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Obras de Diego Catalán

63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      Aunque la aljamía o lengua romance de al-Andalus (que impropiamente, según hemos visto, suele identificarse con la designación de «mozárabe» o «dialectos mozárabes») no nos ha dejado texto alguno anterior al siglo XI, los cantarcillos de las jardyas conservadas, incorporados a poemas árabes o hebraicos, son la mejor muestra que tenemos de cómo se expresaban los hablantes cristianos y musulmanes en los siglos de bilingüismo románico-arábigo. Como era de esperar en una sociedad esencialmente bilingüe, la len­gua de esas cancioncillas, sin duda entonadas tanto por cristianos como por musulmanes, se ve mezclada de mu­chos arabismos. Por otra parte, es de un gran arcaísmo y remonta a una situación lingüística que revela una notable unidad en el romance peninsular, ya que no se manifies­tan diferencias dialectales apreciables cuando las utilizan en sus muwaššahas poetas de las más diversas regiones de la España musulmana; esa homogeneidad lingüística parece heredada de los tiempos visigóticos.

      Es preciso advertir la dificultad que hay en lograr una lectura precisa de los textos conservados. Por lo pronto, la escritura propia de las lenguas semíticas, tanto hebrea como árabe, se presta muy mal para transcribir las lenguas indo­europeas, ya que no suele escribir más que los sonidos con­sonanticos, y, cuando quiere añadir alguna vocal, la nota­ción es muy incierta, pues los signos disponibles no distinguían con precisión los diversos matices vocálicos. Agréguese a esto que cuando el copista que reprodujo el texto no era de al-Andalus, no entendía lo que la jardya decía y substituía fácilmente unas letras por otras dejando las palabras difícilmente reconocibles.

      El español de estos textos literarios es una lengua roman­ce mucho más arcaica o próxima a sus orígenes que la de los más viejos textos literarios conservados en escritura la­tina en el Norte cristiano de la Península y, desde luego, muy anterior a la hegemonía del castellano, con cuyos ca­racteres peculiares para nada coincide: la sílaba ge- inicial conserva la consonante, yermaniellas ’hermanitas’; el grupo / + yod es ly (no j), filyo, «flywl ’lynw» ’hijuelo ajeno’ (que puede leerse con o sin diptongo: -ue-, -uo-, -o-), «wlywš» ’ojos’ (en que ocurre lo mismo); el verbo ’ser’ hace el pre­sente Tú yes, Él yed (frente al castellano Tú eres, Él es).

      Gracias a la rima, podemos fijar las vocales de la perso­na Yo del Futuro en vivréyu («bbr’yw») y en vivráyu («bbr’yw»), fara ŷ[u] («fry»), morráyu («mrryw»), faréyu, con conservación de la terminación -ayu, -eyu < habeo (el ver­bo auxiliar latino)40.

      La -t final de la persona Él en los verbos se conserva siempre, sonorizada en -d: tornarád, sanarád, vernád ’vendrá’, éxed ’exe, sale’ 41. También se conserva la -d en la preposi­ción ad.

      La vocal final -e, según nos aseguran las rimas, aparece conservada en mále sustantivo y en demandáre (que en la cancioncilla romance son asonantes entre sí y en la muwaš­šaha generan rimas en -li y -ari respectivamente); faŷe ’faz, rostro’, amore, dormiré, volare son mucho más frecuentes que las formas con apócope de la -e, que también ocurren.

      La -o final se apocopa en proclisis: com, cuand y cuan, y se pronunciaba como -u en las formas plenas: senu, alyenu, fermosu, morrayu, etc.

      El caso régimen del posesivo de primera persona es «de mibi» «a mibi» y el de la segunda «de tibe», «a tibe».

      Entre las muchas dificultades que ofrece la lectura de los jardya, la mayor es la atañente a las vocales breves latinas, ya que las grafías de los manuscritos pueden interpretarse muy variamente: si ’cuando’ se halla transcrito «kwnd» y «qwn»; cómo vocalizar «twlgš»? ¿tolgas, tuolgas, tuelgas?, ¿y «wlywš» ’ojos’? ¿olyos, uolyos, uelyos?, ¿y «mw», «myw» ’mío’? ¿meu, mio, mieo? ¿y «sdylh»? ¿Cidello, Cidyelo? Sólo el dipton­go inicial es seguro «y’d», yed ’es’ y ello nos basta para in­clinarnos a defender otras lecturas con diptongación.

      Otra dificultad importante es el empleo del a (cóncavo-velarizado) tanto para la sorda como para la sonora, lo cual hace posible leer «ṭοṭο» como todo o «faz de maṭrana» ’cara de aurora’ como «faz de madrana».

      El vocabulario ofrece también grandes arcaísmos: yana ’puerta’ 42 de janua, voz que sólo ha dejado derivados en Cerdeña y en Calabria, ha desaparecido en todas las len­guas hispánicas después de haber producido el diminutivo janela ’ventana’ en portugués; la expresión «cuell albo» usa­da por una joven al interpelar a su madre 43 nos muestra que el adjetivo «albo» aún no es un cultismo44, sino una voz conversacional; el repetidísimo verbo garir ’decir’, que creo hay que transcribir garrir, con sus imperativos garme, garrid vos 45, del latín garriré ’charlar’ es una curiosa pe­culiaridad del vocabulario de esta lírica aljamiada46.

      Las noticias que, aparte de los textos de las jardyas, pro­porcionan los escritores árabes acerca de la aljamía casi exclusivamente atañen al vocabulario, sirviendo sólo para estudios léxicos. No obstante, podemos reunir a través de ellos alguna información que trasciende la lexicografía meramente enumerativa.

      Según ya vimos, el historiador Ben Hayyán refiere que, antes del desastre de Polei, el rebelde godo Omar ben Hafsún, rebosante de jactancia, hablaba en romance espa­ñol con su amigo Ben Mastana y, para despreciar el ejérci­to del califa, le llamó boyata, ’manada de bueyes’ (según explica el historiador) 47. Omar no pronuncia boyada.

      La preferencia por la consonante sorda se manifiesta igualmente en las poesías árabes entreveradas de expresio­nes en lengua románica de Ben Cuzmán, el máximo culti­vador del metro zejelesco, en la primera mitad del s. XII 48: toto ظظ (canc. 5, estr. 7), penato rimando con waxtato, ’des­trozado, gastado’ (canc. 10, estr. 2), tornato (canc. 20, estr. 6), anda baxtito (del verbo bastir ’bastecer’), frase que luego traduce en árabe: ’anda honrado y reverenciado’; xukur ’se­gur’ 49, paltar ’paladar’ 50, merkatal ’mercadal, mercado’ 51, kakar (canc. 102, estr. 4).

      Testimonios como éstos han llevado a creer descarriadamente a ciertos lingüistas que en la época de la conquista y de las primeras relaciones íntimas entre hispano-romanos y árabes, las sordas intervocálicas latinas eran aún sordas en la parte ocupada por los árabes, es decir, en la mayoría de la Península 52. Si los árabes llamaron Játiva a la Saetabis antigua, es que no se sonorizaba la t. Pero quie­nes así piensan tienen una idea falsa respecto a la cronolo­gía de los cambios fonéticos: una tendencia neológica en fonética suele emplear varios siglos en su lucha con la forma purista; muchas generaciones consecutivas participan de una misma tendencia innovadora y la van realizando per­sistentemente 53, haciéndola pasar del estado latente al de tolerado y al de preponderante, mientras la expresión pu­rista se va arcaizando lentísimamente hasta olvidarse.

      Es imposible creer que en el s. IX (no digamos en el XII) en el Sur de España no se pronunciase corrientemente bo­yada, cuando los ejemplos inscripcionales de sonorización de los siglos II al VII (imudavit, lebra, pontivicatus, iubentudis, eglesie) son justamente del Sur, de Mérida y de Andalucía 54. Además, aunque no tuviésemos tales ejemplos, sabríamos que en la España árabe la sonorización contendía con la conservación de las sordas arcaicas pues se cometían casos de ultracorrección, y es evidente que la ultracorrección no puede existir sin que antes preexista el vulgarismo de que huye. El español inculto sabía que, donde él solía pronun­ciar una sonora, los que hablaban correctamente ponían una sorda, y en su celo purista ponía a veces consonante sorda donde no la había en latín; así por Caesar-auguste pronunciaba redichamente Cesaracoste, como aparece esculpido en una inscripción de Martos de época visigoda, del siglo VII 55; los árabes acogieron la preferen­cia lingüística de estos ultracorrectos y adoptaron la forma Saraqusta 56 para sus escritos, aunque el vulgo dijese más correctamente *Saragosta, de donde Saragoza. De igual modo los mozárabes y muladíes, continuando la gran vacilación de la época visigoda entre consonante sorda y sonora, in­currían en otras ultracorrecciones, y de ellos sin duda tomaron los árabes el llamar Córtoba a Corduba. También aún hoy se llama Beratón, en Soria, al «sanctum Buradonis  ilicetum» de Marcial.

      Los ejemplos árabes y aljamiados no nos dicen otra cosa sino que en los siglos VIII al XI coexistían todavía, junto a las consonantes sonoras, las consonantes sordas arcaicas, y los escritores musulmanes, al tratar nombres románicos, preferían las formas cultas al vulgarismo de la sonoridad consonantica.

      Sólo en el caso de la fricativa -f-  abundan los casos de sonorización 57. Ya en el Concilio de Córdoba del año 839, según arriba dijimos, se condena a los herejes llamados acebaleos (< acephalos) y en el latín del abad cordobés Samsón, hacia 865, se lee provectibus, reveratur junto a la ultracorrección referentia. Pero en el Glosario latino-arábigo de entre los siglos X-XII (conservado en Leyden), escrito por un mozárabe probablemente del centro de la Península, ade­más de varias voces con -f- sonorizada prouano, couinus (por cophinus), prouicua, se hallan casos de -c-, hecha sono­ra en gragulos y eglesia.

      Ben Joljol, que escribía en Córdoba en 982 sus comen­tarios a Dioscórides, entre los nombres en lenguaje «la­tiní», como él denomina al romance local, cita la planta llamada kabesairuela o kabiseiruela por sus nudos o cabezue­las 58. Aunque los autores árabes posteriores, al transcribir voces de aljamía, lo suelen hacer con consonante sorda, a veces se hacen cargo del sincretismo. Así el botánico sevi­llano de hacia 1100 dice de la ortiga: «en aljamía se la lla­ma ortica y ortigas», y de cierto musgo: «se le llama barbuda y barbuta»; Además, usa únicamente la sonora en algunas voces como lanŷiduela ’lancetuela’ (diminutivo de ’lanceta’), abertal, cabessa, nabiello, cabellosa 59, aunque en general pre­fiere la sorda: achettaira ’acedera’, escopella ’escobilla’, áquila, matresilva, marito, chento detos ’ciendedos’, etc. Su contem­poráneo, el judío zaragozano Ben Buclárix, junto a ortica escribe vitrio, var. vidrio y agua, águila 60. También hay, jun­to a bletos, bledos y el marfil recibe el nombre de pulido 61.

      En suma, la sonoridad existía, pero en descrédito; era rechazada como vulgarismo inculto, a diferencia de lo que ya en el s. IX ocurría en el Norte cristiano, donde la sono­rización se abría camino en la lengua notarial por entre las formas puristas (kadedras < cathedras, «signum de me­dalo» ’campana de metal’, insubra indigado ’supra  indicato’, etc. en un diploma portugués de 882 62; en León, 870, plaguit, artigulo, etc.63).

      Estas precisiones no excluyen que en territorio musulmán hubiera alguna región ibérica, refractaria a la sonorización céltica, donde la consonante sorda se mantuviese habitualmente, como se mantuvo en el Alto Aragón hasta hoy 64. La toponimia nos ofrece en el Este de la Península restos fósiles de esa resistencia: Luco de Bordón (part, de Castellote, lindando con el part, de Morella) y Luco de Jiloca (part, de Calamocha) en Teruel 65 (frente al Lugo de Gali­cia y el Lugo de Llanera, Oviedo 66); Ficaira en Murcia (fren­te a Figuera en Oviedo y Lérida, Higuera en Jaén, Badajoz, etc.); Granátula en Ciudad Real y Granatilla en Granada, como Garnata en árabe (frente a Granadilla en Cáceres y Sa­lamanca, Granadella en Lérida); Fregenite en Granada (frente a Fregeneda en Salamanca).

      El prolongado rechazo de la sonorización vulgar, gene­ral en la Romania occidental, no es el único gran arcaísmo de la aljamía, lenguaje que se nos presenta bajo muchos as­pectos como estancado en su evolución, cohibido por la preferencia dada al árabe como lengua de cultura. Relega­do a la intimidad casera, se conservó durante varios siglos casi en el estado en que se hallaba al hundirse la monar­quía visigoda 67.

      Rasgo típico de la fonética de la aljamía es la c palatal pronunciada ch: Carabanchel 68, Conchel y Alconchel < conciliu 69, Elche < Ilici, Aroche < Aruci, Chipiona del nombre de Quintus Servilius Scipio70, Escariche Guadalajara, Escriche Teruel, genitivo del nombre germánico Ascarius (comp. Escariz en Galicia)71. Luchena Murcia; Luchen(t) Valencia, de Lucius (comp. Lucena, Luciana); Marchiena Beja, Marchena Sevilla, Córdoba, Jaén, Almería, Mur­cia, Alicante, de Marcius; Carchena Córdoba, de Carcius.

      Los diptongos decrecientes 72 se conservan, como en el gallego-portugués y el leonés, frente al catalán, aragonés y castellano; la España visigótica, sorprendida por la invasión musulmana en el siglo VIII, conocía la etapa más arcaica del diptongo ai y la adopción por el árabe de muchas palabras y topónimos con ai contribuyó a fijar esa forma del dip­tongo impidiendo que evolucionara como entre los cristia­nos del Norte: Ben Joljol, en 982 da el nombre «latiní» o románico, usado en Córdoba,  de la planta lajtayra   < lactaria ’cuajaleche’; el poeta cordobés Ben Cuzmán (muerto en 1159) mezcla en su árabe voces románicas como fadŷayra (esto es ’fazera’) en el sentido de ’faz’, ’rostro’, pandayr ’pandero para tañer’, yanayr ’enero’, setaray de jactare, kerray ’querré’ (?). Podría pensarse, dada la im­precisión vocálica árabe, que se tratara de la forma -ei del diptongo, pero nos consta que los mozárabes usaban -ai, pues el que escribió el glosario conservado en la biblioteca de Leyden a fines del siglo X o principios del XI pone en letras latinas bayro (< variu) aplicado a uno de los colo­res del caballo 73 (cast. ant. vero). Lo mismo que en Anda­lucía, ai era general en la aljamía de Levante y de Toledo: Ben Buclárix, que escribía en Zaragoza diez o quince años antes de su reconquista, nos dice expresamente que en la aljamía local se llamaba poplinayra y vitriayra a ciertas yer­bas y consigna que haydo era el «nombre español» del ’que­so’; el Sabatayr ’el zapatero’ era el apodo de un literato valenciano que murió en 1204 y en Toledo vivía en el s. X una familia musulmana Aben Xantayr ’hijo del santero’. Y los mozárabes del s. XIII levantinos y toledanos seguirán invariablemente empleando la forma ai del diptongo.

      La metátesis de la yod como origen del diptongo, sin que éste se reduzca, propia de la aljamía, es el origen de nom­bres toponímicos de apariencia gallega que perduran hoy en Granada, Málaga y Almería, como Capileira, Pampaneira, Junqueira y asimismo de Beila en el término de Huétor-Tajar (part, de Loja)74, Cairén, de Carius y Busairen(t) de *Buccarius en Valencia, Bairén (ant. Beyren), Berén de Varius o Verius, en Valencia y Lérida respectivamente, Alpandeire en Málaga (cfr. pandair aljam., arriba citado), Caicena de Cacius en Córdoba. También la evolución de N + yod, L + yod se detiene en un estado arcaico, sin palatalizar la consonante en Lucainena Almería < Lucanius + -ania, Alozaina Málaga Concentaina Alicante < Contestania, Bailén Jaén, si procede de Valius 75.

      De forma paralela la aljamía mantuvo la forma arcaica del diptongo au y los préstamos que dio al árabe español conservan la a sin velarizar. En Valencia, Toledo o Andalu­cía se decía lauxa < lausia o *lausa (gall.-port, lousa, cast, losa, cat. llosa), taudža (cast, atocha) y taupa< talpa76; fauchil de falce (gall.-port. fouce, fouciña, cast, hoz, hocino)77, y aún hoy se conservan nombres toponímicos como Faucena, cortijada en el ayuntamiento de Iznalloz (Granada), o La Fausilla, caserío en Cartagena (Murcia).

      En contraste con el conservadurismo fonético caracterís­tico de la aljamía hay que señalar la pérdida de la -o final tras l y n.

      La documentación de la aljamía, sus préstamos al árabe, sus reliquias toponímicas nos bastan para sentar que el uso de los rasgos castellanos en Toledo, Andalucía y demás te­rritorios de la España árabe fue de introducción tardía, como efecto de la reconquista y repoblación castellana 78.

      Los hablantes en lengua romance de la España musul­mana usaban ll  y no la j castellana. En vez del castellano conejo, cerraja, decían conelyo, xarralya, lo mismo en Toledo que en Córdoba y Málaga, o en Zaragoza y Valencia, coin­cidiendo en esto con el aragonés antiguo conello, conill, con el catalán cunill, serralla, con el gallego-portugués coenllo, coelho, serralha, y con la generalidad de los romances de fuera de España.

      Usaban t y no la ch peculiar del castellano, y a la hierba cuajaleche llamaban lahtaira, y por ’noche’ decían nohte, lo mismo en Córdoba que en Zaragoza; en esto se asemejaban al gallego-portugués, al leonés occidental y al arago­nés, que dicen leite o lleite, noite o nueite, feito, y al catalán, que dice llet, nit, fet, concordando en esto con el italiano, francés y demás romances, a diferencia del castellano, que creó en este caso un sonido especial.

      Frente al castellano enero, hiniesta, hinojo, helar, que pier­den la j- o g- latina, conservan esta consonante los demás romances, incluso los de la Península; portugués Janeiro, giesta, leonés y aragonés antiguo jenero, giniesta; catalán janer, ginesta. Pues los que hablaban la aljamía en Cordoba y en Málaga decían jenáir, yenexta, siguiendo el uso general y no el castellano.

      El castellano dice llantén a la hierba llamada en latín plantagĭne, y dice llorar por plorare; los demás ro-mances conservan PL- KL- latinas o las alteran de otro modo: aragonés plantaina, plorar; catalán plantatge, plorar; portugués chantagem, chorar. Los que usaban el romance en al-Andalus decían plantain, según testimonios de Córdoba, de Sevilla y de Zaragoza.

      El leonés, el catalán y parte del aragonés, palatalizan la L- inicial diciendo llengua, llabrar o llaurar, lluna, mientras el castellano concuerda aquí con la generalidad de los ro­mances, conservando la inicial, lengua, labrar, luna. Pues los cordobeses del siglo X decían yengua (con pronunciación yeísta de la ll). También la diptongación ante yod que se revela en el nombre toponímico Caracuey o en el vocablo uello ’ojo’, es un rasgo que la aljamía poseía en común con el leonés y el aragonés.

      Por otra parte, contra el castellano, el aragonés y el ca­talán y de conformidad con el gallego-portugués y el leo­nés occidental, se conservaba en la aljamía el grupo -MB- latino y en Granada llamaban Colombaira al pueblo que los castellanos llamaron Colomera (cfr. cast., arag. paloma, cat. coloma o paloma, leon. palomba, gall.-port, pomba).

      De igual modo podemos señalar en el territorio catalánizado por la reconquista diferencias respecto al catalán 79. Ben Alabbar, autor valenciano que escribe en los primeros años del siglo XIII inmediatamente anteriores a la recon­quista, apunta el sobrenombre Ibn Monteyel dado a un cadí de la ciudad de Valencia por los años de 1101 y a un lite­rato de Murviedro muerto en 1223 80 y según el «Reparti­miento» de la conquista había en la Valencia árabe lugares conocidos por los nombres de «alqueriam de Xilviela del Argarbia», «orto P. Çalarieta» y «turre de Avenfierro», «turrim que vocatur Castiella» en Játiva, etc.81.

      Cosa análoga en Portugal: los rasgos portugueses no se introdujeron en las regiones del Sur sino por efecto de la portuguesización tardía. La aljamía de Lusitania, por ejem­plo, no perdía la -L- y -N- intervocálicas, como el portugués del siglo XI; esto nos lo indican ciertos nombres toponími­cos del Sur, como Mértola < *Mirtula, Myrtilis, Baselga < basilica, Odiana < wadi-Ana (el río Guadiana), Madroneira en Beja (frente a Madroeira en Santarem), Moli­no en Évora (frente a Moinho en el Norte) y otros así 82.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

40  En un documento de Campoo, al Norte de Palencia, de ha­cia 1196 (Menéndez Pidal, Docum, ling., Castilla, n° 17) se escri­be heo, eo, junto a eh, he ’Yo tengo’, lo cual confirma la interpre­tación de -ayu, -eyu como descendiente del verbo habeo en los futuros citados. Otras jardyas se han leído con pérdida de la -o (advolaréi, amaréi; faré).

41  En el Norte cristiano, durante los siglos X al XII hay vacila­ción entre formas con -t, -d, -z conservada y perdida (según muestro en Orígenes del esp., §§ 70 y 781).

42  Muwaššaha hebrea 14a.

43 Muwaššaha hebrea 11a.

44  Esto es, que no ha sido desplazado en el habla común por generalización del germanismo blanco, que es ya la voz emplea­da exclusivamente en el poema de Mio Cid.

45  «Garrid vos, ay yermaniellas / com’ contener a mieu mali! / sin el habib non vivréyu / advolaréi demandari»; «Gar, si yes devina / e devinas bi-l-haqq, / garme cuand me vernád / mieu habibi Išaq»; «[...] gar qué faráyu? / ¿cómo vivráyu / est al-habib espero, / por él morráyu» (según mi lectura de las jardyas hebreas 4, 2 y 15, «Cantos románicos andalusíes», Bol. Acad. Esp., XXXI, 1951, pp. 244, 223 y 225, corregida con lo observado en «La primitiva lírica europea», RFE, XLII, 1960, p. 316). El verbo apa­rece también en las jardyas 22, 23, 26, 34 y 38 (el arabismo habib significa ’amigo’).

46  Conforme a la acertada interpretación de García de Diego, Dicc. etim. (1954) y García Gómez (Al-Andalus, XV, 1950, pp. 161-163); comp. Corominas, Dice, etim., s.v. garrido.

47  Atrás, § 3 y n. 22.

48  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed.  1950, § 4644c.

49  Simonet, Hist. de los mozár., p. 605.

50  Simonet, Hist. de los mozár., p. 415.

51  Simonet, Hist. de los mozár., p. 360.

52  Opinión de Meyer-Lübke, rebatida en Orígenes del esp., p. 261 (ed. 1950, p. 255). Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, pp. 256-257, combate también la opinión de Meyer-Lübke. En un extre­mo opuesto, Carnoy, Latin d’Espagne, 1906, p. 119, en vista de las inscripciones visigóticas que ofrecen sonorización, había por su parte afirmado rotundamente que «le phénomène était accompli au septième siècle». ¡Ni en el s. X estaba concluida la evolución! Meyer-Lübke y Carnoy compartían la creencia en el carácter puntual de los cambios, en que un cambio fonético se consuma en unos pocos decenios; no conocen la enorme dura­ción que una ley fonética tiene en su desarrollo, ni los estados latentes y de proscripción que un fenómeno atraviesa. Steiger, Contribución, 1932, no maneja el concepto necesarísimo de la ultracorrección.

53  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 562 y ss. (ed.  1950, p. 532).

54  Véase atrás, cap. I, n. 93, y Orígenes del esp., ed. 1950, § 464b.

55  Hübner, Inscr. Hisp. Christ., 108a y Suppl., p. 54. Distinto en Vives, Inscripciones cristianas,  1942, n° 436, pp.  156 y 200a.

56  La ultracorrección de la inscripción de Martos es insepara­ble de la forma árabe y nos impide acoger la duda de A. Steiger, Contribución, 1932, pp. 155-156, 378 n., respecto a la ultraco­rrección, queriendo explicar la sorda más bien mediante la pre­ferencia que tienen las lenguas semíticas por los sonidos enfáti­cos. De todos modos, Steiger reconoce (p. 154) que la opinión de Meyer-Lübke no es sostenible.

57  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 464a-b.

58  Simonet, Hist. de los mozár, p. 67.

59  Asín Palacios, Glosario, 400°, 66°; Asín (132°) lee mal capellosa, pues el manuscrito distingue bastante regularmente la b con tešdid = p, de la b simple.

60  Simonet, Hist. de los mozár., pp. 410, 568; Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 464c.

61  Simonet, Hist. de los mozár, p. 467.

62  Autógrafo, Portugaliae Monumenta Hist., Dipl. 9°; el 12°, año 897, 14°, 907. También autógrafos, contienen firmidate, «nodum die», etc.

63  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 247 (ed. 1950, p. 241).

64  Véase atrás, cap. IV, § 10.

65  Como, en territorio vasco, Luco, ayuntamiento de Ubarrundía, Álava.

66  El antiguo Lucus Asturum (7 kms. al N. de Oviedo).

67  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 902.

68  Topónimo de que ya hemos tratado en la Parte 1a, cap. II, § 6.

69  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 199 (ed. 1950, p. 181).

70  Véase Menéndez Pidal, «El Imperio Rom. y su prov.», en His­toria de España, II, p. 586.

71  Los nombres portugueses se suelen tener por derivados de un genitivo sin palatalización de la -C-: Ourique < Aurici, Manique < Manicii (H. Lautensach, «Die portugiesischen Ortsnamen», en Volkstum und Kultur der Romanen, VI, 1932, p. 147). Pudieran ser simplemente casos de pérdida de -o como Alberique Valencia, Ubrique Cádiz (comp. Manrique, Almerich).

72  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 902, 196, 201,2,5.

73  Glossarium latino-arabicum, ed. Seybold, p. 554.

74  Orígenes del esp., ed. 1950, § 902.

75  Orígenes del esp., ed. 1950, § 504.

76  En el vocabulario mozárabe levantino del s. XIII. Hay tam­bién el topónimo Lauxar, año 1222, en el partido de Navahermosa, y hoy Laujar en Almería.

77  En el Glosario de Leyden, s. X, como equivalente de falcastrum.

78 Lo que sigue, conforme a lo que digo en Orígenes del esp., ed. 1950, § 90.

79  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 903, 912.

80  Simonet, Hist. de los mozár., p. 375. Es patronímico usual también entre los cristianos y hoy subsiste como apellido: Montiel.

81  Simonet, Hist.  de los mozár.,  pp. CVII, CVIII,  514,  594 y Galmés, «El mozárabe levantino», en NRFH, IV, 1950, 313-346.

82   Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 901.

 CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

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La Garduña Ilustrada

Imagen: letra I, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      Tan lejos de olvidarse estaba en al-Andalus la lengua vulgar romance, la «aljamía», que sabemos había entre los musulmanes hispanos muy altos personajes o muy venera­bles por su virtud que sólo se expresaban en ella, por no saber árabe.

      Por ejemplo, el padre del eunuco Násar, favorito de Abderrahman II, no sabía hablar sino en aljamía; así nos lo dice expresamente una anécdota de Aljoxaní al presentárnoslo en una calle de Córdoba, hacia 850, rodeado fastuosaente de su guardia personal y gritando en romance a las personas del séquito del cadí o juez 14. Otra anécdota del mismo Aljoxaní nos cuenta de un piadoso cordobés lla­mado Yenáir (nótese que lleva nombre romance, el moder­no «Gener», «Giner» < Ianuarius), hombre muy popu­lar y venerado por sus ortodoxas doctrinas musulmanas, el cual no hablaba sino romance y en un proceso contra el cadí ante los ministros del califa (hacia 836) declara en aljamía, y califica al acusado con un diminutivo romance tan expresivo, que Abderrahman II, cuando le fue comu­nicado por los ministros el texto de la frase, quedó tan convencido de la culpabilidad del enjuiciado que lo desti­tuyó 15.

       Fuera de estos casos extremos de desconocimiento del ára­be por ciertos muladíes, hemos de suponer que los musulma­nes cultos, al igual que los mozárabes, serían bilingües, como el cadí o juez de Córdoba Suleimán ben Asuad que, en la sala de la audiencia pública, contesta humorísticamente en alja­mía (hacia el año 870) a una pobre mujer que le habla en su lengua romance pidiéndole justicia 16.

      Si un candidato para el cargo de cadí en Córdoba, la capital del califato, podía, según consta, tener en 921 un padre y una madre de familia completamente latinada 17 ¿qué no sucedería en lugares alejados del gran centro ad­ministrativo? Sin duda, en los primeros siglos de domina­ción musulmana el pueblo de al-Andalus hablaba predominantemente en aljamía, en la lengua romance heredada de sus antecesores hispano-romanos o hispano-godos, pues esta población seguía siendo mayoritaria frente a los coloniza­dores beréberes, árabes o sirios.

      A la preponderancia de los muladíes y mozárabes alja­miados contribuía mucho el hecho de que los principales centros de población, como Sevilla y las ciudades de la Frontera («inferior» y «superior»), como Toledo, Mérida y Badajoz, Zaragoza, estaban llenos casi totalmente por los romano-godos; los árabes no gustaban de las ciudades, preferían establecerse en la campiña, en las heredades de los fugitivos o de los desheredados 18.

      Este período se cierra con la rebelión muladí más impor­tante de todas las que desde fines del sigo VIII habían ve­nido produciéndose en el Emirato y Califato cordobés 19, la de la serranía de Ronda, que comenzó en 879 y que lue­go, al año siguiente, fue capitaneada por Omar ben Hafsún, hijo de noble familia goda recién renegada 20. El historiador Ben Hayyán, al referir estas luchas, nos viene a informar de que los andaluces sublevados hablaban en ro­mance. Cuando el sultán Abdállah, después de gran demora, sacó al fin su ejército para combatir a los rebeldes en 891, Omar manifestó su alegría dirigiéndose a su amigo Ben Mastana en unas frases dichas en aljamía que comen­zaban comentando «esto es una bravata 21 de la boyada» y el historiador, para más propiedad, inserta en el árabe la palabra boyata y la explica diciendo «voz que en aljamía quiere decir manada de bueyes» 22. La derrota de Omar, ocurrida en aquella ocasión, inició el lento declive de los rebeldes a la autoridad del Califato 23. El martirio en Cór­doba de santa Argéntea, hija de Omar ben Hafsún, el año 937, puede ser mirado como último episodio de esta edad de entusiasmo nacionalista.

      Bajo ese emir de Córdoba Abdallah (del año 888 al 912), que en 891 derrota a Omar ben Hafsún y se apodera del castillo de Polei, bastión de su estado rebelde, floreció un poeta ciego de Cabra (la antigua Igabrum, al Sur de Córdoba), llamado Mocáddam (o Mohámmad) ben Mahmud el Cabrí, inventor de un nuevo género de poesía ará­biga, de tipo popular, con tres revolucionarias novedades; estaba escrita en versos cortos (no en largos versos bimem­bres como los usados en la métrica árabe), agrupados en estrofas de rimas cambiantes (mientras la versificación clá­sica de las qasidas era monórrima indivisa) y combinando el árabe literario con unos versos en lengua conversacio­nal, sea en árabe vulgar sea en aljamía, que constituían el markaz, en cuya estructura métrica se apoyaba el poema 24. Este nuevo género de poesía, llamado muwaššaha, alcanzó un gran éxito cortesano, ya que ese poeta vulgar bilingüe fue uno de los poetas favoritos de Abdállah, según nos dice Ben Jaldún 25, y desde al-Andalus la muwaššaha llegó a propagarse al Oriente, a pesar de la incomprensibilidad de sus versos finales cuando reproducían el bilingüismo popular de la España árabe 26.

      Esa última parte de las muwaššahas, llamada también jardya, nos interesa aquí especialmente, dado que en ella puede usarse la lengua romance, sea de forma independiente, sea entremezclada con arabismos sin duda incorporados a la al­jamía en el habla popular. Tras el descubrimiento paulatino de una serie de muwaššahas, tanto en árabe como en he­breo 27, con su jardya en aljamía, compuestas en al-Andalus a lo largo de varios siglos por poetas muchas veces de renom­bre 28, han vuelto a resonar en nuestros oídos, tras novecien­tos años de silencio, las voces cantoras que la crónica latino-mozárabe del siglo VIII creía silenciadas para siempre 29. Los cincuenta cantarcillos de los siglos XI y XII que los poetas árabes y hebreos manejaron han enriquecido extraordinaria­mente, pese a su limitación, nuestro conocimiento de la lengua aljamiada, antes casi limitada al vocabulario proporcio­nado por los botánicos árabes de al-Andalus.

      Con anterioridad al descubrimiento de estas muwaššahas rematadas con canciones líricas hispanas, sólo conocíamos otro importante género de poesía arábigo-andaluza hetero­doxa en sus formas y también influida por la canción popu­lar, el zéjel. Las composiciones zejelescas, en que fue desta­cadísimo poeta Aben Cuzmán, un cordobés de origen hispano (según pone de manifiesto el nombre de «Guzmán») muerto en 1160 30, también eran estróficas y de estructura similar a la de la muwaššaha (pero sin versos finales autóno­mos), y también daban entrada en la poesía árabe al habla vulgar. Aunque no contenían canciones en aljamía, a lo lar­go de toda la composición acogían, según ocurría en el ára­be conversacional popular, voces o expresiones sueltas románicas 31, algunas de ellas reveladoras del conocimiento de una lírica tradicional romance 32. Naturalmente, su información acerca de la vitalidad de la lengua que tradicionalmente se ha venido llamando «mozárabe» era mucho más limitada que la proporcionada por las jardyas.

      Aunque la invención de la muwaššaha remonta a los últi­mos tiempos del período de gran agitación nacionalista de muladíes y mozárabes, las cancioncillas románicas que han llegado hasta nosotros pertenecen ya a tiempos posteriores, cuando la cultura musulmana española florece esplendoro­samente durante el califato y durante los reinos de taifas y la sociedad cristiana de los mozárabes se integra, regular­mente organizada, dentro de la musulmana.

      La lengua escrita de los mozárabes continuaba siendo el latín, según prueban inscripciones latinas halladas en Cór­doba, en Granada o en Malaga 33; aunque culturalmente se hallaban ya muy arabizados. En el s. X los mozárabes de Córdoba servían generalmente de intérpretes a los emba­jadores cristianos del Norte peninsular34. Su lengua con­versacional seguía siendo la romance 35.

      También entre los musulmanes continuaron usándose las dos lenguas. Cuando uno de los ministros de Abderrahman III, Abulcásim Lope, motejando a otro ante el propio califa, tiene que rimar la forma «qul» (قول) del verbo ’decir’, enjaretó, sin llegar a pronunciarla, la frase romance «su culo» ( شو قول), que Abderrahmen mismo completó entre las risas de todos 36. Y ese bilingüismo se prolongó, no ya sólo a lo largo de los siglos X y XI, sino hasta el siglo XII y aun en el XIII, según nos muestran los zéjeles de Ben Cuzmán y los escritores ára­bes interesados en la nomenclatura de las cosas, desde Ben Jóljol, que en 982 comenta a Dioscórides en Córdoba 37, has­ta el botánico malagueño Ben Albeitar, muerto en 1248 38, que aluden a cada paso a la lengua romance usada entre ellos 39.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

14  Hist,  de los jueces de Córdoba por Aljoxaní, trad, por J. Ribe­ra, 1914,  p. 136.

15  Hist,  de los jueces de Córdoba, trad. Ribera, 1914, p. 118. En la p. 227  se habla de un gran señor que vivía en Córdoba hacia 913 que no hablaba más que aljamía.

16  Hist,  de los jueces de Córdoba, trad. Ribera, 1914, p. 171.

17  Hist,  de los jueces de Córdoba, trad. Ribera,  1914, p. 171.

18  Dozy, Hist, des Musulm., II, 232-233; Recherches, I, 3a ed., p. 295.

19  Zaragoza, desde 788, formó un estado regido por el espa­ñol renegado Muza Ben Fortún, fundador de la dinastía muladí de los Beni Casi, ora fedataria de Córdoba, ora aliada de los toledanos, o de los navarros, o del rey de León Alfonso III, quien enviaba a Zaragoza a su propio hijo Ordoño para que allí fuese educado (hacia 880). Toledo empezó sus sublevaciones a fines del siglo VIII, y, bajo la protección del rey leonés Ordoño I (850-866), se constituyó en una especie de república autónoma. Mérida, rebelde también desde antiguo, fue desmantelada por el emir Mohammed en 868; pero, en seguida, el caudillo emeritense Ben Meruán, de origen muladí, se estableció en Badajoz (875) y fun­dó allí un principado casi independiente, aliado de Alfonso III por los años de 877.

20  Omar acabó por hacerse cristiano públicamente y como cris­tiano sería sepultado a su fallecimiento en el castillo de Bobastro. El apoyo de los mozárabes a la rebelión se hizo bien manifiesto cuando (según cuenta Ben Hayyan), al caer Polei en poder del califa, todos los miles de prisioneros menos uno prefirieron morir degollados a pronunciar la breve fórmula de la profesión de fe musulmana.

21  Según tradujo para mí Ribera: ’cosa hecha para asustar, bravata’.

22  Manuscrito de Oxford, fol. 74.

23  En ese mismo año los mozárabes y muladíes de Sevilla fue­ron exterminados por los árabes. Bajo el fuerte gobierno de Abderrahmen III, los Beni Casi fueron en 924 desposeídos de Zaragoza; el último hijo de Omar ben Hafsun rindió Bobastro en 928; Toledo, tras dos años de cerco, dio entrada al califa en la ciudad en 932.

24  Ben Bassām, que escribía en Sevilla en 1109, describe en su Dajīra las características de la muwaššaha en términos que po­drían ser interpretados de formas diferentes, pero que resultan hoy claros una vez conocidas las que tienen jardya romance au­tónoma. El mismo Ben Bassām nombra tres poetas cordobeses (muertos en 940, 1022 y 1028) que perfeccionaron la nueva poe­sía y complicaron su versificación. El pasaje de Ben Bassām, sa­cado a luz por Julián Ribera en 1915 (reproducido en Disertacio­nes y opúsculos, I, 1928, p. 101), fue mejor traducido por E. García Gómez en Al-Andalus, XXI, 1956, p. 312 (y antes por A. R. Nyki, en Al-Andalus, I, 1933, p. 386).

25  Prolegómenos, III (Notices et extraits des mss. de la Bibl. Impériale, XXI, p. 423).

26  Ya en la primera mitad del siglo XI la canción hispano-árabe estaba extendida por todo el mundo musulmán. El gran teó­logo, historiador y poeta cordobés Ben Házam, en su Risála o Epístola sobre las excelencias de al-Andalus, escrita entre 1035 y 1048, aduce el texto del historiador Ben Gálib, quien cita entre los méritos de los españoles «el haber inventado las muwaššahas de las cuales gustan tanto las gentes de Oriente que se han dado a imitarlas» (en al-Makkari, Analectes, II, p. 105. Para la fecha de la Risála, v. M. Asín, Aben Hazam, I, 1927), p. 273. El egipcio Ben Saná’ l-Mulk (1155-1211) formó una famosa antología precedida de un arte poética con preceptos sobre la composición de la jardya y de la muwaššaha.

27  Los hitos principales fueron la publicación en 1948 y 1949 por S. M. Stern de veinte muwaššahas hebreas, fielmente imita­das del modelo árabe, con jardya en aljamía y de una árabe tambien con jardya románica («Les vers finaux en espagnol dans les muwaššahas hispano hebraïques») en Al-Andalus, XIII, 1948, pp. 299-346 y XIV, 1949, p. 214, y la de «Veinticuatro jaryas roman­ces en muwaschahas árabes» por E. García Gómez en Al-Andalus, XVII, 1952, pp. 57-127.

28  Los descubrimientos realizados entre 1948 y 1952 suponen un total de 61 muwaššahas, 39 de poetas árabes y 22 de imitadores poetas hebreos, que nos dan a conocer 50 jardyas, 11 de ellas re­petidas por dos o por tres poetas distintos. Estos poetas pro­ceden de las más diversas regiones del Andalus: Granada, Almería, Córdoba, Sevilla, Badajoz, Murcia, Levante, Toledo, Zaragoza, Lérida, Tudela, según sumario en «La primitiva lírica europea. Estado actual del problema», RFE, XLII, 1960, pp. 279-354. Las muwaššahas conservadas son de los siglos XI y XII en su mayoría. Entre los que las escribieron se hallan los dos poetas hebreos del Andalus más famosos: Mosé ben Ezra y Judá ha-Leví.

29  A que hemos aludido en el § 1.

30  Ben Cuzmán, cuando todavía era muy joven, manifestaba su talento poético en la corte del rey Mutawákkil de Badajoz; cuan­do este rey fue depuesto y muerto por los almorávides, Ben Cuzmán empezó su vida errante por diversas ciudades de al-Andalus y murió ochentón en 1160. El Cancionero de Aben Guzmán (que publicó Nykl en 1933) es la más abundante colección de zéjeles conservada; pero Ben Cuzmán es heredero de una larga tradición poética, no su iniciador.

31  Véase R. Menéndez Pidal, «Poesía árabe y poesía europea», Bull. Hisp., XL, 1938, pp. 407-408, y O.J. Tuulio, «Sur les passages en espagnol d’Ibn Quzman, hispano-arabe du XIIe siècle», Neuphilologische Mitteilungen, XXXIX, 1938, pp. 261-268. En su zéjel 41° Ben Cuzmán dice «cuando venga yenair (’enero’) me pondré mis ropas de fiesta; basta que sea yenair para que yo lo festeje», el zéjel 137° nombra el mayo, el 87° la verbena, la hierba sagrada de los romanos, la que los cristianos ritualmente cogían al alborear la mañana de San Juan, manifestaciones todas ellas de su contacto con el calendario de los mozárabes. Adelante comentaremos (cap. x, § 2) otras frases, expresiones y vocablos que aparecen en los zéjeles de Aben Cuzmán.

32  «Alba, alba, es de luz en un día» (o «... en nueva día») (zéjel 82°), indudable reminiscencia de una albada (poesía en que dos amantes lamentan la llegada del amanecer, la hora de la doloro­sa separación). Véase adelante, cap. X, § 2.

33  Simonet, Hist, de los mozár., pp. 621-&27, 635-636, 651; Gómez Moreno, Iglesias mozár., 1919, pp. 364 y ss. Son, a veces, largos epitafios.

34  F. Codera, Misión histórica a la Argelia y Túnez, 1892, pp. 99, 101 y 103.

35  Como cosa rara se cita el caso de unos mozárabes de Alafoens (al N.O. de Viseo) que hablaban en lengua árabe (Dozy, Scriptorum arabum loci de Abbadidis, II, p. 7).

36  Según Ibn Idārī (Ben Adhari, El Bajan al-Mogrib, II, 243). Citado en Orígenes del esp., ed. 1950, n. 3 de la p. 422 (§ 88j).

37  El cual dice, en varias ocasiones, sobre ciertas plantas «en­tre nosotros se llama en latiní orbaco», «se nombra en latiní vul­gar entre nosotros tornaxole» (Simonet, Glos., p. XXIV).

38  Quien cita unas cuarenta veces nombres de «la aljamía del Andalus» o «de latinía» y atribuye algunas específicamente a «la aljamía del Oriente del Andalus» (casos de bentónica y bobrella); véase Simonet, Glos., pp. Vlll-IX notas y XXV.

39  En los últimos años del s. XI y primeros del s. XII, tanto el botánico anónimo sevillano como Ben Buclárix en Zaragoza, aparte de consignar numerosas voces en «la aljamía de al-Andalus», en general, se preocupan a las veces de especificar que ciertos nombres son los dados a tales o cuales plantas en Córdo­ba, Zaragoza, Toledo, Valencia, en Levante, en la Frontera Supe­rior o, simplemente, en «la Frontera». Véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 8939.

 CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra J, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      Los cristianos sometidos, los «mozárabes», conservaron sin embargo para el uso familiar la incipiente lengua románi­ca, y para la escritura el latín, a la par del árabe, como conservaron su religión y sus leyes góticas, junto con sus obispos, sus condes y sus jueces.

      El siglo IX fue una época de gran exaltación nacionalis­ta de los cristianos sometidos 2, que, aunque empobrecidos y vejados, fueron a menudo un importante apoyo para los muladíes o hispanos convertidos al Islam que desde fines del s. VIII se amotinaban o insurreccionaban en los princi­pales centros de población de al-Andalus frente a las autoridades oficiales del emirato cordobés.

      El Concilio de Córdoba de 839, donde asisten tres arzobis­pos y cinco obispos, muestra el celo del clero andaluz por mantener la unidad religiosa contra la herejía de los que llamaban «acephalos» o, con prosodia romance, acebaleos 3. Enseguida, la degollación de san Perfecto en Córdoba (año 850) abre la era de los martirios. Los calabozos cordobeses, donde yacían amontonados los confesores de la fe cristiana, entre ellos las santas Flora y María, resonaban en himnos eclesiásticos, y allí, en la prisión, san Eulogio, gran cultiva­dor del heroísmo, escribía el Documentum martyriale (año 851) para esforzar a las vírgenes en el tremendo sacrificio de la muerte. La Cristiandad admiró a los nuevos mártires, y cier­tos monjes de Saint-Germain-des-Prés de París peregrinaron a Córdoba para llevar a su abadía cuerpos y reliquias de esos santos mozárabes, prometiendo darles gran culto y honra, y el rey de Asturias Alfonso III obtuvo del califa de Córdoba el cuerpo de san Eulogio, que llevó a Oviedo, junto con un códice de las obras del santo, documento capital de mozarabismo (año 883) 4. En aquel siglo florecen, además de san Eulogio, los otros grandes escritores religiosos mozárabes: Álvaro Cordobés y el abad Samsón.

      El latín de este grupo de escritores hispanos de al-An­dalus es el último eco de la lengua hablada latina, aún viva en tiempos isidorianos, y termina su curso agotándose en supremo esfuerzo literario de barroquismo y oscuridad. La Crónica Mozárabe de 754, escrita en Toledo, practica un es­tilo crespo, enrevesado y tenebroso, frecuentemente rima­do, cuya monstruosa cerrazón hará decir al humanista Vaseo que más parecía lengua gótica que latín 5. Y sin tan mal gusto, el gran patriota mozárabe Álvaro de Córdoba se nos muestra como un biznieto de Lucano, bisabuelo de Mena y de Góngora 6, un eslabón más, aunque sea de bronce, en la áurea cadena del culteranismo cordobés. La prosa de trozos rimados, que en obras especiales habían cultivado san Isidoro y san Ildefonso 7, está ahora muy al uso: la similicadencia era recurso habitual del habla elegante 8 con el cual se embellecía a trechos toda buena prosa, según también se ve, en la España cristiana del Norte, en las inscrip­ciones votivas de la catedral de Oviedo, redactadas a nom­bre de Alfonso II hacia 802 9.

      Mas a pesar de esta resonancia alcanzada por la entusias­ta resistencia de los mozárabes, los motivos de decadencia eran enormes. Álvaro Cordobés, en su Indiculus luminosus, escrito en 854, lamenta la gran desnacionalización que entre ellos cundía: los jóvenes cristianos adoptaban hasta tal pun­to las costumbres de los dominadores que se circuncidaban por evitar denuestos y, enamorados de la erudición musul­mana, sólo se deleitaban en los versos y las fábulas árabes, sólo leían los libros de los infieles, así que desconocían los textos latinos, olvidando su propio idioma: «¡Heu, pro dolor! linguam suam nesciunt christiani et linguam propriam non advertunt latini!»;«... en la gente de Cristo apenas hallarás uno entre mil que pue­da escribir razonablemente una carta a su hermano, y en cambio los hay innumerables que os sabrán declarar la pompa de las voces arábigas y que conocen los primores de la métrica árabe mejor que los infieles» 10.

      Y, en efecto, hasta entre el alto clero había proliferado una gran rusticidad latina. El abad Samsón, combatiendo en su Apologeticus (hacia 864) al perverso obispo de Málaga Hostegesi (a quien llama, por juego de palabras, Hostis Jesu) se reía del mal latín que gastaba el tal obispo al es­cribir contempti por contenti 11 y quidam pestis por quaedam pestis, explicándole que «quidam dicitur vir, e t quaedam mulier» y, al propósito, le suministra­ba otra larga lección gramatical de concordancia 12.

      Estos datos han hecho creer a algunos que el romanismo se había perdido o se estaba perdiendo entre los mo­zárabes; pero sólo nos autorizan a afirmar que entonces no aprendían el latín sino el árabe como lengua de cultura; familiarmente hablaban el romance. Sólo los más cultos entre ellos serían bilingües, como el mártir San Perfecto, que habló en árabe ante el tribunal que le sentenció 13.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

2  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed.  1950, § 87.

3  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed.  1950, § 464.

4  Orígenes del esp., pp. 436 y 475 [ed. 1950, pp. 417, 452].

5  Véase edic. Mommsen, p. 328.

6  «Nieto de Lucano y precursor de Góngora» le llama Menéndez Pelayo, Ideas estéticas, II, pp. 75 y 76; en la p. 73 (abajo) nota grecismos extravagantes: engloge, eufrasia, etc.

7  Véase atrás, cap. I, § 11.

8  Tres y cuatro miembros similicadentes caracterizan el estilo de la Crónica mozárabe de 734. Ejemplos en R. Dozy, Recherches sur l’histoire de l’Espagne pendant le Moyen-Age, I, 1881, pp. 5 y 6; no son empero aceptables muchos de los casos de prosa rimada que aduce.

9  Esp. Sagr., XXXVII, pp. 140-141: «dirutum... contaminatum... fundatum... renovatum... accepimus... offerimus», al terminar una y otra inscripción.

10  En Esp. Sagr, XI, pp. 273-275.

11  Ultracorrección por huir del vicio contrario frecuente en las Inscriptiones Hispaniae Christianae, 361: contemserat, promtus, sumsit, etc.

12  En la Esp. Sagr., XI, pp. 404-408.

13  F. J. Simonet, Hist, de los mozár.,  1897-1903, p. 385.

 CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

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60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      La formación de un romance común irradiado principal­mente desde la urbe regia de Toledo fue interrumpida bruscamente con la invasión árabe de 711. Los primeros testimonios históricos nos presentan a gran parte de los directores de la sociedad hispana puestos en relación de inferioridad con los invasores: los provocadores de la inva­sión, los enemigos políticos del rey Rodrigo desaparecido en la batalla decisiva, la viuda misma de Rodrigo y aque­llas otras damas hispano-godas que en Hispalis por el año 715 atraían a Abdalaciz y demás nobles árabes en torno a una conspiración nacionalista, los colaboracionistas del alto clero como el obispo Oppa y otros así, todos entraban en trato íntimo con los advenedizos. Y los nuevos conquista­dores no venían romanizados como vinieron los godos; por el contrario, su lengua era servidora de una política y una religión dotadas de ímpetu expansivo sin segundo en la historia, lengua en carrera ascendente, que cuando poco después empezó a asimilar los productos de las civilizaciones helénica, persa e india, mostraría en los siglos IX a XII, enorme superioridad sobre el latín, entonces muy empobre­cido a causa de su aislamiento respecto del Imperio de Oriente depositario de la esencia y cultura helénicas. Ésta es la razón de que el superestrato árabe haya influido muchísimo más que el superestrato germánico en la cultu­ra y en la lengua. Los hispanos, lejos de imponer su latín y su incipiente romance a los invasores musulmanes, como lo impusieron a los godos, tuvieron que aprender el árabe como segunda lengua y lengua de cultura; y eso no sólo los que islamizaron, sino incluso los cristianos que, signifi­cativamente, recibieron el nombre de «mozárabes» o 'arabizados'. Una crónica latino-mozárabe del siglo VIII al lamentar en un trozo elegíaco la invasión africana destructora de la nobleza goda, evoca la cuestión lingüística entre las grandes calamidades que sufrió la patria: «Olvidados le son sus cantares, y su lenguaje tornado es ya en ajeno y en palabra extraña» 1.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

1  La Estoria de España de Alfonso X (Menéndez Pidal, Primera crón. gen., pp. 312a42), traduciendo el texto de una crónica mozárabe conocida por el Arzobispo Rodrigo de Toledo, De rebus Hispaniae: «lam extincta et oblita cantica in loquela labii, iam lingua loquitur peregrina», texto más amplio que el conocido según la Crónica mozárabe de 754 (ed. Mommsen, p. 353).

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2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

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4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

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21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

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59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

12. LA ESCUELA ISIDORIANA. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      En torno a san Isidoro durante el siglo VII, se produce por primera vez sobre el suelo peninsular un grupo de escritores denso y coherente. No sólo Sevilla, sino otras grandes ciudades episcopales como Zaragoza y Braga eran activos centros de este movimiento, y más que ninguna To­ledo, cuyos metropolitanos fueron todos ilustres escritores: san Eugenio (646-657), san Ildefonso (657-667) de familia goda, san Julián (680-690). También son escritores en la­tín otros godos: el gobernador de la Septimania, el conde Bulgarano (muerto en 672) y los reyes Sisebuto (muerto en 621), Khindasvinto (muerto en 621) y Recesvinto (muerto en 672). La provincialización del imperio ha venido a pa­rar a una nacionalización de las provincias cuyo primer fruto es la formación de estos grupos nacionales de escri­tores.

      Entre los de la escuela isidoriana se revelan ya ciertos ca­racteres hispanos de los que reaparecen en toda época pro­picia, y ninguna podía serlo más que la de este primer flo­recimiento de españoles en España (los Sénecas y Lucano florecieron en Roma), tanto por la inexperta espontaneidad del grupo como por su aislamiento, privado de compañía y de influjos en otros países. El principal de esos rasgos dis­tintivos es el gusto por la expresión exuberante y barroca. Ya de uno de los más antiguos escritores de este grupo, el rey Sisebuto (612-621), se ha dicho que tiene mucho de «gongorino» 143; luego, el biógrafo de los Padres Emeritenses, h. 633, califica el estilo usual, del que quiere prescindir, como abun­dante en enjoyadas pompas de la palabra, en «gárrulas espu­mas de la facundia» 144. Además, otro metropolitano de To­ledo, san Eugenio (646-675), en su Lamento por la llegada de la vejez, muestra cierto realismo tétrico, hermano del de mu­chas obras maestras de la literatura y del arte españoles; y más notable en la historia de la lengua poética es que el ci­tado Lamento cambie cuatro veces de metro en sólo cien versos que tiene; extraña inquietud del sentimiento rítmico de ese Eugenio, de cuerpo enfermizo y de espíritu bullente, como lo retrata san Ildefonso, que, aunque instruido en la poesía clásica y en la desusada cantidad silábica, es el primer rebelde hispano contra la uniformidad estrófica, rigurosa­mente impuesta por los poetas de la Antigüedad a los veni­deros; esta rebeldía polimétrica de Eugenio se repetirá a tra­vés de toda la literatura española, con otras rebeldías de tipos diversos que dan al arte peninsular su fisonomía pro­pia frente al de los pueblos hermanos.

      Con san Valerio, abad del Bierzo, muerto en 695, que vive muy lejos de la docta Toledo y se muestra ajeno a todo influjo de la Antigüedad clásica, acaba la vida de este gru­po importante. Enriscado en las montañas de León, revi­ve los recuerdos de los padres orientales de la Tebaida, pa­deciendo las mismas horrendas tentaciones vencidas por los antiguos eremitas y gozando en fantásticas apariciones las paradisíacas amenidades a la vez que contempla los horro­res del infierno. Con él se extingue la vida intelectual de los hispano-romanos.

      La España del siglo VII, la de Sisebuto y Recesvinto, pro­duce la última actividad de los romanos provinciales, como la España del siglo I, la de Nerón y Trajano, había produ­cido el primer florecimiento provincial. Pero esa actividad hispano-romana, última de Occidente, llevaba en sí ener­gías que prometían fecundidad prolongada: no sólo con­taba en sus comienzos con el valor duradero de san Isido­ro, sino que mostraba vigor en su final: la restauración de las formas clásicas de la historiografía llevada a cabo por san Julián, tan por cima del estilo «rústico» y descosido de su predecesor san Gregorio de Tours, denunciaba fuertes reservas de la tradición clásica en España, y dejaba esperar, cuando toda lumbre se había apagado en Italia, en Galia y en África, que el reino Toledano pudiese guiar la incorporación de los germanos a la misma, incorporación iniciada por Juan de Bíclaro, seguida por Ildefonso y pro­tegida por reyes germanos como Sisebuto, Khindasvinto y Recesvinto. Pero sobrevinieron turbulencias interiores, rema­tadas con la invasión árabe, y toda esperanza acabó. Ha­brá que dejar transcurrir un siglo, continuación de los tiempos de esterilidad general, salvo en Britania, para que otro rey de los pueblos invasores, Carlomagno, despierte la nueva vida cultural; entonces el resurgimiento no correrá ya a cargo de provinciales romanos, sino de los germanos, para ser continuado más tarde por los hombres mezclados de las naciones modernas, que ya no se acuerdan de si pro­ceden del imperio o de los invasores 145.

 

 

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

143  M. Menéndez Pelayo, Ideas estéticas, II, p. 56 n.

144  España Sagrada, XIII, p. 345. «Omittentes phaleratas verborum pompas, et praetermittentes garrulas facundiae spunnas ... simpliciter veraciterque narranens...»; la oscuridad del lenguaje fatiga a los oyentes en vez de instruirlos.

145 Menéndez Pidal, «La cultura en la Edad Media», en Hist. de la nación Argentina, II, 1937, pp.  133-135.

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2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

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5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

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12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

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13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

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CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

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CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

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26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

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29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

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58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      En el reino toledano se produce el postrer florecimiento de la literatura post-imperio. Cuando los últimos represen­tantes de esa literatura imperial póstuma habían desapare­cido lo mismo en África que en Galia o en Italia 137, cuan­do en todas partes el cultivo de la lengua literaria cesa, mostrando los romanos provinciales un general agotamien­to, cuando los germanos invasores permanecen en todas partes ajenos a la vida intelectual latina, España se distin­gue por la colaboración de los visigodos que tan romani­zados llegaron a la Península. Cuando aún los invasores germanos se mantenían extraños a la mortecina literatura latina, hallamos ya en España una excepción en el abad de familia goda Juan de Bíclaro, «el Biclarense»: es el primer germano que en el Occidente escribe en latín. Educado en Constantinopla hasta 575, aprende de otro godo, el bizan­tino Jordanes, el culto de la historia de la nación goda y escribe, desde Béjar, una continuación de la crónica univer­sal de San Jerónimo hasta el año 590, en que, junto al imperio de los romanos en Oriente, sólo tiene una relevan­cia en Occidente el reino de los godos. Este nacionalismo godo, que en Juan de Bíclaro no nos sorprende, se mani­fiesta de forma nunca antes vista en un hispano-romano (ya del s. VII), san Isidoro, el primer escritor que, al lado de una historia universal de las seis edades del mundo, conci­be, segregada de ella, una historia nacional de un pueblo, el godo, lo cual viene a ser una historia de Hispania, pues considera que esta «reina de todas las provincias» tuvo per­sonalidad preexistente a Roma. Es ésta su obra más original, pues pone en ella la teoría providencialista judeo-cristiana al servicio de una nación nueva.

      La obra principal de Isidoro fue, sin embargo, las Etymologiae (627-630). Es un esfuerzo inmenso por refrescar el vigor de las palabras evocando su sentido originario; la eti­mología es necesaria para interpretar rectamente el vocablo y para penetrar la esencia de las cosas: «nam cum uideris unde ortum est nomen, citius uim ejus intelligis». Entre la multitud de etimologías exac­tas (negotium de nec-otium, accusator que lleva a otro a la causa judicial, etc.) merecen notarse aquellas en que la relación exacta de las dos palabras es violentada en algo para obtener la explicación filosófica, «homo quiasit ex humo», «uir a uirtute», etimologías aproximativas, alguna de las cuales impone rígidos principios éticos a Isi­doro: «reges a recte agendo uocati sunt» y, por lo tanto, no obrando rectamente, se pierde el nombre de rey («peccarrdo regis nomen amittitur»)138, sentencia aplicada en el Concilio IVo Toledano, del año 633, presidi­do por el mismo Isidoro, que sancionó como destronamiento por respetos etimológicos la singular deposición del rey Suíntila «quien temiendo sus propios delitos se privó a sí mismo del reino». Claro que en muchos casos la etimología isidoriana es impresionista, es lo que la voz puede sugerir al hablante, no lo que el lingüista descubre con su linterna: semĭta 'medio camino' «a semi itu»; vinum porque al beberlo se dilatan las venas llenándose de sangre; «solem dixerunt quasi  solum» juego de palabras que aún  puede repetir Gracián: «él solo campea» 139. Estas interpreta­ciones isidorianas, sean exactas, sean erróneas pero sugesti­vas, aplicadas a todas las cosas divinas y humanas, ordena­das por materias en gigantesco conjunto, fueron guía semántica de todos los pueblos durante toda la Edad Media. No hay novedad en nada de lo que compiló; pero fue mucha novedad el concebir la necesidad de tender hacia el pasado un vínculo que sólo él podía tender como estudioso de tantas materias que hacía mucho habían caído en olvido y ser capaz de organizar ingentes masas de nociones que habían tenido expresión en las tres lenguas (hebrea, griega y latina) de la Antigüedad: artes liberales, medicina, leyes, religiones, santos padres, herejías, libros y bibliotecas, escue­las filosóficas, poetas, historia natural, cosmografía, agricul­tura, milicia, navegación, trajes, comidas, juegos... Su curio­sidad por el extinguido mundo antiguo nada excluye: informa sobre los dioses de los gentiles, sobre los atroces juegos circenses, sobre los lupanarios teatros, las lascivas comedias, aunque añada, claro es, alguna precautoria adver­tencia: «cristiano, debes odiar estos espectáculos de los de­monios», «los pronósticos de los astros son supersticiosos y los cristianos deben ignorarlos».

      Entre las otras obras de san Isidoro tiene también ten­dencia lexicográfica, a la vez que estilística singular, la de Synonyma. De lamentatione animae peccatricis, toda escrita a fuerza de sinonimias, de tautologías y de frases similicadentes o paronomásticas. «Quaes o te, anima, obsecro te, deprecor te, imploro te, ne quid ultra leviter agas, ne quid inconsulte geras...»; «O mors, quam suavis es amare viventibus! quam jocunda es, o mors, tristibus atque moerentibus!»140. Este estilo de excepción, no usado en las de­más obras isidorianas, fue imitado enseguida por san Ilde­fonso, metropolitano de Toledo (657-667), en su libro De virginitate Sanctae Mariae («more synonymorum conscriptus») y fue admiradísimo en la Edad Media, llamán­dolo «estilo isidoriano», aunque lo habían usado otros an­tes, empezando por san Agustín, sobre todo en sus sermones 141. Como las de Isidoro, algunas similicadencias de Ildefonso parecen guevarescas, hasta en la mayor lon­gitud del último período; así por ejemplo describe a la Vir­gen ante el ángel «turbata in sermone, attonita in cogitation e, stupefacta in salutatione, admirata in dictorum enuntiatione» 142. No que­remos con esto decir que Guevara imitase concretamente a san Ildefonso o a san Isidoro, aunque ello es, desde luego, posible.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

137  Véase atrás, § 5 y mi artículo en «La Nación» de Buenos Aires, 15-dic.-1963, «San Isidoro, lazo de unión entre la cultura antigua y la moderna».

138 Sentent., III. 48.

139 Criticón, 1ª, 2ª. Según nota L. Spitzer, en RFE, XVII, 1930, p. 179.

140 Synonyma, I, 19.

141  E. Norden, Die antike Kuntsprose, 2ª ed., 1909, pp. 622, 626, etc. A. Schiaffini, Tradizione e Poesía nella prosa d'arte italiana, 1930, p. 30 ss.

142  Véase la edición de San Ildefonso, De Virginitate, por Blan­co García, 1937, pp. 4 y 251.

 CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

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57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      Leovigildo, tan apasionado del nacionalismo godo como de la unificación política de la monarquía, emprendió va­rias guerras contra todos los pueblos rebeldes a la organización del nuevo reino. En esos pueblos hemos de ver, a la vez, los más refractarios a las corrientes uniformadoras que comenzaban a irradiar una lengua común desde las principales ciudades.

      En 577 somete Leovigildo a los rústicos del Oróspeda, hacia las fuentes del Betis; de la lengua de este pueblo nada ha quedado, a causa de la invasión árabe. En 574 vence a los rebeldes de la Cantabria, ocupa su capital Amaya y pacifica la provincia (Oriente de Asturias, Santander y Norte de Pa­lenda y Burgos). Esta provincia cántabra, solar de lo que después se llamará Castilla vieja o primitiva, nos va a ofrecer una latinidad singular, rebelde también, que hemos de su­poner tuvo ya existencia en tiempos visigóticos: no aprendió a pronunciar la f- latina, la cual iberizó en h-. De la lengua común toledana recibió sólo los neologismos más generales como la diptongación incondicionada (tierra; rueda; etc.), pero no los más especiales como la diptongación condicionada por yod (tiengo, huey) o la persona Ellos del perfecto -orón. Fermen­taba, sin duda ya, en esa pequeña Cantabria una disidencia lingüística, llamada a grandes destinos. No sabemos si los rebeldes contra Leovigildo eran ya godos; quizá no lo fuesen, y entonces sería Leovigildo el que germanizó esa provincia que bajo el nombre de Castilla en el siglo X se nos mostrará en sus costumbres con un fuerte carácter germánico.

      Los vascones más meridionales y demás pueblos ibéricos del Pirineo estaban romanizados hacía mucho, desde las ciudades de Gracchurris fundada en 179 a.C. (hoy Alfaro), de Calagurris, de Cesaraugusta y Osca, to­das unidas por la via Augusta que conducía a Tarraco 123. Pero al Norte de la zona atravesada por esta vía quedaban pueblos sin romanizar y sin someter comple­tamente aunque existían vías accesorias que llevaban al Norte de los Pirineos por Pamplona y por Jaca. Leovigildo ocupó la parte occidental de la Vasconia y fundó a Victoriacum Vitoria (581); pero ello no supone que los sometidos abandonaran su lengua autóctona. Entre los siglos VI y VII es época de gran efervescencia expansiva de los vascones. En 587 ocurre el gran desbordamiento de los vascones por la Aquitania, la cual ocupan hasta el Garona dando al país el nombre de Wasconia (la inicial w pronun­ciada por los francos queda en los nombres modernos Gascogne, Gascuña). Estos vascones caían sobre el pueblo aquitano que era afín a ellos racial y lingüísticamente, así que no puede decirse si el vasco francés es resto lingüístico de la invasión de 587 y otras semejantes o resto de la lengua ibero-aquitana. Tanto vascos como aquitanos carecían total o parcialmente de romanización como muestra su toponi­mia abundante en nombres ibéricos 124. Ahora en tiempos visigóticos debió de ser romanizada la región Norte de la vía romana, es decir, la región de Benabarre, Jaca y San­güesa de los ilergetes y vascones orientales, donde los to­pónimos ibéricos se romanizaron en tiempo en que aún se practicaba la diptongación: Javierre, Javier < «echabe-rri» ’casa nueva’, Lumbier < irumberri ’villa nueva’, Láscuarre < latz-corri ’arroyo rojo’, Ardanué < ardanoi ’vi­ñedo’?, Laguarres, Araguás, etc. formándose también nom­bres híbridos, de latín + sufijo ibérico, como Aquilué < Aquila + oi ’aguilera’, Paternué < paternu + oi (cfr. Villa Padierna, Paterna). Probablementre parte de esta zona per­tenecía a los vascones, que hacían incursiones en la Tarra­conense (a la vez que en Aquitania) y fueron vencidos por Recaredo hacia 588, por Gundemaro hacia 610, por Suíntila hacia 623 y por Wamba en 675 125. Esa región al Sur de los Pirineos, romanizada según parece en los siglos VI-VII, se prolonga al otro lado de la cordillera por los valles del Pau, Ossau y Aspe, al N.E. del País vasco francés. En esos territorios aquitanos y en los alto-aragoneses, desde Benasque y Huesca, la lengua romance no sonorizó las oclu­sivas sordas y aún hoy se conservan restos abundantes en la lengua común como collata o cochata ’collada’, mediata ’ma­jada’, escopallo ’escobajo’, forato ’agujero, horado’, gayato ’ca­yado’, napo ’nabo’, espatiella o espatiecha, berruca, lacunas, caxico ’cajiga, quejigo’, etc. 126. En estos tiempos visigóticos debió de ocurrir la gran latinización que se observa en el léxico vasco, mayor que la del germánico, el celta, el albanés o el griego 127. Estos préstamos latinos entraron sin sonorizar la oclusiva sorda, sea por influjo de esa zona li­mítrofe 128, sea por haber recibido los latinismos en forma culta debido a influjo eclesiástico: biku < ficu, praca < braca ’pantalón’, sakratu de sacrare jurar’, kereta < cleta, errota < rota ’molino’, aprilia < aprilis 129, atxeter < archiater ’médico’, helenismo del Bajo Imperio 130. Tampoco ce ci, ge gi se adaptaron palatalizadas: bake < pace, neke < n e c e, kipula < cepulla, keriza < ceresea, lege (pronunciado «legue») ’ley’, zartagin < *sartagine ’sartén’. Sin duda estos préstamos no son en su mayoría de la época imperial; una palabra como errege (pronunciado «erregue») < rege ’rey’ se recibiría en época goda ya que durante el Imperio tal voz era inusitada en la lengua ordi­naria y aun políticamente vitanda. En cambio, topónimos como Liquiñano < Lĭcinianus Guipúzcoa, Luquiano < Lucianu son testimonios de una colonización de época imperial131. En cuanto a las vocales latinas, las breves no las recibió diptongadas, la final (según vemos en las voces arriba citadas) naturalmente se conservaba, el diptongo au permanecía sin monoptongar (causa > gauza ’cosa’, cautu > kautu ’asegurado’, cfr. port, couto, esp. coto), y también, en la generalidad de los préstamos, se mantenía -ariu (mercatári ’mercader’, tratulári < *tractulariu ’tra­tante’ 132 jokolári < iocularis ’gracioso, truhanesco’, el neologismo hispano *lucrariu 133 lukurári ’logrero’), aun­que tomó ya algún diptongo decreciente de origen romá­nico como soláiru ’entarimado’, mortáiru (Roncal) o morteiro (Baja Navarra) ’mortero, almirez’, kereiza (Alta Navarra) o gerezi (Guipúzcoa, Vizcaya) ’cereza’. Esta penetración de vocabulario latino no impidió que las ciudades de Victoriacum y Pompaelone (nombre híbrido, ya que Estrabón lo interpreta ’Pompeiopolis’, esto es Pompeius + ili, = iri, ’ciudad’)134 siguieran estando rodeadas de población de lengua vascona (Pamplona con­servó hasta hoy su nombre autóctono de Iruña) y, aunque Pamplona fuera ciudad episcopal, no tuvo fuerza para irra­diar romanidad, sino apenas para abrigarla en sus calles y en sus arrabales. La penetración del romance en estas zonas viene del Sur y es muy tardía, como se ve en las co­marcas de Tafalla y Estella, donde los nombres vascos se romanizaron sin diptongos: Iriberri ’villa nueva’, Baigorri ’río rojo’, contrariamente a lo sucedido en la zona romanizada antes 135. En los siglos IX-X, mucho después de la desaparición del reino visigodo, el vascuence predominaba aún bien al Sur del Ebro, hasta tierra de Juarros y los Picos de Urbión 136.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

123 Menéndez Pidal, «Sobre las vocales ibéricas», RFE, V, 1918, p. 250, Orígenes del esp., p. 486 (ed.  1950, p. 462).

124  Menéndez Pidal, «Sobre las vocales ibéricas», RFE, V, 1918, pp. 225 ss. y, con correcciones importantes, Topón. prerrom., 1952, 7-48 y mapa.

125  A. Schulten, «Referencias sobre los vascones», RIEV, XVIII, 1927, pp. 235-240. Rohlfs, RIEV, XXIV, 1933, p. 329; cree que la romanización es anterior al s. X (!), fundándose en la diptongación de los topónimos.

126  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., 258-259 (ed. 1950, pp. 251-252); W. D. Elcock, Aragonais et Béarnais, pp. 37-130.

127  Rohlfs, en RIEV, XXIV, 1933, p. 345. El tema fue iniciado por M. de Unamuno, «El elemento alienígena», Zeit. f. rom. Phil, XVII (1893).

128  J. Saroïhandy (RIEV, VII, 1913, pp. 475-497) y varios que le siguen miran como rasgo de fonética ibérica la conservación de la sorda en las inmediaciones del País Vasco. Entendamos que se trata de fonética latina, conservación de un sonido latino; el influjo ibérico se limita a rechazar una evolución céltica, como la rechaza el Sur de Italia.

129  Rohlfs (RIEV, XXIV, 1933) cita abundantes ejemplos.

130  De donde también el alemán Arzt.

131  Véase Parte IIª, cap. II, § 2 (p. 96).

132  Forma influida acaso por -aris.

133  Esp. logrero, cat. llogrer, port, logreiro (Rohlfs en RIEV XXIV, 1933, p. 336; REW, 5146 no da el correspondiente término vasco).

134  Rohlfs en RIEV, XXIV, 1933, p. 328.

135  Menéndez Pidal, «Sobre las vocales ibér.», RFE, V, 1918, p. 225, y Top. prerrom. 1952, p. 43. Baigorri, llamado ya así en do­cumentos del siglo XIII, al sureste de Estella, está en área castellanizada bastante antes del siglo XVI; la castellanización al Oeste y Nordeste de Burgos fue mucho más temprana, pero todavía los vecinos de Ojacastro en La Rioja, entre las ciudades de Logroño y Burgos, tenían por fuero, confirmado entre 1234 y 1239, el poder deponer «en bascuençe» ante los tribunales cas­tellanos (J. B. Merino Urrutia, El vascuence en el valle de Ojacastro, con una adición sobre el vascuence en Burgos, 1936).

136 Véanse los mapas que publico en Top. prerrom., 1952, p. 48 y Orígenes del esp.,  1950, p. 464.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra P, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      La distribución territorial de estos fenómenos tiene una explicación topográfica. La región central visigótica de Mérida y Toledo tenía como grandes medios de comunicación dos principales vías que en forma de V arrancaban de Mérida hacia el Norte 117: una, la calzada llamada de Quinea o «de la Plata», que conducía a Astorga, León y Gijón; otra, la «vía Galiana», que se dirigía a las Galias por Tole­do, Zaragoza y Jaca, y por cima de Toledo se bifurcaba de nuevo en V hacia occidente para buscar la vía de la Plata. A uno y otro extremo de esa bifurcación vemos hoy coinci­dir rasgos dialectales que faltan en el medio; prueba de que el foco uniformador se hallaba en el vértice de esa V, en Mérida o Toledo. Lo cual se ve aún mejor en otros casos. Más ceñidamente a las inmediaciones de las dos grandes vías en su extremo norte vemos hoy coincidencias de los dos dialectos asturo-leonés y navarro-aragonés en rasgos del todo singulares, como la persona Ellos del Perfecto en -orón. Ellos comproron, metioron (con ó tomada de la persona Él compró): tal coincidencia se da sólo junto a la vía de la Pla­ta, hacia Salamanca, Astorga y Gijón, pero no se da lejos de ellas, no en Galicia, no en Castilla; e igualmente junto a la vía Galiana, hacia Jaca, pero no ya lejos de ella, y lo mismo que no se da en Castilla, tampoco en Cataluña. Semejante situación a los dos extremos de las vías de la Plata y Galiana tiene hoy la vacilación del diptongo incondicionado de ĕy de ŏ: siella, sialla; puorta, puarta, puerta, extraña a Castilla, donde desde muy pronto se fijó en las formas ié, ué 118, y extraña a Galicia y Cataluña, que no diptongan.

      También los tres rasgos representados por uello, llengua y les cases se extienden sólo en las inmediaciones de la vía de la Plata, León-Gijón, alguno como les cases, cantaben muy ceñida­mente a ambos lados de ella 119. En fin, entre los rasgos que no son peculiares a la Península y que debieron de ser propa­gados desde Toledo hacia el Norte, cabe citar uno de la Ro­mania del Sureste, la persona Él *ĕt, del presente indicativo del verbo esse, que en leonés y en aragonés hace iet antiguo, ye o e moderno, y en gallego-portugués he, como el italiano è, rumano e; mientras se conserva el clásico est en la Romania Septentrional, francés, provenzal, catalán y castellano, Él es 120.

      Combinando así los escasos datos mozárabes con las co­incidencias entre los dialectos occidentales y orientales, lle­gamos a saber algo de la lengua hablada en tiempos visi­godos. Los varios romances peninsulares de entonces estaban distribuidos en forma muy diversa de la que des­pués estuvieron. En el mapa lingüístico del siglo XIII acá los dos extremos, es decir, el portugués con el leonés al occidente y el catalán con el aragonés al oriente, aunque presentan entre sí notables semejanzas, están en absoluto incomunicados por la interposición del castellano; por el contrario en el mapa antiguo esos dos extremos no sólo se acercaban más por el Norte, sino que se unían por el Sur mediante los dialectos del centro, análogos a los de los extremos 121. Desde la ciudad regia comenzaba a formarse un romance común, y esa habla toledana usada en la corte del rey Rodrigo se parecía mucho más al asturiano y al aragonés que al castellano, más que nada se parecía al as­turiano, aun al asturiano occidental, pues los mozárabes toledanos todavía en el siglo XIII seguían pronunciando el diptongo ei gallego-astur: veiga, carreira 122. Si la invasión árabe no hubiese venido a despojar a Toledo de su ascen­diente lingüístico uniformador, la Carpetania de Eugenio Ildefonso y Julián, en unión con la Bética de Isidoro, habrían consumado la formación de la lengua literaria. Po­dríamos así bromear que de haberse escrito el Quijote sin que Cid Hamete se asentara en la Mancha habría co­menzado: «En un llugar de la Mancha», y usando les cases, uello, vinioron, Él ye, fillo, feito y demás rasgos en que el asturiano y el aragonés pirenaico se distinguen del caste­llano. Pero hondas conmociones históricas hicieron que la urbe regia visigoda, decayendo de su dignidad, olvidase su romance originario, y cuando rodando los siglos recobró la jerarquía de ciudad imperial y volvió a ser norma del buen decir, como afirmaba Cervantes, fue norma del puro caste­llano, una lengua allí advenediza.

      La Bética, con Hispalis, Corduba, Iliberris y demás ciuda­des episcopales, y toda la costa levantina de la Cartaginen­se y la Tarraconense, tierras todas ellas herederas de la más antigua romanidad y cultura urbana más desarrollada, se destacarían, sin duda, en la España visigótica como áreas refractarias a ciertos neologismos de pronunciación, como la diptongación de las vocales ǫ, ę surgida para extremar su di­ferenciación respecto a ọ, ẹ, que el centro del reino toledano practicaba. También ya entonces se iniciaron las singularida­des lingüísticas de los núcleos bracarense y tarraconense y, asimismo, debieron de formarse multitud de variedades dia­lectales en las zonas montañosas, más aisladas de influjos uniformadores; en algunas de ellas ni siquiera se había com­pletado la romanización de los pueblos autóctonos.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

117  Véase Menéndez Pidal, Historia y Epopeya, 1934, pp. 272-274.

118 Orígenes del esp.,  1950, § 1002.

119 A lo largo de los tiempos he vacilado en considerar a los pueblos de San Ciprián de Sanabria (Zamora) y de El Payo (Salamanca), islotes en que se reproduce esta pronunciación, como colonias lingüísticas debidas a la repoblación con asturianos, o como últimos restos de un dialectalismo leonés con rasgos que hoy sólo perduran en el asturiano central. Ambos pueblos se hallan retirados al Occidente de la calzada de Quinea rodeados de hablantes que no dicen Ellos canten, les gallines, etc. aunque comparten los restantes aspectos dialectales de su habla. Véase, por ejemplo, «Pasiegos y vaqueiros», 1954, pp. 22-23 (primera hi­pótesis) y «Dos problemas iniciales», 1960, pp. XLVII-XLIX.

120  La pareja leonesa y aragonesa Tú yes, Él ye es análoga, salvo que se trata de lenguas que diptongan la ĕ acentuada, a la portu­guesa Tú es, Él he. El catalán y el provenzal van por otro camino: Tú ets, ęst (o s), Él es. El castellano considera ambas personas átonas y parte de tipos etimológicos diversos: Tú eres, Él es (sin diptongar la ĕ). Las formas diptongadas de Tú yes remontan a ĕs vulgar y primi­tivo, no al clásico ēs (Meyer-Lübke, Gram. II, p. 277 nota).

121  Véase el mapa resumen (nº 7) que incluyo en Orígenes del esp.,  1950, § 1012.

122  Sobre ai, ei entre los mozárabes trato demoradamente en Orígenes del esp.,  1950, § 482, con muy amplía documentación.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra Q, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX