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Obras de Diego Catalán

I.- HISTORIA DE LA LENGUA ESPAÑOLA DE RAMÓN MENÉNDEZ PIDAL

69.- 3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS

69.- 3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS

3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS. III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

      Los reyes asturianos, que se decían continuadores de los godos, recogieron el espíritu político y unitario de la monarquía toledana, con aspiración al completo recobro de España. Alfonso II el Casto (791-842) imitaba en Oviedo toda la organización civil y eclesiástica de la perdida Tole­do «omneque Gotorum ordinem, sicuti Toleto fuerat, tam in Eclesia quam Palatio, in Ouetao cuneta statuit» 48. Sin duda en el palacio era imitada también el habla cortesana que Toledo había comenzado a generalizar 49. El dialecto asturiano de hoy, especialmente el central, el de Oviedo, es un vivo residuo del habla común que Toledo propaga­ba a lo largo de la calzada de la Plata 50; en el asturiano central subsisten hoy Iluna, llobu, Ellos tocóron, nueche 'no­che', ueyu 'ojo', Tú yes, Él ye, les cases y otros rasgos más que debieron de existir en el habla cortesana de Toledo 51. Por lo demás, claro es que el asturiano central, aunque muy arcaizante, es una lengua evolucionada y ha perdido mu­chos arcaísmos; en tiempo de sus Alfonsos y Ramiros tenía que conservar aún los diptongos decrecientes a u > ou, ai > ei que hoy viven relegados más al Occidente, a Tineo y Astorga, pero que entonces se dan por toda España, cousa, autro, outro, carraira carreira, y que en el siglo XI se conser­vaban todavía en León y en Toledo.

      Mas a pesar del goticismo toledano de la corte ovetense, los neologismos que imponía la nueva vida empiezan a detectarse en la documentación de aquella época. Hacen su aparición los primeros arabismos: alcor, alfoz, almexía, almofalla, cármez, metcale, xafarice, alguno de los cuales dura hasta hoy 52. Por otra parte, el comercio con el reino franco ha­cía llegar hasta Braga los «sonidos gallecanos» (menciona­dos en un documento del año 900) y, claro está, a otras partes del reino («sollidos gallicenses», en 955)53; y, con la moneda, penetrarían objetos francos y palabras 54.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

48  Según se encarga de destacar el Epítome histórico ovetense acabado en 883, mal llamado Chronica Albendensia, en su cap. XV: «Ordo Gothorum Obetensium Regum».

49  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 472-473 (ed. 1950, p. 450).

50  Véase atrás, cap. I, § 9.

51  Atrás, cap. I, § 9.

52  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 534 (ed. 1950, p. 507).

53  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 467 (ed. 1950, p. 445); Gómez Moreno, Iglesias mozár., p. 125 n., fecha, por error, el do­cumento de 955 en 885.

54  De forma similar a lo ocurrido en fechas posteriores, cfr. C. Sánchez Albornoz, Estampas de la vida de León durante el siglo X.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

*   67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

*   68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra C, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN. III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

      Al ocurrir la invasión musulmana, multitud de españoles se refugiaron en las montañas del Norte. Alfonso I, hacia 745, devastó la cuenca del Duero y parte de la del Ebro (desde Porto hasta la Rioja), y llevó población cristiana de esos   territorios a su reino.

      Según la Crónica de Alfonso III (hacia 880), Alfonso I con­quistó 30 ciudades de la cuenca del Miño, de la del Duero y de la del alto Ebro, entre una línea norte Túy, Lugo, León, Amaya y Miranda de Ebro, y una línea sur Viseo, Salamanca, Ávila, Segovia y Osma; mató a los «árabes» que en ellas encontró y se llevo a los cristianos consigo «a la patria». Esta noticia tiene un complemento en la misma Crónica de Alfonso III, que continúa diciendo:

      «En este tiempo fueron pobladas Asturias, Primorias (su­doeste de Asturias), Liébana, Trasmiera, Sopuerta (en el lí­mite occidental de Vizcaya), Carranza, Bardulia o Castilla y la parte marítima de Galicia. En cambio, Álava, Vizcaya y Orduña fueron siempre poseídas por sus gentes, lo mismo que Pamplona, Deyo y la Berrueza» 5; y, finalmente, añade que Fruela I (757-768) pobló en Galicia hasta el Miño.

      Estos pasajes nos han llevado a todos, durante bastante tiempo, a aceptar la idea de que Alfonso I creó en la cuenca del Duero unos vastos «desiertos estratégicos», entre su rei­no y las tierras musulmanas densamente pobladas de la Transierra, al Sur de la Cordillera central 6. Pero, obviamente, los cristianos que Alfonso I llevó consigo al Norte no pudieron ser todos los habitantes de la vasta cuenca del Duero (que no habrían cabido en la franja peninsular al Norte de la Cordillera Cantábrica y al Occidente de los Montes de León); las guerras, aunque provoquen la destruc­ción de la organización política y la emigración de ciertos grupos dirigentes de la sociedad civil y religiosa, nunca dan lugar al abandono por parte de todos de la riqueza agro­pecuaria, base del sustento de la mayoría de los habitan­tes; Alfonso I destruiría murallas y torres de las ciudades que dejó abandonadas, pero es impensable que dejara esas ciudades con los territorios de ellas dependientes yermos 7. «Poblar» no puede significar tampoco, en el pasaje cita­do, ocupar unas tierras vacías de habitantes. Es imposible que en tiempo alguno los territorios que «pobló» Alfonso I enumerados por la Crónica de Alfonso III carecieran de gen­tes allí afincadas. «Poblar» significó, en la España cristiana posterior a la ruina del estado visigótico, crear una nueva organización político-administrativa a la que se somete a los allí de antemano residentes y a los advenedizos. En la to­ponimia del Norte abundan de manera chocante los luga­res denominados Pobla, Pola, Puebla, Povoa, Población, Poνοaçãο, Polaciones, Povoações: 14 ó más en Galicia, 13 en las Asturias de Oviedo, 14 en León, 4 en las Asturias de Santillana, 2 en el Norte de Palencia, 3 en la antigua Castilla vieja, y múltiples en Portugal. Son nuevos centros habita­dos, creados en tierras que no sufrieron despoblación nin­guna a causa de la invasión musulmana, pero que en las edades romana y visigótica habían carecido de ciudades o centros administrativos. Son, sí, consecuencia de la trans­formación política y demográfica del Norte cristiano que trajeron consigo los nuevos tiempos 8, pero no signo de que allí faltasen habitantes antiguos. Por tanto, si en Asturias y en Cantabria, tierras no despobladas por razón de las gue­rras fronterizas, se hicieron muchas «pueblas», debemos entender que los posteriores actos de «poblar» en las co­marcas en que Alfonso I había destruido las ciudades tam­poco significaron instalar habitantes donde no los había 9.

      Para entender de forma apropiada las afirmaciones de la Crónica de Alfonso III acerca de la despoblación de las comar­cas conquistadas y abandonadas por Alfonso I conviene re­cordar un documento del muy indocumentado siglo VIII so­bre la fundación, bajo el patrocinio del rey Fruela I, de un monasterio en San Miguel de Pedroso (al Sur de Belorado), sobre el río Tirón, nada menos que 50 kilómetros al Sur de esa Miranda de Ebro que acababa de dejar «yerma», según se nos dice, Alfonso I. Las 28 monjas (algunas, a juzgar par sus nombres, personas de calidad), que allí vienen entonces a residir, así como el rey Fruela (el poblador de Galicia hasta el Miño), consideran del todo normal el lugar elegido para su vida monástica y para que en él depositen las sagradas reliquias que consigo llevaron; obviamente, San Miguel de Pedroso no se hallaba en un desierto fronterizo 10.

      En estos trasiegos de población a que hace referencia la Crónica de Alfonso III y cuyo carácter hemos matizado se extiende la práctica de denominar cada villa con el nom­bre del propietario «repoblador». Sabemos del obispo Odoario que, vuelto de su destierro entre musulmanes, «re­puebla», por orden de Alfonso I, toda Galicia de Lugo a Braga a partir del año 745 11. Por su parte, el noble Avezano (nombre romano, Avitianus, derivado de Avītus), sacado también de las tierras que fueron de los moros por las victorias de Pelayo y de Alfonso I, regresa a Lugo con sus dos hijos, Guntino (nombre godo) y Desterigo (híbrido del romano Dexter más el germánico rik 12) y «pueblan» las villas de Avezan Lugo, Gontín Lugo y Desteriz Orense. Se ha dicho que ante los invasores sólo huyeron los godos; que los romanos no tenían por qué huir 13. Esta afirmación peregrina desatiende los datos que la documentación his­tórica nos proporciona: según vemos, desde un principio aparecen mezclados, entre los fugitivos repobladores del Noroeste peninsular, los nombres romanos con los godos. Pero sí es cierto que esa repoblación llevada a cabo por Alfonso I es la causa de la máxima acumulación de topónimos germánicos en Braga y Galicia (la repoblación de Odoario justamente) donde se juntan casi las dos terceras partes (el 73’5%) de los nombres germánicos de toda Es­paña 14 (aunque, dada la densidad extraordinaria de luga­res habitados en Galicia, esa acumulación debería ser estu­diada en comparación con la de topónimos romanos).

      Por esos mismos tiempos, hacia 760, se funda la capital asturiana en un lugar de nombre bárbaro, nunca oído de romanos ni visigodos, Ovę́tao, Oviedo, a ocho kilómetros al Sur de la antigua Lucus Asturum (hoy lugar de Lugo). Esta nueva capital del reino se erige en centro de la cristiandad hispana cuando las ciudades de tradición inme­morial, Toletum, Hispalis y Cesaraugusta, incorporadas al mundo islámico, no podían dirigir los destinos de la roma­nidad hispánica.

      Un siglo después de las campañas de Alfonso I, los te­rritorios que él depredó para obligar a los musulmanes en ellos instalados a replegarse al Sur de la Cordillera Cantá­brica empiezan a ser incorporados al reino asturiano.

      El más viejo fuero de población o carta puebla hoy co­nocido, el destinado a Brania Ossaria, nos proporciona un perfecto ejemplo de cómo se realizaba la colonización. El conde Nuño Núñez (tatarabuelo de Fernán González) pue­bla en 824 esta braña, esto es un lugar habitado ya, pero sólo discontinuamente durante los veranos por pastores trashumantes, haciendo de ella lugar de población («facimus populatione»), para lo cual trae cinco de sus hombres y concede tierras (cuyos linderos señala) a todos los que quieran venir a ella «ad populandum», con el incentivo adicional de eximirles de ciertos tributos y prestaciones personales. Esta carta puebla es el prototipo de todas las posteriores: para atraer nuevos habitantes a un lugar defi­cientemente poblado o, rara vez, a un lugar nunca pobla­do antes, se les otorgan algunos privilegios y se les acota un término municipal 15.

      En el caso de las ciudades, la acción del «repoblador» incluye la reparación de sus defensas, ya que la restaura­ción de ellas podía atraer y de hecho atraía a menudo al poderoso enemigo musulmán, dando lugar a que Córdoba organizara una expedición contra ellas. El rey asturiano Ordoño I (850-866) «repopulavit» varias de las viejas ciudades destruidas más de cien años antes por Alfonso I: León (856), Túy, Astorga 16 y Amaya (ésta, en 860, por in­termedio del conde Rodrigo, según los Anales castellanos), las rodeó de muros con altas torres en sus puertas y las llenó de gentes, parte de las suyas propias, parte venidas de tierras mozárabes («civitates ab antiquis desertas muris circumdedit, portas in altitudinem possit, populo partim ex suis, partim ex Spania advenientibus implevit») 17.

      Después, el gran rey Alfonso III (866-909) puebla y forta­lece su reino cuanto más pudo. En las regiones del Oeste, hacia el Atlántico, llega más al Sur, hasta cerca de Lisboa; hacia el Este, sólo llega al Duero, y en el extremo oriental, se queda mucho más al Norte. Esto obedece a que el dominio musulmán se apoyaba en el Mediterráneo y siempre procu­ró mayor arraigo en las regiones más orientales de la Penín­sula. Así Alfonso III puebla en Portugal Braga, Viseo, Lamego (867-875) y otros muchos lugares hasta el Tajo; en tierra de León puebla Sublancia y Cea, los Campos Góticos (esto es, Toro), Zamora (893) y Simancas (899)18; ya en Castilla se queda más al Norte, ordenando al conde Diego Rodríguez que pueble a Burgos y Ubierna (884)19 y a Cardeña (899). Este Diego, «comes in Castella» de 873 a 890, favorece en los primeros años de su condado al monasterio de San Félix de Oca (Villafranca de Montesdoca)20, prueba de que la región de Oca estaba habitada antes de las pueblas de 884; y esta­ba también habitado Castrogeriz, que el conde Nuño Núñez tuvo que abandonar militarmente en 882 por no estar bas­tante fortificado («nun erat adhuc strenue munitum») para poder resistir en él al ejército cordobés venido por el valle del Ebro arriba, pero, una vez fortificado convenientemente, pudo resistir en el siguiente año de 883 una nueva invasión musulmana 21.

      La debilitación del poder de Córdoba ocurrida en tiem­po de Alfonso III permitió a sus hijos desplazar la sede principal del reino asturiano a la meseta. García prefirió morar en Zamora, a orillas del Duero; y, casado con una castellana, dedicó en su breve reinado especial atención al fortalecimiento de las tierras del alto Duero, vía de acceso de los ejércitos cordobeses hacia la Tierra de Campos. Hizo que en 912 Nuño Núñez, Conde de Castilla Vieja, poblara Roa, Gonzalo Téllez Conde de Cerezo (entre La Bureba y Oca), Osma, y Gonzalo Fernández Conde de Burgos, Clunia (Coruña del Conde), Aza y San Esteban de Gormaz 22.

      Un siglo, o dos o tres, después de que Alfonso I «bellando cepit» y subsiguientemente desmanteló las ciudades de la cuenca del Duero, van reapareciendo todas con sus vie­jos nombres, sin que fuera preciso que al ser «pobladas» tuvieran que ser fundadas o reedificadas de nuevo. De las once ciudades episcopales entre ellas incluidas, Lugo, Túy, Braga, Viseo, Atorga, Salamanca, Amaya, Oca, Osma, Se­govia y Ávila, todas, salvo Amaya, que quedaría reducida a un pequeño municipio, recobraron su dignidad episcopal; sólo dejó de existir Oca. De los otros diecinueve lugares conquistados y abandonados, Porto, Chaves, Ledesma, Za­mora, León, Simancas, Saldaña, Sepúlveda, Arganza (la de Soria), Clunia (o Coruña del Conde), Mave, Velegia Alaben­se, Miranda (de Ebro), Revenga (al Este de Miranda), Car­bonera, Abeiga, Cenicero, Alesanco, Briones, sólo han des­aparecido Velegia 23, Revenga (pero su recuerdo perdura en un «vado de Revenga») y Abida; todos los otros subsisten, y, en su mayoría, conservaron una vida urbana ininterrum­pida. Además, en esas comarcas que se supone desertizadas, iremos progresivamente documentando, conforme los documentos de los primeros siglos posteriores a la invasión musulmana van haciéndose menos escasos, otros numero­sos centros urbanos que conservan sus nombres prerroma­nos o romanos: Coyança (Valencia de don Juan), Cea, Ca­rrión, Monzón, «Virovesca» (> Briviesca), «Segisamon» (> Sasamón), «Rauda» (> Roa), «Wormatiu» (> Gormaz), «Cau­ca» (> Coca), «Valeranica» (> Berlanga), Tricio, Nájera, «Lucronium» (> Logroño) ... e innumerables más 24.

      Las villas que a fines del siglo IX y comienzos del siglo X van recibiendo su «charta populationis» eran, antes de ser «pobladas», lugares bien conocidos y sin duda habitados. Como ha argumentado para Portugal Orlando Ribeiro, cuando los documentos hacen referencia a un «desertus et incultus locus», ello debe entenderse como una expresión retórica aplicada a un territorio sin señor, esto es, libre de una organización administrativa, pues la población rural, pese a todas las guerras, ruinas y cambios de dominadores, continúa siempre atada al suelo que trabaja 25. Los pastores y labriegos huyen de sus casas mientras los ejércitos depre­dadores destruyen y saquean, pero enseguida vuelven obs­tinadamente a su vida diaria de trabajo. Las ciudades y villas más castigadas quedan sin autoridades, sin vida urbana, ocupadas parcialmente por la maleza...; pero también por ocupantes procedentes del entorno rural que acuden a vivir entre sus ruinas a base de pequeños cultivos y de animales domésticos. Cuando regresan, tiempo después, las autorida­des administrativas emigradas o vienen a substituirlas otras diferentes, se producen repartos de las heredades, bien adu­ciendo viejos títulos y límites de propiedad o bien ignorán­dolos, según los casos y conveniencias 26.

      Es indudable que los lugares «poblados» entre la Cordi­llera Cantábrica y Montes de León y el Duero en esos si­glos de actividad repobladora no estaban deshabitados totalmente; pero es indudable también, según los textos históricos nos informan, que recibían gentes venidas de fuera. De ello nos da fe la toponimia.

      En la parte de Portugal continúa la abundancia de nom­bres personales germánicos, y es de suponer que romá­nicos también, aunque éstos no se han estudiado. En las tierras leonesas del Norte del Duero y en las castella­nas abundan los gentilicios modernos identificatorios de colectividades que emigraban conjuntamente para fundar pueblos nuevos. Por orden de mayor abundancia y difusión los emigrantes eran: gallegos 27 (Galicia era ya la fábrica de hombres, la «officina gentium», de siempre), castellanos 28 (de la Castilla Vieja primitiva, al Norte del Ebro 29), váscones 30, mozárabes 31, asturianos 32 y bercianos 33.

      Los emigrantes mozárabes vienen casi todos de la región de Toledo. Lugares llamados Toldanos en León y Zamora (hoy despoblados), Toldaos en Lugo (8). De Madrid provie­nen los fundadores de Madridanos en Zamora. De Coria los de Coreses en Zamora. En Palencia existió una villa de Cor­dobeses. En otros casos no se especifica la procedencia: Mozárvez y Huerta de Mozarvitos en Salamanca, Mozarves en Palencia 34.

      Estos topónimos gentilicios en su gran mayoría deben de pertenecer a las pueblas del siglo IX. Nos lo comprueban algunos documentos entre los rarísimos que de ese siglo se conservan, y otros inmediatamente posteriores.

      Una sentencia de 878 en un pleito sobre heredades de Astorga se refiere a la puebla del rey Ordoño I (a partir de 856): «Quando populus de Bergido cum illorum comite Gaton exierunt pro Astorica populare 35»; ello nos eviden­cia que los lugares llamados Bercianos en León y muy pro­bablemente también los de Zamora son muestras de la muy activa participación que las gentes del Bierzo tuvieron en la restauración del Occidente leonés. A las pueblas de Or­doño I corresponden también los lugares Gallegos y Galleguillos de León, mencionados respectivamente en documen­tos de 976 y 916, la Villa Castellana, citada en documento de 976, los dos Castellanos, de León y Palencia, que figu­ran en documentos de 1069 y 1074, los Toletanos-Toldanos, documentados en 916 y 991 y los Toldaos de Lugo 36.

      En la segunda mitad del siglo IX, Alfonso III puebla la región de Zamora, y de ese tiempo deben de proceder los lugares llamados Gallegos, Castellanos, Asturianos (éste docu­mentado ya en 977), Navianos, Caurienses o Corenses (este último citado en 987). En los años 883-885 Alfonso III fortifica Castrogeriz y manda poblar Burgos y Ubierna. De entonces data el Castellanos de Castro, llamado Castellanos in alhoze de Castro (esto es, del alfoz de Castrogeriz) en docu­mento de 1085, y lo mismo el Castellanos de Bureba, docu­mentado en 1011 37. A diferencia de lo ocurrido en la lla­nura leonesa, a las tierras del que luego constituiría el gran condado castellano no vinieron gentes de territorios leja­nos: no hay gentilicios referentes a gallegos, a asturianos, a bercianos, ni tampoco a mozárabes. Aparte de los repo­bladores procedentes de la Castilla Vieja, sólo formaron comunidades en la región burgalesa y en Álava (parte del condado castellano) los repobladores váscones: Un Báscones sobre el río Flumencello - Omecillo en Álava es menciona­do en 949 38; otro Váscones mencionado en el Fuero de Palenzuela 39 de 1074, es hoy existente; Basconcillos, quizá el de Muñó, se documenta en 1070 40; Bascuñuelos, en Villarcayo, es Basconiolos en 1045 41; Basquiñuelas, en Álava, es Basconguelas (con grafía -ng- con valor de ñ) en documento de 1025 y Vascuñuelas en documento de 1257 42. Conocemos los nombres de los vecinos de Villabáscones sobre el Arlanzón (que existió cerca de Burgos) en 950 y 956 43 y muchos son extraños a los usados en los demás documentos de Casti­lla: Galvarra 44, Soliz, Gazo, Laztago, Galopenzar, Alhardia; otros llevan nombres muy usados en Navarra y Aragón, pero que en Castilla sólo se empiezan a introducir después del casamiento de Alfonso III con una infanta vascona, Jimena, hacia 869, y del bautizo de su hijo primogénito, García, nombre váscono desusado antes en Occidente: tres «Scemeno Scemones» (Xemeno Xemenones), tres García, tres Fortún, varios Galindo y un «Enneco». Vemos, gracias a este testimonio, que los emigrantes váscones a Castilla procedían de Navarra y de Aragón (y no de Guipúzcoa o Vizcaya)45.

      Estas gentes pobladoras, de lengua dispar, que acuden a disfrutar de los repartos de tierras y de los privilegios con­cedidos a quienes se asienten en los territorios incorpora­dos al reino, debieron, en general, de acomodarse con el tiempo a los hábitos lingüísticos comarcales, aunque, nece­sariamente, influyeran en favor de una mayor homogeneización lingüística, según muestra la desaparición en la meseta de la extrema variedad dialectal subsistente hasta hoy en Asturias; en territorio castellano, el bilingüismo de los enclaves váscones no debió de perdurar por varias ge­neraciones.

      En contraste con esta potencia expansiva y colonizadora del Oeste, el Levante no muestra ninguna actividad com­parable. En las comarcas pirenaicas no hay movimientos expansivos de población de Norte a Sur, sino sólo retrai­miento de Sur a Norte. En la Cataluña vella se advierte cierta acumulación de topónimos formados con nombres germánicos de persona, aunque mucho menor que en el Occidente: en la provincia de Gerona hay unos 20, y en Barcelona 5 (en Asturias más de 40 46, en Coruña más de 350). Es que en general los emigrantes no afluyen hacia la nueva Marca, sino al Norte de los Pirineos, a la Septimania, notablemente despoblada debido a las anteriores incursiones árabes. En 816 los documentos carolingios nos hablan de «hispani» refugiados en Carcasona, en Narbona y en el Rosellón. Los del Rosellón fueron los más, hasta el punto de que ellos impusieron allí su lengua de la Ta­rraconense a la población indígena. Por esto el catalán hoy hablado en el Rosellón, como lengua importada en masa y de golpe, linda con los dialectos languedocianos en un haz de límites fonéticos, coincidentes todos en una misma línea fronteriza, al revés de los dialectos de desarrollo se­dentario cuyos diversos rasgos fonéticos no coinciden en ex­tensión unos con otros, teniendo cada uno un límite dife­rente 47. La acción reconquistadora tuvo así que ejercerse en el Oriente peninsular desde el reino franco. Carlomagno, interesado en formar en Hispania una Marca o fronte­ra contra los árabes, es quien conquista Gerona (785) y Barcelona (801) y quien trata de alejarles de los pasos del Pirineo occidental. La más temprana actividad coloni­zadora de gallegos, asturianos, castellanos y váscones es la que funda la hegemonía lingüística del leonés y el caste­llano en estos oscuros siglos en que el reino navarro y los aragoneses y tarraconenses aún no muestran fuerza ningu­na expansiva, permaneciendo arrinconados en los valles pirenaicos.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

5  Crónica de Alfonso III, edic. Z. García Villada, pp. 116 y 69.

6  Cfr. Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 462 (ed. 1950; p. 441). El principal defensor moderno de una despoblación efecti­va y total es Sánchez Albornoz (España un enigma, II, 1956, pp. 23-28); pero los argumentos que emplea sólo pueden apoyar un con­vencimiento ya preexistente. Yo, en los Docs, lingüísticos. Castilla (1919), me dejé alguna vez llevar (pp. 312 y 335) a la idea de la escasez de la población primitiva en el caso de la reconquista de Segovia y de Sigüenza; pero, respecto a la región leonesa, aunque conceda influjo a los inmigrantes, supongo en Orígenes (1926; 1950) que la base lingüística la constituye el dialecto indígena leonés (§ 945) y relaciono el latín popular leonés con el uso visigótico y merovingio (§ 952) que ocurrió en una Francia no despoblada.

7  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hispánica, I (1960), pp. XXIX-XXXI.

8  Lo mismo que en las regiones hoy españolas del antiguo reino astur-leonés ocurre en las portuguesas, donde Povoa, Povoação, Povoações son topónimos repetidísimos. Pero estos derivados de populare no son exclusivos del reino de Asturias; se hallan también en Aragón (donde también son más abundantes en el Norte) y en Cataluña. Frente a esta abundancia, observamos que en Francia y en Italia no hay prácticamente equivalentes de Pue­bla, Pobla, Pola, Povoa. Se trata de la más llamativa peculiaridad hispánica en la toponimia de origen románico, surgida especial­mente como resultado de los primeros siglos de reorganización de la Hispania cristiana tras la invasión musulmana.

Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales» (1960), pp. XXXI-XXXII.

10  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales» (1960), p. XXXIII. La fecha, para mayor garantía, figura en el documento escrita con palabras y no con números romanos. El intento de retrasar la fundación a tiempos de Fruela II (cfr. Serrano, Cart. de S. Millán, 1930, p. XXI, y fray J. Pérez de Urbel, Historia del Conda­do de Castilla,  1945, pp. 94-95, n. 5 y 1036) no está justificado.

11  Esp. Sagr., XL, 354 y 365. A Marco, sobrino suyo, le entrega una villa a que llamaron Villamarce Lugo; otras villas da a Macedonio y a Sendo (nótese, el primero nombre greco-romano y el segundo germánico, cfr. Sindo, Förstemann, Altdeutsch. Namen., I, 1900, col. 1340), que de los repobladores reciben el nombre de Villa Macedoni (Macedo Lugo, Macedo varios en Galicia y Portugal, Maceda también), Villa Sendoni (Sendón Coruña). La expresión «ex Africa» entiéndase igual a «de partibus Hispaniae» (Esp. Sagr., XL, pp. 353 y 102 b), esto es, «de tierra de moros», documentos de los años 745, 760. Véase J.J. Nunes, «O elemento germânico no onomástico portugués», en Homenaje Menéndez Pidal, II, 1925, p. 577. Sobre la autenticidad de los documentos de Odoario, véase Sánchez Albor­noz en Anuario de Historia del Derecho Español, II, 1925.

12  Así sugiere Meyer-Lübke, Rom. Namenstudien, II, 1917, p. 55 (en Sitzungsber. Akad.  Wien, CLXXXIV).

13  E. Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, p. 137. Igual en Romania Germ.

14 De los 2.400 topónimos germanos estudiados por Sachs, el 73,5 % se amontonan en Galicia y Braga (Entre Douro e Minho). Me atengo a la enumeración de Sachs, en cuyo trabajo, como todos los de este género por cuidados que sean, puede decirse aquello de que «ni son todos los que están (habría que excluir Santianes, p. 86, y Álvaro, p. 27; Trastamar, p. 97: véase aquí atrás, Parte IIa, cap. III, § 10 y Parte Ia, cap. I, § 2) ni están todos los que son (añádase Maurila: véase aquí atrás Parte IIIa, cap. I, § 4, y Sendo).

15  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales», en Enc. Ling. Hisp., I (1960), pp. XXXIV-XXXV.

16  Astorga tenía obispo en 842, 850, etc. (Esp. Sagr., XVI, p. 10); pero estos obispos podían residir habitualmente en la corte, lejos de su sede, si ésta no era lugar seguro.

17  Crón. de Alfonso III, ed. García Villada, 1918, pp. 127 y 80. Las fechas de 856 y de 860 las dan los Anales castellanos.

18  Según Sampiro, ed. Pérez de Urbel, pp. 276, 281 y 305.

19  Anales compostelanos y Cronicón burgense y Cartul. de San Millán, p.  12. Los Anales castellanos primeros y los segundos dan la fecha 882.

20  Cart. de San Millán, pp. 10, 12, 17. Para la fecha, Pérez de Urbel, Hist, del Condado de Cast,  1945, I, pp. 234-236 y 1063-1066.

21  Epítome ovetense de 883 (mal llamado Crónica albeldense), en Esp. Sagr., XIII, pp. 457 y 460. Castrogeriz sólo recibirá fuero del Con­de Garci Fernández en 974 (Muñoz, Colección de Fueros, 1857, p. 37).

22  Menéndez Pidal, Docs, lingüísticos. Castilla,  1919, p. 5.

23  Velegia tenía obispo, Álvaro, según el Epítome ovetense (lla­mado Crónica Albeldense) hacia 880 (Esp. Sagr. XXVI, pp. 45-48); pero no figura entre las sedes episcopales que enumera Simonet, Hist. de los mozárabes, pp. 808 ss.

24  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales» (1960), pp. XXXII-XXXIII.

25  O. Ribeiro, en el tomo dedicado a Portugal en M. de Terán, Geografía de España y Portugal, V, 1955, pp. 79-91.

26  Cfr. P. David, Études hist, sur la Galice et le Port.  (1947), pp. 171-172.

27  Gallegos,  Galleguillos,  Valdegallegos,  en León; múltiples en Portugal. Es de notar que hay también topónimos Gallegos, Galegos en Asturias (4), Lugo (6) y Coruña (1); el occidente asturiano y el oriente lucense eran zonas poco pobladas que recibirían emigrantes de la Gallecia Bracarense en los primeros siglos del rei­no asturiano.

28  Castellanos, Castellanitos, Castellans, Castelhanos, son pueblos que no sólo se dan en Portugal, Galicia, León y Zamora, sino en Valladolid, Palencia e incluso Burgos. También hay Meneses en los Campos Góticos y Menezes (3) en Portugal, sin duda de poblado­res procedentes del Valle de Mena, al Norte de la Castilla primi­tiva; el topónimo Coruñeses en Valladolid procederá de gentes de Coruña del Conde (la antigua Clunia) en tierras meridionales del gran condado de Castilla.

29  Lindante al Oeste con Campoo (Reinosa), al Sur con la Bureba (Briviesca, Pancorbo), al Este con Álava y al Norte con las Asturias de Santillana, Soba, Mena y Vizcaya. Era región des­provista de centros urbanos (que quedan más al Sur); sin duda superpoblada.

30  Pueblos llamados Báscones (con el acento antiguo correcto) hay en Burgos (4), en Soria (1), en Palencia (3), Bascuñuelos, Bascuñana; Villabáscones (2) en Burgos. También hay Báscones en Asturias (2), Bascois en Orense, Bascós en Lugo, Vascões en Viana, Bascoy en Coruña, Bascoas en Lugo, Vasconcellos en Braga. Al lado de éstos, sólo hay un Vizcaínos en Salas de los Infantes (Burgos). Los váscones del reino de Pamplona sólo aparecen en la toponimia con su nombre de posterior difusión (Naharros, Narros, Narrillos, Nafarros) en tierras de más tardía repoblación (Soria, Segovia, Ávila, Salamanca, Lisboa, Beja).

31  Véase n. 34.

32  Los topónimos Asturianos, Astureses, Esturãos (ant. Asturanos, Asturaos), no rebasan los territorios occidentales: Zamora, Orense, Vila Real y Braga. Se singularizan, a su lado, los colonos de Navia que dan nombre a dos topónimos Navianos en León y Zamora.

33  Emigrantes del Bierzo, tras las Montañas de León, dieron nombre a varios Bercianos en León (2) y Zamora (3) sin exten­derse más lejos.

34  Menéndez Pidal, «Dos problemas previos» (1960), pp. XLII-XLIV. En apoyo de la razón de ser de estos lugares Toldanos re­cuérdese que las murallas de Zamora fueron costeadas por un rico mozárabe de Toledo y que los constructores de ellas fueron toledanos.

35  Esp. Sagr, XVI, p. 425.

36  Para todas estas fechas, véase Orígenes del esp., § 92, y el Fuero de Palenzuela de 1074 (en Muñoz, Colecc. de fueros, 1847, p. 274).

37  García Serrano, Cart. de Burgos, III (1936), pp. 66 y 68 y J. del Álamo, Colecc. dipl. de Oña (1950), p. 13, respectivamente.

38  García Serrano, Cart, de San Millán (1930), p. 56, comp. 218.

39  López Mata, Geogr. del Condado de Cast.,  1957, p. 129, n. 2.

40  García Serrano, Becerro got. de Cardeña (1910), p. 217.

41  Del Álamo, Colecc. dipl. de Oña (1950), p. 57.

42  García Serrano, Cart. de San Millán (1930), p. 105, y F. Baráibar, «Toponimia Alavesa», Ateneo, jun.  1910, p. 8.

43  García Serrano, Becerro got. de Cardeña (1910), does. XLII, p. 50, y XLIV, p. 67.

44  En Navarra existe un pueblecito llamado Galbarra.

45  Menéndez Pidal, «Dos problemas iniciales» (1960), pp. XL-XLVI.

46  Excluyo los 15 Santianes que Sachs incluye indebidamente.

47 Véase adelante, cap. IX, § 8. H. Morf sentó bien que el ca­talán en Galia ofrece la apariencia de un cuerpo extraño; lo con­firma B. Schädel. Véase la «Synthetische Hauptkarte» que publi­ca K. Salow, Sprachgeographische Untersuchungen über den ötslischen Teil des Katalanisch-languedokischen Grenzgebietes, 1912; en esa car­ta, los 12 límites representados van todos en una línea unidos. A. Griera, aunque señala 72 criterios diferenciales entre catalán y languedociano, saca conclusión contraria a lo que ese hecho indica (véase A. Alonso, en RFE, XIII, 1926, p. 38). No se ex­cluye que ya desde antes del siglo IX hubiese emigración de la Tarraconense al Rosellón como sospecha P. Aebischer (en el Butll. Dial. Cat., XIX, 1932, pp. 17-18) fundado en la familia Perperna, a quien debe su nombre el fundus Perpinianus > Perpiñán.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

*   67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra D, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA. III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

      La cultura espiritual de los cristianos españoles sólo se salvó independiente en las montañas cantábricas y pirenai­cas, en las regiones más atrasadas, donde no había ningu­na gran ciudad antigua, ni tradición alguna de actividad intelectual. Cuando en 785 1 un monje enriscado en los Picos de Europa, Beato de Liébana, rompe el eterno mutismo literario del clero astur para impugnar la doctrina adopcionista del metropolitano de Toledo 2, Elipando, éste le escucha con estupor y sorna: «¿Quién ha visto jamás que los indoctos de la Liébana den lecciones a la sabia Tole­do?». Pero ese metropolitano mozárabe era por desdicha un herético, esto es, un miembro amputado de la catolicidad, mientras Beato formaba parte del renacimiento occidental impulsado por Alcuino y Carlomagno. Ahora los «indoctos lebaniegos», indocti Lebanenses que decía Elipando, los astures, cántabros, gallegos y vascones, los que Estrabón había reputado como pueblos más bárbaros de la Península, los más tardíamente sometidos al imperio romano y al visigo­do, son los que, al emprender la reconquista de la España mozárabe, asumieron la misión de salvar la romanidad amenazada; y la asumieron con plena conciencia de su to­tal misión, pues las primitivas crónicas asturianas anuncian ya en el siglo IX el pensamiento de la completa recupera­ción de España, ya prevén la propagación de la reconquis­ta hasta el extremo Sur de la Península.

      Así, las ondas lingüísticas principales que en la edad ro­mana seguían una dirección de Este a Oeste, y que se re­fractaron en la época visigoda de Sur a Norte, sufren aho­ra una reflexión total de Norte a Sur.

      En este nuevo estado de cosas 3, la condición de «indoctos lebaniegos», aplicable a los reconquistadores, no ha sido apre­ciada por los que pretenden hallar en la fecha inicial de la romanización la circunstancia decisiva para caracterizar cada romance, y estiman la lengua española como esencial reflejo del latín arcaizante primeramente implantado en el Levan­te y en la Bética 4. Tal manera de ver podría haber sido acep­table a no haber mediado la invasión musulmana, si la Béti­ca hubiera dirigido la creación de la lengua literaria moderna. Pero ésta recibió su impulso nuevo desde la Liébana y demás montañas asturianas, desde la Castilla vecina a los vascones nunca romanizados, desde regiones abrumadas por una guerra incesante y desigual contra el floreciente califato de Córdoba, esto es, de la Bética. La lengua española se modeló así principalmente entre pueblos romanizados tarde y retrasados en su cultura; no tuvo comienzos tan adversos como la lengua rumana, pero sí más desfavorables que los que tuvieron sus grandes hermanas el francés y el italiano.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

1  Menéndez Pidal, «La cultura de la Edad Media española», en Hist, de la Nación Argentina, II, 1937, pp.  136-137.

2  Esp. Sagr., V, pp» 338, 536. Menéndez Pelayo, Historia de los heterodoxos españoles, II, 1917, p. 285.

3  Menéndez Pidal, «Algunos caracteres primordiales de la lite­ratura española», Bull. Hisp., XX, 1918, pp. 207 ss.

4  Véase atrás, Parte IIa, cap. III, § 2 y 4.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra E, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      Los nombres mozárabes pueden estar alterados por la prosodia árabe. Así, el castillo que el Poema de Mio Cid lla­ma Peña Cadiella ’peña cachorra’ < catĕlla, se llama Pennacatel en la Historia Roderici, h. 1110, con pérdida de la a final, sin duda por influjo árabe, influjo que luego operó para dar al nombre una falsa estructura árabe, Benicadell 101.

      Otras muchas alteraciones sufren ahora los topónimos an­tiguos al pasar a una lengua tan extraña como el árabe. Hay que tener en cuenta sobre todo el vocalismo extremamen­te impreciso de esa lengua semítica, la inflexión llamada «imela», o sea, cambio de a en e o en i, la carencia de p y su sustitución por b, la reducción del grupo st > ç o z; aparte de cambios extravagantes inexplicados. Así Hispali se pronuncia por los árabes Išbilīya > Sevilla102, Olisipone > Lušbona > Lisbo(n)a; Basti > Basta > Baza; Astigi > Écija; Castella > Castalla y Cacella 103, Castra Caecilia > Caçréç (en Pedro de Alcalá)104, cambiado el acento por asimilación al plural de «alcázar», Cáceres; Caesaraugusta > Saraqusta > Çaragoça; Ilerda > Lārida > Lérida; Murgī > al-Marīya 105 > Almería. La C o G latinas pasan a la africada ž o (cuasi dj francesa; exceptuando Lucentum > Alicante) y luego a j castella­na: Pace > Beja, Tagus > Tajo; Turgalium > Trujillo; Urganone > Arjona; y esto nos lleva a la desconoci­da etimología de Jaén < Ŷaiyān (Jayīn, en Pedro de Alcalá) 106 que sin duda viene de una villa Caiāna, Gaiāna o Gaiena, de cierto Caius o Gaius 107, uno de tantos nombres como Sabiñán o Lupiñén 108.

      El puerto donde Tárif desembarcó para invadir a Espa­ña fue llamado Tarifa, pero muy antiguos escritores árabes (Ajbar Madjmua y Arib) dicen que se llamaba Andáluç, en memoria de los vándalos. Y, en efecto, sabemos que los vándalos se embarcaron allí en 429 para conquistar su rei­no en el África. También, según el Arzobispo don Rodrigo de Toledo, se llamaba Vandalia a toda la Bética por haber­la ocupado los vándalos. Un nombre como *Vandalicia apli­cado al puerto o a la Bética fue extendido por los árabes a todo el territorio que conquistaron hasta Narbona, llamán­dolo Andáluç, nombre que luego, según avanzó la reconquis­ta, se fue restringiendo, y los cristianos no lo usaron sino tarde, cuando los musulmanes no dominaban sino la An­dalucía actual 109.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

101  Véase Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, II, p. 789, y España del Cid, p. 786.

102  Véase atrás, Parte Ia, cap. II , § 4 (p. 29).

103  Véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 167 (ed. 1950, p.  151), bien corregido por Steiger, Contribución (1932), p. 330.

104  Steiger, Contribución, pp. 211 y 331.

105  Steiger, Contribución, p. 304.

106  Steiger, Contribución, p. 304.

107  La forma inscripcional rara Gaiēna, con las otras, se ha­lla en el Onomasticon de De Vit. Compárese Gaen ’acequia’ en Teruel; Gayán Lugo, Gayão varios en el Norte de Portugal, Gayanes Alicante. Seybold en la Encyclop. del Islam, rechaza con razón la etimología de Jaén de Ucia > *Uciense, propuesta por Dozy.

108  De que hablamos en la Parte IIa, A, cap. I, § 2.

109  Véase R. Dozy, Recherches, I, pp. 301-303, completado con el texto de Rodericus Toletanus, Historia Hugnorum, Vandalorum et Suevorum, Alanorum et Silingorum, cap. VI: «que regio a Silinguis Wandalis adhuc hodie Wandalia nuncupatur, quam Andaluziam corrupto uocabulo uulgariter appellamus».

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

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65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

6. TOPONIMIA MOZÁRABE. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      La abundante toponimia árabe del suelo de España no es más que una pequeña parte de la toponimia total de los te­rritorios ocupados por los musulmanes; es un superestrato por bajo del cual continuó viviendo en boca de los hablan­tes en aljamía toda la toponimia primitiva y romana. Esto lo indica mejor que nada la conservación de nombres cristianos como Santa María, que usan los autores árabes para designar las ciudades de Albarracín en Teruel y de Faro en el Algarbe 97; Santaver Cuenca, antiguo Santa Veria, llamado también así por los musulmanes a pesar de ser el solar de los reyes moros de Toledo 98; y así otros nombres antiguos a juzgar por su forma de vocativo o genitivo como Santiponce Sevilla, o por sernos desconocidos en el santoral corriente como Santaella en Sevilla, Santomera en Murcia, Santamera Guadalaja­ra, mencionado en la Crónica Seminense mal llamada Silense; o por conservar iglesia mozárabe como San Cebrián de Mazote Valladolid; Saelices Cuenca, Guadalajara, Madrid99, o por ofrecer imela San Medir 100 Granada ’san Emeterio’.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

97  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, I, pp. 67-68.

98  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid, III, p. 44019; España del Cid, p. 82.

99  Véase atrás, cap. III, § 10.

100  Oliver Asín, Iniciación Hist. Leng. Esp., p. 22, sin explicar.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

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64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

5. TOPONIMIA ÁRABE. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      El límite de la reconquista hacia 1050 nos marca el lími­te norte de la mayor influencia árabe, revelada por la mayor abundancia de topónimos árabes al Sur de esa línea fron­tera.

      Esa mayor abundancia podríamos representarla por la existencia de hidrónimos formados con wad ’río’, que en general sonó guad, pero en el Suroeste fue od (Odiel y Odivarga en Huelva, Odeleite, Odemira, etc. en Portugal) y con rambla ’arenal o lecho de río en seco’, y su extensión más septentrional vendrían a marcarla el Odivelas del distrito de Lisboa, Guadalupe de Cáceres ’río del lobo’ o ’de Lope’ (comp. Guadiloba Cáceres, Guadalobón Málaga); Guadarrama Madrid < Wādi-rambla ’río de arena’; Guadalajara < Wādi-al-hadžara ’río de piedras’83; Guadalope Teruel, como el citado Guadalupe; Guadasepe y Guatizalema en Hues­ca; rambla en Tarragona (muy usado como apelativo en todo el Levante).

      Al Sur de esos nombres se encuentran multitud de se­mejantes: Guadalerza Toledo, Guadalaviar Valencia < Wādi-al-abiad ’río blanco’, Guadalquivir ’río grande’, Guadiana ’río Ana’, Guadix (antiguo Guadiex) Granada, ’río Acci’ 84, Guadalete Cádiz, Guadarromán (Wādi rommān) Córdo­ba, ’río de las granadas’, etc. Estos ríos Guad- son abundan­tes sobre todo en Córdoba, Málaga y Jaén.

      También indican mayor arabismo los topónimos forma­dos con el plural beni ’hijos de...’, que designa familia o tribu allí establecida, revelando una fuerte colonización musulmana. Estos nombres se extienden por la costa de Levante desde Tarragona hasta Granada 85, abundando es­pecialmente en las tres provincias valencianas y en Mallor­ca: Benicasim ’hijos de Cásim’; Benibrahim, Beniatjar, Benihumeya... Claro es que la familia podía ser muladí o española según parecen indicarlo nombres como Benilloba, Benillup, Benicarló, Beniferri; aun en territorio leonés la noble fami­lia de los condes de Carrión adoptó el nombre que los historiadores árabes le daban desde el siglo X, llamándose Vani-Gómez, denominación usada en el poema de Mio Cid 86 y otra gran familia leonesa se llamó Vane-Vidas, los hijos de Vidas, luego Vanavides, hoy Benavides 87.

      El singular aben y ben ’hijo de...’, aludiendo a un propie­tario, es más usado en la toponimia pues se extiende a todo el centro y al Oeste: Abenozas Huesca, Abenójar Ciudad Real, Abenzuete Almería, Albarracín (< Aben Razín, reyezuelo de taifas del siglo XI) Teruel, Benaocaz Cádiz, Benalúa Grana­da, Benamejí (Benamegil en la Crónica de Alfonso XI, de la tri­bu beréber de los Meghila 88) Córdoba, Benlupe o Abenlupe Albacete, Benamahoma Cádiz.

      Nótese la variedad de formas en el apelativo ŷabal ’mon­te’: en Gibraleón Huelva, ’monte de las fuentes’; Gibraltar Cádiz ’monte de Tárik’ (donde desembarcó Tárik, primer invasor de España); Gibralfaro Málaga ’monte del faro’; Jabalquinto Jaén ’monte de Quinto’’; Jabalambre Teruel; Javaloyes Valencia. Se observan asimismo variantes dialectales en Almudefar Tarragona, Almudévar Huesca. Almodóvar Cádiz, Ciudad Real, Cuenca, Sevilla, de al-mudawwar ’el redondo’. Tam­bién   ḥiṣn ’fortaleza’, da ora Iznalloz Granada ’fortaleza del almendro’ (ḥiṣn - al -lawz); Iznatoraf Jaén ’fortaleza de los límites’ 89; Iznájar Córdoba, o bien Aznalcázar Sevilla, ’fortale­za del castillo’ 90; Aznalfarache Sevilla. La ’isla’, ŷazīra, da Algeciras Cádiz, Alcira Valencia, Aljazura, Aljezur en Portugal.

      Deben notarse variantes morfológicas de un mismo nom­bre. Del latín castrum formó el árabe qaṣr, de donde Alcázar Granada, Cuenca, Ciudad Real, Alcácer Valencia, Por­tugal; el dual árabe es Alcazarén Valladolid, Salamanca; y el diminutivo al-quṣayr 91 es Alcocer Guadalajara, Alicante, Al­cocero Burgos ’el castillejo’. El ’castillo’ da en árabe qalcat de donde Alcalá Madrid, Sevilla, Huelva, Huesca, etc., y Calatorao Zaragoza ’castillo del polvo’ 92, Calatayud Zaragoza, antiguo Calatayub ’castillo de Ayub’, Calatrava Ciudad Real, ’castillo de provecho’93, Calatañazor 94; el dual es Alcalatén Castellón. De Almada Portugal ’la mina’, el plural es Alma­dén Ciudad Real, Sevilla < al-mada′in 95. De Alcántara Cáceres, Cádiz, Valencia, ’el puente’; el plural es Alconetar Cáceres, el gran puente sobre la calzada de la Plata o de Quinea, la legendaria Puente de Mantible 96. De Alcarria o Alquería el plural es Alcora Castellón.

      Otros varios nombres: Albacete de al- basit  ’el llano’; Alhambra Granada, Ciudad Real, Alfambra Teruel, ’la roja’; Alhama Zaragoza, Soria, Murcia, Granada, ’fuente termal’ Tra­falgar de tarf-al-agar; Albaida Córdoba, Valencia, Albelda Logroño, ’la blanca’.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

83  Véase atrás, Parte Ia, cap. II, § 3 y 9 y n. 117.

84  Con imela. Véase adelante, § 7.

85  O hasta Málaga, según J. Oliver Asín, Iniciación al estudio de la Historia de la Lengua Española,  1939, 3a ed., p. 34.

86  Menéndez Pidal, Cantar de Mio Cid., I, p. 2483.

87  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 536 (ed. 1950, p. 509).

88  Dozy, Recherches, I3, p. 326.

89  Oliver Asín, Iniciación Hist. Leng. Esp., p. 34.

90  Steiger, Contribución, p. 254.

91  Steiger, Contribución, p. 371.

92  Oliver Asín, Iniciación Hist. Leng. Esp., p. 35.

93  Oliver Asín, Iniciación Hist. Leng. Esp., p. 35.

94  Véase atrás, Parte 1a, cap. II, § 9.

95  Steiger, Contribución, p. 247.

96  Tiene 13 arcos y 300 varas de largo, mientras el puente de Alcántara en la misma provincia de Cáceres tiene 6 arcos y 220 varas de largo. Por eso no puede interpretarse Alconetar como di­minutivo al-qunaytra, que da en» portugués Alcoentre en el dis­trito de Lisboa. En la frontera de Egipto y Palestina está el lugar al-Qanātir que, a pesar del plural, sólo tiene un puente.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra H, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      Aunque la aljamía o lengua romance de al-Andalus (que impropiamente, según hemos visto, suele identificarse con la designación de «mozárabe» o «dialectos mozárabes») no nos ha dejado texto alguno anterior al siglo XI, los cantarcillos de las jardyas conservadas, incorporados a poemas árabes o hebraicos, son la mejor muestra que tenemos de cómo se expresaban los hablantes cristianos y musulmanes en los siglos de bilingüismo románico-arábigo. Como era de esperar en una sociedad esencialmente bilingüe, la len­gua de esas cancioncillas, sin duda entonadas tanto por cristianos como por musulmanes, se ve mezclada de mu­chos arabismos. Por otra parte, es de un gran arcaísmo y remonta a una situación lingüística que revela una notable unidad en el romance peninsular, ya que no se manifies­tan diferencias dialectales apreciables cuando las utilizan en sus muwaššahas poetas de las más diversas regiones de la España musulmana; esa homogeneidad lingüística parece heredada de los tiempos visigóticos.

      Es preciso advertir la dificultad que hay en lograr una lectura precisa de los textos conservados. Por lo pronto, la escritura propia de las lenguas semíticas, tanto hebrea como árabe, se presta muy mal para transcribir las lenguas indo­europeas, ya que no suele escribir más que los sonidos con­sonanticos, y, cuando quiere añadir alguna vocal, la nota­ción es muy incierta, pues los signos disponibles no distinguían con precisión los diversos matices vocálicos. Agréguese a esto que cuando el copista que reprodujo el texto no era de al-Andalus, no entendía lo que la jardya decía y substituía fácilmente unas letras por otras dejando las palabras difícilmente reconocibles.

      El español de estos textos literarios es una lengua roman­ce mucho más arcaica o próxima a sus orígenes que la de los más viejos textos literarios conservados en escritura la­tina en el Norte cristiano de la Península y, desde luego, muy anterior a la hegemonía del castellano, con cuyos ca­racteres peculiares para nada coincide: la sílaba ge- inicial conserva la consonante, yermaniellas ’hermanitas’; el grupo / + yod es ly (no j), filyo, «flywl ’lynw» ’hijuelo ajeno’ (que puede leerse con o sin diptongo: -ue-, -uo-, -o-), «wlywš» ’ojos’ (en que ocurre lo mismo); el verbo ’ser’ hace el pre­sente Tú yes, Él yed (frente al castellano Tú eres, Él es).

      Gracias a la rima, podemos fijar las vocales de la perso­na Yo del Futuro en vivréyu («bbr’yw») y en vivráyu («bbr’yw»), fara ŷ[u] («fry»), morráyu («mrryw»), faréyu, con conservación de la terminación -ayu, -eyu < habeo (el ver­bo auxiliar latino)40.

      La -t final de la persona Él en los verbos se conserva siempre, sonorizada en -d: tornarád, sanarád, vernád ’vendrá’, éxed ’exe, sale’ 41. También se conserva la -d en la preposi­ción ad.

      La vocal final -e, según nos aseguran las rimas, aparece conservada en mále sustantivo y en demandáre (que en la cancioncilla romance son asonantes entre sí y en la muwaš­šaha generan rimas en -li y -ari respectivamente); faŷe ’faz, rostro’, amore, dormiré, volare son mucho más frecuentes que las formas con apócope de la -e, que también ocurren.

      La -o final se apocopa en proclisis: com, cuand y cuan, y se pronunciaba como -u en las formas plenas: senu, alyenu, fermosu, morrayu, etc.

      El caso régimen del posesivo de primera persona es «de mibi» «a mibi» y el de la segunda «de tibe», «a tibe».

      Entre las muchas dificultades que ofrece la lectura de los jardya, la mayor es la atañente a las vocales breves latinas, ya que las grafías de los manuscritos pueden interpretarse muy variamente: si ’cuando’ se halla transcrito «kwnd» y «qwn»; cómo vocalizar «twlgš»? ¿tolgas, tuolgas, tuelgas?, ¿y «wlywš» ’ojos’? ¿olyos, uolyos, uelyos?, ¿y «mw», «myw» ’mío’? ¿meu, mio, mieo? ¿y «sdylh»? ¿Cidello, Cidyelo? Sólo el dipton­go inicial es seguro «y’d», yed ’es’ y ello nos basta para in­clinarnos a defender otras lecturas con diptongación.

      Otra dificultad importante es el empleo del a (cóncavo-velarizado) tanto para la sorda como para la sonora, lo cual hace posible leer «ṭοṭο» como todo o «faz de maṭrana» ’cara de aurora’ como «faz de madrana».

      El vocabulario ofrece también grandes arcaísmos: yana ’puerta’ 42 de janua, voz que sólo ha dejado derivados en Cerdeña y en Calabria, ha desaparecido en todas las len­guas hispánicas después de haber producido el diminutivo janela ’ventana’ en portugués; la expresión «cuell albo» usa­da por una joven al interpelar a su madre 43 nos muestra que el adjetivo «albo» aún no es un cultismo44, sino una voz conversacional; el repetidísimo verbo garir ’decir’, que creo hay que transcribir garrir, con sus imperativos garme, garrid vos 45, del latín garriré ’charlar’ es una curiosa pe­culiaridad del vocabulario de esta lírica aljamiada46.

      Las noticias que, aparte de los textos de las jardyas, pro­porcionan los escritores árabes acerca de la aljamía casi exclusivamente atañen al vocabulario, sirviendo sólo para estudios léxicos. No obstante, podemos reunir a través de ellos alguna información que trasciende la lexicografía meramente enumerativa.

      Según ya vimos, el historiador Ben Hayyán refiere que, antes del desastre de Polei, el rebelde godo Omar ben Hafsún, rebosante de jactancia, hablaba en romance espa­ñol con su amigo Ben Mastana y, para despreciar el ejérci­to del califa, le llamó boyata, ’manada de bueyes’ (según explica el historiador) 47. Omar no pronuncia boyada.

      La preferencia por la consonante sorda se manifiesta igualmente en las poesías árabes entreveradas de expresio­nes en lengua románica de Ben Cuzmán, el máximo culti­vador del metro zejelesco, en la primera mitad del s. XII 48: toto ظظ (canc. 5, estr. 7), penato rimando con waxtato, ’des­trozado, gastado’ (canc. 10, estr. 2), tornato (canc. 20, estr. 6), anda baxtito (del verbo bastir ’bastecer’), frase que luego traduce en árabe: ’anda honrado y reverenciado’; xukur ’se­gur’ 49, paltar ’paladar’ 50, merkatal ’mercadal, mercado’ 51, kakar (canc. 102, estr. 4).

      Testimonios como éstos han llevado a creer descarriadamente a ciertos lingüistas que en la época de la conquista y de las primeras relaciones íntimas entre hispano-romanos y árabes, las sordas intervocálicas latinas eran aún sordas en la parte ocupada por los árabes, es decir, en la mayoría de la Península 52. Si los árabes llamaron Játiva a la Saetabis antigua, es que no se sonorizaba la t. Pero quie­nes así piensan tienen una idea falsa respecto a la cronolo­gía de los cambios fonéticos: una tendencia neológica en fonética suele emplear varios siglos en su lucha con la forma purista; muchas generaciones consecutivas participan de una misma tendencia innovadora y la van realizando per­sistentemente 53, haciéndola pasar del estado latente al de tolerado y al de preponderante, mientras la expresión pu­rista se va arcaizando lentísimamente hasta olvidarse.

      Es imposible creer que en el s. IX (no digamos en el XII) en el Sur de España no se pronunciase corrientemente bo­yada, cuando los ejemplos inscripcionales de sonorización de los siglos II al VII (imudavit, lebra, pontivicatus, iubentudis, eglesie) son justamente del Sur, de Mérida y de Andalucía 54. Además, aunque no tuviésemos tales ejemplos, sabríamos que en la España árabe la sonorización contendía con la conservación de las sordas arcaicas pues se cometían casos de ultracorrección, y es evidente que la ultracorrección no puede existir sin que antes preexista el vulgarismo de que huye. El español inculto sabía que, donde él solía pronun­ciar una sonora, los que hablaban correctamente ponían una sorda, y en su celo purista ponía a veces consonante sorda donde no la había en latín; así por Caesar-auguste pronunciaba redichamente Cesaracoste, como aparece esculpido en una inscripción de Martos de época visigoda, del siglo VII 55; los árabes acogieron la preferen­cia lingüística de estos ultracorrectos y adoptaron la forma Saraqusta 56 para sus escritos, aunque el vulgo dijese más correctamente *Saragosta, de donde Saragoza. De igual modo los mozárabes y muladíes, continuando la gran vacilación de la época visigoda entre consonante sorda y sonora, in­currían en otras ultracorrecciones, y de ellos sin duda tomaron los árabes el llamar Córtoba a Corduba. También aún hoy se llama Beratón, en Soria, al «sanctum Buradonis  ilicetum» de Marcial.

      Los ejemplos árabes y aljamiados no nos dicen otra cosa sino que en los siglos VIII al XI coexistían todavía, junto a las consonantes sonoras, las consonantes sordas arcaicas, y los escritores musulmanes, al tratar nombres románicos, preferían las formas cultas al vulgarismo de la sonoridad consonantica.

      Sólo en el caso de la fricativa -f-  abundan los casos de sonorización 57. Ya en el Concilio de Córdoba del año 839, según arriba dijimos, se condena a los herejes llamados acebaleos (< acephalos) y en el latín del abad cordobés Samsón, hacia 865, se lee provectibus, reveratur junto a la ultracorrección referentia. Pero en el Glosario latino-arábigo de entre los siglos X-XII (conservado en Leyden), escrito por un mozárabe probablemente del centro de la Península, ade­más de varias voces con -f- sonorizada prouano, couinus (por cophinus), prouicua, se hallan casos de -c-, hecha sono­ra en gragulos y eglesia.

      Ben Joljol, que escribía en Córdoba en 982 sus comen­tarios a Dioscórides, entre los nombres en lenguaje «la­tiní», como él denomina al romance local, cita la planta llamada kabesairuela o kabiseiruela por sus nudos o cabezue­las 58. Aunque los autores árabes posteriores, al transcribir voces de aljamía, lo suelen hacer con consonante sorda, a veces se hacen cargo del sincretismo. Así el botánico sevi­llano de hacia 1100 dice de la ortiga: «en aljamía se la lla­ma ortica y ortigas», y de cierto musgo: «se le llama barbuda y barbuta»; Además, usa únicamente la sonora en algunas voces como lanŷiduela ’lancetuela’ (diminutivo de ’lanceta’), abertal, cabessa, nabiello, cabellosa 59, aunque en general pre­fiere la sorda: achettaira ’acedera’, escopella ’escobilla’, áquila, matresilva, marito, chento detos ’ciendedos’, etc. Su contem­poráneo, el judío zaragozano Ben Buclárix, junto a ortica escribe vitrio, var. vidrio y agua, águila 60. También hay, jun­to a bletos, bledos y el marfil recibe el nombre de pulido 61.

      En suma, la sonoridad existía, pero en descrédito; era rechazada como vulgarismo inculto, a diferencia de lo que ya en el s. IX ocurría en el Norte cristiano, donde la sono­rización se abría camino en la lengua notarial por entre las formas puristas (kadedras < cathedras, «signum de me­dalo» ’campana de metal’, insubra indigado ’supra  indicato’, etc. en un diploma portugués de 882 62; en León, 870, plaguit, artigulo, etc.63).

      Estas precisiones no excluyen que en territorio musulmán hubiera alguna región ibérica, refractaria a la sonorización céltica, donde la consonante sorda se mantuviese habitualmente, como se mantuvo en el Alto Aragón hasta hoy 64. La toponimia nos ofrece en el Este de la Península restos fósiles de esa resistencia: Luco de Bordón (part, de Castellote, lindando con el part, de Morella) y Luco de Jiloca (part, de Calamocha) en Teruel 65 (frente al Lugo de Gali­cia y el Lugo de Llanera, Oviedo 66); Ficaira en Murcia (fren­te a Figuera en Oviedo y Lérida, Higuera en Jaén, Badajoz, etc.); Granátula en Ciudad Real y Granatilla en Granada, como Garnata en árabe (frente a Granadilla en Cáceres y Sa­lamanca, Granadella en Lérida); Fregenite en Granada (frente a Fregeneda en Salamanca).

      El prolongado rechazo de la sonorización vulgar, gene­ral en la Romania occidental, no es el único gran arcaísmo de la aljamía, lenguaje que se nos presenta bajo muchos as­pectos como estancado en su evolución, cohibido por la preferencia dada al árabe como lengua de cultura. Relega­do a la intimidad casera, se conservó durante varios siglos casi en el estado en que se hallaba al hundirse la monar­quía visigoda 67.

      Rasgo típico de la fonética de la aljamía es la c palatal pronunciada ch: Carabanchel 68, Conchel y Alconchel < conciliu 69, Elche < Ilici, Aroche < Aruci, Chipiona del nombre de Quintus Servilius Scipio70, Escariche Guadalajara, Escriche Teruel, genitivo del nombre germánico Ascarius (comp. Escariz en Galicia)71. Luchena Murcia; Luchen(t) Valencia, de Lucius (comp. Lucena, Luciana); Marchiena Beja, Marchena Sevilla, Córdoba, Jaén, Almería, Mur­cia, Alicante, de Marcius; Carchena Córdoba, de Carcius.

      Los diptongos decrecientes 72 se conservan, como en el gallego-portugués y el leonés, frente al catalán, aragonés y castellano; la España visigótica, sorprendida por la invasión musulmana en el siglo VIII, conocía la etapa más arcaica del diptongo ai y la adopción por el árabe de muchas palabras y topónimos con ai contribuyó a fijar esa forma del dip­tongo impidiendo que evolucionara como entre los cristia­nos del Norte: Ben Joljol, en 982 da el nombre «latiní» o románico, usado en Córdoba,  de la planta lajtayra   < lactaria ’cuajaleche’; el poeta cordobés Ben Cuzmán (muerto en 1159) mezcla en su árabe voces románicas como fadŷayra (esto es ’fazera’) en el sentido de ’faz’, ’rostro’, pandayr ’pandero para tañer’, yanayr ’enero’, setaray de jactare, kerray ’querré’ (?). Podría pensarse, dada la im­precisión vocálica árabe, que se tratara de la forma -ei del diptongo, pero nos consta que los mozárabes usaban -ai, pues el que escribió el glosario conservado en la biblioteca de Leyden a fines del siglo X o principios del XI pone en letras latinas bayro (< variu) aplicado a uno de los colo­res del caballo 73 (cast. ant. vero). Lo mismo que en Anda­lucía, ai era general en la aljamía de Levante y de Toledo: Ben Buclárix, que escribía en Zaragoza diez o quince años antes de su reconquista, nos dice expresamente que en la aljamía local se llamaba poplinayra y vitriayra a ciertas yer­bas y consigna que haydo era el «nombre español» del ’que­so’; el Sabatayr ’el zapatero’ era el apodo de un literato valenciano que murió en 1204 y en Toledo vivía en el s. X una familia musulmana Aben Xantayr ’hijo del santero’. Y los mozárabes del s. XIII levantinos y toledanos seguirán invariablemente empleando la forma ai del diptongo.

      La metátesis de la yod como origen del diptongo, sin que éste se reduzca, propia de la aljamía, es el origen de nom­bres toponímicos de apariencia gallega que perduran hoy en Granada, Málaga y Almería, como Capileira, Pampaneira, Junqueira y asimismo de Beila en el término de Huétor-Tajar (part, de Loja)74, Cairén, de Carius y Busairen(t) de *Buccarius en Valencia, Bairén (ant. Beyren), Berén de Varius o Verius, en Valencia y Lérida respectivamente, Alpandeire en Málaga (cfr. pandair aljam., arriba citado), Caicena de Cacius en Córdoba. También la evolución de N + yod, L + yod se detiene en un estado arcaico, sin palatalizar la consonante en Lucainena Almería < Lucanius + -ania, Alozaina Málaga Concentaina Alicante < Contestania, Bailén Jaén, si procede de Valius 75.

      De forma paralela la aljamía mantuvo la forma arcaica del diptongo au y los préstamos que dio al árabe español conservan la a sin velarizar. En Valencia, Toledo o Andalu­cía se decía lauxa < lausia o *lausa (gall.-port, lousa, cast, losa, cat. llosa), taudža (cast, atocha) y taupa< talpa76; fauchil de falce (gall.-port. fouce, fouciña, cast, hoz, hocino)77, y aún hoy se conservan nombres toponímicos como Faucena, cortijada en el ayuntamiento de Iznalloz (Granada), o La Fausilla, caserío en Cartagena (Murcia).

      En contraste con el conservadurismo fonético caracterís­tico de la aljamía hay que señalar la pérdida de la -o final tras l y n.

      La documentación de la aljamía, sus préstamos al árabe, sus reliquias toponímicas nos bastan para sentar que el uso de los rasgos castellanos en Toledo, Andalucía y demás te­rritorios de la España árabe fue de introducción tardía, como efecto de la reconquista y repoblación castellana 78.

      Los hablantes en lengua romance de la España musul­mana usaban ll  y no la j castellana. En vez del castellano conejo, cerraja, decían conelyo, xarralya, lo mismo en Toledo que en Córdoba y Málaga, o en Zaragoza y Valencia, coin­cidiendo en esto con el aragonés antiguo conello, conill, con el catalán cunill, serralla, con el gallego-portugués coenllo, coelho, serralha, y con la generalidad de los romances de fuera de España.

      Usaban t y no la ch peculiar del castellano, y a la hierba cuajaleche llamaban lahtaira, y por ’noche’ decían nohte, lo mismo en Córdoba que en Zaragoza; en esto se asemejaban al gallego-portugués, al leonés occidental y al arago­nés, que dicen leite o lleite, noite o nueite, feito, y al catalán, que dice llet, nit, fet, concordando en esto con el italiano, francés y demás romances, a diferencia del castellano, que creó en este caso un sonido especial.

      Frente al castellano enero, hiniesta, hinojo, helar, que pier­den la j- o g- latina, conservan esta consonante los demás romances, incluso los de la Península; portugués Janeiro, giesta, leonés y aragonés antiguo jenero, giniesta; catalán janer, ginesta. Pues los que hablaban la aljamía en Cordoba y en Málaga decían jenáir, yenexta, siguiendo el uso general y no el castellano.

      El castellano dice llantén a la hierba llamada en latín plantagĭne, y dice llorar por plorare; los demás ro-mances conservan PL- KL- latinas o las alteran de otro modo: aragonés plantaina, plorar; catalán plantatge, plorar; portugués chantagem, chorar. Los que usaban el romance en al-Andalus decían plantain, según testimonios de Córdoba, de Sevilla y de Zaragoza.

      El leonés, el catalán y parte del aragonés, palatalizan la L- inicial diciendo llengua, llabrar o llaurar, lluna, mientras el castellano concuerda aquí con la generalidad de los ro­mances, conservando la inicial, lengua, labrar, luna. Pues los cordobeses del siglo X decían yengua (con pronunciación yeísta de la ll). También la diptongación ante yod que se revela en el nombre toponímico Caracuey o en el vocablo uello ’ojo’, es un rasgo que la aljamía poseía en común con el leonés y el aragonés.

      Por otra parte, contra el castellano, el aragonés y el ca­talán y de conformidad con el gallego-portugués y el leo­nés occidental, se conservaba en la aljamía el grupo -MB- latino y en Granada llamaban Colombaira al pueblo que los castellanos llamaron Colomera (cfr. cast., arag. paloma, cat. coloma o paloma, leon. palomba, gall.-port, pomba).

      De igual modo podemos señalar en el territorio catalánizado por la reconquista diferencias respecto al catalán 79. Ben Alabbar, autor valenciano que escribe en los primeros años del siglo XIII inmediatamente anteriores a la recon­quista, apunta el sobrenombre Ibn Monteyel dado a un cadí de la ciudad de Valencia por los años de 1101 y a un lite­rato de Murviedro muerto en 1223 80 y según el «Reparti­miento» de la conquista había en la Valencia árabe lugares conocidos por los nombres de «alqueriam de Xilviela del Argarbia», «orto P. Çalarieta» y «turre de Avenfierro», «turrim que vocatur Castiella» en Játiva, etc.81.

      Cosa análoga en Portugal: los rasgos portugueses no se introdujeron en las regiones del Sur sino por efecto de la portuguesización tardía. La aljamía de Lusitania, por ejem­plo, no perdía la -L- y -N- intervocálicas, como el portugués del siglo XI; esto nos lo indican ciertos nombres toponími­cos del Sur, como Mértola < *Mirtula, Myrtilis, Baselga < basilica, Odiana < wadi-Ana (el río Guadiana), Madroneira en Beja (frente a Madroeira en Santarem), Moli­no en Évora (frente a Moinho en el Norte) y otros así 82.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

40  En un documento de Campoo, al Norte de Palencia, de ha­cia 1196 (Menéndez Pidal, Docum, ling., Castilla, n° 17) se escri­be heo, eo, junto a eh, he ’Yo tengo’, lo cual confirma la interpre­tación de -ayu, -eyu como descendiente del verbo habeo en los futuros citados. Otras jardyas se han leído con pérdida de la -o (advolaréi, amaréi; faré).

41  En el Norte cristiano, durante los siglos X al XII hay vacila­ción entre formas con -t, -d, -z conservada y perdida (según muestro en Orígenes del esp., §§ 70 y 781).

42  Muwaššaha hebrea 14a.

43 Muwaššaha hebrea 11a.

44  Esto es, que no ha sido desplazado en el habla común por generalización del germanismo blanco, que es ya la voz emplea­da exclusivamente en el poema de Mio Cid.

45  «Garrid vos, ay yermaniellas / com’ contener a mieu mali! / sin el habib non vivréyu / advolaréi demandari»; «Gar, si yes devina / e devinas bi-l-haqq, / garme cuand me vernád / mieu habibi Išaq»; «[...] gar qué faráyu? / ¿cómo vivráyu / est al-habib espero, / por él morráyu» (según mi lectura de las jardyas hebreas 4, 2 y 15, «Cantos románicos andalusíes», Bol. Acad. Esp., XXXI, 1951, pp. 244, 223 y 225, corregida con lo observado en «La primitiva lírica europea», RFE, XLII, 1960, p. 316). El verbo apa­rece también en las jardyas 22, 23, 26, 34 y 38 (el arabismo habib significa ’amigo’).

46  Conforme a la acertada interpretación de García de Diego, Dicc. etim. (1954) y García Gómez (Al-Andalus, XV, 1950, pp. 161-163); comp. Corominas, Dice, etim., s.v. garrido.

47  Atrás, § 3 y n. 22.

48  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed.  1950, § 4644c.

49  Simonet, Hist. de los mozár., p. 605.

50  Simonet, Hist. de los mozár., p. 415.

51  Simonet, Hist. de los mozár., p. 360.

52  Opinión de Meyer-Lübke, rebatida en Orígenes del esp., p. 261 (ed. 1950, p. 255). Gamillscheg, en RFE, XIX, 1932, pp. 256-257, combate también la opinión de Meyer-Lübke. En un extre­mo opuesto, Carnoy, Latin d’Espagne, 1906, p. 119, en vista de las inscripciones visigóticas que ofrecen sonorización, había por su parte afirmado rotundamente que «le phénomène était accompli au septième siècle». ¡Ni en el s. X estaba concluida la evolución! Meyer-Lübke y Carnoy compartían la creencia en el carácter puntual de los cambios, en que un cambio fonético se consuma en unos pocos decenios; no conocen la enorme dura­ción que una ley fonética tiene en su desarrollo, ni los estados latentes y de proscripción que un fenómeno atraviesa. Steiger, Contribución, 1932, no maneja el concepto necesarísimo de la ultracorrección.

53  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., pp. 562 y ss. (ed.  1950, p. 532).

54  Véase atrás, cap. I, n. 93, y Orígenes del esp., ed. 1950, § 464b.

55  Hübner, Inscr. Hisp. Christ., 108a y Suppl., p. 54. Distinto en Vives, Inscripciones cristianas,  1942, n° 436, pp.  156 y 200a.

56  La ultracorrección de la inscripción de Martos es insepara­ble de la forma árabe y nos impide acoger la duda de A. Steiger, Contribución, 1932, pp. 155-156, 378 n., respecto a la ultraco­rrección, queriendo explicar la sorda más bien mediante la pre­ferencia que tienen las lenguas semíticas por los sonidos enfáti­cos. De todos modos, Steiger reconoce (p. 154) que la opinión de Meyer-Lübke no es sostenible.

57  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 464a-b.

58  Simonet, Hist. de los mozár, p. 67.

59  Asín Palacios, Glosario, 400°, 66°; Asín (132°) lee mal capellosa, pues el manuscrito distingue bastante regularmente la b con tešdid = p, de la b simple.

60  Simonet, Hist. de los mozár., pp. 410, 568; Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 464c.

61  Simonet, Hist. de los mozár, p. 467.

62  Autógrafo, Portugaliae Monumenta Hist., Dipl. 9°; el 12°, año 897, 14°, 907. También autógrafos, contienen firmidate, «nodum die», etc.

63  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 247 (ed. 1950, p. 241).

64  Véase atrás, cap. IV, § 10.

65  Como, en territorio vasco, Luco, ayuntamiento de Ubarrundía, Álava.

66  El antiguo Lucus Asturum (7 kms. al N. de Oviedo).

67  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 902.

68  Topónimo de que ya hemos tratado en la Parte 1a, cap. II, § 6.

69  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., p. 199 (ed. 1950, p. 181).

70  Véase Menéndez Pidal, «El Imperio Rom. y su prov.», en His­toria de España, II, p. 586.

71  Los nombres portugueses se suelen tener por derivados de un genitivo sin palatalización de la -C-: Ourique < Aurici, Manique < Manicii (H. Lautensach, «Die portugiesischen Ortsnamen», en Volkstum und Kultur der Romanen, VI, 1932, p. 147). Pudieran ser simplemente casos de pérdida de -o como Alberique Valencia, Ubrique Cádiz (comp. Manrique, Almerich).

72  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 902, 196, 201,2,5.

73  Glossarium latino-arabicum, ed. Seybold, p. 554.

74  Orígenes del esp., ed. 1950, § 902.

75  Orígenes del esp., ed. 1950, § 504.

76  En el vocabulario mozárabe levantino del s. XIII. Hay tam­bién el topónimo Lauxar, año 1222, en el partido de Navahermosa, y hoy Laujar en Almería.

77  En el Glosario de Leyden, s. X, como equivalente de falcastrum.

78 Lo que sigue, conforme a lo que digo en Orígenes del esp., ed. 1950, § 90.

79  Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 903, 912.

80  Simonet, Hist. de los mozár., p. 375. Es patronímico usual también entre los cristianos y hoy subsiste como apellido: Montiel.

81  Simonet, Hist.  de los mozár.,  pp. CVII, CVIII,  514,  594 y Galmés, «El mozárabe levantino», en NRFH, IV, 1950, 313-346.

82   Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 901.

 CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

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La Garduña Ilustrada

Imagen: letra I, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX

62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE. II. AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

      Tan lejos de olvidarse estaba en al-Andalus la lengua vulgar romance, la «aljamía», que sabemos había entre los musulmanes hispanos muy altos personajes o muy venera­bles por su virtud que sólo se expresaban en ella, por no saber árabe.

      Por ejemplo, el padre del eunuco Násar, favorito de Abderrahman II, no sabía hablar sino en aljamía; así nos lo dice expresamente una anécdota de Aljoxaní al presentárnoslo en una calle de Córdoba, hacia 850, rodeado fastuosaente de su guardia personal y gritando en romance a las personas del séquito del cadí o juez 14. Otra anécdota del mismo Aljoxaní nos cuenta de un piadoso cordobés lla­mado Yenáir (nótese que lleva nombre romance, el moder­no «Gener», «Giner» < Ianuarius), hombre muy popu­lar y venerado por sus ortodoxas doctrinas musulmanas, el cual no hablaba sino romance y en un proceso contra el cadí ante los ministros del califa (hacia 836) declara en aljamía, y califica al acusado con un diminutivo romance tan expresivo, que Abderrahman II, cuando le fue comu­nicado por los ministros el texto de la frase, quedó tan convencido de la culpabilidad del enjuiciado que lo desti­tuyó 15.

       Fuera de estos casos extremos de desconocimiento del ára­be por ciertos muladíes, hemos de suponer que los musulma­nes cultos, al igual que los mozárabes, serían bilingües, como el cadí o juez de Córdoba Suleimán ben Asuad que, en la sala de la audiencia pública, contesta humorísticamente en alja­mía (hacia el año 870) a una pobre mujer que le habla en su lengua romance pidiéndole justicia 16.

      Si un candidato para el cargo de cadí en Córdoba, la capital del califato, podía, según consta, tener en 921 un padre y una madre de familia completamente latinada 17 ¿qué no sucedería en lugares alejados del gran centro ad­ministrativo? Sin duda, en los primeros siglos de domina­ción musulmana el pueblo de al-Andalus hablaba predominantemente en aljamía, en la lengua romance heredada de sus antecesores hispano-romanos o hispano-godos, pues esta población seguía siendo mayoritaria frente a los coloniza­dores beréberes, árabes o sirios.

      A la preponderancia de los muladíes y mozárabes alja­miados contribuía mucho el hecho de que los principales centros de población, como Sevilla y las ciudades de la Frontera («inferior» y «superior»), como Toledo, Mérida y Badajoz, Zaragoza, estaban llenos casi totalmente por los romano-godos; los árabes no gustaban de las ciudades, preferían establecerse en la campiña, en las heredades de los fugitivos o de los desheredados 18.

      Este período se cierra con la rebelión muladí más impor­tante de todas las que desde fines del sigo VIII habían ve­nido produciéndose en el Emirato y Califato cordobés 19, la de la serranía de Ronda, que comenzó en 879 y que lue­go, al año siguiente, fue capitaneada por Omar ben Hafsún, hijo de noble familia goda recién renegada 20. El historiador Ben Hayyán, al referir estas luchas, nos viene a informar de que los andaluces sublevados hablaban en ro­mance. Cuando el sultán Abdállah, después de gran demora, sacó al fin su ejército para combatir a los rebeldes en 891, Omar manifestó su alegría dirigiéndose a su amigo Ben Mastana en unas frases dichas en aljamía que comen­zaban comentando «esto es una bravata 21 de la boyada» y el historiador, para más propiedad, inserta en el árabe la palabra boyata y la explica diciendo «voz que en aljamía quiere decir manada de bueyes» 22. La derrota de Omar, ocurrida en aquella ocasión, inició el lento declive de los rebeldes a la autoridad del Califato 23. El martirio en Cór­doba de santa Argéntea, hija de Omar ben Hafsún, el año 937, puede ser mirado como último episodio de esta edad de entusiasmo nacionalista.

      Bajo ese emir de Córdoba Abdallah (del año 888 al 912), que en 891 derrota a Omar ben Hafsún y se apodera del castillo de Polei, bastión de su estado rebelde, floreció un poeta ciego de Cabra (la antigua Igabrum, al Sur de Córdoba), llamado Mocáddam (o Mohámmad) ben Mahmud el Cabrí, inventor de un nuevo género de poesía ará­biga, de tipo popular, con tres revolucionarias novedades; estaba escrita en versos cortos (no en largos versos bimem­bres como los usados en la métrica árabe), agrupados en estrofas de rimas cambiantes (mientras la versificación clá­sica de las qasidas era monórrima indivisa) y combinando el árabe literario con unos versos en lengua conversacio­nal, sea en árabe vulgar sea en aljamía, que constituían el markaz, en cuya estructura métrica se apoyaba el poema 24. Este nuevo género de poesía, llamado muwaššaha, alcanzó un gran éxito cortesano, ya que ese poeta vulgar bilingüe fue uno de los poetas favoritos de Abdállah, según nos dice Ben Jaldún 25, y desde al-Andalus la muwaššaha llegó a propagarse al Oriente, a pesar de la incomprensibilidad de sus versos finales cuando reproducían el bilingüismo popular de la España árabe 26.

      Esa última parte de las muwaššahas, llamada también jardya, nos interesa aquí especialmente, dado que en ella puede usarse la lengua romance, sea de forma independiente, sea entremezclada con arabismos sin duda incorporados a la al­jamía en el habla popular. Tras el descubrimiento paulatino de una serie de muwaššahas, tanto en árabe como en he­breo 27, con su jardya en aljamía, compuestas en al-Andalus a lo largo de varios siglos por poetas muchas veces de renom­bre 28, han vuelto a resonar en nuestros oídos, tras novecien­tos años de silencio, las voces cantoras que la crónica latino-mozárabe del siglo VIII creía silenciadas para siempre 29. Los cincuenta cantarcillos de los siglos XI y XII que los poetas árabes y hebreos manejaron han enriquecido extraordinaria­mente, pese a su limitación, nuestro conocimiento de la lengua aljamiada, antes casi limitada al vocabulario proporcio­nado por los botánicos árabes de al-Andalus.

      Con anterioridad al descubrimiento de estas muwaššahas rematadas con canciones líricas hispanas, sólo conocíamos otro importante género de poesía arábigo-andaluza hetero­doxa en sus formas y también influida por la canción popu­lar, el zéjel. Las composiciones zejelescas, en que fue desta­cadísimo poeta Aben Cuzmán, un cordobés de origen hispano (según pone de manifiesto el nombre de «Guzmán») muerto en 1160 30, también eran estróficas y de estructura similar a la de la muwaššaha (pero sin versos finales autóno­mos), y también daban entrada en la poesía árabe al habla vulgar. Aunque no contenían canciones en aljamía, a lo lar­go de toda la composición acogían, según ocurría en el ára­be conversacional popular, voces o expresiones sueltas románicas 31, algunas de ellas reveladoras del conocimiento de una lírica tradicional romance 32. Naturalmente, su información acerca de la vitalidad de la lengua que tradicionalmente se ha venido llamando «mozárabe» era mucho más limitada que la proporcionada por las jardyas.

      Aunque la invención de la muwaššaha remonta a los últi­mos tiempos del período de gran agitación nacionalista de muladíes y mozárabes, las cancioncillas románicas que han llegado hasta nosotros pertenecen ya a tiempos posteriores, cuando la cultura musulmana española florece esplendoro­samente durante el califato y durante los reinos de taifas y la sociedad cristiana de los mozárabes se integra, regular­mente organizada, dentro de la musulmana.

      La lengua escrita de los mozárabes continuaba siendo el latín, según prueban inscripciones latinas halladas en Cór­doba, en Granada o en Malaga 33; aunque culturalmente se hallaban ya muy arabizados. En el s. X los mozárabes de Córdoba servían generalmente de intérpretes a los emba­jadores cristianos del Norte peninsular34. Su lengua con­versacional seguía siendo la romance 35.

      También entre los musulmanes continuaron usándose las dos lenguas. Cuando uno de los ministros de Abderrahman III, Abulcásim Lope, motejando a otro ante el propio califa, tiene que rimar la forma «qul» (قول) del verbo ’decir’, enjaretó, sin llegar a pronunciarla, la frase romance «su culo» ( شو قول), que Abderrahmen mismo completó entre las risas de todos 36. Y ese bilingüismo se prolongó, no ya sólo a lo largo de los siglos X y XI, sino hasta el siglo XII y aun en el XIII, según nos muestran los zéjeles de Ben Cuzmán y los escritores ára­bes interesados en la nomenclatura de las cosas, desde Ben Jóljol, que en 982 comenta a Dioscórides en Córdoba 37, has­ta el botánico malagueño Ben Albeitar, muerto en 1248 38, que aluden a cada paso a la lengua romance usada entre ellos 39.

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

NOTAS

14  Hist,  de los jueces de Córdoba por Aljoxaní, trad, por J. Ribe­ra, 1914,  p. 136.

15  Hist,  de los jueces de Córdoba, trad. Ribera, 1914, p. 118. En la p. 227  se habla de un gran señor que vivía en Córdoba hacia 913 que no hablaba más que aljamía.

16  Hist,  de los jueces de Córdoba, trad. Ribera, 1914, p. 171.

17  Hist,  de los jueces de Córdoba, trad. Ribera,  1914, p. 171.

18  Dozy, Hist, des Musulm., II, 232-233; Recherches, I, 3a ed., p. 295.

19  Zaragoza, desde 788, formó un estado regido por el espa­ñol renegado Muza Ben Fortún, fundador de la dinastía muladí de los Beni Casi, ora fedataria de Córdoba, ora aliada de los toledanos, o de los navarros, o del rey de León Alfonso III, quien enviaba a Zaragoza a su propio hijo Ordoño para que allí fuese educado (hacia 880). Toledo empezó sus sublevaciones a fines del siglo VIII, y, bajo la protección del rey leonés Ordoño I (850-866), se constituyó en una especie de república autónoma. Mérida, rebelde también desde antiguo, fue desmantelada por el emir Mohammed en 868; pero, en seguida, el caudillo emeritense Ben Meruán, de origen muladí, se estableció en Badajoz (875) y fun­dó allí un principado casi independiente, aliado de Alfonso III por los años de 877.

20  Omar acabó por hacerse cristiano públicamente y como cris­tiano sería sepultado a su fallecimiento en el castillo de Bobastro. El apoyo de los mozárabes a la rebelión se hizo bien manifiesto cuando (según cuenta Ben Hayyan), al caer Polei en poder del califa, todos los miles de prisioneros menos uno prefirieron morir degollados a pronunciar la breve fórmula de la profesión de fe musulmana.

21  Según tradujo para mí Ribera: ’cosa hecha para asustar, bravata’.

22  Manuscrito de Oxford, fol. 74.

23  En ese mismo año los mozárabes y muladíes de Sevilla fue­ron exterminados por los árabes. Bajo el fuerte gobierno de Abderrahmen III, los Beni Casi fueron en 924 desposeídos de Zaragoza; el último hijo de Omar ben Hafsun rindió Bobastro en 928; Toledo, tras dos años de cerco, dio entrada al califa en la ciudad en 932.

24  Ben Bassām, que escribía en Sevilla en 1109, describe en su Dajīra las características de la muwaššaha en términos que po­drían ser interpretados de formas diferentes, pero que resultan hoy claros una vez conocidas las que tienen jardya romance au­tónoma. El mismo Ben Bassām nombra tres poetas cordobeses (muertos en 940, 1022 y 1028) que perfeccionaron la nueva poe­sía y complicaron su versificación. El pasaje de Ben Bassām, sa­cado a luz por Julián Ribera en 1915 (reproducido en Disertacio­nes y opúsculos, I, 1928, p. 101), fue mejor traducido por E. García Gómez en Al-Andalus, XXI, 1956, p. 312 (y antes por A. R. Nyki, en Al-Andalus, I, 1933, p. 386).

25  Prolegómenos, III (Notices et extraits des mss. de la Bibl. Impériale, XXI, p. 423).

26  Ya en la primera mitad del siglo XI la canción hispano-árabe estaba extendida por todo el mundo musulmán. El gran teó­logo, historiador y poeta cordobés Ben Házam, en su Risála o Epístola sobre las excelencias de al-Andalus, escrita entre 1035 y 1048, aduce el texto del historiador Ben Gálib, quien cita entre los méritos de los españoles «el haber inventado las muwaššahas de las cuales gustan tanto las gentes de Oriente que se han dado a imitarlas» (en al-Makkari, Analectes, II, p. 105. Para la fecha de la Risála, v. M. Asín, Aben Hazam, I, 1927), p. 273. El egipcio Ben Saná’ l-Mulk (1155-1211) formó una famosa antología precedida de un arte poética con preceptos sobre la composición de la jardya y de la muwaššaha.

27  Los hitos principales fueron la publicación en 1948 y 1949 por S. M. Stern de veinte muwaššahas hebreas, fielmente imita­das del modelo árabe, con jardya en aljamía y de una árabe tambien con jardya románica («Les vers finaux en espagnol dans les muwaššahas hispano hebraïques») en Al-Andalus, XIII, 1948, pp. 299-346 y XIV, 1949, p. 214, y la de «Veinticuatro jaryas roman­ces en muwaschahas árabes» por E. García Gómez en Al-Andalus, XVII, 1952, pp. 57-127.

28  Los descubrimientos realizados entre 1948 y 1952 suponen un total de 61 muwaššahas, 39 de poetas árabes y 22 de imitadores poetas hebreos, que nos dan a conocer 50 jardyas, 11 de ellas re­petidas por dos o por tres poetas distintos. Estos poetas pro­ceden de las más diversas regiones del Andalus: Granada, Almería, Córdoba, Sevilla, Badajoz, Murcia, Levante, Toledo, Zaragoza, Lérida, Tudela, según sumario en «La primitiva lírica europea. Estado actual del problema», RFE, XLII, 1960, pp. 279-354. Las muwaššahas conservadas son de los siglos XI y XII en su mayoría. Entre los que las escribieron se hallan los dos poetas hebreos del Andalus más famosos: Mosé ben Ezra y Judá ha-Leví.

29  A que hemos aludido en el § 1.

30  Ben Cuzmán, cuando todavía era muy joven, manifestaba su talento poético en la corte del rey Mutawákkil de Badajoz; cuan­do este rey fue depuesto y muerto por los almorávides, Ben Cuzmán empezó su vida errante por diversas ciudades de al-Andalus y murió ochentón en 1160. El Cancionero de Aben Guzmán (que publicó Nykl en 1933) es la más abundante colección de zéjeles conservada; pero Ben Cuzmán es heredero de una larga tradición poética, no su iniciador.

31  Véase R. Menéndez Pidal, «Poesía árabe y poesía europea», Bull. Hisp., XL, 1938, pp. 407-408, y O.J. Tuulio, «Sur les passages en espagnol d’Ibn Quzman, hispano-arabe du XIIe siècle», Neuphilologische Mitteilungen, XXXIX, 1938, pp. 261-268. En su zéjel 41° Ben Cuzmán dice «cuando venga yenair (’enero’) me pondré mis ropas de fiesta; basta que sea yenair para que yo lo festeje», el zéjel 137° nombra el mayo, el 87° la verbena, la hierba sagrada de los romanos, la que los cristianos ritualmente cogían al alborear la mañana de San Juan, manifestaciones todas ellas de su contacto con el calendario de los mozárabes. Adelante comentaremos (cap. x, § 2) otras frases, expresiones y vocablos que aparecen en los zéjeles de Aben Cuzmán.

32  «Alba, alba, es de luz en un día» (o «... en nueva día») (zéjel 82°), indudable reminiscencia de una albada (poesía en que dos amantes lamentan la llegada del amanecer, la hora de la doloro­sa separación). Véase adelante, cap. X, § 2.

33  Simonet, Hist, de los mozár., pp. 621-&27, 635-636, 651; Gómez Moreno, Iglesias mozár., 1919, pp. 364 y ss. Son, a veces, largos epitafios.

34  F. Codera, Misión histórica a la Argelia y Túnez, 1892, pp. 99, 101 y 103.

35  Como cosa rara se cita el caso de unos mozárabes de Alafoens (al N.O. de Viseo) que hablaban en lengua árabe (Dozy, Scriptorum arabum loci de Abbadidis, II, p. 7).

36  Según Ibn Idārī (Ben Adhari, El Bajan al-Mogrib, II, 243). Citado en Orígenes del esp., ed. 1950, n. 3 de la p. 422 (§ 88j).

37  El cual dice, en varias ocasiones, sobre ciertas plantas «en­tre nosotros se llama en latiní orbaco», «se nombra en latiní vul­gar entre nosotros tornaxole» (Simonet, Glos., p. XXIV).

38  Quien cita unas cuarenta veces nombres de «la aljamía del Andalus» o «de latinía» y atribuye algunas específicamente a «la aljamía del Oriente del Andalus» (casos de bentónica y bobrella); véase Simonet, Glos., pp. Vlll-IX notas y XXV.

39  En los últimos años del s. XI y primeros del s. XII, tanto el botánico anónimo sevillano como Ben Buclárix en Zaragoza, aparte de consignar numerosas voces en «la aljamía de al-Andalus», en general, se preocupan a las veces de especificar que ciertos nombres son los dados a tales o cuales plantas en Córdo­ba, Zaragoza, Toledo, Valencia, en Levante, en la Frontera Supe­rior o, simplemente, en «la Frontera». Véase Menéndez Pidal, Orígenes del esp., ed. 1950, § 8939.

 CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra J, alfabeto anglosajón, siglo VIII-IX