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Obras de Diego Catalán

235.- 9. ELEMENTOS IMPORTADOS DEL MUN­DO VIEJO

235.- 9. ELEMENTOS IMPORTADOS DEL MUN­DO VIEJO

9. ELEMENTOS IMPORTADOS DEL MUN­DO VIEJO. IV. EL NUEVO MUNDO. GRAN EXPANSIÓN TERRITORIAL DEL IDIOMA

      No fueron las lenguas indígenas las que más proveyeron a la necesidad neológica. Ni aun eran suficientes, lenguas bárbaras y analfabéticas, para la denominación de las tie­rras y de los lugares habitados por los indios. Desde luego la toponimia nos indica alguno de los modos de utilizar los nombres que los descubridores llevaban en su memoria. La ignorancia cosmográfica de Colón, en creer la tierra muy pequeña y la India cercana por el Occidente, trajo el nom­bre de Indias Occidentales y de indios dado a sus habitantes; no pudieron apear de su yerro al descubridor el cura Bernáldez ni los demás que en España pensaban rectamente sobre el mayor tamaño del globo, y la denominación equi­vocada perduró. Pero como nombre equívoco fue deshan­cado por el de América, no salido de España; lo usa por primera vez un mapa alemán de 1507, debido a lo que el padre Las Casas, con su habitual bilis, llama «gran false­dad y maldad de Américo», digamos simplemente debido a una inmerecida victoria de la cultura literaria de Vespucio sobre la cultura activista de Hojeda, el verdadero descubridor de la Tierra Firme y región del Orinoco, en cuya expedición de 1499 iba el escritor florentino como mero agregado. El nombre de la Antilla, isla fabulosa que figura­ba en los mapas desde el siglo XIV al occidente de las Canarias, de la cual hablaran en Palos a Colón, según Las Casas, se convirtió en una hermosa realidad, y múltiple, las Antillas. Alguna vez, la fantasía intervenía para idealizar con el nombre los lugares: el recuerdo de los libros de caballe­ría, que excitaba la imaginación de Bernal Díaz ante los maravillosos jardines de Méjico, es también (hecho no te­nido en cuenta) el que hace bautizar la tierra descubierta por Cortés en su última aventura marítima (1535) con el nombre de California, sacado de una continuación del Am­adís, Las Sergas de Esplandián, donde se describe la prodigiosa isla California a la diestra de las Indias, muy cercana al Pa­raíso Terrenal 70. Otros nombres obedecen a una conmemo­ración piadosa, La Asunción, por el día de la Virgen en que se fundó; Florida, porque Ponce de León la descubrió el día de Pascua Florida de 1513, como la bahía de Natal, donde Vasco de Gama celebró la Pascua de Navidad de 1497. Después, son innumerables las fundaciones de ciudades que repiten un topónimo de la Península, sea por algún afec­tuoso recuerdo sugerido en vista de cualquier semejanza del terreno con el de las ciudades de la patria lejana (procedi­miento usual en toda colonización antigua y moderna), sea por conmemorar la oriundez o el apellido del fundador o del gobernante bajo cuyos auspicios se hace la fundación. Juan López de Velasco en su Geografía de las Indias (1571-1574)71 suele decir cuál de estas razones fue la causa de repetirse en América un topónimo español. En el índice que lleva esa obra de Velasco hay unos 79 pueblos que repiten nombre peninsular, y de ellos 33 toman algún nombre de las extensas comarcas de Castilla o de León (17 provincias actuales): Nueva Toledo, Nueva Segovia (dos pueblos), Aillón, Oropesa (dos), Ávila, Cañete (dos), Cuenca, Ciudad Real (dos), Guadalajara (dos), León, Osorno, Los Amusgos, Salamanca, Madrigal, Valladolid (tres), Zamora, etc. 15 repiten nombres de Andalucía (8 provincias actuales): Sevilla, Loja, Málaga, Granada,  Vélez, Antequera (dos), Archidona, Baeza, Cááiz, Jerez de la Frontera; Nueva Jaén, etc.; 12 pertenecen a Extre­madura (2 provincias actuales): Trujillo (cuatro), Mérida (dos), Llerena, Medellín, Guadalupe, Hornachos, La Serena, Sal­vatierra; 3 de las tres provincias vascongadas: Loyola, Durango, Azúa; 12 de las cuatro provincias gallegas: Ferrol, Car­valleda, Carvallo, Santiago (ocho), Compostela; 2 de Navarra: Pamplona, Funes; 1 de Murcia: Cartagena; 1 de Canarias: Tenerife; 1 de Valencia: Nueva Valencia.

      Aquí lo mismo que en los recuentos de conquistadores y colonos vemos predominar en orden de importancia los nombres castellanos, luego los andaluces y en tercer lugar los extremeños.

      Para los nombres apelativos, estos recuerdos de la patria tienen también mucha importancia en la denominación de objetos de la naturaleza, pues traen cambios violentos de significación en los vocablos. El colono de todos los tiem­pos y tierras aplica a los animales y plantas de los países coloniales nombres usados en la tierra natal, tanto como recuerdo cariñoso de la naturaleza que le fue familiar en la niñez, como por encontrar alguna semejanza por erró­nea confusión entre dos especies naturales diferentes. Los romanos llamaron bos al unicornio, al bisonte, a veces al camello, y primitivamente al elefante: bos Lucas o buey Lucano. Así, con menos diferencia de aspecto, los españo­les llamaron león al puma y tigre al jaguar 72. La zorra, el venado, el roble, el avellano, en Chile designan especies dis­tintas que en España, como el madroño, el níspero, la cirue­la, el mastuerzo en Colombia, la codorniz en Cuba, el saúco y la alcaparra en el Ecuador; etc.73. Algunos de estos nombres se generalizan en España con los objetos a que se aplican: la piña americana, que nada tiene que ver con el fruto del pino sino algún parecido externo, propagó esa de­nominación, sin sufrir la concurrencia del nombre guaraní ananas hasta el siglo XVIII. La gallinácea que en Méjico se llama con nombre azteca guajalote, traída a España ense­guida y difundida por Europa antes de mediar el siglo XVI, se llamó pavo, aunque es de familia distinta que el pavo real. El nombre de la cochinilla o cucaracha se aplicó al insecto de la grana en Méjico, de que habla el doctor La­guna sobre Dioscórides (1555) y del que las flotas traían cada año muchos miles de arrobas, «una rica y gruesa mercadería» al decir del P. Acosta.

      Después, ocurren muchas denominaciones traslaticias, derivadas y de varia invención: el mamífero desdentado que por las conchas que le sirven de coraza «por la defensa que tienen... los llaman armadillos»74, fue así llamado en varias lenguas, hasta en portugués armadilho, mientras no se vul­garizó el nombre guaraní que usa Huerta en sus anotacio­nes a Plinio 1624, «el tatú o armadillo». El bálsamo del árbol ocozol, que se traía de Méjico, y se usaba mucho en perfumería y medicina ya en tiempos de Monardes, fue nombrado con el expresivo compuesto liquidambar, pasado luego a otras lenguas de Europa. Los nombres de picaflor en toda América, chupaflor en América Central, chupamirto en Méjico, compitieron ventajosamente con colibrí. Otros nombres descriptivos de pájaro: aguaitacamino (Venezuela), aguaitacaimán (Cuba). El diminutivo fue recurso muy soco­rrido para nuevas denominaciones: frutilla, murtilla, granadilla' 75.

      La profundidad de las alteraciones semánticas impuestas por la naturaleza del Nuevo Mundo resalta en las estacio­nes del año, pues desde el principio de la colonización en la zona tórrida se llamó invierno al tiempo lluvioso y verano al tiempo seco, prescindiendo del mayor o menor acer­camiento de la tierra al sol; por ello se da el caso de que en el Perú y el Ecuador cuando los de la costa y tierras bajas dicen estar en invierno, los de las sierras y tierras altas di­cen estar en verano, y en las tierras bajas el invierno coin­cide con la mayor proximidad del sol. Así que es corriente el decir «como en invierno hace tanto calor», dicho que no sólo en un europeo sino en un argentino produce la extrañeza de las enormes desviaciones impuestas al lenguaje por el hecho de su emigración 76.

      Las frases sufren alteración correspondiente cuando se refieren al calendario: «el veranillo de San Martín» (en noviembre) es en la América Central el veranillo de San Juan (en junio), cuando en la estación de las lluvias se interrum­pen éstas por varios días seguidos 77. Alguna otra frase ha sufrido adaptación por contener nombres geográficos; «a la luna de Valencia» es en el Perú, Ecuador y Chile, quedarse a la luna de Paita, dicho que ya Lope de Vega pone en boca del criado de un indiano recién llegado a Sevilla78; Paita era escala ordinaria para las naves del Pacífico, de ahí la fama de sus grandes arenales, donde reverberaba hermosamente la luna.

      El nuevo estado que la lengua toma en el país de emi­gración permite la propagación y triunfo de ciertas formas dialectales casi latentes en la Península, fenómeno que convendría estudiar con la debida amplitud. Las palabras ci­marra y cimarrón, derivadas de cyma cima 79, no aparecen en ningún texto español de la Edad Media, sólo en la Gaya o Libro de Consonantes de Pero Guillen de Segovia (1475) se apunta çimarra, sin decir, claro es, su significado 80; por el autor, que es sevillano, parece que esta palabra, tan desco­nocida generalmente, tenía curso local en la región de Sevilla. En lo que no hay duda es en que la palabra se hallaba en la Península en estado latente entre campesinos y que, llevada a América, encontró allí condiciones favora­bles en el medio colonizador para generalizarse con rapi­dez. Oviedo, refiriéndose a sucesos de 1543 en la Isla Española, habla de «un indio cimarrón o bravo», que vivía cazando «puercos çimarrones o salvajes»; y lo mismo que Oviedo, Argote de Molina o Lope de Vega, al usar ese americanismo, creen necesario declarar su sentido 81 porque en España era inusitado. Hoy las cosas están igual; sólo en América se usan hacer la cimarra, cimarrear, cimarrón, cima­rronear, cimarronada 82, y demás términos de esta familia que tanto proliferó entre encomendadores y ganaderos de In­dias, mientras en España quedó infecunda, y quizá ya hoy extinguida totalmente. Los estudios dialectológicos dirán.

      Es de suponer que así mismo en España cañón tendría, y acaso tenga aún, en estado latente, algunos significados topográficos desarrollados en América: en Perú cañón quiere decir 'camino', en Méjico 'garganta entre montañas, hoz de un río'. Significados topográficos hubo de tener esta pala­bra en España cuando se emplea en toponimia, Cañón en Orense (terreno llano), Cañones en León (valle de Mansilla), lo mismo que otras pertenecientes a la misma familia canna, como Cañas, Cangas 83, Cañada.

      En América igualmente prosperó una extensión del sig­nificado del vocablo cerro, sin duda salida de España tam­bién en estado latente. El llamar cerro a ingentes montañas como las de los Andes, es insólito en España, donde cerro significa constantemente 'montículo' (Nebrija), 'tierra levan­tada, no tan alta que se puede decir monte' (Covarrubias), 'elevación de tierra de menor altura que el monte o la mon­taña' (Academia), y tal extensión de significado en América nos muestra la tendencia simplificadora del lenguaje colo­nial, que se desentiende de complicaciones tradicionales más fácilmente que el lenguaje metropolitano. En el español medieval, monte y montaña tenían dos acepciones: la latina de mons: 'gran elevación de terreno', y la románica 'bos­que, tierra poblada de árboles y maleza'; pero sin duda en alguna región dialectal, probablemente de Badajoz o An­dalucía Baja, se hacía una simplificación, como se hace en el portugués limítrofe de Alentejo, donde monte no se usa nunca en sentido orográfico84. Los españoles indudablemen­te sacaron de España esa simplificación y la extendieron por América donde monte y montaña se reservan para la acep­ción románica de 'tierra embosquecida' 85, y donde en cam­bio se saca a cerro de su limitación para atribuirle toda la acepción orográfica que dejaron perder en monte y monta­ña. La fortuna de cerro es muy explicable dentro de mi hipótesis. La voz cerro del latín hispánico es voz meridional especialmente vivaz en Badajoz y Andalucía 86; si en alguna parte de estas comarcas se producía, como en el vecino Alentejo, la pérdida del sentido orográfico de monte, nada más natural que fuese la palabra cerro la que heredara la totalidad de ese sentido. Investigaciones dialectológicas en la Península podrán hallar cerro investido de toda la significación de mons; la usurpación de este significado apare­ce ya en América consumada bajo la pluma del sevillano Cieza de León: «Esta cordillera... de los Andes... toda está llena de altos cerros, algunos de ellos bien poblados de nie­ve, y otros de bocas de fuego»87.

     Tales «bocas de fuego» no tenían nombre apelativo di­vulgado a comienzos del siglo XVI. Cuando Hernán Cortés hace explorar el Popocatepec al avanzar sobre Méjico en 1520, no da nombre a aquel gigante horno, escribiendo acerca de él a Carlos V; pero sin duda los soldados que habían peleado en Italia, siempre mencionados en las cró­nicas de las Indias como experimentados en muchas cosas, trajeron a memoria el Vulcano de las islas Lipari, las «Vulcaniae  insulae», donde Plinio dice estar la fra­gua del dios del fuego, e hicieron genérico el nombre pro­pio. En Europa no había nombre apelativo para el volcán, ni siquiera en la tierra del Etna, del Vesubio y del Strómboli. El hecho es que Gomara, en 1552, refiriendo la mis­ma exploración cortesiana, ya usa el nombre común: «Popocatepec... esta sierra que llaman vulcán por la semejanza que tiene con el de Sicilia...»; y también el mencionado Cieza, en 1553, hablando de Arequipa: «cerca della ay un bolcán que algunos temen no rebiente»88. Poco después Acosta hace un primer intento de vulcanología escribiendo dos capítulos (III, 26 y 27) «de los bolcanes y bocas de fuego», en el que, por supuesto, llama cerros a los montes donde los volcanes se abren. Y la voz volcán se generalizó por todas las lenguas europeas, y se hizo tan familiar en las zonas volcánicas de Centroamérica, que se aplicó a cual­quier «monte», llegando metafóricamente a significar 'mon­tón': «un volcán de naranjas»89.

      Entre los varios términos geográficos de las exploracio­nes españolas que pasaron a los demás idiomas europeos debe notarse por su antigüedad el nombre del alga que cubre enorme extensión del Atlántico, formando el llama­do mar de los sargazos; éste obstáculo a la navegación es descrito por Colón en 17 de setiembre de 1492, sin darle aún nombre, pero Fernández de Oviedo ya precisa: «hier­vas que llaman salgazos»90 (francés sargasse, inglés, alemán sargasso).

Diego Catalán: Historia de la Lengua Española de Ramón Menéndez Pidal (2005)

 NOTAS

70  BAE, XL, p. 539b.

71   Publicada por J. Zaragoza, Madrid, 1894. No halló en el índice de López de Velasco nombres conocidos de fundaciones hechas en el siglo XVI: Granada de Nicaragua, Alburquerque de Nuevo Méjico, Compostela de Méjico, Sevilla del Perú (la que registra el índice es Sevilla de Jamaica), Santiago de Chile, y otras así.

72  Ejemplos varios, con otros del portugués y el inglés, y ex­plicaciones de estos cambios semánticos, en M. L. Wagner, El español de América y el latín vulgar, trad. Buenos Aires, 1924, pp. 82 y 107.

73  Lenz, Dicc. etimol, 1905-1910, p. 17. Cuervo en Bull. Hisp., III, 1901, p. 53n; Pichardo, Dicc. de vozes cubanas, s.v. codorniz; J. de Arona, Dicc. de peruanismos, s.v. ciruela; C. R. Tobar, Consultas al Dicc., 1900, s.v. alcaparra, y saúco.

74  Acosta, Hist. nat. y mor., IV, 38.

75  Cuervo, Apuntaciones,  1907 , § 865 ss. Lenz, Dicc. etimol., 1905-1910, p.  17.

76  Y en Venezuela invierno significa 'aguacero': «El invierno de anoche fue espantoso». Acosta (Hist. nat. y mor., 1590, IIº, 5º) censura ampliamente el uso peruano.

77  Gagini, Dicc. de barbarismos y provincialismos de Costa Rica, 1893.

78  «Si no te pesca el dinero y con su aforro de gaita deja a la luna de Payta ... -¿Quieres callar majadero?» El testigo con­tra sí, Iª Parte 6º, 1616, fol. 167 (ed. 1930, IX, p. 689b). La comedia es de 1606. Correas, Vocabul. de refranes, edic. 1924, p. 279a registra sólo «La luna de Paita por luna muy hermosa y cla­ra. Es refrán de las Indias, y la de Paita es tenida por famosa, porque da unos arenales que la hacen más clara».

79  Otro derivado análogo es cimarada 'el sitio más alto del lu­gar' (Lamano, El dialecto salmantino, 1915). En Apolonio, 25, hay cimal 'copa de un árbol'. Comp. los topónimos portugueses Simal y Simarra, sin duda de sima.

80  O. J. Tallgren, Estudios sobre La Gaya o Consonantes de Pero Guillén de Segovia, 1907, p. 88c. P. Groussac, en Anales de la Bi­blioteca de Buenos Aires, I, 1900, p. 397, dice que «cimarrón se encuentra como 'montaraz' en textos del siglo XIV»; supongo que Groussac, en un apunte rápido, confundió el Discurso sobre el Libro de la Montería del rey don Alfonso, por Argote de Molina, citado en el Dicc. de Autor., con la obra misma de Alfonso XI.

81  Fernández de Oviedo, Hist., I, 1851, p. 256b. G. Agote de Molina, Discurso sobre el Libro de la Montería (1582, cap. 37) ha­blando de cómo se cazan en las Indias «toros y vacas silvestres», explica: «Llámanse por común nombre esos toros y vacas, cima­rrones, y aun es nombre común en las Indias de todos los animales silvestres». Lope de Vega al final del Canto VII de la Dragontea (1598) cita a «los valientes cimarrones», y en la advertencia preliminar explica: «Los negros de Santiago del Príncipe se lla­maron Cimarrones porque huidos de sus amos estuvieron escon­didos en el monte, haziendo guerra a los españoles...» En su Epístola a D. Lorenzo de León satiriza Lope de Vega a «algunos versistas cimarrones, I fugitivos del monte del Parnaso» (Colección de obras sueltas, I, 1776, p. 332).

82  Véase R. Lenz, Dicc. etimol., p. 188; A. Malaret, Dicc. de americanismos; Dicc. de la Acad. Esp. Además en América se pro­dujeron toponímicos Cimarrón desde Nuevo Méjico hasta la Ar­gentina; no hay en España ningún nombre así en el Diccionario de Madoz.

83  R. Menéndez Pidal, «Notas para el léxico romano», RFE, VII, 1920, pp. 26-27.

84  J. Leite de Vasconcellos en la Rev. Lusitana, IV, 1895, pp. 67-68; en vez de «monte» en sentido orográfico se dice oitêro. El estudio del dialecto alentejano se refiere al Alandroal, Évora, lin­dante con Badajoz.

85  E. Pichardo, Dicc. de vozes cubanas, 1862, p. 184: «nunca se usa aquí [en Cuba] la palabra Monte en el sentido de parage ele­vado o loma» y en cambio se usa para significar 'Campo o afuera del poblado'; igual sentido en Puerto Rico; monte en Méjico sig­nifica 'hierba, pasto' (F. Ramos y Duarte, Dicc. de mejicanismos, 1895); en Venezuela 'toda especie de matas y de yerbas malas' (G. Picón-Febres, Libro raro, 1912), etc.; el hipertrofiarse así la acepción románica de monte supone atrofia de la acepción lati­na. En Alentejo, algo análogamente a lo que ocurre en Cuba y Puerto Rico, monte significa 'propiedad rural de cierta extensión', con casa (Rev. Lusitana IV, 68). Para montaña 'bosque, matorral' en el español antiguo y en el Perú, donde no significa 'elevación del terreno', v. Cantar de Mio Cid, 1911, p. 763; igual uso en Chile, M. A. Román, Dicc. de chilenismos, III, 1913; también en Costa Rica me consta que montaña significa 'bosque, selva', y lo mismo en Puerto Rico y Venezuela según Malaret, Dicc. de americanismos.

86  Orígenes, pp. 43, nota 2, y 432 (3ª ed., 1950, pp. 409, n. 2, y 410): Allí indico que en toponimia cerro parece propagado tar­díamente al Sur. No queda excluido el caso de que fuese un relicto mozárabe.

87  Chronica del Perú, 1553, cap. 95, fol. 110c («BAE», XXVI, p. 439b).

88  López de Gómara en la «BAE», XXII, p. 338a. Cieza, cap. 76 en la «BAE», XXVI, p. 425a. Los españoles daban termina­ción aguda al nombre siciliano: Lope de Vega, Triunfos de la fe en el Japón, hablando del famoso monte lanzador de cenizas, dice «que la Italia llama volcán» («BAE», 38º, p. 162b). Calderón, El castillo de Lindabridis: «Soy de Trinacria heredero mis vasallos son el Etna el Volcán y el Mongibelo»; Fieras afemina amor: «Vesubios, volcanes y etnas»» («BAE», IX, p. 258c, 546a); La vida es sueño: «un volcán, un etna hecho», etc. Los portugueses usaron la palabra bulcão al mismo tiempo que en España, pero significando el tornado o ciclón de los mares de Guinea. Las primeras citas que se registran son de João de Barros, Primeira Decada da Asia, 1552 (5º, 2º: «hum negrume no ár, a que os marinheiros de Guiné chamã bulcam»); Jerónimo de Corte Real, Cerco de Diu, 1574, etc. Véase el Dicc. de A. de Moraes. Luego los portugueses acepta­ron el significado español de la palabra, que adquirió curso internacional. En Italia vulcano como apelativo se generaliza sólo en el XVIII (Zaccaria, L'elemento iberico nella lingua italiana, 1927); en Francia volcan aparece en 1690; en inglés volcano aparece en 1613.

89  A. Membreño, Hondureñismos, p.  184.

90  Fernández de Oviedo, Hist., II, 5.

CAPÍTULOS ANTERIORES:

PARTE PRIMERA: DE IBERIA A HISPANIA
A. EL SOLAR Y SUS PRIMITIVOS POBLADORES

CAPÍTULO I. LA VOZ LEJANA DE LOS PUEBLOS SIN NOMBRE.

1.- 1.  LOS PRIMITIVOS POBLADORES Y SUS LENGUAS

2.- 2. INDICIOS DE UNA CIERTA UNIDAD LINGÜÍSTICA MEDITERRÁNEA

3.- 3. PUEBLOS HISPÁNICOS SIN NOMBRE; PIRENAICOS Y CAMÍTICOS

CAPÍTULO II. PUEBLOS PRERROMANOS, PREINDOEUROPEOS E INDOEUROPEOS

4.- 1. FUERZA EXPANSIVA DE LOS PUEBLOS DE CULTURA IBÉRICA

5.- 2. NAVEGACIÓN DE FENICIOS Y DE GRIEGOS EN ESPAÑA

6.- 3. LOS ÍBEROS Y LA IBERIZACIÓN DE ESPAÑA, PROVENZA Y AQUITANIA

7.- 4. FRATERNIDAD ÍBERO-LÍBICA

*   8.- 5. LOS LÍGURES O AMBRONES

*   9.- 6. LOS ILIRIOS

*   10.- 7. LOS CELTAS

*   11.- 8. «NOS CELTIS GENITOS ET EX IBERIS» (MARCIAL)

12.- 9. PERSISTENCIA DE LAS LENGUAS IN­DÍGENAS EN LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA

B. LAS HUELLAS DE LAS LENGUAS PRERROMANAS EN LA LENGUA ROMANCE

CAPÍTULO III. RESTOS DE LAS LENGUAS PRIMITIVAS EN EL ESPAÑOL

13.- 1. VOCABLOS DE LAS LENGUAS PRERRO­MANAS

14.- 2. SUFIJOS PRERROMANOS EN EL ESPAÑOL

15.- 3. LAS LENGUAS DE SUBSTRATO EN LA FONÉTICA ESPAÑOLA

16.- 4. RESUMEN DE LOS INFLUJOS DEL SUBSTRATO

PARTE SEGUNDA: LA HISPANIA  LATINA
A. LA COLONIZACIÓN ROMANA Y LA ROMANIZACIÓN

CAPÍTULO I. HISPANIA PROVINCIA ROMANA

* 17.- 1. CARTAGO Y ROMA. LA PROVINCIA ROMANA DE HISPANIA Y SU EXPANSIÓN DESDE EL ESTE AL OESTE

18.- 2. LA ROMANIZACIÓN

19.- 3. ESPAÑA Y LA PROVINCIALIZACIÓN DEL IMPERIO

20.- 4. PREDOMINIO DEL ORIENTE. EL CRISTIANISMO

CAPÍTULO II. EL NUEVO LATÍN

21.- 1. ¿LATÍN VULGAR?

22.- 2. EL LATÍN NUEVO

23.- 3. INFLUJO DEL CRISTIANISMO

24.- 4. NEOLOGISMOS DEL VOCABULARIO DOCTO

25.- 5. NEOLOGISMOS DE ESTILÍSTICA COLEC­TIVA

26.- 6. ACEPCIONES NUEVAS

27.- 7. FRASEOLOGÍA

28.- 8. MÓVILES DEL NEOLOGISMO GRAMA­TICAL

29.- 9. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SINTAXIS DEL NOMBRE

30.- 10. CAMBIOS EN LA FLEXIÓN Y SIN­TAXIS DEL VERBO

31.- 11. PREPOSICIONES Y ADVERBIOS

32.- 12. COLOCACIÓN DE LAS PALABRAS

*   33.- 13. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

34.- 14. EVOLUCIÓN DEL SISTEMA CONSO­NÁNTICO

*   35.- 15. OTRAS SIMPLIFICACIONES FONÉTICAS

*   36.- 16. LARGA LUCHA ENTRE INNOVACIÓN Y PURISMO

*   37.- 17. LAS INSCRIPCIONES

B. EL LATÍN DE HISPANIA

CAPÍTULO III. ESPAÑA EN LA ROMANIA

*   38.- 1. LA ROMANIA

*   39.- 2. CAUSAS DEL DIALECTALISMO RO­MÁNICO

*   40.- 3. ROMANIA OCCIDENTAL, ROMANIA MERIDIONAL

*   41.- 4. TRES ZONAS DE COLONIZACIÓN DE ESPAÑA

*   42.- 5. ESPAÑA Y LA ITALIA MERIDIONAL

*   43.- 6. ARCAÍSMO PURISTA DEL LATÍN DE ESPAÑA

*   44.- 7. RELACIONES ENTRE EL LATÍN HISPA­NO Y EL DE LA ROMANIA MERIDIONAL: VOCABULARIO Y FORMACIÓN DE PALABRAS

45.- 8. FONÉTICA DIALECTAL EN EL LATÍN DEL SUR DE ITALIA Y DE LA HISPANIA CITERIOR

*   46.- 9. UNIDAD Y DIVERSIDAD EN EL LA­TÍN DE HISPANIA

*   47.- 10. TOPONIMIA CRISTIANA

PARTE TERCERA: HACIA LA NACIONALIZACIÓN LINGÜÍSTICA DE HISPANIA
A. DESMEMBRACIÓN DE LA ROMANIA. ÉPOCAS VISIGÓTICA Y ARÁBIGA

CAPÍTULO I. EL REINO TOLOSANO Y EL TOLEDANO

*   48.- 1. DISOLUCIÓN Y RUINA DEL IMPERIO DE OCCIDENTE. CRISIS DE ROMANIDAD

*   49.- 2. NACIONALIZACIÓN DEL REINO VISI­GODO

*   50.- 3. REINO VISIGODO TOLEDANO

*   51.- 4. ONOMÁSTICA GERMÁNICA

*   52.- 5. CAUSAS DE LA FRAGMENTACIÓN ROMÁNICA

*   53.- 6. LA LENGUA COMÚN QUE NO SE ESCRIBE

*   54.- 7. CENTROS DIRECTIVOS DE LA HISPANIA VISIGÓTICA

*   55.- 8. LENGUA CORTESANA VISIGODA

*   56.- 9. EL MAPA LINGÜÍSTICO DEL REINO GODO

*   57.- 10. ORÓSPEDA, CANTABRIA Y VASCONIA

*   58.- 11. NACIONALIZACIÓN LITERARIA. SAN ISIDORO

*   59.- 12. LA ESCUELA ISIDORIANA

CAPÍTULO II.  AL-ANDALUS. EL ÁRABE Y LA ALJAMÍA

*   60.- 1. LA ARABIZACIÓN DE HISPANIA

*   61.- 2. LOS MOZÁRABES EN SU ÉPOCA HE­ROICA

*   62.- 3. MUSULMANES DE HABLA ROMANCE

*   63.- 4. LA ALJAMÍA O LENGUA ROMANCE HABLADA EN AL-ANDALUS

*   64.- 5. TOPONIMIA ÁRABE

*   65.- 6. TOPONIMIA MOZÁRABE

*   66.- 7. TOPONIMIA LATINA EN BOCA ÁRABE

CAPÍTULO III. LOS PUEBLOS INDOCTOS DEL NORTE

*   67.- 1. UNA NUEVA BASE PARA LA NUE­VA ROMANIDAD HISPANA

*   68.- 2. GRANDES TRASIEGOS DE POBLACIÓN

*   69.- 3. TOLEDANISMO OVETENSE. EL DIALEC­TO ASTURIANO Y LEONÉS

*   70.- 4. ONOMÁSTICA NUEVA

*   71.- 5. EL PATRONÍMICO EN -Z

CAPÍTULO IV. EL IMPERIO LEONÉS Y SU FRONTERA VÁRDULO-VASCONA

*   72.- 1. ORÍGENES DEL REINO DE NAVARRA Y DEL «IMPERIO» LEONÉS

*   73.- 2. FORMACIÓN DEL GRAN CONDADO DE CASTILLA

*   74.- 3. LA RIOJA

*   75.- 4. REPOBLACIÓN AL SUR DEL DUERO

*   76.- 5. PREPONDERANTE INFLUJO ÁRABE Y MOZÁRABE

B. PRIMEROS BALBUCEOS DEL IDIOMA (960-1065)
GLOSAS Y CANTARES ÉPICOS

CAPITULO V.  LA LENGUA ESCRITA

*   77.- 1. LATÍN DOCTO Y LATÍN ARROMANZADO

*   78.- 2. LAS GLOSAS EMILIANENSES

*   79.- 3. LAS GLOSAS SILENSES

*   80.- 4. DIFICULTAD DE LA ESCRITURA

*   81.- 5. LOS DIPTONGOS

*   82.- 6. LA Ñ Y LA LL

*   83.- 7. REPRESENTACIÓN GRÁFICA DE OTROS SONIDOS ROMÁNICOS

*   84.- 8. GRAFÍAS PARA SONIDOS ESPECIAL­MENTE CASTELLANOS

*   85.- 9. RESUMEN ORTOGRÁFICO

CAPÍTULO VI.  EL HABLA ROMANCE

*   86.- 1. FALTA DE FIJACIÓN DEL SISTEMA VOCÁLICO

*   87.- 2. SONORIZACIÓN DE LA CONSONANTE SORDA

*   88.- 3. VACILACIÓN EN LA PÉRDIDA DE LA VOCAL INTERTÓNICA

*   89.- 4. FECHA RELATIVA DE LA SONORIZA­CIÓN Y DE LA SÍNCOPA VOCÁLICA

*   90.- 5. UNA ÉPOCA DE MÚLTIPLES SINCRE­TISMOS

*   91.- 6. CONTIENDA ENTRE LLANOS Y CULTOS

*   92.- 7. ARCAIZANTES Y NEOLOGISTAS

*   93.- 8. AFECTACIÓN ULTRACORRECTA

CAPITULO VII. EL CASTELLANO ENTRE LOS DEMÁS DIALECTOS ROMANCES HISPÁNICOS

*   94.- 1. CARÁCTER DIFERENCIAL DE CASTILLA

*   95.- 2. RASGOS PRIMITIVOS DEL CASTELLANO FRENTE AL LEONÉS, AL ARAGONÉS Y A LA ALJAMÍA

*   96.- 3. CASTILLA SE ADELANTA A LOS OTROS DIALECTOS AFINES

*   97.- 4. EL CASTELLANO CON EL LEONÉS Y EL GALLEGO-PORTUGUÉS

98.- 5. EL CASTELLANO CON EL ARAGONÉS Y EL CATALÁN

CAPÍTULO VIII. LA LITERATURA DEL MILENIO

*   99.- 1. CLÉRIGOS Y JUGLARES

*   100.- 2. CANCIONES ANDALUSÍES. EL LEN­GUAJE DE ESTOS CANTARCILLOS ROMÁNICOS

*   101.- 3. ESTADO LATENTE DE UNA POESÍA ÉPICA

*   102.- 4. ¿HUBO UNA ÉPICA MOZÁRABE?

*   103.- 5. CANTARES DE GESTA BREVES EN CASTILLA

*   104.- 6. EL ASONANTE EN LA POESÍA JUGLA­RESCA

C. LA LENGUA Y LA LITERATURA CASTELLANA
SE ABREN PASO EN UNA ESPAÑA NUEVA

CAPITULO IX. EL INFLUJO FRANCO Y LA EMANCIPACIÓN DEL ROMANCE

*   105.- 1. LA DINASTÍA NAVARRA. CASTILLA HECHA REINO

*   106.- 2. ALFONSO VI; RUPTURA CON LA TRA­DICIÓN MOZÁRABE

*   107.- 3. RECONQUISTA DE TOLEDO. DECA­DENCIA MOZÁRABE

*   108.- 4. LA EXTREMADURA AL SUR DEL DUERO. DESAPARICIÓN DE LOS DIALECTOS ROMANCES PRIMITIVOS

*   109.- 5. EL CID Y LOS ALMORÁVIDES

*   110.- 6. LA CUÑA CASTELLANA

*   111.- 7. ARROLLADOR AVANCE DE LA APÓCOPE

*   112.- 8. FIJACIÓN DEL RITMO ACENTUAL DE LA PALABRA

*   113.- 9. EL CATALÁN

*   114.- 10. EL PORTUGUÉS

CAPITULO X. ESPLENDOR DE LA LITERATURA DIALECTAL (1140-1180)

*   115.- 1. RESURGIMIENTO DE TOLEDO. LA HERENCIA CULTURAL ÁRABE

*   116.- 2. LA POESÍA BILINGÜE CONTINÚA TRIUNFANDO EN AL-ANDALUS

*   117.- 3. LA TOLEDO ROMÁNICA FRONTERIZA; SU MEZCLA DIALECTAL

*   118.- 4. EL POEMA DE «MIO CID»

*   119.- 5. EL LENGUAJE VERSIFICADO. EL MONORRIMO Y EL PAREADO ANISOSÍLABO

*   120.- 6. LA VERSIFICACIÓN: EL ASONANTE Y LA LLAMADA -E PARAGÓGICA

*   121.- 7. PRIMITIVISMO DEL LENGUAJE LITE­RARIO

*   122.- 8. CARÁCTER DIALECTAL DE LA LITERA­TURA

*   123.- 9. PRIMER ELOGIO DE LA LENGUA CAS­TELLANA. LA LITERATURA DE CASTILLA

CAPÍTULO XI. SINCRETISMO EN LA LENGUA LITERARIA DE LA ESPAÑA DE LOS CINCO REINOS (1180-1230)

*   124.- 1. PREPONDERANCIA CASTELLANA

*   125.- 2. INFLUJO DE LA LITERATURA GALLEGA

*   126.- 3. CONTINÚA EL INFLUJO PROVENZAL

*   127.- 4. SANTO DOMINGO DE GUZMÁN Y LA LLANEZA DE EXPRESIÓN

*   128.- 5. «SIESTA DE ABRIL»

*   129.- 6. CONVIVENCIA Y MIXTURA DE DIA­LECTOS

*   130.- 7. CASTELLANIZACIÓN DE LA LENGUA LITERARIA

*   131.- 8. DIALECTALISMO CANCILLERESCO Y NOTARIAL

PARTE CUARTA:  EL ESPAÑOL ANTIGUO
A. RENOVACIÓN ERUDITA DEL IDIOMA (1230-1293)

CAPÍTULO I. NUEVAS CONDICIONES DE VIDA

*   132.- 1. UNA NUEVA EDAD

*   133.- 2. EXPANSIÓN DE LOS DIALECTOS DEL NORTE

*   134.- 3. MODO DE LA PROPAGACIÓN LIN­GÜÍSTICA POR RECONQUISTA

*   135.- 4. «YA HAY PIRINEOS»

CAPITULO II. LOS PRIMEROS  POEMAS DE CLERECÍA

*   136.- 1. DIALECTALISMO ATENUADO

*   137.- 2. CLERECÍA Y JUGLARÍA. EL LATINISMO

*   138.- 3. VERSO «A SÍLABAS CONTADAS»

*   139.- 4. LENGUAJE VECINAL DE BERCEO

CAPITULO III. ALFONSO X EL SABIO Y LA ESCUELA DIDÁCTICA (1252-1295)

*   140.- 1. FEDERICO II Y ALFONSO X

*   141.- 2. CREACIÓN DE LA PROSA LITERARIA

*    142.- 3. TRABAJO DIRECTIVO DEL REY SABIO

*   143.- 4. EL ARABISMO

*   144.- 5. LA ESCOLÁSTICA Y LA ANTIGÜEDAD

*   145.- 6. TENDENCIA ETIMOLÓGICA

*   146.- 7. NEOLOGISMO LATINISTA

*   147.- 8. NEOLOGISMO ROMÁNICO

*   148.- 9. IDEA ESTILÍSTICA DE ALFONSO EL SABIO

149.- 10. CUESTIÓN DEL IDIOMA: «CASTELLA­NO DERECHO»

150.- 11. CASTELLANO, LEONÉS, ARAGONÉS

151.- 12. ESPAÑOL, LENGUAJE DE ESPAÑA

152.- 13. LA ORTOGRAFÍA ALFONSÍ

*   153.- 14. EL CASTELLANO EN LA NUEVA POE­SÍA DE CLERECÍA

*   154.- 15. PREPONDERANCIA DEL CASTELLANO

CAPÍTULO IV. LA LENGUA COMÚN. RELACIONES EXTRANJERAS

*   155.- 1. INTERCAMBIOS DE VOCABULARIO ENTRE FRANCIA Y ESPAÑA

*   156.- 2. LA APÓCOPE POTESTATIVA DE -E; GEOGRAFÍA Y CRONOLOGÍA

*   157.- 3. LA APÓCOPE EN LOS TEXTOS LITERA­RIOS

B. LOS DOS PRINCIPALES ESTILISTAS DE LA EDAD MEDIA.
APOGEO DE LA ESCUELA DIDÁCTICA (1205-1370)

CAPITULO V. LA LENGUA LITERARIA

*   158.- 1. SANCHO IV SE APARTA DE LOS GUSTOS DE ALFONSO X

*   159.- 2. LA ESCUELA ALFONSÍ. CULMINACIÓN DE LA LITERATURA

*   160.- 3. PROPÓSITO ESTILÍSTICO DE DON JUAN MANUEL

*   161.- 4. LENGUA RACIONAL Y LÓGICA

*   162.- 5. INTENTO FALLIDO DE OSCURIDAD

*   163.- 6. EL ARCIPRESTE DE HITA. «RAZONES ENCUBIERTAS»

*   164.- 7. LO IRRACIONAL

*   165.- 8. VOCABULARIO Y FRASEOLOGÍA

*      166.- 9. EL VERSO Y LAS «SERRANILLAS»

CAPITULO VI. ESTADO DE LA LENGUA COMÚN

*   167.- 1. RELATIVA ESTABILIDAD

*   168.- 2. LA LENGUA COMÚN. TOLEDO Y SEVILLA

*   169.- 3. APÓCOPE POTESTATIVA DE LA -E

*   170.- 4. LOS DIALECTOS LATERALES Y EL DIA­LECTO CENTRAL

*   171.- 5. TENDENCIAS CASTICISTAS

*   172.- 6. RELACIONES EXTERNAS

C. ARTIFICIOSIDAD RENACENTISTA.
PRERRENACIMIENTO RETÓRICO

CAPÍTULO VII.  PERÍODO DE TRANSICIÓN, 1370-1400

*   173.- 1. INFLUJO GALAICO-LEONÉS. ROMAN­CES Y ARTE MAYOR

*   174.- 2. ENSAYOS HUMANÍSTICOS EN ARAGO­NÉS. FERNÁNDEZ DE HEREDIA

*   175.- 3. DON PEDRO LÓPEZ DE AYALA

CAPITULO VIII. ALEGORÍA, OSCURIDAD. RETÓRICA ELOCUENCIA (1400-1450)

*   176.- 1. PRIMERA APARICIÓN DE UNA ES­CUELA SEVILLANA. DECIRES ALEGÓRICOS Y OSCUROS (1395-1415)

*   177.- 2. LA PROSA. DON ENRIQUE DE VILLENA (1417-28)

*   178.- 3. LA POESÍA. SANTULARIA Y MENA (1429-1456)

*   179.- 4. NUEVAS ORIENTACIONES

*   180.- 5. LO LIBRESCO

*   181.- 6. DENOMINACIONES METAFÓRICAS

*   182.- 7. LOS NEOLOGISMOS «LECTOR» Y «POETA»

*   183.- 8. LA RETÓRICA Y EL DESPRECIO DE LA LENGUA COMÚN

*   184.- 9. LATINISMO POR RAZONES ESTÉTICAS

*   185.- 10. SINTAXIS ARTIFICIOSA. HIPÉRBATON

*   186.- 11. LA POESÍA COMO CIENCIA

*   187.- 12. NUEVA VIDA CORTESANA. OSTEN­TACIÓN Y LUJO

*   188.- 13. GUSTO POR LO INUSITADO. LO IRREVERENTE, LO OBSCENO

*   189.- 14. RETÓRICA Y NATURALIDAD. FER­NÁN PÉREZ DE GUZMÁN

*   190.- 15. DECADENCIA DE LA ARTIFICIOSIDAD Y TRANSICIÓN (1458-1475). JUAN DE LUCENA

*   191.- 16. GÓMEZ MANRIQUE. VUELTA A LA NATURALIDAD

CAPÍTULO IX. ESTADO DE LA LENGUA COMÚN (1370-1470) Y RELACIONES EXTERIORES DEL CASTELLANO

*   192.- 1. RACHAS DE ARTIFICIOSIDAD

*   193.- 2. FONÉTICA DEL LATINISMO LÉXICO

*   194.- 3. SIMILICADENCIAS Y RIMAS EN LA LENGUA CONVERSACIONAL

*   195.- 4. NEOLOGISMOS MORFOLÓGICOS

*   196.- 5. EXTINCIÓN DE LA APÓCOPE POTES­TATIVA DE -E

*   197.- 6. ARAGÓN Y CATALUÑA. CORTE DE ALFONSO V

*   198.- 7. LAS CANARIAS Y PORTUGAL

*   199.- 8. EL ÁRABE Y EL ROMANCE

*   200.- 9. ITALIA

*   201.- 10. FRANCIA

PARTE QUINTA. EL ESPAÑOL ÁUREO
A. RENACIMIENTO HUMANÍSTICO (1474-1554)

CAPITULO I. DEL RETORICISMO AL HUMANISMO: LOS REYES CATÓLICOS (1474-1516)

*   202.- 1. SIGNIFICACIÓN DEL NUEVO REINADO

*   203.- 2. JORGE MANRIQUE

*   204.- 3. LA CELESTINA

*   205.- 4. CONCEPTISMO POÉTICO DEL CANCIO­NERO GENERAL

*   206.- 5. LA REINA ISABEL Y EL HUMANISMO

*   207.- 6. NEBRIJA

*   208.- 7. LA LENGUA, LA UNIDAD NACIONAL, EL IMPERIO

*   209.- 8. FRUTOS TARDÍOS MEDIEVALES

*   210.- 9. LOS ROMANCES

CAPITULO II. LOS DIALECTOS VIEJOS COMPLETAN SU NACIONALIZACIÓN

*   211.- 1. OJEADA GENERAL

*   212.- 2. LA UNIDAD POLÍTICA Y EL REINO DE ARAGÓN

*   213.- 3. EL REINO DE LEÓN

*   214.- 4. CASTILLA LA NUEVA. TOLEDO Y LA CORTE COMO NORMAS UNIFORMADORAS

CAPÍTULO III. UN DIALECTO NUEVO. EXPANSIÓN DEL ANDALUZ. EL CECEO/SESEO

*   215.- 1. PROSPERIDAD DE ANDALUCÍA

*   216.- 2. ANDALUCÍA Y TOLEDO EN CONTIENDA

*   217.- 3. EXPLICACIÓN HISTÓRICA DE LA CON­FUSIÓN DE LAS SIBILANTES ALVEOLARES Y DENTALES

*   218.- 4. DIGRESIÓN SOBRE LOS VERBOS «CE­CEAR» Y «SESEAR»

*   219.- 5. PRIMERAS NOTICIAS DEL «CECEO»

*   220.- 6. EL «CECEO» EN EL USO CORTESANO

*   221.- 7. EL SECECEO SEVILLANO

*   222.- 8. EL «SECECEO» EN CÓRDOBA

*   223.- 9. LA NORMA TOLEDANA AÚN VIGEN­TE PESE A LA GRAN DIFUSIÓN DEL «CE­CEO» EN ANDALUCÍA

*   224.- 10. LA RECONQUISTA DE GRANADA Y LA EXPANSIÓN DEL «SECECEO»

*   225.- 11. NUEVA REPOBLACIÓN DEL REINO DE GRANADA

*   226.- 12. RESUMEN SOBRE ORÍGENES DEL DIALECTO GRANADINO

CAPITULO IV. EL NUEVO MUNDO. GRAN EXPANSIÓN TERRITORIAL DEL IDIOMA

*   227.- 1. LA POBLACIÓN ESPAÑOLA DE AMÉ­RICA

*   228.- 2. PROPORCIÓN RELATIVA DE CASTELLA­NOS, ANDALUCES Y EXTREMEÑOS

*   229.- 3. GRAN EMIGRACIÓN ANDALUZA Y SEVILLANA

*   230.- 4. NUEVO MUNDO, NUEVO LENGUAJE

*   231.- 5. INFLUJO DE LAS LENGUAS ANTI­LLANAS

*   232.- 6. PRÉSTAMOS DEL AZTECA

*   233.- 7. INFLUENCIA DEL QUICHUA

*   234.- 8. PRÉSTAMOS GUARANÍES, ARAUCANOS Y DE OTRAS LENGUAS

Diseño gráfico:
 
La Garduña Ilustrada

Imagen: letra 13ª del alfabeto fenicio,  mem. Diseño basado en Luca/ Wikipedia.

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