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Obras de Diego Catalán

71.- 5. EL PATRONÍMICO EN -Z

71.- 5. EL PATRONÍMICO EN -Z

5. EL PATRONÍMICO EN -Z. III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

      El gran suceso onomástico de esta época es la aparición de patronímico terminado en -z que hoy seguimos emplean­do convertido en gentilicio.

      El sistema romano del triple nombre 69 había llegado a olvidarse a fines del Imperio, hacia el siglo V 70, por la preferencia dada al simple nombre bautismal y por el uso germánico del nombre también único. Así en la España visigoda y en la asturiana del siglo VIII las personas se designan con un solo nombre. Pero un solo nombre viene por fuerza a repetirse en multitud de personas y a ser de­signación insuficiente, y por eso nació la costumbre de añadirle el nombre del padre 71 con el sufijo ibérico -z, de pertenencia o posesión, tal como ese sufijo se usaba en toponimia, con vocal variable.

      Los primeros ejemplos aceptables 72 del sufijo -z como patronímico ocurren en Castilla. El poblador de Brañosera (Palencia) en 824, reinando Alfonso II en Oviedo, se llama «ego Monnio Nunniz ... comite Monni Nunniz» 73. Una do­nación a la Catedral de Oviedo, año 853, nombra: «in Castella, in territorio de Amaia ... partem de Asur Fannez ... termino de Asur Fanniz ... termino de Annaia Roiç»; es una escritura conservada en copia del siglo XII que, sin duda, moderniza en la forma Roiç; va confirmada por el rey Ordoño y cuatro civiles, designadas por un solo nom­bre cada una 74. En el valle de Lora, al Norte de Burgos, se nombra en 882 a «Vermude Albarez 75; en Álava, en 873, al «senior Sarrazini Munnioz» 76.

      Pero también aparece tempranamente en Galicia «Domina Exsemena Moniiz... fazio libertate Mariane Monizi», Lugo 837 77; «Pelagius Pelviz», 883, «Munnio Muniz comes», 889 78; y en Portugal: «Vutierre Mendiz» entre 850 y 866, «Menendus Menendiz, Teodila Gudiniz, Gudinus Gundizalbiz» 897 79 .

      Contra lo que alguna vez se ha creído 80, el uso del pa­tronímico no surgió entre los nobles interesados en osten­tar su prosapia, pues a mediados del s. IX una mayoría de las caserías de siervos que la Catedral de Oviedo tenía en Pravia son identificadas citando el nombre seguido del patronímico: «casata de Veremundo Ectaz debent sedere piscatores, casata de Flayno Guntriguiz debent sedere cana­lizos et totum seruitium facere ... Citi Fagilaz genuit Garcia Citiz, [Garcia] Citi genuit Vellit Garciaz quorum progenie debent esse canaliegos ... et leuare noces ad Oueto81. Lo mismo ocurrirá con una lista de panaderos que hacia 940 servían al monasterio gallego de Celanova 82.

      En los textos historiográficos del reino asturiano, los con­des palatinos y demás magnates se nombran con un solo nombre Piniolus, Sanctius, Lupus, Nunius y, si alguna vez añaden el nombre del padre, lo hacen en genitivo, «Nunus Fredenandi», «Didacus filius Rodena comes in Castella»; sólo encuentro una excepción: en el Epitome histórico Ove­tense acabado el año 883 (conocido con el nombre de Chro­nica Albendensia) se dice al hablar de la invasión musulma­na en Castilla del año 882: «Uigila Scemeniz erat tunc comes in Alaba ... Didacus filius Roderici erat comes in Castella, Castrum quoque Sigerici ob adventu sarrazenorum Munnio filius Nunni heremum dimisit». El escritor ovetense se mues­tra refractario a usar la terminación -z para el conde de Castrogeriz, probablemente hijo del Monnio Nunniz que otorga el fuero de Brañosera, y le llama «filius Nunni»; de forma análoga nombra al Conde de Castilla y sólo cree que un conde alavés va mejor con -z, quizá por ser Álava en­tonces tierra no romanizada, vascohablante, en que el sufi­jo bárbaro, popular, le pareció más natural 83.

      La documentación de nombres dobles con patronímico en -z es escasa en el siglo IX; pero desde un principio se registra en ella la variabilidad en la vocal que la toponi­mia revelaba en los nombres que indicaban poseedor 84 y hemos de suponer que también la variabilidad en el acen­to (Núñiz, Núñez, Nuñúz; Álvarez, Alvaróz, Alvaráz). Poco a poco estas grandes fluctuaciones irán desapareciendo y prevalecerá la vocal -e y el acento llano, pero el poema de Mio Cid usa todavía Vermudóz, Gustióz, Garciáz, junto a Antolínez, Gonçález, Gómez, y aún hoy subsiste alguna vacilación, como Sanchíz junto a Sánchez,  que en el siglo X se decía también Sanchóz.

      A comienzos del s. X el uso del patronímico con -z se extendía desde Portugal hasta Aragón. Al Oriente de Ara­gón, desde Ribagorza hacia el Levante, ya el patronímico con -z es desusado, empleándose únicamente en los diplo­mas el nombre del padre en genitivo, o en terminación románica, acompañado o no de la palabra filius. No obs­tante, debemos recordar el topónimo kasa Muniz en Léri­da, año 839, hoy Carmeníu, que parece conservarnos un pa­tronímico usado en época remota 85.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

69  Sistema constituido en la época republicana: Praenomen individual; nomen de la gens (casi siempre acabado en -ius) y cognomen.

70  W. Schulze, Lat. Eigennamen, p. 488, señala que el dicho de Ausonio tria nomina nobiliorum, denota que el sistema ya estaba desde antes en decadencia. Véase atrás, Parte IIa, cap. I, § 2.

71  La adición del nombre del padre en genitivo, normalmente con la indicación filius, reaparece contemporáneamente en el si­glo IX, en el reino asturiano y en Aquitania (o Wasconia). Eginhardo (muerto en 840) en sus Annali, hablando de la rebe­lión en 819 del Duque de Wasconia, le nombra como «quídam wasco Lupus Centulli cognomento»; es la única persona a quien el historiador carolingio designa con dos nombres. Desde fines del siglo X el doble nombre formado con el del padre y gene­ralmente acompañado de la palabra filius aparece en Languedoc. En la Francia del Norte se introduce en el siglo XI. Véase A. Giry, Manuel de Diplomatique,  1894, pp. 359-361.

72  No aduzco la dotación de la iglesia de Valpuesta, año 804, porque sus subscripciones son muy posteriores a esa fecha (ver Barrau-Dihigo, Rev. Hisp., VII, p. 293, n. 4, y 287-289, n. y XLVI, p. 4).

73  Del original, que se conservaba en el monasterio de Arlanza, subsisten buenas copias (L. Serrano, Cartul. de Arlanza, pp. 1-3). La fecha es irreprochable (da bien el día del mes y de la semana) y Sandoval (Cinco Obispos, 1634, p. 293), que vio aún el Fuero en «notable escritura», reproduce las confirmaciones originales (ya que incluye en cada una un signo o cruz testifical) y nota que las subs­cripciones que el Fuero tiene del s. X eran también originales de letra diversa («en la misma piel de esta escritura están las confir­maciones siguientes», ver Bol. Acad. Hist., CXXXIV, 1954, p. 15 n.). Es una actitud hipercrítica la de Floriano (Diplomática española, 1949, p. 61) el rechazar, por ser la primera manifestación de una costumbre, este testimonio, ya que necesariamente tendrá que ha­ber un primer testimonio singular de cada costumbre.

74  Becerro got. 3 de la Catedral de Oviedo, fol. 15v.

75  Serrano, Cartul. de San Millán, pp. 10-19.

76  Serrano, Cartul. de San Millán, p. 19.

77  Ferreiro, Hist. Iglesia de Santiago, II, Apénd., pp. 28 y 46.

78  PMH, Dipl. 2 y 12.

79  C. Sánchez Albornoz, en Cuad. Hist, de Esp., I y II, 1944, p. 323, nota.

80  Meyer-Lübke, Introd., trad. A. Castro, 1926, p. 367, piensa en altas clases sociales para el uso del apellido; pero el patroní­mico con sufijo es cosa aparte.

81  T. Muñoz, Colección de Fueros, 1847, p. 424. La fecha aproxi­mada nos la da el que el documento figure en el Tumbo gótico de la Catedral de Oviedo detrás de un documento del año 818 y delante de otro del año 866.

82  Cartulario de Celanova, lib. II, núm. 60 del Archivo Históri­co  (copiado en M.  Serrano y Sanz, Noticias del Condado de Ribagorza, 1912, p. 24). Sobre otros siervos con patronímico de los siglos X-XI en regiones varias, véase Menéndez Pidal/Tovar, «Los sufijos esp. en -z», Bol. Acad. Esp., XLII, 1962, p. 404.

83  Menéndez Pidal/Tovar, «Los sufijos esp. en -z», 1962, pp. 403 y 141-142.

84  Menéndez Pidal/Tovar, «Los sufijos esp. en -z», 1962, cua­dro estadístico de la p. 405 y cuadro resumen de los datos re­unidos por Diez Melcón, Apellidos castellano-leoneses, 1957 (pp. 201 y ss) en la p. 406, nota 104.

85 Menéndez Pidal/Tovar, «Los sufijos esp. en -z»,  1962, pp. 433-434.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

*   67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

*   68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

*   69.- 3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS

*   70.- 4. ONOMÁSTICA NUEVA

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra A, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

70.- 4. ONOMÁSTICA NUEVA

70.- 4. ONOMÁSTICA NUEVA

4. ONOMÁSTICA NUEVA. III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

      Lo que más llama la atención en los documentos del nuevo reino, en relación a los de tiempos visigóticos, es el radical y súbito cambio de la onomástica de los personajes principales. Nueva casta de hombres viene a dirigir la vida y también el lenguaje.

      De los nombres de 32 reyes godos y de 250 eclesiásticos y «viri illustres» que llevan nombre germánico en los con­cilios toledanos, sólo cuatro podemos señalar que se repi­tan entre los personajes del Norte: en Asturias tres reyes Fróila (usado antes por dos concurrentes al Concilio de 653) y varios reyes Veremendus (usado por un concurrente al Con­cilio de 683)55, en Castilla el conde Rodericus (usado por el último rey godo); en Barcelona el conde Miro (antes lo vemos en un obispo del Concilio de 688); nombres todos perpetuados hasta hoy: Froilán, Vermudo, Rodrigo, Miró. Por razones religiosas se usó mucho en la nueva edad el nombre del príncipe godo mártir Hermenegildus, que en el Occidente de la Península se popularizó bajo una forma fa­miliar con aféresis y asimilación (Er)meneindo > Menendus y en Galicia Meendo Mendo 56, ambas formas usadas ya en el siglo IX; curioso es que la forma con aféresis, entonces popular, sigue siéndolo hoy: Menegildo es corriente ahora entre las clases bajas.

      Los godos del Norte por lo común llevan otros nombres que los de Toledo. Además, hay otra diferencia grande. En el reino visigodo había ciertamente magnates romanos, como el famoso conde Claudio de Mérida en tiempo de Recaredo, pero figuraban poco; en cambio, en el Norte no sólo aparecen muchos magnates con nombre romano, sino que los reyes mismos pueden llevar nombre romano. Aun otra novedad mayor es que aparecen también por primera vez nombres ibéricos en reyes y nobles. La mezcla de razas es completa.

      En Asturias los reyes llevan nombres germánicos no usa­dos por los personajes toledanos: Fávila (un duque de Can­tabria así llamado, padre de Pelayo, figura en tiempo del penúltimo rey godo), Adefonsus (nombre que se identificó con Hildefonsus, usual en la época visigoda), Silo, Ranimirus; sin duda estas familias del Norte habían vivido bastante apartadas de la vida política de Toledo, y muy mezcladas con las razas antiguas hispanas, pues entre esos reyes los hay con nombre romano Pelagius, Aurelius, Hordonius. Otra gran novedad es ver en la casa real asturiana aparecer muy pronto el nombre ibérico de García 57 (hijo de Vermudo I, 789-791) (de hartzéa ’oso’) y en la casa condal de Carrión los nombres que parecen ibéricos Didacus (Díago, Diego)58, Gómez, Muño, que ha de ser el Munnus o Munnius usa­do en inscripciones romanas de Italia, Sur de Galia y Es­paña.

      En la Vardulia, que ahora se empieza a llamar Castella ’país de los castillos’, además del nombre ’Rodrigo’ ya cita­do, se distinguen otros nuevos nombres germánicos desusa­dos entre los personajes visigodos y desconocidos fuera de España: Gundisalvus 59 (gunþs ’combate’), Ferdinandus; más tarde aparecerá Guzmán (gôds ’bueno’ + man ’hombre’) 60. El nombre, que parece ibérico, Teillo 61; Albarus ’Álvaro’ 62, Nunnus ’Nuño’, nombre mediterráneo que se halla hasta en el Asia Menor 63. La madre del conde Fernán González se llamaba Munnadonna continuando un uso del Imperio romano. Por otra parte, del nombre romano Flavinus se halla Llaínu, Laín, famoso debido a Laín Calvo, quinto abue­lo del Cid 64.

      En Navarra, nombre que ahora, como el de Castilla, sale a la luz usado por primera vez en sucesos del año 810 por el historiador Eginhardo 65, los nombres germánicos no fi­guran; sí los latinos como Sanctius, Fortunius, y especialmen­te los ibéricos Ennecus, Yéñego, Iñigo (nombre que ahora toma brillo en la historia navarra habiendo vivido en esta­do latente desde hacía más de mil años, que sepamos 66), Ochoa ’el lobo’, Eximenus, Jimeno.

      En Aragón los nuevos nombres más típicos son Galindus, del pueblo germánico de los Galindos 67, y Azenar, Aznar, nombre vasco (que no debe considerarse relacionado con el latín Asinarius ’el burrero’ 68).

      En Barcelona se distinguen Suniarius ’Suñer’, Ragimundus (ragin ’consejo’, munds ’protection’), Raimundo, Reimond, y el nombre franco Beringarius.

      Esta distribución geográfica que hacemos de los nombres no es absoluta sino sólo de mayor notoriedad local. La mez­cla de ellos es muy antigua, pero ella se observa sobre todo en los siglos sucesivos, como reflejo de la mezcla de las fami­lias del Norte que dirigen la historia de la nueva España.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

55  Véase atrás, cap. I, § 4 .

56  Meyer-Lübke, Roman. Namenstudien, II, p. 80, piensa en Merenda, cognomen de las familias Cornelia y Antonia. Pero la derivación de Hermenegildus es segura (Menéndez Pidal, «Menendus», Nueva Rev. Filol. Hisp., III,  1949, pp. 262-371).

57  Meyer-Lübke, Roman. Namenstudien, II, p. 67; elimínese el disparate del ibn García, cuyo siglo V es de la Hégira, y por tan­to siglo XI.                                                                                            

58  Para el acento, Cantar de Mio Cid, I, II, pp. 170 y 627. En toponimia, Villadiego Burgos.

59  En toponimia muy extendido: Villagonzalo Burgos, Oviedo; Gondisalves Braga.

60  También puede ser de guths ’dios’; véase Förstemann, Altdeutschen. Namen., I, 1900, col. 662 y 668; en alemán moder­no Guttman, Gottsmann. En toponimia española, Guzmán Burgos, Gusmão Viana do Castelo.

61  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 86, n. (ed. 1950, p. 77).

62  Véase atrás, Parte 1a, cap. I, § 2.

63  En toponimia, Castronuño. Véase Ribezzo, en la Riv. Indo-Gr-Ital., IV, 3er fasc, 1920, p. 74, y Meyer-Lübke, Roman. Namenstudien, III, pp. 82-83.

64  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 245 (ed. 1950, p. 238).

65  Véase atrás, Parte Ia, cap. Ill, § 1.

66  Según nos testimonia el bronce de Áscoli, véase atrás, Parte Ia, cap. III, § 2.

67  Eran en Germania vecinos de los godos y sin duda alguna vinieron mezclados a España (Sachs, Germ. Ortsnamen, 1932, p. 56). Una región de Prusia Oriental se llama hoy Galindeu. Los topónimos españoles son modernos: Muñogalindo de Ávila es de la repoblación del siglo XI (véase adelante, cap. IX, § 4); Castellgalí (< Castrum Galindi) de Barcelona. Cfr. Jungfer, «Über Personennamen in der Orstnamen Spaniens und Portugals», Jahresbericht des Friedrich-Gymnasiums zu Berlin, 1902, p. 17.

68  Menéndez Pidal / Tovar, «Los sufijos esp. en -z», Bol. Acad. Esp., XLII, 1962, pp. 416 y 419-420. Quizá basado en el zoónimo vasco azari, azeri ’raposo’.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

*   67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

*   68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

*   69.- 3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra B, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

69.- 3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS

69.- 3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS

3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS. III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

      Los reyes asturianos, que se decían continuadores de los godos, recogieron el espíritu político y unitario de la monarquía toledana, con aspiración al completo recobro de España. Alfonso II el Casto (791-842) imitaba en Oviedo toda la organización civil y eclesiástica de la perdida Tole­do «omneque Gotorum ordinem, sicuti Toleto fuerat, tam in Eclesia quam Palatio, in Ouetao cuneta statuit» 48. Sin duda en el palacio era imitada también el habla cortesana que Toledo había comenzado a generalizar 49. El dialecto asturiano de hoy, especialmente el central, el de Oviedo, es un vivo residuo del habla común que Toledo propaga­ba a lo largo de la calzada de la Plata 50; en el asturiano central subsisten hoy Iluna, llobu, Ellos tocóron, nueche 'no­che', ueyu 'ojo', Tú yes, Él ye, les cases y otros rasgos más que debieron de existir en el habla cortesana de Toledo 51. Por lo demás, claro es que el asturiano central, aunque muy arcaizante, es una lengua evolucionada y ha perdido mu­chos arcaísmos; en tiempo de sus Alfonsos y Ramiros tenía que conservar aún los diptongos decrecientes a u > ou, ai > ei que hoy viven relegados más al Occidente, a Tineo y Astorga, pero que entonces se dan por toda España, cousa, autro, outro, carraira carreira, y que en el siglo XI se conser­vaban todavía en León y en Toledo.

      Mas a pesar del goticismo toledano de la corte ovetense, los neologismos que imponía la nueva vida empiezan a detectarse en la documentación de aquella época. Hacen su aparición los primeros arabismos: alcor, alfoz, almexía, almofalla, cármez, metcale, xafarice, alguno de los cuales dura hasta hoy 52. Por otra parte, el comercio con el reino franco ha­cía llegar hasta Braga los «sonidos gallecanos» (menciona­dos en un documento del año 900) y, claro está, a otras partes del reino («sollidos gallicenses», en 955)53; y, con la moneda, penetrarían objetos francos y palabras 54.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

48  Según se encarga de destacar el Epítome histórico ovetense acabado en 883, mal llamado Chronica Albendensia, en su cap. XV: «Ordo Gothorum Obetensium Regum».

49  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 472-473 (ed. 1950, p. 450).

50  Véase atrás, cap. I, § 9.

51  Atrás, cap. I, § 9.

52  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 534 (ed. 1950, p. 507).

53  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 467 (ed. 1950, p. 445); Gómez Moreno, Iglesias mozár., p. 125 n., fecha, por error, el do­cumento de 955 en 885.

54  De forma similar a lo ocurrido en fechas posteriores, cfr. C. Sánchez Albornoz, Estampas de la vida de León durante el siglo X.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

*   67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

*   68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra C, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN. III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

      Al ocurrir la invasión musulmana, multitud de españoles se refugiaron en las montañas del Norte. Alfonso I, hacia 745, devastó la cuenca del Duero y parte de la del Ebro (desde Porto hasta la Rioja), y llevó población cristiana de esos   territorios a su reino.

      Según la Crónica de Alfonso III (hacia 880), Alfonso I con­quistó 30 ciudades de la cuenca del Miño, de la del Duero y de la del alto Ebro, entre una línea norte Túy, Lugo, León, Amaya y Miranda de Ebro, y una línea sur Viseo, Salamanca, Ávila, Segovia y Osma; mató a los «árabes» que en ellas encontró y se llevo a los cristianos consigo «a la patria». Esta noticia tiene un complemento en la misma Crónica de Alfonso III, que continúa diciendo:

      «En este tiempo fueron pobladas Asturias, Primorias (su­doeste de Asturias), Liébana, Trasmiera, Sopuerta (en el lí­mite occidental de Vizcaya), Carranza, Bardulia o Castilla y la parte marítima de Galicia. En cambio, Álava, Vizcaya y Orduña fueron siempre poseídas por sus gentes, lo mismo que Pamplona, Deyo y la Berrueza» 5; y, finalmente, añade que Fruela I (757-768) pobló en Galicia hasta el Miño.

      Estos pasajes nos han llevado a todos, durante bastante tiempo, a aceptar la idea de que Alfonso I creó en la cuenca del Duero unos vastos «desiertos estratégicos», entre su rei­no y las tierras musulmanas densamente pobladas de la Transierra, al Sur de la Cordillera central 6. Pero, obviamente, los cristianos que Alfonso I llevó consigo al Norte no pudieron ser todos los habitantes de la vasta cuenca del Duero (que no habrían cabido en la franja peninsular al Norte de la Cordillera Cantábrica y al Occidente de los Montes de León); las guerras, aunque provoquen la destruc­ción de la organización política y la emigración de ciertos grupos dirigentes de la sociedad civil y religiosa, nunca dan lugar al abandono por parte de todos de la riqueza agro­pecuaria, base del sustento de la mayoría de los habitan­tes; Alfonso I destruiría murallas y torres de las ciudades que dejó abandonadas, pero es impensable que dejara esas ciudades con los territorios de ellas dependientes yermos 7. «Poblar» no puede significar tampoco, en el pasaje cita­do, ocupar unas tierras vacías de habitantes. Es imposible que en tiempo alguno los territorios que «pobló» Alfonso I enumerados por la Crónica de Alfonso III carecieran de gen­tes allí afincadas. «Poblar» significó, en la España cristiana posterior a la ruina del estado visigótico, crear una nueva organización político-administrativa a la que se somete a los allí de antemano residentes y a los advenedizos. En la to­ponimia del Norte abundan de manera chocante los luga­res denominados Pobla, Pola, Puebla, Povoa, Población, Poνοaçãο, Polaciones, Povoações: 14 ó más en Galicia, 13 en las Asturias de Oviedo, 14 en León, 4 en las Asturias de Santillana, 2 en el Norte de Palencia, 3 en la antigua Castilla vieja, y múltiples en Portugal. Son nuevos centros habita­dos, creados en tierras que no sufrieron despoblación nin­guna a causa de la invasión musulmana, pero que en las edades romana y visigótica habían carecido de ciudades o centros administrativos. Son, sí, consecuencia de la trans­formación política y demográfica del Norte cristiano que trajeron consigo los nuevos tiempos 8, pero no signo de que allí faltasen habitantes antiguos. Por tanto, si en Asturias y en Cantabria, tierras no despobladas por razón de las gue­rras fronterizas, se hicieron muchas «pueblas», debemos entender que los posteriores actos de «poblar» en las co­marcas en que Alfonso I había destruido las ciudades tam­poco significaron instalar habitantes donde no los había 9.

      Para entender de forma apropiada las afirmaciones de la Crónica de Alfonso III acerca de la despoblación de las comar­cas conquistadas y abandonadas por Alfonso I conviene re­cordar un documento del muy indocumentado siglo VIII so­bre la fundación, bajo el patrocinio del rey Fruela I, de un monasterio en San Miguel de Pedroso (al Sur de Belorado), sobre el río Tirón, nada menos que 50 kilómetros al Sur de esa Miranda de Ebro que acababa de dejar «yerma», según se nos dice, Alfonso I. Las 28 monjas (algunas, a juzgar par sus nombres, personas de calidad), que allí vienen entonces a residir, así como el rey Fruela (el poblador de Galicia hasta el Miño), consideran del todo normal el lugar elegido para su vida monástica y para que en él depositen las sagradas reliquias que consigo llevaron; obviamente, San Miguel de Pedroso no se hallaba en un desierto fronterizo 10.

      En estos trasiegos de población a que hace referencia la Crónica de Alfonso III y cuyo carácter hemos matizado se extiende la práctica de denominar cada villa con el nom­bre del propietario «repoblador». Sabemos del obispo Odoario que, vuelto de su destierro entre musulmanes, «re­puebla», por orden de Alfonso I, toda Galicia de Lugo a Braga a partir del año 745 11. Por su parte, el noble Avezano (nombre romano, Avitianus, derivado de Avītus), sacado también de las tierras que fueron de los moros por las victorias de Pelayo y de Alfonso I, regresa a Lugo con sus dos hijos, Guntino (nombre godo) y Desterigo (híbrido del romano Dexter más el germánico rik 12) y «pueblan» las villas de Avezan Lugo, Gontín Lugo y Desteriz Orense. Se ha dicho que ante los invasores sólo huyeron los godos; que los romanos no tenían por qué huir 13. Esta afirmación peregrina desatiende los datos que la documentación his­tórica nos proporciona: según vemos, desde un principio aparecen mezclados, entre los fugitivos repobladores del Noroeste peninsular, los nombres romanos con los godos. Pero sí es cierto que esa repoblación llevada a cabo por Alfonso I es la causa de la máxima acumulación de topónimos germánicos en Braga y Galicia (la repoblación de Odoario justamente) donde se juntan casi las dos terceras partes (el 73’5%) de los nombres germánicos de toda Es­paña 14 (aunque, dada la densidad extraordinaria de luga­res habitados en Galicia, esa acumulación debería ser estu­diada en comparación con la de topónimos romanos).

      Por esos mismos tiempos, hacia 760, se funda la capital asturiana en un lugar de nombre bárbaro, nunca oído de romanos ni visigodos, Ovę́tao, Oviedo, a ocho kilómetros al Sur de la antigua Lucus Asturum (hoy lugar de Lugo). Esta nueva capital del reino se erige en centro de la cristiandad hispana cuando las ciudades de tradición inme­morial, Toletum, Hispalis y Cesaraugusta, incorporadas al mundo islámico, no podían dirigir los destinos de la roma­nidad hispánica.

      Un siglo después de las campañas de Alfonso I, los te­rritorios que él depredó para obligar a los musulmanes en ellos instalados a replegarse al Sur de la Cordillera Cantá­brica empiezan a ser incorporados al reino asturiano.

      El más viejo fuero de población o carta puebla hoy co­nocido, el destinado a Brania Ossaria, nos proporciona un perfecto ejemplo de cómo se realizaba la colonización. El conde Nuño Núñez (tatarabuelo de Fernán González) pue­bla en 824 esta braña, esto es un lugar habitado ya, pero sólo discontinuamente durante los veranos por pastores trashumantes, haciendo de ella lugar de población («facimus populatione»), para lo cual trae cinco de sus hombres y concede tierras (cuyos linderos señala) a todos los que quieran venir a ella «ad populandum», con el incentivo adicional de eximirles de ciertos tributos y prestaciones personales. Esta carta puebla es el prototipo de todas las posteriores: para atraer nuevos habitantes a un lugar defi­cientemente poblado o, rara vez, a un lugar nunca pobla­do antes, se les otorgan algunos privilegios y se les acota un término municipal 15.

      En el caso de las ciudades, la acción del «repoblador» incluye la reparación de sus defensas, ya que la restaura­ción de ellas podía atraer y de hecho atraía a menudo al poderoso enemigo musulmán, dando lugar a que Córdoba organizara una expedición contra ellas. El rey asturiano Ordoño I (850-866) «repopulavit» varias de las viejas ciudades destruidas más de cien años antes por Alfonso I: León (856), Túy, Astorga 16 y Amaya (ésta, en 860, por in­termedio del conde Rodrigo, según los Anales castellanos), las rodeó de muros con altas torres en sus puertas y las llenó de gentes, parte de las suyas propias, parte venidas de tierras mozárabes («civitates ab antiquis desertas muris circumdedit, portas in altitudinem possit, populo partim ex suis, partim ex Spania advenientibus implevit») 17.

      Después, el gran rey Alfonso III (866-909) puebla y forta­lece su reino cuanto más pudo. En las regiones del Oeste, hacia el Atlántico, llega más al Sur, hasta cerca de Lisboa; hacia el Este, sólo llega al Duero, y en el extremo oriental, se queda mucho más al Norte. Esto obedece a que el dominio musulmán se apoyaba en el Mediterráneo y siempre procu­ró mayor arraigo en las regiones más orientales de la Penín­sula. Así Alfonso III puebla en Portugal Braga, Viseo, Lamego (867-875) y otros muchos lugares hasta el Tajo; en tierra de León puebla Sublancia y Cea, los Campos Góticos (esto es, Toro), Zamora (893) y Simancas (899)18; ya en Castilla se queda más al Norte, ordenando al conde Diego Rodríguez que pueble a Burgos y Ubierna (884)19 y a Cardeña (899). Este Diego, «comes in Castella» de 873 a 890, favorece en los primeros años de su condado al monasterio de San Félix de Oca (Villafranca de Montesdoca)20, prueba de que la región de Oca estaba habitada antes de las pueblas de 884; y esta­ba también habitado Castrogeriz, que el conde Nuño Núñez tuvo que abandonar militarmente en 882 por no estar bas­tante fortificado («nun erat adhuc strenue munitum») para poder resistir en él al ejército cordobés venido por el valle del Ebro arriba, pero, una vez fortificado convenientemente, pudo resistir en el siguiente año de 883 una nueva invasión musulmana 21.

      La debilitación del poder de Córdoba ocurrida en tiem­po de Alfonso III permitió a sus hijos desplazar la sede principal del reino asturiano a la meseta. García prefirió morar en Zamora, a orillas del Duero; y, casado con una castellana, dedicó en su breve reinado especial atención al fortalecimiento de las tierras del alto Duero, vía de acceso de los ejércitos cordobeses hacia la Tierra de Campos. Hizo que en 912 Nuño Núñez, Conde de Castilla Vieja, poblara Roa, Gonzalo Téllez Conde de Cerezo (entre La Bureba y Oca), Osma, y Gonzalo Fernández Conde de Burgos, Clunia (Coruña del Conde), Aza y San Esteban de Gormaz 22.

      Un siglo, o dos o tres, después de que Alfonso I «bellando cepit» y subsiguientemente desmanteló las ciudades de la cuenca del Duero, van reapareciendo todas con sus vie­jos nombres, sin que fuera preciso que al ser «pobladas» tuvieran que ser fundadas o reedificadas de nuevo. De las once ciudades episcopales entre ellas incluidas, Lugo, Túy, Braga, Viseo, Atorga, Salamanca, Amaya, Oca, Osma, Se­govia y Ávila, todas, salvo Amaya, que quedaría reducida a un pequeño municipio, recobraron su dignidad episcopal; sólo dejó de existir Oca. De los otros diecinueve lugares conquistados y abandonados, Porto, Chaves, Ledesma, Za­mora, León, Simancas, Saldaña, Sepúlveda, Arganza (la de Soria), Clunia (o Coruña del Conde), Mave, Velegia Alaben­se, Miranda (de Ebro), Revenga (al Este de Miranda), Car­bonera, Abeiga, Cenicero, Alesanco, Briones, sólo han des­aparecido Velegia 23, Revenga (pero su recuerdo perdura en un «vado de Revenga») y Abida; todos los otros subsisten, y, en su mayoría, conservaron una vida urbana ininterrum­pida. Además, en esas comarcas que se supone desertizadas, iremos progresivamente documentando, conforme los documentos de los primeros siglos posteriores a la invasión musulmana van haciéndose menos escasos, otros numero­sos centros urbanos que conservan sus nombres prerroma­nos o romanos: Coyança (Valencia de don Juan), Cea, Ca­rrión, Monzón, «Virovesca» (> Briviesca), «Segisamon» (> Sasamón), «Rauda» (> Roa), «Wormatiu» (> Gormaz), «Cau­ca» (> Coca), «Valeranica» (> Berlanga), Tricio, Nájera, «Lucronium» (> Logroño) ... e innumerables más 24.

      Las villas que a fines del siglo IX y comienzos del siglo X van recibiendo su «charta populationis» eran, antes de ser «pobladas», lugares bien conocidos y sin duda habitados. Como ha argumentado para Portugal Orlando Ribeiro, cuando los documentos hacen referencia a un «desertus et incultus locus», ello debe entenderse como una expresión retórica aplicada a un territorio sin señor, esto es, libre de una organización administrativa, pues la población rural, pese a todas las guerras, ruinas y cambios de dominadores, continúa siempre atada al suelo que trabaja 25. Los pastores y labriegos huyen de sus casas mientras los ejércitos depre­dadores destruyen y saquean, pero enseguida vuelven obs­tinadamente a su vida diaria de trabajo. Las ciudades y villas más castigadas quedan sin autoridades, sin vida urbana, ocupadas parcialmente por la maleza...; pero también por ocupantes procedentes del entorno rural que acuden a vivir entre sus ruinas a base de pequeños cultivos y de animales domésticos. Cuando regresan, tiempo después, las autorida­des administrativas emigradas o vienen a substituirlas otras diferentes, se producen repartos de las heredades, bien adu­ciendo viejos títulos y límites de propiedad o bien ignorán­dolos, según los casos y conveniencias 26.

      Es indudable que los lugares «poblados» entre la Cordi­llera Cantábrica y Montes de León y el Duero en esos si­glos de actividad repobladora no estaban deshabitados totalmente; pero es indudable también, según los textos históricos nos informan, que recibían gentes venidas de fuera. De ello nos da fe la toponimia.

      En la parte de Portugal continúa la abundancia de nom­bres personales germánicos, y es de suponer que romá­nicos también, aunque éstos no se han estudiado. En las tierras leonesas del Norte del Duero y en las castella­nas abundan los gentilicios modernos identificatorios de colectividades que emigraban conjuntamente para fundar pueblos nuevos. Por orden de mayor abundancia y difusión los emigrantes eran: gallegos 27 (Galicia era ya la fábrica de hombres, la «officina gentium», de siempre), castellanos 28 (de la Castilla Vieja primitiva, al Norte del Ebro 29), váscones 30, mozárabes 31, asturianos 32 y bercianos 33.

      Los emigrantes mozárabes vienen casi todos de la región de Toledo. Lugares llamados Toldanos en León y Zamora (hoy despoblados), Toldaos en Lugo (8). De Madrid provie­nen los fundadores de Madridanos en Zamora. De Coria los de Coreses en Zamora. En Palencia existió una villa de Cor­dobeses. En otros casos no se especifica la procedencia: Mozárvez y Huerta de Mozarvitos en Salamanca, Mozarves en Palencia 34.

      Estos topónimos gentilicios en su gran mayoría deben de pertenecer a las pueblas del siglo IX. Nos lo comprueban algunos documentos entre los rarísimos que de ese siglo se conservan, y otros inmediatamente posteriores.

      Una sentencia de 878 en un pleito sobre heredades de Astorga se refiere a la puebla del rey Ordoño I (a partir de 856): «Quando populus de Bergido cum illorum comite Gaton exierunt pro Astorica populare 35»; ello nos eviden­cia que los lugares llamados Bercianos en León y muy pro­bablemente también los de Zamora son muestras de la muy activa participación que las gentes del Bierzo tuvieron en la restauración del Occidente leonés. A las pueblas de Or­doño I corresponden también los lugares Gallegos y Galleguillos de León, mencionados respectivamente en documen­tos de 976 y 916, la Villa Castellana, citada en documento de 976, los dos Castellanos, de León y Palencia, que figu­ran en documentos de 1069 y 1074, los Toletanos-Toldanos, documentados en 916 y 991 y los Toldaos de Lugo 36.

      En la segunda mitad del siglo IX, Alfonso III puebla la región de Zamora, y de ese tiempo deben de proceder los lugares llamados Gallegos, Castellanos, Asturianos (éste docu­mentado ya en 977), Navianos, Caurienses o Corenses (este último citado en 987). En los años 883-885 Alfonso III fortifica Castrogeriz y manda poblar Burgos y Ubierna. De entonces data el Castellanos de Castro, llamado Castellanos in alhoze de Castro (esto es, del alfoz de Castrogeriz) en docu­mento de 1085, y lo mismo el Castellanos de Bureba, docu­mentado en 1011 37. A diferencia de lo ocurrido en la lla­nura leonesa, a las tierras del que luego constituiría el gran condado castellano no vinieron gentes de territorios leja­nos: no hay gentilicios referentes a gallegos, a asturianos, a bercianos, ni tampoco a mozárabes. Aparte de los repo­bladores procedentes de la Castilla Vieja, sólo formaron comunidades en la región burgalesa y en Álava (parte del condado castellano) los repobladores váscones: Un Báscones sobre el río Flumencello - Omecillo en Álava es menciona­do en 949 38; otro Váscones mencionado en el Fuero de Palenzuela 39 de 1074, es hoy existente; Basconcillos, quizá el de Muñó, se documenta en 1070 40; Bascuñuelos, en Villarcayo, es Basconiolos en 1045 41; Basquiñuelas, en Álava, es Basconguelas (con grafía -ng- con valor de ñ) en documento de 1025 y Vascuñuelas en documento de 1257 42. Conocemos los nombres de los vecinos de Villabáscones sobre el Arlanzón (que existió cerca de Burgos) en 950 y 956 43 y muchos son extraños a los usados en los demás documentos de Casti­lla: Galvarra 44, Soliz, Gazo, Laztago, Galopenzar, Alhardia; otros llevan nombres muy usados en Navarra y Aragón, pero que en Castilla sólo se empiezan a introducir después del casamiento de Alfonso III con una infanta vascona, Jimena, hacia 869, y del bautizo de su hijo primogénito, García, nombre váscono desusado antes en Occidente: tres «Scemeno Scemones» (Xemeno Xemenones), tres García, tres Fortún, varios Galindo y un «Enneco». Vemos, gracias a este testimonio, que los emigrantes váscones a Castilla procedían de Navarra y de Aragón (y no de Guipúzcoa o Vizcaya)45.

      Estas gentes pobladoras, de lengua dispar, que acuden a disfrutar de los repartos de tierras y de los privilegios con­cedidos a quienes se asienten en los territorios incorpora­dos al reino, debieron, en general, de acomodarse con el tiempo a los hábitos lingüísticos comarcales, aunque, nece­sariamente, influyeran en favor de una mayor homogeneización lingüística, según muestra la desaparición en la meseta de la extrema variedad dialectal subsistente hasta hoy en Asturias; en territorio castellano, el bilingüismo de los enclaves váscones no debió de perdurar por varias ge­neraciones.

      En contraste con esta potencia expansiva y colonizadora del Oeste, el Levante no muestra ninguna actividad com­parable. En las comarcas pirenaicas no hay movimientos expansivos de población de Norte a Sur, sino sólo retrai­miento de Sur a Norte. En la Cataluña vella se advierte cierta acumulación de topónimos formados con nombres germánicos de persona, aunque mucho menor que en el Occidente: en la provincia de Gerona hay unos 20, y en Barcelona 5 (en Asturias más de 40 46, en Coruña más de 350). Es que en general los emigrantes no afluyen hacia la nueva Marca, sino al Norte de los Pirineos, a la Septimania, notablemente despoblada debido a las anteriores incursiones árabes. En 816 los documentos carolingios nos hablan de «hispani» refugiados en Carcasona, en Narbona y en el Rosellón. Los del Rosellón fueron los más, hasta el punto de que ellos impusieron allí su lengua de la Ta­rraconense a la población indígena. Por esto el catalán hoy hablado en el Rosellón, como lengua importada en masa y de golpe, linda con los dialectos languedocianos en un haz de límites fonéticos, coincidentes todos en una misma línea fronteriza, al revés de los dialectos de desarrollo se­dentario cuyos diversos rasgos fonéticos no coinciden en ex­tensión unos con otros, teniendo cada uno un límite dife­rente 47. La acción reconquistadora tuvo así que ejercerse en el Oriente peninsular desde el reino franco. Carlomagno, interesado en formar en Hispania una Marca o fronte­ra contra los árabes, es quien conquista Gerona (785) y Barcelona (801) y quien trata de alejarles de los pasos del Pirineo occidental. La más temprana actividad coloni­zadora de gallegos, asturianos, castellanos y váscones es la que funda la hegemonía lingüística del leonés y el caste­llano en estos oscuros siglos en que el reino navarro y los aragoneses y tarraconenses aún no muestran fuerza ningu­na expansiva, permaneciendo arrinconados en los valles pirenaicos.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

5  Crónica de Alfonso III, edic. Z. García Villada, pp. 116 y 69.

6  Cfr. Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 462 (ed. 1950; p. 441). El principal defensor moderno de una despoblación efecti­va y total es Sánchez Albornoz (España un enigma, II, 1956, pp. 23-28); pero los argumentos que emplea sólo pueden apoyar un con­vencimiento ya preexistente. Yo, en los Docs, lingüísticos. Castilla (1919), me dejé alguna vez llevar (pp. 312 y 335) a la idea de la escasez de la población primitiva en el caso de la reconquista de Segovia y de Sigüenza; pero, respecto a la región leonesa, aunque conceda influjo a los inmigrantes, supongo en Orígenes (1926; 1950) que la base lingüística la constituye el dialecto indígena leonés (§ 945) y relaciono el latín popular leonés con el uso visigótico y merovingio (§ 952) que ocurrió en una Francia no despoblada.

7  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hispánica, I (1960), pp. XXIX-XXXI.

8  Lo mismo que en las regiones hoy españolas del antiguo reino astur-leonés ocurre en las portuguesas, donde Povoa, Povoação, Povoações son topónimos repetidísimos. Pero estos derivados de populare no son exclusivos del reino de Asturias; se hallan también en Aragón (donde también son más abundantes en el Norte) y en Cataluña. Frente a esta abundancia, observamos que en Francia y en Italia no hay prácticamente equivalentes de Pue­bla, Pobla, Pola, Povoa. Se trata de la más llamativa peculiaridad hispánica en la toponimia de origen románico, surgida especial­mente como resultado de los primeros siglos de reorganización de la Hispania cristiana tras la invasión musulmana.

Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales» (1960), pp. XXXI-XXXII.

10  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales» (1960), p. XXXIII. La fecha, para mayor garantía, figura en el documento escrita con palabras y no con números romanos. El intento de retrasar la fundación a tiempos de Fruela II (cfr. Serrano, Cart. de S. Millán, 1930, p. XXI, y fray J. Pérez de Urbel, Historia del Conda­do de Castilla,  1945, pp. 94-95, n. 5 y 1036) no está justificado.

11  Esp. Sagr., XL, 354 y 365. A Marco, sobrino suyo, le entrega una villa a que llamaron Villamarce Lugo; otras villas da a Macedonio y a Sendo (nótese, el primero nombre greco-romano y el segundo germánico, cfr. Sindo, Förstemann, Altdeutsch. Namen., I, 1900, col. 1340), que de los repobladores reciben el nombre de Villa Macedoni (Macedo Lugo, Macedo varios en Galicia y Portugal, Maceda también), Villa Sendoni (Sendón Coruña). La expresión «ex Africa» entiéndase igual a «de partibus Hispaniae» (Esp. Sagr., XL, pp. 353 y 102 b), esto es, «de tierra de moros», documentos de los años 745, 760. Véase J.J. Nunes, «O elemento germânico no onomástico portugués», en Homenaje Menéndez Pidal, II, 1925, p. 577. Sobre la autenticidad de los documentos de Odoario, véase Sánchez Albor­noz en Anuario de Historia del Derecho Español, II, 1925.

12  Así sugiere Meyer-Lübke, Rom. Namenstudien, II, 1917, p. 55 (en Sitzungsber. Akad.  Wien, CLXXXIV).

13  E. Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, p. 137. Igual en Romania Germ.

14 De los 2.400 topónimos germanos estudiados por Sachs, el 73,5 % se amontonan en Galicia y Braga (Entre Douro e Minho). Me atengo a la enumeración de Sachs, en cuyo trabajo, como todos los de este género por cuidados que sean, puede decirse aquello de que «ni son todos los que están (habría que excluir Santianes, p. 86, y Álvaro, p. 27; Trastamar, p. 97: véase aquí atrás, Parte IIa, cap. III, § 10 y Parte Ia, cap. I, § 2) ni están todos los que son (añádase Maurila: véase aquí atrás Parte IIIa, cap. I, § 4, y Sendo).

15  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hisp., I (1960), pp. XXXIV-XXXV.

16  Astorga tenía obispo en 842, 850, etc. (Esp. Sagr., XVI, p. 10); pero estos obispos podían residir habitualmente en la corte, lejos de su sede, si ésta no era lugar seguro.

17  Crón. de Alfonso III, ed. García Villada, 1918, pp. 127 y 80. Las fechas de 856 y de 860 las dan los Anales castellanos.

18  Según Sampiro, ed. Pérez de Urbel, pp. 276, 281 y 305.

19  Anales compostelanos y Cronicón burgense y Cartul. de San Millán, p.  12. Los Anales castellanos primeros y los segundos dan la fecha 882.

20  Cart. de San Millán, pp. 10, 12, 17. Para la fecha, Pérez de Urbel, Hist, del Condado de Cast,  1945, I, pp. 234-236 y 1063-1066.

21  Epítome ovetense de 883 (mal llamado Crónica albeldense), en Esp. Sagr., XIII, pp. 457 y 460. Castrogeriz sólo recibirá fuero del Con­de Garci Fernández en 974 (Muñoz, Colección de Fueros, 1857, p. 37).

22  Menéndez Pidal, Docs, lingüísticos. Castilla,  1919, p. 5.

23  Velegia tenía obispo, Álvaro, según el Epítome ovetense (lla­mado Crónica Albeldense) hacia 880 (Esp. Sagr. XXVI, pp. 45-48); pero no figura entre las sedes episcopales que enumera Simonet, Hist. de los mozárabes, pp. 808 ss.

24  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales» (1960), pp. XXXII-XXXIII.

25  O. Ribeiro, en el tomo dedicado a Portugal en M. de Terán, Geografía de España y Portugal, V, 1955, pp. 79-91.

26  Cfr. P. David, Études hist, sur la Galice et le Port.  (1947), pp. 171-172.

27  Gallegos,  Galleguillos,  Valdegallegos,  en León; múltiples en Portugal. Es de notar que hay también topónimos Gallegos, Galegos en Asturias (4), Lugo (6) y Coruña (1); el occidente asturiano y el oriente lucense eran zonas poco pobladas que recibirían emigrantes de la Gallecia Bracarense en los primeros siglos del rei­no asturiano.

28  Castellanos, Castellanitos, Castellans, Castelhanos, son pueblos que no sólo se dan en Portugal, Galicia, León y Zamora, sino en Valladolid, Palencia e incluso Burgos. También hay Meneses en los Campos Góticos y Menezes (3) en Portugal, sin duda de poblado­res procedentes del Valle de Mena, al Norte de la Castilla primi­tiva; el topónimo Coruñeses en Valladolid procederá de gentes de Coruña del Conde (la antigua Clunia) en tierras meridionales del gran condado de Castilla.

29  Lindante al Oeste con Campoo (Reinosa), al Sur con la Bureba (Briviesca, Pancorbo), al Este con Álava y al Norte con las Asturias de Santillana, Soba, Mena y Vizcaya. Era región des­provista de centros urbanos (que quedan más al Sur); sin duda superpoblada.

30  Pueblos llamados Báscones (con el acento antiguo correcto) hay en Burgos (4), en Soria (1), en Palencia (3), Bascuñuelos, Bascuñana; Villabáscones (2) en Burgos. También hay Báscones en Asturias (2), Bascois en Orense, Bascós en Lugo, Vascões en Viana, Bascoy en Coruña, Bascoas en Lugo, Vasconcellos en Braga. Al lado de éstos, sólo hay un Vizcaínos en Salas de los Infantes (Burgos). Los váscones del reino de Pamplona sólo aparecen en la toponimia con su nombre de posterior difusión (Naharros, Narros, Narrillos, Nafarros) en tierras de más tardía repoblación (Soria, Segovia, Ávila, Salamanca, Lisboa, Beja).

31  Véase n. 34.

32  Los topónimos Asturianos, Astureses, Esturãos (ant. Asturanos, Asturaos), no rebasan los territorios occidentales: Zamora, Orense, Vila Real y Braga. Se singularizan, a su lado, los colonos de Navia que dan nombre a dos topónimos Navianos en León y Zamora.

33  Emigrantes del Bierzo, tras las Montañas de León, dieron nombre a varios Bercianos en León (2) y Zamora (3) sin exten­derse más lejos.

34  Menéndez Pidal, «Dos problemas previos» (1960), pp. XLII-XLIV. En apoyo de la razón de ser de estos lugares Toldanos re­cuérdese que las murallas de Zamora fueron costeadas por un rico mozárabe de Toledo y que los constructores de ellas fueron toledanos.

35  Esp. Sagr, XVI, p. 425.

36  Para todas estas fechas, véase Orígenes del esp., § 92, y el Fuero de Palenzuela de 1074 (en Muñoz, Colecc. de fueros, 1847, p. 274).

37  García Serrano, Cart. de Burgos, III (1936), pp. 66 y 68 y J. del Álamo, Colecc. dipl. de Oña (1950), p. 13, respectivamente.

38  García Serrano, Cart, de San Millán (1930), p. 56, comp. 218.

39  López Mata, Geogr. del Condado de Cast.,  1957, p. 129, n. 2.

40  García Serrano, Becerro got. de Cardeña (1910), p. 217.

41  Del Álamo, Colecc. dipl. de Oña (1950), p. 57.

42  García Serrano, Cart. de San Millán (1930), p. 105, y F. Baráibar, «Toponimia Alavesa», Ateneo, jun.  1910, p. 8.

43  García Serrano, Becerro got. de Cardeña (1910), does. XLII, p. 50, y XLIV, p. 67.

44  En Navarra existe un pueblecito llamado Galbarra.

45  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales» (1960), pp. XL-XLVI.

46  Excluyo los 15 Santianes que Sachs incluye indebidamente.

47 Véase adelante, cap. IX, § 8. H. Morf sentó bien que el ca­talán en Galia ofrece la apariencia de un cuerpo extraño; lo con­firma B. Schädel. Véase la «Synthetische Hauptkarte» que publi­ca K. Salow, Sprachgeographische Untersuchungen über den ötslischen Teil des Katalanisch-languedokischen Grenzgebietes, 1912; en esa car­ta, los 12 límites representados van todos en una línea unidos. A. Griera, aunque señala 72 criterios diferenciales entre catalán y languedociano, saca conclusión contraria a lo que ese hecho indica (véase A. Alonso, en RFE, XIII, 1926, p. 38). No se ex­cluye que ya desde antes del siglo IX hubiese emigración de la Tarraconense al Rosellón como sospecha P. Aebischer (en el Butll. Dial. Cat., XIX, 1932, pp. 17-18) fundado en la familia Perperna, a quien debe su nombre el fundus Perpinianus > Perpiñán.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

*   67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra D, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA. III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

      La cultura espiritual de los cristianos españoles sólo se salvó independiente en las montañas cantábricas y pirenai­cas, en las regiones más atrasadas, donde no había ningu­na gran ciudad antigua, ni tradición alguna de actividad intelectual. Cuando en 785 1 un monje enriscado en los Picos de Europa, Beato de Liébana, rompe el eterno mutismo literario del clero astur para impugnar la doctrina adopcionista del metropolitano de Toledo 2, Elipando, éste le escucha con estupor y sorna: «¿Quién ha visto jamás que los indoctos de la Liébana den lecciones a la sabia Tole­do?». Pero ese metropolitano mozárabe era por desdicha un herético, esto es, un miembro amputado de la catolicidad, mientras Beato formaba parte del renacimiento occidental impulsado por Alcuino y Carlomagno. Ahora los «indoctos lebaniegos», indocti Lebanenses que decía Elipando, los astures, cántabros, gallegos y vascones, los que Estrabón había reputado como pueblos más bárbaros de la Península, los más tardíamente sometidos al imperio romano y al visigo­do, son los que, al emprender la reconquista de la España mozárabe, asumieron la misión de salvar la romanidad amenazada; y la asumieron con plena conciencia de su to­tal misión, pues las primitivas crónicas asturianas anuncian ya en el siglo IX el pensamiento de la completa recupera­ción de España, ya prevén la propagación de la reconquis­ta hasta el extremo Sur de la Península.

      Así, las ondas lingüísticas principales que en la edad ro­mana seguían una dirección de Este a Oeste, y que se re­fractaron en la época visigoda de Sur a Norte, sufren aho­ra una reflexión total de Norte a Sur.

      En este nuevo estado de cosas 3, la condición de «indoctos lebaniegos», aplicable a los reconquistadores, no ha sido apre­ciada por los que pretenden hallar en la fecha inicial de la romanización la circunstancia decisiva para caracterizar cada romance, y estiman la lengua española como esencial reflejo del latín arcaizante primeramente implantado en el Levan­te y en la Bética 4. Tal manera de ver podría haber sido acep­table a no haber mediado la invasión musulmana, si la Béti­ca hubiera dirigido la creación de la lengua literaria moderna. Pero ésta recibió su impulso nuevo desde la Liébana y demás montañas asturianas, desde la Castilla vecina a los vascones nunca romanizados, desde regiones abrumadas por una guerra incesante y desigual contra el floreciente califato de Córdoba, esto es, de la Bética. La lengua española se modeló así principalmente entre pueblos romanizados tarde y retrasados en su cultura; no tuvo comienzos tan adversos como la lengua rumana, pero sí más desfavorables que los que tuvieron sus grandes hermanas el francés y el italiano.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

1  Menéndez Pidal, «La cultura de la Edad Media española», en Hist, de la Nación Argentina, II, 1937, pp.  136-137.

2  Esp. Sagr., V, pp» 338, 536. Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, II, 1917, p. 285.

3  Menéndez Pidal, «Algunos caracteres primordiales de la lite­ratura española», Bull. Hisp., XX, 1918, pp. 207 ss.

4  Véase atrás, Parte IIa, cap. III, § 2 y 4.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra E, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      Los nombres mozárabes pueden estar alterados por la prosodia árabe. Así, el castillo que el Poema de Mio Cid lla­ma Peña Cadiella ’peña cachorra’ < catĕlla, se llama Pennacatel en la Historia Roderici, h. 1110, con pérdida de la a final, sin duda por influjo árabe, influjo que luego operó para dar al nombre una falsa estructura árabe, Benicadell 101.

      Otras muchas alteraciones sufren ahora los topónimos an­tiguos al pasar a una lengua tan extraña como el árabe. Hay que tener en cuenta sobre todo el vocalismo extremamen­te impreciso de esa lengua semítica, la inflexión llamada «imela», o sea, cambio de a en e o en i, la carencia de p y su sustitución por b, la reducción del grupo st > ç o z; aparte de cambios extravagantes inexplicados. Así Hispali se pronuncia por los árabes Išbilīya > Sevilla102, Olisipone > Lušbona > Lisbo(n)a; Basti > Basta > Baza; Astigi > Écija; Castella > Castalla y Cacella 103, Castra Caecilia > Caçréç (en Pedro de Alcalá)104, cambiado el acento por asimilación al plural de «alcázar», Cáceres; Caesaraugusta > Saraqusta > Çaragoça; Ilerda > Lārida > Lérida; Murgī > al-Marīya 105 > Almería. La C o G latinas pasan a la africada ž o (cuasi dj francesa; exceptuando Lucentum > Alicante) y luego a j castella­na: Pace > Beja, Tagus > Tajo; Turgalium > Trujillo; Urganone > Arjona; y esto nos lleva a la desconoci­da etimología de Jaén < Ŷaiyān (Jayīn, en Pedro de Alcalá) 106 que sin duda viene de una villa Caiāna, Gaiāna o Gaiena, de cierto Caius o Gaius 107, uno de tantos nombres como Sabiñán o Lupiñén 108.

      El puerto donde Tárif desembarcó para invadir a Espa­ña fue llamado Tarifa, pero muy antiguos escritores árabes (Ajbar Madjmua y Arib) dicen que se llamaba Andáluç, en memoria de los vándalos. Y, en efecto, sabemos que los vándalos se embarcaron allí en 429 para conquistar su rei­no en el África. También, según el Arzobispo don Rodrigo de Toledo, se llamaba Vandalia a toda la Bética por haber­la ocupado los vándalos. Un nombre como *Vandalicia apli­cado al puerto o a la Bética fue extendido por los árabes a todo el territorio que conquistaron hasta Narbona, llamán­dolo Andáluç, nombre que luego, según avanzó la reconquis­ta, se fue restringiendo, y los cristianos no lo usaron sino tarde, cuando los musulmanes no dominaban sino la An­dalucía actual 109.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

101  Véase Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, II, p. 789, y España del Cid, p. 786.

102  Véase atrás, Parte Ia, cap. II , § 4 (p. 29).

103  Véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 167 (ed. 1950, p.  151), bien corregido por Steiger, Contribución (1932), p. 330.

104  Steiger, Contribución, pp. 211 y 331.

105  Steiger, Contribución, p. 304.

106  Steiger, Contribución, p. 304.

107  La forma inscripcional rara Gaiēna, con las otras, se ha­lla en el Onomasticon de De Vit. Compárese Gaen ’acequia’ en Teruel; Gayán Lugo, Gayão varios en el Norte de Portugal, Gayanes Alicante. Seybold en la Encyclop. del Islam, rechaza con razón la etimología de Jaén de Ucia > *Uciense, propuesta por Dozy.

108  De que hablamos en la Parte IIa, A, cap. I, § 2.

109  Véase R. Dozy, Recherches, I, pp. 301-303, completado con el texto de Rodericus Toletanus, Historia Hugnorum, Vandalorum et Suevorum, Alanorum et Silingorum, cap. VI: «que regio a Silinguis Wandalis adhuc hodie Wandalia nuncupatur, quam Andaluziam corrupto uocabulo uulgariter appellamus».

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

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65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

6. TOPONIMIA MOZÁRABE. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      La abundante toponimia árabe del suelo de España no es más que una pequeña parte de la toponimia total de los te­rritorios ocupados por los musulmanes; es un superestrato por bajo del cual continuó viviendo en boca de los hablan­tes en aljamía toda la toponimia primitiva y romana. Esto lo indica mejor que nada la conservación de nombres cristianos como Santa María, que usan los autores árabes para designar las ciudades de Albarracín en Teruel y de Faro en el Algarbe 97; Santaver Cuenca, antiguo Santa Veria, llamado también así por los musulmanes a pesar de ser el solar de los reyes moros de Toledo 98; y así otros nombres antiguos a juzgar por su forma de vocativo o genitivo como Santiponce Sevilla, o por sernos desconocidos en el santoral corriente como Santaella en Sevilla, Santomera en Murcia, Santamera Guadalaja­ra, mencionado en la Crónica Seminense mal llamada Silense; o por conservar iglesia mozárabe como San Cebrián de Mazote Valladolid; Saelices Cuenca, Guadalajara, Madrid99, o por ofrecer imela San Medir 100 Granada ’san Emeterio’.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

97  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, I, pp. 67-68.

98  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, III, p. 44019; España del Cid, p. 82.

99  Véase atrás, cap. III, § 10.

100  Oliver Asín, Iniciación Hist. Leng. Esp., p. 22, sin explicar.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

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64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

5. TOPONIMIA ÁRABE. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      El límite de la reconquista hacia 1050 nos marca el lími­te norte de la mayor influencia árabe, revelada por la mayor abundancia de topónimos árabes al Sur de esa línea fron­tera.

      Esa mayor abundancia podríamos representarla por la existencia de hidrónimos formados con wad ’río’, que en general sonó guad, pero en el Suroeste fue od (Odiel y Odivarga en Huelva, Odeleite, Odemira, etc. en Portugal) y con rambla ’arenal o lecho de río en seco’, y su extensión más septentrional vendrían a marcarla el Odivelas del distrito de Lisboa, Guadalupe de Cáceres ’río del lobo’ o ’de Lope’ (comp. Guadiloba Cáceres, Guadalobón Málaga); Guadarrama Madrid < Wādi-rambla ’río de arena’; Guadalajara < Wādi-al-hadžara ’río de piedras’83; Guadalope Teruel, como el citado Guadalupe; Guadasepe y Guatizalema en Hues­ca; rambla en Tarragona (muy usado como apelativo en todo el Levante).

      Al Sur de esos nombres se encuentran multitud de se­mejantes: Guadalerza Toledo, Guadalaviar Valencia < Wādi-al-abiad ’río blanco’, Guadalquivir ’río grande’, Guadiana ’río Ana’, Guadix (antiguo Guadiex) Granada, ’río Acci’ 84, Guadalete Cádiz, Guadarromán (Wādi rommān) Córdo­ba, ’río de las granadas’, etc. Estos ríos Guad- son abundan­tes sobre todo en Córdoba, Málaga y Jaén.

      También indican mayor arabismo los topónimos forma­dos con el plural beni ’hijos de...’, que designa familia o tribu allí establecida, revelando una fuerte colonización musulmana. Estos nombres se extienden por la costa de Levante desde Tarragona hasta Granada 85, abundando es­pecialmente en las tres provincias valencianas y en Mallor­ca: Benicasim ’hijos de Cásim’; Benibrahim, Beniatjar, Benihumeya... Claro es que la familia podía ser muladí o española según parecen indicarlo nombres como Benilloba, Benillup, Benicarló, Beniferri; aun en territorio leonés la noble fami­lia de los condes de Carrión adoptó el nombre que los historiadores árabes le daban desde el siglo X, llamándose Vani-Gómez, denominación usada en el poema de Mio Cid 86 y otra gran familia leonesa se llamó Vane-Vidas, los hijos de Vidas, luego Vanavides, hoy Benavides 87.

      El singular aben y ben ’hijo de...’, aludiendo a un propie­tario, es más usado en la toponimia pues se extiende a todo el centro y al Oeste: Abenozas Huesca, Abenójar Ciudad Real, Abenzuete Almería, Albarracín (< Aben Razín, reyezuelo de taifas del siglo XI) Teruel, Benaocaz Cádiz, Benalúa Grana­da, Benamejí (Benamegil en la Crónica de Alfonso XI, de la tri­bu beréber de los Meghila 88) Córdoba, Benlupe o Abenlupe Albacete, Benamahoma Cádiz.

      Nótese la variedad de formas en el apelativo ŷabal ’mon­te’: en Gibraleón Huelva, ’monte de las fuentes’; Gibraltar Cádiz ’monte de Tárik’ (donde desembarcó Tárik, primer invasor de España); Gibralfaro Málaga ’monte del faro’; Jabalquinto Jaén ’monte de Quinto’’; Jabalambre Teruel; Javaloyes Valencia. Se observan asimismo variantes dialectales en Almudefar Tarragona, Almudévar Huesca. Almodóvar Cádiz, Ciudad Real, Cuenca, Sevilla, de al-mudawwar ’el redondo’. Tam­bién   ḥiṣn ’fortaleza’, da ora Iznalloz Granada ’fortaleza del almendro’ (ḥiṣn - al -lawz); Iznatoraf Jaén ’fortaleza de los límites’ 89; Iznájar Córdoba, o bien Aznalcázar Sevilla, ’fortale­za del castillo’ 90; Aznalfarache Sevilla. La ’isla’, ŷazīra, da Algeciras Cádiz, Alcira Valencia, Aljazura, Aljezur en Portugal.

      Deben notarse variantes morfológicas de un mismo nom­bre. Del latín castrum formó el árabe qaṣr, de donde Alcázar Granada, Cuenca, Ciudad Real, Alcácer Valencia, Por­tugal; el dual árabe es Alcazarén Valladolid, Salamanca; y el diminutivo al-quṣayr 91 es Alcocer Guadalajara, Alicante, Al­cocero Burgos ’el castillejo’. El ’castillo’ da en árabe qalcat de donde Alcalá Madrid, Sevilla, Huelva, Huesca, etc., y Calatorao Zaragoza ’castillo del polvo’ 92, Calatayud Zaragoza, antiguo Calatayub ’castillo de Ayub’, Calatrava Ciudad Real, ’castillo de provecho’93, Calatañazor 94; el dual es Alcalatén Castellón. De Almada Portugal ’la mina’, el plural es Alma­dén Ciudad Real, Sevilla < al-mada′in 95. De Alcántara Cáceres, Cádiz, Valencia, ’el puente’; el plural es Alconetar Cáceres, el gran puente sobre la calzada de la Plata o de Quinea, la legendaria Puente de Mantible 96. De Alcarria o Alquería el plural es Alcora Castellón.

      Otros varios nombres: Albacete de al- basit  ’el llano’; Alhambra Granada, Ciudad Real, Alfambra Teruel, ’la roja’; Alhama Zaragoza, Soria, Murcia, Granada, ’fuente termal’ Tra­falgar de tarf-al-agar; Albaida Córdoba, Valencia, Albelda Logroño, ’la blanca’.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

83  Véase atrás, Parte Ia, cap. II, § 3 y 9 y n. 117.

84  Con imela. Véase adelante, § 7.

85  O hasta Málaga, según J. Oliver Asín, Iniciación al estudio de la Historia de la Lengua Española,  1939, 3a ed., p. 34.

86  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid., I, p. 2483.

87  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 536 (ed. 1950, p. 509).

88  Dozy, Recherches, I3, p. 326.

89  Oliver Asín, Iniciación Hist. Leng. Esp., p. 34.

90  Steiger, Contribución, p. 254.

91  Steiger, Contribución, p. 371.

92  Oliver Asín, Iniciación Hist. Leng. Esp., p. 35.

93  Oliver Asín, Iniciación Hist. Leng. Esp., p. 35.

94  Véase atrás, Parte 1a, cap. II, § 9.

95  Steiger, Contribución, p. 247.

96  Tiene 13 arcos y 300 varas de largo, mientras el puente de Alcántara en la misma provincia de Cáceres tiene 6 arcos y 220 varas de largo. Por eso no puede interpretarse Alconetar como di­minutivo al-qunaytra, que da en» portugués Alcoentre en el dis­trito de Lisboa. En la frontera de Egipto y Palestina está el lugar al-Qanātir que, a pesar del plural, sólo tiene un puente.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra H, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX