las Glosas Silenses (núm. 119), en la segunda mitad del s. X (en vez del messura usado por Jerónimo) hasta creaciones del habla fami­liar moderna: coladura, «metedura de pata». Menéndez Pidal, Orig. del esp., 1ª ed., p. 336, 3ª ed., p. 329.

24  Fontana lo usa Inocencio, agrimensor del tiempo de Constancio Augusto.

25  CIL, VI, 2065. En vez del adjetivo, alguna vez usado, ar­bor ilicea.

26  Ejemplificado en el s. III.

27  Comparable al sustantivo matutinum, usado por Plinio (que también suple tempus), de donde el ant. esp. matino, ital. mattino.

28  Usado por Gregorio de Tours. A. J. Carnoy, «Adjetival Nouns in Vulgar Latin», Romanic Review, VIII (1917), 166-195.

29  Véase W. Meyer-Lübke, Gram., II,  1895, § 586.

30  Usado como intensivo, iterativo de canere, en Horacio y lo mismo iactare de iacere, saltare de salire, cursare de currere, adiutare de adiuuare, etc.

31  En vez de refūndĕre se dijo *refūsare, en vez de metĕre se formó messāre, en vez de colere se dijo cultare, en sentido agrícola, asturiano cuchar.

32  Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, (1884), pp.  121-130.

33  El simple anus había sido relegado, dándose preferencia a anulus (familiar annellus); auricula reemplazaba a auris, genuculum (> hinojo) a genu, articulus (> artejo) a artus. Posiblemente el empleo repetido del diminutivo sería favorecido por el lenguaje infantil.

34  En ciertos casos, el recurso a las formas diminutivas como substitutas, más que a un exceso de expresividad afectuosa, pa­rece haber sido favorecido por causas de homonimia: así el plu­ral ŏra, en sentido de ’ribera’ o ’borde’ se confundía con hōra y el diminutivo orĕlla (> orilla) evitó el equívoco. Es caso se­mejante a lo ocurrido más tarde en regiones en que se produjo la pérdida de -o (s. VIII), junto a la de -e y por tanto sōle se confundía con el adjetivo sōlus por lo que prevaleció el dimi­nutivo solĭculo > fr. soleil.

35  Como el estudio de los usos del diminutivo en la toponimia hispana pone de especial relieve, -ŏlus (con acento en el sufijo) se prefirió a -ĕllus en las voces en que la nueva silabización creó una semiconsonante o consonante palatal (Iglesuela, Barruelo, Palazuelos, Arganzuela; véase Menéndez Pidal, «El estilo de Santa Teresa», Escorial, V, oct. 1941, pp. 19-20): e -ĭcŭlus quedó para los casos en que la raíz presentaba una -l o -r (Cantalejo, Zarzalejo, Castillejo,  Villarejo).

36  A veces se creó un positivo con sentido restringido: cannĕlla (> canilla), en vez de cannŭla, no reemplazó a canna (> caña).

37  El sentido despectivo explica la preferencia de caballus a equus en las Sátiras (Horacio, Marcial).

38  Se formó así curiosamente la pareja caballus (para el ma­cho), equa (para la hembra) que aparece ya en una inscripción oficial de las ruinas de Vipasco (hoy Aljustrel, distrito de Beja) perteneciente al siglo I d.C.: «qui asinos, asinas, caballos, equas sub praecone vendiderit» (CIL, II, 5181, lín. 17).

39  Recuérdese, no obstante, el descriptivo verso del Mio Cid: «Meçio myo Cid los ombros e engrameo la tiesta» (v. 13).

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO


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24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO. II. EL NUEVO LATÍN

      Llaneza y claridad estilística, a la vez que neologismo de concepto, no de artificiosidad, son las dos características con que se inicia toda nueva edad de un idioma. El pensamien­to nuevo que determina toda nueva edad exige una reconstitución del vocabulario.

      La lengua griega por su mayor cultivo fue siempre guía para la lengua latina; pero todavía en el primer siglo del Imperio el purismo más riguroso no consentía sino muy rara vez el empleo de alguna palabra griega en la lengua litera­ria, así que el sentimiento helenístico se remediaba median­te algunos calcos, como cuando Séneca, no satisfecho con la voz natura usada por Cicerón, empleó essentia, imi­tado al griego oύσíα, o cuando Quintiliano, aunque calificó de duro el neologismo de Séneca, usó substantia, calca­do sobre el griego ύπóστασις. Pero fuera de la literatura, en la conversación y en los escritos familiares de las gentes educadas, lejos de dominar tales escrúpulos puristas, se ha­cía gala de emplear crudos helenismos, y ese gusto penetró también en la lengua literaria a partir del siglo II12. La nueva religión participó de lleno en la corriente neológica, pues a ello le inclinaba el helenismo de san Pablo y de los demás redactores del Nuevo Testamento, así como la expansión primi­tiva del Cristianismo por los países de lengua griega. De ahí la imponente cantidad de grecismos que la Iglesia generali­zó en el nuevo latín para sus necesidades ideológicas, los cuales perduran como necesarios hasta hoy en las lenguas modernas13. En Tertuliano aparecen apocrўphus, erĕmus, mŏnŏgămĭa, prosēlўtus, nĕŏphўtus, scandălum, scandălizare, allegorizare, cate­chizare; en san Jerónimo, allegorĭcus, pŏlygămia, energīa, dilemma, typĭcus, hypŏcrĭta (Quintiliano lo usó en sentido de ’histrión’), tumba, idioma14, cauma, ’calor del sol’, luego ’calma’ , y así muchísimos más 15 que el cristianismo universalizó, rompiendo moldes lingüís­ticos de la Antigüedad 16.

      El nuevo latín necesitó sobre todo multitud de nombres abstractos, que abundan en Apuleyo, Ulpiano, Macrobio, Lactancio, en todos los escritores imperiales, lo mismo pa­ganos que cristianos, términos de que hoy tenemos que echar mano continuamente: prōlixĭtas (Apuleyo), verbōsĭtas (Símaco), sōlemnĭtas (Gelio), longaevitas, prōfundĭtas, contrariĕtas (Macrobio), longănĭmĭtas (Vulgata), pusillănĭmĭtas (Lactancio), impassĭbĭlĭtas (san Jerónimo), falsĭtas, possĭbĭlĭtas (Amiano Marcelino), condemnatio (Ulpiano), inspiratio (Solino), illuminatio (san Jerónimo), perdĭtĭo (Ítala, Orosio), virŭlentĭa (Tertuliano), subsistentĭa (Mario Victorino), complacentia (Coelio Aurelio). Se engrosó también considerablemente el cau­dal de adjetivos y verbos: corruptibilis, tangĭbĭlis (Lactancio), palpābĭlis (Jerónimo, Orosio), intellec­tualis (Rufino), fundamentalis (Jerónimo), augmen­tare (Firmico, s. IV), trītūrare, vincŭlāre, coope­rari, etc. Tertuliano es el autor que nos ofrece mayor cantidad de éstos: nātūrālĭtas, passĭvĭtas, rătĭonālitas...; dilatatio, rĕprŏbātĭo, fermentatio, exaltatio, extimatio, partĭcĭpātĭo...; initiator, ŏpĕrātor, vĭvĭfĭcātor, informator, destructor...; acceptabilis, indivisibilis, irremisibilis, impassibilis, inmarcesibilis...; substantĭālis...; collaborare; confoederare, disculpare, tĭtŭlā­re, ultĭmāre, appretiare, humiliare, allegorizare..., etc. La mayoría, como se ve, son derivados de vo­ces existentes en latín clásico 17.

      Bajo la pluma de estos escritores de los siglos II al IV, el latín, desechado el purismo clásico, queda convertido en una lengua moderna. El que hoy recorre la enorme serie de esos neologismos y percibe lo que ellos significan en su propio hablar se pregunta por qué caminos tan distintos discurría el pensamiento de Cicerón o de Séneca, que no necesitaba de tales voces.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

12  Véase Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, p. 222.

13  En primer lugar las más propias de la religión: catholicus, clericus, monachus, sanctificare, eremita, anachoreta, martyr, ortodoxus, blasphemia, haereticus, anathema, etc.

14  Idioma lo usa el gramático Charisio, pero debe de ser co­etáneo de San Jerónimo.

15  Véase Goelzer, Lat. Snt. Jérôme, pp. 205-226.

16  Ahora pululan los verbos en -izare correspondientes a los verbos griegos en -íζειν: thesaurizare (θησαυρι ζειν, euangelizare, schematizare, auctorizare, etc. Mu­chos calcos de compuestos griegos; ejemplo: compassio, for­mado a imitación de συμπαθεια.

17 Compárese esta libertad de innovación derivativa, augurio de una nueva edad, con la que ahora muestra el español, sobre todo en América.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

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Imagen: letra A, variaciones sobre el alfabeto Holbein.