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Obras de Diego Catalán

I.- HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA DE RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      La extrema escasez de la producción escrita, el analfabe­tismo dominante y la falta de comunicación entre las diver­sas regiones permite a la lengua común diversificarse sin que la mayoría de sus usuarios tenga inicialmente conciencia de su novedad; cada cual cree buenamente continuar hablando el latín de siempre. Cuando una pequeña minoría de ha­blantes llega a darse cuenta de que se anda muy lejos del latín, ya la lengua común regional se halla arraigada. Surge entonces entre esos pocos una reacción purista frente al neologismo vulgar y la contienda entre las varias formas es tenaz; suele durar varios siglos. A veces la tendencia neológica es vencida; pero las más de las veces es vencedora. Como la lengua común no se escribe por nadie (la escritu­ra sólo se aprende para el latín), se gestan múltiples formas convivientes, en competición con la forma vieja latina; la nueva lengua abunda así en sincretismos. Y esa situación, en que varias normas luchan entre sí con muy equiparadas fuer­zas, no se limita a un período limitado de tiempo, sino que se prolonga durante seis o siete siglos 75. La evolución de la pronunciación (y no digamos de otras normas lingüísticas) no es, pues, ni seriable ni irreversible; las varias formas vi­ven largo tiempo en concurrencia, tanto con la forma purista latina como con otras neológicas, anteriores, posteriores o aun de desarrollo divergente.

      Sólo teniendo siempre presentes estas precisiones pode­mos sumariar los cambios fonéticos que transformaron la lengua hablada, la cual derivó en numerosas variedades locales dando nacimiento a dialectos romances diferentes.

      En los tiempos del reino visigodo el paso de las vocales breves del latín a vocales de timbre abierto 76 está hacién­dose camino, en lucha con la pronunciación antigua de tim­bre cerrado: sĭti, ĭpsu, spĭssu convivían aún con sde ’sed’, sso ’eso’, espsso; lŭtu, fŭrnus, cŭrtus con ldo, frno, crto. Así las voces germánicas entraron a formar parte del vocabulario románico en este período de evolución y la ĭ ŭ germánicas se hicieron : germ, frĭsk > fresco77; gót. spĭtus > espeto78; gót. *trĭggwa > tregua79; gót. brŭts > brote 80.

      La Ĕ y la Ŏ tienen por toda España (como en toda la Ro­mania) la pronunciación nueva ę ǫ (al lado de la antigua ẹ̆ ọ̣̆); el portugués y el catalán conservan, como en época vi­sigoda conservarían otras muchas regiones, sobre todo en la Bética (lazo de unión de los extremos oriental y occiden­tal), este conjunto de vocales románico primitivo: a ę ẹ i ǫ u, pero en el centro de la Península la ę  y la ǫ  llegan a una tercera forma diptongada ie, uo 81: f eru > fęru, fiero (port. fẹro, cat fęr), pĕtra > piedra, fĕsta > fiesta, cĕntu > cien­to, bọ̆nu > bǫnu, bueno (port, bǫm, cat. bǫ), scŏla > escue­la, grŏssu > grueso, lŏngu > luengo. Las voces germá­nicas se incorporan al romance cuando los diptongos pugnaban por abrirse camino y así hoy tenemos formas diptongadas: germ. *fĕltir > fieltro 82 franco helm > yel­mo (al lado del anticuado elmo < gót. hĭlms); germ, hŏsa > esp. ant. uesa83; gót. *spaura *spǫra > espuela.  El romance peninsular hacía larga la vocal acentuada, lo mis­mo en sílaba libre que en sílaba trabada. Esto debió de ser así en toda la Romania 84. Pero hoy en el Norte de Italia y en el Norte de Galia la vocal tónica en sílaba trabada es tratada de modo distinto que en sílaba libre, y así el italia­no y el francés no diptongan la ĕ ni la ŏ en posición: sette set < sĕptem; nostro, nostre nôtre < nŏstru; diferentemen­te de miele, miel < mĕl; nuovo, nuef, neuf, < nŏvu; muy probablemente este diferente trato de la vocal libre respec­to a la trabada se debe a influjo del superestrato franco y longobardo que según la fonética germánica abrevian la vocal ante dos consonantes 85. El español diptonga lo mis­mo miel, nuevo que siete, nuestro, e igualmente, diptongan en sílaba trabada todos los otros romances que practican la diptongación: walón, rético, friulano; centro y sur de Ita­lia, dálmata y rumano 86.

      Diversa de esta diptongación general y con una distribu­ción geográfica distinta existe otra diptongación condicio­nada, ante yod. La diptongación general es una matización expresivista o enfática 87; la diptongación ante yod es un fenómeno de fonética mecánica: la yod se refleja en la vo­cal precedente y la cierra en su primer momento articula­torio, produciendo el diptongo en algún dialecto que no tiene diptongación general, a saber, provenzal y catalán, así como en el francés del Norte, en el aragonés y en el leo­nés 88. En castellano la yod cierra toda la vocal e impide la diptongación (comp. port, nite, hje, gmio 89). Ejemplos: vĕnio, pĕctu, nŏcte, fŏlia, leonés viengo, nueche, fueya; aragonés viengo, nueite, fuella; prov. pieitz, nueit, fuelha; catalán (reduce el diptongo primitivo) vine, pit, nit, fulla; portugués venho, peito, nite, folha 90.

      En suma tenemos: 1º, países que sólo conocen la diptongación ante yod: Francia del Sur con Cataluña; 2º, países que conocen las dos diptongaciones: Francia del Norte, León, Aragón, Rumania (ésta sólo respecto de Ĕ; no de Ŏ); 3º, países que sólo conocen la diptongación gene­ral: Castilla, Italia; 4º, país que no usa ninguna de las dos diptongaciones: Portugal.

      El latín hablado no utilizaba más diptongo antiguo que el decreciente AU 91. Ese diptongo au no sólo se conservaba por la victoria de la reacción purista 92, sino que se aumen­taba con formaciones nuevas por vocalización de L cons: talpa se pronunció taupa, taupo ’topo’; falce, fauce ’hoz’ y entonces se decía igualmente saltu, sauto ’soto, bosque’ que saltu, sauto ’salto, brinco’; altu, auto junto a alto; albu, aubo junto a albo. Además, el romance primitivo crea otros diptongos decrecientes análogos, ai, ei, oi, por la propensión a atraer junto a la vocal más abierta, como semivocal i̯, la semiconsonante i̯ de la sílaba siguiente (ceirola, vairola) sobre todo cuando la a e o son acentuadas;  sapiam, saipa ’sepa’; materia, mateira ’madera’; cĭcōnia, cicoina ’cigüeña’; coriu, coiro, ’cuero’; Duriu, Doiro, ’Duero’. El diptongo ai pasa a ei tarde, cuando ya la k ante e, i no se asibilaba: caseu, caiso, queiso, ’queso’. Este diptongo decreciente de la época visigótica fue muy poco acepto en la Cantabria y en la Tarraconense, donde el catalán y el castellano lo reduje­ron muy pronto (en é o en ) como veremos adelante. Los vascos que, como diremos luego, debieron empezar ahora su abortada romanización, recibieron y conservan alguna de estas formas románicas primitivas.

      Respecto a las consonantes, la sonorización de la sorda se halla en estado de gran vacilación 93; en los siglos X y XI las formas sonorizadas aún pugnan activamente con las sordas. Por esto parece chocante que mientras en francés la conso­nante oclusiva germánica se sonoriza y pierde como la lati­na, no se sonoricen en español: gótico brŭtōn > brotar, gót. *spĭtus > espeto, germ, rapōn > rapar 94. Sin duda la consonante oclusiva germánica con su explosión completa­mente sorda o cuasi aspirada hacía efecto de consonante doble para los oídos hispánicos habituados a su oclusiva pura, o sea, con explosión sonora 95. La sonorización aparece en algunos nombres propios. Si en la terminación -reik ’rico’, que ocurre en multitud de antroponímicos (Alarico, Amalarico, Eurico, Sigerico) se llega a sonorizar (Rodrigo, y en manuscritos de la Estoria de España de Alfonso X, Alarigo, Sigerigo, Theoderigo, junto a formas con c) ello obedece a que de antiguo los oídos romances familiarizados con esa termi­nación la identificaron con terminaciones latinas como amīcus, lectīca, aprīcus 96. Por lo demás, debían existir en España, como en Italia, regiones que rechazaban la sono­rización, opuestas al influjo céltico 97. Una de ellas era sin duda el Alto Aragón. La literatura aragonesa medieval ofre­ce casos aislados: llopo ’lobo’, paretes, retes ’redes’, ropar ’ro­bar’, etc.; pero en la región pirenaica, más retirada, más refractaria a la romanización, encontramos todavía hoy una extensa zona en que la resistencia a la sonorización ha sido mucho más clara, según adelante veremos.

      La palatalización de ce, ci, iniciada en época imperial 98, no ha terminado su expansión en la época visigoda. Las formas puristas dominan la lengua escrita; no obstante, una inscripción de Tucci (Martos) en la Bética del siglo VI o VII pone «istud iudigsium ... sancto martiri Scipriano»99. Los nombres góticos aún acompañan a los latinos en esta palatalización: Kintila > topón. Centiae; Rikimond > topón. Rezmondo Burgos, Rezamondo Coimbra; pero hay vacilaciones debidas a cultismo gótico: *Rekisind 100 es Rececende en Lugo (seis veces) y en Coruña (dos veces) y Recesinde en Coruña, y a la vez Requesende Coruña, Requezende Braga y Porto, Requesens Gerona, Recasens Tarragona 101; ya entre los obispos y condes visigodos que figuran en los Concilios Toledanos se halla va­cilación en ese tema: Requesindus, Reccesundus, Recimirus 102. El vasco, según luego veremos 103, recibe sus préstamos la­tinos en forma culta sin palatalizar.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

75 Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 555 (ed. 1950, p. 526)

76  Véase atrás, cap. II, § 13.

77  REW, 3521.

78  Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, p. 242.

79  Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, p. 237.

80  REW,  1347.

81  Véase atrás, cap. II, § 13.   

82  Meyer-Lübke, Introducción,  1926, pp. 85-86.

83  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, p. 896. Véase atrás, cap. I, § 3 (p. 217).

84  Meyer-Lübke, Introducción, p. 220, sospecha lo contrario, que acaso hubo un tiempo en que toda la Romania diferenció la can­tidad de sīte y de scrĭptus, a lo cual no busca explicación.

85  Es opinión muy verosímil de W. von Wartburg, en Zeit. f. rom. Phil, LVI, 1936, pp. 29, 33 y 44. El francés y el italiano (éste menos) tratan de modo distinto la voca tónica según esté en sí­laba trabada o libre. El provenzal, catalán, español, portugués y rumano no hacen esta diferencia entre las dos posiciones.

86  Sobre el rumano respecto de la Ĕ (la Ŏ no la diptonga) véa­se atrás, Parte Segunda, cap. II, § 13, n. 85. Para el walón véase Meyer-Lübke, Gram., I, pp. 156 y 194. Para el neoprovenzal, res­pecto de la Ŏ, Meyer-Lübke, Gram., p. 183. En el neoprovenzal hay algún punto (Vallerange, Gard) que diptonga (wo) sólo en sílaba trabada, Meyer-Lübke, «Die Diphthonge im Provenzalischen», Sitzungsber. Press. Akad. d. Wissensch., Berlín, 1916, p. 369. Para rético y friulano, Meyer-Lübke, Gram., I, pp. 153-154 y 180-181. Sobre Italia central, Meyer-Lübke, Gram., p. 183 y ejemplos en AIS, I, 87, 90, 186; II, 246; III, 501; VI, 1046, 1228, etc.

87  Véase atrás, Parte IIª, cap. II, § 13, n. 87.

88  Véase adelante, § 8.

89  Meyer-Lübke, Gram., I, p.  185 y 159; pero en Italia fǫglio, spǫglia, Meyer-Lübke, Gram., II, p.  179.

90  Ejemplos antiguos en Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 145, 157, 175 (ed. 1950, pp. 130, 141, 158).

91  Bourciez, Élements de Linguistique Romane, § 160.

92  Véase atrás, Parte IIª, cap. II, § 16.

93  En inscripciones se halla eglesia año 691, Bailén; pontivicatus 665, Guadix, ambas de la Cartaginense lindando con la Bética; lebra, s. VII, Mérida (Hübner, IHC,  175°, 401° y 336°).

94  Gamillscheg, RFE, XIX, 1932, pp. 229, 242 y   259.

95  Con otra nomenclatura, ésta es la opinión de Gamillscheg (RFE, XIX, 1932, p. 257). Yo adopto la terminología de Nava­rro (Manual de pronunciación, § 73): «oclusivas puras», las espa­ñolas y «oclusivas aspiradas», las alemanas e inglesas.

96  Gasmillscheg, en RFE XIX (1932), pp. 259-260, cita sólo como analógico amīcus; ve otros -īcu en latín.

97  Véase § 10.

98  Hay que corregir el inexacto concepto sobre la cronología de los cambios fonéticos que encierran afirmaciones como «la palatalización de ke, ki se ha producido en ibero-románico en tiempos de la dominación gótica ...; a comienzos del siglo VI ... el grado palatalizado tj no se había alcanzado aún» (Gamillscheg, RFE, XIX, 1932, p. 255); hacía mucho que ese grado se había alcanzado, pero se hallaba en contienda con k. No desconozca­mos la gran duración de períodos de sincretismo.

99  Hübner, Inscr. Hisp. Christ., CVIII y Suppl., p. 54.

100  Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, p. 255.

101  También, de Rikila, Requián (Pontevedra, Coruña), Requião, Requiães (Portugal), junto a Recião (Portugal); Requena (Valencia, Cuenca, Palencia).

102  Véanse estos nombres en las actas de los Concilios Toleda­nos de 693, 684, 646.

103  Adelante, § 10.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

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La Garduña Ilustrada

Imagen: letra T, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      La opinión antigua de que el español sea el latín habla­do por los godos, o el francés el latín hablado por los fran­cos, es insostenible. Aun con la nacionalización de las provincias y con la formación en ellas de diversos reinos germánicos, el latín habría seguido hablándose sustancialmente igual en los diversos reinos, como hoy el español o el inglés o el árabe en diversos estados políticamente in­dependientes, a no haber sobrevenido otras condiciones de­cisivas.

      Primero, el agotamiento extraordinario de la actividad literaria de los romanos en unas y otras provincias de la Romania, entre los siglos VI y VII 68; los últimos fulgores se apagan sucesivamente en África a la muerte de Víctor obis­po tunonense (570)69, en Galia a la desaparición de Gre­gorio de Tours (594)70, en Italia 71 a la de Gregorio Mag­no (604), en España con la muerte de san Isidoro (630) y de sus discípulos, los doctos metropolitanos de Toledo, san Ildefonso (667), san Eugenio (675), san Julián (690), que producen una pálida reviviscencia, como última llamarada que precede a la extinción del fuego intelectual de los ro­manos. Luego los principales escritores aparecerán entre gentes de raza germánica durante bastante tiempo, a par­tir de Beda (muerto en 735) y Alcuino (muerto en 804). Y no sólo desfallece la producción literaria, norma siempre de la lengua común, sino que la enseñanza escolar, otro gran agente de uniformación lingüística, viene a ser prácticamente nula.

      En segundo lugar, la incomunicación de las provincias llega a extremos increíbles. La guerra y el bandidaje ha­cían el comercio internacional poco menos que imposible. Aun para los más poderosos, los caminos resultaban inse­gurísimos: la hija del rey de Francia Chilperico, cuando se dirigía a España en 584 a casarse con Recaredo, futuro rey, halla tales dificultades y peligros que no puede pasar de Tolosa 72. De la falta de tráfico y transportes nos da el mismo rey Recaredo un asombroso ejemplo: habiendo ab­jurado el arrianismo al comienzo de su reinado y habien­do poco más tarde promovido la conversión de todo el pueblo godo en el tercer Concilio Toledano (mayo de 589), no puede comunicar al Papa tan trascendentales suesos sino en 590, tres años después de su conversión y un año des­pués del concilio. Una comisión de abades, enviada antes por el rey, se había vuelto desde Marsella por naufragio de la nave, y al fin el mensaje es llevado aprovechando el regreso de un legado pontificio que se hallaba eventualmente en Málaga. A su vez, el Papa no puede responder al rey, expresándole su inmensa alegría, sino al año siguien­te de 591 73.

      En tercer lugar, la expansión del imperio árabe por Si­ria, Egipto y África (631-641), haciendo que el Mediterrá­neo deje de ser un «Mare nostrum» para convertirse en un mar enemigo de navegación peligrosa, no sólo dificulta más y más el comercio en general, sino que, haciendo cesar en Occidente la importación del papiro egipcio, dificulta enor­memente la ordinaria comunicación documental y episto­lar. Ya desde tiempos romanos el pergamino resultaba muy caro y venían usándose para los escritos breves, circunstan­ciales, materiales pesados y frágiles como el ladrillo escrito antes de cocerlo y la pizarra, pero esos materiales no eran apropiados para la escritura de libros; no es pues de ex­trañar que el comercio internacional de libros llegue casi a desaparecer, hasta tal punto que la adquisición de una co­pia era como un negocio de estado: cuando el rey Khindasvinto quiso obtener los Morales de san Gregorio Mag­no, tuvo que enviar para copiarlos a Roma al obispo de Zaragoza, Tajón (651), y allá la búsqueda del libro necesita nada menos que un prodigio celeste para descubrir dónde se hallaba en el infrecuentado archivo de la iglesia roma­na, según la Crónica Mozárabe de 754 74.

      Esta falta casi absoluta de comunicación oral y escrita entre los pueblos de Occidente en los tres primeros siglos de la Edad Media es lo único que puede explicar la diver­sificación de los romances. Esa falta hace posible que las fuerzas evolutivas del lenguaje, divergentes entre sí, produz­can efectos durativos. Las mayores peculiaridades del latín hispano actuaban desde el día mismo en que los Escipiones comenzaron la conquista de las playas ibéricas, pero se mantenían en estado latente, cohibidas por la ordinaria propagación de modelos hablados y escritos. Pero ahora, al faltar estos modelos normativos interprovinciales, las fuer­zas de los substratos prerromanos, las del dialectismo itáli­co, así como las más atrevidas iniciativas locales, pasan del estado latente al de tolerancia y al de predominio; la lengua hablada acelera anómalamente su evolución, y en cada provincia se van formando varios tipos de lengua común, para satisfacer las necesidades comunicativas de los círcu­los menores de hablantes que no saben usar el latín gra­matical.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

68  El apocamiento paulatino pero constante de la actividad intelectual es ya observable desde el siglo II; pero sólo se acele­ra, pasados dos siglos, con las invasiones bárbaras que pertur­ban las instituciones y el bienestar en que la cultura romana se sustentaba, y llega a hacerse extremo en el último cuarto del s. VI, equivaliendo a una extinción.

69  Cuyo seco cronicón contrasta con la brillante serie de escri­tores paganos y cristianos continuada incluso en tiempos de la invasión vándala con San Agustín (siglos IV-V), Marciano Capella (s. V) y Draconcio.

70  Que cierra la serie de escritores que conviven con los visigodos y francos invasores: Orientio, Salviano en el s. IV, Rutilio Numaciano hacia 412 y Sidonio Apolinar hacia 430.

71  Que aún bajo las invasiones produce el último filósofo ro­mano, Boecio, y el último político, Casiodoro (muerto en 604).

72  Según Gregorio de Tours, Hist. Francorum, VI, 45º; VII, 9º y 39º

73  Menéndez Pidal, «Universalismo y Nacionalismo», Prólogo a la Historia de España, III (1940), p. xxx.

74 Ed. Mommsen, p. 342. Puede también verse en Esp. Sagr., XXX, 1775, p. 179.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

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51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      El nombre germánico aparece distribuido en España muy variamente según las clases sociales. Por ejemplo, si observa­mos los asistentes al Concilio XIII Toledano, año 683, el más concurrido de todos los concilios, vemos que de 79 obispos, abades y vicarios, 52 llevan nombre hispano-romano (Florus, Pacatus, Gregorius, Vincomalus, Asturius, Bellitus...) y 27 llevan nombre germano (Theodulfus, Floresindus, Oppa, Veremundus...); la proporción es inversa en los 26 «viri illustres offi­cii palatini», pues sólo 3 llevan nombre romano (Isidorus, Severinis, Vitulus) y 23 llevan nombre germano (Reccaredus, Cixila, Théudila...). Cosa semejante sucede en la onomástica de los otros concilios. Los nombres ibéricos no son llevados por nadie 53; sin duda permanecen en estado latente en el Norte, donde aparecerán durante la época siguiente.

      En la toponimia subsisten multitud de nombres propios germánicos (godos o suevos). Sirvan de ejemplo los más conocidos por haberlos llevado algún rey godo: Athaulfus (*aþals ’Edel, noble’) > Adaulfe Lugo, Adaufe Braga; Sigericus (sigis ’Sieg, victoria’) > Segeriz Lugo, Castrosi(g)erici, luego Castrojeriz Burgos, Villajeriz Zamora; Recaredus (sentido dudoso) > Recarey Lugo, Orense, Porto, Recareo Coruña; Gundemarus (gunþs ’comba­te’) > Gondomar Pontevedra, Braga; Chintila, Chintilanis (kinþs, Kind, ’niño’) > Quintiá Coruña, Quintián Orense, Lugo, Quintiães Braga; Wamba > Bamba Zamo­ra, Valladolid, Braga (el de Valladolid sabemos que se lla­maba antes Gertigos y cambió de nombre por haber sido alli elegido el rey Wamba)54; Witiza, Witizane (sentido du­doso) > Gurizá Coruña, Guixá Gerona. Claro está que no sabemos si remontan a época goda.

      Hasta 2.400 topónimos formados con nombres germáni­cos se han catalogado en España 55, y en ellos se hallan los nombres más usuales entonces: Guntherĭcus, nombre que llevó un rey vándalo 56 > Gunturiz Coruña, Villagondriz Lugo, Contriz Oviedo, Braga, Contrigo León; Sabaricus > Sabarigo Pontevedra, Braga, Villasabarigo Zamora, Savariz Oviedo, Viseu; Theodĭla > Villatuelda Burgos 57, Taialá Ge­rona 58; Sindĭla nombre ostrogodo > Villasinde, Villasinda León 59; Cixĭla antroponímico usado aún en el siglo XI 60 > Fuencisla Segovia; Baamonde Coruña, Orense, Vamonde Por­to (de *badus ’combate’ + munds ’protección’); Bermu­dus (de *baira ’Bär, oso’ 61 + moþs ’ánimo, espíritu’) 62, Villabermudo Palencia, Bermudillo Ávila; Gontrandus (gunþs ’combate’) Villaondrando > Villandrando Burgos 63.

      Los nombres góticos en ā tenían dos conjugaciones: una como temas en - ā y otra como temas en nasal (análoga a los en -ō, - ōnis) Froĭla (diminutivo de frauja ’señor’), acusativo Froilaen o Froilanen, de donde el antropónimo ant. Fruela y el moderno Froilán, en topónimos: Villafruela León, Burgos, Palafrugell Gerona (Palatio Frugelli), junto a Froilana 64, Fafĭla o Favĭla, Villafáfila Zamora 65, acusativo Fafilán Oviedo, Fafilanos (año 901), Fafilanes (937) Gerona, Fafiães Porto. En la toponimia Maurĭla, nombre de un obispo del Concilio Toledano IIIo de 589 66, da Morla León, Maurĭlānis Morlanes (apelli­do) y Maurilanem Morlán Coruña; Wimărā Guímara León, Burgos, y Guimarán Asturias, Lugo, Coruña, Guimarães Portugal, Guimaráns Coruña, Gimerá Lérida. Todavía a mediados del siglo XIII en el romanceamiento del Fuero Juzgo algunos manuscritos usan para los reyes godos la forma con nasal Cintillán, Egicán, aunque la mayoría pre­fiere Cintilla, Egica 67.

      El caudal onomástico de los germanos era muy copioso por la facilidad de formar nombres compuestos. Veremos en la época siguiente manifestarse otros muchos nombres que no salen a la luz en la época visigoda.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

53  A no ser que un obispo Diadicus del Concilio VI, año 638 (en Sáenz de Aguirre, Collectio maxima conciliorum) sea *Didacus.

54  El topónimo Bamba, al no tener g- inicial de w- germánica, se denuncia como posterior; lo es el de Valladolid, llamado an­tes Gerticos según san Julián (traducido en la Estoria de España, ed. Menéndez Pidal, PCG, p. 283b14). Sachs, Die germanischen Ortsnamen in Spanien und Portugal, 1932, p. 22, admite los dos resultados, v- y g-.

55  Sachs, Die germanischen Ortsnamen. Que esos 2.400 nombres nos indiquen dónde se agruparon sobre todo los germanos cuan­do las invasiones, como aprueba Bourciez (Bull. Hisp., XXXV, 1933, p. 173), veremos que no es aceptable (Cap. II, § 2).

56  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 322 (ed. 1950, p. 315).

57  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 318 (ed. 1950, p. 312).

58  Sachs, Die germanischen Ortsnamen, p. 96.

59  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 322

60  Orígenes del esp., p. 323 (ed. 1950, p. 317).

61  Meyer-Lübke, Die altportugiesischen Personennamen Ursprungs, 1904, p. 19.

62  Meyer-Lübke, Die altportugiesischen, p. 71.

63  Sachs, Die germanischen Ortsnamen, p. 62.

64  Menéndez Pidal, Prim. Crón. Gral, 295b5.

65  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 248 n. (1950, p. 242).

66  Un Maurilo del s. VIII registra Förstemann, Altdeuts. Ñamen, I, col. 1117.

67  Menéndez Pidal, Gram. hist., § 43.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

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50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

3. REINO VISIGODO TOLEDANO. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      Destruido el reino tolosano con la victoria de Vouillé que el rey de los francos Clodoveo obtiene con muerte del rey visigodo Alarico II (507), el reino visigodo se fija en Espa­ña, conservando en Galia sólo la Septimania Narbonense o Galia Gótica.

      Un decenio antes de la derrota de 507, ya los visigodos afluían de la Galia en España; su gran emigración la seña­la el Cronicón Cesaraugustano en 494 y 497: «Goti intra Hís­panlas sedes acceperunt». Aunque no existía ni sombra del Imperio desde 476 (en que fue destronado Rómulo Augústulo),el asentamiento de los godos se hizo continuando el procedimiento romano, según el cual el auxiliar germano recibía alojamiento u hospedaje del romano, cediéndole éste dos tercios de su casa, campos y siervos; no se trata de re­parto de tierras entre vencedores y vencidos, como suele decirse, sino entre huéspedes y hospedados, entre romanos, población civil, y godos, población militar. Los seis términos técnicos de aquel reparto dejaron rastros en la toponimia. Las «sortes Gotice et tertia Romanorum» 24, menciona­das por las leyes, son recordadas en pueblos que llevan nom­bre de Suertes, Sort, Tercia, y en Portugal, Terça, Terças 25, el terreno pro indiviso llamado consortis terra 26, da su nombre al pueblo Consortes en Burgos, con otro lugar próxi­mo llamado Huéspeda; y luego hasta unos 80 llamados Godos, Gudillos, Godinhos, Godones, Godón (< Gothones, pue­blo de Germania 27) frente a los cuales hay otros llamados Romanos, Romãs, Romanillos, Romanones 28. Villatoro, arrabal de Burgos, es Villa Gothorum > Villaotoro (en el Cartula­rio de Cardeña); la ciudad de Toro es Campi Gothorum (Campo)toro, como en Cariñena hay otro Campo Romano. Recesvinto hacia 655 abolió la prohibición que desde tiempos del bajo Imperio existía para el matrimonio entre romanos y germanos. No obstante, la distinción entre godos y romanos se recordaba aún en el siglo XI en ciertas frases fósiles usua­les en regiones arcaizantes como Santillana 29.

      La corte del segundo reino godo, primero en Barcelona, se fija en Toledo hacia 540. El uso del gótico se mantendría muy vivo hasta Leovigildo (571-586), el gran rey nacionalista y acérrimo defensor del arrianismo germánico. Su hijo Recaredo se convierte al catolicismo romano en el Concilio IIIo de Toledo (589). Todos los Concilios Toledanos, a partir del IIIo, establecen íntima compenetración de la Iglesia con el estado visigodo, y el reino godo se modela en un concepto estatal unitario, fundamentalmente romano, mientras los reyes merovingios se atenían más a las instituciones germá­nicas hasta considerar el reino como patrimonio personal divisible entre herederos, división que nunca hicieron los reyes godos 30; a la vez las clases altas visigodas se romanizaban hondamente, al revés de los francos cuyos nobles con­servaron más viva su germanidad. Así se observa que en la Lex Visigothorum, codificada bajo Recesvinto hacia 654 y am­pliada por Ervigio en 681, sólo se hallan cuatro palabras góticas: sagio, wardia (variante guardia), thiufadus, leudes, mientras abundan las palabras francas en la Lex Sálica para designar cargos e instituciones.

      En este período parece haberse introducido en el latín hablado de la Península la mayoría de las voces góticas que se hallan sólo en español y portugués o catalán, faltando en provenzal 31, como la primera citada de la Lex Visigothorum: sayón. El cargo palatino comes scanciarum, que figura en las actas de los Concilios, nos da la raíz del verbo escan­ciar, usado también en catalán y portugués 32, Tienen difu­sión, asimismo, en portugués y catalán las voces correspon­dientes a gana 33, ataviar, tapa, toldo y en el portugués las correspondientes a los antiguos lastar y lua (’guante’, voz ésta de origen franco) y a ganso, ganar (gañar ant.), cundir, ayo, aleve, hato ’rebaño, lío’, espeto... 34. Hay casos en que la Ga­lia Gótica tomó otra forma germánica, quedando la forma gótica relegada a la Península: el gótico raupa sobrevive en el esp. ropa, port, roupa, pero el cat. roba, prov. rauba, ital. roba, fr. robe derivan del germánico rauba. El gótico *sahrja ’cesto’ da sera, port. seira, pero el cat. y prov. usan otra forma germánica sarria. El gótico *spaurada espue­la, port, espora, mientras el catalán y prov. esporo, fr. éperon, ital. sperone vienen del franco *sporo(n). Las formas góti­cas tienen ĭ en vez de la ĕ indoeuropea conservada en los otros dialectos germánicos, y tenemos que el gótico trĭggwa da tregua, port, tregoa, mientras el provenzal tręga (trèvo en Mistral), cat. treva remontan al franco trĕuwa, lo mismo que el francés y el italiano; por otra parte, el gótico hĭlms dio en antiguo español elmo, igual que en port, e ital. lmo, pero la forma franca hĕlm se extendió al prov. elm, y además penetró también en España, yelmo, que aparece ya en el siglo X (Glosas Emilianenses)35.

      Otros germanismos, no específicamente góticos, se incor­poran desde antiguo a las lenguas románicas en general. Voces referentes a la vida militar 36, como guerra, talar, robar (’saquear’ en el Poema de Mió Cid), guía, huesa o uesa ’bota’ 37 < hŏsa, voz del germánico occidental incorporada al latín por los soldados romanos ya en el siglo IV y usada por san Isidoro 38; al vestuario, como falda, cofia 39; a la vida domés­tica y del campo 40, como rustir, sopa, brasa, raspar; y otras va­rias: buscar, ganar, guarir (y luego guarecer), guarnir (y luego guarnecer), escarnir (y luego escarnecer), galardón, guisa (y gui­sar), fresco, rico. Es de notar que las voces referentes a insti­tuciones son pocas, pues la nomenclatura política, adminis­trativa y jurídica fue latina, aun para las costumbres germánicas como el reto judicial, la prueba caldaria, etc.; es por eso notable una voz como aleve, que se introdujo por­que traía una noción nueva, distinta de la de «traición» 41.

      Algunos de estos vocablos germánicos no entraron direc­tamente en el español, sino a través del francés o el provenzal. Se ha señalado 42 que de los nombres de colores germá­nicos ninguno pasó al español; pero aún falta estudiar con detenimiento la historia de cada palabra. Es verdad que blon­do, gris, gualda, bruno parecen tardíos; no obstante, hovero, color de caballo, port, fouveiro, es derivado indígena del germánico *falw, y san Isidoro usa entre los colores de ves­tidos, blavum 43, del francés *blaw, *blao, prueba que ese vocablo se usaba en la Bética visigoda, aunque hoy sólo subsiste en el catalán (blau, blava) como en prov. y fr., ha­biendo sido después sustituido en España por el orientalismo azul. Se dice que blanco viene del francés o provenzal por conservar bl-, pero bl- no es signo cierto de extranjerismo, y si bien blanco no se une a los topónimos más viejos 44, sí aparece en otros posteriores aunque también antiguos: Castilblanco, Casablanca, Pozoblanco 45.

      La población románica recibió todos estos germanismos viejos cuando tenía su latín en período de grande evolución, así que les hizo sufrir los cambios fonéticos más viejos (siglos V-Vll) que se dieron en las voces latinas para hacerse romá­nicas, según veremos. Un influjo contrario, es decir, de la fonética germánica sobre la lengua romance, no se descubre en España; en Francia es probable se deba a los francos y en Italia a los longobardos la diferencia articulatoria de la vo­cal en silaba libre (larga) o en sílaba trabada (breve) 46, dife­rencia que el español desconoce. Se halla también alguna rara influencia sintáctica del franco sobre el francés 47. Res­pecto del español, sólo creo poder referir a influjo gótico el uso del genitivo por prefijación, común a las lenguas germá­nicas y que se ve en raros ejemplos toponímicos: Aguilafuente (Segovia); Aquilanido (año 1094) 48 > Aguilaníu > Aguinalíu (Huesca) ’nido de águila’; Babilafuente (Salamanca), del nombre germánico Babila; Ojacastro (Logroño) ’castro del río Oja’, Punicastro, año 1116, Nájera (para cuyo nombre pro­pio compárese Villapún < Villa de Pune, año 1053, Sahagún; Pinospuente es llamado La Puente de Pinos por el canciller Ayala 49. En Francia abundan Thionville, Bertrancourt, Hattonchâtel, Thiaumont, Renauval, siempre con antropónimo germánico, mientras los pocos casos de España son fundamentalmente románicos. Añádanse los compuestos gatuña (junto a uña gata), el andaluz casapuerta 50, el asturiano mesamantel ’man­tel de mesa’ (en Colunga), el palentino rigállaro ’polla de agua’ (río + gallo), los mozárabes gallocresta y colonbaeollo 52.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

24  Lex Visigoth., X, 2° 1a y en el epígrafe «sortes Gotice vel Romane», «tertia Romani», X, 1°, 8a, etcétera.

25  Para el masculino Tierzo, Tercio suponemos otro origen (véa­se atrás, Parte IIa cap. I, § 1).

26  Leges Visigoth., X, 1° 6 y también «consortis portio».

27  Gotones es declinación débil Gotō, -onis, en vez de la fuerte Gotus, -i, Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, p. 127.

28  Véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 532 (1950, p. 505) y E. Gamillscheg, Romania Germ., I, p. 359 (cuenta unos ochenta nombres en que entra la palabra Gothus).

29  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 531-532 y 536-537 (1950, pp. 505 y 509-510).

30  Menéndez Pidal, España del Cid, I, 1929, p. 156.

31  Claro es que también estas voces pudieran haberse introdu­cido en período tolosano y haberse perdido después en la Aquitania y en la Narbonense.

32  Escançár, escancejar.

33  Palabra en que un ensayista moderno [Unamuno] ha queri­do ver la singular expresión de una peculiar modalidad de la voluntad hispánica.

34 Lista compilada por Gamillscheg, Romania Germánica, I, p. 382 ss.

35  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 214 (ed. 1950, p. 194).

36  Junto a las góticas ya citadas: tregua, guardia, espía, alberga­da, espuela, ant. elmo.

37  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, II, p. 896.

38  San Isidoro, Etym.  19.°, 34, 9.

39  Junto a las góticas: ropa, banda, lista, fieltro, ataviar, arrear ’aderezar’.

40  Junto a las góticas citadas: rapar, escanciar, adobar, ’preparar’, rueca, aspa, tapa, sera, toldo, parra, estaca, hato, ganso, belesa.

41  Véase el Fuero Real, citado en Cantar de Mio Cid, II, p. 450. La causa de la introducción de tal palabra no es meramente afectiva, como expresa Gamillscheg (RFE, XIX, 1932, p. 247), sino técnica.

42  Meyer-Lübke, Introducción, pp. 83-84 y 94.

43  San Isidoro, Etym.  19°, 28.

44  España Villalba, Italia Villabianca; España Grijalba, Italia Chiesabianca; España Torralba, Torroba, Italia Torrebianca; España Montalbo, Montovo, sólo Monblanquet, Italia Montebianco y Montalbo.

45  En Italia Castelbianco, en Francia Chatelblanc; en Italia Casablanca y Casalba (éste no existe en España).

46  W. von Wartburg en Zeit. f. rom. Phil., LVI, 1936, pp. 33 y 44.

47  A. Meillet, Scientia, 1932, pp. 92-93 y A. Dauzat, en Mél. van Ginneken,   1937.

48  Arch. Catedral de Roda, perg. 112.

49  Crón. de don Pedro, año XII, cap. 7° y Crón. Enrique II, año IV, cap. 2°.

50  Casapuerta es andaluz, según el Dicc. de Autoridades, 1729: «el portal de la calle que en Sevilla llaman casapuerta» (Cervantes, El celoso extremeño, ed. La Lectura, XXXVI, 1917, p. 97 con la nota 4).

51  Cfr. Bull. Hisp., XXVIII, p. 378 n.

52  Asín, Glosario,  1943, p. XIII.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

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Imagen: letra W, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      Desde los primeros momentos de los reinos germánicos, la provincialización del Imperio tiende a producir una na­cionalización de las provincias, asentada sobre cierto parti­cularismo cultural que en cada una de ellas apuntaba.

      En Hispania, Hidacio, que hace la historia del desbarajus­te económico y administrativo del Imperio y de las devasta­ciones de suevos, vándalos y alanos, nos da una significada muestra de cómo avanzaba la nacionalización cultural de la provincia. En su Crónica imperial (468) Hidacio usa la crono­logía ordinaria por los años de los emperadores, confusa por acéfala, pero adopta para los sucesos de España un cómpu­to más claro, puramente español, que arranca siempre de un mismo punto fijo, el año de la aera ’tributo’ (plural de aes) o año (38 a.C.) en que Augusto organizó la tributación del Imperio 2. Sólo tres y cuatro siglos después de Hidacio, otro punto fijo adoptado por Beda y por los cronistas carolingios, el año de Cristo 3, vendrá a facilitar la cronología; pero la era se usó en España hasta la baja Edad Media, como recuerdo de ese primer indicio en el siglo V de que una cul­tura hispana se individualizase dentro del Imperio, dotada de vigor bastante para abarcar todo el territorio desde la Lusitania a la Tarraconense, y para rebasarlo luego, cuando en el siglo XVI la voz era se propagó, con un nuevo sentido, a todos los idiomas europeos desde España 4.

      Como hemos dicho, el primer reino visigodo tiene su capital en Tolosa (Toulouse, 413-507); entretanto, en el Noroeste de España, los suevos fundan otro reino en Galicia y Asturias, que permanece de 412 a 585 5. Durante el reinado del ostrogodo Teodorico en Italia (493-526) las dos penínsulas occidentales viven en estrecha unidad política. Aunque el reino tolosano dura apenas un siglo, pues fue destruido por los francos en 507, se cree ser él la causa de la diferenciación dialectal del provenzal respecto del francés 6; más bien, diríamos, vino a robustecer en algún modo la antigua diferencia entre la Galia del Norte y la del Sur, estrechando las relaciones del Sur con España 7, constantes desde tiempos prehistóricos.

      Aunque los visigodos, tras 140 años de estancia en el Imperio romano, fueran bilingües cuando fundaron ese rei­no tolosano, aún continuaban muy apegados a su idioma. Hasta un rey como Eurico (466-484) que ejercía política europea tan vasta se sabe que conocía el latín en forma muy deficiente. Pero los gótico-hablantes del reino tolosano eran pocos, se calculan unos 200.000 8, y sobre todo su cultura era muy inferior a la de los romanos.

      Antes de que olvidaran su lengua nativa, los visigodos tiñeron la lengua latina provincial con neologismos de ori­gen gótico. Pero es difícil precisar cuándo se incorporaron a ella las distintas voces. Puede creerse que se introduje­ron en el romance durante el período tolosano las que se usan también en provenzal: gasajo, de donde agasajar 9, brote y brotar10, bélesa, planta usada para embriagar peces, de donde deriva el verbo embelesar; parra 11, estaca 12, moho y mohíno 13...

      Respondiendo al período del reino ostrogodo en Italia (493-554) tenemos otras palabras góticas que se extienden por España e Italia existiendo también o no en el Sur de Francia, como randa ’borde’ 14, albergo, albergue, albergada ’campamento’ en el Poema del Cid 15, triscar 16, rapar 17, espiar y espía 18, rueca 19, aspa 20, bandum ’bandera’, incorporado al latín de san Julián de Toledo hacia 690 21: «bandorum sig­na», bando ’gentes que siguen una bandera’ (ital. banda), espeto ’dardo, asador’, de donde espetar 22, etc.

      También arraigaron algunas voces del dialecto suevo, como el gallego laverca ’alondra’ < lāwerka, y lobio ’em­parrado’ < *laubja 23, que da muchos topónimos: Lobio, Lobios, Llobio en Galicia y en Asturias hasta Ribadesella.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

2  La difusión en Hispania de ese sistema de datación se ates­tigua tempranamente en las inscripciones: Una de Castandiello (concejo de Morcín), en el Conventus Asturum fecha «era DIII» (año 465); otras de Morón en el Concejo Astagitano y de Cádiz fechan era 504 (año 466); otra de Myrtilis en Lusitania fecha «idus Nouembres era DXas» (año 472); etc. (véase Hübner Inscripc. Hisp. Christ., 147a, 98a, 113a, 310a, etc.). Véase J. Vives, Inscripciones cristianas de la España romana y visigoda, pp. 177 y ss.

3    Fue ya ensayado un siglo después de Hidacio, por Dionisio el Exiguo en Roma, pero no empezó a generalizarse sino por obra de Beda y de los cronistas carolingios.

4  Italiano era, francés ère, alemán ära, con el significado gene­ral que actualmente tiene también en español y portugués (cfr. REW, 241).

5  Del reino suevo en Galicia y Asturias, iniciado en 412 y des­truido por Leovigildo en 585, son recuerdo los pueblos llama­dos Suebos en Galicia, los montes de Sueve o Suevi en Asturias, entre Colunga y Ribadesella, límite oriental del reino suevo.

6  Es la opinión de Wartburg, en Zeit. f. rom. Phil., LVI, pp. 19, 28, 32, combatiendo a H. Morf, Zur sprachlichen Gliederung Frankreich (en Abhandl. Akad. Berlin,  1911).

7  Notemos que alguno de los principales límites lingüísticos del provenzal (el de la a latina no alterada en e) no coincide con el límite político del reino tolosano, y en cambio se aproxima a otro límite cultural importante relacionado con la misma época goda, el límite del territorio que se continuó rigiendo en la Edad Me­dia principalmente por el derecho romano a partir de la Lex ro­mana Visigothorum, codificada para el reino tolosano por Alarico en 506; mientras, el dominio lingüístico del francés se extiende al Norte de este límite sobre territorios que se rigieron predo­minantemente por derecho consuetudinario. Véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 501 (1950, p. 475) y España del Cid, 1929, pp. 103-104. Los romanos que vivían en el reino borgoñón también tuvieron su código de leyes romanas promulgado hacia el mismo tiempo que el Breviario de Alarico (v. H. Klimrath, Travaux sur l’Histoire du Droit Francais, II, 1843, p. 318 y el mapa que señala los países de derecho escrito).

8  Gamillscheg, en RFE, XIX, p. 125 y Romania Germ., I, 1934, p. 354.

9  Con correlatos en portugués y provenzal.

10  También con descendencia en portugués y provenzal.

11  Provenzal, catalán, portugués. Gamillscheg, Romania Germ., I, 1934, p. 377. REW 6252 da la voz por prerromana.

12  Catalán, provenzal, francés.

13  Languedoc, Suiza francesa.

14  Provenzal, italiano.

15  Provenzal, italiano.

16  Portugués, provenzal, antiguo francés, italiano.

17  Provenzal, italiano.

18  Provenzal, francés, italiano.

19  Portugués, vasco, italiano.

20  Portugués, italiano.

21  Hist.  Wambae,  16.

22  Italiano.

23  Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, pp. 243-244.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

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Imagen: letra X, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD. I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

      El alistamiento de germanos en las legiones romanas, que comenzó en el siglo II de C., acaba por hacer totalmente germano el ejército y trae como consecuencia el asentamiento de pueblos germanos enteros dentro del territorio del Imperio. En Occidente el Imperio romano comienza a desintegrarse. Hispania, invadida y devastada por vándalos, alanos y suevos (410), se ve abandonada a sus propias fuer­zas, desamparada del poder imperial; los emperadores, impotentes, deciden entonces encomendarla a los godos.

      Los godos, que hacia 238 se hallaban asentados en la desembocadura del Danubio y corrían la Dacia y la Mesia, se habían establecido en 376 al Sur del bajo Danubio, en la Mesia, y desde allí deambularon por varias provincias de Oriente. Bajo su rey Alarico habían pasado a Italia y sa­queado a Roma en 410; poco después se habían asentado en Tolosa (413) y llegaban a Barcelona (414), fundando un reino hispano-aquitano; para entonces, hacía ya 140 años que peregrinaban por las provincias del Imperio; eran unos germanos fuertemente romanizados. Sin embargo, Ataúlfo, según oyó Paulo Orosio a un caballero de Narbona, pre­tendía en sus comienzos raer de la tierra la romanidad haciendo que la Romania fuese una Gotia; pero más tarde, sobre todo influido por su mujer Placidia, la hija de Teodosio, comprendió que los godos no eran un pueblo de leyes y disciplina como los romanos, y aspiró a la gloria de restaurar el nombre romano con el vigor de los godos. Hispania, asolada por las diversas tribus bárbaras, por la peste y el hambre, se sometió fácilmente a los nuevos in­vasores y los hispano-romanos prefirieron entenderse con ellos, según dicen Orosio e Hidacio, que no pagar insoportables tributos a la administración imperial decadente 1, incapaz de protegerles de las depredaciones que sufrían.

      Hispania no tuvo peor suerte que las otras provincias del Imperio. La Galia es invadida no sólo por los visigodos que fundan el reino tolosano (414-507), sino por los francos (des­de 420), por los alamanes (en Alsacia, vencidos por Clodoveo en Tolbiac, 496), por los burgundios (443-534) y por los bre­tones de Britania. Italia sufre la dominación de los ostrogo­dos (493-554) y de los longobardos (568-774). Galia e Italia, como Hispania, acaban por romanizar a sus invasores (fran­cos, burgundiones, ostrogodos y longobardos). No así las regiones más exteriores: en la Retia y el Nórico los alamanes, bainvaros y eslavos conservaron su lengua propia y arrinco­naron gran parte de la población románica a la región alpina donde hoy se conservan los dialectos reto-románicos. La Dacia trajana ve pasar por su suelo a godos, hunnos, gépidos, ávaros, búlgaros, magiares; después, los eslavos atraviesan el Danubio y se extienden por la Península balcánica hacia 580, acabando con la latinidad de las Mesias y del Ilírico, salván­dose sólo de este gran naufragio dialectos rumanos disper­sos al Norte y al Sur del Danubio y el Dálmata en las costas ilíricas. Aún peor suerte corrió la latinidad en Britania: eva­cuada la isla por las legiones romanas (407), pronto fue in­vadida por los anglos, los sajones y los jutos (449); el latín sobrevivió difícilmente, quedando al fin sólo como lengua escrita. El África, aunque todavía algunos reyes vándalos (429-534) favorecen la cultura romana (bajo Thrasamundo 496-523 e Hilderico 523-530 florecen los poetas Florentino, Flavio Félix, etc.) y, aunque Justiniano la restaurará, pronto la invasión árabe (641-697) será el comienzo del fin para la latinidad africana. La arabización cundirá rápidamente; y de la lengua local líbica (beréber) sólo subsistieron restos en los núcleos más aislados nunca latinizados y ahora difícilmente arabizados.

      A comienzos de la Edad Media, el siglo V transcurre bajo un predominio intelectual de la Galia visigótica, donde se escriben la mayor y mejor parte de las obras que entonces produce el Occidente, los tratados teológico-morales de Salviano, los poemas de Sidonio Apolinar y de Orientio, las biografías de Genadio; Hispania, desolada por la invasión de vándalos y suevos y por las campañas de los visigodos, no produce sino al poeta panegírico Merobaudes y el obis­po gallego Hidacio.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

1 Sobre esta causa económica de la desintegración del Impe­rio, véase Menéndez Pidal, «Universalismo y Nacionalismo, ro­manos y germanos», prólogo a la Historia de España, III, Madrid: Espasa Calpe, 1940, p. VIII.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

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47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

10. TOPONIMIA CRISTIANA. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      A partir del siglo IV en que el cristianismo sustituyó ofi­cialmente al paganismo, muchos lugares recibieron el nom­bre de la iglesia que ocupaba el sitio principal del poblado o que venía a ser centro de las casas que en su inmedia­ción se construían. De ahí nombres de lugar Iglesia, Igle­sias; Iglesario; Iglesuela Teruel, Toledo, Grisuela Zamora, León, Grijoa en Galicia; Grijalba Burgos, Coruña, Zamora < eclesia alba; Grijota Palencia < eclesia alta; Grisaleña Burgos. En el siglo IV mismo, y en la Baja Edad Media, se aplicó el grecismo basilica ’regia’ > ’palacio, edificio público’ a la iglesia conmemorativa de un mártir, de donde Baselga Portugal, Baselgas Asturias, Veselga Valen­cia 234. Una forma secundaria era basilia, de donde Basella Lérida.

      Pero más común era que el lugar tomase por nombre el del santo a quien la iglesia o basílica estaba dedicada. Como esta costumbre continuó durante siglos, buscaremos los to­pónimos hagiográficos primitivos en aquellos que adheri­dos al suelo han evolucionado fonéticamente con el lengua­je hablado sobre ese suelo. Así, hallamos que varios san Félix que predicaron el cristianismo en España y sufrieron martirio en Sevilla, en Gerona o en Játiva tuvieron culto muy extenso: en regiones donde la f- se conserva, el abla­tivo o genitivo locativo 235 sancti Felīcī o Felicīs da San Fiz León, Sanfiz y Safiz Galicia, San Feliz León, San Felices Salamanca (forma conservada por cultismo en Burgos, Soria, Santander, etc.), San Feliu Gerona, Pyrénées Orientales; y en las regiones que perdieron la f- desde muy antiguo, se conservó la t por quedar ante vocal: Santelices Burgos y Saint-Élix Haute-Garonne y Gers 236, siendo nota­ble la coincidencia de los dos solares de la pérdida de f-, Castilla y Gascuña; donde la f- se perdió más tarde, la t se perdió en grupo de tres consonantes, y nf pasó a f y a cero: Sahelices Saelices León (tres), Valladolid, Salamanca, Guadalajara, Madrid, Cuenca 237. Como este último caso, donde desaparece -n(t)f- en regiones que perdieron la f tar­díamente tenemos Sancti   Facundi > Sanfagún, Safagún, Sahagún León, en memoria de los santos Facundo y Primitivo, martirizados hacia el 304 a orillas del Cea, don­de se alzó el monasterio que dio nombre a la villa. La v, consonante sonora correspondiente a la f, da igual resulta­do en el grupo nv: Sancti Victoris (Víctor, mártir de Braga) > *Sanvechores, *Savechores, Sahechores León; mien­tras que por cultismo se conserva San Vitores en Santander.

      Al lado de Santelices, agrupación de la t de Sant- con la vocal siguiente, después de pérdida muy temprana o voca­lización de la consonante inicial, hay que poner -nt(g)- -nt(j)-en una región más extensa que la de -nt(f)-:  Sancti Gervasi (Gervasio, mártir en Milán bajo Nerón) > Santervás Palencia, Valladolid, Soria; Sancti Justī (el niño Justo  fue  martirizado  con  Pastor,   su  compañero,   en Complutum, Alcalá de Henares, en tiempo de Diocleciano, en el año 304) > Santiuste Guadalajara, Soria, Sego­via, Ávila, Burgos (la forma culta es San Just Lérida, Gero­na); Sancti Georgī (mártir de Capadocia en el 303, el caballero santo) > Santurce Vizcaya y con disimilación Santiurce Santander, Santurde Álava, Burgos, Logroño; pero Santiorjo Galicia, Sanjurdo Pontevedra, San Jorde Palencia, Sanjurjo Orense, Sanjurge Portugal; Sancti Johannis (aludiendo al santo Bautista o al Evangelista) > Santianes Asturias (varios); Santiaes Portugal, Santibáñez (varios) Astu­rias,  Castilla;  Seoanes, Soane, Sebane  Galicia;  Sancti Julianī (san Julián el Hospitalario, que daba buen alber­gue y «buena estrena» al caminante, según el cuento de Boccaccio y la serranilla del Marqués de Santillana) > Santillán Santander, Burgos, Málaga, Santullán 238 Santander, o en nominativo, Santullano Asturias, Santulhão Portugal; Juliana > Santillana Santander, Palencia, Segovia.

      A Tyrsus (mártir en Asia Menor hacia el 250, nacido en Toledo, y tenía templo en Toledo en época visigoda) se dedican Santiz Salamanca, Santotís Santander, Burgos, Valladolid, Guadalajara, o sin forma de locativo, Santiso Galicia, Santirso Oviedo, Santo Tirso León, Santo Thyrso Portugal.

      Sancti Quīrĭcī (Quirico, mártir en Tarso de Cilicia con su madre Julita en la persecución de Diocleciano, en el año 304, muy venerado en la cristiandad 239) > San Quirce Burgos, Valladolid, Sant Quirse Barcelona, Gerona.

      Los santos cuya fama fue recogida y a su vez divulgada por Prudencio en los himnos de su Peristephanon, dan to­pónimos que en su mayoría remontan a la época romana: Sancti Cyprianī > Sancibrián, Sancibrao Galicia, San Cebrián Santander, Palencia, Zamora, Valladolid, Toledo; Cipriano (himno 13°) 240, el famoso obispo y escritor cartaginés, mártir en la persecución de Decio en el 257, con culto toponímico en otros países, Saint Civran, Saint Cyprien, etc., en Francia 241, en Italia, muchos San Cipriano. Lo mis­mo San Román (himno 10°, el más extenso), diácono de Cesárea, San Lorenzo (himno 2°), cantados por Prudencio.

      Entre los santos españoles de culto más antiguo está Eulalia evolucionando en Santolaja o Santa Olaja Burgos, Valladolid; Santolalla Burgos, Santander, León, Valladolid, Salamanca, Toledo, Huelva, Almería, Teruel; Santa Olaria Zaragoza, y en regiones donde se pierde la -l- intervocáli­ca, Santalla Coruña, Lugo, León, o en genitivo locativo Santalle (ay. Castropol) Asturias Occidental de habla galle­ga; conservado el nombre intacto por cultismo Santa Eula­lia Zaragoza, Logroño, Gerona, Mallorca, Portugal, y en el Sur de Francia Sainte Eulalie, Sainte Aulazie, Sant-Aulaye, etc 242. El culto empero fue mucho más extenso; en el Nor­te de Francia se compuso la Cantilena de Santa Eulalia del siglo IX. Todos reflejan el nombre de la infantil mártir de Mérida, en la persecución de Diocleciano en el año 304 243, cantada en el himno 3° de Prudencio, si bien un piadoso tarraconense del siglo VII, por amor a su patria chica, creó un «hecho diferencial», suponiendo una Eulalia mártir de Barcelona aunque en todo igual a la de Mérida 244. A Emeterio y Celedonio, mártires en Calahorra ensalzados en el himno 1° del Peristephanon está dedicada la iglesia de Sant Emder > Santander, y con nombre de cuño bien posterior bien semiculto, San Mederi Álava, San Medel Burgos, San Meder Pontevedra, Santo Medero Asturias, San Medir Grana­da (Saint Médier Gard, Saint Hymetière Jura)245.

      Al obispo Fructuoso del himno 6°, gladiador de Cristo, quemado en el circo de Tarragona en el 259 (o a san Fruc­tuoso de Braga obispo de Dumio) está dedicado San Frechoso de Oviedo.

      No ofrecen observaciones interesantes los dos mártires de Zaragoza San Vicente diácono y Santa Engracia (himnos 4° y 5°) muertos en 304 246. El culto toponímico del primero es muy extenso; el de la segunda se agrupa en el Este de la Península (Huesca, Lérida, Soria, Logroño, Guipúzcoa) y en el Sur de Francia (Basses Pyrénées)247.

      El asiento de estos nombres hagiográficos sobre el suelo de la Península precedió a la evolución del latín en los varios dialectos españoles. Pero esto es sólo cuando la evolución fonética ha fundido el adjetivo sanctu- con el antroponímico o cuando se halla en locativo, genitivo o ablativo. Si la evolución ataca solamente al nombre en acusati­vo, pudo éste evolucionar como nombre profano antes de recibir culto, como ocurre en Sanpayo Galicia < Pelagius, alusivo al Pelayo martirizado en época musulmana en Córdoba, año [925].

      Por su complicada evolución fonética, indicadora de cul­to primitivo, merece citarse Sancta Euphemia (mártir en Calcedonia de Bitinia el año 307), que además de su nombre intacto, S. Eufemia Vizcaya, S. Euphemia varios pue­blos de Portugal y en Francia 248, ofrece la sonorización de f y pasa de m > n por confusión con Santa Eugenia (mártir en Roma hacia 258) de que hay pueblos con nom­bre intacto en Gerona, Mallorca y Portugal. El cruce de los dos nombres produce Santovenia Burgos (parroquia de Santa Eugenia), Segovia (parroquia de Santa Eufemia) y Zamora (parroquia de Santa María).

      Además en locativo Sancti. Sancti Auditi (santo honrado en Braga)249.

Sabemos que dom(i)na designaba antonomásicamente a la Virgen 250 (comp. el tratamiento mioña ’mi señora’, Rodrigo Toledano, De rebus Hispaniae 251), pues esto nos ex­plicaría el nombre de Santoña cuya parroquia es «Santa María del Puerto»; compárese el nombre de Covadonga < cova domnĭca, por existir en ella, antes de la famo­sa batalla, una ermita de la Virgen 252; y creo, aunque no tengo ejemplos, que se usaba con adjetivo, sancta (d)omina.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

234  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 252 (ed. 1950, p. 245).

235  Grandgent, Lat.  Vulg., § 86.

236  Longnon, Les noms de lieu, § 1736.

237  Para la evolución del grupo -ntf- en estos nombres, véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 227 (ed.  1950, p. 213).

238 El Santullán de Santander tiene como patronos a San Julián y Santa Basilissa (que U. Chevalier, Repertorium himnologicum (1892-1904 y 1921), s.v. «Basilissa», identifica con el Hospitalario).

239  En Francia hay topónimos Saint Cirice, Saint Cys, etc. y en Italia multitud de San Quirico.

240  «Mártir de África pero de corazón nuestro», dice Prudencio a causa de la famosa epístola a León, Astorga y Mérida; nota de Arévalo (Migne, Patrología Latina, LX, col. 571 n.) que manda ver Esp. Sagr., XXXIV, p. 89.

241  Longnon, Les noms de lieu, § 1686.

242  Longnon, Les noms de lieu, § 1722.

243  Según Chevalier, Rep. himn.  (1892-1904 y 1921).

244  Véase H. Leclercq, «Eulalie de Mérida et de Barcelone», en el Dictionnaire d’Archéologie chrétienne et de Liturgie, p.p. F. Cabrol, t. V, col. 705 ss.

245  Longnon, Les noms de lieu, § 1711.

246  Chevalier, Rep. himn.  (1892-1904 y 1921).

247  Longnon, Les noms de lieu, § 1712.

248  Longnon, Les noms de lieu, § 1724.

249  Esp. Sagr., XV, p. 295.

250  Domina designa a la Virgen sin adición de Nostra (Du Cange, Glossarium).

251  Lib. V, cap. III (ed. Padres Toledanos, t. III, Madrid, 1793).

252  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 181 (ed. 1950, p. 163).

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra Z, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      Cicerón nota varias veces lo peregrino de la latinidad hispana. El año 62 a.C. se burla de la vanidad de Q. Ceci­lio Mételo Pio que, cuando hacía la guerra contra Sertorio, se complacía en escuchar los versos laudatorios de los poetas cordobeses de sonido pingüe y exótico 217. En el año 54 alude a la grosería de los oradores vacceos 218.

      Y ese exotismo en la fonética de los hispanos latino-hablantes no parece haber cesado con el paso del tiempo. Ya hemos tenido ocasión, al tratar de la perdurabilidad del influjo substratístico en la pronunciación del latín aprendi­do por los hispanos, de aducir las noticias que persistentemente afloran respecto a la extrañeza que producía en Roma (entre los romanos e incluso entre algunos hispano-romanos bien integrados en la comunidad lingüística roma­na) el agreste acento de prominentes personajes proceden­tes de Hispania que nunca pudieron ocultar su acento dialectal (o tardaron mucho en poder borrarlo):

      Un Marco Poncio Latrón, no obstante ser maestro de de­clamación y rétor de moda en la Roma de Augusto (en torno al año 17 a.C.), según comentario de Séneca el Retórico 219.

      Un Hadriano, el futuro emperador, quien, a sus 25 años de edad, cuando ejerció la cuestura (el año 101 de C.), provocó por esa razón la risa al dirigir un discurso al Senado, lo cual le hizo dedicarse a perfeccionar su elocu­ción latina, como nos hace saber Elio Spartiano 220.

      Un Antonio Juliano, otro famoso rétor en las escuelas de Roma, cuyo «acento español» recuerda su discípulo Aulo Gelio (s. II de Cristo), al ponderar su facundia y erudición extraordinarias 221.

      Varias de estas noticias se refieren concretamente a la Bética, y denuncian la pronunciación exótica, pingüe y agreste del Hispano ore, del ’acento español’ (que dice Aulo Gelio), en personas de especial cultura y profesionales de la oratoria.

      La repetida y persistente observación nos pone de ma­nifiesto que, incluso en la porción de Hispania desde antiguo más integrada en la vida y cultura propiamente romana, estaba firmemente arraigado un acento provincial in­confundible, aunque ni los testimonios citados ni la ulte­rior evolución fonética del latín hispánico nos permitan identificar en qué se apartaba de la corrección exigida por los oídos romanos.

      Junto a esta peculiaridad de «acento» (esto es, de ento­nación y pronunciación 222), el provincialismo de Hispania se manifestaba no sólo en el conservadurismo purista que en el léxico hemos señalado, sino en la abundancia de for­maciones lingüísticas peculiarmente hispanas en que la Pe­nínsula entera se aparta de las corrientes lingüísticas de la metrópoli y demás romances: *tomare, de origen discu­tido 223 > español, catalán, portugués tomar 224 (los otros romances usan prehĕndĕre); *novia, de noua nupta > español, catalán novia, portugués noiva 225 (ita­liano promessa sposa, fidanzata, francés fiancée); *appacare > español, catalán, portugués apagar (vasta área unitaria en contraste con la gran variedad de expresiones sinónimas usadas en los otros países); *de-expĕrctare, derivado del participio experrectus > español, catalán, portugués despertar (uniformidad también opuesta a la multitud de tipos sinónimos que se reparten el suelo de Italia y de Fran­cia); *callare, con ll  inexplicada 226, del helenismo calare, que en la marina del Mediterráneo significaba ’arriar las velas, anclar’, metafórico ’cesar, ceder’ > español, catalán, portugués callar 227 (los otros romances conser­van tacēre); y así muchos más, entre los que son nota­bles algunos grupos de voces como el que arguye la inde­pendencia lingüística de la ganadería y pastoreo hispanos, por el hecho de crear toda una serie de neologismos espe­ciales: *burraecu, - ēcu, de burrus, con sufijo ibérico 228 > español borrego, portugués borrêgo, catalán borrec 229; *uerre + accu, con sufijo ibérico también 230 > español verraco, catalán verrac, portugués barraco; *chordariu, en vez de agnus chordus ’cordero nacido tardíamente’ > español cordero, catalán corder, portugués cordeiro; zephўru, el viento primaveral que, según la fábula recogida por Plinio, fecundaba las yeguas lusitanas, y cuyo nombre se apli­có a los potros salvajes, rápidos como el viento > portu­gués, español zebro, zebra, enzebro, catalán antiguo encebra 231; *maculata ’cercado de red (macula > malla), redil’ > español majada, catalán mallada, portugués malhada 232; portus, dicho del paso en la cima de una cordillera > español puerto, catalán port, portugués porto ’puerto de mon­taña’, acepción que el latín oficial rechazaba, cuando el Iti­nerario de Antonino llama Summo Pyreneo a lo que hoy se llama Somport < Summo portu en Huesca, pero ya el Poema del Cid usa puerto aplicado a un paso en los mon­tes de Teruel, y la Chanson de Roland recuerda a menudo los puertos de España les portz d’Espaigne, escenario de la gran tragedia carolingia 233.

      Pese a este considerable grado de homogeneidad que indican estas innovaciones generalizadas y la conservación purista de arcaísmos arriba señalada, en modo alguno hay que suponer una uniformidad en el latín vulgar hablado en la Península, donde por fuerza habría muchas diferencias dialectales. Ya hemos observado a grandes rasgos el carác­ter de la zona oriental, más innovadora, la que recibe di­rectamente los impulsos neológicos.

      Como centros directivos lingüísticos de la Hispania roma­na podemos suponer tres principales, a juzgar por el testi­monio de su más viva romanidad suministrado por los res­tos arqueológicos.

      Los dos más importantes de estos centros estaban cons­tituidos por la región costera levantina y meridional con sus grandes puertos Tarragona, Valencia, Cartagena, Cádiz, Sevilla, todos abiertos a los influjos externos. Dentro de ella, la Bética debía de ser principal guía lingüística: la importan­cia cultural que indican los restos arqueológicos se halla confirmada por los hechos históricos simbolizados en los nombres de Séneca, Lucano, Mela, Columela, Trajano, Hadriano. A no haber sobrevenido la invasión árabe, la Béti­ca habría, sin duda, producido el primer dialecto litera­rio de la Península.

      En segundo término, y con menos vitalidad, se destaca una región interior. Su centro es Emerita, principal estación de la vía que iba de Cádiz a Astorga y a León; se dilataba por el valle del Tajo, por Trujillo, Talavera, Toledo hasta Alcalá. En el paso de los siglos IV al V son estas regiones interiores, y no la Bética, las que dan los hombres representativos: Teodosio era de Coca, en tierra de Segovia, al Norte de la Provincia Cartaginense; Prudencio era de Za­ragoza; Orosio, de la Galicia Bracarense. Esto prepara la capitalidad de Toledo en época visigoda, en mayor compe­tencia con la Bética.

      Aunque sin duda diversa en su interior, Hispania, por sus riquezas naturales y por las aptitudes de sus habitantes, era, a juicio de Plinio, la provincia preexcelsa después de Italia; su importancia literaria y política dentro del Imperio fue grande, lo mismo en la época pagana que en la cristiana; y tan prominente personalidad nos da buena razón de esa cier­ta rebeldía contra las decisiones lingüísticas romanas que hemos señalado. Como coronación de la «provincialium superbia», al fin de la edad imperial, el galaico Orosio llega a esbozar por primera vez los fundamentos ideales de un na­cionalismo hispánico, exponiendo apasionadamente los des­tinos de la patria, la «Universa Hispania», como diversos de los de Roma; según él, desde España, donde los reyes godos Ataúlfo y Valia combaten los desmanes de los vándalos y ala­nos, se salvará la civilización cristiana del Imperio.

      Ya tenemos así definidas las condiciones iniciales de la edad siguiente. Los sucesores de Ataúlfo y de Valia darán a España unidad gótica independiente; Toledo será centro lingüístico principal, mucho antes de que pueda hacerse lengua normativa el dialecto castellano merced al valor político que más tarde Castilla heredó de la Celtiberia, robur Hispaniae.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

217  Pro Archia, 10: «Ut etiam Cordubae natis poetis pingue quiddam sonantibus atque peregrinum tamen aures suas dedere t». Sobre la oposición «pinguis»: «exilis» véase E. Seelmann, Ausspr. Lat., pp. 200, 202 y 325.

218 Pro plantio, 34

219  M. A. Séneca, Controversiae, I, 16: «Nulla umquam illi cura uocis exercendae fuit: illum fortem et agrestem et Hispaniae consuetudinis morem non poterat dediscere».

220  Scriptores Historiae Augustae (Vida de Hadriano), por Aelius Spartianus (que vivió en tiempos de Diocleciano y Constantino): «quaesturam gessit, in qua cum, orationem Imperatoris in Senatu agrestius pronuntians, rissus esset, usque ad summam peritiam et facundiam latinis operam dedit».

221  «Antonius Julianus rethor, docendis publice inuenibus magister, hispano ore florentisque homo facundiae et rerum litterarumque veterum peritus» (A. Gellii, Noctes Atticae, Lib. I, XIX, 9). 

222  Pues no es de creer que meramente la entonación provoca­ra a risa a los senadores cuando hablaba Hadrianus, algo más no­table que el timbre y ritmo supondría su agreste pronunciación.

223  La etimología *tŭmb- (REW, 8975) no es aceptable faltando rastros de esa -mb- en el Occidente de España.

224  En el poema de Mio Cid ya tomar invade todas las acepcio­nes de prender, pero los dos verbos están en uso; luego prender perdió esta acepción general en español.

225  También el provenzal (novio) y gascón (nobio).

226  Véase Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, I, p. 18l20. Bourciez en Bull. Hisp., III, 1901, p. 230 supone que la ll es enfática, para dar fuerza al imperativo.

227  También en gascón cará, cuya -r- supone -ll- etimológica. Mistral, Diction. prov.-franç., registra calá con sentido primitivo de ’calar, bajar, ceder’, pero también ’cesar de hablar’, y con palatal calhá en Languedoc, caiá en Marsella.

228  REW, 1416. Respecto al sufijo, véase atrás, Parte Ia, cap. III, § 2 (p. 76).

229  También en gascón y languedociano bourrèc (G. Rohlfs, Le Gascón, p. 45).

230  Vino a substituir al favōnius, que en español dio fagüeño y en catalán fagony (sin equivalente portugués) y que en Italia pervive tanto en toscano, como en napolitano, como en los Abruzos, como en sobresilvano (AIS, II, 399; REW, 3227; véase Ernout y Meillet, Dict. étym. lat., p. 325). El uso de zephyrus debió de extenderse desde la Lusitania, a causa de la fama de sus yeguas, que Plinio atestigua. Tampoco dejó en portugués una voz autóctona el nombre del ’viento cálido del Sur-este’ vultŭrnus, castellano bochorno, catalán butorn, gascón bautourn, pues el portugués bochorno es castellanismo.

231  Nombre aplicado al onagro, que existió en España hasta co­mienzos del s. XVI. La falta de diptongación en el castellano arguye a favor de que se trate de una voz de origen gallego-portugués. Véase Menéndez Pidal, «Zebra-Cebra», Rom. Rev., XXIX, 1938, pp. 74-78.

232  REW, 5212; Rohlfs, Le Gascon, p. 50.

233  Roland, 824, 870, 1103, 1132.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

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