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Obras de Diego Catalán

I.- HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA DE RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      El poder emigratorio de las palabras y la competencia entre formas léxicas más o menos equivalentes configura, como hemos visto, en la Romania áreas variadas, sustenta­das en relaciones históricas propias de tiempos diversos. Estas coincidencias léxicas, salvo en casos extraordinarios, son explicadas por los historiadores de las lenguas roman­ces de todo tiempo como resultado, bien de la irradiación de neologismos, bien por conservación de voces antes ge­nerales que fueron arrinconadas por nuevas creaciones. En cambio, respecto a las correlaciones sintácticas se duda de que tengan una comunidad de origen, y cuando se obser­van semejanzas fonéticas, dado que, por principio, todos los cambios fonéticos son «naturales», se recurre a considerar­los poligenéticos, descontando la necesidad de buscar para las analogías factores culturales explicativos. Pero suponer que dos fenómenos evolutivos iguales en el latín de dos regiones de la Romania se hayan producido independien­temente por pura coincidencia y no tengan un origen co­mún es hipótesis por lo general más arriesgada y dubita­ble que la de creerlos genéticamente relacionados 176.

      La preferente participación de los pueblos sud-itálicos, cuando aún eran bilingües, en la colonización de la primi­tiva provincia de Hispania y muy especialmente de la Hispania Citerior, es un hecho demostrable, que arriba hemos expuesto 177; siendo así, el latín entonces importado tuvo que tener una base fuertemente dialectal, por perduración en él de rasgos de origen substratístico procedentes de las lenguas locales hermanas de la latina 178. Estas observaciones nos obligan a examinar la posible relación histórica entre «una lista imponente de correspondencias fonéti­cas» 179 que se han ido observando entre una extensa área que abarca las dos vertientes de la cordillera pirenaico-cántabra y de otra área extendida por todo el Sur de Italia, en la región osco-úmbrica, y que incluye asimismo las gran­des islas del Tirreno. Admitir que haya una relación gené­tica del área pirenaico-cántabra respecto a la itálica depende esencialmente de admitir o no el carácter primitivo de gran parte de los rasgos dialectales modernos, y de admitir o no el estado latente multisecular de esos rasgos 180. Veamos en qué consisten esas correspondencias.

      La asimilación nd > nn > n es un rasgo característico del osco-umbro antiguo 181; domina hoy en los dialectos italianos de substrato umbro-sabino-osco 182, y se propagó a Sicilia y a Cerdeña. De igual modo, esta asimilación se da regularmente en catalán: demandare > demanar, fŭnda > fona, Gerunda > Gerona, etc., lo mismo en gascón (prendĕre > préne, merendare > brenà, etc.), co­nociéndose ejemplos desde el siglo XI 183, y en antiguo ara­gonés (quano ’cuando’ hacia 1090, Galino ’Galindo’ 1024), de donde los topónimos Mundŏbriga > Munébrega (Calatayud), Pano y Panillo (Benabarre), Camporrotuno y Camparretuno (Boltaña y Ainsa)184; modernamente se ha conser­vado en el alto-aragonés desde Plan hasta Torla y Campo (barana y baranato ’baranda’), siendo notable la perduración de la geminada -nn- en Bielsa (barannal y barannato, espuenna y esponnal  ’espuenda’, brenna ’merienda’ 185), que explica por qué no se llegó en alto-aragonés ni en el catalán del Norte a resultados palatales 186. No se da ya la asimilación en español, aunque fue algo conocida en castellano preliterario (quano, Fredinano) 187.

      La asimilación mb > mm > m sin duda se practicaba también en el osco popular y se practica hoy en esa mis­ma mitad meridional de Italia 188. En España los documen­tos de la alta Edad Media nos dejan observar la asimila­ción en las dos vertientes del Pirineo. Su antigüedad en Gascuña se ve en un documento en que el obispo de Com-minges (Comenge < Conuenicus, de los Conuenae) firma «Commenensae sedis episcopus» 189; en España los do­cumentos de los siglos X y XI nos dan ejemplos de Catalu­ña, de Cantabria y de la meseta del alto Duero hasta Sahagún (lomam < lumbam, camium, comento ’convento’, «in­ter ammas meas germanas» ’entrambas’) y hoy es general en catalán: paloma < palumba, llom < lumbu, y lo mismo en español: paloma, lomo; pero no lo fue en La Rioja, don­de aún en el siglo XIII Berceo prefería palomba, lonbo, anbos, y el fenómeno no penetró ya en leonés, palomba, llom­bo, ni en gallego-portugués, pomba, lombo, ni entre los mozárabes (lumbillo, palombina, Colombaira hoy Colomera por imposición de los colonos castellanos reconquistadores). Inicialmente, la m resultante de la asimilación se pronuncia­ría geminada, según hoy se conserva en el alto-aragonés de Bielsa: tammién 190. Esta repartición geográfica no puede ser más elocuente: las ondas lingüísticas propagadas de Este a Oeste, desde la cuenca del Ebro (donde se produjeron los más antiguos asentamientos romanos) hacia el interior.

      Correlativa de estas asimilaciones con nasales es la de -ld- > l, mucho menos frecuente: Bisaldunum > Besalú (Gerona), solos ’sueldos’ año 1090 en Aragón, sollada ’solda­da’ en Berceo; y en la baja Edad Media ejemplos abundan­tes, en general de -ld- secundario y tardío. En Italia es co­rriente en los mismos dialectos del centro, del Sur y de las grandes islas, pero ocupando menos extensión territorial que las otras asimilaciones -mb- > -m-, -nd- > -n- 191.

      Fenómeno mucho más raro y restringido aún es la sono­rización de p, t, c, oclusivas sordas latinas, tras n, l, r. Modernamente sólo se registra en el área alto-aragone­sa donde se conservan la p, t, c latinas intervocálicas sin sonorizar: altus > aldo ’alto’, sŏrte suarde, cambo ’cam­po’, fuande ’fuente’ (Fanlo, Sercué) y en el gascón del alto-Bearne y el valle de Arán: cundà  ’contar’, urdiga ’ortiga’; en lo antiguo, tuvo mayor extensión en aragonés y navarro 192 y se hallan casos aislados fuera de ese dominio lingüístico 193. En Italia el antiguo úmbrico sonorizaba tras n (iuenga por el latín iuuenca, etc.) y lo mismo hacía el osco según el conocido pasaje de Festo «ungulus oscorum lingua anulus» ’uncus’. Hoy la sonoriza­ción tras n, l, r se practica en el mismo centro y Sur don­de se dan las asimilaciones anteriormente comentadas, pero en menos extensión territorial: trenda ’trenta’, spirdu, kumberná ’confermare’, etc. 194.

      El hecho singular que, con lo anteriormente expuesto, trato de destacar es el de que las varias asimilaciones -mb-> mm > m, -nd- > nn > n, -ld- >l.l> l (la de -mb- algo usada en otras áreas menores en la Romania, las otras no), así como las sonorizaciones de -nc-, -nt-, -lt- (extrañas totalmente a la común evolución de las lenguas románicas), se dan todas reunidas en el Sur de Italia y todas en el Nordeste de España, cuya parte más oriental fue la prime­ra conquista de Roma en la Península Ibérica. Tanta coin­cidencia en todos estos fenómenos, unos infrecuentes, otros muy raros, hace plausible la hipótesis de que la Hispania Citerior recibió una romanización sometida a influjo osco-umbro, menos culta que la de la Hispania Ulterior, cuyas huellas resurgieron cuando el latín literario, oficial, dejó de actuar sobre la escritura y las hablas latinas locales adqui­rieron autonomía 195.

      A estas pronunciaciones hay que sumar la de las conso­nantes geminadas -ll-, -nn- en un área del Sur de Italia y las islas del Tirreno, muy similar a las consideradas 196. En conjunto, esa gran área ofrece la característica común de retraer el punto de articulación de esas geminadas latinas; pero ello se produce en dos formas básicas: en el extremo Sur de la Umbría, Occidente de los Abruzos y Norte de la Campania la apical alveolar lateral pasa, ante i o u, a pro­nunciarse prepalatal dorsal mojada (como la ll del español), bien geminada o bien degeminada (que puede perder su lateralidad): kapílli ’capelli’, kallína, kavállu, vitiéyyu ’vitello’ o kwelu ’eolio’, alomá  ’ahumare’, kaváyu, etc.; de otra parte, en el Sur de la Campania, la Lucania, Apulia, Calabria, con Sicilia, Cerdeña y parte de Córcega, la apical alveolar late­ral ha adquirido, en cualquier entorno vocálico, una pro­nunciación retroflexa (ápico-palatal o cacuminal) de modo que el reverso de la punta de la lengua, arqueada hacia arriba, hace contacto con la bóveda del paladar (conservan­do o perdiendo el carácter lateral): kaváḷḷu, fratéḷḷu, gaḷḷína, vaḍḍi, steḍḍa ’stella’, kavaṭṭ, consonante que puede degemi-narse en ,  o 197. La suerte de la -nn- es similar, con análogos resultados dorso-palatales y ápico-palatales o ca­cuminales en una y otra zona 198.

      Carecemos en este caso de testimonios latinos que rela­cionen estas pronunciaciones con el antiguo osco; sólo cier­to gramático 199 se interesa en denunciar que algunos ha­blantes hacen erróneamente de -ll- un «asperum sonum» y llama a ese vicio «laptacismus» 200, pero esa aspereza no sabemos bien en qué consistía ni tenemos no­ticia de qué hablantes incurrían en ella 201.

      No obstante, la repartición geográfica de los resultados fonéticos en la Romania nos inclina a pensar en un posible origen substratístico en Italia y en una expansión colonial del fenómeno análoga a las estudiadas, ya que en territorio hispánico se reproducen las dos áreas, la de la palatalización dorsal en l, n (catalán, aragonés, castellano, leonés): caball caballo, coll cuello, penya peña, canya caña, y la de la palatali­zación ápico-alveolar (cacuminal) en ļ, s, o t, r (gas­cón 202 y alto-aragonés 203, montaña astur-leonesa occidental 204): gat, gatch (< gallu), pourtero (< portĕlla), garío (< gallīna), ed amic o edž amic (< ĭllu amīcu), pano (< pannu), pena (< pĭnna) en gascón; betieto, betiecho (< vitĕllu), mandiata, mandiacha (< mantĕlla), era (< ĭlla), capana (< capanna), pena en alto-aragonés 205; portiea, portiesa (< portĕlla), payeṭsa (< patĕlla), gaḍía gaṭsina (< gallīna) cueṭso (< cŏllu) 206, cabana, pena en la montaña astur-leonesa occidental 207. Es de notar que en el área alto-aragonesa, el belsetán conserva restos de la pronunciación geminada bel.la, payel.la (junto a betiecha, aquera), capan.na, «nin.neta des güellos» ’la niña de los ojos’, pen.na, etc.208, que hacen remontar los otros resultados a tiempos primitivos, ya que la originaria cacuminalidad evitó la con­fluencia con la ̮l, ̮n procedente de l̯i, n̯i 209.

      La existencia de esta área bipartida (altoragonesa-gascona y astur-leonesa) de cacuminalidad s, > n, tan excep­cional en la Romania occidental, en correspondencia con los dialectos del Sur de Italia, nos añade una complejidad geográfica a la hipótesis que hemos venido defendiendo, que nos lleva a recordar la posible colonización tardía de las cumbres del mons Uindius con gentes suditálicas más arriba expuesta 210. Quizá haya que relacionar este is­lote lingüístico de recargada dialectalidad con un hecho sociológico que se manifiesta hasta en nuestros tiempos mo­dernos en las tierras marítimas de Tineo-Luarca a la que se extendió la pronunciación ṭs, ṇ > n: la conservación hasta comienzos del s. XX de una tajante discriminación entre xaldos o aldeanos labradores y vaqueiros de alzada, con re­percusiones lingüísticas 211.

      En el asturiano central (en dos áreas, en la montaña y en la costa, que en el pasado debieron estar unidas) y en el castellano de los pasiegos, en la montaña de Cantabria, existe un neutro de materia que se adjetiva con -o final romance, contrapuesto al masculino que utiliza -u final, y esta -u inflexiona la vocal tónica que precede. En conse­cuencia, junto al contraste «un guetu» o «götu», «una gata», «cuatro gatos», cordiru, cordera, corderos, etc., se observa el de «un pilu», «el pelo de la cabeza», «un muzu muy eltu», «en lo alto del teyeu» ’en lo alto del tejado’, etc.212. En el Sur de Italia, ambos fenómenos, la metafonía de -u final y la no inflexión en los nombres de materia finalizados en -o se hallan, dispersos pero emparejados, en una región que se extiende desde el Sur de las Marcas y de Umbría hasta cerca del golfo de Tárento 213, constituyendo otro caso más de «la larga serie de concomitancias en que se basa la teoría... de colonización suditaliana de España 214.

      Citaré un último caso de posible influencia del dialecta­lismo itálico en el desarrollo del latín de la Hispania Cite­rior. El osco hacía ū la ŏ, y decía nūdus por nōdus; ha­llamos el sardo nuu, catalán nu, castellano nudo, frente al gallego-portugués nó; y esta figura geográfica, una vez más repetida, nos inclina a mirar las formas con u como restos de un dialectalismo osco, aunque se les ha dado otras ex­plicaciones complicadas. También el osco ohtūfri, en vez de octōber, dio en el Sur de Italia attufre, attúvare, uttubre, y en latín inscripcional de España octuber, octubres 215, catalán uytubre, español antiguo ochubre, moderno octubre, y en este caso el dialectismo penetra en el gallego-portugués, outubre; es verdad que se busca otra explicación para la u en el hipotético *octobrius 216, pero es cerrar los ojos al latín de las inscripciones mencionadas.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

176  Toda evolución fonética podrá hallarse en alguna otra len­gua y, puesto que puede producirse, es «natural», fisiológicamente posible; pero considerarla por ello «espontánea» es negar que la naturalidad no implica necesidad; los cambios, por muy natura­les que sean, no se dan siempre, no son fatales; para que se pro­duzcan han de concurrir circunstancias de historia humana que actúen contra la fuerza histórica de la corrección tradicional. Cfr., respecto a los razonamientos que preceden, Menéndez Pidal, «A propósito de -l y -ll», Bol. Acad. Esp., XXXIV, 1954, pp. 200-201, 215; «Dos problemas iniciales» en Enc. Ling. Hisp., I, 1960, pp. LXXV, CXXXVII.

177  Véase atrás, §§ 4 y 5.

178  Que, a su vez, fue también recibido por Sicilia, cuya latini­dad se une a la del sur de Italia, conservando hasta hoy restos de un sistema latino antiquísimo, a pesar de las grandes innova­ciones que hacen aparecer el dialecto siciliano como resultado de una neorromanización medieval (según ha mostrado bien Giuliano Bonfante), Menéndez Pidal, «Sicilia y España», Bollet, del Centro di Studi Filol. e Ling. Siciliani, III, 1955, p. 7 (del «estratto»).

179  Como la califica Elcock, De quelques affinités, 1938, pp. 179-183, aunque crea fortuitas las correspondencias por poder ser debidas a evolución «espontánea».

180  Menéndez Pidal, «A propósito de l- y -ll-», 1954, p. 200.

181  El antiguo osco-úmbrico tiene como rasgo característico la asimilación -nd- > -nn- (sakrannas, por el latín sacrandas, etc. El umbro Plauto la practica alguna vez. Invadió tarde la len­gua romana; antes se propagó en La Campania, donde se regis­tra en inscripciones (Uerecunnus, Seccunus). Véase G. De­voto, «Teoría del sustrato osco-umbro», Rev. de Ling. Rom., IX, 1933, p. 244.

182  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., § 53. Bertoldi, Colonnizzazioni, p. 199 halla ya bennere por ’venderé’ en un códice bí­blico del año 829 de la provincia de Salerno.

183  Baldinger en Rev. Ling. Rom., XXII, 1958, p. 256, n. 2, ejemplos desde el siglo XI al siglo XVI.

184  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., § 531.

185  Catalán, «Resultados ápico-palat.», RFE, XXXVIII, 1954, pp. 10 y 13; Badía, El habla del valle de Bielsa,1950, § 60.

186  Ya qUe en esa área pirenaica tanto -nn- como -nd- > -nn-(> -n-) siguieron distinguiéndose siempre de -nḭ- y -gn-) > ñ. Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», 1960, p. LXXVIII, n. 2, remitiendo a Catalán, «Resultados ápico-palat.», 1954.

187  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 299 ss.

188  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., § 52.

189  A. Thomas, Essais de Phil. Franc, 1897, p. 8;  K. Baldinger en Rev. Ling. Rom., XXII, 1958, p. 257, sólo cita ejemplos de -mb- > -m- de los siglos XV y XVI.

190  Como la de mamma. Badía, El habla de Bielsa,  1950, § 60.

191  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., § 54 y mapa de la p. 294.

192  Que explica la amplia difusión de algunas formas como ordica, palanga. En documentos medievales se halla Petralda 1006 hoy Peralta, rangura 1070, algualde 1160, etc.

193  En La Rioja, las Glosas Emilianenses, del siglo X, ofrecen aliquandas ’aliquantas’; en el Penedes (Cataluña) Olerdula 979 (junto a Olertula 1025). Incluso en Sahagún (entre Castilla y León) hallamos septendrionem 962, faculdatem, espondania 1008, etc.; en territorio mozárabe valenciano ardimón < artemone.

194  Ejemplos y bibliografía en Menéndez Pidal, Orígenes del esp., §§ 55 y 55 bis.

195  H. Meier, Die Entstehung der romanischen Sprache und Nationen 1941, en especial pp. 74-75, 501, y Ensaios de Filol. Roman., 1948, en especial, pp. 11-12. Aparte de las asimilaciones consonanticas citadas, Meier nota la generalización del verbo tenēre, sustitu­yendo a habēre en la acepción de ’poseer’, de modo que habēre viene a quedar sólo como verbo auxiliar en español, portugués, catalán, Sur de Italia (desde toda la Campania y el promontorio Gárgano, hasta la Apulia y la Calabria, es decir, en territorio osco-lucano), Sicilia y Cerdeña: tener frío, tenía pensamien­to, deseo, etc., pero como auxiliar había pensado, deseado, etc.

196  véase la más amplia exposición de lo que a continuación sigue en Menéndez Pidal, «A propósito de -ll-, l-», Bol. Acad. Esp., XXXIV, 1954, 165-216 y «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hisp., I,  1960, pp. LXXXVII-CΧΧΧVIIΙ.

197  Según AIS, 118, 222, 362, 823, 829, 953, 1046, 1122; ALF-Corse 653; Rohlfs, Hist. Gramm. it. Spr., I, pp. 384, 386-388 y 382.

198  Rohlfs, Hist. Gramm. it. Spr., I, p. 394. Sobre la cacuminalidad en las grandes islas del Tirreno de ,   y otras consonan­tes da amplios datos G. Millardet, «Études siciliennes», en Home­naje a Menéndez Pidal, I, 1925, pp. 757 ss. y «Sur un ancien substrat», Rev. Ling. Rom., IX, 1933, pp. 361 ss.

199  El del llamado Commentum Einsidlense.

200  «Laptacismus est uitium siue scisio L litterae, quae flit quando duo LL in medio positae asperum sonum reddunt, ut sella, stella».

201  Otros autores denuncian el defecto del labdacismus o lambdacismus (término tomado del griego) como consis­tente en pronunciar la -ll- doble como pinguis y no, según le corresponde, como exilis (pero se contradicen al referir la co­rrecta pronunciación pinguis sea a la l+cons., sea a la inter­vocálica).

202  En toda Gascuña, desde los Pirineos hasta el Garona la -ll- doble da -r- entre vocales y generalmente -t al quedar final; en las montañas del Sur de Gascuña es -tch (la ch de la ortogra­fía española) y esa final, si por fonética sintáctica queda intervocálica es sonora. Es evidente que el ensordecimiento es tardío y debido a la pérdida de la vocal final. Tras todas estas formas hay que suponer una pronunciación cacuminal como pro­totipo. Cfr. ALF,  862, 857; G. Rohlfs, Le Gascon, pp. 101 ss.

203  La pronunciación antigua alto-aragonesa se conservó con cierta vitalidad (en algunas palabras del habla común y en la toponimia) en los valles superiores de los ríos en los partidos de Jaca y de Boltaña. Reúne los testimonios D. Catalán, «Resulta­dos ápico-palatales», RFE, XXXVIII, 1954, pp. 12-13 y 33-34.

204  Delimité con todo detalle el área de la pronunciación s (y similares) y el carácter de la articulación en sus variantes en una encuesta realizada en 1910. Véase la sistematización de los datos hecha por D. Catalán, «El asturiano occidental», Rom. Phil, XI, 1957, pp. 124-126, quien nota que la solución -ll- (y l-) > ṭs aparece desligada de un sistema fonológico determinado pues en su disposición Oriente-Occidente pasa por cima de grandes fron­teras lingüísticas del leonés que corren de Norte a Sur (como la frontera de -ct- > -ch- frente a -it- que separa el leonés oriental del occidental, o la de au, ai > o, e frente a ou, ei).

205  véase Catalán, «Resultados ápico-palatales» y cfr. Elcock, Affinités, pp. 184-186 y 41 con mapa núm. 10.

206  La sonoridad sólo se conserva en cuatro lugares (parroquia de Sisterna y Tablado), donde los palatogramas obtenidos por L. Rodríguez Castellano son iguales a los de cacuminal de Sicilia («El sonido ŝ» en Estudios Menéndez Pidal, IV, 1953, pp. 24-227). El ensordecimiento de , s se produjo, sin duda, cuando, en el curso del s. XVI, se propagó el ensordecimiento de las sibilantes fricativas y africadas, tanto en castellano como en astur-leonés, gallego y dialectos valencianos y catalanes.

207  D. Catalán, «El asturiano occidental», Rom. Phil. X, 1956, pp. 72-92 y XI, 1957, pp. 120-158, delimitando en vista de to­dos los materiales dialectológicos hasta ahora reunidos cuatro va­riedades dialectales del astur-leonés occidental (120-136), ha he­cho notar (pp. 124-128, 146-149) el exacto paralelismo que existe entre la evolución de la -ll- (l-) y de la -nn- (n-): allí donde aparece el resultado s (o sus variantes), portiesa, sobu, la nasal es -n-, cabana, nabu (confundiéndose con el resultado de la -n-mtervocálica), allí donde se halla ll, portiella, llobu, la nasal es -ñ-cabaña, ñabu (confundiéndose con el resultado de -n̯̯̯̯̯̯i-).

208  Badía, El habla de Bielsa 1950, p. 88 y § 60.

209  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», 1960, pp. CXXIX-CXXX; Catalán, «Resultados ápico-palatales», 1955, pp. 32 y 34.

210  Véase atrás, § 5.

211   Los «vaqueiros» eran pastores trashumantes que por el invier­no vivían en las brañas de las tierras próximas a la costa sin mez­clarse con los aldeanos y por el verano iban con sus ganados a las «alzadas» o pastos de los pueblos altos de la Cordillera Cantábrica; todavía en el siglo XVIII no se empadronaban ni hacían el servicio militar; y todavía en el siglo XIX no se les permitía acceder al in­terior de la iglesia ni enterrarse con los labriegos. Corrijo lo que dije en «Pasiegos y vaqueiros» (1954), p. 28, donde creía que los vaqueiros eran la población primitiva de la zona baja y marítima de s, ante el examen de problemas geográficos, sociales y estruc­turales planteados por los resultados de l-, -ll- > s; n-, -nn- > n; -l̯i-, -c’l- > ch y pl-, cl-, fl- > ch, s que hace Catalán, «El asturiano occidental», Rom. Phil, XI, 1957, pp. 146-156 (Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hisp. I, 1960, p. CXXVI y n. 2).

212   En 1897 («Notas acerca del bable de Lena», en O. Bellmunt  y F. Canella, Asturias, (1897), II, pp. 332-340) descubrí en un dia­lecto asturiano del concejo de Pola de Lena la existencia de esa sis­temática metafonía de una -u final, distinta de la -o: Mis investiga­ciones dialectales en el conjunto de Asturias en 1910 me hicieron conocer después la extensión del fenómeno y sus variedades. En 1932 las encuestas de Rodríguez Castellano me proporcionaron más noticias y precisiones, que este investigador del Centro de Estudios Históricos sólo comenzaría a publicar en 1952 La variedad dialectal del Alto Aller); Diego Catalán, ampliando una encuesta mía hecha en 1930 en la península del cabo de Peñas, reunió datos más precisos sobre la conservación de la inflexión en ese rincón extremo, aleja­do de la montaña («Inflexión de las vocales» en Rev. Dial, y Trad. Pop. 1953). Véase Menéndez Pidal, «Pasiegos y vaqueiros» en Archivum IV, 1954, pp. 11-18, en que doy a conocer, además, la metafonía exis­tente en el valle de Pas que descubrí en 1930, pp. 20-22.

213  R. Menéndez Pidal, «Pasiegos y vaqueiros», 1954, pp. 18-19.

214  D. Alonso, «Metafonía y neutro de materia», Zeit. f. rom. Phil, LXXIV,  1958, pp. 1-24.

215  Inscripciones de Pamplona, año 119 (CIL, II, 2459) y Córdo­ba, año 642 (Hübner, Inscr. Hisp. Christ., nº 113).

216  REW, 6036.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

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44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      Los arcaísmos puristas que contraponen a la Romania meridional (Hispania, con o sin Cataluña, Córcega, Cerde­ña y el Sur de Italia y Sicilia) con la Romania del Norte son especialmente numerosos.

      El verbo náutico applĭcare ’acercar la nave a tierra, tomar tierra el navegante’ 143, extendió su significado en la lengua marinera del Sur, significando no sólo ’arribar a la playa’, sino ’llegar’ en general144; con este sentido, el calabrés y el siciliano dicen acchjicari, chicari, el sardo applicai  ant. dálmata aplicare, como el español y el portugués lle­gar 145, chegar, antiguo también allegar 146, achegar, valencia­no aplegar; pero en vez de este verbo de la latinidad clási­ca, los navegantes de la Romania del Norte prefirieron el verbo vulgar *arrīpare 147 y lo extendieron también a la acepción de ’llegar’ en general, italiano arrivare, francés arriver, provenzal arribá 148. De igual modo se conservan otros términos clásicos en la Romania meridional, como pĕrna > español pierna, también portugués, catalán y Sur de Italia 149, que en el Norte 150 se sustituye por el grecis­mo de la lengua veterinaria camba (originalmente apli­cado a la ’pata’ de los cuadrúpedos) 151 > italiano gamba, francés jambe 152; sartagĭne > español sartén, portugués sartã, provenzal sartan 153, usado igualmente en el Sur de Italia 154 y Cerdeña, mientras en el Norte sólo se emplea su concurrente patĕlla > italiano padella, francés poêle 155, también registrado en español padilla, catalán padella (y el moderno paella) y provenzal padello; foetēre > español heder, portugués feder, bearnés héde, también usado en dál­mata (veglioto) y en los dialectos del Sur de Italia (tarentino, lecciano, molfettino, siciliano)156; bifĕrus > español breva, portugués bêbera, usado en Cosenza, Abruzos bìfaru, vefère y en Córcega bèfaru; horreum > español, portugués hórreo, catalán, provenzal orri, se conserva en el Sur de Ita­lia y en logudorés 157.

      Frente a los términos puristas conservados en la Roma­nia meridional son pocos los neologismos que pueden se­ñalarse como comunes; pero los hay. Por ejemplo, aestivum substantivado (< aestiuum tempus) (> estío), usual en portugués, español, catalán, provenzal, así como también en Apulia y en Cerdeña 158, frente al Norte que conserva el clásico aestate (> italiano estate, francés été)159. Uērānum (tempus), adjetivo del latín tardío, substan­tivado en el español verano, portugués verão es también usual en Córcega y Cerdeña, en vez de primo uere > italiano primavera 160 o primum tempus > francés printemps 161. *Dexare > español dejar, portugués y cata­lán deixar, gascón y languedociano occidental deissá, deixá, calabrés dassare, sicialiano dassari162, mientras el Norte con­serva la forma clásica laxare > italiano lasciare, francés laisser, provenzal laisar 163. *Plancŭla ’tabla, plancha’ > es­pañol lancha, portugués beirão lancha, calabrés chiàncula 164.

      Una característica léxica que desarrollaron en común el español y portugués con el italiano del Sur es el largo uso del sufijo incoativo. Aparte de conservar muchos latinos (pŭtrēscĕre, lentēscĕre, canēscĕre, addormīscĕre...), formaron otros muchos nuevos como dupli­cados de los correspondientes verbos en -ir, que vinieron a ser preferidos a éstos: así en español gradecer (hoy agrade­cer), junto a gradir 165, que se perdió; fallecer junto a fallir 166; contecer junto a cuntir 167, perdidos hoy; empecer (frente a im­pedir); o sin el verbo simple correspondiente: ofrecer, mere­cer, pertenecer, acaecer. Por el contrario, el francés, el italiano del centro y del Norte, el rumano no usan el sufijo en la flexión completa del verbo salvo en pocos supervivientes 168, y en cambio usan el sufijo como elemento flexional para el presente de los verbos en -ir, personas Yo, Tú, Él, Ellos (francés, italiano -isc; rumano -esc). El catalán ocupa una posición intermedia, usa -esc como elemento flexional (serveixo, -eixes, -eix, servim, serviu, serveixen), y emplea muchos incoativos en flexión completa que faltan en el provenzal, francés e italiano (por ejemplo, peréixer, junto a perir 169, como el español perecer; caréixer 170, como el español carecer;  merèxer, mereixer, junto a merir, como el español merecer; amaneixer, como el español amanecer; etc.).

      En la formación de una comunidad léxica propia del Mediterráneo occidental quizá tuvo su participación el la­tín de África. Un curioso ejemplo documenta san Isidoro, quien nos declara: «formaticum in Africa vel in Hispania parietes de terra appellantur» 171, voz conservada en el español hormazo, hormaza.

      Afro-hispano es también el sufijo -īccu, extraño al latín, y que en la época latina menudea en inscripciones de África 172 en nombres de mujer Bodicca, Bonica 173, Karica 174 y otros; los derivados románicos indican que su grafía exacta es -īcca y la comprobación de ello nos la proporciona el nombre común buricus, así escrito en Vopisco, Vegecio, etc., mientras todas las lenguas romances remontan a la forma *burriccus, de donde el español, catalán borrico, portugués burrico, italiano bricco, etc. De Áfri­ca parece que pasó el sufijo a España: Pusinnica en ins­cripciones de Adra (Almería) y Complutum (Alcalá), dimi­nutivo del nombre Pusinna, más abundante175.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

143  «Applicare navem ad terras», «applicor in terras», «applicare ad litus».

144  Y además se identificó con el simple plicare, que en la­tín literario no tenía otro sentido que el de ’plegar, doblar’. La Peregrinatio Aetheriae usa plicare siempre sin prefijo y, como en español, lo usa ora como reflexivo «plecaremus nos ad montem», ora sin pronombre «cum [Persae] iam prope plicarent ciuitati». En otras regiones románicas el verbo tie­ne la acepción contraria de ’irse, retirarse’ (gascón aplegá’s, rumano pleca), probablemente derivada de ’plegar, recoger las tiendas o equipajes’, REW, 6601.

145 Ya en el Mio Cid.

146  En las Glosas Silenses 127: aplekan.

147  Que el español arribar conservó en su estricto sentido náu­tico, perdiendo el sentido antiguo de ’arribar el caminante a la ribera de un río’, que usa el Mio Cid.

148  También en catalán ’arribar’.

149  Y aún en el Sur de Francia.

150  En virtud de la tendencia vulgarista de que hemos tratado en el § 8.

151  Ernout y Meillet, Dict. Étym. Lat,  1932, p. 393.

152  El antiguo español usó también camba como término li­terario (cama en el Mio Cid), pero pronto lo desechó. El catalán conoce también perna y cama. En provenzal pero sólo tiene el sentido de ’penil’ (Mistral, Dictionnaire prov. franç., II, p. 547c).

153  Y, como verbo, sartaná (Mistral, Dictionnaire provençal-français, II) junto a padello.

154 A partir de las Marcas

155 AIS, V, 961; ALF, 1675

156 REW, 3407; Bull. Hisp., III, 1901, p. 163. No en catalán «ferpudor».

157 REW, 4186

158 REW, 248

159 Se usó también en español antiguo estad, pero en el s. XIV se olvida.

160 Prestado al español hacia 1550.

161 REW, 6754.

162 REW, 4955; Bull. Hisp., III, 1901, p. 230; RFE, XIX, p. 278; Meyer-Lübke. Introducción, p. 174.

163  Laxare fue usado en antiguo español lexar y con varias preposiciones: alexar, elexar, delexar (Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, II, p. 626).

164  REW, 6571.

165  En el poema de Mio Cid (véase Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, p. 288).

166  Ambos en el Mio Cid.

167  También ambos en el Mio Cid.

168  Parescere, fr. paraître, cat. paréixer; *apparescere, fr. apparaître, prov. apareixer (REW, 536); crēscĕre rum. creşte, it. crescere, prov. creiser, cat. creixer, fr. croître (REW, 2317); cognōs­cĕre, rum. cunoaşte, it. cognoscere, prov. conoiser, coneiser, cat. conéixer, fr. connaître.

169  REW, 6415.

170  REW,  1688b.

171  Isidorus, Etym., XV, 9. Ya Plinio había dado formaceos como voz española.

172  CIL, 2877, 4560, 3288.

173  Sin duda diminutivo de bonus.

174  De carus.

175 Pussinnica CIL II,  1993 y 3037; Pusinna CIL,  2284, 2414, 2589.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

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43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      El ser España la primera conquista romana hace que su latinidad más arraigada se muestre a veces más arcaizante que la de las otras provincias. Pero, en general, el mayor arcaísmo que cabe notar en el latín hispánico (o en los romances peninsulares) consiste en que rechaza o no triun­fan en él muchas innovaciones de la metrópoli y del resto de la Romania; esto es, que permanece en un estado de arcaísmo purista. Mantiene, por ejemplo, el sistema clásico de los tres matices demostrativos del pronombre: hic cer­ca de mí, iste cerca de ti, ille cerca de él, modificado en este y aqueste, ese y aquese, aquel; catalán est y aquest, eix y aqueix, aquell; portugués este y aqueste, esse y aquesse, aquelle (aquele); sistema excepcional en la Romania, pues las otras lenguas distinguen sólo dos matices: italiano costui, colui; francés celui-ci, celui-là 68. De igual modo, las tres zonas con­servan muchos vocablos clásicos olvidados en los otros ro­mances, como mĕtus > español miedo, catalán met, por­tugués medo 69; parire70 > español, catalán, portugués parir 71; fatum > español hado, catalán fat, portugués fado, vasco patu 72; el plural vota, que en el latín jurídico imperial tenía el sentido de ’nuptias’ ’votos nupciales’73, so­brevive sólo en el español, catalán, portugués bodas; germanus > español hermano, catalán germà, portugués irmão 74, fue preferido por su significado especial ’hermano de padre y madre’75, expresión de la plena unidad fami­liar 76, a diferencia de «frater» y «soror», términos a que se atuvieron los demás romances 77, y que estaban reserva­dos especialmente para los medios hermanos; recitare, en sentido técnico eclesiástico ’recitar las oraciones’ > es­pañol, portugués rezar, catalán resar 78; y así otros muchos 79.

      En este arcaísmo purista participan unas veces, según hemos visto, las tres lenguas de la Península Ibérica; otras tan sólo las dos más occidentales, pues el catalán ha recibido las innovaciones triunfantes en la Romania central: Así trītĭcum > español, portugués trigo 80, reemplazado por la palabra franca blatum, en francés blé, provenzal, cata­lán blat; pĕrcōntāre > español preguntar, portugués perguntar, logudorés preguntare 81, mientras el catalán usa sólo demanar, general a la Romania 82; foedus > español hedo (antiguo), feo, portugués feio 83, substituido por la voz fran­ca lait, en francés laid, provenzal lait, catalán lletg. El sim­ple edere o esse (que tenía el inconveniente de una flexión irregular) fue substituido en latín por comedĕre ’comer todo, devorar’ y por la expresión manducare ’mascar, tragar’ (usada familiarmente incluso por Augus­to 84), pero en el latín de tiempos cristianos, aunque ambas expresiones se conservaron, comedĕre se veía como más culto 85, y es esta forma, comer, la que prevaleció en español y portugués (aunque tuviera uso manducare 86), frente a la más ruda y familiar triunfante, desde Rumania (mănîne, mîncà) a Francia (manger), en toda la Romania, incluido el catalán antiguo manugar 87 (luego substituido por el galicis­mo menjar); sŏbrīnus > español sobrino, portugués sobrinho, sobresilvano sabreñ 88, mientras los otros romances se sirven del término de significación menos precisa nĕpōte >  italiano nipote, francés neveu, provenzal, catalán nebot. El latín loqui fue inicialmente substituido en la Romania por fabŭlāre ’contar, decir’ 89, usado en antiguo francés y antiguo italiano 90; pero luego prefirieron la expresión de ori­gen cristiano 91 parabolare, de donde parler, parlare, que es también el verbo usual en catalán parlar 92, en contraste con español hablar, portugués falar. Y otros muchos voca­blos que el español y el portugués tienen o han tenido en común 93.

      A estos rasgos léxicos pueden sumarse algunos morfoló­gicos: el genitivo cuius únicamente se conserva en espa­ñol, portugués cuyo y logudorés kuyu; sólo el español y el portugués mantienen, en las decenas 40 a 90, la acentua­ción clásica, español antiguo -aenta, moderno -enta, portu­gués cuarenta, cincoenta, sessenta, mientras todos los otros ro­mances remontan a una contracción latino-vulgar -a(g)inta > -aínta > -áinta > -anta, incluido el catalán seixanta, vuytanta 94.

      Claro está que también cabe que un arcaísmo purista sólo se haya conservado en una de estas lenguas peninsulares más occidentales. Hay algunas voces de vieja solera latina que perviven únicamente en español. Por ejemplo, cŏlŭmĕllus sólo ofrece derivación romance autóctona en el español colmillo (forma que pasó al portugués colmilho); insania sólo en español dio saña; la interjección apăgete ’lárgate, vete’ (del griego ἄπαγε), casi únicamente usa­da en la lengua cómica, sólo se conserva en el español ábate, abáos 95. En la morfología, sólo el antiguo español, entre todos los romances, conservó la desinencia -o en la perso­na Yo del futuro perfecto o anterior canta(ue)ro > cantaro, ganaro, dixero, que el español moderno (lo mismo que el portugués y el antiguo rumano y macedónico) hace en -e (cantare, -res; durmiere, -eres)96.

      En la onomástica habría mucho que observar. Pero me li­mitaré a aludir a un nombre que sólo se difundió tardíamen­te por Europa a causa de un personaje singular, Teresa de Ávila. Thērasĭa, nombre de una islita de las Cícladas al Oeste de Thera, generó en Oriente el antropónimo Therasius 97, y (no sé por qué) en Occidente tuvo limitado uso toponímico en Milán Teresa y en la región de Valencia Teresa de Cofrentes, Teresa de Vivel. Como nombre de mujer parece limitado a España, siendo ejemplo de fines del siglo IV la noble esposa de Paulino de Nola; luego reaparece en el si­glo XI vinculándose a la casa real de León (por ejemplo «Te­resa Peláez» 98) y, desde sus orígenes, a la de Portugal (por influjo de la hija de Alfonso VI, madre del primer rey).

      Al suelo viven adheridas voces del latín de España que se han perdido en la lengua común; la toponimia representa así un estrato léxico arcaico de la época imperial. El sustan­tivo clásico cŏllis se usaba, como aún se usa en Cataluña, Provenza e Italia, dando Colloto Asturias < cŏlle altu, Colle León 99, Paracuelles junto a los collados’ > Paracuellos Ma­drid; después cayó en olvido en la época de gran boga de las formas alargadas 100, por el derivado Collado. Entonces canna además de ’caña’ significaba ’garganta entre montes’ y no había sido sustituido por su derivado cañada, y así, de cannĭca 101 > Cañas, Cangas, Cangueiros Portugal102. Vivía aún el adjetivo uetus hecho *ueterus, al lado de uetulus 103, lo mismo en el Este que en el Oeste de la Pe­nínsula: muru ueteru > Murviedro, monte ueteru> Mombiedro (Valladolid), ponte uetera > Pontevedra, sala uetera > Saavedra. El adjetivo murcidus ’perezoso’ que pervive en gallego-portugués 104, vivía también en el Levante aplicado al agua estancada: aqua murcida105 > Aiguamurcia Tarragona 106, Murcia 107, como Castrillo de Murcia en el partido de Castrogeriz, en Burgos 108. También se decía acqua *mortuoria (comp. en Lombardia «acqua morta, una morta d’akwa» 109) de donde Mortera, Morteras, varios pueblos de Asturias y Santander (el de Cantabria ya en do­cumento de 1001 con alternancia en la terminación -eira, -eras 110), Morteira Orense y Braga (el del distrito de Braga llamado Mortaria en 1008 111); el uso apelativo o común, hoy olvidado, se documenta en el siglo XII 112. El término paga­no fanum da Fano Asturias, Vizcaya, Fao Coruña, Fão Por­tugal 113, con los diminutivos Fanlo y Fanlillo Huesca. Corŭlus 114 ’avellana’ persistía (sin la metátesis colurus perpetuada en varios dialectos 115) Cuerlas. Q(u)ercetum ’encinar’ da Cerceda Madrid, Coruña, Lugo, Cercedo Coruña, Lugo, Cercedilla Madrid 116, con metátesis, cerqueta Cerqueda Gerona 117, Lérida, Coruña.

      Un fósil lingüístico muy extendido en la Romania es la conservación del locativo ablativo plural en nombres de lu­gar 118; poco en nombres apelativos planīs > Llanes Astu­rias, sacris > Sagres Portugal, y frecuentemente en nom­bres derivados de antropónimos que indica pluralidad de fundos pertenecientes al mismo propietario: Antoñanes León < Antonianis ’fundos de Antonius o de Antonianus’; Prezanes Santander, de Priscianus; Floranes San­tander, de Florianus; Goyanes Coruña, Goiaes Portugal 119, de Gaudianus; Manises Valencia, de Manicius; Comares Granada, de Comarius (¿céltico?, en Francia Commiers) 120. El locativo genitivo singular se ve en Briones Logroño, del céltico Brigo(n); Pentanes Asturias, del céltico Pentanus; Lugones Asturias, del nombre exótico Lucoonis.

      La lateralidad, dentro de la Romania, de la Península Ibérica (especialmente más allá de su costa levantina), ex­plica, asimismo, que en las áreas léxicas sea frecuente la agrupación de España (con o sin inclusión del catalán) con las islas del Tirreno, el Sur de Italia y Rumania: el verbo clásico inuenire se perdió en el latín hablado y se susti­tuyó de dos maneras: afflare (de flare ’soplar’), dicho probablemente del perro de caza ’ventear, rastrear’, se usó en el Sur de Italia ašá, siciliano ašari, en español hallar, en portugués achar, en dálmata unflá y en rumano aflá, es decir, se uso en la Romania del Sur y del Este; otro neologismo tŭrbare ’revolver el río para pescar’ se usó en la Roma­nia del Norte en el sentido de ’hallar’: italiano trovare, fran­cés trouver, provenzal y catalán trobar 121. El verbo pĕtĕre se conserva en el Sur de Italia peti, pedire, en español y portugués pedir, en rumano peţì; mientras la Romania septen­trional usa sólo demandare, incluso el catalán demanar 122. En vez de su significado clásico, lĕuāre ’levantar’, este verbo usurpó el sentido de ferre ’quitar, tomar, reti­rar’ en el calabrés levare, siciliano livari, español y catalán antiguo 123 llevar, portugués levar, y rumano lua; mientras la Romania del Norte124 para el sentido de ferre usó úni­camente el clásico pŏrtare, ital. portare, francés porter, provenzal y catalán portar 125. Fĕruĕre se mantiene en el Sur de Italia (Apulia, Lucania) férvere, férve, español her­vir, portugués ferver y rumano fierbe, mientras en la Roma­nia septentrional se usa bŭllīre, italiano y francés bouillir, catalán bullir 126, que ha llegado incluso a Córcega y Sicilia (boḍḍiri 127). Entre los substantivos es curioso el caso de ninna, nanna, nonna, voces balbuceantes no documen­tadas en latín literario, que han dado abundantes deriva­dos en español, niño, antiguo naña, adjetivo ñoño, etc., y asimismo en otras lenguas y dialectos de la Península Ibé­rica del Sur de Italia y de Rumania 128. La variante con e (español nene, -na catalán nen, -na, asturiano neñu, gallego neno, portugués nene) es característica hispana, ajena a otros romances. El significado niña del ojo, niñita (calcado sobre pupīlla, griego κopή, aludiendo a la pequeña imagen reflejada en el ojo), da igualmente en catalán «nina del ull», gascón nino, nineto e italiano del Sur ninna (portugués «me­nina dos olhos»), contrastando con el francés prunelle, pro­venzal prunella, prunello (de prunum ’pruno, ciruela ne­gra’); el italiano conserva pupilla.

      En varios casos hay coincidencias hispano-dacias, faltan­do el lazo de unión itálico. Ejemplo: de los dos adverbios que el latín empleaba para el comparativo analítico 129, el más usual, magis 130, se conservó en español, más grande, más fuerte, en portugués mais forte, en catalán y gascón mes, en rumano maĭ; con posterioridad al aislamiento del latín de Dacia ocurrió la propagación del menos usado, plus 131, que dominó por completo en Italia, piu, en la Galia, plus, en rético, en sardo y en dálmata, dejando aisladas las dos áreas de magis, una al Occidente y otra al Oriente 132. La contienda entre las dos formas fue complicada: en España se usó algo plus 133 y en el Sur de Francia, junto a  plus de empleo general, convive magis en algunos casos 134.

    De igual modo el clásico formosus (> hermoso) vive en español, portugués y rumano (frumos); en su lugar, el ita­liano, incluso el del Sur, el francés, el rético y el provenzal generalizaron el adjetivo bellus ’bonito, gracioso’, que el latín clásico decía particularmente de mujeres y de niños, o si decía bellus homo era del elegante afeminado; sólo modernamente y por extranjerismo, el español bello exten­dió su significado invadiendo el de hermoso en sentido es­tético general; mensa conservado sólo en los romances de Hispania (portugués, español, catalán mesa), Cerdeña (logudorés: meza)135, Dalmacia (vegliota: maisa) y Dacia (ruma­no: masǎ) y substituido en el centro de la Romania por tabŭla (italiano: tavola, francés table, provenzal y catalán: taula)136; uenatus > en port, veado, esp., cat. venado y rumano anat137; lūcĭfĕru > portugués luzeiro, -zeira, es­pañol lucero, antiguo catalán lluzer, rumano luceafer 138; lŭcrum port., esp. logro logur., catalán llogre, antiguo pro­venzal logre, rumano lucru; trŭncŭlus esp., port, tron­cho 139, cat. tronxu, rum. trunchià (’tronchar’) 140; angŭstus > español, portugués angosto, rumano îngost; el latín penin­sular formó además catalán congost, español congosto, por­tugués congosta ’calleja estrecha’ (del latín coangustare, ’restringir, estrechar’), mientras los otros romances sólo conocen strictus, también usado en Iberia y en Rumanía 141; y otros.

      Hay que advertir que estas y otras agrupaciones de los territorios románicos según los fenómenos lexicales nece­sariamente están sujetas a continuas rectificaciones 142 de­bido a lo imperfectamente que conocemos la historia de las palabras. Es grande la imprecisión cronológica respecto a cuándo cada forma apareció y desapareció de cada región y grande también el desconocimiento de islotes geográfi­cos de conservación de vocablos olvidados en las lenguas generales.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

68  Rasgo destacado por Meillet, Hist. Lat., p. 161, y por Wartburg en Zeit. f. rom. Phil., LVI. Paralelamente el español conserva los tres juegos de adverbios locativos correspondientes: hīc hāc, istīc istāc, illīc illāc modificados en aquí acá, ahí, allí allá (y aun otro grado más de lejanía: acullá).

69  Los otros romances usan pavore y otros. El español cono­ce, al lado de miedo, pavor (ambos en el Mio Cid), pero éste se ve relegado a un segundo término. Hay met en bearnés y mei en piamontés.

70  Arcaico, por parĕre.

71  El italiano usa partorire, el francés enfanter y el provenzal partourir y enfantar. Sólo en bearnés parí (Mistral, Diction.), así como en antiguo milanés parir y en friulano parí (REW, 6236).

72  Sólo el femenino fata (> hada) tiene derivados en los ro­mances de fuera de la Península Ibérica.

73  Lo usa san Ambrosio; y, como «dies uotorum», Lege longob.

74  También en bearnés yirmá (REW, 3742).

75  Según Fronton, Liber Differentiarum, 237, 273, y san Isidoro, Etym.,9, 6.

76  Esta es la razón y no la constantemente alegada de haber tomado frater el sentido de ’hermano espiritual’. La elección de germanus en España es anterior a las órdenes religiosas. La diferencia de significados se pudo expresar fonéticamente con las variantes *fradre y fraile; no se sintió la necesidad de estable­cer una diferenciación, ya que a los frailes se les ha llamado tam­bién hermanos.

77  El provenzal: fraire < frater y sorre < sŏrōre, e igualmente el francés, italiano y rumano (REW, 3485 y 8102). Cfr. P. del Río, «Frater-germanus», Emerita, VII, 1939, pp. 1-5.

78  Los otros romances usan precare; también conocido del español antiguo (REW, 7123 y 6733).

79  Fartus (> esp. harto, hartar; port, farto, fartar; cat. fart, fartar; beam, hartá. Cfr. Aguilò, Dicc.; Bourciez, en Bull. Hisp., III, 1901, p. 232; REW, 3206); mētīre (> esp., port, medir, cat. mida ’medida’; sardo medire. REW, 9552), mientras los otros romances usan el verbo de época postclásica mēnsūrāre, empleado tam­bién por Berceo (San Millán, 226c); līmpĭdāre (esp. limpiar; port, limpar; cat. llimpiar), frente a derivados de nĭtĭdus de otros romances (it. nettare; fr. nettoyer); cŏxus (esp. cojo, port, coxo, cat. coix. REW 2292a), malĭtia (esp., port., cat. maleza. REW 5266a); auis (esp., port, ave; ant. cat. y logud. au. REW, 831 y Menéndez Pidal, «Notas para el léxico románico», RFE, VII, 1920, p. 7); aptare (de apio, aptus ’ligado, unido’), con el sentido primitivo de ’ligar, unir’ (en vez del sentido derivado ’acomodar, dis­poner’) > esp. y port, atar, en catalán (de de-ex-aptare) > deixatar ’desleír, desatar’ (véase Spitzer en Neuphil. Mitteil., XV, 159, citado por REW, 563).

80  REW, 8924.

81  REW, 6400.

82  El Poema de Mio Cid aún usa las dos bases latinas.

83  REW, 3406.

84  Suetonio, Augustus, 76.

85  Para la ítala, véase C. Beyer, Die Verba des ’Essens’, ’Schickens..., 1934. La Vulgata usa comedĕre tres veces más que mandu­care. Sobre el carácter vulgar de esta voz, cfr. Ernout y Meillet, Dict. Étym. Lat.,. p. 555; Meillet, Hist. Lat., p. 229.

86  Glosas Silenses, 4, 335, 338.

87  REW, 5292.

88  REW, 8050.

89  REW, 3125 y 3119.

90  En ital. mod. favellare ’dire, ragionare’.

91  Meillet, Hist. Lat., p. 276. Véase arriba, cap. II, § 6.

92  REW, 6222.

93  Por ejemplo: pĕrfĭdia > esp. port, porfía (REW, 6409); pĕcūliāris > esp. pegujal, port, pegulhal, ant. logud, pecuiare (REW, 6336); dēhŏnĕstare > esp. denostar, port, doestar, deostar; acies (en sentido militar) > ant. esp. y ant. port, az; mure > ant. esp. y port, mur (REW, 5764a); collacteus > esp. collazo, port, colaço (REW, 2040).

94  Esta innovación tuvo también uso en español antiguo (ara­gonés, castellano, leonés), pero no prevaleció.

95  Véase en RFE, VII, p. 1 y REW, 511a.

96  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 383 (ed. 1950, p. 366) y Cantar de Mio Cid, pp. 2769 y 27729-34; Meyer-Lübke, Gram., II, § 310.

97  Pauly-Wissowa, Real Encicl. der Klass. Altertumwiss.,  1893 ss.

98  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, p. 54014.

99  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 431 (ed. 1950, p. 410).

100  De que tratamos atrás, cap. II, § 5 (pp. 122-124).

101  A pesar de REW,  1585.

102  En Leite de Vasconcellos, Opúsculos, III, p. 301.

103  REW, 9292, no explica la -o de los romances varios.

104  El Diccionario de Cuveiro Piñol, 1874 (al que sigue Vallada­res, 1884) da para murcio el significado ’humedad o principio de corrupción que se observa en la carne por curar’.

105  La etimología fue ya indicada por M. de Montolíu en Bol. Dial. Cat,  1922, p. 19a.

106  Frente a Aiguaviva Tarragona, Gerona, Teruel (en el cata­lán local), Aguaviva Soria. Es contraposición análoga a Agua Morta Porto, Mortagua Viseo, Portoalegre, frente a Aguas Vivas Bragança, Santarem, en Portugal, y Aigues-Mortes Gard, Morteuves, Morteue, Morteau Eure-et-Loire, Charente, Doubs, Haute-Marne, frente a Aigues-Vives Gard, en Francia.

107  Véase Menéndez Pidal, «Murcia y Mortera», Filología, III, 1951, pp. 1-3.

108  Que, según el Diccionario geográfico de P. Madoz está en «un valle húmedo de poco suelo ... y una pradera ... húmeda y fría». Todo el subsuelo de la ciudad de Murcia es fangoso de modo que a 20 metros de profundidad el fango es más fluido que a los 10.

109  Jaberg/Jud, AIS, III, 432.

110  Libro de regla de Santillana, publicado por E. Jusué, 1912, p. 53. Sota, Príncipes de Asturias, 1681, p. 640, pone tres veces Mortaria y una Mortera siguiendo un original distinto.

111  Onomástico de Cortesão.

112  Documentos de 1100 (Oviedo, Becerro Gótico) citados por Menéndez Pidal, «Murcia y Mortera», Filología, III, 1951, p. 4.

113  Leite de Vasconcellos, Opúsculos, III, p. 339.

114  Ernout y Meillet, Dict. Étym. Latin.

115  REW, 2271.

116  La forma Cerecedilla, que da Quevedo en El Buscón, es eti­mología popular de cereza: Cereceda.

117  Meyer-Lübke, Butll. Dial. Cat., XI, 1923, p. 19.

118  Grandgent, Lat. Vulg, § 86.

119  Leite de Vasconcellos, Opúsculos, III, p. 287.

120  Véase Holder, Alt-Celt. Sprachschatz, «Comarius»; y Schulze, Lat. Eigennamen, p. 354.

121  Una tercera substitución, captare, se halla en rético. REW, 1661. Véase C. Beyer, Die Verba des ’Essens’, ’Schickens’, ’Kaufens’ und ’Findens’, Dissert., Leipzig, 1934.

122  REW, 6444 y 2547.

123  Donde levare (it.), lever (fr.), llevar (cat.) significan, como en latín, ’levantar’, significado que también tuvo levar en español me­dieval y luego perdió.

124  En catalán, al revés que en castellano, triunfó para llevar este significado levantar’ (quedando anticuado el de ’portar’).

125  Que conocen también el castellano y el rumano. REW 5000.

126  REW, 3265 y 1389. En español bullir, según el Diccionario histórico casi sólo presenta acepciones metafóricas.

127  AIS, V, 953.

128  REW, 5817.

129  Véase atrás, §    .

130  «Quid magis est durum saxo» (Ovidio).

131  Que sólo ofrece muy raros ejemplos en Ennio, Livio, Mela o Tertuliano (Meillet, Esquisse Hist. Lang. Lat., 1928, p. 256).

132  Bartoli, Breviario di Neolinguistica (Parte II), 1925, p. 78.

133  Glosas Emilianenses, Berceo, ms. P (aragonés) del Alexandre y ant. portugués (véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 333-334 (ed. 1950, p. 327).

134  Meyer-Lübke, Gram. II, § 65; ALF nº 1041 («plus que toi») y n.° 1282 («plus tard», plus átono).

135  y algún otro dialecto, véase AIS, V, 894.

136  REW, 8514.

137  REW, 9189.

138  REW, 5141.

139  REW, 5146; Bourciez, en Bull. Hisp., III, 1901, p. 162.

140  REW, 8955.

141  REW, 471. Y abundantes topónimos: Angusto, Congosta en Portugal y Angosto, Angostina, Congostinas, Congost, Congosto, Congosta en España, de que no hay equivalentes en Francia e Italia, prueban que el olvido de la voz angustus fue allí muy antiguo.

142  Conforme el conocimiento global del léxico románico va siendo más perfecto, con atención a las variedades regionales y a la documentación antigua.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra D, siglo XVI

42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      En varias de las tierras peninsulares conquistadas en los siglos III y II a.C. se establecieron colonos venidos de la mitad meridional de Italia, no del Lacio.

      Escipión el Africano, en 204 a.C., fundó a Sevilla la co­lonia llamada Itálica, constituida por ítalos adscritos a la tribu Sergia 37, compuesta de sabinos, marsos y pelignos 38. Andando los siglos, después que en Itálica «rodaron de marfil y oro las cunas» de Trajano y de Hadriano, los mo­radores de ella (los coloni italicenses de las inscrip­ciones) no olvidaban su origen no latino, como nos prue­ba un legionario muerto en la región de Venecia, del que se dice en su epitafio 39 ser de Itálica y sabino de España, «Sabinus ex Hispania».

      Igualmente otras gentes del Sur de la Sabinia debieron de colonizar mucho en el Nordeste de España a partir de la cuenca baja del Ebro, conquistada por Gneo Cornelio Es­cipión en 206 a.C., hasta alcanzar el Pirineo aragonés, como lo indican bastantes topónimos repetidos ahí de antiguas poblaciones meridionales de Italia. Los nombres de Ausona, Suessa y Sinuessa, ciudades en el país de los ausones, gentes de estirpe osca de la Campania, y de los oscos auruncos en los confines de ella, se repiten en Ausona 40 (o Ausa), ciudad de los ausetani, hoy Vic; Suessa, hoy Prades, ciudad de los suessetani (Tarra­gona), al Sureste de los lacetanos, y Sinués (al Norte de Huesca); Lavernium 41 y Abella en la Campania, se repiten en Lavern 42 (al Oeste de Barcelona) y Abella (Léri­da 43, Huesca); Benauentum, la ciudad capital del Samnium, se repite en Benavent, Benavente (Lérida 44, Huesca); el río 45 de los sabinos Anio, Anione se recuerda en Añón (Zaragoza). Además, en el centro del territorio ocu­pado por estos poblados españoles se halla la ciudad de Osca > Huesca, cuyo nombre indica una colonización de oscos (gentes que ocupaban el Samnio, la Campania y otras tierras del Sur de Italia).

      De estos nombres hispanoitálicos citados, sólo el de Be­navente aparece muy repetido en otras comarcas de la Penín­sula Ibérica 46; fuera de ella sólo como excepción se halla en la Galia un Benévent (Dordogne), que se considera también procedente de la ilustre ciudad itálica 47. En el caso de la ciu­dad samnita, el nombre de Beneuĕntum fue sustitutivo de un ominoso nombre primitivo Maleuĕntum, Maluĕntum; y este eufemismo se repitió en la España medieval, al menos en el caso del Benauentum, Benavente zamorano, cuyo nombre primitivo anterior a la repoblación de esas tierras en 1167 era Malgradum, Malgrad 48. El nombre de Osca Ὄσκα (y Ὀσκοι 49) para Huesca, es el que dan ya a la ciudad (tanto en latín como en griego) Cé­sar, Estrabón, Plutarco, Plinio, etc. y el que se ve en el denario acuñado por Domicio Calvino, gobernador de Hispania citerior, 39-36 a.C.; tiene que tener origen latino 50, ya que en cientos y cientos de monedas de plata que probablemen­te hay que considerar coetáneas de la guerra de Sertorio 51, la ceca de Huesca, que ya a comienzos del s. II a.C. era la principal de Hispania 52, se halla inscrito en letras ibéricas el nombre prerromano de la ciudad Bolscan53. Parece que se trata de una de las muchísimas ciudades que (como aún ocu­rre hoy en territorio vasco) tenían un nombre indígena y otro latino: Hispalis = Romula, Salduba = Caesar Augusta, Tyris = Valentia, Iliberris = Florentia, Segida = Augurina, etc.54.

      En la parte más meridional de la Tarraconense y en la Cartaginense, conquistadas en los años 209 al 179 a.C., y Numancia en el 133 a.C., hallamos, en la provincia de Soria, hacia los orígenes del Duero, Vinuesa, que remonta, con perfecta evolución fonética romance, al nombre de Vĕnŭsĭa, la patria de Horacio, hoy Venosa, en los confines de la Lucania. En Soria también y en Cuenca se ha­llan dos localidades con el nombre de Caracena, probables colonias del pueblo samnita de los Abruzzos llamados Caracēni. Un conjunto de cortijos de la provincia de Al­bacete lleva el nombre de Bochorna, y han de ser restos de una extensa villa romana que tomó el nombre de sus fun­dadores, los uolturni, procedentes de la población Uulturnum (al norte de Nápoles), en la desembocadu­ra del río Uulturnus de la Campania 55.

      Estas gentes del Este y Sur de Italia, en especial los umbros, picenses, sabinos y samnitas, eran belicosos, prolíficos y emigrantes 56. Sabina es la leyenda del uer sacrum: los niños nacidos en primavera consagrados a los dioses y, excluidos de la comunidad, emigraban, guiados por un animal sagrado a fundar una colonia. Así se conta­ba que de un uer sacrum de los sabinos provenían los samnitas emigrados al Sur, al país de los opicos u opscos, llamados después oscos. Los tiempos de la primera conquis­ta romana en la Hispania Citerior ya no pueden producir leyendas que nos dijesen de cuáles gentes se desgajaron los emigrantes, pero que fueron de la tierra sabina, samnita y osca nos lo dicen los topónimos. El conjunto de ellos, aun­que individualmente alguno pueda ser impugnado, es im­presionante. Nada hay que se parezca a esta región de la Hispania Citerior, ni en el resto de la Península, ni en toda la Romania, indicándonos el localismo nacional que la pri­mitiva colonización tuvo, distinto del de las colonizaciones posteriores 57.

      De la toponimia inscripcional interesa citar en primer lu­gar la localidad de Palfuriana, inmediata a Tarragona, del Itinerario de Antonino, que deriva del nombre de un co­lono Palfurius, cuya terminación abunda en la tradición etrusca de la Campania 58; otro colono apulio-campano, más notable por su conexión con el nombre del famoso monte Uultur de la región osca, de nombre Uulturius, dio nombre, con sufijo céltico, a Uulturiacum, Buitrago (Ma­drid) 59. En fin, el estudio en conjunto de los varios cente­nares de nombres personales de origen no ibérico que fi­guran en las inscripciones del Corpus Inscriptionum Latinarum de Hispania permite afirmar que «la inmensa mayoría de los gentilicios latinos usados en España 60 provienen de la mitad sur de Italia, de la Campania en particular, de la Apulia también y del Bruttium; los gentilicios de la mitad norte son excepcionales»61.

      Cuando se produjo esta colonización, todos estos pueblos sud-itálicos hablaban dialectos afines osco-umbros, parien­tes muy próximos del latín, y como, según ya hemos co­mentado 62, la latinización de estos pueblos sólo se llevó a cabo después de la Guerra Social y de los duros castigos de Sila, es de presumir que los colonos del siglo III y II trajeran a España su dialecto osco, o un latín impregnado de dialectalismo osco.

      Además de la colonización, hay que tener en cuenta el ininterrumpido comercio marítimo. Según Estrabón 63, las naves mercantes de Turdetania eran los mayores navíos de carga que aportaban a la Campania y al Lacio 64, y consta que aun después de la Guerra Social el osco no desapare­ció por completo. De modo que, así como los fenómenos que unen la España a la Romania occidental responden a emigraciones y comercio de la Galia, así los fenómenos que agrupan a España en la Romania meridional responden a emigraciones y comercio marítimo del Sur de Italia; rela­ciones que no datan sólo de la época romana, sino de siem­pre, desde las prehistóricas en sentido inverso, que lleva­ron colonias íberas a Sicilia y a Cerdeña.

      Aparte de esa temprana colonización suditálica, quizá se produjo tardíamente una emigración de gentes itálicas a co­lonizar las estribaciones del mons Uindius, que habían servido de refugio a los huidos defensores de Bĕrgidum (el Bierzo) el año 26 a.C., en las guerras de Augusto y Agri­pa hasta lograr el sometimiento total de los astures (entre los años 29 y 19 a.C.)65, en vista de que en ambas vertien­tes de las altas cumbres de Degaña, Leitariegos y Somiedo se hallan los pueblos de Saliencia (en Somiedo) y Salentinos (en Palacios de Sil)66 que pudieran estar tomados de los Salentini de la Messapia Apulia, cuya ciudad se llama­ba Salentia, y que al N.O., en el alto río Navia, se halla un territorio de Oscos 67.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

37  CIL, II, 1129.

38  Perin, Onomasticon totius latinitatis, II, p. 616 c.

39  El soldado perteneciente a la legión Xa se llamaba L. Rutius; su epitafio se halla en una inscripción de Aquilea, junto al puente de Lisarzo en región véneta (CIL, V. 932). Véase Mohl, Chronol, p. 244.

40  La forma Ausona es la que prevaleció, frente a Ausa en la Edad Media, desde los Anales regios carolingios, año 826.

41  Y Lavernae, pago de los pelignos, gentes del Samnium.

42  Y el apellido Lavernia de origen toponímico, que (según el Diccionari Aguiló, 1931) tiene su localización en Traiguera, pue­blo al Oeste de Vinaroz (Castellón).

43  Dos pueblos de ese nombre en la provincia de Lérida.

44  Otros dos pueblos.

45  Y acueducto.

46  En Ciudad Real, Toledo, Badajoz, Cáceres, Zamora, Coruña y Portugal. Parece propagado desde el Este al no haber diptongado la ĕ y habiendo perdido la -o en todas partes.

47  Longnon, Les noms de lieu, 1920-1929, § 2459. Yo hallo otro Bénévent.

48  Noticia transmitida hacia 1236 por Lucas en su Chronicon mundi (Hispania Illustrata, IV,  1608, p. 58, lín. 39).

49  Por tanto, con ŏ, de donde el diptongo romance.

50  Aunque algunos críticos piensen que Ŏsca < Bolscan. Véase Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hisp., I, 1960, pp. LXII-LXVI.

51  Pues son de época romana avanzada.

52  Tito Livio, refiriéndose a esos primeros tiempos, habla de tres triunfadores en las guerras de Hispania (uno de ellos Ca­tón), los cuales entre las riquezas entregadas al tesoro de Roma llevan monedas acuñadas solamente o principalmente en Osca (Oscense argentum): «Signati ... Oscensis argenti», Livio XXXIV, 10 y 46, ovación de M. Helvio 195 a.C. y triunfo de Catón, 194; «signati Oscensis [argenti] nummus», Livio, XL, 43, triunfo de Q. Fulvio Flaco, 179 a.C. Únicamente cita otra clase de monedas, signadas con una biga.

53  La importancia de la ceca de Bolscan (de la que proceden un 90 % de los denarios ibérico-latinos conocidos) explica que las monedas de otras varias ciudades lleven en su anverso la marca de esta ceca; entre ellas las de Segia y Scisars. La sílaba «Bo» se escribe  *o* (en unos pocos casos  | | ).

54  La explicación Itálica, colonia de ítalos (con su adjetivo Italicensis), Romula ’colonia de ciudadanos romanos’ (con su adjetivo Romulensis) y Osca ’colonia de oscos’ (con su ad­jetivo Oscensis), se impone, visto este paralelismo.

55  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hisp., I, 1960, pp. LIX-LXVII.

56  G. Mohl, Chronologie,  1899, p.  144.

57  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», Enc. Ling. Hisp., II (1960), pp. LXI, LXVII.

58  Masurius, Baburius, etc. Bertoldi, Colonizzazioni, p. 197 y «Episodi dialettali nella Campania e n’ell Iberia», en Estudios Menéndez Pidal, III, 1952, pp. 37 ss. y 42 ss.

59  Véase atrás, cap. I, § 2.

60  Descontados los gentilicios que se encuentran por todas par­tes, como Pompeius, Cornelius, etc.

61  Palabras de P. Aebischer, tras hacer ese estudio exhaustivo, ci­tadas por Menéndez Pidal (en su original francés), en «A propósi­to de LL y L», Bol. Acad. Esp., XXXIV, 1954, pp. 198-199, n. 3.

62  Véase atrás, cap. I, § 1.

63 Geogr., III, 2, 6.

64 Compitiendo en número con los procedentes de África. Lle­vaban los múltiples productos (vino, aceite, trigo, miel, azafrán, sal) que España producía. Las ánforas enterradas en el monte Testaccio de Roma, originarias de la Bética y del Levante de España, comprueban el gran comercio indicado por Estrabón (CIL, XV, 1899, pars tertia, pp. 491 ss.). La llegada de este comercio hispano pesaba en la vida de la gran urbe: Horacio lo delata recordando al patrón de las naves ibéricas.

65  Menéndez Pidal, «A propósito de L- y -LL-», Bol. Acad. Esp. XXXIV, 1954, pp. 195, 197, 206-207 y «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hisp., I,  1960, pp. CXXIV-CXXVI.

66  Bien es verdad que se halla próximo el pueblo de Salientes (y que hay parejas de topónimos Anllares-Anllarinos, Gete-Getino, Ituero-Ituerino, etc.); pero el diptongo de Salientes situado al Oriente de Orense era latino, ya que así figura en el Itinerario Antonino, por lo cual no debiera faltar en un derivado.

67  En un documento de 972 figura ya San Martín de Oscos», «in territorio de Oscos» en otro de 1184; «Villa nova de Oscos» o «de Oscis» se cita en numerosos documentos del s. XII (Menéndez Pidal, Orígenes del esp., 3ª ed.  1950, § 55 bis3, p. 305).

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

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41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      No podemos hablar del latín de España únicamente como un todo uniforme. Como ya hemos apuntado fue muy diverso el carácter del latín importado y diversa la intensidad de la romanización.

      La sumisión de España al poder de Roma costó 200 años de guerra, y las ondas propagadoras del latín en esos si­glos y en los sucesivos van de Sureste a Noroeste, lo mis­mo que la onda cultural más ostensible, la de la conquista militar. En las tres zonas que hemos distinguido para la conquista 29 percibimos bien una fuerte gradación descen­dente en la antigüedad y en la profundidad de la romani­zación si tomamos como índice el número de inscripciones (en su mayoría de la época imperial) con que cada una de esas zonas figura en el Corpus Inscriptionum Latinarum.

      Según dijimos, la primera zona, la de la Bética y Levante (con la cuenca del Ebro hasta Caesar Augusta, Zarago­za), conquistada hacia el 200 a.C, recibe su latinidad desde tiempos primitivos, en los que el idioma despertaba perezo­samente al cultivo literario por obra de escritores que no te­nían el latín como lengua materna, Andrónico, Nervio, Plau­to, Ennio. Es, pues, la porción de España que puede participar en la totalidad evolutiva del latín, al par de la metrópoli. De esta zona se conservan más de 3.000 inscrip­ciones, sobre todo en Barcino (107 inscr.), Tarraco (454), Sagunto (183), Cartago Nova (127), Gades (207), Hispalis (106), Corduba (149) e Italica (85).

      La segunda zona, la de las mesetas interiores de la Pe­nínsula (y toda la cuenca del Guadiana), sometida en el siglo II a.C., comienza a latinizarse, según dijimos, en épo­ca aún arcaica, de la literatura preclásica, cuando escriben Catón (que guerreó como cónsul a los íberos en 195) y Terencio. Conserva unas 1.700 inscripciones; de sus centros principales, sólo Emerita (159 inscr.) compite en núme­ro de lápidas con los de la zona primera; los demás ofre­cen un número bastante menor: Turgalium (Trujillo, 56 inscr.), Caesarobriga (Talavera de la Reina, 81), Segobriga (Cabeza del Griego, Cuenca, 89 inscr.), Toleto (18), Segovia (49), Clunia (Coruña del Con­de, 45), Lara (43).

      La tercera zona, el triángulo del Noroeste a partir de una hipotenusa Leiria30-Santander, conserva sólo unas 770 ins­cripciones, y entre ellas están las más rudas y vulgares, mientras las de la zona primera son las más correctas. Sus ciudades principales son Legio VII (León, 92 inscr.), Bracara (Braga, 52), Asturica (Astorga, 50), Luco (32). Esta zona tercera empieza su completa romanización sólo en el último tercio del siglo I, en tiempo de la latinidad clásica y de la mayor gloria augústea, en tiempos de Cice­rón, Virgilio, Horacio y Ovidio: así participó sólo en la evolución del latín imperial.

      La primera zona, la más culta en tiempos ibéricos, la más largamente romanizada luego, es el solar donde se desa­rrollan más tarde el catalán y el aragonés, con los dialec­tos mozárabes de Valencia y Andalucía. Es la región más innovadora, la que recibe directamente los influjos neológicos, muchos de los cuales no pasan a las regiones del centro y del Noroeste.

      La segunda zona, la del centro, es donde se produje­ron las hablas mozárabes del Sur de Portugal y las del cen­tro de la Península, y al Norte los dialectos navarro y castellano.

      La zona del Noroeste es donde se desenvolvieron el galle­go-portugués, el asturleonés y el castellano montañés de la Asturias de Santillana. Como esta zona no tiene idiomas vecinos más que por el Sureste, todas las influencias lingüís­ticas las recibe a través de la zona segunda; de ahí la enor­me semejanza del gallego-portugués con el castellano, reafir­mada constantemente a través de todas las épocas latinas y románicas. El mayor aislamiento de esta zona explica el que sea la más arcaizante de todas, a pesar de haber sido con­quistada más tarde que las otras dos (nueva rectificación a la teoría de G. Gröber). Enseguida veremos cómo varias ondas lingüísticas, en su propagación de Este a Oeste, se extinguen antes de penetrar en este extremo occidental.

      Las tres zonas de romanización, al estar relacionadas con el proceso de la conquista y sometimiento de los pueblos prerromanos, coinciden con la organización dada a la Península por los romanos. Los conventos jurídicos en que se subdividían las varias provincias nos permiten agrupar co­marcas naturalmente relacionadas entre sí31 y sospechar que en función de esas agrupaciones pudo irse articulando dialectalmente la España romana 32, ya que cabe observar que algunas divisiones administrativas romanas del Norte penin­sular convienen con fronteras lingüísticas aún hoy perdurable 33 (en el Sur no cabe hacer observaciones a causa de la Reconquista, con sus traslados de población Norte-Sur). Es un hecho que los cinco conventos del Norte vienen a ser los centros de los cinco grandes dialectos neo-latinos: el convento Tarraconensis es el solar del catalán (-valenciano); el convento Caesaraugustanus, del ara­gonés; el Cluniensis 34, del castellano; el Asturicensis, del astur-leonés, y el Lucensis con el Bracarensis, del gallego-portugués.

      Es de advertir que las diócesis eclesiásticas se conforma­ron, en general, a los límites administrativos romanos, y que en el Occidente de la Península (no así en el Oriente 35) la vieja división en conventos subsistió durante toda la época imperial (así que el convento Asturicense fue después la diócesis de Astorga 36).

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

29  Véase arriba cap. I, § 1

30 La antigua Collippo.

31  Es lógico que se fundaran, en gran parte, sobre agrupacio­nes tributarias y políticas dependientes del pasado preerromano.

32  A falta, como estamos, de noticias concretas.

33  Esta coincidencia de los límites conventuales con divisiones lingüísticas posteriores no es, claro está, completa, ni es cosa ne­cesaria para que se trate de hechos relacionables.

34  El convento Cluniensis incluía la Rioja Alta y no la Rioja Baja. Su límite oriental pasaba entre Vareia (Logroño), de los berones, y Calagurris (Calahorra), de los vascones (E. Albertini, Les divisions administratives de l’Espagne romaine, p.  100, nota 2).

35  Donde los conventos Cluniense, Cesaraugustano y Tarraco­nense fueron cercenados en su parte meridional para agregarlas al convento Cartaginense hecho Provincia aparte.

36  Es muy curioso observar cómo Hübner y Kiepert en su mapa del CIL, II, sin pensar en el dialecto leonés hablado en Miranda y Rionor trazan la línea del convento Asturicense incluyendo jus­tamente estos dos extremos de Portugal. Se fundan en que Zoelae = Castro de Avellas pertenecía al convento Asturicense (véase Hübner, CIL, II, p. 362, 707 y 909). Sánchez-Albornoz (en Bol. Acad. Hist., XCV, 1929, p. 322) se excede al señalar todo el curso del río Sabor como límite occidental del convento Asturicense (invocando mi mapa en Orígenes, 1ª ed., p. 516, 3ª  ed., p. 488, donde creo que sigo los de la diócesis de Astorga en el s. X, pero no considero como límite todo el río Sabor).

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

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40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      Todas las causas diversas enumeradas y otras que vere­mos produjeron la gran variedad de dialectos neolatinos, los cuales se pueden distribuir en grandes grupos.

      W. von Wartburg 16 estableció una bien fundada división en Romania occidental y Romania oriental, prescindiendo del África, cuyo latín hablado nos es desconocido. La occi­dental comprende Hispania, Galia, Retia y Galia Cisalpina (hasta la Emilia inclusive), países todos que tienen substra­to céltico, y que por influjo céltico sonorizaron la conso­nante oclusiva sorda entre vocales, palatalizaron la conso­nante velar en el grupo -ct- y sufrieron otros influjos de igual origen. La Romania oriental comprende Cerdeña, Sicilia, Italia del centro y del Sur, Dalmacia (isla de Veglia) y Dacia, países que carecen de substrato céltico y no sufren las influencias dichas; y que, por otra parte, ceden al impulso popular romano perdiendo tempranamente la -s fi­nal, que la Romania occidental conserva hasta hoy (o sólo la perdió en época reciente):

 

catena

octo

directu

tu cantas

froles

portugués

cadea

oito

direito

cantas

froles

español

cadena

ocho

derecho

cantas

flores

catalán

cadena

vuyt

dret

cantas

flors

provenzal

cadena

uech

drech (dreĉ) 

cantas

flors

francés

chaîne

huit

droit

chantes

fleurs

Norte Italia

kadéna,
kéna
19

oeĉ,
oet
20 

driĉ, drit 21

Huellas de persistencia
de la s en la Edad Media
y pérdida moderna 22

italiano

catena

otto

diritto

canti

fiori

dálmata
(Veglia)

catáina

guapto

drat

kantai(a) 23

fiaur 24

rumano

cǎtinǎ

opt

derept

cǎnţĭ

flori 25

sardo

cadena,
catena

otto

derettu

cantas 26

flores

      Pero esta agrupación no puede bastarnos como única para reflejar las relaciones y analogías de unos romances con otros. La realidad es más compleja; entre otras cosas porque, como es de rigor, los fenómenos lingüísticos se propagaron, dentro del ámbito de la lengua latina, en circunstancias históricas diferentes y porque las comunica­ciones marítimas no fueron en la Romania menos impor­tantes que las terrestres 27. Así es que nos conviene estable­cer también una Romania meridional, donde se observan influjos del substrato mediterráneo y de la colonización pro­cedente del Sur de Italia y que queda al margen de las innovaciones de la Romania septentrional. En el suelo de España se superponen a menudo, a los límites de la Ro­mania céltica, otros límites que agrupan a gran parte de la Península Ibérica con Sicilia y el centro y Sur de Italia. Otras veces se añade a estos países la Dacia, con rasgos de que no participa la Romania del Norte: Galia-Retia-Galia Cisalpina, que constituyeron el centro del Imperio de Oc­cidente en sus últimos siglos. Si la Romania púnica del África Menor hubiera conservado su latín romanzado preis-lámico, contaríamos con otro término de comparación im­portantísimo 28.

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NOTAS

16 W. von Wartburg,  «Die Ausgliederung der romanischen Sprachräume», Zeit. f. rom. Phil, LVI, 1936.

17  Cfr. Meyer-Lübke, Gram., I, 416.

18  Cfr. Meyer-Lübke, Gram. II,  179.

19  Cfr. AIS, V, 959.

20  Cfr. Meyer-Lübke, Gram., I, 413 y AIS, II, 287.

21  Cfr. Meyer-Lübke, Gram., I, 412.

22  Cfr. Wartburg, en Zeit. f. rom. Phil., LVI (1936), pp. 5-8.

23   Cfr. Bartoli, Das Dalmatische, col. 391.

24  Cfr. Bartoli, Das Dalmatische, col. 182.

25  Cfr. Meyer-Lübke, Gram., I, 495.

26  Cfr. Meyer-Lübke, Gram., II,  179.

27  Por más que las extraordinarias vías o calzadas romanas man­tuvieron unida a Hispania, por el istmo peninsular, con las Ga­lias, en cuya Prefectura la incluía la administración imperial del siglo IV.

28  De África, una de las provincias más antiguas (146 a.C.), casi sólo se conoce el latín literario, toda vez que el latín fue allí subs­tituido por el árabe. Su comunicación con Hispania fue grande desde los primeros tiempos de colonización romana hasta los más tardíos tiempos imperiales.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

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39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

      Esta gran diversidad dialectal de la Romania, y sobre todo el haber surgido de ella con el tiempo varias lenguas con una literatura de primer orden, es algo extraordinario. Como dificultad para comprenderlo, se cita la uniformidad lingüística que se observa en Rusia o en América sobre te­rritorios mucho más extensos; pero tal comparación no es útil. Fijándonos en la América española las diferencias son notables 8.

      En primer lugar, la latinización en la Romania se inició con intervalo de tres siglos y medio. Sicilia fue constituida en provincia en 241 a.C.; Cerdeña, en 238; España del Sureste (Citerior), en 197 9; la Galia Cisalpina, tras su con­quista en 191 10; Iliria hacia 167; África en 146; la Galia Narbonense, en 120; el resto de la Galia 11, en 50; la Re­da, en 15 a.C. 12; la Dacia 13, en 107 d.C. Así, la lengua importada a Dacia, cuando ya había terminado hacía mu­cho el período clásico de la literatura, cuando escribían Plinio el joven y Suetonio, tuvo que ser muy distinta de la importada a Sicilia y Cerdeña, cuando aún no habían co­menzado a escribir los más antiguos autores latinos. La analogía con la colonización española existiría si las Anti­llas hubiesen recibido un español preliterario, anterior al Poema del Cid, y Chile hubiese sido conquistado por los contemporáneos de Calderón y de Gracián. Pero no; en el espacio de sesenta años está hecha la conquista total de América, en el breve tiempo de la lengua escrita que va desde la Celestina y Gil Vicente hasta Garcilaso y el Lazari­llo, cuando la literatua entra en su edad de oro, llegando ya el idioma a punto de perfección, fijado por un cultivo floreciente, así como por los trabajos gramático-lexicográ­ficos de Nebrija y sus continuadores. La fecha tan diferen­te de la primera latinidad llevada a las provincias contri­buye pues a diferenciar mucho los diversos romances, tanto que G. Gröber 14 los caracterizaba fundamentalmente colo­cándolos por orden de su arcaísmo: sardo, español, portu­gués, provenzal, francés, rético, rumano e italiano. Sin embargo, esta clasificación es demasiado simplista, no te­niendo bastante en cuenta que las provincias más antiguas siguieron recibiendo el influjo lingüístico de la metrópoli, y evolucionaron en gran parte a la vez que ella. Es verdad que el sardo mantiene hoy el gran arcaísmo de pronunciar kerbu < cervu, kena < cena, cuando los otros romances palatalizan o asibilan la c; pero esto se debe al gran aisla­miento en que vivió Cerdeña, tanto como al arcaísmo del latín recibido, pues la misma pronunciación ke, ki recibie­ron Sicilia y España, cuyos romances palatalizaron la c, y en cambio Dalmacia, conquistada después que España, conser­vó ke, ki 15. Que el aislamiento es la causa principal lo com­prueba el habla de los judíos salidos de España en 1492, el mismo año que partían los primeros colonizadores para América: unos y otros eran portadores de una pronuncia­ción arcaica de ciertas consonantes (ss-s, x-j, h, etc.), y los judíos, que interrumpieron su comunicación con España, conservaron fielmente esa manera de pronunciar, mientras los colonizadores de América, que continuaron en contac­to con la metrópoli, evolucionaron al par de ésta, adoptando la nueva pronunciación que hacia 1600 se hizo prepon­derante. Hecha esta salvedad, siempre es evidente que una fecha remota de romanización implica algún arcaísmo en el romance de la provincia; siempre queda firme que Cerdeña ofrece el romance más arcaizante de todos; que el es­pañol mantiene varios arcaísmos latinos; que el rumano representa una latinidad tardía; y que el italiano arranca del latín más espontáneo, más evolucionado, del más mo­derno.

      Las relaciones de la provincia con la metrópoli, subsi­guientes a la colonización, tienen, como hemos dicho, gran importancia, y aquí el latín provincial también comportaba sin duda más diferencias que el español de América. El español colonial, además de haber emigrado en estado de fijeza y de gran cultivo literario, se difundió en tiempo de comunicaciones más activas que las de la Antigüedad, y sobre todo en tiempo de la imprenta, gran agente de uniformación lingüística: en 1536 ya funcionaba la impren­ta en América y el comercio de libros con España fue siempre regular; por el contrario, en el mundo antiguo el libro era rarísimo y su comercio llegó a cesar hasta el pun­to de que en el siglo VII la importación de un libro de Italia a España se negociaba como acontecimiento extraor­dinario.

      En tercer lugar, hay que tener presente que los pueblos civilizados por Roma tenían más vigorosa personalidad his­tórica que los civilizados por España, lo cual hacía que sus reacciones sobre el latín aprendido pudiesen ser mayores. Los dos pueblos americanos más adelantados, los aztecas y los incas, no conocían ni el alfabeto, ni la moneda, ni la minería, ni la navegación, ni la actividad comercial, cosas todas que tuvieron los íberos. Además, mientras los pueblos americanos aprendían el español como lengua totalmente inconexa con las suyas, tanto España como Si­cilia y Cerdeña participaban de las culturas y lenguas mediterráneas que mantenían relaciones antiquísimas con la lengua y cultura de Roma (ya hemos observado alguna comunidad de sufijos, por ejemplo), y por su parte los celtas hablaban un idioma indo-europeo pariente próximo del latín, de modo que al adoptar esta lengua la podían manejar con cierta familiaridad. Todo esto nos explica que las reacciones de substrato sobre el latín provincial puedan ser mucho mayores que las observables sobre el español de América.

Por último, importa mucho la región de procedencia de los colonos, y se comprende que ésa tuvo que ser muy va­ria en una colonización de tan distintas épocas como fue la latina; en tanto que la rápida colonización de América tiene una procedencia regional más uniforme.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

8  W. Meyer-Lübke, Introducción,  1926, §§  18-19.

9  Tras las conquistas de los Escipiones en 217.

10  Venecia se había dado voluntariamente a Roma en 215.

11  Tras las campañas de César.

12  Erigida en provincia por Augusto.

13  Conquistada por Trajano.

14 Gröber, G., en Archiv für lateinische Lexicographic und Grammatik, I, fase. 2.

15 Meyer-Lübke, Gram. I, § 403. En Introducción, § 144, sólo ad­mite la conservación en ke, no en ki; pero contradice Gram. I, p. 340 cinĕre > vegliota kanaissa.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

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38.- 1. LA ROMANIA

38.- 1. LA ROMANIA

B. EL LATÍN DE HISPANIA

1. LA ROMANIA. III. ESPAÑA EN LA ROMANIA. 

      La ciudadanía romana, el derecho romano, la cultura y la lengua latinas hicieron unos a todos los hombres; como dijo el galo Rutilio Namatiano, a comienzos del s. V d.C. Roma extendió su urbe a todo el orbe: «urbem fecisti quod prius orbis erat»1. La gran obra lingüística de Roma fue mirada como divina por paganos y por cristia­nos: Plinio hace férvido elogio de Italia, escogida por los dioses para la alta misión civilizadora que unió con el vín­culo del idioma tantos pueblos separados por salvajes len­guas discordes 2, haciéndose patria única de todas las gentes del orbe 3, y por otra parte Prudencio, argumentando contra el senador pagano Símaco, y san Agustín en La Ciu­dad de Dios, piensan que Roma unificó los pueblos por de­creto celeste imponiéndoles con la paz la lengua latina para preparar la universalidad del Cristianismo.

      Esa grandiosa unidad de cultura y de lengua, que se extendía desde Siria, patria de los mayores jurisconsultos del Digesto, hasta España, cuna del primer poeta y del primer historiador filósofo de la Cristiandad, recibió, como en bautismo in extremis, cuando ya iba a disolverse por comen­zar la ruina del Imperio, el nombre de Romania4, nom­bre que Paulo Orosio pone en boca del rey Ataúlfo contra­puesto al de la Gothia bárbara, y que es usado por el poeta Fortunato en el siglo VI en parecido contraste: «hinc Barbaries, illinc Romania».

      Pero al fin la barbarie prevaleció y dio fin a tan magní­fica unidad. En el Occidente, durante el siglo V, visigodos, francos y ostrogodos fundan reinos germánicos en España, en Galia y en Italia, acabando para siempre con la unifor­midad evolutiva del latín en estos países. Además, dos im­portantes territorios perdieron la latinidad: la Britania, invadida en el mismo siglo V por los anglos y los sajones, y el África Menor (así como la Mauritania), donde la inva­sión árabe del siglo VIl acabó con la lengua que tanto ha­bía florecido por obra de los grandes padres de la Iglesia. En cuanto a la mitad oriental del Imperio, la Dalmacia, a partir de las invasiones eslavas del siglo VII, sólo en la cos­ta mantuvo su latinidad en lugares aislados, en especial en la isla de Veglia 5, y tan sólo conservó el latín la Dacia; los restantes países, unificados antes por el helenismo, posee­dores de una lengua de cultura superior a la latina, nunca abandonaron del todo el uso del griego, y lo volvieron a reentronizar, a partir de los siglos VI y VIl, para la literatura y para la administración del imperio bizantino, desechan­do poco a poco el latín.

      Ya hemos enumerado 6 causas por las que el latín impe­rial evolucionó más profundamente que de ordinario evo­lucionan las grandes lenguas literarias. Sin embargo, a no haber sobrevenido circunstancias extraordinarias, concurren­tes con la invasión de los bárbaros, el nuevo latín habría conservado su unidad y su esencial identidad con el anti­guo, como la conservan el español, el inglés u otras len­guas de gran difusión geográfica, a pesar de sus mudanzas en las diversas épocas. Pero aquellas circunstancias extraor­dinarias sobrevinieron (ya hablaremos de ellas), y una gran fragmentación se produjo.

      En España (además de conservarse una lengua prerroma­na, el vasco) nacieron tres grandes variedades dialectales: al Oeste, el gallego-portugués, en el centro, el español pro­piamente dicho, en su triple forma asturo-leonesa, castellana y navarro-aragonesa; al Este, el catalán.

      En Francia (además del vasco y del bretón, éste impor­tado de Britania entre los siglos V y VI) se hablan: al Nor­te, el valón-picardo-normando; en el centro, el francés pro­piamente dicho, champañés, borgoñón, etc.; al Sureste, el franco-provenzal, o sea, el lionés-saboyano-delfinés; al Sur, el provenzal con las variedades languedociana, lemosina, gascona 7.

      En Italia se hablan: al Norte, el rético, el véneto y el galo-itálico, en sus variedades genovesa, piamontesa, lombarda y emiliana; en el centro, el toscano, el umbro-romano y el dia­lecto de las Marcas; al Sur, el abruzés, el napolitano, el apuliense, el calabro-siciliano y, en el Oeste insular, el sardo.

      Todos estos y algunos otros dialectos, existentes en las que fueron provincias del Imperio, son resultado en gran parte de variedades que sin duda apuntaban ya en el latín hablado durante la época imperial por bajo de la relativa unidad que ofrece el latín escrito.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

1 Rutilius Namatianus, Itinerarios, verso 66.

2 «... et tot populorum discordes ferasque linguas sermonis commercio contraheret».

3  «...una cunctarum gentium in toto orbe patria» (Natur. Hist., Ill, 6).

4  Nombre del que quedan restos varios: la Romagna en Italia, Romaña (pueblo de Vizcaya), o con acento griego Romanía, de donde Rumanía, la región balcánica.

5  Donde el último hablante del dálmata murió en 1898.

6  Aquí atrás, cap. Ill, § 2.

7  W. Meyer-Lübke, Introducción, 1926, pp. 46-47.

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A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

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CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

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