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Obras de Diego Catalán

63.- DISQUISICIÓN 4ª: SOBRE LA FECHA DE LA HISTORIA RODERICI

 

DISQUISICIÓN 4ª: SOBRE LA FECHA DE LA HISTORIA RODERICI

      1.1. Aunque Martin (1992, pág. 36 y nn. 66, 67), guiado, creo, por pasiones de escuela, y ya antes Horrent, 1973, págs. 131- 135, prefieran la autoridad de Ubieto (1961; 1972 y 1973, págs. 170-177) a la de Menéndez Pidal (1969a, págs. 917-919) respecto a la datación de la Historia Roderici, la hipótesis de Ubieto, lejos de estar basada en “un meticuloso análisis histórico de su contenido”, reposa sobre fundamentos, no sólo todos ellos de extrema debilidad, sino construidos con incomprensible ligereza.
     
El uso de la forma rex aragonensis, que Ubieto (seguido por Horrent y Martin) afirma no estar atestiguado por la documentación catalano-aragonesa sino “a partir de Alfonso II (1162-1196)” y que la Historia Roderici aplica siete veces a Sancho Ramírez y a Pedro I (en alternancia con rex aragonensium), aparece repetidamente usado por Alfonso I entre 1118 y 1136 y por Pedro I en 1097 y 1102 (¡habiendo sido el propio Ubieto el editor, en 1951, de los dos documentos del año 1097, que rezan “ego Petrus, Dei gratia rex aragonensis” y “una cum consilio et voluntate dompni Petri regis aragonensis”!), según destacó Lapesa (1982a y 1985, págs. 41-42).
    
El supuesto “malconocimiento de los títulos condales catalanes anteriores a 1117” por el autor de la Historia Roderici, que sugiere Ubieto (y aceptan Horrent y Martin), no resiste un examen basado en la más elemental crítica textual, según asimismo ha puesto de manifiesto Lapesa (1982a y 1985, págs. 40-41). En efecto, si la familia de manuscritos constituida por I (fines del s. XII o principios del s. XIII) y S (fines del s. XV o principios del s. XVI), de la Historia Roderici, al nombrar a los condes y potestades que se coaligan con Alfagit (al-Ḥaŷit) contra el Campeador, corrompe los títulos de tres de ellos: “...cum comité Berengaro et comite Cardauiese (I > Cordouiense S) et cum fratre comitis Urgelensis et cum potestatibus, uidelicet Usason et Inpurdanensi et Rocionensi atque Carcassonensi”, nada autoriza a atribuir la mala transcripción al autor de la obra y, menos aún, a inferir, tratando de sacar polvo de debajo del agua, que los errores son selectivos y atañen sólo a los nombres de condados incorporados tempranamente (1111 y 1117) al de Barcelona. Por lo pronto, el condado de Rosellón o “Rocinionensi”, igualmente corrompido que el “Cerdaniense” y el “Uesaldonensi”, sólo quedó integrado en el de Barcelona en 1172. Pero, además, para imputar sin vacilación las corrupciones a la tradición manuscrita y no al autor contamos con el apoyo de la Estoria de España alfonsí, que alcanzó a conocer otro manuscrito de la Historia Roderici donde no se daban las lecciones erróneas de S, I: “et con el conde de Cardona (vars. Cardena, Cerdena) et con ell hermano del conde de Urgel et con los poderosos de Belsaldon et con los de Rosillon et de Carcasses”.
     
El tercer argumento histórico de Ubieto (igualmente recogido por Horrent y Martin) es tan falso y gratuito como el de la titulación de los reyes aragoneses. “La distinción de los reyes de Sevilla y de Córdoba, la cual no es una realidad sino a partir, precisamente, de 1144 (y hasta 1148)” constituye el argumento principal utilizado para datar la Historia Roderici en los años 1144-1147; sin embargo, basta leer la historia del dominio lamtuní de al-Andalus del Bayan al-Mugrib de Ibn ﺀIḏarī (ed. Huici, 1963a, págs. 112-224 y Huici, 1963b) para comprobar que, durante el emirato de ﺀAlī ibn Yūsuf (1106-1143), los gobernadores (“reyes” en la nomeclatura cristiana de la época) de Sevilla y de Córdoba son, como norma, distintos. Es excepcionalísimo el hecho de que entre agosto / setiembre de 1132 y julio de 1133 el hijo de ﺀAlī, Tāšfīn, tenga simultáneamente uno y otro gobierno (más común fue el caso de que los gobiernos de Granada y Córdoba recayeran temporalmente en una misma persona).
     
Podemos, pues, dar por irrelevante la opinión de Ubieto y, con ella, la de sus seguidores (Horrent, 1973 y Martin, 1992) pues no aducen pruebas adicionales ningunas.

      1.2. La Historia Roderici, rematada después del abandono de Valencia (1102) por Jimena y por la hueste imperial que acudió en su auxilio, concluye haciendo constar que, después que la ciudad pasó de nuevo a manos de los sarracenos, “nunquam eam ulterius perdiderunt” y dando noticia, seguidamente, de cómo Jimena sepultó a Rodrigo en San Pedro de Cardeña; pero para nada hace alusión al presente post-cidiano desde el que fue escrita. No hay en su texto puntos de vista históricos ajenos a los intereses de Rodrigo Díaz mientras estuvo vivo. Es imposible descubrir en ella una razón que justifique su escritura distinta de la que pudo haber tenido un paniaguado de Rodrigo para, en vida del infanzón castellano convertido en señor de Valencia, exaltar su gloria como caudillo militar y para justificar su conducta respecto a su señor natural, el “rex et imperator Aldefonsus”, cuya ira tan repetidamente concitó. La aparente contemporaneidad del autor con los hechos que relata, así como el carácter claramente “oficial” de la biografía, exigen considerar al propio Rodrigo Díaz como la verdadera “causa eficiente” de la historia, sea quien quiera el escribano que la redactara, toda vez que nada se transparenta en la obra que distancie al biógrafo del biografiado. Castilla y, no digamos, León le son totalmente ajenos; trata con desprecio a los condes catalanes, incluido Ramón Berenguer III el Grande (con ocasión de su fallida acción contra el Cid en Oropesa); para nada le preocupa la descendencia de Rodrigo, ni muestra tener noticia de los matrimonios de las dos hijas del Campeador, María que casó con ese Conde de Barcelona y Cristina que casó con un descendiente (por línea bastarda) de la antigua casa real navarra, matrimonios ambos de indudable trascendencia política que, al transcurrir los años, no podrían haber pasado inadvertidos, especialmente el segundo de ellos después de que el hijo de Cristina Rodríguez, a la muerte (1134) de Alfonso I, el Batallador, fuera reconocido Rey de Navarra (García Ramírez, el Restaurador). Aunque el interés de la biografía se centra claramente en las victorias de Rodrigo en Levante y en La Rioja (en los años 1080-1084, 1089-1094, 1097-1098) no hay modo de situar al autor en el entorno de ninguno de los señores del Norte de Hispania o del Sur de la Gallia con intereses en esa zona durante la primera mitad del s. XII, esto es, una vez desaparecido el señorío levantino del Cid que impedía la directa confrontación entre el imperio almorávide y los cristianos del Pirineo. Transcurridos los años después de la muerte del señor de Valencia ¿a quién podía interesar recoger las cuatro fórmulas de exculpación alternativas que Rodrigo propone a Alfonso VI cuando el rey le acusa de traición, con ocasión del sitio de Aledo por Yūsuf, le desposee de castillos, villas y honores y aprisiona a su mujer e hijos en Castilla (1089)?.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

 ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

CAPÍTULO X: DISQUISICIONES

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
*
55 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY
* 56 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.
* 57 4. EL IACOBUS ES OBRA PERSONALÍSIMA DE SU AUTOR, AIMERI PICAUD
* 58 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

* 59 2. COMUNIDAD DE PRINCIPIOS E INTERESES JACOBEOS

* 60 3. DETALLES VARIOS QUE TRABAN ADICIONALMENTE ENTRE SÍ LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
* 61 DISQUISICIÓN 3ª: TIEMPO EN QUE SE ESCRIBIÓ EL LIBER BEATI IACOBI

* 62
2. RETOQUES DE 1137-1139 Y PRESENTACIÓN DE LA OBRA EN SANTIAGO DE COMPOSTELA C. 1140-1143
* 63 DISQUISICIÓN 4ª: SOBRE LA FECHA DE LA HISTORIA RODERICI
* 64

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

 

62.- 2. RETOQUES DE 1137-1139 Y PRESENTACIÓN DE LA OBRA EN SANTIAGO DE COMPOSTELA C. 1140-1143

 

2. RETOQUES DE 1137-1139 Y PRESENTACIÓN DE LA OBRA EN SANTIAGO DE COMPOSTELA C. 1140-1143

      2.1. Sólo con posterioridad a la redacción del conjunto de la obra, pero todavía antes de que el Iacobus fuera copiado en el original de biblioteca llamado Codex Calixtinus, se hicieron en el interior de ella algunas adiciones actualizadoras (fenómeno muy frecuente en la transmisión de textos medievales) por los años de 1137 a 113929. En cambio, el relato de un milagro de Santiago ocurrido en Vézelay el año 1139 sólo se añadió ya fuera del cuerpo de la obra, en el bifolio suelto que contenía la bula de Inocencio II (con las confirmaciones cardenalicias del a. 1140), referente a la autenticidad del libro y a la protección merecida por los portadores del códice calixtino.
      Cuando, después de 1140, el presbítero Aimeri y su compañera Gerberga entregaron en Compostela el Codex Calixtinus a la catedral apostólica, la silla debía de hallarse vaca, tras el fallecimiento en ese año 1140 del arzobispo Diego Gelmírez. Seguramente también había muerto el canciller Aimeri (1141) y quizá el papa Inocencio (1143). El desorden de la iglesia compostelana hasta la instauración del arzobispo Pedro Helias (1143) 30 sin duda facilitaría los planes del atrevido falsificador poitevino y de sus valedores en Compostela.
      La aceptación del Codex Calixtinus por la iglesia compostelana cuando fue en ella presentado nos parece segura 31 en vista de los milagros añadidos al códice en Santiago de Compostela el año 1164 (o poco después) en un folio adicionado. Pero ya antes de esa fecha debían circular copias de la obra, puesto que entre los descendientes del Codex Calixtinus contamos con varios textos en que esa adición de c. 1164 aún no se había producido 32. También remonta evidentemente al estado del códice anterior a 1164 (o años inmediatos) el prototipo del Libellus (o Liber beati Iacobi reducido), según pone de manifiesto el nuevo corpus de milagros del santo que en toda la descendencia manuscrita de esta nueva estructura hallamos 33.

      Del prestigio que en el último cuarto del siglo gozaba el Codex Calixtinus es prueba fehaciente la carta dirigida al abad y monjes de Santa María de Ripoll por Arnaldus de Monte, monje de dicho monasterio, quien, en el curso de una peregrinación a Santiago el año 1173, extractó el Liber beati Iacobi para edificación de los monjes de su monasterio 34. Naturalmente, en el extracto de Arnaldus, el “Libro de los milagros” tradicional aparece ya completado, no sólo con los procedentes de los sermones de Calixto (Lib. I) y con el escrito por el Abad de Vézelay (relativo al a. 1139), sino con los del niño resucitado (a. 1164) y el de la cara torcida, adicionados en el folio suelto 223, que debió ser adosado al Codex Calixtinus no mucho después de esa fecha 35.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

 

NOTAS

28 Historia Compostellana (ed. E. Falque, 1988), Lib. III, cap. 26 (pág. 463).

29 En el cuerpo original del Liber beati Iacobi se añadieron algunas referencias a hechos recientes que hemos de considerar interpolaciones de última hora. Un caso claro lo constituye el milagro 12 del “Libro de los milagros” (Lib. II, c. 12), en favor del colono Raimberto, milagro que se dice ocurrido el año 1135: su inclusión rompe la serie cronológica de milagros que, heredada de atrás, incluía el Ia cobus, pues los que le anteceden se fechan c. 1100, en 1108, en 1080, en 1090, en 1100, en 1101, en 1102, en 1103, en 1104, en 1105 y en 1106, y los que inmediatamente le siguen en 1107, en 1110, etc. Pero su adición es anterior a la composición por Aymericus Picaudus del himno Ad honorem regem summi en que se recuerdan todos estos milagros en el mismo orden que en el Liber II. Otros dos casos evidentes hallamos en la “Guía del peregrino”, cuando, al describir una lámpara donada por Alfonso Rey de Aragón, el autor desea que el alma del donante descanse en paz (Lib. V, c. 9), toda vez que el rey “Batallero” murió en 1134, y cuando, para clarificar el tiempo en que se comenzó la construcción de la catedral de Santiago (que, de acuerdo con la Historia Compostellana, se sitúa en la era MCXVI, a. 1078), se pone ese momento en relación con el año de “la muerte de Alfonso famoso y esforzado rey aragonés”, 1134, y de las de “Enrique Rey de Inglaterra”, 1135, y “Luis el Gordo rey de los francos”, 1137.

30 Inocencio II fue inflexible en su decisión de no aceptar la elección de don Berenguer Obispo de Salamanca para cubrir la vacante. Su negativa mantuvo largo tiempo vaca la iglesia compostelana. Este hecho y los poco halagüeños años finales del arzobispado de Diego Gelmírez mantuvieron a la iglesia metropolitana en gran abatimiento.

31 A pesar de que, en opinión de los expertos, no fueran cumplidas las terminantes ordenes de Calixto “al clero de Santiago”, de que usasen “en su basílica todos los días (exceptuados el de la Natividad del Señor, los de la Cena y la Parasceve y el sábado siguiente y el de Pascua y el de Pentecostes)” el nuevo ritual expuesto en el Iacobus (Carta del santo papa Calixto, dada, supuestamente, el 13 de enero s. a., en Letrán).

32 El caso más claro es el del ms. Add. 12213 del British Museum, Londres, arriba citado (n. 8 de la Disq. 1ª). Contiene, según ya advertimos, una copia completa del Codex Calixtinus que acaba (f. 182v) con la transcripción del Alleluia in Greco. Incluye, por lo tanto, la marcha Ad honorem regis summi (completa), la epístola de Inocencio II y el milagro de 1139 escrito por el abad Albericus de Vézelay; carece, en cambio, de los dos milagros versificados del niño resucitado (a. 1164) y de la cara torcida del hijo del vizconde poitevino, añadidos al Codex Calixtinus, ya en Santiago, en el recto del folio suelto adicionado 223, así como las restantes piezas incorporadas aún más tarde al Codex Calixtinus. Aunque es un manuscrito del s. XIV (y, quizá, compostelano) “brillantemente” decorado, ello no implica necesariamente que sea copia directa; pudo tener presente una copia antigua, anterior a 1164, pues nada impide que del famoso códice se hicieran copias varias. También se “detiene” en este punto (pero sin copiar el Alleluia) el ms. (también del s. XIV) Arch. S. Pietro c. 128 de la Bibl. Apostólica Vaticana, Roma, “copia minuciosa del Códice de Compostela” (Díaz, 1988, pág. 137). El códice Alcobaça 334/CCCII de la Biblioteca Nacional de Lisboa (de fines del s. XII o comienzos del s. XIII) no es un Liber beati Iacobi, pues, además de las piezas jacobeas, contiene un conjunto de textos relativos al culto y milagros de san Martín, relacionado con la iglesia de Tours; pero el formador de la obra conoció un Iacobus completo, ya que no sólo incluye materiales de sus cinco libros, sino que entre ellos figuran la epístola inicial de Calixto (pieza núm. 2 de la nómina establecida por Díaz, 1988, págs. 103-118) y demás discursos (sermones) calixtinos, el milagro del año 1135 referente al colono Raimberto, intercalado en el mismísimo lugar que en el Codex Calixtinus, las dos versiones de la “Translación”, junto con el capitulito De tubis, todo el texto de Turpin, con los capítulos calixtinos referentes al hallazgo del cuerpo del Arzobispo y lo sucedido en Galicia tras la muerte de Carlomagno, la marcha final de Aymeri Picaud, la epístola de Inocencio II, en que se recomienda a los donantes a Santiago del Codex Calixtinus (Aimerí y Gerberga) y el milagro de 1139 (integrándolo al final del corpus tradicional de milagros). ¿Qué duda puede caber a la crítica textual para considerarlo descendiente del Codex Calixtinus? Obviamente, ninguna (pese a los críticos que elucubran con supuestos estados previos, indocumentados, del Liber beati Iacobi, como David, 1945-1949, I. 30-41, y, tras él, Díaz , 1988, págs. 42, 139 y 312); es evidente que el autor de esta obra conoció el códice compostelano (o una copia del mismo) tal como era en los años 1140-43 a 1164 (antes de la adición de los dos milagros del folio 223).

33 Véase atrás, n. 10. Si el creador del Libellus hubiera conocido el milagro de 1164 (el niño resucitado) y el otro milagro compañero de éste (el de la cara torcida), añadidos al Codex Calixtinus en el folio adicionado 223, así como los de fecha posterior, los habría incorporado a su nueva versión del corpus de milagros, como hizo con los que halló en el interior del Liber y en el bifolio final. Por lo tanto, el Liber utilizado acababa con la epístola de Inocencio II alusiva a la entrega del Codex Calixtinus por Aimeri Picaud y Gerberga (epístola que también incluyó en su versión acortada de la obra) y con el milagro de 1139 escrito por el Abad de Vézelay, esto es, tal como acababa el Codex Calixtinus entre 1140-43 y 1164.

34 El extracto y la carta de Arnaldus de Monte se conservan en el Archivo de la Corona de Aragón, Barcelona, Ripoll 99. Gracias a la carta conocemos el nombre del monje copista, su procedencia, la fecha de su peregrinación a Santiago y sus propósitos al extractar el Iacobus.

35 El monje Arnau comenzó su copia (la sign. 1 se halla en el pliego V, f. 35r) por el Libro II de los milagros, cuyo corpus tradicional completó entresacando del Codex Calixtinus otros milagros que en él se hallaban dispersos: los citados por Calixto en el sermón del Lib. I, cap. 2, referentes al castigo de los transgresores de la fiesta de Santiago, los dos versificados en la Adición constituida por el folio suelto 223 (uno de ellos ocurrido el a. 1164) y el que sigue a la epístola de Inocencio II ocurrido a Bruno de Vézelay (a. 1139). A continuación incluyó la epístola de Inocencio II confirmatoria de la autenticidad del Codex presentado a la iglesia compostelana por Aimeri Picaud y su compañera. Después procedió a copiar la mayor parte del Libro III sobre la “Translación”; el IV (crónica de Turpín), del que omitió la llamada a la cruzada de España (cap. 26) y extractos del V (caps. 1, 4, 6, haciendo constar que omitía lo relativo a los buenos ríos, 7, 8, 9 y 10). Sólo después de acabada esta labor volvió atrás y se interesó en la copia de ciertas secciones del Libro I: además del Prólogo, extrajo de él los sermones del papa Calixto (caps. 2, 5, 6, 9) y resumió el oficio de la octava de la translación, atribuido también a Calixto (c. 20); al copiar el sermón del c. 2 omitió los milagros que ya había transcrito. Una vez concluida su copia incompleta decidió anteponer los folios basados en el Libro I a los que había copiado anteriormente y reordenó los pliegos (véase Whitehill, 1944b, págs. XXI-XXV). Puesto que la obra extractada por el monje Arnau tenía la misma extensión y el mismo texto que el Codex Calixtinus, según reconoce Díaz (1988, pág. 77), me parece falto de lógica el seguir especulando acerca de la posibilidad de que el monje hubiera hallado en la catedral de Santiago de Compostela “otro” manuscrito diverso que el que hoy se encuentra en ella (carece de fuerza argumentativa la mera afirmación hecha por Díaz de que “la utilización del mismo ejemplar que hoy se conserva en Compostela no está probada fuera de toda duda”, pág. 77, n. 167, pues se trata de una innecesaria concesión a Hämel, 1936, cuyos argumentos en favor de tal supuesto “son muy poco convincentes”.

 ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

CAPÍTULO X: DISQUISICIONES

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
*
55 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY
* 56 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.
* 57 4. EL IACOBUS ES OBRA PERSONALÍSIMA DE SU AUTOR, AIMERI PICAUD
* 58 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

* 59 2. COMUNIDAD DE PRINCIPIOS E INTERESES JACOBEOS

* 60 3. DETALLES VARIOS QUE TRABAN ADICIONALMENTE ENTRE SÍ LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
* 61 DISQUISICIÓN 3ª: TIEMPO EN QUE SE ESCRIBIÓ EL LIBER BEATI IACOBI

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

61.- DISQUISICIÓN 3ª: TIEMPO EN QUE SE ESCRIBIÓ EL LIBER BEATI IACOBI

 

DISQUISICIÓN 3ª: TIEMPO EN QUE SE ESCRIBIÓ EL LIBER BEATI IACOBI

      El estudio del contenido del Liber beati Iacobi nos permite fechar con gran precisión la redacción de la obra1.

      1. LA REDACCIÓN DE LA OBRA ES DE 1131-1134.

       1.1. La “Guía del peregrino” y la “Crónica de Carlomagno” reflejan claramente un mapa político de la región pirenaica que corresponde, de modo exclusivo, a los años 1131-1134.
      La “Guía” (Lib. V, c. 7), tras describir por lo largo las bárbaras costumbres de los inicuos navarros, explica:

“Después de la tierra de estos, una vez pasados los Montes de Oca hacia Burgos, sigue la tierra de los españoles, a saber Castilla y Campos...” (lat.).

      Esta frontera, que deja a Nájera, Santo Domingo, Redecilla, Belorado y Villafranca del lado navarro, sólo corresponde a tiempos posteriores al reinado de Alfonso VI (=1109), y anteriores a la muerte de Alfonso I de Aragón (7-set-1134). Muerto el rey “Batallero”, aunque García Ramírez fuera inicialmente reconocido rey en Nájera no pudo mantener esos territorios como parte del reino navarro y ya antes de finalizar el año 1134 hubo de cederlos a Alfonso VII (Catalán, 1975, págs. 116-117, núm. 134, 135)2.
      En la “Crónica” (Lib. IV, c. 3), Baiona (‘Bayonne’) es considerada como una de las ciudades de España conquistadas por Carlomagno 3. Este dato, lejos de ser indicio de que el Pseudo-Turpín desconocía la geografía pirenaica (como piensa Meredith-Jones, 1936, págs. 78 y 277-278), muestra (como ya señaló Dozy, 1881, II, págs. 416-418) que el autor escribía entre 1131 y 1134, en los años del reinado de Alfonso I inmediatos a la famosa “hueste de Bayona” (1131), después de que el rey aragonés, tras largo sitio, la incorporase a su señorío 4.
      En documento de diciembre de 1131 (fuero de Calatayud) Alfonso I se declara reinante de Bilforado usque ad Pallares et de Bayona usque in Regalis Monte 5.
      En la “Guía del peregrino” se acusa a los portazgueros de Hostaualla (‘Ostabat’) y de la uilla sancti Iohannis et sancti Michaelis pedis portuum Cisere (‘Saint-Jean’ y ‘Saint-Michel-Pied-de-Port’) de extorsionar a los peregrinos y, seguidamente, se responsabiliza al “rey de Aragón y demás potentados que reciben de ellos los dineros del tributo” (Lib. V, c. 7). Muerto Alfonso I (1134), una vez que Navarra y Aragón se separan, es imposible que esos portazgueros transmitieran dineros del portazgo al rey aragonés. Todo lo más, podría ser que el rey navarro, García Ramírez, ejerciera durante algún tiempo señorío en ellos; pero más bien parece que entraron bajo el dominio del duque Guillaume X de Aquitania, toda vez que, según testimonia Hugo Pictavinus, monje de Vézelay, en su Historia Vizeliacensis, escrita bajo el abaciado de Ponce de Montboissier (1138-1161), cuando en 1137 la hija de Guillaume X, Aliénor, heredó el ducado y contrajo matrimonio con el futuro Louis VII, “le Jeune”, el Rey de Francia “adquirió toda Aquitania, Gascuña, Vasconia y Navarra hasta los montes Pirineos y hasta la Cruz de Carlos” (lat.) 6.
      En ese mismo cap. 7 de la “Guía del peregrino”, al describir la “Cruz de Carlomagno” en la cima de Altobiscar, se consigna, que desde la cumbre, “pueden verse el Mar Británico y el Mar Occidental y las tierras de tres países: de Castilla, de Aragón y de Francia” (lat.). La referencia al reino de Aragón sólo tiene sentido admitiendo que las tierras navarras son parte de “Aragón”, lo cual, una vez más, deja de ser cierto a partir de 1134.
      Al acusar a los bateleros de los dos ríos no vadeables que corren a un lado y otro de Saint-Jean-de-Sorde, en Gascuña (véase Disq. 2ª, nota 4), y a los portazgueros de Ostabat y Saint-Jean y Saint-Michel-Pied-de Port, en Vasconia (véase Disq. 2º, nota 3), de explotar y maltratar a los peregrinos, el autor de la “Guía” se revuelve contra los señores de quienes unos y otros dependen y, tras acusarlos de connivencia en los actos delictivos, hace recaer sobre ellos la excomunión. Los personajes citados son Raimundus de Solis (uno de los sucesivos Raymond de la casa de Soule) y Uiuianus de Acromonte (sin duda, Vivian I d’Aigremont) y el Uicecomes de Sancto Michaele (‘el Vizconde de Saint-Michel’), en relación con los portazgueros, y Arnaldo de Guinia (sin duda, Arnaud I de La Guigne), en relación con los barqueros; todos ellos personajes de c. 1130 (Vieillard, 1938, pág. 23; David, 1945-1949: III, pág. 194)7.
      Por otra parte, es de notar que, cuando el autor de la “Guía” pasa a España por el puerto de Cízara, sólo existía en los pasos el Hospital y capilla de Roldán, en Ibañeta 8, y no el de Nuestra Señora (o “Casa Real”) de Roncesvalles. Aunque la “Casa Real de Roncesvalles” fue fundada en 1127, consta, por la Pretiosa 9, que hasta 1132 no tomaron posesión del lugar los canónigos regulares de San Agustín; en cuanto a las fundaciones en que se sustentó el hospital, sabemos que fueron constituidas entre 1134 y 1137, año en que por bula de Inocencio II (Anagni, 5 de mayo, 1137) se produjo la confirmación de la fundación10. Como destaca Louis (1956, págs. 385-387 y nn. 74 y 76), el Hospital sólo debió de empezar a ser activo a raíz de estas dotaciones.
       Asimismo, cuando el autor de la “Guía” describe el interior de la iglesia compostelana (Lib. V, c. 9), ignora que al altar del Apóstol hubiera sido incorporado “el argenteo retablo que... fue colocado sobre dicho altar el año 1135” (López Ferreiro, 1898-1911: IV, pág. 244)11.

      1.2. En vista de esta serie de datos concurrentes, que exigen situar la redacción de la obra en los primeros años 30, entre 1131 y 1134, antes de que se propague la noticia de la muerte en setiembre de ese año de Alfonso I de Aragón, nada tiene de extraño que los conocimientos geográficos que exhibe el Pseudo-Turpín, a propósito de las supuestas conquistas de Carlomagno en Hispania, apunten hacia esos mismos tiempos, según vamos a ver.
      Al enumerar las ciudades de Galicia, resulta llamativa la inexistencia de cualquier indicio de autonomía del condado-reino portucalense12, lo cual sería imposible después del encuentro de Valdévez (1141) y muy extraño por los años de 1135-1137 cuando Alfonso Henriques y García Ramírez de Navarra se amparan mutuamente en sus intentos de substraerse a la autoridad imperial de Alfonso VII13; por otra parte, es bien significativa la ausencia de cualquier mención de las ciudades de la Belata (Lisboa, Santarém y Sintra) perdidas en 1094 y que Alfonso I de Portugal recobrará en 1147. Después de esta fecha, su olvido sería imposible, dada la resonancia internacional de la empresa que hizo posible esa reconquista.
       Al enumerar, agrupadas en un bloque, las ciudades de la Extremadura castellana 14 (y sólo más tarde las del reino de Zaragoza), se citan Medinacelim, Osma y Seguncia (‘Sigüenza’), que fueron reincorporadas a Castilla por Alfonso VII, sacándolas de manos aragonesas, entre 1122 y 1127, e incluso Berlanga, en la cual los aragoneses ejercían aún su dominio en 1131 (pero que no mucho después debió entrar en el de Alfonso VII) 15; en cambio, según ya sabemos, la frontera castellana, más al Norte, no pasaba de Burgos.
      En la Transierra, dado lo completa que es la lista de lugares16, debe considerarse significativa la ausencia de referencias a las ciudades de la “tierra de la mora Zaida” que gobernó Alvar Háñez en días de Alfonso VI, hasta perderlas, una tras otra, entre 1108 y 1113/1114 (Cuenca, Huete, Uclés, Ocaña, Zorita), y también la omisión de Oreja, perdida igualmente en 1113 17 y que sólo será reconquistada por Alfonso VII en 1138.
      En la frontera del Tajo y el Guadiana frente a Toleta (‘Toledo’), hay que destacar, igualmente, el olvido de Coria, perdida en 1113 y que reganará Alfonso VII en 1142, y de Cáceres y Montánchez, que serán conquistadas en 1165-1166 por Geraldo Sempavor; en cambio, se nombra a Kalatrava, Badaioth, Turgel (‘Trujillo’), Talavera Godiana (‘Talavera la Real’ o ‘sobre Guadiana’) y Emerita, sin duda plazas musulmanas, pero que el autor debía de tener presentes a causa de las recientes cabalgadas de Alfonso VII y los encuentros cristianos con Tašfīn b. ﺀAlī ocurridos, en los años de 1132 a 1134, en esos territorios18.
      Los muy completos conocimientos, de que hace gala el autor, sobre las ciudades costeras, no sólo hispanas, sino también africanas, dependientes de los almorávides 19 creo que se deben a la importancia adquirida por la guerra marítima en el primer cuarto del s. XII gracias a la pericia de Ibn Maymūn, el almirante al servicio de los emires almorávides 20. Corrobora esta impresión el empleo de los nombres Avitus y Maimon al enumerar a los auxiliares de Aigolandus (Lib. IV, c. 9), pues una buena parte de la onomástica utilizada para presentar de forma animada el campo sarraceno durante las guerras de Carlomagno en España está inspirada en la de famosos caudillos del periodo almorávide, según ya observó Dozy (1881, II, págs. 409-416). También estos nombres de sarracenos tomados de la historia contemporánea apuntan más bien a las décadas de los 20 y los 30 que a la de los 40 21.
      La curiosa lista de gentes encuadradas en el inmenso ejército reunido por Aigolandus para invadir Gascuña (Lib. IV, c. 9):

“Sarracenos, Mauros, Moabitas, Ethiopes, Sarrannos, Pardos, Affricanos, Persas”

merece asimismo atención, pues tanto los “Serranos” como los “Pardos” son “gentes” de Hispania nombrados precisamente por las fuentes de tipo local relativas a la España cristiana de la primera mitad del s. XII. La Crónica de la población de Ávila cuenta que, siendo Alfonso Raimúndez niño, los “serranos” de Avila, que eran el clan al que pertenecían los mejores hidalgos de la villa, negaron señorío en ella y defendieron la entrada al padrastro del rey niño, Alfonso I de Aragón (probablemente en 1116)22. Según una de las Crónicas de Sahagún, que en su original latino (perdido) fue escrita por un monje del cenobio cluniacense, “los onbres que moravan allende del rrío de Duero e son llamados bulgarmente pardos”, aliados entre 1110 y 1116 del rey Alfonso I de Aragón, fueron los responsables de la intervención aragonesa en Castilla y Tierra de Campos (“seguíanlo muchedunbre de honbres, los que se llamavan pardos, los quales toda la tierra desde Palencia fasta Astorga rrovaron”)23.

      1.3. El libro IV sobre la cruzada de Carlomagno en España lleva como complemento, según ya hemos dicho, un llamamiento a la cruzada de España atribuido a Calixto II, que el usurpador de su nombre sitúa históricamente el 25 de marzo de 1123 en el Ier concilio de Letrán. El Pseudo-Calixto alude en él de una forma muy general a los múltiples males que los sarracenos han infligido a la cristiandad española; pero, como final, concreta:

“No puede decirse con palabras cuántos mártires, esto es, obispos, abades, sacerdotes y demás cristianos yacen enterrados iuxta urbem Osquam et in Campo Laudabile et in Campo Letorie y en otros territorios limítrofes de cristianos y sarracenos en donde hubo guerra. Yacen a millares” (lat.).

      Aparte del cementerio ‘junto a la ciudad de Huesca’, la identificación de los camposantos indicados resulta problemática 24; pero me inclino a aceptar que Letorie hace referencia a ‘La Litera’. Parece, pues, que la convocatoria tiene especialmente presente el peligro musulmán en la frontera entonces más próxima al Sur de Francia, la del reino moro de Lérida. Desde luego, el momento de mayor angustia para los cristianos de la franja norte pirenaica es a raíz del gran desastre ante Fraga el año 1134, en que hallaron la muerte muchos y muy relevantes personajes, tanto eclesiásticos como seglares, de ambos lados del Pirineo 25, y de la muerte casi inmediata del rey aragonés que dejaba en dudoso destino su reino 26. Pero también fue sonada la muerte del obispo don Esteban de Huesca y de Gaston de Verán en mayo/junio de 1130, derrotados por el gobernador de Valencia Yintān ibn ﺀAlī al-Lamtunī 27, y en 1128 los moros de Lérida habían entrado hasta Lascuarre, acercándose a Roda27; a pesar, pues, de los grandes éxitos militares de Alfonso I y de sus aliados los obispos y señores “francos”, en esos años los obispados, abadías y santuarios del viejo reino aragonés de Pedro I no podían aún considerarse libres del peligro almorávide.

      1.4. Las observaciones anteriores, tomadas en conjunto, hacen preciso situar la redacción del Liber beati Iacobi o, al menos, los conocimientos de su autor sobre Gascuña, Vasconia, Navarra y el resto de España, entre los años 1131 y 1134, y sugieren que Aymericus Picaudus hizo en ese tiempo el recorrido de la vía aquitana hasta alcanzar la cumbre de la cruz de Carlos y siguió el camino de Santiago por tierras navarras, castellanas, de Campos y gallegas hasta la ciudad de Compostela y Padrón. Esta fecha coincide llamativamente con el año 1131, en que según la Historia Compostellana llegó a Santiago Aymericus, canónigo del Santo Sepulcro de Jerusalén, con cartas de recomendación del patriarca Stephanus († 1130) para el arzobispo compostelano Diego Gelmírez 28.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

NOTAS

1 Los primeros en hacer observaciones precisas acerca de las fechas en que se compuso la obra fueron Dozy (1881, págs. 372-431) y Bédier (1912-1913, III, págs. 68-88). La crítica posterior, más que avanzar respecto a Dozy y Bédier, oscureció los hechos cronológicos. Creo, por tanto, preciso volver sobre el conjunto de datos utilizables.

2 Reed. en Catalán 1989, págs. 296-321. García Ramírez fecha un documento de 1134 consignando “anno quo mortuus fuit rex Adefonsus et fuit eleuatus rex Garsias regem in Pampilona et in Nagara, in Alaua et in Bizcaia et in Tutela et in Monson”; pero ya el 10 de noviembre de ese año (“in anno quo mortuus fuit rex Aragonensis”) Alfonso VII se dice “imperator... in Toleto regia urbe, Legione et Castella et Nagera”.

3 Se la nombra formando parte de un bloque de ciudades navarro-aragonesas, tras Pampilonia y antes de Iacqua (‘Jaca‘) Osqua (‘Huesca’), Terraciona (‘Tarazona’) y Barbastra. En la “Guía del peregrino” se aclara que, atravesando el tellus Basclorum camino del puerto de Cízara, queda al Norte, hacia la costa, la ciudad de Baiona (c. 7).

4 Como ya señaló Dozy (1881, pág. 417) un documento de Alfonso I de 1130 (era 1168) se fecha “in illo anno quando rex fecit naves et galeras in Bayona ut caperet illam”. Varios documentos del año 1131 (dos de ellos del mes de mayo) aluden en su datación a que fueron escritos “anno que Baionam obsidebat”, “ipso anno quando obsidebat Baionam”, “stante rege Ildefonso super Baionam” (Arco, 1948, págs. 37-38). En octubre de ese año Alfonso I hace su famoso testamento en que deja sus reinos a las Órdenes Militares y lo fecha “in obsesione Baione” (V. de la Fuente, 1866, págs. 393-395). La Chronica o Historia Adefonsi Imperatoris hace alusión al cerco de Bayona

al tratar del conde castellano Petrus de Lara (el antiguo amante de la reina doña Urraca), enemigo de Alfonso VII (§ 19): cuenta cómo, deseando hacer la guerra en Castilla, va en busca de Alfonso I, que estaba combatiendo a Bayona, con el propósito de inducirlo a que acudiera a ella, pero “estando allí, vino el Conde de Tolosa Alfonso Jordan a aquella ciudad para defenderla, enterado de lo cual el conde don Pedro retó a lid singular al conde tolosano y uno y otro salieron al combate como dos fuertes leones; el conde Pedro fue herido por la lanza del conde Alfonso y, habiendo caído del caballo, se le quebró un brazo y a los pocos días murió, mientras que el conde tolosano quedó ileso” (lat.). La noticia reaparece en los Anales navarros perdidos que utilizó Alfonso X. La Versión crítica de la Estoria de España (“Crónica de Veinte Reyes”) consigna: “Desí a pocos de días fizo el rrey don Alfonso de Aragón la hueste de Vayona e ovo muy grant batalla, e murió (var. murieron) y el conde don Pedro de Lara e don Alfonso Jordán. E la muerte del conde fue en esta guisa: cayó el cauallo con él e quebró al conde todo e por este achaque murió” (mss. L, Ss, N, J). Dado que Alfonso Jordán no murió entonces, debe de faltar “matólo” ante su nombre.

5 V. de la Fuente (1865, pág. 537).

6 Véase Luc d’Achery, Spicelegium, ed. de 1723, II, pág. 558.

7 Jaurgain (1898, pág. 235) desorientó durante algún tiempo a la crítica al suponer que los personajes aludidos eran Vivian II, Arnaud II y Raymond-Guillaume, lo cual haría preciso retrasar el Codex Calixtinus a los años 70 avanzados (algo, por lo demás, imposible). Ya Bédier (1912-1913, pág. 105, n. 1) sugirió que se debía pensar en Arnaud I de Laguigne y en Vivian I de Gramont.

8 Según ha ilustrado Louis (1956, pág. 287-388), el pequeño monasterio de San Salvador de Ibañeta era ya antiguo cuando Sancho, el de Peñalén, lo donó en 1071 al Obispo de Álava para que fuera regido por la abadía de Leire (véase también Lacarra 1949, págs. 100-103); pero sólo a partir del segundo cuarto del s.XII aparece en los documentos eclesiásticos con la denominación de Capella Carola Magni (1127); la denominación que emplea la “Guía”, Hospitale Rotolandi, se halla también atestiguada en otro documento eclesiástico de 28 de junio de 1174: Hospitalis de Summo Portu, quod Sancti Saluatoris et Capella Rollandi nominatur.

9 Eds. de Vázquez de Parga/ et al., 1948, II, págs. 66-70 y Salvador Martínez, 1980, págs. 279-293.

10 Kehr, 1928 n. 32.

11 Dada “la minuciosidad con que está descrito el altar del Apóstol, incluyendo el frontal y el baldaquino” (según subraya López Ferreiro, 1898-1911: IV, pág. 244) el autor no habría omitido una referencia al retablo, si ya existiera.

12 Se nombran como parte de la Galetia todas las diócesis hasta Colimbria, reconociendo el carácter metropolitano de Brachara (cfr. Dozy, 1881, pág. 383).

13 Aunque la parcialidad de las fuentes hace difícil el establecimiento de una versión suficientemente objetiva de la evolución de las relaciones legales y de poder entre el conde portugués y el rey de León durante estos años, parece claro (aún en la Historia Adephonsi Imperatoris, §§ 73-81) que la declaración del Imperio por Alfonso VII no fue acatada por Afonso Henriques mientras contó con la rebeldía paralela de García Ramírez para mantener en jaque al Emperador.

14 Detrás de las villas de la Transierra (véase n. 16), nombra las que cito seguidamente en texto, junto con Segouia, Aauilla, Salamanqua y Sepuuulega.

15 En 1121 o principios de 1122 Alfonso I había restaurado la diócesis de Sigüenza, dándole como término las tierras recién sometidas de Calatayud, Ariza, Medinaceli y Daroca. Cuando en 1127 Alfonso I y Alfonso VII firman las paces de Támara el obispado está ya repartido entre los dos reinos, con Sigüenza y Medinaceli como área castellana; sin duda, la paz reconocía unas fronteras de hecho, pues ya en 1124 Urraca y Alfonso VII dominaban en Sigüenza (cfr. Catalán, 1975, págs. 112-118, o, mejor, 1989, págs. 311-317).

16 Cita Auchala, Godalfaiar, Thalamanca, Uzeda, Ulmas, Canalias, Madrita, Maqueda, Sancta Eulalia, Talauera, además de Toleta.

17 Reúno los datos en Catalán, 1975, págs. 107-108 y nn. 57, 61, 64, 74 y 75 (reed. 1989, págs. 305-308 y notas con la misma numeración).

18 Sobre estas algaras cristianas, con resultados muy diversos, véase el relato de Ibn ﺀIḏarī, al-Bayān al-Mugrib, ed. Huici, 1963a, págs. 197-209, y la Chronica Adefonsi Imperatoris, ed. Maya, 1990, II. 24-29).

19 Urbs Besertum (‘la ciudad de Bizerta’), “en la cual se hallan los fortísimos guerreros que el vulgo llama arabit” (lat.); Maioricas insula (‘la isla de Mallorca’); urbs Bugia (‘la ciudad de Bugía’), “que tradicionalmente tiene rey” (lat., al cual sometieron en 1116 los almorávides); Agabiba insula (‘la isla o islas Habibas’); Goharan (‘Orán’), “que es una ciudad de Berbería” (lat.); Meloida (‘Almodia la Pequeña’, citada por la Gran Crónica de Alfonso XI, ed. Catalán, 1976, II pág. 232, al tratar de la campaña de Abū-l-ῌasan contra Tremecén; posiblemente al-Mahdiyya, ‘Médéa’); Evicia (‘Ibiza’); Formentaria (‘Formentera’): Alcoroz (al-Qayrawān, ‘Cartagena’); Almaría; Monequa (‘Almuñecar’); Gibaltaria (‘Gibraltar’); Kartago (‘Carteia’); Septa (‘Ceuta’), “que está en el discrito de Hispania donde el mar se estrecha” (lat.), “y de forma semejante” (lat.) Gesir (‘Algecira’) y Tharuf (‘Tarifa’).

20 Los almorávides contaron para la guerra marítima con una famosa familia, los Ibn Maymūn, que no sólo actuaron en el Mediterráneo, sino en las costas del Atlántico. El Alimemon de la Chronica o Historia Adefonsi Imperatoris que, “reunido un gran número de navíos, llegaba por el Mar Océano contra Galicia y por el Británico y por el Mar Mediterráneo contra las tierras de Ascalón y las regiones de Constantinopla y Sicilia y contra Bari y otras ciudades costeras y contra la región de Barcelona y todos los reinos de los francos combatiendo y depredando y haciendo muchos estragos y mortandades en los cristianos” (lat., II, 9), es Muḥammad ibn ﺀAlī ibn Maymūn, más bien que ﺀAlī ibn ﺀIsà ibn Maymūn. Los continuos ataques a las costas  gallegas, utilizando como bases las islas a la salida de las rías, los fecha la Historia Compostellana en torno a 1115 y 1120 (Lib. I, c. 103 y Lib., II, c. 21). Sobre las expediciones de Muḥammad b. ﺀAlī b. Maymūn en 1121-1122 contra Cortona y contra “Baqurta” (en el reino de Sicilia de Roger), vide Ibn ﺀIḏarī, al-Bayān al Mugrib (ed. A. Huici, págs. 155-158). Sobre ﺀAlī b. ﺀĪsà b. Maymūn., véase atrás Disq. 1ª, n. 59.

21 Dozy (1881, págs. 410-416) fue el primero en llamar la atención respecto a la onomástica que el relato de Turpín utiliza al singularizar a los caudillos sarracenos que actúan al lado de Aigolandus y en apoyarse en ella para negar que ese relato remontase a tiempos pre-almorávides. Las correlaciones más claras son la de Ailis regem Maroc con ﺀAlī ibn Yūsuf ibn Tāšufīn, emir de Marruecos, 1106-1143, la de Ebrahim regem Sibiliae con Ibrāhīm ibn Yūsuf ibn Tāšufīn, gobernador o rey de Sevilla de 1118 (mejor que 1116) a 1122, y la de Texephinum regem Arabum, con Tafīn ibn ﺀAlī ibn Yūsuf, virrey de al-Andalus de 1132 a 1137 (el cual desde 1129 gobernaba ya Granada y Almería). Fatimum regem Barbariae parece recordar a ﺀAbd Allāh b. Fāṭima, gobernador de Sevilla de 1115 a 1118, quien había sido antes gobernador de Fez. Aunque desplazados territorialmente, Auitum regem Bugie y Maimonem regem Meque posiblemente recuerdan al marino Auitus Maimon, que, al servicio de los moabitae ‘almorávides’, se apodera de una nave con peregrinos a Santiago en el “Libro de los milagros”, cap. 7, ya que tanto el nombre de Abbad (pronunciado con imala) como el de Maymūn se dan en la famosa familia de los almirantes almorávides de que hemos hecho mención en la n. 20.

22 Ed. Gómez-Moreno, págs. 24-26. Según este relato, los “serranos” van a Traba en busca del rey niño y lo traen a Ávila. Entre Cantineros y Fontiveros uno de ellos da muerte a un hermano del rey de Aragón. Tras el rompimiento de la paz conyugal entre Alfonso I y Urraca, Toledo y Extremadura se incluyen entre los dominios del rey aragonés en docs. de agosto 1115, marzo, abril y julio de 1116, marzo de 1117, etc.; no obstante, en doc. del 8 de mayo de 1116 se consigna la tripartición “Regnante... Adefonso aragonensium rege in regno suo, in Nazara atque Burgis; regina vero Urraca in Legione atque Gallecia, et infans eius filius apud Toletum et Extrematuram”. Al año 1116 se refiere la información de la Historia Compostellana (Lib. I, caps. 108 y 109) sobre el gobierno del conde Pedro Froílaz, con su pupilo Alfonso Raimúndez, sobre Toledo (Catalán, 1975, pág. 110 y nn. 87-88; 1989, págs. 309-310 y nn. 87-88).

23 Ed. Puyol, págs. 248 y 250. Cfr. Catalán, 1995, nn. 63-66.

24 Dozy (1881, II, pág. 423) sitúa el Campus Laudabilis cerca de Alcalá de Henares y supone que al autor le era conocido por los breviarios el nombre a causa del martirio de los santos Justo y Pastor (ocurrido en el s. IV). Cree Campus Letoriae de pura invención, pese a que Fita (1880, pág. 329a) lo había identificado con la Litera.

25 Murieron los obispos de Huesca, de Roda y de Jaca y el Abad de San Victorián y de los seglares Centulle V, hijo de Gaston de Béarn, Aimeri II de Narbonne y Bertrand de Laon, Conde de Carrión y de Logroño, junto a muchos otros. El obispo Gui de Lescar fue enviado cautivo a Valencia, (Hist. Adefonsi Imp., I, 56-57)

26 El desastre, seguido de la muerte del rey, trajo consigo la retracción de la frontera cristiana hasta Belchite, Zaragoza, Huesca, Barbastro y Monzón.

27 Consignan las muertes del obispo y de Gaston los Anales toledanos Ios, en la era 1168 (a. 1130), y la victoria de Yintān, con el envío de la cabeza de Gaston a Granada en mayo/junio de ese mismo año, Ibn ﺀIḏarī, (ed. Huici, págs. 188-189);

28 Historia Compostellana (ed. E. Falque, 1988), Lib. III, cap. 26 (pág. 463).

 

 ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
*
55 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY
* 56 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.
* 57 4. EL IACOBUS ES OBRA PERSONALÍSIMA DE SU AUTOR, AIMERI PICAUD
* 58 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

* 59 2. COMUNIDAD DE PRINCIPIOS E INTERESES JACOBEOS

* 60 3. DETALLES VARIOS QUE TRABAN ADICIONALMENTE ENTRE SÍ LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

Imagen: Alejandro Magno y sus caballeros

60.- 3. DETALLES VARIOS QUE TRABAN ADICIONALMENTE ENTRE SÍ LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS.

60.- 3. DETALLES VARIOS QUE TRABAN ADICIONALMENTE ENTRE SÍ LOS CINCO  LIBROS DEL IACOBUS.

3. DETALLES VARIOS QUE TRABAN ADICIONALMENTE ENTRE SÍ LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS.

      3.1. La comunidad de principios e intereses que se descubre entre el Libro IV, “Crónica de Carlomagno”, dedicado a exaltar y promover la cruzada en la tierra de Santiago, y el Libro V, “Guía del Peregrino”, dedicado al camino de Santiago, se subraya con la presencia en ambos de datos comunes: en uno y otro se recuerda el milagro de las lanzas enhiestas en el campo que echan raíces y reverdecen para anunciar quiénes, entre los guerreros francos, han de recibir al siguiente día la palma del martirio, lanzas que son el origen de los sotos de fresnos de Sahagún, cuya iglesia de San Facundo y San Primitivo se dice que había sido construida por Carlomagno (Lib. IV, c. 8; Lib. V, caps. 3 y 8)17; en uno y otro se cuenta que Rotolandus murió mártir de la sed que le causaron las heridas sufridas en Roncesvalles, después de partir a golpes de espada un peñasco y de reventar su trompa sonándola, y que su cuerpo yace en Blaye, mientras su trompa de marfil se encuentra en la iglesia de Saint-Sernin (beati Serenini baselica), en Burdeos (Lib. IV, c. 21; Lib. V, c. 8)18; en uno y otro se dice, igualmente, que en Belin, en las Landas, se hallan enterrados Oliverus, Gandelbodus rex Frisie, Otgerius rex Dacie, Arastagnus rex Britannie, Garinus rex Lotharingie y otros muchos, muertos en España por la fe de Cristo (Lib. IV, c. 21; Lib. V, c. 8)19. También coinciden en no aceptar la pretensión de los monjes de Saint-Jean-de-Sorde, documentalmente sostenida ya en la segunda mitad del s. XI, de que en su monasterio yacía sepultado el arzobispo Turpín, muerto en la batalla de Roncesvalles 20. El hecho, claro está, no era aceptable para quien pretendía llevar al arzobispo a morir, con posterioridad a la muerte de Carlomagno, en su diócesis de Reims tras haber tenido tiempo de escribir, allí en Vienne, la gesta hispánica del Emperador (Libro IV); pero la omisión de Saint-Jean-de-Sorde, paso obligado hacia Ostablat, entre los santuarios cuyas reliquias el peregrino de la vía aquitana debe visitar, resulta tan significativa como la mención de las de Blaye, Burdeos y Belin (Libro V)21.
     
A su vez, entre la “Guía del peregrino” y los sermones calixtinos del Libro I hay conexiones muy llamativas: ya hemos mencionado el inoportuno adjetivo “impíos” con que en uno de esos sermones (c. 17) se califica a los navarros cuando se les está simplemente nombrando como parte de una larga lista de gentes “que habitan en todos los climas del orbe” y que acuden a visitar el sepulcro del Apóstol, adjetivación que recuerda las apasionadas denuncias de que los navarros son objeto en la “Guía”.  Más estrecha es la relación entre los dos pasajes siguientes:

       “¿Y qué diremos de los que cobran tributos a los peregrinos de Santiago? Los cobradores de portazgos de Ostabat, de Saint-Jean y Saint-Michel-de Pied-de-Port de Cizera se condenan todos. No hay lengua que pueda decir las injurias que hacen a los peregrinos. Apenas pasa un transeúnte que no sea explotado por ellos. Con la autoridad de Dios Padre Omnipotente y del Hijo y del Espíritu Santo y de todos los santos son excomulgados cien veces y anatematizados y apartados de las puertas del Santo Paraíso por boca de muchos santos obispos y sacerdotes y monjes que allí son estafados” (lat., sermón de Calixto, Lib. I, c. 17).

“En esta tierra, a saber, cerca del Puerto de Cízara, en el pueblo llamado Ostabat y en los de Saint-Jean y Saint-Michel-de-Pied-de-Port, hay unos malvados portazgueros, los cuales se condenan totalmente; pues saliendo al camino a los peregrinos con dos o tres dardos cobran por la fuerza tributos injustos y, si algún viajero se niega a darles los dineros que le han pedido, le hieren con los dardos y le arrebatan el tributo, insultándole, tras registrarle hasta las calzas... por lo cual mandamos y rogamos... sean excomulgados no sólo en las sedes episcopales de sus... tierras, sino también, oyéndolo los peregrinos, en la basílica de Santiago... Y cualquier prelado que por caridad o por lucro quiera perdonarlos de esto sea herido por la espada del anatema” (lat., al tratar de las cualidades de las gentes que el peregrino encontrará en el camino de Santiago, Lib. V, c. 7).

      También se hermana la “Guía del peregrino” con el Libro Iº litúrgico en la afirmación del autor de uno y otro de haber sido testigos presenciales en Arlés (Provenza) de sendos acaecimientos: la refriega entre francos y gascones en el santuario de Saint-Gilles, próxima a Arlés, que provoca la muerte inmediata de un individuo y la huida de otro a Castelneu (ad Castellum nouum uia Petragoricensi) donde muere (incluida a modo de ejemplo en un sermón de Calixto II, Lib. Iº, c. 17) 22 y el hundimiento de la casa del zapatero Peyrot en Arles (Lib. Vº, c. 8) 23.
     
Por otro lado, entre ese Libro I y la “Crónica de Carlomagno” (Lib. IV) hay otra curiosa conexión: en uno y otro se utilizan versos pentámetros de Fortunatus Pictaviensis, sea para glorificar a Santiago, sea para glorificar a Roland, y varios de los citados son incluso los mismos 24. La “Crónica de Carlomagno” (Lib. IV) se emparenta temáticamente también con el Libro Iº, c. 15, al retomar (en su c. 19) la cuestión de las tres sedes apostólicas, Roma, Santiago y Éfeso 25.
     
Entre ese Libro IV (“Crónica de Carlomagno”) y el Libro III, sobre la “Translación del cuerpo de Santiago” hay, a su vez, la conexión que representa el relato que ofrecen en común del milagro del olivo en la sepultura de san Torcuato en Acci, el cual florece y da aceitunas que maduran en menos de un día 26.
     
En fin, la fiesta de los milagros de Santiago, cuyo origen explica el c. 3 de ese libro de la “Translación” (Lib. IIIº) y en que se citan los milagros 17, 1º, 4º del “Libro de los milagros” (Lib. IIº), se hace presente asimismo en el c. 5º (sermón de Calixto II) del Libro Iº, donde se vuelve a citar el milagro 17º, así como en el c. 28, en el medio folio intercalado (f. 128), donde se incorporó la liturgia pseudo-calixtina apropiada para esa festividad.
     
La pretensión, de los defensores de estados previos desconocidos del Liber beati Iacobi, de que todas estas correlaciones fueron introducidas al realizar un pulimiento final de la obra carece de credibilidad, pues es bastante más natural que la compilación de “materiales” útiles para componer un libro en exaltación del culto jacobeo se hiciera desde un principio por una mente creadora concorde consigo misma, y no mediante el caótico acarreo y yuxtaposición de elementos sueltos a los que, ulteriormente, se intentara añadir toda una serie de lañas (de tan variada especie como las aquí señaladas) para disimular las suturas.
     
Lo mismo hay que decir de otros aspectos del discurso que no atañen al contenido. Desde que G. Paris (1882, pág. 426) llamó la atención acerca del hecho, es notorio que el Pseudo-Turpín (Lib. IV) y la “Guía del peregrino” del Pseudo-Calixto (Lib. V) coinciden en el empleo de aucona, -as ‘azcona, -as’, voz no consignada por Ducange. En la “Crónica de Carlomagno” (cap. 32) la utiliza el narrador (según el testimonio concorde de la mano a del Codex Calixtinus y de los manuscritos en que la historia atribuida a Turpín se copió independientemente del resto del Liber beati Iacobi) cuando cuenta los portentos que anunciaron la muerte de Carlomagno, en substitución del término iaculum empleado por la fuente (Eginhard, Vita Karoli, 31); en la “Guía del peregrino” figura como parte de las “palabras y cosas” con que el Pseudo-Calixto caracteriza las costumbres de los pueblos vascones:

“Siempre que un navarro o vasco va de camino... lleva en las manos, según costumbre, dos o tres dardos (iacula) que llama auconas” (lat., cap. 7).

      Otra peculiaridad lingüística de uno y otro libro, denunciada por David (1946, págs. 37-38), es la de utilizar como “perfectos” las formas fabricatur (“et super petronum in Runciaualle quedam ecclesia fabricatur”, Lib. V, c. 8), en vez de ‘fabricata est’, scribitur (“hunc codicem... scribitur enim et compluribus locis”, Lib. V. Explicit), por ‘scriptus est’, depingitur o pingitur (“Musica ibi depingitur”, “Dialethica in aula regis depingitur”, “Geometria ibi depingitur”, “Arithmetica depingitur ibi”, “Astronomia in opere regis pingitur”, “Nigromancia... in aula regi non pingitur”) por ‘picta est’ (Lib. IV, c. 22).
     
No menos curioso es el uso de glis -gliscis como ‘tierra’, tanto en el Lib. Iº como en el IVº (Hohler, 1972, pág. 36). En un sermón de Calixto, al enumerar los diversos modos de adulterar la pimienta explica: “otros le añaden... barbaram gliscem, parecida al alumbre” (lat., Lib. Iº, c. 17; ed. Whitehill, pág. 167); cuando Roland instruye a Ferragut en los misterios del cristianismo, explica: “Aquél que hace nacer de la haba al gorgojo y del árbol y glisci al gusano...” (lat., Lib. IVº, cap. 17; ed. Whitehill, 321) y en la descripción de las pinturas de Aquisgrán se da la siguiente etimología para Geometría: “en griego se llama ge la glis, metros la medida” (lat., Lib. IVº, c. 22; ed. Whitehill, pág. 340).
     
Aunque menos raro, también es notable el empleo de limpia y limphatum por ‘agua’ y ‘aguado’ tanto en los sermones del Libro Iº, como en los Libros IVº y Vº (David, 1945-1949: III, págs. 80-81).

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)


NOTAS

 

17 Págs. 308, 352 y 376 de la ed. Whitehill.

18 Págs. 332-337 y 375 de la ed. Whitehill.

19 Págs. 337 y 376 de la ed. Whitehill.

20 Sobre los diplomas falsificados de Saint-Jean-de-Sorde, véase P. Raymond, 1873, y Bédier, 1912-1913, III, págs. 336-340. Las falsificaciones parecen ser algo posteriores a 1050. En 1120 Guillaume VI, Duque de Aquitania, daba por ciertos los hechos reseñados en los documentos falsificados.

21 Dada la mala opinión que el autor parece haberse formado por experiencia personal respecto a los barqueros de los ríos que rodean al monasterio (véase n. 5).

22 Véase arriba, n. 3.

23 Véase arriba, n. 6.

24 Véase Disq. 1ª, § 2.

25 Véase Disq. 1ª, § 3.

26 Véase Disq. 1ª, n. 65.

 ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
*
55 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY
* 56 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.
* 57 4. EL IACOBUS ES OBRA PERSONALÍSIMA DE SU AUTOR, AIMERI PICAUD
* 58 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

Imagen Monje bebiendo vino,  del manuscrito iluminado Li Livres dou Santé,  de Aldobrandino de Siena (sigloXIII)

59.- 2. COMUNIDAD DE PRINCIPIOS E INTERESES JACOBEOS.

59.- 2. COMUNIDAD DE PRINCIPIOS E INTERESES JACOBEOS.

2. COMUNIDAD DE PRINCIPIOS E INTERESES JACOBEOS.

      2.1. La “Crónica de Carlomagno” del Pseudo-Turpín revela su carácter jacobeo desde sus primeros capítulos hasta sus últimos. Todos los manuscritos de ella, tanto los que la vinculan al Liber (o al Libellus) beati Iacobi como los que la transmiten de forma autónoma, comienzan la historia de las guerras de Carlos en España y Gascuña 16 con la visión que el emperador franco tiene de la Vía Láctea:

“un camino de estrellas, que empezaba en el mar de Frisia y, extendiéndose entre Alemania e Italia, entre Galia y Aquitania, pasaba derechamente por Gascuña, Vasconia, Navarra y España hasta Galicia, en donde se ocultaba, desconocido, el cuerpo de Santiago” (lat., Lib. IV, c. 1)

y con la subsiguiente aparición del Apóstol como un “caballero de apariencia espléndida” (lat.) que, tras revelarle su identidad, le incita a la cruzada para que libere su tierra y su sarcófago. Y, desde ese primer momento, se hace notar ya, por boca del propio Santiago, cómo, una vez desembarazado el camino de infieles,

“irán allí peregrinando todos los pueblos de mar a mar, pidiendo el perdón de sus pecados..., desde tus tiempos, hasta el fin de la presente Edad” (lat.).

      E, igualmente, todos los manuscritos de ella (incluidos los autónomos) acaban contando cómo Carlomagno se salva, a la hora de su muerte, gracias a la intervención de Santiago, pues, según en otra visión revela un diablo negro de los que asistieron a su muerte al arzobispo Turpín,

“un gallego descabezado echó en la balanza tantas y tantas buenas piedras e innumerables vigas de las basílicas, que las buenas obras pesaron más que los pecados” (lat., Lib. IV, c. 25).

      Sólo en beneficio de la mayor gloria de la Sede Apostólica Compostelana se justifica que en esa historia se haga a Carlomagno y a Turpin visitar el sepulcro de Santiago, consagrar su iglesia, celebrar allá un concilio y determinar que vengan a ella a consagrarse todos los nuevos obispos y a coronarse todos los reyes de España, y que cada casa española de hombre libre pague un censo a la Iglesia Apostólica. Y sólo por un interés especial respecto a Galicia se explica que el triunfo de Carlomagno en España se enfatice haciéndole llegar hasta el finis terrae de El Padrón, e hincar allí su lanza en las aguas del Océano (Lib. IV, c. 2), así como que el epílogo de la historia imperial consista en contar (Lib. IV, c. 25) “lo que acaeció en Galicia tras la muerte de Carlomagno” (lat.) en un capítulo (atribuido al papa Calixto) en el cual se refiere la devastación de la cristiandad española por Altumaior (‘Almanzor’), la profanación del altar de Santiago y la disentería con que el Apóstol castigó esa profanación, hecho ante el cual Calixto remata el libro de Turpín sentenciando:

“Y no hubo en mucho tiempo quien se atreviese a invadir la patria de Santiago. Sepan, pues, que se condenarán eternamente quienes en adelante inquieten su tierra” (lat.).

      A la vista de estos pasajes, resulta inútil tratar de buscar un origen extra-pseudo-calixtino para la crónica del Pseudo-Turpín. La “Crónica de Carlomagno” (Lib. IV) y la “Guía del Peregrino” (Lib. V) responden a una misma concepción; la cruzada de España y la peregrinación a Santiago son las dos caras de una misma empresa: en ambos libros la concepción de Carlomagno y sus guerreros como mártires de la cruzada aparece plenamente desarrollada y en uno y otro esa cruzada está premiada por el caballero de Cristo Santiago apóstol. Esta vinculación de la actividad guerrera, histórica y legendaria a la vez, del gran emperador Carlos al Apóstol, a su sepulcro, a su iglesia y a su camino, es la gran invención del Pseudo-Calixto.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)


NOTAS

14 Once con la crónica turpiniana tipo “Libellus”, dos con la crónica turpiniana tipo “Libellus en forma abreviada”.

15 En la crónica turpiniana tipo “Libellus” (versión D de Meredith-Jones, 1936), y tipo “Libellus de forma abreviada” (versión A de Meredith-Jones, 1936), así como en “la última redacción del Falso Turpino” (versión A de Meredith-Jones, 1936) sólo se omite el capítulo 26 con el llamamiento a la cruzada (“De itinere Yspanie omnibus ubique propalanda”), Hämel, 1953, pág. 73; Meredith-Jones, 1936, págs. 240-248.

16 Las primeras palabras del cap. 1º dicen: “El gloriosísimo apóstol de Cristo, Santiago, mientras los otros apóstoles y discípulos del Señor fueron a diversas regiones del mundo, predicó el primero, según se dice, en Galicia...” (lat.).

ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
*
55 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY
* 56 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.
* 57 4. EL IACOBUS ES OBRA PERSONALÍSIMA DE SU AUTOR, AIMERI PICAUD
* 58 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

 

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

58.- 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

58.- 1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

1. DISQUISICIÓN 2ª: UNIDAD DEL LIBER BEATI IACOBI

      La factura unitaria de los cinco libros del Codex Calixtinus en su estado original 1 no ha sido razón bastante para impedir que la crítica, incluso en época reciente, haya cuestionado la unidad de la obra. En consecuencia, aunque ya Bédier (1912-1913, págs. 68-111) reunió razones suficientes para afirmar la interrelación de los varios libros de que consta el Iacobus, me ha parecido necesario volver aquí sobre la cuestión, remozando las antiguas consideraciones.

1. LOS PRETENDIDOS ORÍGENES CALIXTINOS DEL IACOBUS.

      1.1. Ante todo, es obvio que los cinco libros, tal como nos son conocidos, dicen ser obra de Calixto II 2. Aparte de la epístola introductoria, en que el papa explica cómo, desde su juventud, fue compilando y escribiendo el Iacobus, el Libro I, dedicado a la liturgia del Apóstol, incluye múltiples piezas del más variado carácter atribuidas expresamente a él, entre las que destacan los extensos sermones (fols. 6v-18, 19v-24v, 24v-31, 31v-44v, 57-64, 74-93v y 95-98 del Codex Calixtinus). En uno de ellos, el Papa, en su papel de narrador, dice haber sido testigo de un litigio entre francos y gascones que cierta noche disputaban por ocupar la silla junto al sepulcro de Saint Gilles en la iglesia del santo próxima a Arles 3. El Libro II, sobre los milagros del Apóstol, va precedido de una introducción también atribuida a Calixto II y una mayoría de los milagros se dicen narrados por él mismo; en cuanto al milagro último (c. 22), se expresa que el relato se lo oyó el propio Papa narrador al beneficiario:

“...cuando venía de nuevo al santuario de Santiago... le encontré yo mismo, por cierto, entre Estella y Logroño y me contó todas estas cosas” (lat.) 4.

      También prologa Calixto II el Libro III, sobre la “Translación” y en él es quien explica el porqué de las tres solemnidades dedicadas a Santiago. Aunque el texto del Libro IV se atribuya al arzobispo Turpín, es el papa Calixto II el encargado de dar noticia del hallazgo del cuerpo del arzobispo en su antigua diócesis de Vienne (“invención” que sirve, indirectamente, para aclarar la aparición de la “Crónica” a él atribuida), y también quien hace historia de lo ocurrido en España después de la muerte de Carlomagno y quien convoca a la cruzada de España, supuestamente el 25 de marzo de 1123 con ocasión del primer concilio de Letrán. En fin, en el Libro V, es responsable del “argumento”, del cálculo de jornadas de peregrinación a Santiago y de una parte de la descripción de la ciudad y basílica de Santiago (que se considera haber actualizado después el canciller Aimeri de la Châtre), y hemos de aceptar que es el papa Calixto quien anatematiza a los bateleros de Saint-Jean-de-Sorde 5, a los portazgueros de Ostabat y Saint-Jean y Saint-Michel-de-Pié-de Port, a Arnaud de la Guigne, a Raymond de Soule, a Vivian d’Aigramont, al vizconde de Saint Michel, con toda su descendencia, al rey de Aragón y a cuantos prelados traten de perdonarles las injustas exigencias tributarias que hacen a los peregrinos. También ha de entenderse, puesto que el narrador se pone a sí mismo como testigo, que es el Papa quien vio escapar de casa del zapatero Pierrot en Arles a cierto individuo cuando la casa “se vino abajo completamente derruida de puro vieja” (lat.) 6, quien en una escuela griega de Constantinopla halló el relato del martirio de San Eutropio y lo tradujo al latín7, quien vio degollar a dos de los caballos que llevaba a los dos navarros sentados a orillas del río Salado junto a Lorca, en Navarra 8 y quien midió a palmos el altar mayor de Santiago 9. Para corroborar esta falsificación, sostenida a lo largo de toda la obra, se añadió al final de ella una bula, también falsificada, de Inocencio II y se incorporaron las firmas, igualmente falsificadas, de los cardenales existentes en 1140 10. Que la figura central de este fraude es la de Aimeri Picaud resulta patente si se tiene en cuenta que la bula de Inocencio II, con que se pretende autentificar el carácter calixtino de todo el Liber beati Iacobi, es, a la vez, una carta de recomendación para el presbítero poitevino y para su compañera Gerberga.

      1.2. Acerca de estos pretendidos orígenes calixtinos de la obra interesa destacar que toda la tradición manuscrita del Liber beati Iacobi11 los hereda: se hacen presentes en la estructura extensa de los manuscritos del Liber y en la estructura reducida del Libellus 12, figuran igualmente en los manuscritos en que la Historia Karoli Magni et Rotholandi se copia independientemente del Iacobus y en el códice de Alcobaça 334/CCCII, que incorpora en una misma obra una selección de las piezas jacobeas a un “formidable conjunto textual de Tours relativo al culto y milagros de san Martín” (Díaz, 1988, p. 139)13.
     
Si nos limitamos a los componentes más típicos de la falsificación del Pseudo-Calixto podemos observar que la carta-prólogo de Calixto en que el papa dedica anacrónicamente su obra, no sólo a Cluny y al arzobispo de Compostela Diego, sino a Guillelmus patriarca hierosolimitano, lejos de ser privativa del Codex Calixtinus y de la copia sacada en 1173 por Arnaud del Monte para el monasterio de Ripoll, figura, con mínimas variantes, incluso en los manuscritos que heredan un Liber carente de la adición de c. 1164 (Add. 12213 del British Museum, Arch. S. Pietro C. 128 de la B. Vaticana, 1040 de la B. M. de Tours y Alcobaça 334/CCCII de la B. N. de Lisboa) y, de forma abreviada, se incluye también en el Libellus (Hämel, 1953, registra su presencia en 25 manuscritos); en cuanto a la carta de Inocencio II (refrendada por los cardenales de 1140), en la cual este papa reafirma el carácter calixtino del códice de que son portadores Aimeri Picaud y Gerberga y recomienda al poitevino y a su sotia, no sólo se da en los manuscritos del Liber que acabamos de nombrar y en algunos más, sino también en el Libellus (Hämel, 1953, inventaría 13 manuscritos que la incluyen14); y, por su parte, los manuscritos que desglosan el relato de Turpín de los restantes “libros” del Liber o del Libellus incluyen, al igual que los otros manuscritos más completos, el capítulo calixtino destinado a explicar el hallazgo del cuerpo de Turpín en los alrededores de Vienne y a asegurar que Carlos y Turpín, son tan mártires como Roldán, Oliveros y los demás caídos en Roncesvalles, pese a no haber muerto combatiendo 15.

      1.3. Aparte de esta sostenida (aunque insostenible) atribución de la obra a Calixto II, los cinco libros se vinculan entre sí a través de muy distintos detalles, según luego (§ 3) veremos.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

 

NOTAS

 

1 Véase la n. 4 de la Disq. 1ª. Tras los estudios de Hämel (1950), Herbers (1984) y Díaz (1988), parece probado que en los 27 cuadernos originales se produjo la “sustitución de numerosos bifolios e incluso [de] un cuaderno completo” del primigenio Codex Calixtinus (Díaz, 1988, págs. 261-266 y 320) y la reescritura, por una mano (k) aún del s. XII, de esos folios substituidos, así como la inserción (mano h) de medio folio (f. 128) en el cuaderno 16 (Díaz, 1988, págs. 292-296). Se trata de los fols. 155-160 (tres bifolios del cuad. 20), 168-169 (dos hojas, seccionando los bifolios correspondientes del cuad. 21), 170/177 y 171/176 (dos bifolios del cuad. 21), 178-185 (todo el cuad. 23), 196/203 y 204/211 (los bifolios exteriores de los cuads. 24 y 25). Pero este arreglo temprano del códice no se ha podido poner en relación con divergencias en la tradición manuscrita de la obra; es más, aunque es posible que en 1172 el original que alcanzó a conocer Arnaldus de Monte (Disq. 3ª, § 2) tuviera el texto primigenio aún no enmendado (Hämel, 1950, pág. 14), las diferencias textuales entre la nueva y la vieja forma son nimias: en cuanto al texto, todas las versiones conservadas del Liber beati Iacobi “contienen los mismos episodios con los mismos detalles” (Díaz, 1988, pág. 264, n. 61). Con posterioridad a esta manipulación, se habrían producido otras dos: la substitución del bifolio central, 181/182, del cuaderno 23, ya anteriormente substituido (mano 3ª), y la adición de un bifolio suelto 186/187 para rematar un texto que había quedado inconcluso en el fol. 185 final del cuaderno substituido por la mano k (mano 4). En el primer caso, el texto copiado por Arnaldus de Monte basado en el estado primigenio del Codex Calixtinus sólo difiere en minucias; en el segundo caso, en cambio, la copia de Ripoll quizá daría pie para sugerir que la descripción de las pinturas murales de Aquisgrán, en que se figuraban las Artes liberales, pudiera no ser parte del primigenio Codex Calixtinus (Díaz, 1988, págs. 265-266). Sería, pues, esta inserción el único cambio esencial en el texto del Liber beati Iacobi que el estudio codicológico, puesto en relación con la tradición manuscrita, permitiría suponer (pero no asegurar, vistos los usos lingüísticos de que trataremos en el § 2).

2 El hecho de que, al realizar la iluminación del manuscrito, se procurara enfatizar de una forma visual esta unidad de origen de las distintas partes de la obra (Díaz, 1988, págs. 239-245), lejos de disminuir la importancia de la atribución a Calixto II, muestra lo esencial que era ese fraude para los designios del Pseudo-Calixto y la conexión entre la redacción de la obra y la preparación del “modelo” o plantilla que presidió la escritura del accione pulcherrimus (‘hermosísimo en la ejecución’) Codex Calixtinus (véase Disq. 1ª, n. 4). La importancia concedida a la decoración hacía natural y hasta imprescindible el diseño previo de ese “modelo”; por lo tanto, la preexistencia de un “modelo” no es dato que favorezca la existencia de formas diversas del Liber beati Iacobi anteriores a la confección del códice presentado por Aimeri y Gerberga a la catedral de Santiago.

3 “En la venerable iglesia del piadosísimo confesor san Gil vi en una ocasión en cierta noche unos que...”; “fue... tal la refriega con los puños y piedras, que uno de ellos, con una herida grave, cayó al suelo y se murió; otro, herido en la cabeza, huyó hasta Castelneu, en la vía de Périguex, y murió allí” (lat., Lib. I, ed. Whitehill, pág. 158).

4 Véase atrás, Disq. 1ª, n. 43. Aunque la primera visita del peregrino a la basílica del Apóstol fue en el año 1100, hemos de suponer el transcurso de muchos años para que el comerciante barcelonés que encontró el autor peregrinando de nuevo hacia Compostela hubiese sido vendido y comprado trece veces en Corociana, en la ciudad de Iazera en Yslauonia, en Blasia, en Turcoplia, en Perside, en India, en Ethiopia, en Alexandria, en Affrica, en Barbaria, en Beserto, en Bugia y en la ciudad de Almaria, desde que cayó cautivo navegando hacia Sicilia.

5 El Pseudo-Calixto de la “Guía del peregrino” advierte a los que vienen por la Vía aquitana cómo en los dos ríos no vadeables que rodean Saint-Jean-de-Sorde “te convendrá llevar tu caballo arrastrando por la rienda detrás de ti y fuera de la barca” (lat.) y entrar en ella con pocos, pues los bateleros, en vez de cobrar un dinero por el paso del caballo, cobran cuatro y procuran cargar al máximo sus pequeñas barcas, ya que, si vuelcan y los peregrinos se ahogan, se quedan con los despojos.

6 “Por mí mismo he comprobado lo que digo. Vi cierta vez en su misma ciudad [esto es, Arlés] a uno que...” (lat., Lib. V, c. 8, ed. Whitehill, pág. 361).

7 “En otro tiempo encontré este martirio en una escuela griega de Constantinopla, en cierto códice de los martirios de muchos santos mártires, y... lo vertí como pude del griego al latín. Empezaba así...” (lat., Lib. V, c. 8, ed. Whitehill, págs. 370-375).

8 Véase Disq. 1ª, n. 36.

9 Véase Disq. 1ª, n. 44.

10 Aunque la falsificación se hizo conociendo el nombre de los cardenales que formaban en 1140-1141 la curia romana, el falsario desconocía completamente los usos de la cancillería papal (David, 1945-1949: I, pág. 24).

11 Los textos de la crónica del Pseudo-Turpín que en 1953 había manejado Hämel en sus estudios pertenecían a 110 manuscritos y 29 fragmentos, de cuya composición dio sumaria cuenta. De ellos, 11 se identifican plenamente con el Liber beati Iacobi, 3 van acompañados de la Crónica de Lucas Tudensis, 6 de la Gesta Karoli Magni ad Carcassonam et Narbonam, 12 de la Vita Karoli Magni de Aquisgrán (compilación de c. 1165 destinada a la canonización de Carlomagno promovida por el emperador Federico I Barbarroja) y otros 10 de otros textos. Al Libellus completo (o casi completo) pertenecen otros 10 textos y otros 19 a versiones en que los varios componentes del Libellus han sido parcialmente reducidos en número; otros 8 textos con componentes del Libellus ofrecen un texto del Pseudo-Turpín “en forma abreviada”, y aún hay otro manuscrito que contiene “la última redacción del Falso Turpino con partes del Libellus”. Frente a estos 38 textos del Libellus, en que la Crónica de Carlomagno sigue estando asociada al conjunto jacobeo, hay 5 textos con la crónica turpiniana tipo “Libellus” autónoma y otros 11 en que se ha incorporado a las Genealogías de los reyes de Francia e Inglaterra o de los Condes de Flandes, y, a su vez, 10 textos con la crónica turpiniana tipo “Libellus en forma abreviada” autónoma, y, finalmente, otros 4 textos con “la última redacción del Falso Turpino” autónoma.

12 Sobre la presencia de las diversas piezas calixtinas en los principales manuscritos del Liber pueden verse las págs. 327-333 de Díaz, 1988 (y la identificación de la mismas en la descripción de las págs. 103-118). El Libellus ha sido definido por Hämel (1953, págs. 73-74) como “una refundición que no contiene los sermones del Libro primero, sino el Prólogo en forma abreviada, el Libro segundo, tercero y cuarto y uno o dos capítulos del quinto”. De sus componentes habituales (Hämel, 1953, págs. 73-74) nos interesa destacar aquí a) “El Prólogo en forma abreviada”, b) “El Libro de los Milagros... con aditamento de... algunos milagros tomados de un sermón del Libro primero del Codex Calixtinus”; f) el cap. 8º del Libro quinto “De corporibus sanctorum”; h) el himno “Ad honorem regis summi”; i) la “Epístola del Papa Innocencio II”. Hämel (1953, págs. 74-81) describe la composición de 38 manuscritos que contienen el Libellus de forma más o menos completa.

13 La presencia y disposición de las piezas jacobeas del ms. Alcobaza 334/CCCII (Bibl. Nacional de Lisboa) es analizada en el cuadro que Díaz, 1988, incluye en págs. 327-333 (para la identificación de cada una de ellas cfr. las págs. 103-118 de la misma obra).

14 Once con la crónica turpiniana tipo “Libellus”, dos con la crónica turpiniana tipo “Libellus en forma abreviada”.

15 En la crónica turpiniana tipo “Libellus” (versión D de Meredith- Jones, 1936), y tipo “Libellus de forma abreviada” (versión A de Meredith-Jones, 1936), así como en “la última redacción del Falso Turpino” (versión A de Meredith-Jones, 1936) sólo se omite el capítulo 26 con el llamamiento a la cruzada (“De itinere Yspanie omnibus ubique propalanda”), Hämel, 1953, pág. 73; Meredith-Jones, 1936, págs. 240-248.

 

ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
*
55 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY
* 56 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.

 

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La Garduña ilustrada

57.- 4. EL IACOBUS ES OBRA PERSONALÍSIMA DE SU AUTOR, AIMERI PICAUD



4. EL IACOBUS ES OBRA PERSONALÍSIMA DE SU AUTOR, AIMERI PICAUD

      4.1. La vinculación del autor “galo” del Liber beati Iacobi a la Iglesia Apostólica de Santiago de Compostela, que según hemos venido viendo es necesario admitir, no exige, en modo alguno, minimizar la intervención, en su composición y redacción de la obra, del presbítero poitevino Aimeri Picaud, como parece creer Díaz, quien intenta reforzar su defensa del “compostelanismo” del Liber beati Iacobi (1988, págs. 88-91, 309-314), acudiendo a las “conclusiones” de los críticos propensos a desmantelar obras literarias en beneficio de la reconstrucción de estados previos hipotéticos de las mismas 64. Es obvio que en el Liber beati Iacobi pueden detectarse componentes que vienen de tiempo atrás 65. Este hecho nada tiene de sorprendente, ya que no hay obra de la literatura medieval que no se apoye, siempre que a su redactor le es posible, en textos recibidos del pasado; además, la antigüedad del culto jacobeo surgido a partir de la invención del sepulcro del Apóstol exige considerar como hecho seguro que las tradiciones orales sobre la translación del cuerpo hasta Galicia y las tocantes a los milagros se habían fijado desde hacía tiempo en forma escrita para su mejor difusión entre los peregrinos. Pero la exploración de las “fuentes” del Codex Calixtinus y el estudio de las contradicciones internas de la obra, heredadas de ese recurso a textos previos, no debe llevarnos a olvidar las interrelaciones entre los varios libros del Iacobus 66, ni a considerar que la obra en conjunto carece del sello de un autor, pues sería caer en el error de no ver el bosque a fuerza de fijarnos en los árboles. Las tendencias críticas que sólo perciben en el Liber beati Iacobi (o en cualquier otra obra medieval) un aglomerado de materiales varios carente de trazado arquitectónico y de significado global me parecen, en general, fruto de una visión anacrónica de lo que en la Edad Media solía ser elaborar un “libro”.
      El Liber beati Iacobi llevado a Compostela por Aimeri Picaud no es, desde luego, el “decimosegundo” estadio entre los dieciocho por los que desde que lo escribiera Calixto II habría ido pasando el Liber antes de alcanzar la única forma documentada (De Mandach, 1961) 67, ni el informe resultado fortuito de la acumulación progresiva y nada rectilínea de diversas tradiciones jacobeas al que, en un momento dado, se le hizo un superficial peinado para causar la impresión de que se trataba de una obra unitaria (según pretende David, 1945-49, I-IV) 68, ni “una proeza literaria” que “haya conseguido burlar y despistar incluso a la erudición moderna” presentando como obra “con objetivos franceses e incluso con mentalidad francesa” lo que en realidad era una compilación compostelana elaborada a lo largo del tiempo por diferentes colaboradores (Díaz, 1988, págs. 310-311)69, y, menos aún, el resultado del “descubrimiento” (encomendado a un monje de Ripoll elegido intencionalmente por ser tonto), de unos escritos que se hallaban en manos del maestrescuela de Santiago de Compostela y que hasta entonces sólo habían tenido funciones escolares (enseñanza de la música, de la geografía y del latín por medio del latín), pero que a partir de ese “hallazgo”, maliciosamente preparado, “comenzaron a ser entendidos como literatura y aun como historia” (según la “novela gótica” surgida de la mente de Hohler, 1972 70). Frente a la obsesión del despiece de la obra, heredado de la filología decimonónica pre-bederiana, y contra el discurso “crítico” posmoderno, en que lo que prima es el atrevimiento, la novedad y el ingenio de las afirmaciones sin fundamento (“el discurso por el discurso”), creo preciso insistir en que la labor del llamado “editor” (o “editores”) responsable de la “puesta a punto” del Liber beati Iacobi antes de la producción material del arquetipo o Codex Calixtinus, no debe minusvalorase, calificándola de simple “nivelación”, “homogeneización” o “barnizado”71, pues la “mano” del Pseudo-Calixto, esto es, de Aimeri Picaud, no sólo es responsable de la redacción del texto, sino de la modelación de toda la obra.
     A la pregunta retórica de Díaz (1988, pág. 86) “¿qué nos queda de Aimerico Picaud?” (tras el desmenuzador estudio de los cinco libros del Codex Calixtinus realizado por la crítica en los años 40 a 70) es preciso que contestemos sin vacilar: El Iacobus, obra singularísima de su ingenio, que me parece parangonable, tanto por su atrevida construcción a partir de materiales muy diversos y dispersos, como por su impacto en la cultura de la Edad Media, a la extraordinaria Historia Regué Britanniae de Geoffrey of Monmouth72; y, además de esa creación intelectual o “texto”, la realización del “modelo” que fue transcrito (sea por una, sea por varias manos) en el Codex Calixtinus, códice que constituye el original de “biblioteca” y el arquetipo de toda la tradición manuscrita del Liber beati Iacobi dispersa por las bibliotecas del mundo.
      Sin Aimeri Picaud no habría ni un Pseudo-Calixto, ni un Pseudo-Turpin; ni una minuciosa descripción de la vía aquitana (de sus santuarios, reliquias y peligros), ni tampoco del paso por el puerto de Cízara; ni una elogiosa caracterización de los poitevinos, ni un recuerdo de los malditos barqueros de Saint-Jean-de Sorde y portazgueros de Ostabat y Saint Jean y Saint-Michel-Pied-de Porte; ni un cuadro de las costumbres de los impíos navarros, ni un esbozo de vocabulario vasco; ni una enumeración de los ríos pestíferos de Navarra y la Rioja, ni una descripción de la espeluznante escena de los desuella-caballos del río Salado; ni advertencias sobre los hipócritas que salen al camino a confesar a los peregrinos que van a Vézelay, Santiago, Saint-Gilles, Roma y Jesusalén, ni sobre los engaños de las putas y posaderos gallegos que se hacen encontradizos en Puertomarín, Palas de Rey, Barbadelo o Triacastela; ni un extenso relato del martirio de San Eutropio, ni la invectiva contra los monjes de Corbigny; ni la visión de la Via Láctea como trazado celeste que el Apóstol presenta a Carlomagno exigiéndole la liberación de su camino y su tierra, ni la del diablo negro rezagado informante de la salvación de Carlomagno gracias a un “gallego descabezado”; ni una adaptación de los centones de Fortunatus Pictaviensis al culto de Santiago, ni una escena de la piadosa muerte de Rotholandus en Roncesvalles construida sobre esos mismos centones; ni una justificación de la santidad de Roland y sus compañeros y de Carlomagno y Turpín, ni una descripción de los cementerios “épicos” de Blaye y de Aliscamps; ni las discusiones teológicas de Roland con Ferragut, ni la lección de Agiolando al Emperador sobre la debida igualdad entre los comensales pobres acogidos por caridad y los ricos y poderosos miembros de la Iglesia de Cristo; ni un llamamiento a la cruzada de España, ni una profecía sobre la caída de la llave de manos del ídolo de Cádiz y la expulsión de los sarracenos de España; ni el milagro ocurrido a Bruno de Vézelay en 1139, ni el del que castigó a Dalmacio de Chavannes por maltratar a su colono Raimberto en 1135; ni la versión “calixtina” de la translación del cuerpo de Santiago, ni los extensos sermones de Calixto que constituyen las más sustanciosas lecturas que “deben” realizarse en la iglesia del Apóstol; ni la carta-prólogo dirigida a Diego Gelmírez y al Patriarca Guillaume de Jesusalen, ni la bula de Inocencio II y ni siquiera las firmas de los cardenales de c. 1140.
      En fin, por otra parte, no existiría tampoco el códice pulquérrimo que con tanta devoción se dedicaría a extractar para Ripio Arnaldus de Monte en 1173 y que hoy podemos aún admirar en la Catedral de Santiago. Volviendo el guante de la pregunta retórica a que arriba aludíamos podríamos decir: ¿Qué queda del Liber beati Iacobi si sustraemos de él todo aquello que indudablemente se debe a Aimeri Picaud?

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

 


NOTAS

64 Díaz (1988), que, en el “estudio codicológico” muestra indudable maestría, se siente más inseguro y adopta un caótico eclecticismo cuando examina los problemas de la tradición manuscrita y las conclusiones a las cuales puede conducir la crítica textual. En todo lo referente al “contenido” del Liber beati Iacobi se deja llevar por criterios de autoridad, sin llegar a elaborar un juicio coherente propio, y da una imagen confusa de las principales preguntas que hay que hacerse y que es preciso contestar.

65 Es evidente que la mayoría de los milagros del Libro II formaban ya parte de las tradiciones jacobeas de principios del s. XII. Otro caso claro lo constituyen la passio modica (tomada de la Historia eclesiastica de Eusebio de Cesarea en la versión de Rufino), la magna passio (basada en el Pseudo-Abdías completado con los Hechos de los Apóstoles) y la falsa epístola del papa León (Lib. III, c. 2), en que se informa a la cristiandad del hallazgo del sepulcro del Apóstol, la cual nos es conocida en varias redacciones (la más antigua en letra visigótica de finales del siglo IX o principios del s. X). Como ha sido observado (especialmente por David, 1952), en la versión incluida en el Iacobus de la Epistola Leonis episcopi, de acuerdo con las otras redacciones conocidas de este texto, y en el Libro I no se afirma que Santiago predicara en vida por España; en cambio, en la versión de la translación que precede a la Epistola Leonis (Lib. III, c. 1, pág. 291 de la ed. Whitehill), en el Prólogo “calixtino” a ese Libro III (ed. cit., págs. 289-290) y en la exposición de Turpín sobre las tres sedes apostólicas (Lib. IV, c. 19, pág. 457 ed. cit.) se acoge ya la tradición de la predicación. En los textos del Libro III que la acogen se incluye, de forma sumaria, la leyenda de los “siete discípulos”, leyenda que influye asimismo en la nómina de las conquistas de Carlomagno (Lib. IV, c. 3), ya que entre ellas se nombra a Abula (‘Abla’) y Accintina (‘Guadix’), con el inciso “en donde yace san Torcuato, confesor de Cristo y discípulo de Santiago, en cuyo sepulcro un olivo que florece milagrosamente se adorna con frutos maduros todos los años en el día de su fiesta, esto es, en los idus de mayo” (lat.), milagro que se cuenta también en el Prólogo “calixtino” a la translación: “Torcuato de Acci, Tisefon de Vergi, Segundo de Abla, Indalecio de Urci, Cecilio de Iliberis, Hesiquio de Carcesa, Eufrasio de Iliturgis murieron precisamente en los idus de mayo. Perdura hasta hoy un extraordinario milagro en testimonio de su preciosa muerte. Pues, según se dice, en la vigilia de su ya citada solemnidad en la ciudad Accintina, junto al sepulcro de san Torcuato detrás de la iglesia, todos los años un olivo, que milagrosamente florece, se adorna con frutos maduros, de los que al punto se saca el aceite con que se encienden las lámparas ante el venerable altar”. El origen visigótico-mozárabe del relato referente a los siete varones apostólicos (que de ser enviados por san Pedro y san Pablo desde Roma pasaron, luego, a convertirse, en discípulos de Santiago, según se deduce, leyendo la documentación reunida por Flórez, 1749, págs. 1-65) es hipótesis segura en vista de la acogida que los geógrafos-historiadores árabes que describen al-Andalus dispensaron al milagro del olivo. En al-Rawḍ  al-miᶜṭār de al-Ḥimyarī  (s. v. Lawraqa ‘Lorca’) se narra, siguiendo evidentemente a al-Bakrī, lo siguiente: “Una de las mayores curiosidades que hay es el olivo que se encuentra en las proximidades de la fortaleza de Sarnīt., uno de los castillos de Lorca situado al N. E. de la villa. Este olivo se halla en un convento en la montaña. En la hora correspondiente a la oración de la tarde (ṣalat al-aṣr) de la víspera de la primera noche del mes de mayo el olivo florece; aún no ha caído la noche y ya se han formado los frutos, y antes de la mañana del día siguiente las aceitunas se han ennegrecido y han madurado. Este fenómeno es allí sabido por toda clase de personas que han ido a comprobarlo por sí mismas. Ibrāhīm b. Yaḥyā al-Ṭurṭūšī cuenta que el rey de los Rūm le dijo en el año 305 (917-918): Tengo la intención de enviar al señor de al-Andalus un conde con presentes de mi parte. Entre las peticiones más importantes que le dirigiré se halla la siguiente: el suelo de la noble iglesia del monasterio en que se encuentra el olivo bendito, que florece y fructifica la víspera de la Pascua y produce frutos maduros al día siguiente, contiene la tumba de un mártir que goza ante Dios, poderoso y grande, de una consideración notable; querría pedir al príncipe musulmán que trate con benevolencia a los clérigos de esa iglesia y que les sugiera, a fuerza de obsequios, que me entreguen los huesos de ese mártir. Si yo llegara a obtenerlos, sería para mí una satisfacción mayor que cualquier bien terrenal”. Ibrāhīm b. Yacqūb (y no Yaḥyā) al-Isrā’ilī al-Ṭurṭūšī fue un judío español de comienzos del s. X cuya información tiene gran importancia en la obra de al-Bakrī. Fue el informante directo de Ahmad b. ᶜUmar al-ᶜUḏrī, natural de Dalías (Almería), 1003-1085, de quien hemos de creer que tomó la historia su discípulo al-Bakrī, puesto que de al-ᶜUḏrī pasó igualmente al geógrafo oriental al-Qazwīnī (Cosm. I, p. 193 y II, p. 366). El milagro se cuenta también en al-Maqqarī (Anal. I, p. 125), tomado de Ibn Saᶜīd (Véase, para todo lo anterior, Lévi-Provençal, 1938, “Introduction” y pág. 206, nn. 4 y 5).

66 El propio Díaz, aunque con excesiva timidez, objeta con razón (1988, pág. 89, n. 213): “... David, a fuerza de insistir en la multiplicidad de compiladores y retocadores del Liber, perdió un poco de vista su profunda unidad interna en perspectiva compostelana”.

67 La fe, de que hace ostentación De Mandach, en la potencia reconstructiva de la filología es digna de asombro, más que de admiración: cree posible ascender en el tiempo desde la forma del Liber beati Iacobi conservada hasta los días y persona de Guido de Borgoña (luego Arzobispo de Vienne y por fin papa Calixto II) por medio de la reconstrucción de catorce escalones intermedios hipotéticos, esto es catorce formas previas no documentables de la obra que trata de describir.

68 La crítica textual confirma, sin lugar a dudas, las conclusiones que en 1948-49 enunció Louis de forma terminante (traduzco del francés): “A decir verdad, ninguno de los manuscritos del Liber sancti Iacobi, sean completos, sean fragmentarios, es tan antiguo como el Codex Calixtinus. En ninguna biblioteca de la cristiandad, ni en los fondos romanos ni en los fondos cluniacenses, se ha encontrado nunca una copia del Iacobus que pueda ser tenida por anterior al manuscrito de Compostela. Se conocen al menos 139 manuscritos del pseudo-Turpín: ninguno que no sea más reciente que el Calixtinus. Cuanto más se precisan los estudios de crítica textual..., más claro aparece que el Calixtinus es la fuente de donde derivan todas las demás copias, integrales o parciales. Dicho con otras palabras: el manuscrito de Compostela, si es que no es el original del autor, es a lo menos el primer ejemplar de biblioteca que él mandó ejecutar, a sus expensas, y es el arquetipo de donde deriva toda la tradición manuscrita” (pág. 94). Por ello, los críticos que intentan discutir la unidad esencial de la obras sólo pueden basarse en el examen de las fuentes y en la reconstrucción de estados hipotéticos (y, por lo tanto, a la vez indemostrables e indiscutibles). David, por ejemplo, propone la preexistencia de un Liber con solo los libros actuales I y II y desprovisto de los elementos “anómalos” que habría introducido a última hora el nivelador o corrector; de esa forma trata de salvar la credibilidad del edificio levantado por el compilador de la nueva liturgia “calixtina”; el III sería una adición, que habría venido a destruir, a pesar de su brevedad, la construcción intelectual del autor de los libros I-II en su forma primigenia; el libro IV y el V serían de una misma mano, aunque no de un mismo origen. En fin, “al término de su evolución, después de haber pasado por estados anteriores cuya existencia no es dudosa pero que no podemos ni restituir ni aun describir con precisión, el Pseudo-Turpín se juntó a los tres primeros libros del Liber sancti Iacobi; tomó en ese momento su forma definitiva, única que se ha conservado” (fr., David, 1945-1949: IV, págs. 97-104 y 182). Vázquez de Parga (1948, pág. 507), aunque no crea necesario pensar, con Bédier, que la crónica del Pseudo-Turpín sólo pueda explicarse como un capítulo del Liber sancti Iacobi y que “pudo existir independientemente de él en una redacción primitiva... y ser aprovechada después, dándole un más fuerte carácter jacobita, en la compilación de Aymeric Picaud”, cree preciso subrayar que “lo que no puede admitirse en modo alguno es que esta forma primitiva esté representada por ninguno de los textos actualmente conservados”.

69 Desde que Dozy (1881, II, págs. 372-431) adujo las razones por las que habría que considerar francés al Pseudo-Turpín y Bédier mostró su identidad con el Pseudo-Calixto (1912-1913, III, págs. 68-97) se ha tenido por probada la naturaleza del autor del Liber beati Iacobi (dejando aparte las expresas declaraciones en los caps. 7 y 9 de la “Guía del peregrino” de su pertenencia a la “gens Gallica” que hemos citado en la n. 35). El intento de desmentir ese dato mediante la suposición de que unos autores hispanos intentaron ocultar al lector el origen compostelano de la obra simulando la autoría francesa me parecen más propios de una ficción a lo Umberto Eco que de las preocupaciones que pudo tener un clérigo medieval decidido a propagar unos puntos de vista que favorecieran las aspiraciones e intereses de la Iglesia Apostólica de Compostela.

70 A la que Díaz presta más atención y crédito de lo que merece (cfr. 1988, págs. 67-69).

71 Como, reproduciendo imágenes de David, expresa Díaz (1988, págs. 60, 62, 65).

72 Podríamos contestar a Díaz con las palabras del propio Díaz allí donde no se deja guiar por conclusiones ajenas (1988, págs. 61-62): “No puede dudarse de que era un autor de notable empuje, de grandes pretensiones y seguro de sí mismo el que emprendió, o aceptó llevar a cabo, la genial labor de ensamblar todas estas piezas, de trabarlas entre sí con notas, ampliaciones y textos explicativos o introductorios, y de unificarlas retocando aquí y allá su estilo, intercalando frases o cambiando a veces sus términos, con vistas a obtener una obra relativamente unitaria y coherente, a pesar de que a veces se le hayan escapado ciertos detalles que resultan preciosos para la crítica actual” (¿en qué se diferencia esta labor de la de cualquier gran autor medieval?; ¡la descripción valdría, en líneas generales, hasta para un Juan Ruiz y, no digamos, para un Geoffrey of Monmouth!).

 

ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS
*
55 2. TRAS EL PSEUDO CALIXTO II, AUTOR DEL IACOBUS, SE ESCONDE EL POITEVINO AIMERI PICAUD, ALIAS OLIVIER D’ASQUINS-SOUS-VÉZELAY
* 56 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.

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La Garduña ilustrada

56.- 3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA.

3. EL IACOBUS ES OBRA FRANCESA, PERO VINCULADA A LOS INTERESES DE LA IGLESIA APOSTÓLICA DE COMPOSTELA

      3.1. La aceptación por los “cardenales” de Santiago del Codex Calixtinus, que c. 1143/1143 entregaron el presbítero Aimeri Picaud y Gerberga a la Iglesia compostelana, y el prestigio adquirido en esa Iglesia por la falsa obra del papa Calixto (véase Disq. 3ª, § 2) nada tienen de extraño, si tenemos presente que el reconocimiento de la autenticidad del Iacobus reportaba grandes beneficios a la Iglesia apostólica de Compostela.
      En él se legitimaba, con la autoridad de dos papas y de toda la corte romana, la sorprendente historia de la translación del cuerpo de Santiago desde Tierra Santa a Galicia, finis terrae occidental bendecido por Dios con la presencia de tan santo cuerpo, y se reconocía al apóstol Santiago la primacía, dejado aparte Pedro, sobre los demás apóstoles. En él se afirmaba, con la autoridad de los herederos de San Pedro, que en el mundo sólo hay tres sedes apostólicas, Roma, Santiago y Efeso (en este orden de importancia) y que, por lo tanto, estaban justificadas las aspiraciones de la “segunda” sede apostólica a emular con (sin exceder a) la cátedra de San Pedro en boato y en ceremonial y a ejercer su primacía en Occidente (pese a la precelencia del arzobispado de Braga y a la reconocida existencia de un arzobispo primado en Toledo). En él se afirmaba que la derogación de la situación de servidumbre en toda España conllevaba el pago por todo hogar español de un censo a la Iglesia del Apóstol. Por si esto fuera poco, el Papa romano instituía al apóstol Santiago como garante de la santidad (comparable a la de los mártires de la fe) de aquellos cristianos que guerreasen contra los sarracenos como caballeros de Cristo y confirmaba la equiparación de la cruzada en España con la cruzada liberadora de la Tierra Santa, y asimismo la de la peregrinación a la tumba del Apóstol en Galicia con la peregrinación a los Santos Lugares; y, en fin, en él se proponían como modelo, para todo rey, dignatario de la iglesia o barón de la cristiandad, las vidas del emperador Carlos, del arzobispo Turpín y del ínclito Roldán y sus compañeros, cruzados y peregrinos en la Santa Tierra de Santiago, de cuya santidad y derecho a la palma del martirio se daba testimonio irrefutable.
       Es verdad que, por esos extraordinarios beneficios de propaganda que el Iacobus reportaba o podía reportar a los naturales de la Tierra del Apóstol, Aimeri Picaud les obligó a aceptar un pago bien alto y, en cierto modo, abusivo, pues habiendo concebido como destinatarios últimos de la obra, no a los hispanos, sino a un amplio y disperso auditorio pan-europeo, al cual podía embarcársele en la empresa de peregrinar a Santiago 35, se preocupó de advertir a esos peregrinos transpirenaicos contra la malicia de los nativos, y también se detuvo a subrayar un hecho para él evidente: la insalvable distancia cultural y moral entre los caballeros, clérigos y peregrinos “galos” y los bárbaros e inicuos indígenas hispanos. España, tierra bendita por la presencia en ella del cuerpo del Apóstol, era para el presbítero aquitano tierra de peregrinos y de cruzados y su historia la de una “marca” franca, comparable en todo a la Tierra Santa regida por los cruzados, en la cual el poitevino había vivido rodeado de compatriotas, al igual que, sin duda, vivió en Compostela.
      El escaso amor y el patente desprecio, o hasta odio, del Pseudo-Calixto hacia los naturales de la Península es, desde luego, manifiesto, aunque en sus apreciaciones respecto a los diversos pueblos hispanos introdujera una evidente gradación. La iniquidad de los navarros se subraya obsesivamente. Ya en el Libro I, fuera de contexto, al hablar de las múltiples naciones que acuden a venerar la tumba del Apóstol se identifica a los píos peregrinos navarros como Navarri impii (‘impíos navarros’), sin que ninguna otra de las gentes nombradas lleve calificativo alguno (Lib. I., c. 17). Este extemporáneo calificativo sólo tiene justificación como reacción apasionada a la espeluznante experiencia que, según cuenta en el Libro V, c. 6, tuvo el autor en el río Salado, junto a Lorca yendo de Puente la Reina a Estella 36 y como resultado de su convencimiento de que el navarro es “enemigo de nuestro pueblo galo en todo; por sólo un dinero mata un navarro o un vasco, si puede, a un francés” (lat., Lib. V, c. 7) 37, toda vez que objetivamente no tiene mas remedio que reconocer que los navarros de su tiempo (como los de hoy) eran amantes de la Iglesia: “se les considera... asiduos en las ofrendas a los altares” (lat., Lib. V, c. 7). Al describir las diferentes gentes que el peregrino ha de encontrar en su camino a Santiago, los calificativos que dedica a los navarros apabullan al lector:

“Es un pueblo bárbaro, distinto de todos los demás en costumbres y en modo de ser, colmado de maldades, oscuro de color, de aspecto inicuo, depravado, perverso, pérfido, desleal y falso, lujurioso, borracho, ducho en toda suerte de violencias, feroz, silvestre, malvado y réprobo, impío y áspero, cruel y pendenciero, falto de cualquier virtud y diestro en todos los vicios e iniquidades” (lat., Lib. V, c. 7)38.

      Obviamente, el Pseudo-Calixto se siente más seguro después que ha atravesado los Montes de Oca; pero su juicio acerca de las nuevas gentes que halla en el camino tampoco es halagüeño, ya que, tras hacer el elogio de la riqueza y fertilidad de Castilla y Tierra de Campos, objeta:

“Sin embargo, carece de madera y está llena de hombres malos y viciosos” (lat., Lib. V, c. 7).

      Sólo respecto a los gallegos modera su descalificación; pero se resiste a abandonar el punto de vista crítico:

“Ciertamente, los gallegos concuerdan más con nosotros los galos que los restantes hispanos de costumbres toscas; pero son iracundos y muy litigantes” (lat., Lib. V, c. 7)

y su veneración a la tierra santificada por la presencia del cuerpo del Apóstol no impide que se mantenga distante de los naturales de ella, cuyas mañas para explotar a los peregrinos denuncia y explica detalladamente 39. A su juicio, si Galicia ha continuado siendo cristiana, ello se debe, no a la firmeza en la fe de sus habitantes, sino a la intervención de los reyes francos, defensores implacables del cristianismo frente al paganismo mahometano al que todos los hispanos con gran facilidad se inclinan 40.
      La hostilidad del autor galo del Liber beati Iacobi hacia los nativos de Hispania, la tierra del Apóstol, es la causa de la “ignorancia” 41 que manifiesta respecto a la participación en la defensa de la cristiandad española de los reyes de procedencia Peninsular 42, así como de la extraña predicción introducida al describir el “ídolo” de Cádiz:

“Tiene en su mano derecha una enorme llave. Y esta llave, como los mismos sarracenos dicen, caerá de sus manos el año en que nazca en la Galia el futuro rey que en los tiempos últimos subyugará a la ley cristiana toda la tierra española” (lat., Lib. IV, c. 4).

      3.2. Esta extremosa lejanía ideológica del Pseudo-Calixto respecto a los hispani no debe ser malinterpretada creyéndola fruto de una lejanía física. El Pseudo-Calixto, no sólo recorrió el camino de Santiago 43, sino que residió algún tiempo en Galicia con anterioridad a la redacción del Liber beati Iacobi: desde luego da muestras de conocer directamente Compostela y su catedral 44 y El Padrón 45; está al tanto de los engaños que utilizan los nativos para timar a los peregrinos 46; recuerda a personajes locales de la ciudad 47, y sabe variados detalles acerca de la organización del cabildo catedralicio 48 y pormenores sobre la historia de la conservación del camino de Santiago que nadie tendría interés en anotar desde una perspectiva lejana 49.
      La inmediata relación del Pseudo-Calixto con las aspiraciones (frustradas) de la Iglesia apostólica a extender su primacía y privilegios al conjunto del ámbito peninsular 50 resulta patente en la invención del “concilio de obispos y príncipes” (lat.), que, bajo la autoridad imperial y del arzobispo Turpín, se habría celebrado en Compostela tras la total liberación de España de la opresión sarracena, y en las disposiciones que Carlomagno en él toma:

“Determinó, por amor a Santiago, que todos los prelados, príncipes y reyes cristianos, tanto españoles como gallegos, presentes y futuros obedeciesen al obispo de Santiago... Entonces, en el mismo concilio, yo, Turpín, Arzobispo de Reims, a ruegos de Carlomagno, consagré fastuosamente con sesenta obispos la basílica y el altar de Santiago. Y el rey sometió a la misma iglesia toda la tierra española y gallega y se la dio en dote, mandando que cada poseedor de cualquier casa en toda España y Galicia diese cada año cuatro monedas obligatoriamente y quedase libre de toda servidumbre, por orden del rey. Y se determinó aquel día que, en adelante, la iglesia se denominase Sede Apostólica, porque allí descansa el apóstol Santiago, y en ella se celebran a menudo los concilios de los obispos de toda España, y que, en honor del apóstol del Señor, se otorgasen por manos del obispo de la misma ciudad los báculos episcopales y las coronas reales” (lat., Lib. IV, c. 19).

      Y la ambición inmoderada del arzobispo compostelano Diego Gelmírez, que dio lugar a que fuera duramente acusado en la curia romana durante el pontificado de Honorio II 51, se ve reflejada en la formulación por el Pseudo-Calixto en uno de sus sermones de la teoría de las tres columnas sobre las que se sustenta la Iglesia, Pedro, Santiago y su hermano Juan, distribuidas, por disposición divina, de tal forma que, si bien Pedro es la central 52, sobre “la columna firmísima de Santiago” (lat.) descansa España, el Occidente, y sobre la de Juan, Asia, el Oriente (Lib. I, c. 15); y, por tanto, así como esos tres apóstoles fueron aventajados por Cristo mismo sobre los demás, así las tres únicas sedes apostólicas, “la romana, la gallega y la de Efeso” (lat.), “deben aventajar por la excelencia de su dignidad a todas las sedes del mundo entero” (lat., Lib. IV, c. 19).
      Ante la evidencia de estos textos y conocidas las aspiraciones de la Iglesia compostelana en la primera mitad del s. XII, resulta manifiesto que el programa de exaltación del culto jacobeo, la promoción de la peregrinación a Santiago y la predicación de la cruzada de España no fueron concebidos “para servir a veinte iglesias, todas interesadas en la gloria de Compostela” (fr., Bédier, 1912-1913, pág. 89), sino, esencialmente, a esa Iglesia Apostólica Compostelana, y que, si el autor quiso complacer a Cluny en la dedicatoria 53, se muestra conocedor de Saint-Gilles 54 o pudo tener una “sutil” conexión con Saint-Denis55, esas relaciones carecen de la importancia que tiene en el Iacobus el nexo compostelano.
      Una vez reconocida la existencia de este nexo, resulta casi superfluo señalar que, aparte de la atención prestada a las peligrosas jornadas del camino jacobeo en Navarra y a la Galicia del Apóstol, el autor del Liber beati Iacobi se muestra muy bien informado respecto a la “geografía” urbana del conjunto de la España cristiana 56 y asimismo de la del imperio almorávide 57, que conoce los antiguos baños (romanos o árabes) de Fitero (Vázquez de Parga, 1948, pág. 179), que se detiene a referir un milagro no jacobeo atañente a la pequeña iglesia de San Román de Hornija 58 en Tierra de Campos y que está al tanto de las tradiciones conexionadas con el salam o ídolo de Cádiz, de cuya leyenda recoge una variante 59 claramente relacionada con las que nos son conocidas a través de los geográfos-historiadores musulmanes 60. Nada más lejos de la verdad que las afirmaciones de Meredith-Jones (1936) sobre el desconocimiento de la Península por el Pseudo-Turpín 61, sólo explicables por una obsesión anti-bederiana y por el escaso dominio que el crítico deja ver de la historia y geografía hispanas 62. Por muy “franco” que fuera e ideológicamente se muestre el extraordinario falsario, su obra la hizo, no sólo para ofrecerla a la Iglesia de Santiago, sino en contacto íntimo con la particular cultura de los francos asentados en la Península 63.

Diego Catalán: "La épica española. Nueva documentación y nueva evaluación" (2001)

NOTAS


34 La Compostellana reproduce el texto de la carta del Patriarca Esteban. En ella, no sólo se recomienda al canónigo y a sus acompañantes, sino que se pide al Arzobispo que le entregue la iglesia de Nogueres y, además, las limosnas que en la comarca se hacían para los Santos Lugares.

35 Que el Liber beati Iacobi no tiene como destinatarios a los “hispanos” sino a los “galos” lo ponen de manifiesto frases como: “Ciertamente, los gallegos (Galleciani genti) concuerdan mucho más con nosotros los gálicos (nostre Gallice) que los restantes hispanos” (lat., Lib. V, c. 7); “cuando nosotros los gálicos (nos gens Gallica) queremos entrar en la basílica del Apóstol...” (lat., Lib. V, c. 9).

36 “Por el lugar llamado Lorca, en su parte oriental, pasa el río que se llama Salado; allí guárdate de beber ni tú ni tu caballo, pues es mortífero. En nuestro viaje a Santiago, encontramos a dos navarros sentados a su orilla que estaban afilando sus navajas, con las que solían desollar las caballerías de los peregrinos que bebían de aquella agua y morían; a nuestras preguntas contestaron, mintiendo, que era buena para beber, por lo cual abrevamos en ella nuestros caballos, y enseguida murieron dos de ellos, que inmediatamente aquellos hombres desollaron” (lat.). Frente a este recuerdo y a los del paso por Les Landes (citados en la n. 19) no creo que tenga valor alguno como prueba de que el autor no peregrinó a Santiago el que crea que el río “Runa” (Iruña) fuera el mismo que nace en el puerto de Cízara, ya que el camino “francés”, como no seguía el curso de ese río, no permitía al viajero adquirir una clara idea respecto al curso de las aguas.

37 Y añade que en las cimas de Cízara “antes de que creciese plenamente por tierras españolas la cristiandad, los impíos navarros y vascos solían, no sólo robar a los peregrinos que se dirigían a Santiago, sino también cabalgarlos como a asnos y matarlos” (lat., Lib. V, c. 7).

38 Junto a esta catarata de calificativos, el Pseudo-Calixto hace interesantes observaciones sobre las costumbres de ese pueblo bárbaro: “suelen comer todo el alimento mezclado al mismo tiempo en una cazuela, no con cuchara, sino con las manos, y suelen beber por un solo vaso; si los vieras comer, los tomarías por perros o cerdos comiendo. Y si los oyeras hablar, te recordarían el ladrido de los perros, pues su lengua es completamente bárbara...” (lat.); “cuando, estando escondido en lugares apartados o solitarios para robar, desea llamar en secreto a sus compañeros, o canta a la manera del búho o aúlla igual que un lobo”; “se dice que el navarro coloca un candado en las ancas de su mula o de su yegua para que nadie, salvo él mismo, acceda a ellas; también besa lujuriosamente el sexo de la mujer y de la mula” (lat.). Por otra parte, proporciona algunos datos sobre su lengua, que han llamado la atención de los estudiosos del euskera.

39 Según veremos enseguida (cfr. n. 46).

40 Después de haber sido Galicia convertida a la fe de Cristo por los discípulos de Santiago, “los mismos gallegos, más tarde, dejándose llevar por sus pecados, abandonaron la fe hasta el tiempo de Carlomagno... y pérfidamente se apartaron de ella” (lat., Lib. IV, c. 1). Cuando Carlomagno conquistó España “de mar a mar”, se detuvo en Galicia durante tres años, en los que instituyó en Santiago obispo y canónigos; pero luego Aigolando se apoderó de nuevo de ella. Sólo después de muerto Aigolando, Carlomagno se dirigió de nuevo “a la tierra de Santiago en España e hizo cristianos a los habitantes que en  ella encontró, pues a los que volvían a la infidelidad de los sarracenos o los pasó a cuchillo o los desterró a la Galia” (lat.), y gracias a ello “Galicia, libre muy pronto de sarracenos, por la gracia de Dios y de Santiago y con el auxilio de Carlomagno, permanece distinguida hasta hoy en la fe cristiana” (lat., Lib. IV, c. 20).

41 “Ignorancia” que no ha dejado de sorprender a la crítica desde que Dozy (1881, págs. 379-395) la puso de relieve, contrastándola con los conocimientos de geografía peninsular que tenía el autor.

42 Ya que considera la defensa de la Cristiandad española obra exclusiva de Carlomagno y de otros reyes galos y emperadores teutones anteriores y posteriores a él (Clodoveo, Clotario, Dagoberto, Pipino, Carlos Martel, Carlos el Calvo, Ludovico y Carlomán), sin participación alguna de ningún rey o personaje hispano (Lib. IV, c. 3).

43 Nos lo dice expresamente en más de una ocasión: En el “Libro de los milagros” (Lib. II), al narrar el 22o y último, refiere la historia de un ciudadano barcelonés que, tras peregrinar en el a. 1100 a Santiago, donde pidió al Apóstol solamente que le librase de ser cautivo entre enemigos, cayó una vez, yendo como mercader a Sicilia en manos de corsarios sarracenos y fue “vendido y comprado trece veces” en los más variados mercados de Oriente y Occidente hasta ser definitivamente librado por Santiago; después “cuando venía de nuevo al santuario de Santiago... le encontré yo mismo, por cierto entre Estella y Logroño, y me contó todas estas cosas” (lat., c. 22); en la “Guía del peregrino” (Lib. V), al tratar de los ríos con aguas mortíferas (cap. 6) recuerda la experiencia que tuvo en el río próximo a Lorca, entre Puente la Reina y Estella que ya hemos reproducido en la n. 36. Otras veces, sin citarse como testigo, revela claramente tener presente la experiencia personal, impresiones vividas.

44 Por ejemplo: Al describir (Lib. V, c. 9) la admirable fuente que hay algo más allá del hospital de peregrinos pobres, no sólo transcribe el texto de la inscripción de 1122 grabada “en dos líneas por todo alrededor, bajo los pies de los leones” (lat.) en una columna de bronce de planta heptagonal, sino que precisa que se halla en un atrio al pie de una escalera con “nueve peldaños de bajada” (lat.) y que la fuente “tiene... al pie tres escalones de piedra” (lat.). Cuando da noticia del interior de la basílica (Lib. V, c. 9), declara expresamente que el “altar mayor” “tiene cinco palmos de alto, doce de largo y siete de ancho; así lo medí yo con mis propias manos” (lat.).

45 Al presentar una versión “verdadera” de la translación del cuerpo del Apóstol desde Jafa a Padrón (Lib. I, c. 17) denuncia las fábulas que sobre ese hecho circulan, observando: “Otros dicen que él mismo, sentado sobre una roca (petronum) vino desde Jerusalén a Galicia por en medio de las aguas... sin barca ninguna, y que una parte de esta roca quedó en Jafa. Otros dicen que la misma roca la trajeron en una nave con el cuerpo muerto. Pero yo he comprobado por mí mismo que una y otra fábula son embustes, pues he visto por mis propios ojos que se trata de una roca originaria de Galicia” (lat.).

46 En el Lib. I, c. 17, como parte de un sermón de Calixto II, detalla: “Las meretrices que..., entre Puerto Marín y Palas de Rey, en lugares montuosos, suelen salir al encuentro de los peregrinos, no sólo deben ser excomulgadas, sino que además deben ser despojadas, presas y avergonzadas, cortándoles las narices...” (lat.); “Los malos hospederos de la ciudad de Santiago dan gratis la primera comida a sus huéspedes... mas después les traen doce cirios, cada uno de los cuales se vende en el mercado en cuatro monedas, y se los venden por seis sueldos...; igualmente, la cera, que vale cuatro monedas, se la venden en seis... ¡Oh nefando mercado!” (lat.); “Algunos, anticipándose astutamente, envían desde la ciudad de Santiago hasta Puerto Marín a su cliente al encuentro de los peregrinos para que les hable de este modo: Hermanos y amigos míos, yo soy de la ciudad de Santiago y no vine aquí en busca de huéspedes, sino que estoy en esta villa al cuidado de una mula enferma de mi señor; id, pues a su casa y os ruego que le digáis... Y cuando llegan allí encuentran todo malo. Otro va a Barbadelo o a Triacastela a su encuentro y, cuando los avista, los saluda y les habla astutamente de otras cosas; luego les dice así: Hermanos míos que vais a Santiago, yo soy un ciudadano rico de esa ciudad y no he venido hasta aquí para procurarme huéspedes, sino para hablar con un hermano mío... mas, si queréis tener buen hospedaje en Santiago, hospedaos en mi casa y decidle a mi mujer... Cuando estos llegan a la casa... la dueña de aquel hospedaje les vende un cirio, que vale cuatro monedas, en ocho o diez...”, etc. (lat.).

47 Interesado en desprestigiar las prácticas litúrgicas provenientes del pasado, recuerda a “cierto canónigo de Santiago, chantre de la basílica, llamado Juan Rodriz (Iohannis Rudrici)”, al cual acusa de haber sido responsable de la introducción de un inapropiado responso, que le habría venido a la imaginación “mientras estaba una vez de semana y llenaba su bolsa de las ofrendas del altar” (lat., epístola introductoria del Iacobus). El personaje es histórico: Juan Rodriz fue arcediano en Santiago a fines del s. XI y primeros años del s. XII (según López-Ferreiro, 1898-1911, I, pág. 413) y (como mostró Sánchez Belda, 1953) podemos rastrear su cursus honorum, ya que, gracias a la identidad de los signos que emplea, sabemos que se trata de la misma persona (págs. 588-589, 590-591, 594, 596) cuando suscribe varios documentos entre 1109 y 1113 como simple escribano (“clericus regine”), y, luego, en 1116, como notario (“... predicte curie regine notarii...”), durante el reinado de Urraca. En otra ocasión (Lib. III, Prólogo) recuerda a “cierto clérigo conocido mío, devoto y peregrino a Santiago” que para poder llevarse consigo copia de la translación y milagros del Apóstol “los hizo escribir a cierto Fernando (Fredernando), escribano en la ciudad de este apóstol” (lat.), que quizá debamos identificar con Ferdinandus Petriz “escriban de illa regina” (1111, 1118) que fue notario tanto de Urraca como de Alfonso VII desde 1110 hasta 1127 y que, como la mayor parte de los miembros de la cancillería pertenecía al cabildo de la catedral de Santiago (Sánchez Belda, 1953, págs 589-590; Rassow, 1929, pág. 339).

48 Sabe que son siete cardenales los que pueden celebrar misa en el altar de Santiago (Lib. V, c. 9) y setenta y dos canónigos los que cada semana tienen derecho a repartirse un tercio de las ofrendas del altar (Lib. V, c. 10), e incluso los detalles de cómo se hace el reparto; consigna los nombres de los maestros canteros que empezaron la construcción de la catedral y de los administradores que llevaron la obra (Lib. V, c. 9).

49 Se detiene a consignar los nombres de los camineros que, con anterioridad a 1120, repararon el camino de Santiago desde Rabanal a Puerto Marín y reconstruyeron el puente del Miño destruido por la reina Urraca (Lib. V, c. 5, atribuido a Aymericus).

50 Acerca de las vicisitudes de la lucha del arzobispo Diego Gelmírez para intentar arrebatar al metropolitano toledano la primacía (a través, posiblemente, del reconocimiento papal de un patriarcado en Occidente) estamos bien informados gracias a la Historia compostellana redactada en su entorno y para su mayor gloria (cfr. López-Ferreiro, 1898-1911: IV, págs. 107-109, respecto a la más atrevida aspiración del Arzobispo). Ya en vida del primado don Bernardo, la tensión entre Santiago y Toledo fue grande (Hist. compostellana, Lib. II, c . 65); pero fue después de la muerte de don Bernardo (1124) cuando las ambiciones del arzobispo compostelano crecieron hasta el límite de generar suspicacias en el nuevo ocupante de la cátedra de san Pedro, Honorio II, así como la hostilidad del nuevo rey hispano, Alfonso VII (1126).

51 Sobre las actuaciones de Diego Gelmírez respaldadas por su concepción de las atribuciones de la Sede Apostólica es un buen ejemplo su edicto en el concilio compostelano de 18 de enero de 1125 convocando a cruzada (Hist. compostellana, Lib. II, c. 78). En el Lib. II, c. 83.2, 3 y 4 de la Historia compostellana se reproducen cartas de Honorio II y el Canciller Aymericus bien reveladoras de que en Letrán predominaban las “voces siniestras” acusatorias de que el arzobispo compostelano “abusaba” de la dignidad del palio, y en el Lib. III, c. 10, se da noticia de la denuncia según la cual Diego Gelmírez Apostolice more uti imprudenter (‘hacía uso sin prudencia de atribuciones apostólicas’) y de la ira papal que esa denuncia logró provocar. Las pretensiones del arzobispo irritaban también al rey, con quien durante toda la etapa final de su vida mantuvo unas difíciles relaciones (Hist. compostellana Lib. III, caps. 12, 13). Los forcejeos políticos y eclesiásticos de ese periodo vinieron a poner en peligro los grandes privilegios que durante el pontificado de Calixto y con la colaboración del canciller Aimeri de la Châtre, había conseguido, gracias a su tesón, Diego Gelmírez (sobre la ayuda del Canciller, véase atrás, n. 15); la situación de Diego Gelmírez llegó a ser entonces tan crítica que se negociaba abiertamente su deposición (Hist. compostellana, Lib. III, caps. 46-47).

52 La concesión a Pedro de la primacía sobre los demás apóstoles nunca se niega ni discute; pero no se admite que fuera porque “fue el que más amó de los apóstoles al Señor” (lat.): “Dejándonos pues de rodeos, digamos con san Jerónimo que por su edad les dio por príncipe a san Pedro, pues Santiago era joven y san Juan casi un niño; Pedro, en cambio, más viejo y de edad madura... Parecería ofrecer un motivo de envidia si diese a los jóvenes el mando sobre otros más viejos” (lat.)¡Y estas palabras se ponen en boca de un heredero (Calixto II) de la silla de san Pedro!

53 Siguiendo a Bédier (1912-1913, págs. 88-91) se ha insistido, a menudo, en el origen cluniacense de la obra. Pero ya Vázquez de Parga hizo notar, con razón (1948, págs. 177-178): “en el texto del Liber Sancti Iacobi no acertamos a encontrar ninguna huella directa ni indirecta de su origen cluniacense: la misma indicación de que se transcribía precipue apud Cluniacum y el hecho de que el supuesto Calixto se dirija en especial sanctissimo conuentui Cluniacensis ecclesie, así como que varios de los pretendidos autores de los himnos sean también cluniacenses, no obedece... más que al intento de reforzar la autoridad de la ficción, procurando interesar en ella a uno de los poderes eclesiásticos más fuertes de entonces” y, como prueba definitiva de que el Liber “nunca pudo ser escrito por un cluniacense” adujo el pasaje del Lib. IV, c. 13, inspirado en el tratado De elemosyna de Pedro Damiano, en que se afirma que los clérigos regulares de hábito blanco meliorem sanctorum sectam tenent que los monjes y abades vestidos de negro.

54
Está claro que el Pseudo-Calixto era devoto de san Gil y su iglesia: “San Gil, famosísimo en todas las latitudes, ha de ser venerado por todos, por todos dignamente celebrado, por todos amado, por todos invocado y por todos visitado” (lat., Lib. V, c. 8), y que visitó el sepulcro del santo, ya que en la “Guía del Peregrino” declara: “...por mi mano he comprobado lo que digo: vi cierta vez en su misma ciudad a uno que el día en que lo invocó escapó con auxilio del santo confesor de la casa de cierto zapatero llamado Peyrot, cuya casa se vino abajo” (lat., Lib. V, c. 8), y en el Lib. I (cap. 17) cuenta haber sido testigo presencial (olim vidi quadam nocte) de una disputa en la iglesia de Saint-Gilles entre peregrinos francos y gascones y recuerda que uno de los heridos en la refriega huyó hasta Castelneu (ad Castellum Nouum) en el camino de Périgueux (uia Petragoricense), cfr. adelante Disq. 2ª, n. 3. Nada tiene de extraño, por eso mismo, que la obra de Pierre Guillaume (Miracles de saint Gilles, 1122-1124) ejerciera una influencia directa sobre el Libro II del Iacobus dedicado a los milagros de Santiago.

55
Díaz (1988, pág. 83) considera “sutil pero fuerte” la conexión sandionisiana, aunque duda en qué dirección se ejerció la influencia (para M. Buchner y B. De Gaiffier, Compostela es la receptora de influencias; P. E. Schramm y E. Curtius opinan lo contrario); pero se impresiona demasiado con la lectura de Hohler (1972), para quien el Liber beati Iacobi es, ni más ni menos, un libro escolar de uso privado destinado a la enseñanza de la gramática, la música y la geografía, que pasó a propiedad de una institución, probablemente Saint-Denis, y posteriormente fue malentendido “como literatura y aún como historia”.

56
Los topónimos, abundantísimos, no son creación de la fantasía, sino tomados de la realidad, incluso en el fantástico relato de las conquistas de Carlomagno (hecho realmente bien notable); la enumeración es organizada, creando grupos coherentes; los nombres proceden frecuentemente de la pronunciación vulgar de los topónimos (no son de tradición erudita). Es evidente (contra lo afirmado por Meredith-Jones, 1936, págs. 77) que la información geográfica no pudo obtenerla el autor consultando tratados geográficos y a base de preguntar a peregrinos. Véase Disquisición 3ª, § 1.

57
Véase Disquisición 3ª, n. 19.

58
En la narración del Pseudo-Calixto sobre “lo que acaeció en Galicia tras la muerte de Carlomagno” (lat.), después de aludir a las devastaciones de Almanzor (Altumaior) cuenta dos milagros: el de la disentería con que Santiago castiga a los profanadores del sepulcro y el ocurrido en San Román de Hornija (beati Romani basilica ad uillam que uulgo dicitur Ornix), cuando Altumaior, en su retirada, intenta en vano derribar esa pequeña iglesia al E. de Toro, que en el s. XII dependía del monasterio de S. Pedro de Montes en el Bierzo (véase, a este respecto, Vázquez de Parga, 1940, págs. 130 y 134).

59 Según el Lib. IV, c. 4, Carlomagno destruyó en España todos los ídolos “excepto el ídolo que hay en tierras de Andalucía y que se llama Salam Cadis. Propiamente, Cadis se llama el lugar en que se halla, salam en lengua arábiga quiere decir Dios” (lat.). Lo supone construido por Mahoma y que en él se halla escondida, por arte mágica, una legión de demonios; por ello, nunca ha podido ser destruido y “cuando algún cristiano se le aproxima, al punto enferma; pero, cuando se le acerca algún sarraceno para adorar o rogar a Mahoma, queda incólume; si se detiene sobre él cualquier ave, muere instantáneamente” (lat.). Lo describe, a continuación, detalladamente: sobre una antigua piedra de forma piramidal hermosamente labrada y decorada, se alza en la altura (“cuanto suele elevarse el cuervo en el aire”, lat.) una estatua de bronce, orientada al mediodía, que sostiene con su diestra una enorme llave. Respecto a la profecía relacionada con esa llave, véase la cita incluida más atrás en texto. La imponente estatua fue destruida por ᶜAlī  ibn ᶜIsà ibn Maimūn, señor de Cádiz, el año 540 (24 Jn. 1145/12 Jn. 1146).

60 Los relatos árabes han sido reunidos y estudiados por Beatriz Malia Nieves, “El templo de Cádiz en los geógrafos árabes”. Tesina de Licenciatura. Universidad de Barcelona, 1972 (quien cita las referencias de doce autores).

61 Meredith-Jones (1936, págs. 75-82) llega al extremo de concluir acerca de la “Crónica de Carlomagno”, con increíble ceguedad crítica, que el autor de ella, “según el máximo de posibilidades, nunca visitó España” y que sólo “conocía los nombres y nada más que los nombres de Santiago y de Iria” (fr.), afirmaciones basadas en la observación de que falta en la obra “color local” al tratar de España, cuando precisamente nos sorprenden sus conocimientos geográficos sobre ella y los pormenores histórico-geográficos a que hace referencia. Con toda razón fue descalificado su estudio por Vázquez de Parga (1948, I, pág. 506), quien concluye: “Nada de esto creemos pueda mantenerse... La importancia del papel de Santiago es igual en ambas redacciones [se refiere a la del Codex Calixtinus y a la preferida por Meredith-Jones], y en una y otra se encuentran los mismos detalles, que arguyen indudablemente en su autor un conocimiento personal de España, y en especial, del territorio navarro”.

62 Aunque ya Dozy (1881, págs. 382-395), al defender el origen francés del Pseudo-Turpín, se había visto obligado a hacer al autor residente en Compostela para justificar su conocimiento de particularidades geográficas inalcanzables desde Francia, Meredith-Jones intenta por su cuenta (1936, págs. 267-283) revisar la cuestión. Sus propuestas de identificación y sus comentarios, topónimo por topónimo, de los nombres citados por la crónica latina están lejos de suponer un avance respecto a las conclusiones de Dozy. Resaltan, como especialmente desafortunados, los comentarios sobre Ulmas (‘Olmos’, situado en la Transierra y no en Lugo, Burgos o Valladolid), Talavera Godiana (‘Talavera Real o del Guadiana’ y no dos topónimos distintos), Urancia (‘Iranzu’ y no Irún, Urroz o Urrez) que dicitur Arcus (‘Los Arcos’ en Navarra), Abula (‘Abla’, entre Guadix el Viejo y Pechina, no en Castellón), Agabiba insula (‘islas Habibas’, frente a la costa de Orán, y no la isla de Gelbes o Yerba en Túnez), Alcoroz (Al-Qayrawān, ‘Cartagena’, y no Alcorucén en el Guadalquivir o Alcoraz). También constituyen un retroceso en relación a la crítica del s. XIX sus comentarios tanto sobre Baiona, cuando se escandaliza inútilmente (págs. 78) de que el autor la mencione entre las ciudades españolas (véase Disq. 3ª, n. 29), como sobre hora Burrianae, pues considera que Burriana no figura en la historiografía española antes de 1223 cuando se halla ya citada en la Historia Roderici.

63 En su hostilidad a los nativos de España, el Pseudo-Calixto no se encuentra solo entre los autores francos que escriben desde la Península; basta con recordar otras dos obras muy representativas de los medios monacales y clericales francos: las Crónicas anónimas de Sahún y la propia Historia Compostellana. Por otra parte su concepción de las “fronteras”, sea en Oriente, sea en Occidente, como tierras abiertas a la formación de señoríos “francos” responde a la ideología triunfante en Europa, en que la Iglesia romana y la caballería centro europea están firmemente convencidas de que sólo el mundo feudal latino es capaz de hacer frente a la creciente amenaza islámica.

 

ÍNDICE

CAPÍTULO I: TEMA I: LA ÉPICA EN LENGUA VULGAR AL SUR DE LOS PIRINEOS. TESTIMONIOS DEL SIGLO XIII

* 1. LA ÉPICA ESPAÑOLA. NUEVA DOCUMENTACIÓN Y NUEVA EVALUACIÓN (I)
* 2. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS CAROLINGIOS DE LA ÉPICA HISPANA
* 3. EL TESTIMONIO ALFONSÍ. TEMAS ESPAÑOLES DE LA ÉPICA HISPANA
*
4. EVALUACIÓN DEL TESTIMONIO ALFONSÍ
* 5. HUELLAS DE LA ÉPICA EN LOS DOS GRANDES HISTORIADORES LATINOS DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XIII: EL ARZOBISPO DON RODRIGO Y DON LUCAS.
* 6. EL TESTIMONIO DE FRAY JUAN GIL DE ZAMORA: VERSIONES VARIAS DE UNA MISMA GESTA EN EL S. XIII
* 7. OTROS TESTIMONIOS DEL S. XIII. LOS POEMAS EN ROMANCE DEL MESTER DE CLERECÍA Y UNA CRÓNICA LOCAL
* 8. EVALUACIÓN DE LOS TESTIMONIOS DEL S. XIII COMPLEMENTARIOS DEL TESTIMONIO ALFONSÍ.
* 9. LAS COPIAS POÉTICAS TARDO-MEDIEVALES DE CANTARES DE GESTA A LA LUZ DE LOS TESTIMONIOS INDIRECTOS DEL S. XIII SOBRE LA EPOPEYA.

CAPÍTULO II: TEMA II: TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII

* 10 II TESTIMONIOS DE LA POESÍA ÉPICA AL SUR DE LOS PIRINEOS ANTERIORES AL SIGLO XIII
* 11 2. LA HISTORIOGRAFÍA EN LATÍN EN EL ÚLTIMO CUARTO DEL SIGLO XII Y LA ÉPICA ORAL: LA HISTORIA DE CASTILLA EN LA CHRONICA NAIARENSIS.

*
12 3. ¿ALCANZÓ LA HISTORIOGRAFÍA ÁRABE DE LA PRIMERA MITAD DEL S. XII A CONOCER UN CANTO ÉPICO CASTELLANO?
*
13 4. LA ÉPICA CASTELLANA Y LA ÉPICA FRANCA EN LA ESPAÑA DE ALFONSO VII
* 14 5. LA PRESENCIA AL SUR DE LOS PIRINEOS DE LAS GESTAS FRANCESAS A MEDIADOS DEL S. XII Y LA TRADICIÓN ÉPICA DEL MEDIODÍA EUROPEO
*
15 6. LA GESTA DEI PER FRANCOS EN COMPOSTELA: EL IACOBUS.
*
16 7. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS A PRINCIPIOS DEL S. XII

* 17 8. LA ÉPICA CAROLINGIA AL SUR DE LOS PIRINEOS EN EL S. XI.
*
18 9. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS DE LOS SIGLOS XI Y XII.

CAPÍTULO III: TEMA III: LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA

* 19  III LOS TESTIMONIOS POST-ALFONSÍES DE LA CONTINUIDAD DE LA EPOPEYA
* 20 2. LA CRÓNICA DE CASTILLA SE HACE CIDIANA: LAS “ENFANCES” DE RODRIGO
*
21 3. LA CRÓNICA FRAGMENTARIA Y LAS LEYENDAS CAROLINGIAS.
* 22 4. LA OBRA HISTORIAL DEL CONDE DON PEDRO DE BARCELOS Y LA EPOPEYA

* 23 5. LA HISTORIOGRAFÍA POSTERIOR A 1344 Y LA SOBREVIVENCIA DE LOS CANTARES DE GESTA.
*
24 6. EVALUACIÓN SUMARIA DE LOS TESTIMONIOS TARDO-MEDIEVALES ACERCA DE LA LONGEVIDAD DE LA POESÍA ÉPICA

CAPÍTULO IV: TEMA IV: LA ÉPICA MEDIEVAL ESPAÑOLA Y ROMÁNICA. LA HERENCIA DE UNA ORALIDAD PRIMITIVA

* 25 1. ÉPICA DE ORÍGENES ORALES Y ÉPICA CULTA
* 26
2.LOS MODELOS CONTEMPORÁNEOS DE POESÍA NARRATIVA ORAL Y LA ÉPICA MEDIEVAL
* 27 3. EL MODO DRAMÁTICO DE LA NARRACIÓN ÉPICA
* 28 4. EL MOLDE PROSÓDICO Y LA GENERACIÓN DEL DISCURSO ÉPICO
* 29 5. LO FORMULARIO ÉPICO Y LA CREACIÓN ORAL
* 30 6. CREACIÓN Y REFUNDICIÓN
* 31 7. LA ETAPA ÁGRAFA DE LA PRODUCCIÓN ÉPICA. RAÍCES DEL GÉNERO.
* 32 8. LA ESCUELA ÉPICA ESPAÑOLA

* 33 9. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. LA VERSIFICACIÓN.
* 34 10. CARACTERES DE LA ÉPICA ESPAÑOLA. TEMAS Y CONTENIDOS IDEOLÓGICOS
* 35 11. LA INTEGRACIÓN DE LA TEMÁTICA CAROLINGIA EN LA TRADICIÓN ÉPICA ESPAÑOLA

CAPÍTULO V: TEMA V: EL MIO CID

* 36 1. EL MANUSCRITO DE VIVAR Y LA GESTA
* 37 2. EL MIO CID, GESTA CABEZA DE SERIE

* 38 3. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES FORMALES DEL GÉNERO
* 39 4. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LAS CONVENCIONES TEMÁTICAS DEL GÉNERO

* 40 5. EL POETA DEL “MIO CID” ANTE LA MEMORIA DE LAS GESTAS HISTÓRICAS DE RODRIGO
* 41 6. LA “PASIÓN” COMO FUERZA REESTRUCTURADORA DE LA HISTORIA. INTENCIONALIDAD POLÍTICA DEL CANTO ÉPICO
* 42 7. ¿DESDE CUÁNDO SE CANTÓ EL MIO CID?

CAPÍTULO VI: TEMA VI. FORMACIÓN Y DESARROLLO DEL CICLO CIDIANO

* 43 1. LA CREACIÓN DEL PERSONAJE LITERARIO. EL MIO CID Y LAS PARTICIONES DEL REY DON FERNANDO
* 44 2. LAS RECREACIONES JUGLARESCAS Y EL PASADO DE RODRIGO
* 45
3. LAS MOCEDADES DE RODRIGO Y LA TRANSFORMACIÓN DE LA PERSONALIDAD DEL HÉROE: EL SOBERBIO CASTELLANO
* 46 4. EL PRÓLOGO LINAJÍSTICO

* 47 5. ESTRUCTURACIÓN DE LA ACCIÓN DRAMÁTICA

* 48 6. EL RODRIGO CONSERVADO Y LA TRANSFORMACIÓN DEL MODELO ÉPICO

CAPÍTULO VII: TEMA VII. LA HISPANIZACIÓN DE LA ÉPICA CAROLINGIA: EL RONCESVALLES

* 49. 1. EL FRAGMENTO MANUSCRITO DE PAMPLONA
* 50. 2. IMPORTANCIA DEL MANUSCRITO DE PAMPLONA

CAPÍTULO VIII: TEMA VIII. EL TESTIMONIO DEL ROMANCERO ACERCA DE LA ÉPICA

* 51. 1 CONSIDERACIONES PREVIAS
* 52. 2. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS ESPAÑOLES

* 53. 3. LOS ROMANCES RELACIONADOS CON CANTARES DE GESTA SOBRE TEMAS FRANCESES

CAPÍTULO IX: IX AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

* 54 DISQUISICIÓN 1ª: AIMERI PICAUD, AUTOR DE LOS CINCO LIBROS DEL IACOBUS

Diseño gráfico:

La Garduña ilustrada

Imagen de portada: Codex Calixtinus